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La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica “micromuseo”, debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

El perro Bobby. Luigi Malerba. Editorial Espasa Calpe

6 Jun

hipotenusa

Bobby se ponía detrás de la puerta de cristales de la cocina y miraba a los dueños mientras comían. Bobby tenía hambre y frío, pero sobre todo mucha hambre, porque los dueños al terminar de comer, le daban alguna corteza de queso, algún huesecito de pollo y nada más. Así que Bobby, para llenarse la barriga, tenía que ir a cazar ratones de campo como si fuese un gato, o bien atrapaba al vuelo alguna mosca. Pero su barriga necesitaba otras cosas muy distintas.

Detrás de la puerta de cristales de la cocina Bobby había aprendido a hacer muchas muecas para impresionar a los dueños, que la verdad es que no se impresionaban nunca. Se lamía los bigotes, inclinaba la cabeza a un lado y a otro, entornaba los ojos, lloraba, bostezaba, levantaba la pata derecha, levantaba la pata izquierda, sacudía las orejas, movía la cola de diez maneras distintas, había aprendido también a poner una sonrisa triste que hubiera conmovido hasta a los perros. Pero sus dueños no se conmovían, dejaban la puerta cerrada y al final de la comida le daban las sobras de siempre.

Un día pasó cerca de la casa el carruaje de un circo y Bobby se acercó para pedir de comer desarrollando toda su mímica para conmover a los saltimbanquis que estaban dentro del carruaje. Éstos no solamente le echaron de comer desde la ventanilla, sino que se pararon y le hicieron subir con ellos. Bobby, que no estaba nada encariñado con sus dueños, se unió con mucho gusto a los saltimbanquis y desde aquel día trabajó en el circo. Los espectadores se extasiaban ante aquel perro que interpretaba tan bien, se conmovían, se divertían, y Bobby se convirtió en un perro famoso. Un día la lona del circo quedó destruida por un incendio y Bobby fue vendido a una compañía de teatro. En el escenario, Bobby participaba en las comedias de Pirandello, de Goldoni y hasta de Shakespeare. Los espectadores se entusiasmaban con él y los actores terminaron teniendo celos de él y lo echaron.

Bobby formó una compañía de teatro propia junto a otros perros que había encontrado por la calle e interpretó sus escenitas en las plazas de las ciudades y de los pueblos, y la gente, al final del espectáculo, le daba de comer en abundancia, salchichas de cerdo, filetes crudos, pollos asados, tocino ahumado. Un día, Bobby hizo un número también en la televisión y lo vieron veinte millones de espectadores. Sus ex dueños lo reconocieron, lo buscaron, pero cuando lo encontraron, Bobby y sus compañeros les enseñaron los dientes. Los malos dueños tuvieron que volverse a casa con las orejas gachas.

Luigi Malerba. La hipotenusa del elefante y otros cuentos.  Ed. Espasa Calpe

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 El autor nos cuenta la vida de un pobre perro, que tenía dueño, pero vivía como si estuviera abandonado. Muchas veces, la vida de los animales es terrible. Esto nos hace preguntarnos: ¿por qué alguien tiene un animal en casa? ¿Para qué y por qué lo quiere tener? ¿Ha pensado lo que significa tener un animal vivo, que necesita cariño, alimento, limpieza, juego, paseo y tantas otras cosas?

Pensemos antes, simplemente, qué cosas necesitamos nosotros para vivir a gusto. Para disfrutar de la vida. ¿Con quién vivimos? ¿Qué pedimos a quienes conviven con nosotros?

Hoy, conocemos a muchas personas que quieren tener una mascota. Porque sí, porque les apetece: tener un perro, un gato, una tortuga, un pez, ¡y hasta un tigre, un león o un oso! Si son pequeños, a lo mejor ni nos devoran ni nada y podemos presumir de ellos.

Lo que sí sabemos es que gran cantidad de animales son abandonados a su suerte, porque ya no nos interesan, nos estorban o por razones que cada una o cada uno saben. Pero el final es trágico. Sabemos que acaban muy mal los últimos días de su vida. Y eso es algo tremendamente injusto. Luchemos contra ello.

Hay personas que dedican mucho tiempo a salvarlos, y a hacer por ellos lo que pueden. Aquí tienes una dirección de gente que trabaja por la vida de los animales.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es:  Dueño.

Hay animales que no tienen dueño. Que viven en libertad. Tienen su territorio. Son animales salvajes. También a ellos debe proteger el ser humano. Hay mucha gente estupenda que se dedica a esa labor. ¿Te gustaría dedicarte a la protección de animales? Ya has visto Salvemos las patitas. Aquí tienes varios videos de animales en libertad. Te sugerimos que busques el que hay de animales en libertad en la Reserva Natural de Sevilla. Quizá esté más cerca de ti que los otros. Disfruta viendo la libertad de los animales.

También los libros nos ayudan a disfrutar, a pasar un buen rato, a pensar, a descubrir, a tantas cosas estupendas para vivir… ¡En libertad! En este libro que te recomendamos, encontrarás una historia que tiene, como en el caso de Bobby, a un protagonista animal: el lobo. Se llama Hambre de lobo. Es del escritor Éric Pintus y está publicado por la editorial Océano.

Cuentame

¿Has vivido alguna aventura con algún animal? La del escritor Luigi Malerba, el autor del texto que has leído, casi seguro que no. Porque es que Bobby, con lo bien que interpretaba, hasta montó una compañía de teatro. A propósito: ¿te gusta el teatro? ¿Has ido alguna vez? ¿Has interpretado alguna obra de teatro en el colegio, en casa, o en algún cumpleaños con amigos?

Si te gusta, como a Bobby interpretar teatro, te sugerimos este libro de Luis García Matilla. La aventura del teatro. Editado por Espasa-Calpe.

Autor

Luigi Malerba

Luigi Malerva es el seudónimo de Luigi Bonardi. Nació el 11 de noviembre de 1927 en Berceto (Italia) y murió el 8 de mayo de 2008 en Roma (Italia)

Estudió Derecho en Roma. Trabajó como periodista.  Colaboró en varios medios como el cine,  la televisión  y la publicidad realizando  guiones.

Era una persona muy inquieta , le gustaba mucho viajar, especialmente a Oriente.  Sentía curiosidad por muchos temas: la lengua, las palabras,  las costumbres, la historia.. la vida, en su conjunto. Todo esas inquietudes se ponen de manifiesto en su obra.  Fue un maestro en el uso de la ironía.

Recibió varios premios en su vida.

Nuestro observatorio

Más datos sobre Luigi Malerba en la página de Wikipedia.

BIbliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  la editorial Gadir.

El descubrimiento del alfabeto
Las rosas imperiales
El agua del mar y El descubrimiento del alfabeto