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La nueva granja (Segunda parte). Sid Fleischam. Editorial Alfaguara (Recomendado: 9-11 años)

19 Nov

maravillosagranja

(—) Pues bien, ahí estábamos plantados mirando nuestra granja de media hectárea que no servía para nada más que para zambullirnos en ella en un día de calor como aquel. Y además hacía más calor que nunca. Se batió el récord de calor, según supe más tarde. Aquel fue el día en que, tres minutos antes de las doce, los campos de maíz del estado de Iowa explotaron de palomitas. Eso es historia. Seguro que lo habéis leído ya en alguna parte. Hay fotos que lo prueban.
Me dirigí hacia nuestros niños.
-¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –dije-. Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada (1), pero es agua: ¡Al agua patos!
La idea fue acogida favorablemente y en un abrir y cerrar de ojos estábamos con los trajes de baño puestos. Di la señal y cogimos carrerilla. En ese instante nos cayó encima tal ráfaga de sequía que aterrizamos sobre media hectárea de tierra seca. La charca se había evaporado. Fue muy sorprendente.
Los niños habían saltado de cabeza y no se veía de ellos más que las piernas dando patadas en el aire. Los tuve que arrancar de la tierra como a zanahorias. Algunas de las niñas estaban aún sujetándose las narices. Por supuesto que fue una amarga recepción ver desvanecerse ante nuestros ojos aquella piscina.
Pero en el momento en que apresé un terrón entre los dedos, a mi corazón de granjero se le escapó un latido. Aquel fondo de estanque era suave y rico como la seda negra.
-¡Mi querida Melissa! –grité-. Ven a ver. Esta tierra es tan buena que debería guardarse en un banco.
Me encontraba fuera de mí de excitación. Aquella tierra gloriosa parecía estar suplicando que la sembrasen. Mi querida Melissa había traído un saco de judías secas, y mandé a Will y a Chester a por él. No hacía ninguna falta que nos molestásemos en arar aquella tierra. Dirigí a Polly para que hiciera un surco recto con un palo y a Tim para que la siguiese, cavando agujeros en la tierra. Luego me acerqué yo. Dejé caer una judía en cada agujero y la aplasté con el talón.
Pues bien, apenas había avanzado un par de metros, cuando sentí rozar contra mi pie algo verde y con hojas. Miré hacia atrás. Un tallo de judía avanzaba a toda prisa buscando un palo al que trepar.
-¡Válgame Dios! –exclamé-. ¡Esta tierra sí que es rica!
Los tallos se extendían a ojos vista por todas partes. Tuve que apresurarme para que no me alcanzaran. Cuando llegué al final del surco los primeros tallos habían florecido, se habían formado las vainas y se podían ya recoger.
Podéis imaginaros nuestra excitación. Las orejas de Will se agitaban. Los ojos de Jill estaban bizcos. La nariz de Chester se retorcía. Los brazos de Hester subían y bajaban. El hueco del diente que le faltaba a Peter silbaba. Y Tom hacía el pino.
¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –grité. ¡A recoger las judías!
Al cabo de una hora habíamos plantado y recogido toda la cosecha de judías.

(1) Enfangada: que estaba llena de lodo, barro.

Sid Fleischam. La maravillosa granja de McBroom. Editorial Alfaguara

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Hay que ver la ilusión con que llegaban! ¡Allí estaban todos! Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda.Pero lo que había hecho Mr. Heck Jones fue una estafa. ¡Una auténtica estafa!, dijera lo que dijera.

Lo más normal habría sido que el señor Mc Broom cogiera al propietario y le hubiera metido la cabeza en la arena, por haber engañado de aquella manera a toda su familia.
Empezaron a suceder una serie de acontecimientos, a cada cual más tremendo. Imagínate que te sucediera a ti, a tu padre, a tu madre y ¡a toda la familia!
Pero ya os habéis dado cuenta de que Mc Brooom y toda su familia eran gente buena y, además, siempre veían el lado positivo de la vida. Dice Mc Broom:
“Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada, pero es agua: ¡al agua patos!”

Pues sí, Mc Broom y Melissa, su mujer, habían conseguido que sus hijos fueran fantásticos. Allí, en la granja, todo lo que sucedía era genial.

Lo que os recomendamos, para comprender muy bien este texto, es que lo leáis, en la biblioteca o, si podéis comprarlo, para ver las maravillosas ilustraciones que tiene. Son de Quentin Blake, un artista del que ya hemos visto alguno de sus trabajos, como ilustrador. Aquí tenéis su página web.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es charca. El diccionario de la RAE la define así: Depósito algo considerable de agua, detenida en el terreno, natural o artificialmente. La tierra que hay debajo de esas charcas es tan maravillosa como dice Mc Broom. Ya sabemos que no es fácil; pero si consiguieras plantar algo en esa tierra húmeda (intenta, por ejemplo, judías, garbanzos, lentejas…), en una maceta que haya en casa, a lo mejor, regando un poquito y dejando pasar tiempo (eso es muy importante), empiezas a ver unas hojitas verdes. Eso es que tu semilla plantada, puede salir adelante. En la siguiente página web, verás un modelo de cómo germinar una planta.

Y ahora, volvemos a la magia de nuestra palabra charca, para ver cosas hermosas que existen en la Naturaleza. Que disfrutes con esta belleza.

Cuentame

Lo que sí se llevó la familia de Mc Broom fue una decepción. Un chasco. Ellos estaban tan contentos pero… Y cuando eso sucede, es mejor buscar el lado positivo de las cosas y, así, a lo mejor lo acabamos consiguiendo.

¿Te ha sucedido a ti, alguna vez, esta situación? Podías contarnos, si te apetece, cuál ha sido tu último chasco. Eso que tú esperabas que pasara, que sucediera y, al final, no se produjo, no lo conseguiste, a pesar de la ilusión que te hacía.

Si pudieras, nos vendría muy bien que nos dieras los consejos para actuar, en esas situaciones. ¿Te ocurrió con alguna amiga o amigo? ¿Te ocurrió en tu casa, con tu familia? ¿Fue en el colegio, con compañeras o compañeros? ¿Se pudo solucionar aquello que tanto te preocupó o te fastidió?

Autor
Sid Fleischam

Nació el 16 de marzo de 1920 en Brooklyn, Nueva York (Estados Unidos) y murió el 17 de marzo de 2010 en Santa Mónica, California (Estados Unidos).

Viajó por los Estados Unidos con un espectáculo de artistas y magos. Antes de escribir novelas trabajó como periodista y guionista de cine.  Está considerado un maestro de la aventura, la intriga y el humor. Recibió numerosos premios y entre ellos el Mark Twain, que se otorga al mejor escritor de humor.

Nuestro observatorio

Más datos sobre el autor en la wed dedicada al mismo.

Bibliografía

Libros publicados del autor, tomados de la página de Sid Fleischam