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Pudin de mar. Tove Jansson. Editorial Siruela (Recomendado: 9-11 años)

15 Oct

lagraninundacion

El barco atracó junto a un prado cubierto de flores silvestres y el Mumintroll bajó a tierra con un cabo (1) de amarre.
-Saludad a los hatifnat y dadles gracias por el viaje –dijo Mamá Mumin. Y el Mumintroll hizo una reverencia solemne y el animalito agitó la cola.
-Muchas gracias –dijeron mamá Mumin y Tulipa antes de bajar a tierra firme. Pero cuando todos volvieron a alzar la cabeza comprobaron que los hatifnat ya se habían marchado.
-Deben de haberse hecho invisibles –dijo el animalito-. Una gente extraña.
Luego los cuatro se adentraron entre las flores. Ahora el sol estaba subiendo y sus rayos se reflejaban y titilaban (2) en el rocío.
-Me gustaría vivir aquí –dijo Tulipa-. Estas flores son aún más bonitas que mi tulipán. Además, mi pelo no terminaba de hacer juego con él.
-¡Mirad, una casa de oro puro! –gritó de repente el animalito y señaló con el dedo. En medio del prado se erguía (3) una torre que reflejaba el sol en una larga fila de ventanas. El último piso estaba hecho entero de cristal y allí el sol rojizo brillaba como oro rojizo incandescente.
-Me pregunto quién vivirá allí –dijo Mamá Mumin-. A lo mejor es demasiado temprano para despertarlos.
-Pero es que tengo un hambre voraz –dijo el Mumintroll.
-Yo también –dijeron el animalito y Tulipa, y todos se quedaron mirando a Mamá Mumin.
-Bueno, en ese caso… -dijo ella dirigiéndose a la torre y llamando a la puerta.
Al cabo de un momento se abrió una trampilla en la puerta y un niño con el pelo rojo asomó la cabeza.
-¿Sois náufragos? –preguntó.
-Casi –dijo Mamá Mumin-. Pero estamos hambrientos, de eso no cabe duda.
Entonces el niño abrió la puerta de par en par y los dejó pasar. Y cuando vio a Tulipa hizo una reverencia, porque nunca había visto un pelo azul tan hermoso. Y Tulipa le hizo también una reverencia, porque su pelo rojo le parecía fascinante. Después todos siguieron al anfitrión por unas escaleras de caracol hasta el último piso, de cristal, desde donde podían ver el mar en todas direcciones. En el centro de la sala había una mesa con una fuente enorme llena de pudin (4) de mar humeante.
-¿De verdad es para nosotros? –preguntó Mamá Mumin.
-Sí, por supuesto –dijo el niño-. Cuando hay tormenta, yo vigilo el mar y todos los que entran en mi puerto para salvarse son invitados a pudin de mar. Así es como siempre ha sido. –Entonces se sentaron a la mesa y pocos instantes después la fuente ya estaba vacía. (El animalito, que a veces no tenía los mejores modales, cogió la fuente y se escondió con ella debajo de la mesa para pasarle la lengua.)
-Muchísimas gracias –dijo Mamá Mumin-. Me parece que ya has invitado a unos cuantos a pudin de mar aquí arriba.
-Vaya que sí –dijo el niño-. A gente de todas las partes del mundo. A snusmumriks, a fantasmas marinos, a bichitos y a gigantes, a snorks y hemules. También a algún que otro marulk.
-¿No habrás visto por casualidad a algún mumintroll? –preguntó Mamá Mumin, y estaba tan expectante que le tembló la voz.
-Sí, a uno –dijo el niño-. Después del ciclón del lunes pasado.
-¿¡Y si era papá!? –gritó el Mumintroll-. ¿Se metía la cola en el bolsillo a menudo?
-Sí, de verdad que sí que lo hacía –dijo el niño-. Lo recuerdo muy bien porque me parecía muy curioso.
Entonces el Mumintroll y su madre se pusieron tan contentos que se fundieron en un abrazo, y el animalito empezó a dar saltos de alegría y a dar vítores (5).
-¿Adónde fue? –preguntó Mamá Mumin-. ¿Dijo algo en especial? ¿Dónde está? ¿Cómo estaba?
-Muy bien –dijo el niño-. Cogió el camino al sur.
-Pues tenemos que partir enseguida –dijo Mamá Mumin-. A lo mejor podemos alcanzarlo. Daos prisa, niños. ¿Dónde está mi zurrón? –Y luego bajó corriendo las escaleras de caracol tan deprisa que los demás apenas pudieron seguirla.
-¡Esperad! –gritó el niño-. ¡Esperad un segundo! –Los alcanzó en la puerta.
-Disculpa que no nos hayamos despedido como es debido –se excusó Mamá Mumin, que estaba dando saltitos de impaciencia-. Pero entenderás que…
-No es eso –dijo el niño, que estaba igual de rojo que su pelo-. Solo estaba pensando… quiero decir, no sé si cabe la posibilidad…
-Venga, suéltalo –le apuró Mamá Mumin.
-Tulipa –dijo el niño-. Bella Tulipa, ¿no te apetecería quedarte aquí conmigo?
-Me encantaría –respondió Tulipa al instante, y se le iluminó la cara-. Allí arriba he estado pensando todo el rato en cómo brillaría mi pelo para los marinos en tu torre de cristal. Y soy una experta preparando pudin de mar. Pero también estaba un poco angustiada. –Y miró a Mamá Mumin-. Por supuesto, también me encantaría ayudaros a buscar… -dijo.
-Ah, seguro que nos las apañamos –le respondió Mamá Mumin-. Os enviaremos una carta para contaros cómo ha ido todo.
Luego se abrazaron todos a modo de despedida y el Mumintroll continuó con su madre y el animalito hacia el sur.

 

  1. Cabo: Cualquiera de las cuerdas que se utilizan a bordo de un barco, en este caso para sujetar, agarrar.
  2. Titilaban: centelleaban, resplandecían con un pequeño temblor.
  3. Se erguía: se levantaba.
  4. Pudin: especie de dulce, postre.
  5. Vítores: aplausos.

Tove Jansson. La gran inundación. Editorial Siruela

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

El barco es el que los lleva. Se detiene, al llegar a tierra. La vista de la naturaleza, cuando llegan es algo maravilloso. Pero al llegar a tierra firme, después de viajar en barco, por el mar, hay una pieza muy importante. No podemos permitirnos que el barco se mueva, sin nosotros y se dirija al mar. Por eso, se pone una cuerda gorda y fuerte, para amarrar. Es decir: para asegurar que el barco no se mueva. Pero, además de esas flores extraordinarias, las que decía Tulipa que eran más bonitas que su tulipán, vieron algo maravilloso. Aquella llegada a tierra fue distinta, diferente, casi mágica. ¿Cuáles de las siguientes cosas sucedieron? Contesta, Verdadero o Falso (V/F) a lo que ahora vas a leer:

1.Cuando bajaron, vieron una casa de oro puro.   V/F    
2.La Mamá Mumin dijo que tenían mucha hambre.  V/F
3.
Tulipa tenía el pelo azul.  V/F
4.Tulipa dijo que era una experta preparando pudin de mar.   V/F

(Solución: 1V; 2V; 3V; 4V)

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es gracias. ¿Te has dado cuenta de la cantidad de veces que los personajes de esta historia dicen gracias? Es que la palabra gracias es fantástica, es mágica. ¿Has hecho tú magia, alguna vez, con las palabras? Ahora sólo tienes que recordar. En los recuerdos encontramos cosas maravillosas. A veces se olvidan, porque no somos capaces de acordarnos de todo. Pero seguro que si lo intentas, lo puedes conseguir. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste gracias? ¿Por qué diste las gracias? ¿Sería porque te ayudaron o porque te regalaron algo? Pues explora ahora en tu cabeza y cuéntanos las últimas tres veces que dijiste gracias. Es muy sencillo y lo vas a lograr de un modo rápido. Rellena con tus recuerdos los tres números que aparecen.

1
2
3

¿Cuál de las tres veces que diste gracias fue la más importante para ti? ¿A quién le diste gracias? ¿Le diste también un abrazo? ¿Es una amiga o un amigo? ¿Es un familiar? ¿Es alguien del colegio? ¿Es algún o alguna deportista, que te ayudó a ganar un trofeo?
Cuentame

Los personajes creados por Tove Jansson, la escritora finlandesa, ganadora del premio Andersen de Literatura infantil,  son los Mumin. Y ahora, como si fuera en un concurso para la televisión, vamos a jugar a un “quién es quién”.
Sólo tienes que relacionar el nombre o los nombres de los personajes con el título del libro o de la página web que puedas conseguir. Une números y letras.

1.La madrastra y las hermanastras la trataban muy mal.
2. La mujer que se casó con el leñador quería convencerlo para que abandonara a sus hijos en el bosque.
3. Geppeto era un viejo carpintero. Un día creó un muñeco de madera. Un hada convirtió al muñeco en un niño de verdad.
4. Su amo era el marqués de Carabás. El animal llevaba un calzado mágico y era tan listo, que consiguió hasta que el marqués se casase con la hija del rey.

A. El gato con botas.
B. Hansel y Gretel.
C. Pinocho.
D. La Cenicienta.

(Solución: 1- d; 2-b; 3-c;  4-a)

autora
Tove Jansson
La autora nació el 9 de agosto de 1914 y murió el 27 de junio de 2001 en Helsinki (Finlandia).
Se formó en la Facultad Universitaria de Arte, Artesanía y Diseño de Estocolmo (Suecia) , en la Escuela de Artes Gráficas de la Academia Finlandesa de Bellas Artes y, finalmente, en varias escuelas de París (Francia).
La fama de Jansson se debe principalmente a sus libros sobre los Mumin, una familia de trolls blancos, cubiertos de pelo y de apariencia redondeada, con grandes hocicos, que nos recuerdan a los hipopótamos. Son historias para niños. El primer libro de la saga fue escrito e ilustrado por Jansson en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial. Confesó más tarde que la guerra la deprimía y que buscaba algo inocente.
Escribió también novelas para adultos y teatro además de seguir su carrera como pintora.
Ha recibido varios premios, entre ellos destaca el Premio Hans Christian Andersen por su contribución a la literatura infantil.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos y curiosidades en Imaginaria  y en la web de la autora.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros  sobre los Mumin tomada de Canal Lector

Cura para una enfermedad asesina. Dr. Mike Goldsmith. Editorial Siruela (Recomendado: 16-18 años)

17 Sep

eureka

¿Podría Pasteur frenar el virus de la rabia en el momento?

El 6 de julio de 1885, Louis Pasteur se vio metido en una lucha a vida o muerte. El niño de nueve años Joseph Meister, de Alsacia (Francia), llegó al laboratorio de Pasteur en París tras un viaje de 400 kilómetros. Dos días antes, el pequeño había sido salvajemente atacado por un perro rabioso. Había sufrido 14 mordeduras en total. Pasteur pidió a dos médicos franceses, Alfred Vulpian y Jacques-Joseph Grancher, que lo vieran. Los dos coincidieron en que, sin tratamiento, era muy probable que muriera.
Pasteur recordaba el terrible sufrimiento de las víctimas de la rabia que había visto cuando era un colegial. El virus de la rabia, transportado en la saliva del animal, tardaba varias semanas en llegar al sistema nervioso y atacaba a la médula espinal y al cerebro. Las víctimas sufrían espantosos temblores, fiebres y espasmos. También tenían alucinaciones, lo que quiere decir que veían cosas que no existían. Tragar les resultaba enormemente doloroso; al final entraban en coma. Poco después sobrevenía la muerte.
Pasteur y su ayudante, Émile Roux, llevaban unos tres años experimentando con un tratamiento contra la rabia, pero Pasteur pensaba que a su trabajo le faltaba mucho para estar concluido. Aunque había probado su vacuna en unos cuantos perros, aún tenía que probarla en un ser humano. Pasteur y sus ayudantes habían puesto en peligro sus propias vidas recogiendo perros rabiosos y sus babas infectadas.
Durante un período de 10 días terriblemente tenso, Pasteur inoculó a Joseph Meister 13 dosis de la vacuna contra la rabia, cada una más fuerte que la anterior. Esperó con inquietud que el tratamiento resultase eficaz. La reacción de Joseph a la vacuna significaría el triunfo o el fracaso de la carrera de Pasteur. Sin embargo, este sabía que las pruebas científicas estaban de su lado: la rabia no era la primera dolencia mortal que investigaba. En 1877 se había extendido por Europa el ántrax, un virus letal que mató a miles de ovejas.
El ántrax era capaz de infectar y matar seres humanos además de ovejas. Gracias a sus experimentos, Pasteur halló que podía crear una forma debilitada de la enfermedad. Cuando la inoculaba a las ovejas, sus cuerpos producían unas sustancias que combatían la enfermedad con éxito. En 1881, Pasteur inyectó su nueva vacuna contra el ántrax a un rebaño de ovejas.
Veinte días después infectó con ántrax no debilitado a estos mismos animales y a otro grupo no vacunado. Todos los animales que no habían recibido la vacuna de Pasteur murieron. Todos los que la recibieron, vivieron. Pasteur utilizaba esta experiencia para crear su vacuna contra la rabia. Averiguó que la médula espinal de los conejos rabiosos, si se dejaba secar, producía una versión mucho más débil del virus.
Cuando se le inoculaba a un animal, la versión más débil del virus no causaba un brote completo de la enfermedad. ¡Por el contrario, hacía que el cuerpo produjera sustancias llamadas anticuerpos, que combatían la dolencia!
Por la misma razón, el tratamiento aplicado al joven Joseph Meister fue un enorme éxito. Sobrevivió y regresó a su casa. Pasteur fue aclamado y los pacientes acudieron en tropel a París. Entre octubre de 1885 y diciembre de 1886, Pasteur y sus compañeros trataron a 2.682 personas que creían estar infectadas de la rabia. Más del 98 por ciento de aquellos pacientes sobrevivieron. Joseph llegó a ser un adulto sano. Tras servir en el ejército francés durante la 1ª Guerra Mundial, trabajó como portero en el Instituto Pasteur, desde entonces un centro que es líder mundial en la investigación microbiológica y de enfermedades.

Dr. Mike Goldsmith . ¡EUREKA! Los descubrimientos científicos más asombrosos de todos los tiempos. Editorial Siruela

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto
Ahora disponemos de una gran herramienta, Internet, que nos permite acercarnos a ideas, conceptos, métodos de trabajo, grandes personajes, soluciones a diferentes problemas y mucho más. En el texto hemos leído cómo Louis Pasteur llegó al descubrimiento y solución del problema de la enfermedad de la rabia.
Lo que parece muy evidente es la importancia que tiene la información, la investigación y el estudio, si queremos llegar a descubrir cosas fundamentales para la Humanidad. Y si nos acercamos a los grandes sabios o a las grandes sabias en el mundo y en el tiempo pasado, presente y quién sabe si también futuro, iremos descubriendo desde quiénes somos hasta quiénes podríamos llegar a ser. Temas tan apasionantes como, por ejemplo, la astrofísica, en la que también trabaja el autor de nuestro texto de hoy, pueden resultarnos más comprensibles y cercanos, escuchando conferencias, charlas, palabras, como las que puedes descubrir hoy, en esta página, donde oiremos al doctor Montesinos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Palabra magica
Nuestra palabra mágica hoy es información. Gracias a la información de algo o sobre algo podemos llegar al conocimiento. Así se mueven las personas que luego generan el saber, el conocimiento de lo que estudian y nos transmiten.

Hemos llegado, gracias a internet, a “ver”, a leer lo que hizo Louis Pasteur hace muchos años, cuando descubrió la manera de combatir la enfermedad de la rabia. Pero hemos visto y trabajado gracias a un soporte, es decir, el material donde se comunica la información. Porque el soporte es sólo eso, una herramienta. Pero lo trascendental, lo fundamental para el ser humano es leer, o sea, la lectura.

Y para disfrutar de ella y conseguir el conocimiento, nos trasladamos, en un vertiginoso cambio de soporte, a uno que conocemos muy bien. Ese objeto maravilloso, que emplea como material el papel y que denominamos libro. Como lugares donde ir para transitar por esos objetos mágicos, te recomendamos las bibliotecas, las librerías y, también, por supuesto, internet. En la siguiente página puedes comprobarlo.

Cuentame
Queremos, ahora, escucharte, leerte. ¿Has dicho, hace poco, ¡Eureka!, alguna vez? Es decir: ¿has encontrado algo que buscabas con mucho afán o ilusión?

Explícanos en qué ha consistido ese descubrimiento. ¿Ha sido el reencuentro con una persona, que creías desaparecida de tu vida y la has vuelto a ver? ¿Has vuelto a ir a ese lugar, al que hace tanto tiempo que no ibas? ¿Lo has encontrado como lo imaginabas o ha cambiado tanto que casi no lo recuerdas? Si eres amante del deporte, ¿qué te ha satisfecho muchísimo hace muy poco? ¿Has escuchado a tu cantante o a tu grupo favorito y siguen siendo buenísimos? ¿Has visto aquella película que te encantó, cuando eras más joven? La evolución de tu familia y amigas o amigos, ¿sigue por los caminos que tú pensabas? O, por el contrario, ¿te has llevado unos chascos terroríficos?

También nos podrías contar tus impresiones y consejos que nos puedes dar sobre lecturas determinadas. Lo leeremos con mucho cuidado y ya, de antemano, te damos las gracias por ello.

Autor
Mike Goldsmith
Nació el 12 de julio de 1962 en Londres (Inglaterra).
Licenciado en Filosofía y Física en la Universidad de Keele. Se doctoró en astrofísica. Ha trabajado en un Grupo de Acústica en el Laboratorio Nacional de Física de Inglaterra. Ahora trabaja de forma independiente.  Ha publicado muchos artículos científicos e informes técnicos, principalmente sobre astrofísica y acústica.  Ha escrito además 40 libros de ciencia para niños y adultos.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos y otras curiosidades en su página web

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

Pregón. Rafael Alberti. Editorial Labor (Recomendado: 9-11 años)

10 Sep

Albertiaire

¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!

¡Vendo los cirros (1) morados,
y rosas, las alboradas (2),
los crepúsculos (3) dorados!

¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero (4)!

Vendo la nube, la llama
y el canto del pregonero.

 

1. Cirro: nube suave, alargada.
2. Alborada: tiempo de amanecer, empezar el día.
3. Crepúsculo: final de la tarde, al caer el sol.
4. Duraznero: árbol. Se parece al melocotonero. Su fruto es algo más pequeño que el melocotón.

Rafael Alberti. ¡Aire, que me lleva el aire! Editorial Labor

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto
Seguro que hemos leído muchas poesías. Pero hay algo que, a lo mejor, hemos hecho menos. Escucharla despacio, oírla para disfrutarla. Vamos a oír, con ese silencio que oímos la música en casa, en un concierto,  la poesía de Rafael Alberti.

Y la que hace Sheila, con menos años de los que hemos recomendado para esta poesía.

Sugerimos una futura grabación a los alumnos por parte del mediador, pues puede ser interesante que observen cómo leen y recitan el poema. Incluso podrían hacer un concurso y votar la lectura que más les haya gustado.

Palabra magica
La palabra mágica en la poesía de Rafael Alberti es vendo. Para los más pequeños, dentro de ese gran abanico con que planteamos esta poesía de Alberti, de los 9 a los 18 años, conviene, antes que nada, leerla y, sobre todo, dar el significado correcto de todas las palabras. No está de más, después de decir lo que significa la palabra pregonero, “dramatizar” esa lectura, al modo que lo harían pregoneros o pregoneras. Esas personas que van diciendo algo al público, para informar de lo que sucede.

¿Hemos escuchado, alguna vez, a ese pregonero que va diciendo cosas que él conoce y otros no? ¿Lo hemos escuchado vender algo? Quizá en mercados o plazas (según la denominación que se utilice en ese lugar), hemos oído a esa figura del pregonero.

Y como la palabra con que hacemos magia es vendo, podemos invitar a los oyentes a hacer de pregoneros vendiéndonos algo que nos interese. ¿Será algo material, que interese a los oyentes? ¿Será una ilusión compartida por oyentes? ¿Será un libro que queremos leer, porque nos han dicho que es fantástico? ¿Será una canción que hemos escuchado y nos encanta? ¿Será que deseamos que se cumpla una promesa que nos han hecho? ¿Será ese regalo que nos han prometido? ¿Será ese programa de ordenador, que nos ofrece, si ganamos el concurso, un fabuloso regalo? ¿Será algo que nosotros hemos comprado para regalar? ¿A quién iría ese regalo?

Cuentame

Vamos a ir de la mano del poeta. Qué pena que no esté vivo. Era tan amante de la juventud y de la poesía, que con seguridad nos habría permitido una charla con él, para contarnos cosas, muchas de su poesía y otras de su vida. Pero si hay algo maravilloso de lo que puede disfrutar el ser humano es de la imaginación. Y a ella vamos.

Primero, contamos el número de sílabas que tienen los siguientes versos:

Vendo nubes de colores

Ven(1) do(1) nu(1) bes(1) de(1) co(1)lo(1)res(1)

Total: 8 sílabas

Y efectivamente. Tiene 8 sílabas. Comprueba tú ahora, cuántas tienen los siguientes versos. ¿Tienen ocho sílabas todos los versos?

Bien. Pues ya has encontrado el ritmo de la poesía. Ahora, después del ritmo, vienen las letras. Como en las canciones. A ver qué tal te sale esta poesía. ¿Qué crees que puedes vender en esa increíble tienda que tienes? La prueba te permite dos cosas: hacer una poesía entera nueva o, también, cambiar sólo algunas palabras; por ejemplo, los colores, la forma de las nubes, la temperatura que rodea a esas nubes, la época del año en que las ves, el momento del día en que te parecen más hermosas y todo lo que te sugieran esas preciosas nubes.
Autor
Rafael Alberti

Nació el 16 de diciembre de 1902, en el Puerto de Santa María (Cádiz, España). A los quince años, se traslada a vivir a Madrid con su familia. A él lo que le gustaba era la pintura  y en esos años hubiera querido ser pintor.
Fue amigo de Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén…Comienza, en esa época, a escribir su primer libro de poesía Marinero en tierra, en el que habla de su nostalgia por el mar.  Con él obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 1924. Desde entonces se dedicó sobre todo a la poesía, aunque nunca abandonó la pintura. Le gustaba trabajar desde el alba. Formó parte de la generación del 27.  Se casó en 1930 con la escritora Mª Teresa León.  Tuvieron una hija, Aitana.
Viajó por  muchos países, dando conferencias y recitales.

Después de la Guerra Civil  se exilió fuera de España.  Vivió muchos años en Argentina y en Italia. En 1977 regresa a España. En 1983 recibe el premio Cervantes. Muere en el Puerto de Santa María (Cádiz) en 1999.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación: Fundación Rafael AlbertiBiblioteca virtual Miguel de Cervantes. Además de ver la última entrevista realizada en 1993, con motivo de su noventa y cuatro cumpleaños, al equipo del programa «Al sur» de CSTV

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Rafael Alberti en Canal Lector.

Trabaja con método. Philippe Brasseur. Editorial Anaya (Recomendado: 14-16 años)

9 Jul

ingenios

Cada genio tiene su “receta” para trabajar con eficacia. Raros son aquellos que dejan al azar un asunto como ese. Inspírate en los trucos ajenos para encontrar los propios.

Nuestro principal enemigo es la procrastinación
¿Conoces el significado de esta palabra? Es la tendencia (muy extendida) a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. ¿Tienes algún proyecto de gran envergadura que te asusta? Un buen consejo: trabaja en él durante una hora o dos. A continuación, déjalo reposar y retómalo más tarde: la pequeña semilla que has plantado en tu cerebro habrá germinado y dará frutos inesperados…
Un buen consejo siempre puede ser ignorado, pero no es razón para no darlo.

Los creadores y sus secretos
Estos ejemplos te ayudarán a encontrar tu propia “disciplina” para trabajar en tu proyecto genial…

Elige el momento adecuado
Napoleón Bonaparte
, tras dedicar toda la jornada a la gestión de su inmenso imperio y a la ejecución de sus numerosos planes, trabajaba por la noche en asuntos que requerían mucha concentración, como la redacción de su famoso Código Civil. Numerosos escritores, por el contrario, afirman sentirse muy inspirados a primera hora de la mañana.

Elige el lugar adecuado
Pierre Soulages es un pintor que vive en la Costa Azul, en una casa con magníficas vistas. Sin embargo, pinta en un taller sin ventanas para evitar la distracción del paisaje. Aunque debemos decir que, desde hace más de veinte años, el negro es el color predominante en sus cuadros…
Agatha Christie tenía un método propio para escribir novelas policiacas. La historia se le ocurría en los lugares más inesperados: en la calle, en el tranvía… Construía la trama empezando por el crimen: el arma homicida, el asesino y el móvil. Luego añadía a los sospechosos y exponía sus razones para matar. Para concluir, incorporaba las pistas y las “falsas pistas” destinadas a provocar la confusión del lector. Cuando todas las pistas encajaban, empezaba a escribir. A menudo redactaba dos libros al mismo tiempo, pues de este modo, si se quedaba sin ideas para uno, siempre podía trabajar en el segundo.

Encuentra tu propio método
El novelista Vladimir Nabokov escribía de pie, ante unas fichas que pegaba a la pared y que podía cambiar de sitio en cualquier momento para transformar la estructura de su historia.

Establece un horario fijo de trabajo
Todas las mañanas, a las 9 en punto, René Goscinny (autor de Astérix, Lucky Luke y El pequeño Nicolás) se sentaba a escribir sus cómics. Comía a las 12 y después se iba a la redacción de la revista Pilote, donde trabajaba como redactor jefe.

Atrévete a decir que no
Los genios hacen lo posible para que nadie los moleste. De hecho, René Descartes, gran filósofo y matemático, se desplazaba de una ciudad a otra sin indicar jamás en sus cartas la dirección exacta.

Establece una meta concreta
Stephen King, como muchos novelistas, escribe un mínimo de diez páginas al día, incluso cuando está de vacaciones. Es una cantidad enorme, como la cifra de libros que ha escrito.

Philippe Brasseur. InGenios. Editorial Anaya

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Te contaremos lo que ya se ha hecho, en el trabajo de las diferentes lecturas que hemos analizado en la Tercera época de Los Fundamentales.
Empezamos hace ahora casi tres años con la Época 1 de Los Fundamentales, donde se seleccionaron 36 textos, para edades comprendidas entre los 7 y los 18 años. Siguió la Época 2, de Los Fundamentales con otros 36 textos para esas edades que te hemos dicho (de 7 a 18 años). Y estamos ahora en la Época 3, exactamente en el texto número 20, que es Trabaja con método, de Philippe Brasseur. Está este texto en el libro Ingenios, de la editorial Anaya.

Lo que sí te aseguramos es que este texto de Brasseur lleva varios meses seleccionado. Nos pareció fundamental, por el secreto que aporta en cómo realizar un trabajo. Y por eso lo has leído, como seleccionado. Como principio, te diremos lo cerca que estamos de este autor, en sus métodos y en sus reflexiones, pensamientos e incluso axiomas, entendiendo por axioma la definición que da el diccionario de la RAE:
1. Proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración.

Y ese axioma que nos da el autor es:  Un buen consejo siempre puede ser ignorado, pero no es razón para no darlo.
Eso significa que, si consideramos que algo que hemos hecho está bien y les puede servir a otros, es bueno darlo. Lo que quien nos escucha pueda hacer es una decisión de ellas o de ellos, de quienes lo escuchan. Nosotros seguiremos dando esa posibilidad que creemos que es buena.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es receta. Sabes lo que es una receta de cocina y una receta médica. Lo que nos propone el autor son recetas que se basan en la forma de trabajar de “genios”, personas que han sido sobresalientes, en distintos campos de trabajo de la humanidad: filósofos, escritores, matemáticos, pintores y un largo etcétera. Por eso receta es una palabra mágica.

Ayuda a los profesionales y a los que aprendemos cómo realizar algo. Cojamos dos campos: la cocina y el bricolaje, por ejemplo. En la cocina, encontramos, nada más empezar, la siguiente frase:

“El otro día estaba buscando una receta original para hacer con fresas.  En casa las tomamos siempre iguales y estaba buscando algo para hacérselo más atractivo a mis hijos”… Y esta es la página que encontramos.

También localizamos recetas para fabricar, con un poco de maña e ilusión, juguetes de madera preciosos. Hay tiendas que venden estas cosas. Pero lo que sí podremos, si alguien nos dice cómo hacerlo (nos da su receta) es lograr pasar buenos ratos. Tú, fabricándolo. A quien se lo regales, disfrutándolo.

Cuentame
Hoy te pedimos un favor. Un gran favor. ¿Serías capaz de contarnos, según lo que el autor dice, tu “receta” para trabajar con eficacia? Te recordamos, para que lo tengas delante, lo que nos dice el autor del texto. Tú sólo tienes que rellenar con tus datos la forma en que trabajas. Eres, por tanto, la creadora o el creador que nos permite ver su forma de trabajar.

  • ¿A qué hora sueles ponerte a trabajar en algo? ¿Lo haces siempre a la misma hora o depende del día?
  • ¿Te domina, a veces, la procrastinación? Ya sabes: dejar para mañana algo que puedes hacer hoy.
  • ¿Consideras que realizas tu trabajo en el lugar adecuado? ¿Cuál es ese lugar? ¿Cómo es?

Autor
Philippe Brasseur
Nació el 19 de diciembre de 1964 en Bélgica.
Ha trabajado como creativo en publicidad. Ha sido organizador de eventos y editor de revistas para jóvenes. Ahora se dedica a dos de sus pasiones: la escritura y la ilustración. También dirige talleres creativos.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos en su página web

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica «micromuseo», debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

Gasipum y popotraques. Roald Dahl. Editorial Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

11 Jun

grangigantebonachon

Sofía no solo empezaba a sentir apetito, sino que también estaba muy sedienta. De estar en su casa, ya habría terminado el desayuno mucho antes.
-¿Estás seguro de que no hay nada para comer, por aquí, aparte esos repelentes pepinásperos? –preguntó.
-¡Ni una pipipulga! –contestó el Gran Gigante Bonachón.
-En ese caso, ¿puedo beber un poco de agua?
-¿Agua? –repitió el GGB, frunciendo el ceño-. ¿Qué es el agua?
-¡Lo que nosotros bebemos! –dijo Sofía-. ¿Qué tomáis vosotros?
-¿Nosotros? ¡Gasipum! –contestó Bonachón-. Todos los gigantes beben gasipum.
-¿Y es tan malo como los dichosos pepinásperos? –quiso saber Sofía.
-¿Malo? -protestó el GGB-. ¡Nada de malo! El gasipum es dulce y alegroso.
Se levantó de la silla y se dirigió a un segundo armario enorme del que sacó una botella de vidrio que mediría dos metros de altura. Estaba medio llena de un líquido verde pálido.
-¡Esto es el gasipum! –anunció, alzando la botella con orgullo, como si se tratase de algún vino viejo y raro-. ¡Delicioso y picoso gasipum!
Agitó la botella, y el líquido verde comenzó a burbujear como loco.
-¡Oh, pero si las burbujas van al revés! –exclamó Sofía.
Y así era. En vez de subir y estallar en la superficie, las burbujas descendían y estallaban en el fondo, donde se formaba una espuma verde.
-¿Qué demonio quieres decir con eso de que van al revés?–gruño Bonachón.
-En nuestras bebidas gaseosas –explicó Sofía-, las burbujas siempre suben y estallan arriba.
-¡Pues eso es mal! -afirmó el GGB-. Las buruburubujas no tienen que subir. Es la tontería más torontonta que he oído.
-¿Por qué?
-¿Y tú me preguntas por qué? –gritó el gigante, moviendo la botella de un lado a otro, como si dirigiese una orquesta-. ¿De veras quieres hacerme creer que no entiendes qué es un dispirate, eee… un disraspate, eso de las buruburujas tengan que subir en vez de bajar?
-No entiendo. ¿Quieres explicarte de una vez? –preguntó Sofía, muy educadita.
-¡Claro! –voceó el Gran Gigante Bonachón-. Es una torontontería, eso de las buburujas subiendo. Y si no lo entiendes, es que es más boba que un perripato. Tu cabeza debe de ser llena de rabos de recuajo y patas de mosquito. ¡Me asusta ver que no sabes pensar!
-¿Por qué no han de subir las burbujas –inquirió Sofía.
-Te lo diré, pero antes isplícame cómo se llama vuestro gasipum.
-Tenemos la Coca –contestó Sofía-. Otra es la Pepsi, pero hay muchas marcas y clases de bebidas gaseosas.
– ¿Y en todas suben las buruburuburujas?
-¡Sí, claro!
Catastroso! –exclamó el GGB-. ¡Buruburuburujas subiendo son una catastrosa desástrofe!
-Dime por qué –insistió la niña.
-Si escuchas bien, trataré de explicártelo –dijo el gigante-. Pero tu seso es tan lleno de pulguirrabijos, que no creo que lo entiendas.
-Haré cuanto sea posible –respondió Sofía con paciencia.
-Bien… Cuando tú bebes esa coquia vuestra, cae diridectamente a tu barriga, ¿no? ¿O me evicoco?
-No te equivocas –dijo Sofía.
-Y las burburujas van también a la barriga. ¿O no es así?
-Sí que van, claro.
-¿Y esas burburujas suben?
-¡Naturalmente!
-Lo que quiere dicir que saldrán todas, blup-blup, por la garganta y por la boca y os harán soltar un uructo asqueroso…
-Eso sucede con frecuencia, sí –admitió Sofía-. Pero un pequeño eructo de vez en cuando, no tiene importancia. Casi es divertido.
Uructar es muy feo! –exclamó Bonachón-. Los gingantes nunca lo hacemos.
-Sin embargo, con esa bebida… -señaló Sofía-. ¿Cómo la llamáis?
-Gasipum.
-Con el gasipum –dijo la niña- las burbujas de vuestras barrigas bajarán y… tendrán un resultado todavía peor.
-¿Por qué peor? –preguntó el GGB, sorprendido.
-Porque… -respondió Sofía, sonrojándose un poquito-, si bajan en vez de subir, tendrán que salir por otra parte, con un ruido aún más fuerte y más ordinario.
-¡Ah, con un popotraque, quieres decir! –exclamó el Gran Gigante Bonachón, muy sonriente-. ¡Los gingantes soltamos popotraques continuamente! Eso es señal de filicidad. ¡Es música para nuestros oídos! No vas a dicirme que un poco de popotraqueo es cosa prohibida entre los guisantes humanos…
-Se considera de muy mala educación –contestó Sofía.
-Pero tú bien debes soltar algún popotraque de vez en cuando ¿no? –quiso saber el GGB.
-Todo el mundo lo hace –reconoció la niña-. Los reyes y las reinas popotraquean, como lo llamáis. Y los bebés. Pero en mi tierra no es fino hablar de eso.
Rindículo! –dijo el gigante-. Si todo el mundo hace popotraques, ¿por qué no hablar de ello? Ahora mismo voy a beber un trago del dilicioso gasipum, y verás qué buen resultado.
El GGB agitó la botella con fuerza. El líquido verde pálido empezó a burbujear alegremente. Entonces, Bonachón quitó el tapón y tomó un enorme y gorgoteante sorbo.
-¡Hum, qué sabigustoso! –comentó-. ¡Me tusiásmisa!
El GGB permaneció inmóvil durante unos segundos, y una expresión de embeleso empezó a extenderse por su cara larga y arrugada. Hasta que, de pronto, la bebida hizo su efecto y el gigante soltó una serie de ruidos, los más sonoros y ordinarios que Sofía hubiese oído jamás. Retumbaban contra las paredes de la cueva como truenos, y los botes de vidrio temblaron en sus estantes. Pero lo más asombroso fue que la fuerza de las explosiones levantó al gigante del suelo, casi como un cohete.
-¡Yuppiii! –gritó Bonachón al fin, cuando se vio de nuevo en el suelo-. ¡Y ahora te toca a ti!
Sofía se echó a reír, no podía contenerse.
-¡Pruébalo! –insistió el Gran Gigante Bonachón, al mismo tiempo que inclinaba hacia ella la colosal botella.
-¿No tienes una taza? –preguntó la niña.
-Nada de tazas. Sólo botella.
Sofía abrió la boca y el gigante vertió en ella, con sumo cuidado, un poco de aquel formidable gasipum.
-¡Mmmmm, sí era riquísimo! Dulce y muy refrescante. Sabía a vainilla y crema, con un ligero aroma de frambuesas al paladearlo bien. Y las burbujas resultaban agradabilísimas. Sofía notó cómo le saltaban y estaban en el interior de su barriga. Era una sensación estupenda. Le parecía tener centenares de diminutos seres danzando en su interior y haciéndole cosquillas con los dedos de los pies. ¡Qué divertido!
-¡Oh, qué gracia! –dijo.
-¡Espera, espera! –respondió el GGB, con unas orejas que se movían como abanicos.
Sofía sintió que las burbujas bajaban y bajaban por su barriga, hasta que, de repente y sin que ella pudiera evitarlo, ¡se produjo la explosión! Sonaron las trompetas y las paredes de la cueva resonaron como antes.
-¡Bravo! –gritó el Gran Gigante Bonachón, agitando la botella-. ¡Muy bien, para ser una primcipiante! ¡Vamos a tomar otro trago!

Roald Dahl. El gran gigante bonachón. Editorial Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Partimos de un principio, que se basa sólo en el nombre del título del libro de Roald Dahl: El Gran Gigante Bonachón.
Oscar Wilde escribió El gigante egoísta, ahora en editorial Laberinto. En la página de Ciudad Seva, podemos leer, también, el texto completo de Oscar Wilde.
Sí, casi nunca han tenido buena prensa los gigantes en los cuentos. Han sido egoístas, perversos, malvados y toda una serie de adjetivos que no les hacían ningún favor. Hasta se han hecho películas, libros, dibujos animados y muchas cosas, para prevenirnos de los espantosos gigantes, como Jack el Caza Gigantes

Pero sólo el título de Roald Dahl plantea algo diferente: el aumentativo bonachón (no podía ser menos, tratándose de un gigante) es el que es muy bueno, amable, dócil, crédulo. Nada que ver con la imagen que nos han dado la literatura o el cine, de los gigantes.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es beber. Toda la historia se desarrolla en torno a esa palabra. Fue Sofía la que sentía hambre y sed. Y ya casi le importaba menos el hambre que tenía. Quería, sobre todo, beber. Y no pedía ninguna cosa rara y difícil de conseguir. Pedía sólo agua. ¿Se puede pedir menos a alguien que un vaso de agua?

Pues ese fue el principio. El gigante era tan bueno, tan bonachón, que quiso ofrecerle lo más maravilloso, lo más preciado para los gigantes a la pobre Sofía. Y ahí empezaron a desarrollarse los acontecimientos. ¿Sería que el Gigante Bonachón era uno de los defensores más importantes del planeta, en el ahorro de agua?

¿Conocería la información que ahora puedes ver?

No. Nada más lejos de todo esto. Él sólo quería ofrecer a Sofía, para su sed, lo mejor que tenía. Es un rasgo de generosidad impresionante. Le ofrecía algo que era como una joya de la que él disfrutaba. Le ofrecía ¡Gasipum! Tan maravilloso era el gasipum para el Gigante, que empezó a decir cosas raras con sus palabras. Seguro que lo has descubierto ya.

Cuentame

¿Cómo crees que reaccionó Sofía, cuando el Gigante le ofreció el gasipum? ¿Crees que tú habrías hecho lo mismo? Probablemente, la pregunta que te harían los mayores que te quieren y las personas de las que podemos fiarnos del todo, sería: ¿cómo se te ocurre probar algo que no conoces? Lo que has leído es literatura, donde todo es posible. Hasta que existan los gigantes, que además sean bonachones y que, encima, tengan una bebida riquísima, aunque produzca efectos de ruidos, que dan bastante vergüenza. Lo que sin duda, es bastante divertido. Pero lo que nos apetece que nos cuentes son varias cosas. A ver si puedes estrujar un poco tu memoria.

¿Hay, donde vives, alguien con tamaño suficiente como para llamarlo Gigante? Puede ser una chica o un chico. ¿Se dedica a algo en especial? ¿Juega al baloncesto? ¿Se dedica a subir a hombros a los pequeños, que hacen cola para ser los primeros que van en el gigante? ¿Te gustaría tener un tamaño para que te llamaran gigante o prefieres ser como eres?

Por si te apetece, y antes de decidir sobre tu tamaño futuro, aquí puedes ver un video sobre el hombre más alto del mundo.

En estas otras páginas nos hablan del Gran Gigante Bonachón y del próximo estreno de la película dirigida por Steven Spielberg.

Autor

Roald Dahl

Nació el 13 de septiembre de 1916 en Llandaff (Inglaterra) y murió en Oxford (Inglaterra) el 23 de noviembre de 1990.

De origen noruego. Su padre murió cuando él tenía 3 años. Fue a una escuela cercana a su casa hasta los 9 años y después a un internado en un colegio inglés. Terminó el bachillerato con 18 años. A su madre le hubiera gustado que estudiara en la Universidad pero él no quiso y comenzó a trabajar para una compañía de petróleo. Su deseo era viajar y se marchó a África. De esa época dice: “Era una vida fantástica (…) Aprendí a hablar swahili. Viajaba hacia el interior del país visitando minas de diamantes, plantaciones de sisal, minas de oro y todo lo demás. Había jirafas, elefantes, cebras, leones y antílopes por todas partes, y también serpientes…”

Se casó en 1953 y fue padre de cinco hijos a los que contaba cuentos. Escribía los libros en una cabaña que había al fondo de su casa.

Él decía que estaba siempre a favor de los niños. Le gustaban los deportes y la fotografía. Muchos de sus libros han sido llevados al cine.

El ilustrador de la mayoría de sus libros fue Quentin Blake. Este dijo de Roald Dahl que tenía la capacidad de imaginar situaciones surrealistas igual que él. Además comentó que supo crear en sus libros un mundo entre lo real y lo insólito.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Roald Dahl, además de conocer su página web y un estudio sobre su vida y obra de Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.

 

La bestia en la cueva (Segunda parte). Howard Phillips Lovecraft. Editorial Juventud (Recomendado 16-18 años)

14 May

cuentosdemonstruos

Así ocupé mi terrible vigilia (1), con grotescas conjeturas sobre las alteraciones que podría haberle producido la vida en la caverna a aquel enigmático animal. Recordé, por ejemplo, la terrible apariencia que la imaginación popular atribuía a los tuberculosos que habían muerto allí tras una larga permanencia en las profundidades. Entonces recordé sobresaltado que, aunque llegase a derrotar a mi enemigo, jamás podría averiguar cuál era su forma y aspecto, ya que mi antorcha se había extinguido hacía tiempo y yo estaba por completo desprovisto de cerillas. La tensión se hizo entonces tremenda. Mi fantasía dislocada hacía surgir formas terribles y terroríficas en medio de la oscuridad que me rodeaba y que parecía verdaderamente apretarse en torno a mi cuerpo. A punto estuve de dejar escapar un agudo grito, aunque aquella hubiera sido la mayor de las temeridades, y si no lo hice fue porque me faltaron el aire o la voz. Me sentía petrificado, clavado al lugar en donde me encontraba. Dudaba de que mi mano derecha pudiera lanzar la piedra contra la cosa que se acercaba cuando llegase el momento.

Aquel decidido “pat, pat” de las pisadas estaba ya casi al alcance de mi mano; luego, más cerca. Podía incluso escuchar la trabajosa respiración del animal y, aunque paralizado por el terror, comprendí que debía de haber recorrido una considerable distancia a juzgar por lo fatigado que estaba.

De pronto se rompió el hechizo. Guiada por mi sentido del oído mi mano lanzó con todas sus fuerzas la piedra afilada hacia el punto en la oscuridad de donde procedía aquella respiración tan intensa y creo que alcanzó su objetivo, porque escuché cómo la cosa saltaba y volvía a caer a cierta distancia y allí pareció detenerse.

Después de reajustar mi puntería, descargué un segundo proyectil, con mayor efectividad esta vez, pues oí caer la criatura, vencida por completo, y estaba seguro de que la había dejado inmóvil en el suelo. Casi agobiado por el alivio que me invadió, me apoyé en la pared. La respiración de la bestia se seguía oyendo en forma de jadeantes y pesadas exhalaciones (2), por eso supuse que no había hecho más que dejarla malherida. Y entonces perdí todo deseo de examinarla.

Finalmente, sentía un miedo tan intenso e irracional, que ni me acerqué al cuerpo yacente (3) ni quise seguir arrojándole piedras para acabar con él. En lugar de esto, decidí echar a correr a toda velocidad por el trayecto por el que creía que había llegado hasta allí. Y de pronto escuché un sonido, o más bien una sucesión de sonidos que al momento se habían convertido en agudos chasquidos metálicos. Esta vez sí que no había duda de que era el guía. Entonces grité, aullé, reí incluso de alegría al contemplar en el techo abovedado el débil fulgor de una antorcha que se acercaba. Corrí al encuentro del resplandor y, antes de que pudiese comprender lo que había ocurrido, me hallaba postrado a los pies del guía y besaba sus botas mientras balbuceaba, sin el menor pudor ni vergüenza, explicaciones sin sentido, como un idiota. Contaba con frenesí mi terrible historia a la vez que abrumaba a quien me escuchaba con exageradas expresiones de gratitud.

Volví por último a mi estado normal de conciencia. El guía había advertido mi ausencia cuando ya regresaba el grupo a la entrada de la caverna y, guiado por su propio sentido de la orientación, se había dedicado a explorar a conciencia los pasadizos laterales que se extendían más allá del lugar en que habíamos hablado juntos. Hasta que localizó mi posición tras una búsqueda de más de tres horas.

Después de que me contó esto, yo, acaso envalentonado por su antorcha y por su compañía, me puse a pensar en la extraña bestia a la que había herido en la oscuridad, a poca distancia de allí, y le sugerí que, con la ayuda de la antorcha, averiguásemos qué clase de criatura había sido mi víctima. Así que volví sobre mis pasos hasta el escenario de la terrible experiencia.

Pronto descubrimos ambos en el suelo un objeto blanco, más blanco incluso que la reluciente piedra caliza. Nos acercamos con cautela y dejamos escapar una simultánea exclamación de asombro. Porque aquel era el más extraño de los monstruos que ninguno de los dos había contemplado en toda nuestra vida.

Resultó tratarse de un mono antropoide (4) de grandes proporciones, escapado quizá de algún zoológico ambulante: su pelaje era blanco como la nieve, cosa que sin duda se debía a la calcinadora acción de una prolongada permanencia en el interior de los negros confines de las cavernas, y era sorprendentemente escaso y escaseaba en casi todo el cuerpo, salvo en la cabeza, donde era tan abundante y tan largo que le caía sobre los hombros. Tenía la cara vuelta del lado opuesto a donde estábamos, pues la criatura yacía en el suelo directamente sobre ella. La inclinación de sus pies y manos era algo peculiar y explicaba por qué la bestia avanzaba a veces a cuatro patas y a veces solo a dos, como había yo apreciado en la oscuridad. De las puntas de sus dedos salían unas uñas largas como de rata. Pero sus pies no eran prensiles (5), como cabía suponer. Eso lo atribuí a su larga residencia en la caverna que, como ya he dicho, parecía también la causa evidente de su absoluta blancura casi ultraterrena. Y parecía carecer de cola.

Su respiración se había debilitado mucho. Cuando el guía sacó su pistola con intención de dar a la criatura el tiro de gracia para rematarlo, de pronto un extraño e inesperado gemido hizo que el arma se le cayera de las manos. No resulta fácil describir la naturaleza de aquel sonido, pues no tenía el tono de ninguna especie conocida de simios. Yo me preguntaba si aquella especie de estertor (6) no sería sino resultado del silencio que durante tanto tiempo había mantenido, roto ahora por la repentina presencia de la luz que traía la antorcha. Lo cierto es que aquel inquietante gemido que se parecía a un intenso parloteo indescifrable aún continuaba oyéndose, aunque cada vez más débil. De pronto, un fugaz espasmo de energía brotó del cuerpo del animal. Sus garras hicieron un movimiento convulsivo y sus brazos y piernas se contrajeron. Con aquella convulsión, el cuerpo rodó sobre sí mismo, de modo que la cara quedó vuelta hacia nosotros.

Yo me quedé en ese instante tan petrificado de espanto ante aquella mirada que no me percibí de nada más. Eran negros aquellos ojos, de una negrura profunda que contrastaba con la extrema blancura de la piel y el cabello. Como los de otras especies cavernícolas, estaban profundamente hundidos en sus órbitas y completamente desprovistos de iris. Cuando los pude mirar con más atención, vi que asomaban de un rostro menos prominente que el de los monos corrientes, y mucho menos velludo. También la nariz era prominente.

Mientras el guía y yo contemplábamos aquella enigmática visión que se mostraba a nuestros ojos bajo la luz de la tea, sus gruesos labios se abrieron y debajo de ellos brotaron varios sonidos, después de los cuales aquella criatura se sumió en el descanso de la muerte.

El guía se aferró a la manga de mi chaqueta y tembló con tal violencia que la luz se estremeció convulsivamente, proyectando en la pared fantasmagóricas sombras en movimiento. Yo no me moví; me había quedado rígido, con los ojos llenos de horror y fijos en el suelo.

El miedo me había abandonado ya. En su lugar se fueron sucediendo los sentimientos de asombro, de compasión y respeto. Los sonidos que había murmurado aquella criatura abatida que yacía entre las rocas calizas nos revelaron la evidencia más tremenda que podíamos imaginar: la criatura que yo había matado, aquella extraña bestia de la cueva maldita, era, o lo había sido alguna vez, ¡¡¡ un ser humano !!!

NOTAS

(1)Vigilia: acción de estar despierto.
(2)Exhalaciones: suspiros, quejas.
(3)Yacente: echado, tendido.
(4)Antropoide: mono que se parece al humano.
(5)Prensiles: que se cerraban para poder agarrar.
(6)Estertor: respiración fatigosa.

Howard Phillips Lovecraft y otros. Edición y selección de Seve Calleja. Cuentos de monstruos. Editorial Juventud

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

Texto

Nuestro autor, hoy, nos plantea las dos palabras que marcan un estilo de novela. La novela gótica. Podemos oír, en la página de la UNED, dedicada a dos distinciones, lo siguiente: el terror despierta las facultades. Sin embargo, el horror produce el efecto contrario. Las paraliza. En nuestro texto, parece que Lovecraft escribe sobre esta diferenciación: “La horrible suposición que se había ido abriendo camino en mi ánimo poco a poco era ahora una terrible certeza. Es decir: horrible (que causa horror) pasa a terrible (que causa terror). De una suposición a una certeza. El protagonista pasa por todos los estados anímicos, no perdiendo, por voluntad propia y a pesar de todos los inconvenientes que van surgiendo (hasta se extingue su antorcha que le alumbraba) la lucha por la existencia: “Sin rendirme” –dice. Y un poco más adelante: “Pero el instinto de conservación, que nunca duerme del todo…” y decidí vender mi vida lo más cara posible ante quien me atacara.

Dentro de la terrible situación por la que está pasando, lo que nunca abandona es la lógica, su lógica, aplicada a las más extrañas e inesperadas situaciones: horrendas pisadas de zarpas, qué especie animal sería la que iba por él y un largo etcétera.
Palabra magica

Hoy la palabra mágica es miedo. Sí, quizá lo hayas pasado alguna vez. El miedo, en los humanos, es una «perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo real o imaginario». Es la definición que da el diccionario de la RAE.

El autor nos lo dice de forma clara y rotunda: “finalmente, sentía un miedo tan intenso e irracional…” Sabía que no disponía de una razón para el temor. ¿Será, quizá, ese sentimiento irracional, es decir, que no tiene una razón en la que fundarse, el que aparece en diferentes tipos de seres animales?

Veamos, si no, el siguiente video, que desmonta determinados conceptos que tenemos, en los dos animales protagonistas. Pensemos sólo antes en lo siguiente: ¿Cómo concebimos la relación que existe entre los perros y los gatos? ¿Cuáles de las siguientes palabras utilizaríamos, para definir esa relación perro-gato?

Amistad.  Enemistad.  Juego.  Miedo.  Ayuda.  Ignorancia

Fíjate ahora en la película de esa relación, a ver si coincide con tu pensamiento o es más lo contrario de lo que pensabas.

Cuentame

Seguro que tienes en tu mente y recuerdas historias. Muchas historias de miedo, auténtico miedo. Hoy es tu oportunidad. ¿Se podría hacer una película de tu historia? ¿Crees que habría gente que tuviera que salir del cine agarrándose a un amigo o a una amiga, para poder llegar al autobús o al metro que te lleva a casa? Todo es posible. Puede que sea tu primera experiencia como guionista de películas de cine. Aquí tienes algunas indicaciones de cómo se puede realizar un guión.: Paso a paso, Carlos Bianchi y su propuesta, y un concurso de guiones

Autor

Howard Phillips Lovecraft

Nació el 20 de agosto de 1890 en Providence (Estados Unidos) y murió el 15 de marzo de 1937 en la misma ciudad.
Recitaba poesía a los dos años, leyó a los tres y empezó a escribir a los seis años de edad. Debido a su mala salud, no asistió al colegio hasta los ocho años y lo abandonó al poco tiempo. Fue una persona solitaria que dedicaba su tiempo a la lectura, la astronomía y a cartearse con otros aficionados a la literatura. Innovó el género de terror al acercarlo a la ciencia-ficción.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos en la página de español dedicada al autor.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

La bestia en la cueva (Primera parte). Howard Phillips Lovecraft. Editorial Juventud (Recomendado: 16-18 años)

7 May

cuentosdemonstruos

Este es uno de los primeros relatos del autor, escrito a los quince años de edad como imitación del género gótico, en el que se iniciaba. Sus cuentos nos hablan de espíritus malignos y mundos oníricos, poblados de bestias y seres extraños, pesadillas, muerte y locura, porque quieren expresar la soledad y la pequeñez del ser humano frente a un universo infinito y hostil.

La horrible suposición que se había ido abriendo camino en mi ánimo poco a poco era ahora una terrible certeza. Estaba perdido por completo, perdido sin esperanza en aquel inmenso y laberíntico recinto de la caverna de Mamut. Dirigiese a donde dirigiese mi vista, por más que la forzara, no lograba encontrar ningún objeto que me sirviese de punto de referencia para alcanzar el camino de salida. No podía albergar la menor esperanza de volver a contemplar ya nunca más la bendita luz del día, ni de pasear por los valles y las colinas del hermoso mundo exterior.

La esperanza se me había desvanecido. A pesar de todo, educado como estaba por una vida entregada por entero de estudios filosóficos, sentí una cierta satisfacción de estar comportándome sin apasionamiento como lo hacía. Había leído con frecuencia la angustia y la obsesión en que caían las víctimas de situaciones similares a la mía, y sin embargo no experimenté nada de todo eso, es más, logré permanecer tranquilo en cuanto comprendí que estaba perdido.

Y tampoco me hizo perder la compostura un solo instante la idea de que era muy probable que hubiese vagado hasta más allá de los límites en los que seguramente me buscarían. Si tenía que morir, pensé, aquella caverna tan terrible como majestuosa sería un sepulcro mejor que el que pudieran ofrecerme en cualquier cementerio; así que había en esta reflexión una dosis mayor de tranquilidad que de desesperación.

Mi destino final sería perecer de hambre, estaba seguro de ello. Sabía que algunos se habían vuelto locos en circunstancias como esta, pero yo no pensaba acabar así. El único causante de mi desgracia era yo por haberme separado del grupo de visitantes sin que el guía lo advirtiera. Y, después de vagar durante una hora aproximadamente por las galerías prohibidas de la caverna, me sentí incapaz de volver atrás por los mismos vericuetos tortuosos que había seguido desde que abandoné a mis compañeros.

Mi antorcha comenzaba a extinguirse, pronto me hallaría en la oscuridad más absoluta en las entrañas de la tierra. Y, mientras me encontraba bajo la luz mortecina y evanescente que aún daba, medité sobre las circunstancias exactas en las que se produciría mi próximo final. Recordé los relatos que había escuchado acerca de la colonia de tuberculosos que establecieron su residencia en estas mismas grutas inmensas con la esperanza de encontrar la salud en el aire sano del mundo subterráneo, cuya temperatura era uniforme y en cuya quietud se sentía una apacible sensación, y que, en vez de la salud, habían encontrado una muerte horrible.

Al pasar junto a ellas en el grupo de visitantes, había visto las tristes ruinas de sus viviendas rudimentarias; y me había preguntado qué clase de influencia podía ejercer sobre alguien tan sano y vigoroso como yo una estancia prolongada en esta caverna inmensa y silenciosa. Y, mira por dónde, me dije, ahora había llegado la oportunidad de comprobarlo, suponiendo que la necesidad de alimentos no apresuraba mi fallecimiento.

Sin rendirme, y mientras se desvanecían en la oscuridad los últimos destellos espasmódicos de mi antorcha, resolví no dejar piedra sin remover, ni despreciar ningún medio de posible fuga, de modo que, haciendo toda la fuerza que pude con mis pulmones, proferí una serie de fuertes gritos, con la esperanza de que mi berrido atrajese la atención del guía. Sin embargo, mientras gritaba desgañitándome, pensé que mis llamadas no tenían objeto y que mi voz, aunque sonara amplificada por los muros de aquel negro laberinto que me rodeaba, no alcanzaría a más oídos que a los míos propios.

Y sin embargo, de repente me sobresalté al imaginar –porque seguro que no era más que cosa de mi imaginación- que se escuchaba un suave ruido de pasos que se aproximaban por el rocoso pavimento de la caverna. ¿Y si en realidad estaba a punto de recuperar por fin la libertad? ¿Y si habían sido inútiles todas mis horribles aprensiones? ¿Se habría dado cuenta el guía de mi ausencia en el grupo y habría seguido mi rastro por el laberinto de piedra caliza?

Alentado por tantas halagüeñas dudas como me afloraban en la imaginación, me sentí dispuesto a volver a pedir socorro a gritos para que me encontraran lo antes posible. Pero mi gozo se vio de repente convertido en horror: mi oído, que siempre había sido muy fino y que estaba ahora mucho más agudizado gracias al largo y completo silencio de la caverna, me trajo a la mente la sensación inesperada y angustiosa de que aquellos pasos no eran los de ningún ser humano. De haber sido los pasos del guía, que sé que llevaba botas, hubieran sonado como una serie de golpes agudos y cortantes en la quietud ultraterrena de aquel lugar. En cambio, estos impactos parecían más blandos y cautelosos, como causados por las garras de un felino. Además, al escuchar con más atención, me pareció distinguir las pisadas de cuatro patas en lugar de dos pies.

Quedé entonces convencido de que mis gritos habían despertado y atraído a alguna bestia feroz, quizá a un puma que se hubiera extraviado accidentalmente en el interior de la caverna. Y consideré que tal vez el Todopoderoso hubiera elegido para mí una muerte más rápida y piadosa que la que hubiera padecido por hambre. Pero el instinto de conservación, que nunca duerme del todo, se agitó en mí, y, aunque la posibilidad de escapar del peligro que se aproximaba era inútil y solo conseguiría prolongarme más el sufrimiento, decidí vender mi vida lo más cara posible ante quien me atacara.

Por extraño que parezca, solo podía atribuir al visitante que fuera intenciones hostiles. Así pues, me quedé muy quieto, con la esperanza de que la bestia o lo que fuera, al no escuchar ningún sonido que le diera la pista de dónde estaba, perdiese el rumbo, lo mismo que me había sucedido a mí, y pasase de largo a mi lado. Pero no, no iba a tener tanta suerte: aquellos extraños pasos avanzaban sin titubear. Era más que evidente que el animal había sentido mi olor, que sin duda podía olfatear a gran distancia en una atmósfera tan poco contaminada de otros aromas como la caverna.

Me di cuenta, por tanto, de que debía estar armado para defenderme de un misterioso e invisible ataque en la oscuridad y tanteé a mi alrededor en busca de los mayores fragmentos de roca que pudiera palpar entre los esparcidos por todas partes en el suelo. Y, tomando uno en cada mano, esperé con resignación la inevitable presencia.

Mientras tanto, las horrendas pisadas de las zarpas se aproximaban. La verdad es que resultaba bastante extraña la conducta de aquella criatura, porque, la mayor parte del tiempo, las pisadas parecían ser las de un cuadrúpedo que caminara con una singular falta de concordancia entre las patas anteriores y posteriores, y sin embargo, a ratos, me parecía que solo eran dos patas las que se acercaban. Y me preguntaba cuál sería la especie de animal que venía a enfrentarse conmigo. Debía de tratarse de alguna bestia desafortunada que había pagado cara como yo la curiosidad que la había llevado a investigar una de las entradas de la gruta y le reservaba un confinamiento de por vida en su interior. Seguramente había podido sobrevivir a base de los peces ciegos, los murciélagos y las ratas de la caverna, arrastrados a su interior en cada crecida del Río Verde, que comunica cualquiera sabe por dónde con las aguas subterráneas.

Howard Phillips Lovecraft y otros. Edición y selección de Seve Calleja. Cuentos de monstruos. Editorial Juventud

Moni pinta una obra de arte. Michael Ende. Editorial Everest (Recomendado 9-11 años)

30 Abr

mejorescuentosdemende

Moni y yo somos los mejores amigos que uno se pueda imaginar. Aunque ella solo tiene seis años y yo soy, aproximadamente, diez veces mayor, esa diferencia no nos importa lo más mínimo.
Cuando viene a visitarme, jugamos juntos y jamás nos peleamos. O simplemente charlamos y exponemos nuestra visión del mundo y de la vida, algo sobre lo que siempre tenemos la misma opinión. O nos leemos el uno al otro nuestros libros favoritos, sin importarnos para nada que Moni aún no sepa leer, pues su libro favorito se lo sabe de memoria y yo también. Sentimos un gran respeto mutuo: yo por ella, por las ocurrencias tan extraordinarias que tiene, y ella por mí, porque sé apreciar sus ocurrencias.
A veces nos hacemos pequeños regalos sin que haya ningún motivo especial para ello, como un cumpleaños, las Navidades o algo parecido. Ya se sabe que los pequeños regalos hacen perdurar una amistad, y nosotros a eso le damos mucha importancia.
Hace poco, por ejemplo, le regalé a Moni una caja de acuarelas con muchos y muy bonitos colores, papel y un pincel.
-En agradecimiento –me dijo-, yo también te voy a regalar algo. Voy a pintarte ahora mismo un bonito cuadro.
-¡Oh! –contesté-, ¿de verdad? ¡Eso es muy amable por tu parte!
-¿Qué clase de cuadro te gustaría? –quiso saber.
Lo estuve pensando y al final le dije:
-Lo que más me gustaría sería que fuera una sorpresa, algo que a ti misma se te ocurriera.
-Vale –dijo, e inmediatamente puso manos a la obra.
De tanto empeño como estaba poniendo, la punta de la lengua le llegaba hasta los agujeros de la nariz, y yo la miraba intrigado. Sentía muchísima curiosidad por ver qué era lo que se le había ocurrido esta vez.
Al cabo de un ratito, parecía que la obra ya estaba acabada. Moni ladeó la cabeza, dio con el pincel unos pequeños retoques aquí y allá para mejorarla y, finalmente, pasó el cuadro hasta mi lado de la mesa.
-¿Qué? –preguntó expectante- (1). ¿Qué te parece?
-¡Extraordinario! –contesté-. ¡Muchas gracias!
-¿Sabes qué es, no?
-Naturalmente –me apresuré a asegurar-. ¡Es un conejo de pascua!
-¡Qué tontería! –exclamó Moni un pelín indignada-. ¿Cómo va a ser un conejo de pascua si estamos en pleno verano?
-Yo creía –murmuré tímidamente- que esas dos puntas que sobresalen a lo mejor podían ser las orejas…
Moni sacudió la cabeza.
-¡Pues no, son mis coletas! Es un autorretrato mío- ¿Es que no lo ves?
-Debe de ser por mis gafas –me disculpé limpiando los cristales con un pañuelo.
Me las volví a poner y observé la pintura con más detenimiento.
-¡Naturalmente! ¡Ahora sí que lo veo bien! –dije-. ¡Un autorretrato, por cierto, con un parecido extraordinario! Ahora sí que te reconozco inmediatamente. Perdóname, por favor.
-He pensado –opinó Moni- que quizá fuera mejor que una foto…
-Mucho mejor –corroboré.
-Al fin y al cabo, una foto la tiene cualquiera –siguió diciendo.
-En efecto, no es nada extraordinario –admití-. Sin embargo, el autorretrato de un artista no lo tiene casi nadie… Quizá solo una persona entre un millón. Es algo verdaderamente singular. Muchísimas gracias otra vez.
Estuvimos observando juntos el cuadro durante un rato.
-Si tienes algo que objetar –dijo generosamente-, no tienes más que decírmelo.
-¡En absoluto! –aseguré-. ¿Cómo iba a tenerlo? Aunque ya que tú misma lo dices…, me preocupa un poquito que en el cuadro estás como flotando en el aire. ¿No podrías pintar debajo una cama en la que acostarte para que estuvieras más cómoda? Es simplemente una idea.
Sin decir una palabra se volvió a poner delante del cuadro, cogió de nuevo el pincel y, con pintura marrón, pintó alrededor de su autorretrato una enorme cama de madera. En cada una de sus esquinas tenía una columna y encima de ellas, un baldaquino…(2) Era una cama con dosel (3) tan bonita que ni una reina hubiera podido desear otra más bonita que aquella. Y era tan grande que llenaba toda la hoja.
-¡Caramba! –dije halagador- (4). ¡A eso sí que le llamo yo un mueble noble! (5).
Pero ahora la figura que estaba acostada en la cama resultaba, sin duda, un poco pequeña, raquítica, casi mezquina (6). No lo dije, pero como Moni y yo pensamos a menudo lo mismo, también ella tuvo la misma idea.
-¿No te parece –opinó dubitativa (7)- que ahora quizá debería llevar puesto algo más elegante para que pegue con la cama?
-Para serte sincero, sí –contesté-; una cama tan regia (8) requiere también un regio camisón.
Así que Moni pintó sobre la figura un camisón muy largo y muy amplio, que si mal no interpreté, parecía estar repleto de estrellas doradas. De ella ya solamente asomaba la cabeza con las coletas.
-¿Qué te parece ahora? –preguntó.
-¡Majestuoso! (9) –tuve que admitir-. ¡Verdaderamente magnífico! Aunque sigo algo preocupado por tu salud…
-¿Por mi salud?
-Bueno…, entiéndeme bien… Ahora en verano hace calor suficiente para dormir así, pero ¿qué harás en invierno? Sin ninguna manta, me temo que acabarás cogiendo un terrible resfriado. Deberías pensar en ello ahora que estás a tiempo.
No había cosa que Moni más odiara que estar enferma y tener que tragarse medicinas. Así que cogió enseguida la pintura blanca y pintó sobre su autorretrato, y su lujoso camisón, un grueso y gigantesco edredón de plumas. Ahora ya solo asomaban las puntas de sus coletas.
-Parece suficientemente arropado –dije-. Creo que ahora ya podemos estar tranquilos.
Pero Moni aún no estaba satisfecha; se le había ocurrido otra idea. Con pintura azul oscura, pintó unas pesadas cortinas de terciopelo que colgaban del baldaquino. Tanto ella como el camisón y el edredón había desaparecido detrás.
-¡Pero bueno! –exclamé estupefacto-. ¿Qué pasa ahora?
-Solo he echado las cortinas –explicó Moni-; para eso están, ¿no?
-Es verdad –admití-, ¿de qué sirven unas cortinas si no están echadas? ¡Para eso no necesita uno una cama con dosel!
-Y ahora –prosiguió Moni entusiasmadísima- voy a apagar la luz.
Y pintó todo el cuadro de negro.
-Buenas noches –murmuré instintivamente.
lla me pasó el cuadro terminado, en el que ahora ya solo reinaba la más absoluta oscuridad.
-¿Estás satisfecho por fin? –preguntó.
Miré fijamente, y durante un buen rato, aquella negrura y asentí con la cabeza.
-Es una obra maestra –dije-, sobre todo para el que sepa todo lo que realmente contiene.

(1) Expectante: esperando, mientras observa, con mucho interés.
(2) Baldaquino: Especie de dosel o palio hecho se tela de seda.
(3) Dosel: Colgadura que cubre la cama.
(4) Halagador: muy afectuoso, agradecido.
(5) Noble: muy bello, importante.
(6) Mezquina: sin la importancia que merecía.
(7) Dubitativa: con muchas dudas.
(8) Regia: magnífica, muy importante, excepcional.
(9) Majestuoso: con mucha importancia, fantástico.

Michael Ende. Los mejores cuentos de Michael Ende. Editorial Everest.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

Este texto de Michael Ende empieza con un canto, una alabanza a la amistad, a esa verdadera relación que es independiente de las edades de los amigos. Aquí tienes unos cuantos amigos verdaderos.

(Estos son los errores que aparecen y que no podemos corregir, porque no nos pertenecen ni el programa ni la página: los que sueñan –no sueñas– nuestros sueños //álbumes y no albunes)

Pregúntate ahora lo siguiente: ¿tengo amigos o amigas de verdad? ¿Podrías escribir, a continuación, los nombres de esas amigas o de esos amigos de verdad?
De las siguientes palabras, señala cuáles tienen que ver con la amistad auténtica:
Ayudar (6 puntos)
Comprender (5 puntos)
Aprovecharse (11 puntos)
Ignorar (13 puntos)
Engañar (15 puntos)
Burlarse (20 puntos)
Compartir (4 puntos)
Participar (2 puntos)

Y ahora, cuenta los puntos que has obtenido, sumando las palabras que tienen relación con la amistad auténtica, la de verdad. Si tu suma de puntos es igual o menor a 17, ¡enhorabuena! Tienes amigas o amigos de verdad. Un consejo que te damos, porque nosotros también los tenemos: cuídalas y cuídalos mucho. No creas que es tan fácil tener esa maravilla que es la amistad de verdad.

Palabra magica
Seguro que hoy no tienes ningún problema para encontrar la palabra mágica. Esa palabra fundamental que tiene una grandísima importancia en el texto. Y es: regalo. ¿Te gusta la palabra regalo? ¿Cuándo usas más esa palabra? ¿Tienes algunas fechas donde dices mucho la palabra regalo? Te pedimos ahora, por favor, una ayuda. Tenemos que regalar algo a una amiga, que tiene once años. Somos mi hermano y yo, que la conocemos hace mucho tiempo. Pero es que ahora, como ya le hemos regalado cosas en años anteriores, no se nos ocurre qué hacer. Sólo te decimos que, cuando pienses en el regalo, no puede ser de mucho dinero, porque mi hermano y yo no tenemos casi nada. ¿Tú crees que es posible regalar algo a Marina, que es como se llama nuestra amiga? Hacemos una cosa, si te parece. Te ponemos la lista que mi hermano y yo hemos hecho y tú nos dices qué te gustaría que te regalaran a ti. Pones primero si eres chica o chico y luego, tu edad exacta. Gracias y esperamos tus sugerencias.
Cuentame
Seguro que a ti, como a Moni, de vez en cuando, te gusta pintar. ¿Qué tipo de cosas te gusta pintar? Quizá pintes la realidad de tu pueblo o de tu ciudad. Quizá esperas a llegar un día a la naturaleza y, allí, te inspires: árboles, montañas, el río que pasa cerca, o las plantas que crecen allí. ¿O tienes una cámara de fotos, con la que consigues fotografiar imágenes maravillosas? Si ves las páginas que te presentamos, encontrarás modelos para pintar, de formas diferentes. 

¡Suerte y te contaremos lo que nos parece tu trabajo! Seguro que eres gran artista.
Mostramos, ahora, una interesante página para mediadoras y para mediadores, referida a los juguetes para niñas y niños de 9 a 12 años. Muy cerca, en la edad, del texto que hemos ofrecido.
Autor
Michael Ende
Nació el 12 de noviembre de 1929, en Garmisch-Partenkirchen, Baviera (Alemania), y murió en Stuttgart (Alemania), el 28 de agosto de 1995.
Su infancia estuvo marcada por el ambiente artístico y bohemio en que se movía su padre, que fue pintor surrealista. Estudió interpretación en la escuela de Otto Falckenburg, en Múnich.
Comenzó a escribir relatos para niños y jóvenes a principios de los años 50. Trabajó en varias cosas: actor, guionista de espectáculos de cabaret y crítico de cine. Sus libros obtuvieron varios premios en Alemania y también internacionales. Algunos han sido llevados al cine: La historia interminable y Momo.  Su obra se enmarca dentro del género fantástico y creó un universo donde estaba presente su deseo de belleza, humanidad y armonía.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos de Michael Ende en su web (alemán) y en Imaginaria

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector

Mil grullas (Primera parte). Elsa Bornemann. Editorial Anaya (Recomendado: 11-14 años)

16 Abr

nosomosirrompanaya

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien lo que estaba pasando.
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a las noticias de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes.
Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.
¡Ah… y también se estaban descubriendo el uno al otro!
Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito de ojos a ojos.
Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio…
Pero Naomi sabía que quería a ese muchachito delgado, que más de una vez se quedaba sin almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa.
-No tengo hambre –le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía. –Te dejo mi comida –y se iba a corretear con sus compañeros hasta la hora del regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de devorar la ración.
Naomi… poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún…
El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.
Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas, ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su comienzo significaba que tendrían que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.
A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían, entonces, la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.
Acabó junio, y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque…
Se fue julio, y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque…
Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! –pensaron los dos al mismo tiempo.
Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto con sus padres, hacia la aldea de Miyashima. (1) Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones de su local.
Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma dedicación de otras épocas. –Para cuando termine la guerra… -decía el abuelo. Todo acaba algún día… -comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debía de ser algo muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi.
¿Y Naomi?
El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.
Abandonó el tatami (2), se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de la habitación. ¡Qué alivio! Una cálida madrugada le rozó las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.
El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus (3):

Lento se apaga
El verano.
Enciendo
Lámpara y sonrisas.

Pronto
florecerán los crisantemos.
Espera,
corazón.

Después, lió en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que escondía sus pequeños tesoros de la curiosidad de sus hermanos.
El cuatro y el cinco de agosto se los pasó ayudando a su madre y a las tías. ¡Era tanta la ropa para remendar!
Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que quizá resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que con cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que se cumpliese.
La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá el anhelo de que Toshiro no la olvidara nunca…
Y los deseos se cumplieron.
Pero el mundo tenía sus propios planes…

(1) Miyashima: pequeña isla situada en las proximidades de la ciudad de Hiroshima.
(2) Tatami: estera que se coloca sobre el suelo, en las casas japonesas tradicionales.
(3) Haiku o haikai: breve poema de dieciséis sílabas, típico de la poesía japonesa.

Elsa Bonermann.No somos irrompibles. Editorial Anaya