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Dolor de rosa. Joles Sennell. Editorial Oxford University Press

4 Jul

dolor derosa

Una mañana, de pronto, me levanté con dolor de rosa. El dolor de rosa era una nubecilla pequeña, un copo de niebla, que se me había aposentado en medio del pecho y me producía un dolor dulce, suave, sutil. Era un dolor extraño, no sólo por su semejanza a una neblina rosada, sino porque, a pesar de ser un dolor y, por lo tanto, un poco angustioso, no resultaba desagradable.
Al principio, intenté hacerlo desaparecer sacudiéndolo con la mano, soplándolo con todas mis fuerza, echando a correr, acercándole una cerilla… No hubo nada que hacer. El dolor de rosa se movía un poco, parecía que iba a desvanecerse, pero al final, volvía a concentrarse en mi cuerpo. Tuve que aceptarlo. Y confieso que incluso me gustaba sentir aquella punzada extraña y dulce sobre mi pecho, un poco decantada hacia el lado del corazón.
Pero me daba vergüenza. La gente me miraba por la calle. Los niños me señalaban con el dedo mientras las madres les decían que señalar a las personas es de mala educación.
Lo peor fue el autobús. La gente, instintivamente, se alejaba de mi lado, como si la nubecilla de color rosado fuera algo contagioso y peligroso. Me sentí muy inquieto. Sobre todo porque, como todos los días, en el autobús de las siete y media iba aquella chica rubia que me gustaba tanto. Me dio rabia que me viera con aquella pinta.
Y lo de la nubecilla no fue nada comparado con lo que me pasó a continuación: sin saber cómo ni por qué, del dolor de rosa me salió una pompa tornasolada que fue subiendo poco a poco hasta el techo del autobús, donde me estalló. Los viajeros me miraron de mala manera mala manera. Y después me salió otra pompa tornasolada. Y otra…¡Menos mal que había llegado a mi parada! Bajé de un salto, sin atreverme a mirar a la chica rubia y dejando detrás de mí, como una estela, un olor a jabón de lavanda.
En la oficina, los compañeros de trabajo se fueron con todas las ganas de mi dolor de rosa. Y cuando, angustiado y ofendido, me senté en mi mesa al mismo tiempo que salía de la nubecilla un pensamiento amarillo y morado, la jerga que se organizó fue de aúpa. Salió el gerente, con cara de pocos amigos, me hizo responsable de la algazara y me echó una filípica de padre y muy señor mío. En plena bronca, salió de la nubecilla una mariposa de vivos colores que revoloteó durante un rato en torno a las narices del gerente. El hombre se puso frenético y me amenazó con encerrarme en el lavabo hasta que dejara de hacer aquellas “bromitas de mal gusto”. Me costó mucho trabajo convencerlo de que lo de la nubecilla era una desgracia como otra cualquiera. Al fin se fue a su despacho diciéndome que si aquel “curioso fenómeno” persistía lo que debía hacer era colocarme en un circo, fuera de horas de oficina, ya que sin duda podría sacarme un buen sobresueldo. Aquel hombre siempre pensaba en lo mismo…
Al cabo de una semana de dolor de rosa y de inesperadas apariciones de bambollas, flores, mariposas, libélulas, pajarillos de mil colores y más cosas, ya había aprendido cómo funcionaba todo aquello. Por ejemplo, me había dado cuenta de que los objetos y los seres voladores incontrolados y multicolores, aparecían cuando me ponía excesivamente nervioso por ser uno u otro motivo. Por otra parte, llegó un día en que en la oficina ya no hacían caso al extraño fenómeno y yo me había acostumbrado a tener la mesa llena de gusanos de luz, orquídeas exóticas, bolitas de colores y banderitas de papel de seda.
Lo que me resultaba más difícil eran los viajes en el autobús. La gente desconfiaba de mí y se advertía desde el primer momento que no les hacía ninguna gracia viajar en mi compañía.
A mí todo me daba igual. Por lo único que lo sentía era por la chica rubia, pero estaba seguro de que si me acercaba a ella con el propósito de darle una explicación, aún se asustaría más… No obstante, un día decidí que, a pesar de todo, era mejor decirle algo. No podía soportar la idea de que me tomara por un bicho raro, cosa que sin duda ocurriría si no hablaba… Y a mí la chica me gustaba tanto…
En un arranque de valor me acerqué a ella y le dije:
-Oiga…
No pude decir nada más. Me había puesto tan nervioso que la nubecilla lanzó una especie de bengala encendida. Ya podéis imaginar el revuelo que se armó en el autobús: Chillidos, gritos, corridas y desmayos al por mayor. El lío fue tan mayúsculo que el conductor se vio obligado a parar. Acto seguido vino hasta donde yo estaba y me echó del vehículo.
Me apeé con la cabeza baja, compungido y triste meditando mi mala suerte. Además de haberme puesto en ridículo delante de la chica, tendría que ir andando al trabajo y llegaría con retraso.
Y he aquí que, de pronto, oigo a mi lado una voz muy agradable que me dice: ¿Quería decirme algo?
Era la chica rubia. El corazón me dio un salto y la nubecilla dejó caer una pelotita de tenis.
-Se le ha caído esto –dijo ella con toda naturalidad al tiempo que recogía la pelotita del suelo.
-Si la quiere se la regalo –murmuré.
-¡Gracias! –contestó ella. Y sonrió. Aquello me dio fuerzas y le expliqué mi problema. Me escuchó atentamente y, al acabar mi relato y después de pensar un poco, dijo:
-Tal vez está enamorado…
-¿Y cómo es posible si yo, que sepa, no…?
-Oh –me interrumpió-, a lo mejor está enamorado sin saberlo y ésa es la causa de que le ocurra todo esto…
Como ella ya había llegado al lugar donde trabajaba, tuvimos que dejar la conversación en ese punto. Yo seguí mi camino más contento que un niño con zapatos nuevos.
Llegué tarde y el gerente me puso una sanción, lo cual no me importó ni poco ni mucho. A media mañana me di cuenta de que en las últimas horas no me había salido nada de la nubecilla y aquello no era normal. Pero lo más gordo era que tampoco estaba la nubecilla. Se había esfumado. A partir de aquel momento ya no hice nada de provecho. Sólo podía pensar en lo que me había dicho la chica del autobús. Al fin me dije que tenía que rendirme ante la evidencia.
En el autobús, de regreso a casa, volví a coincidir con la chica. Le mostré la desaparición de la nubecilla y le dije que después de haberlo pensado detenidamente había descubierto que tenía razón, que estaba enamorado de ella y que no me había dado cuenta hasta aquella mañana.
-¿Qué podemos hacer? –le pregunté.
Ella primero se sonrojó. Después dijo:
-Lo más urgente es decirnos nuestros nombres y tutearnos. Y después, quedar para salir… Me parece que eso es lo que suelen hacer los enamorados, ¿verdad?
Verdad.

Joles Sennell.  Dolor de rosa y otros cuentos.  Ed. Oxford University Press

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 Dolor de cabeza, dolor de muelas, pero ¿dolor de rosa? Sí. Eso es posible gracias a la Literatura. La capacidad que tiene un autor para sorprendernos, para convertir la imaginación, su imaginación, en esas palabras, en ese texto que nos hace levantar una ceja, abrir los ojos como platos, bajar el labio superior… Toda una gama de gestos, muecas para demostrar nuestra extrañeza. Las primeras palabras de Joles Sennell son como una gran bolsa mágica, de la que vamos sacando sorpresas. Porque el dolor de rosa era una nubecilla, un dolor pero no desagradable. Era sutil. Aunque a nuestro protagonista no le gustaba del todo, porque intentó, por cualquier medio, hacerlo desaparecer. No hubo manera. Ya podía soplar, echar a correr y lo que fuera. Ahí seguía el dolor.

Pero no hay sólo un dolor de rosa, como le pasaba a quien cuenta la historia. Hay también, como puedes comprobar en esta dirección que te damos, un autobús de Rosa. Un libro de la editorial Barbara Fiore

Y aquí tienes unas cuantas, a las que sólo les falta el aroma. Sí. Son rosas.

¿Has oído, alguna vez, la expresión: la vida es de color de rosa? ¿Sabes qué quiere decir? ¿Piensas que tiene que ver con el dolor de rosa o es todo lo contrario? ¿Crees que pronto nuestro protagonista podría cambiar su dolor de rosa por otra expresión, que también utilice el color rosa, pero sea mucho más agradable?

Si te interesa el tema, puedes leer estos libros, donde está presente el amor, de diferentes maneras.

El blog de Cyrano
Gretchen se preocupa
El castillo de los Pirineos

Palabra magica

La palabra mágica hoy es enamorados.

La chica rubia del autobús es la que toma la decisión de hacer un comentario a nuestro protagonista. “Tal vez está enamorado…”
Como la contestación del protagonista no dejaba nada claro, sino que le dijo: “¿Y cómo es posible si yo, que sepa, no…?
Nuestro comentario al protagonista sería éste: “Pero buen hombre. ¿Se ha leído usted lo que en el diccionario encontramos, cuando buscamos la palabra amor? ¿Se ha dado cuenta, realmente, de lo que le está diciendo esa chica rubia que tanto le gusta a usted?

Mire, joven. Usted no tiene dolor de rosa. Usted lo que tiene es un enamoramiento por esa chica rubia. Usted está enamorado. Tiene usted todos los síntomas claros: siente usted inclinación por ella. Le tiene mucho afecto. Le alegra profundamente verla y le encantaría estar con ella. ¿Verdad? Pues es usted un verdadero diccionario abierto. Vaya usted a leer uno y verá cómo lo que usted siente es amor. Está usted enamorado.

Si le parece, podía usted contárnoslo, en el apartado siguiente. Si lo consigue, la palabra mágica ha logrado su hechizo. La magia de la palabra habrá funcionado.

Cuentame

¿Recuerdas cuándo fue tu primer enamoramiento? ¿Con quién fue? ¿Dónde te sentiste enamorada o enamorado?

Descríbenos cómo era él o ella. Qué es lo que más te gustó. ¿Fuiste capaz de decírselo? ¿Con qué amigas o amigos lo comentaste?

A lo mejor, no te sucedió nada de lo que dicen la chica rubia y nuestro protagonista. O a lo mejor sí. Dinos qué te importa más de una persona con la que crees que hay amor. ¿A qué sitios te gusta ir con él o con ella? Podrías contarnos si habéis leído los dos un libro o visto alguna película que os apeteciera. ¿Tenéis planteada alguna salida fuera de casa y del colegio o instituto? ¿Recuerdas la última excursión que hicisteis? ¿Adónde fuisteis? ¿Es problema el dinero con que contáis? A lo mejor, lo que más os apetece es ir a un concierto juntos. A ver si eres capaz de poner tus conjuntos preferidos y el título de alguna canción que os guste a los dos.

Cuando pasa algo que no va demasiado bien, ¿lo conversas con él o con ella o crees que es algo enormemente personal y que cada uno debe resolver sus problemas?

Autor

Joles Sennell

Nació el  24 de diciembre de 1945 en Vic (Barcelona, España).  Su nombre verdadero es Josep Albanell. Cuando escribe libros para niños utiliza el seudónimo de Joles Sennell. Vivió su infancia y adolescencia en Seu d´Urgell (Lérida, España). Actualmente vive en Barcelona.  Estudió Filosofía y Letras. Trabaja en un banco.

Fue un lector voraz de pequeño y no leía más porque no tenía más libros. Descubrió el “chollo” de la biblioteca pública de la Seu, y así pudo leer a Julio Verne y otros muchos más autores. Le gustaban las aventuras y sobre todo las de náufragos. También le gustaba Tarzán. Escribió su primera novela a los 12 años.

Ha recibido numeroso premios.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Joles Sennell, además de consultar su biografía en Canal Lector.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  Canal Lector.

El secuestro de la bibliotecaria. Margaret Mahy. Editorial Alfaguara

29 May

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Un día, Ernestina Laburnum, la bella bibliotecaria, fue raptada por unos malvados bandidos. Acababa de salir a pasear por el bosque, situado en las proximidades de la ciudad, cuando los bandidos la asaltaron y se la llevaron.
-¿Por qué me secuestran? –preguntó con frialdad-. No tengo amigos ricos ni primos ricos. La verdad es que soy una pobre huérfana sin casa propia, aparte de la biblioteca.
-Eso es precisamente lo que nos interesa –dijo el Bandido-Jefe-. El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria.
Era bastante cierto, ya que la señorita Laburnum tenía en su poder las llaves de la biblioteca.
-Creo que debo advertirles –dijo Ernestina- que pasé el fin de semana con una amiga que tiene cuatro niños pequeños. En la casa todos estaban enfermos de sarampión.
-No importa –replicó el Bandido-Jefe-. Yo ya lo he tenido.
-¡Pero yo jno! –exclamó el bandido más próximo.
Los otros bandidos miraron a la señorita Laburnum con cara preocupada. Ninguno de ellos había pasado la horrible enfermedad del sarampión.
Cuando se recibió en el ayuntamiento la carta pidiendo el rescate, se produjo una gran discusión. Los miembros del Consejo Municipal querían que las cosas se hicieran bien.
-¿Bajo qué concepto consideraremos el secuestro de la bibliotecaria? –preguntó uno de los concejales-. ¿El dinero del rescate debe figurar como un gasto de personal o un gasto del fondo de cultura?
-La Comisión de Cultura se reunirá dentro de dos semanas –dijo el alcalde-. Propongo que ellos tomen entonces una decisión sobre este punto.
Pero mucho antes de esta reunión todos los bandidos, excepto el jefe, sufrían ya la terrible enfermedad del sarampión. Se volvieron muy irritables y tenían las narices encarnadas y llenas de mocos.
-Creo que un baño caliente ayuda a que salga la erupción –dijo la señorita Laburbum sin demasiada seguridad-. ¡Ah!, si estuviera en mi biblioteca podría buscar la palabra “sarampión” en el Diccionario práctico de medicina familiar.
El Bandido-Jefe dirigió una mirada triste a los hombres de su banda.
-¿Está usted segura de que es sarampión? –preguntó-. Me parece una enfermedad muy poco digna para un bandido. Pocas personas quedan bien con granitos en la cara, pero para unos ladrones resulta desastroso. ¿Tomaría usted en serio a un ladrón con granitos?
-No forma parte de las funciones de una bibliotecaria tomar en serio a ningún ladrón, con granitos o sin ellos –replicó Ernestina con altanería-. De todos modos, no podrán volver a robar hasta que no se recuperen del sarampión. Están en cuarentena. No querrá que les echen la culpa de extender el sarampión por todas partes, ¿verdad?
El Bandido-Jefe gimió.
-Si me lo permite –dijo la señorita Laburbum-, iré a mi biblioteca y sacaré el Diccionario práctico de medicina familiar. Con ese valioso libro intentaré aliviar el sufrimiento de sus compañeros. Claro que no lo podré tener en préstamo más de una semana. Es un libro de consulta muy solicitado, ¿entiende?
Las lamentaciones de los bandidos enfermos resultaban insoportables para el jefe.
-Está bien –aceptó-. Puede ir a buscar el libro y nos olvidaremos del secuestro de momento. Pero sólo de momento, ¿eh?

Margaret Mahy.  El secuestro de la bibliotecaria.  Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 En la televisión, en internet, en la radio, en los periódicos, en cualquier medio de información, vemos y oímos una terrible noticia: ¡La organización X ha secuestrado a Z!
Pero nunca imaginábamos que podrían secuestrar a una bibliotecaria. No era propietaria de una gran colección de joyas, ni de cuadros famosos, ni heredera de la mayor fortuna del país, ni nada de eso. Ella misma se lo dice a los bandidos:
– “¿Por qué me secuestran? –preguntó con frialdad-. No tengo amigos ricos ni primos ricos. La verdad es que soy una pobre huérfana sin casa propia, aparte de la biblioteca”.
La respuesta del Bandido-Jefe nos deja todavía más alucinados, si cabe:
Eso es precisamente lo que nos interesa –dijo el Bandido-Jefe-. El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria”.
Pero no creas que es el único secuestro que aparece en libros, que pueden gustarte. Aquí tienes algunos, por si te apetece leer temas misteriosos, de secuestros, de bandidos, policíacos…
. Secuestro en el Caribe
. Misterio del collar desaparecido
. ¿Quién ha raptado a Lánguida?
. El secuestro de la primavera
. Aventuras de la mano negra

Lo que sí parece bastante claro en el texto es que la biblioteca era, en la ciudad de Ernestina Laburnum, un lugar importante y muy visitado. De hecho, el Bandido-jefe le da esta razón para su secuestro:
“El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria”.
Y también parece evidente, y en eso está el estupendo humor del texto, es que allí todo funcionaba de manera bastante chapucera: desde los propios bandidos hasta el mismísimo ayuntamiento de la ciudad. ¿A qué bandido jefe de una terrible organización se le puede ocurrir dejar libre a la secuestrada, para hacer una consulta en un libro de la biblioteca, por mucho que fuera para aliviar el sufrimiento de los compañeros?
-Está bien –aceptó-. Puede ir a buscar el libro y nos olvidaremos del secuestro de momento. Pero sólo de momento, ¿eh?
La crítica al funcionamiento de las autoridades queda expresada de forma clara. Cuando llega la petición de rescate de los bandidos, empiezan las deliberaciones, porque:
 “Los miembros del Consejo Municipal querían que las cosas se hicieran bien.
-¿Bajo qué concepto consideraremos el secuestro de la bibliotecaria? –preguntó uno de los concejales-. ¿El dinero del rescate debe figurar como un gasto de personal o un gasto del fondo de cultura?
-La Comisión de Cultura se reunirá dentro de dos semanas –dijo el alcalde-. Propongo que ellos tomen entonces una decisión sobre este punto”.

Un cúmulo de disparates hacen de este texto una estupenda lectura altamente motivadora y, sobre todo, muy divertida. Fundamental.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es: Cuarentena.

Ernestina Laburnum estuvo con una amiga, el fin de semana anterior, que tiene cuatro niños pequeños. Y todos estaban enfermos de sarampión. Como es una enfermedad contagiosa, Ernestina lo dijo:
“No podrán volver a robar hasta que no se recuperen del sarampión. Están en cuarentena”.

¿Sabes lo que es una cuarentena? ¿Y un trimestre? ¿Y un trienio? ¿Y un quinquenio? Si acaso tienes alguna duda, lo mejor es que el ordenador o un libro que se llama diccionario te lo solucione de inmediato.

Cuentame

Lo primero que queríamos saber es lo siguiente: ¿Tienes biblioteca en el lugar donde vives? A lo mejor, hasta tiene un nombre, esa biblioteca. Si no hay biblioteca, ¿hay alguna que no esté muy lejos? Y luego, por si acaso sucede algo como a Ernestina Laburnum, ¿conoces a la bibliotecaria o al bibliotecario? ¿Cómo es? ¿Sabes si ha tenido sarampión? ¿Y tú? ¿Te acuerdas? ¿Cómo lo pasaste? ¿Sabes, de verdad, qué enfermedad es el sarampión?

Autor

Margaret Mahy

Nació en Whakatane (Nueva Zelanda) en 1936.

Escribió su primer cuento cuando tenía 7 años. Trabajo como bibliotecaria en varias bibliotecas de su país.  Publicaba al principio sus historias en el periódico escolar de Nueva Zelanda. En esos años tenía que escribir por la noche. En los años 80 del siglo pasado dejo su profesión para dedicarse solamente a escribir para niños y jóvenes. Le gusta ir con frecuencia a escuelas y bibliotecas para conversar con los niños y jóvenes. En esas visitas muchas veces se disfraza de algún animal o se pone una peluca con colores.
Tiene dos hijas y varios nietos. Además, tiene un gato ya viejecito que duerme muchas veces en el fax porque está calentito.
La escritora nos dice cómo aprendió a leer y lo qué es para ella un libro: “Nunca olvidé cómo aprendí a leer. Cuando era niña, las palabras correteaban frente a mis ojos como pequeños escarabajos escurridizos. Pero yo era más inteligente que ellas. Aprendí a reconocerlas sin importar su veloz carrera. Por fin, pude abrir libros y entender lo que estaba escrito. Fui capaz de leer cuentos y chistes y poemas yo sola”.
Fue galardonada en el año 2006 con el  premio Hans Christian Andersen.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Margaret Mahy, además de consultar la Wikipedia.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora  tomada de  Canal Lector.

Los traspiés de Alicia Paf. Gianni Rodari. Ed. Anaya

4 Abr

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Una vez, Alicia Paf mojó la pluma en el tintero con tanta energía que cayó de cabeza en él.
-¡Ay! –dijo una voz a su lado.
Alicia no vio a nadie, porque la tinta es negra por dentro y negra por fuera.
Pero preguntó:   -¿Quién es? ¿Qué te he hecho?
-Me has atropellado. Soy la palabra Frágil y debes tratarme con delicadeza: podrías haberme destrozado.
-Mil perdones –dijo Alicia, yéndose un poco más lejos a nado.
Ahora comenzaba a distinguir ciertas sombras que nadaban a su alrededor: algunas, largas; otras, cortas; algunas, con una tilde en la cabeza. Eran las Palabras. El tintero estaba tan lleno que no era fácil comprender cómo podía contener tantas: era inevitable atropellar a alguna al moverse. Pero, por suerte, no todas se ofendían.
-¡Salud! –dijo alegremente una palabra con la que Alicia había tropezado sin querer.
-Yo soy Alicia. ¿Y usted?
-Soy la palabra Zumbona, y no paro de hacer burlas. Conmigo se ríen los demás.
-Pero yo no me río –observó Alicia.
-Hazte cosquillas y te reirás. ¡Ja, ja, ja!…
-¡Qué estupidez! –observó una voz profunda cerca de allí.
-¿Quién es? –preguntó Alicia.
-Soy la palabra Desastre. Qué quiere que le diga: ¡a mí no me resulta tan fácil reír!
-Perdone –preguntó Alicia-, Usted que es tan grave, podría indicarme las palabras para hacer una buena redacción.
-Ah… Yo conozco solamente palabras muy graves: Choque, Terremoto, Chaparrón, Suspenso, Lechederramadaenelfuego, cosas así.
-Muchas gracias –dijo Alicia, y se alejó con un movimiento brusco, que la llevó a pincharse con la punta de la palabra Espina. Encontró en seguida el borde del tintero, se alzó aferrándose a él y volvió a ver la luz.
¡Ah, respiro! –dijo retomando el aliento y secándose el vestido-. Buscaré dentro de mí las palabras para la redacción: en el tintero hay demasiado barullo.

Gianni Rodari. Los traspiés de Alicia Paf. Ed. Anaya.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Los traspiés de Alicia Paf

Pensemos dónde se puede caer una niña pequeña de tamaño, muy pequeña. Difícilmente, si no es de la mano de Rodari, podíamos pensar en un tintero, en un despertador, en el cuento de La bella durmiente… Este es el gran secreto de ese buscador de “mecanismos fantásticos”, de quien consideraba que la creatividad, el proceso creativo es inherente a la condición humana.

Las primeras líneas ya nos sitúan en ese mundo “imposible”, pero en el que lo real se da cita. Todo aderezado con dos ingredientes imprescindibles para la atracción a la lectura: el humor y, por qué no, estando tan necesitados ahora, el perdón, la bondad y la gratitud.

Me has atropellado. Soy la palabra Frágil y debes tratarme con delicadeza: podrías haberme destrozado.

Mil perdones –dijo Alicia, yéndose un poco más lejos a nado.

Todo a través de las palabras. Esa constante de Rodari, donde se basa su literatura, tan cerca del trabajo escolar.

Es la misma Alicia (igual nombre, no olvidemos, que la protagonista de las obras de Carroll), la que nos dice más adelante, al final del texto, cuando consigue salir del tintero:

Buscaré dentro de mí las palabras para la redacción: en el tintero hay demasiado barullo.

 Palabra magica
La palabra mágica hoy es: Luz. ¿Y cuándo aparece la Luz para Alicia? La palabra no está fuera. No es la luz maravillosa que nos alumbra para ver todo. No. La luz está, como antes leíamos, dentro. Porque la luz son las palabras. Las que permiten a Alicia conocerlas “para la redacción”.

Acompañamos a Alicia en esa búsqueda de palabras aunque, eso sí, no necesitamos meternos en el tintero. Vamos a buscarlas, acompañados de dos amigos que conocemos bien: el diccionario y el ordenador. A lo mejor, Alicia sí usaba un diccionario. Pero el ordenador es una ventaja grande, que no tuvo la pobre Alicia, porque en los años en que escribió este texto Gianni Rodari no existían los ordenadores. Ni en la escuela ni en casa.

Vamos a ver si ayudamos a Alicia a encontrar palabras. Sólo tienes que buscar en esta dirección y verás todo lo que encontramos en el diccionario de la RAE, cuando buscamos la palabra luz:

Quizá haya palabras que no entiendes bien. Pero es lo que pasa cuando investigamos. Tenemos que seguir y, cuando lo conseguimos, descubrimos ese mundo que quería encontrar Alicia. Pero sin el terrible líquido negro del tintero.

Entre las palabras que encontró Alicia Paf en el tintero están:

1-Frágil

2-Zumbona

3-Desastre

4-Grave

5-Choque

6-Terremoto

7-Chaparrón

8-Suspenso

9-Espina

10-Barullo

Ahora proponemos un juego al que era muy aficionada Alicia Paf. Consiste en unir las palabras que encuentra con lo que significan.

a) Que se puede romper muy fácilmente.

b) Que siempre se está burlando

c) La nota en un examen

d) Seria

e) Golpe de una cosa con otra

f) Desorden, confusión.

g) Lluvia fuerte que dura poco.

h) Astilla o cosa que pincha.

i) Movimiento del terreno.

j) Desgracia muy grande

La solución es: 1-a    2-b    3-j     4-d    5-e    6-i     7-g    8-c    9-h    10-f

Cuentame

Hoy nos fijaremos en el título del texto: Los traspiés de Alicia Paf.  Son cosas que nos pasan a todas y a todos muchas veces. Las dos palabras Traspié y Paf permiten una comunicación divertida, pensando y expresando las propias vivencias. ¿Cuántas veces hemos tenido un traspié, un resbalón sobre algo que hemos dicho o que hemos hecho? ¿Te acuerdas la última vez que “metiste la pata”, que tuviste un traspié? ¿Era algo muy importante o no pasó nada? ¿Cómo fue? ¿Conoces a alguien que sea, para ti, un “metepatas” o una “metepatas”?

Cuéntalo a ver si nos reímos con lo que cuentes. Ya sabes que la risa es algo buenísimo para la salud. Ya sabes que cuando tenemos mucha pena por algo, lloramos. Pero también lloramos de risa. Ojalá que lo consigas muchas veces.

Paf es una onomatopeya (una imitación de un sonido de la realidad) que utilizamos muchas veces, para expresar el ruido que hace alguien o algo al caer o chocar contra algún objeto. Podemos recordar unas cuantas de esas veces. El nombre del personaje de Rodari nos permite estos y otros juegos. Siempre basados en la palabra y todo lo que ellas permiten.

Autor

Gianni Rodari

Nació en 1920, en Omegna (Italia) y falleció en Roma, en 1981. Su padre era panadero y murió cuando Gianni tenía 9 años. De pequeño soñaba con ser músico y recibió clases de violín. Rodari fue maestro de escuela, periodista y divulgador de la nueva pedagogía en Italia. Muy curioso intelectualmente. Mientras trabajaba de periodista comenzó a escribir libros para niños.  En 1953 se casa con Mª Teresa Feretti y cuatro años más tarde nacerá su hija Paola. Muchas de sus creaciones fueron difundidas inicialmente en páginas de periódicos y suplementos infantiles. Posteriormente se publicaron en forma de libros. Escribió más de veinte libros en los que combinaba magistralmente el humor, la imaginación y la desbordante fantasía con una visión crítica, no exenta de ironía, del mundo.  Le gustaba viajar e ir a los colegios, charlar con los niños y contestar a sus preguntas. Sus amigos decían que era amable y generoso, algo tímido. En 1970 se le concedió, por el conjunto de su obra, el Premio Hans Christian Andersen.

Nuestro observatorio

En la siguiente página se puede ampliar biografía, oír y ver testimonios sobre Gianni Rodari, además de ver al autor  en una clase con niños

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Gianni Rodari, agrupados por edades, tomada del Canal Lector.