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Un cesto lleno de palabras. Juan Farias. Editorial Anaya (Recomendado: 9-10 años)

22 Ene

cesto-palabras

Nieve es una palabra leve, que se escribe con v y hay que dejarla caer, despacio, a que no haga ruido al posarse en el suelo.
Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Nevó toda la noche, nevó en silencio, y por la mañana, la nieve lo cubría todo y los tejados.
En el prado, detrás de la iglesia, Pedro, Paula y los otros rapaces, hicieron un muñeco de nieve y lo llamaron Tomás.
Después, todos tuvieron que ir a cambiarse de calcetines, tomar un vaso de leche caliente y quedarse en casa.
Pedro y Paula, en casa de Paula, se sentaron delante del fuego de leña, a ver un libro de láminas que también estaban nevadas.
En una de las láminas había un lobo gris, un explorador blanco y una princesa esquimal.
El lobo gris se acercaba despacio.
El explorador blanco, que era novato en esto de andar por las nieves eternas, cargó su escopeta, desenfundó su cuchillo, se dispuso a una lucha a muerte.
Pero la princesa esquimal, que de fríos, nieves y lobos lo sabía casi todo, dijo:
-Sólo tiene hambre. Dale tu bocadillo de atún y verás cómo en vez de amenazar, sonríe y da las gracias.
A Pedro le pareció que el final del cuento era poco emocionante.
Pero le gustaba estar allí, con Paula, sentados al calor del fuego.
Pasada la media noche, salió la luna a encender el silencio de la nieve.
Arriba, en el prado, detrás de la iglesia, Tomás, el muñeco, midió la zanahoria que le habían puesto en la nariz.
Me hubiera gustado más corta y algo respingona –pensó.

Juan Farias. Un cesto lleno de palabras. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
RECURSOS
Texto
Cuando lees el texto de Juan Farias, es como si las palabras te dijeran cosas de la vida. No es un mundo que está lejos, que no conocemos. Es nuestra vida, la de todos los días. Lo que de verdad pasa. Los protagonistas podemos ser nosotras o nosotros. Son palabras con las que Juan llena un cesto, como dice el título del libro a que pertenece este texto: Un cesto lleno de palabras.
Pues este texto nos deja, después de leerlo, jugar. Sí. Jugar a las palabras. No es un juego de palabras, sino un juego con palabras.
El juego consiste en llenar un cesto nosotros.
¿Tienes algún cesto grande? Puede valer un cubo de plástico, una papelera, donde echas los papeles que sólo sirven para reciclarlos, una caja que siempre está en casa vacía, pero la guardamos porque es muy bonita… Seguro que encuentras algo para llenar con palabras. Dice el texto: Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Ahora te toca a ti recordar o, si prefieres, imaginar. ¿A qué te recuerdan o imaginas que dicen estas palabras?

La palabra viento me recuerda a…
La palabra lluvia me recuerda a…
La palabra calor me recuerda a…
La palabra fiesta me recuerda a…
La palabra frío me recuerda a…
La palabra fin me recuerda a…

Palabra magica

Al igual que en la primera época de Los Fundamentales, valoraremos, en cada uno de los textos seleccionados, esa palabra clave, que nos permitirá un aprovechamiento de diferentes aspectos en lugares como, por ejemplo, el aula, la biblioteca, el hogar, etc. Ni que decir tiene que no son sólo para el lugar educativo, sino que se adentran en el desarrollo esencial de la persona, en múltiples facetas. Nos posibilita acercarnos a nuestra lengua, a nuestro Medio Natural y también a la Inteligencia emocional y a las capacidades afectivas de las lectoras y de los lectores.

La palabra mágica de hoy es láminas. Son las láminas de ese libro que veían Pedro y Paula, sentados delante del fuego. No tenemos ese libro, ni estamos delante de un fuego de leña. Pero hemos encontrado unas imágenes que te gustarán. Por eso estamos en una palabra mágica: láminas que se transforman en imágenes en movimiento:
Lobo 
Exploración
Esquimales
Cuentame
A Pedro le pareció que el final del cuento del lobo, el explorador y la princesa esquimal era poco emocionante. ¿Cómo crees que le habría gustado a Pedro que acabara el cuento? ¿Conoces tú alguna historia que te pareció emocionante, cuando te la contaron o cuando la leíste? De lo que sí te acuerdas, a lo mejor, es de alguna película que has visto. Pero lo más difícil: ¿te acuerdas de cómo se llamaba aquella película tan emocionante? ¿Cuándo la viste? ¿La viste con alguien?
Autor
Juan Farias
Nació en Serantes (A Coruña) el 31 de marzo de 1935 y falleció en Villaviciosa de Odón (Madrid) el 11 de junio de 2011.
Estudió náutica y se embarcó en la Marina Mercante. Fue un viajero incansable y dio la vuelta al mundo en dos ocasiones. Comenzó su dedicación a la literatura para niños y jóvenes en la década de los 60 del siglo pasado. Fue autor de guiones para radio y televisión. Ha obtenido varios premios, entre ellos el Premio Nacional de Literatura Infantil en 1980 por la obra Algunos niños, tres perros y más cosas, y fue candidato al Premio Andersen en 2002 y en 2004.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos en Cervantes y Canal Lector

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 11-14 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 11-14 años

1.- El perro Bobby.  Luigi Malerba

No te puedes imaginar lo que supuso el perro Bobby en el teatro y en la Televisión italiana. Porque Bobby era un fantástico actor de teatro. Si echas un vistazo a esta página y, por supuesto a este recomendable libro de Luis Matilla,  a lo mejor encuentras estupendas informaciones sobre el arte teatral.

Quizá las necesarias para unir palabras y definiciones (además del diccionario, naturalmente).

Palabras:
1 Escenario
2 Ensayo
3 Telón
4 Decorados

Definiciones:
a) Lugar donde se representa la obra, a la vista del público.
b) Todos los objetos que se necesitan para la representación: muebles, telas, pinturas, etc.
c) Prueba que se hace para ver qué tal sale la obra.
d) Tela muy grande que se pone en el escenario. Puede bajarse y subirse o ir de derecha a izquierda. Cuando empieza la obra, se dice: “¡Arriba el telón!”

2.-  Las Islas Felices detrás del Viento.  James Krüss

Pues por desgracia, no estamos en las Islas Felices. Dice el autor, James Krüss, que están rodeadas a veinte millas marinas de distancia por una corona de vientos en torbellinos, por la que nadie puede entrar por el agua o por el aire.

Sabemos que una milla marina son 1852 metros. Es decir: Si la distancia entre Madrid y Barcelona es de 621 kilómetros, la distancia en millas marinas sería de 345. Pero como no tenemos que inventar lenguajes secretos, vamos a ver qué nos cuenta el hombre viejo con barba.

Había cosas maravillosas en las Islas felices. Y cuando aparecieron otras, dice el autor que la vida se torció y fueron peores. Verás ahora distintos nombres. Acompaña a Abdula, a Emma ojos de águila, a Emma banco de arena y a Emma pico de goma. Escribe, en dos columnas, cuáles serían, para ti, cosas buenas, en una y cosas malas, en otra.

Frutas, huevos, leche.  Lenguaje secreto.  Pan para todos.  Flechas para cazar.  Comer muchísimo, por si acaso.  Hablar todos con todos.
Tener pieles de animales para ropa.  Tiempo para hablar y jugar.  Paz entre los humanos.   Ganar siempre el más fuerte

3.- Mi año. Roald Dahl

En la lectura de este texto, encontramos dos opiniones del mismo autor. Por una parte, dice que los topos son animales extraordinarios. Se comen asquerosos ciempiés, larvas de mosca y plagas que dañan las flores y las verduras. Por otra, el topo no es un marido nada atento hacia su compañera: deja que ella dé a luz y que críe a los cachorros sola. Como hacen muchos humanos, dice Roald Dahl.

Lo que sí nos dice, para que se vayan pero sin matarlos, es un truco que funciona, como él ha comprobado.

¿Qué truco utiliza el autor? Elige la respuesta correcta.

1) La mejor solución es perseguirlos con un veneno.
2) Pone, en la puerta de la cueva que es la casa de los topos, unos caramelos y cosas dulces. Se espera a que el topo salga a comérselos y entonces se le atrapa con una bolsa de plástico.
3) La mejor solución es buscar una botella vacía. Enterrarla, dejando el cuello arriba, sin enterrar. Esperar a que haya una brisa o un viento. Se producirá en la botella una especie de silbido o murmullo. El topo se irá, porque no soporta el ruido.
4) El mejor truco es marcharse de allí. Regalar la casa y la finca y que venga otro dueño.

4.- Vuelve pronto. Alberto Manzi

Has leído un texto que nos cuenta la relación entre dos jóvenes de distinta raza, distinto color de piel, distintas formas de vivir y de pensar. Son Isa y Filips. Y sabemos que la palabra mágica que hemos elegido es: amigo.

También podríamos poner un título al texto. Por ejemplo: Sí, pero Vuelve pronto, que es la última frase de nuestro texto de hoy.

En la lectura, encontramos muchas palabras relacionadas con el tiempo que pasa. Señala, en las siguientes frases o palabras, cuáles son las que tienen que ver con el tiempo que dura algo que sucede o puede suceder.

1) Durante muchos días
2) ¿Quién dice eso?
3) Isa comenzó a comprender
4) Volverás a verme
5) Ya no le gritaba cuando fallaba un tiro.
6) Ahora llévame a casa

5.- El rastro de «El Caracol»Wolfgang Ecke

Fíjate si es importante conocer el significado de las palabras. En los libros policíacos, en las películas de ese género y en la realidad que nos cuentan los periódicos o la televisión, una sola palabra o una expresión es la mejor arma que suelen utilizar la policía, los detectives y quienes persiguen a los que hacen el mal. El caracol pertenecía al gremio de los ladrones de la gran ciudad. Pero ¿por qué lo llamaban El caracol?

1) Porque cuando robaba algo muy caro, se le caía la baba.
2) Porque iba en un coche que era más lento que un caracol.
3) Porque se ponía a comer con tranquilidad, cuando robaba.

El caracol es un mote, que también se llama apodo. Es un sobrenombre que se da a alguien por una cualidad o condición suya. ¿Tienes tú algún mote? ¿Conoces a alguien que lo tenga? A ver si unes los apodos o motes con los personajes:

1 La reina del pop
2 El Caracol
3 La pulga

a) Leo Messi
b) Madonna
c) Ferdinand Huf

6.- Caperucita en ManhattanCarmen Martín Gaite

El veterano comisario de Harlem, localidad al norte de Manhattan, en la ciudad de Nueva York, conocía muchas cosas de miss Lunatic. ¿Qué quería proponerle aquella tarde de invierno, a cambio de una suma importante de dinero?

1) Que entrara en el cuerpo de policía.
2) Que colaborara con la policía como confidente, o sea, espía.
3) Que jugara con él al póquer y ganaría mucho dinero.

La conversación entre Mis Lunatic y el comisario parece un juego de preguntas y respuestas. Las preguntas de Mis Lunatic son: ¿Para qué necesito yo dinero, mister O’Connor? ¿No le parece que he dado pruebas suficientes de asegurarme yo sola mi vejez? ¿A qué llaman vivir? Es verdad (que no pedía dinero) ¿y qué? Cuando el comisario le dijo que si no tenía ni dinero ni miedo, Mis Lunatic le responde con otra pregunta: Yo no. ¿Y usted?

El comisario, como está bastante alucinado con lo que piensa y dice mis Lunatic, le pregunta (refiriéndose a cuándo llegó): ¿En 1885? ¿El mismo año que trajeron aquí la Estatua de la Libertad? ¿Va a ir usted a casa de Edgard Wolf? ¿El rey de las tartas?

Ahora, nosotros preguntamos y tú respondes. ¿Dónde se escriben los signos de interrogación?

1) Los signos de interrogación se escriben al principio y al final de las oraciones en que se formula una pregunta
2) Los signos de interrogación se escriben al final de la pregunta.
3) No hace falta escribir esos signos. Se sabe que es pregunta.

7.- El cuento de mi vidaHans Christian Andersen

Has leído un texto escrito por el autor que tanto conoces. Sí, lo conoces quizá no por su vida, esa que nos cuenta en el texto. Piensa un poco y responde a estas facilísimas preguntas, en las que sólo te pedimos que nos digas la verdad. ¿Cuál de estos cuentos has leído?

La sirenita, El patito feo, El soldadito de plomo, La tetera, La pequeña cerillera… A lo mejor, has leído alguno que no está en esta lista.

Hay, en este texto, unas palabras muy interesantes, que no dice Andersen. Las dice un poeta que se llamaba Baggesen, y que estaba en una cena donde fue Andersen, que lo que quería era ser cantante. Esas palabras van entre comillas: “Pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”. Y siguió diciendo algo que a Andersen le sirvió para siempre: “Pero no te envanezcas cuando el público te dedique sus aplausos”. Es decir, no seas presumido, vanidoso, cuando alguien te aplauda. Dijo que había que ser natural y no presumido.

Has visto que las palabras que dijo el poeta Baggesen van entre comillas. ¿Sabes por qué?

1) Las comillas se ponen cuando no se entiende lo que se dice.
2) Las comillas se ponen cuando se escriben las palabras o frases que ha dicho otra persona.
3) Las comillas se ponen cuando decimos palabras que no están en el diccionario.

8.- El muroGerald Durrell

Algo muy importante que debemos hacer siempre (y más si vamos a alguna excursión a un lugar donde haya animales), es informarnos sobre ellos. Con los que conocemos y sabemos cómo son, no hay problema. Pero ¿y si no sabemos cómo es determinado animal?
Por tanto, lo mejor es informarnos. Tenemos libros, enciclopedias, ordenadores y muchas maneras de obtener lo más valioso. La información.

Empezaremos por rellenar las letras que faltan en estos nombres. Cuando lo tengamos, iremos a nuestras fuentes de información y ellas nos dirán si corremos o no graves peligros con esos animales.

Palabras a las que les falta una letra:  (letras posibles para poner: v, b, h)

Ti-urón blanco
-íbora mocasín de agua
-ipopótamo africano
Lo-o gris
Perro dó-erman
a-ispa de mar

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 11-14 años
1: La respuesta correcta es: 1 – a     2 – c      3 – d     4 – b
2: Respuesta libre
3: La respuesta correcta es la número 3
4: La respuesta correcta es: 1), 3), 4), 5) y 6). Son adverbios, preposiciones, verbos en futuro que nos indican cuándo se realiza la acción.
5: La respuesta correcta es la número 3
6: Las respuestas correctas son: La primera cuestión es la número 2. La segunda pregunta es la número 1
7: La respuesta correcta es la número 2
8: La respuesta es la siguiente: Tiburón blanco;  víbora mocasín de agua;  hipopótamo africano;  Lobo gris;  Perro dóberman;  avispa de mar

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 7-9 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas.  Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 7-9 años

1.- Has leído un texto, el número 1, que se llama El jardín. Los personajes son Sapo y Sepo. Pero ¿sabes quién lo escribió?
(Como pista, te diremos que el nombre del autor está justo al final del texto)

1)   Gumersindo Nobel
2)   Arnold Lobel
3)   María Analía

2.- La poesía que se titula ¡A volar! la escribió un autor que se llamaba Rafael Alberti. En esa poesía, Rafael le pide al leñador que no tale el pino. Que no lo corte. ¿Por qué le hace esa petición?

1)   Porque está prohibido cortar los pinos
2)   Porque en verano daba una sombra muy fresquita
3)   Porque en la copa, en lo más alto del pino, había un hogar, lleno de pajaritos durmiendo

3.- Los traspiés de Alicia Paf.  Gianni Rodari

Hace muchos años, las chicas y los chicos que iban al colegio, no escribían con bolígrafo, ni con rotulador. Escribían con una pluma. Sí. Una pluma que había que mojar en un tintero, para que escribiera. Pero Alicia tuvo un traspié y se cayó al tintero. ¿Qué estaba buscando Alicia, cuando le ocurrió esto?

1)   Estaba buscando a una amiga, que ya se había caído al tintero.
2)   Estaba buscando palabras para hacer una redacción.
3)   Buscaba unas gafas con luz, para ver en la tinta negra.

4.- Canción de cuna de los elefantes. Adriano del Valle

Has leído una poesía, que nos cuenta la vida, durante un día, de una familia de tres miembros. Al padre se le oye, en un terreno lleno de agua: el manglar. No está muy lejos. Quedan juntos la madre y el hijo. Pero ¿qué hacía el hijo, el elefantito?

1)   Estaba muy nervioso, porque la luna lo regañaba mucho.
2)   Lloraba, porque no quería dormir.
3)   Pensaba ir al manglar, con su padre.

5.- Nido. Fernán Silva Valdés

El autor de esta poesía, sin decirlo, nos está dando un consejo muy sabio: mirad bien a los árboles que veis al pasar, cerca de vosotras y de vosotros. ¿Qué época del año es ahora? ¿Es primavera, verano, otoño, invierno? ¿Hay flores en los árboles? Depende de la época del año en que estés. A lo mejor, ahora, los árboles no tienen flores. Pero ¿tienen algún nido de pájaros? Si miras bien, algún nido puede parecer una flor, como dice el autor. Fíjate en estas páginas. Hay muchísimos.
Si no hay flores, no hay olores de flor. Pero ¿por dónde entra el perfume de los nidos, si no entra por la nariz?

1)   Los nidos no huelen, pero oímos a los pajaritos. Por eso, el sonido entra por los oídos.
2)   Los árboles nunca huelen.
3)   Oímos a los pájaros, que siempre cantan esta canción: Debajo de un botón…

6.- El enfado. Consuelo Armijo

Vamos a entrar en un juego nuevo. Es el juego del ¿Quién es quién? El juego se realiza con un material que conoces muy bien. Es la lectura que has leído y que se llama El enfado, de la autora Consuelo Armijo. Tienes que unir los nombres con el personaje que interpretan en el texto. Te diremos que Doña Botines y Celestino son habitantes de Viriviví.  ¡Suerte!, y comprueba que lo has hecho correctamente.

1 Natillas                              a) El dueño de Mamarracho
2 Salustiano                         b) La dueña de Natillas
3 Margarita                          c) El perro de Salustiano
4 Mamarracho                     d) La gata de Margarita

7.- Solidaridad. Amado Nervo

Solidaridad  ha sido hoy nuestra palabra mágica. Sí, es el título de esta poesía, donde toda la naturaleza se une para dar la bienvenida a un nuevo día. La alondra, la cascada, el riachuelo, el diamante, el águila y la aurora trabajan para conseguir un mismo objetivo. Son solidarios. Tienen solidaridad.

A ver si consigues ver cómo el poeta dice palabras que terminan, en algunos versos, con las mismas letras. Pasa como en las canciones. Todo para que suene bien.
Ahora, dinos qué versos terminan en las letras –ar  y cuáles en las letras –er.

1)   En –ar terminan: 1º, 2º, 4º, 5º, 7º, 8º, 10º, 11º.  Y en –er terminan: 3º, 6º, 9º, 12º. Lo que hace un total de 12 versos.
2)   Doce versos acaban en –ar y los otros doce, en –er.
3)   Todos los versos acaban igual.

8.- Cómo Pompón y Tritus encontraron a Mally Pop. René Escudié

El juego es: ¿Dónde está? Es un juego de detectives de lectura. En el título de este texto dice que los dos perros que conoces, Pompón y Tritus, encuentran a otro perro. Aparece casi al final de la lectura. No pone todavía su nombre, pero te lo decimos nosotros. Se llama Mally Pop. Responde si es verdadero o falso:

1) Pompón es un perro con más años que Tritus, que era cachorro.
Verdadero              Falso
2) Tritus no sabía que Pompón era perro y por eso quería mamar de Pompón. Tenía mucha hambre.
Verdadero              Falso
3) Pompón y Tritus, caminando,  se encuentran a otro perro, rebuscando en cubos de basura. Era un cocker marrón de pelo largo. Seguro que este perro será Mally Pop, que es el que nos falta.
Verdadero              Falso
4) Cuando acabaron de comer, se oyó el ruido de una puerta. Salió una mujer encantadora que dijo que entraran en su casa.
Verdadero              Falso

9.- Nada más.  María Elena Walsh

Prueba para sabuesos: lectoras y lectores. Seguro que eres un o una sabueso. Es decir: sabes indagar, olfateas, descubres, sigues o averiguas de lo que se trata. Para no perderte nunca con los libros (en la biblioteca, en clase, en casa…), recuerda que todos tienen como un carné de identidad. Se llama ficha bibliográfica. En ella aparece: El título del libro, la autora o el autor que lo ha escrito y la editorial o la página web que lo ha publicado. Ahora, como diría nuestra autora de hoy, en su último verso: y nada más. Escribe, sabiendo todo esto, la ficha del libro de María Elena Walsh.

10.- El cordero negro. Ursula Wölfel

Hemos visto, en el desarrollo de esta unidad, una página sumamente recomendable, para dejar constancia de un sentimiento no ajeno a la realidad en que nos movemos. Independientemente del lugar donde vivamos.

Consideramos de importancia capital la comunicación que se produzca, con el fin de concienciar a lectoras y a lectores de la diferencia étnica de los pueblos. Son muchas interrogantes y, por ello, tenemos la posibilidad de hablar de algo que, en el texto de Ursula Wölfel, abunda generosamente. Son los signos de admiración e interrogación.

1.- ¿Dónde se colocan los signos de interrogación?

A) Los signos de interrogación (¿?) se escriben al principio y al final de las oraciones en las que se formula una pregunta de modo directo.
B) Se colocan donde se puedan poner. Donde quepan.

2.- ¿Dónde se colocan los signos de admiración (¡!)?

A) Los signos de admiración (¡!) se escriben al principio y al final de las oraciones que expresan sorpresa, alegría, tristeza, indignación, pesar…
B) Los signos de admiración se colocan donde sabemos la respuesta.

 11.- Memorias de una gallina. Concha López Narváez

Seguro que te acuerdas de la palabra mágica de este texto. Sí, fue la palabra ánimo. Pero ¿por qué tenía que tener ánimo alguien como un pollito? Pues podemos releer el texto completo de Concha López Narváez, la autora, o quizá es suficiente con leer algunas líneas o párrafos, para recordarlo. Te haremos una pregunta fácil, para ver si recuerdas el texto. La pregunta es: ¿de qué trata este texto? Es decir: ¿qué tema tiene? Empieza, por algo diferente y seguro que lo haces fantásticamente:

1)   ¿Cuál es la última película que has visto? ¿Cómo se llamaba?
2)   ¿Cuál es el último libro que has leído? ¿De qué trataba?
3)   ¿Cuál es el último deporte que has practicado? ¿En qué consiste ese deporte?
4)   ¿Has necesitado que alguien te diera ánimos en ese deporte para ganar?
5)   Dinos ahora de qué trata el texto de Concha López Narváez.

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 7-9 años:

1: La respuesta correcta es la número 2
2: La respuesta correcta es la número 3
3: La respuesta correcta es la número 2
4: La respuesta correcta es la número 2
5: La respuesta correcta es la número 1
6: Las correspondencias son:     1 – d,      2 – a,       3 – b,       4 – c
7: La respuesta correcta es la número 1
8: Las respuestas correctas son:  Verdadero / Verdadero / Verdadero / Falso
9: Antología de poesía infantil. Varios autores. Editorial Arrayán
10: Las respuestas correctas son: 1A / 2A
11: El texto trata del nacimiento de un pollito

Janosch cuenta los cuentos de Grimm. Janosch. Editorial Anaya

21 Nov

janosch

Érase una vez un joven muchacho a quien el dinero y la riqueza le daban exactamente igual. Todo cuanto poseía lo llevaba puesto: un pantalón, una chaqueta, una camisa, zapatos y, en invierno, un gorro. En cuanto tenía algo más, lo dejaba tirado por ahí para que otro lo encontrara. Para él sólo existía la música y sabía tocarla de maravilla. Allá donde fuera, tocaba una canción; siempre escuchaba música en su interior y se sentía impulsado a tocarla. ¡Qué bonito!
Si llegaba a una montaña en la que había madera secada por el viento, se sentaba y se tallaba una flauta. Y todas las canciones que el viento soplaba a través de la montaña, las sacaba el muchacho con acierto de la madera de la flauta.
Si se hallaba sentado junto a un lago, se hacía una flauta de caña, y todas las canciones que cantaban las aguas y las aves acuáticas a través de los juncos, él sabía tocarlas.
Si se sentaba en un prado, se construía un pequeño violín.
Así iba caminando y llegaba a otros países. De la comida y de la bebida no tenía por qué preocuparse. La gente le daba de las dos cosas por hacer música.
Una vez estuvo en una isla en la que había poca gente; tan sólo bosques áridos, arena caliente, mar y sol.
Yendo el muchacho por la arena, se encontró un hueso de pájaro. Era una pata de pájaro blanca, quebradiza y hueca. Con ella se hizo una flauta. Y cuando se puso a tocar, sonaba una música muy extraña, encantada, bella. Era una canción, pero también una historia. Una historia de un pájaro sagrado. Y el chico empezó a flotar por encima del mar, muy arriba, atravesando países de ensueño que nadie conocía.
El hueso era una pata del pájaro sagrado Kolp, al que los hombres habían matado ochocientos años atrás. Nadie había encontrado su cuerpo, pues el viento se lo había llevado y lo había depositado en la arena de la isla. Y cuanto más tocaba el muchacho, mejor sonaba la pata del pájaro. El tiempo dejó de existir: ayer era hoy y hoy era ayer y ayer era mañana; todo sucedía al mismo tiempo, todo era una sola cosa.
Una vez el chico dejó de tocar. De nuevo vio gente y, cuando cantaba la pata del pájaro, sucedía algo maravilloso: cada uno oía una historia diferente. Aquel sonido era una canción, eran tonos de música, pero también era una historia. Por ejemplo, el que buscaba algo, sabía de repente dónde podía hallarlo. O el que tenía preocupaciones sabía de pronto si valía la pena seguir preocupado (la mayor parte de las veces, no). Al que se le había muerto un amigo sabía de pronto dónde estaba: no muy lejos, por cierto, sino allí mismo, a su lado. Y los muy felices frotaban por el aire, muy arriba; eran como el pájaro sagrado Kolp, eran nubes y cielo y fuego y arena, eran risa y llanto y lluvia y sol, pero también un árbol.
Cuando el muchacho soplaba en su pata de pájaro, todo marchaba bien. Como si aún viviera el pájaro sagrado Kolp.

Janosch. Janosch cuenta los cuentos de Grimm. Ed. Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

El autor de este texto que has leído se llama Janosch. Y el libro a que pertenece este texto se llama Janosh cuenta los cuentos de Grimm. ¿Te acuerdas de los hermanos Grimm? Fueron Jacob y Wilelm, que se llevaban sólo un año entre ellos. Se dedicaron, durante mucho tiempo, más de diez años, a recoger los cuentos que sabían, los que había oído, los que les contaba la gente a la que preguntaban. Como ellos dijeron, a la literatura popular. La que sabía el pueblo.

Janosh, parece que hace un homenaje a aquellos fantásticos hermanos, gracias a quienes perviven los cuentos de años y años. Los que oyeron tantas niñas y tantos niños y mayores durante décadas, y que hoy los podemos considerar casi como un tesoro que tiene la Humanidad.

En el libro que verás en esta página, puedes encontrar muchos de los cuentos de los hermanos Grimm. Algunos muy famosos, como los que ya hemos mencionado y otros menos conocidos. Muy probablemente, si tienes afición por los cuentos, te gustará.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es música. Aquí tienes unas cuantas páginas de música, interpretadas con un instrumento que, seguro que conoces y que se parece mucho al que pudo construir nuestro protagonista. Recuerda lo que dice el texto:

Si llegaba a una montaña en la que había madera secada por el viento, se sentaba y se tallaba una flauta. Y todas las canciones que el viento soplaba a través de la montaña, las sacaba el muchacho con acierto de la madera de la flauta.

Música con flauta 1
Música con flauta 2

¿Te imaginas que alguno de estos profesionales de la música haya empezado como el chico del cuento? ¿Por qué no? Porque nuestra palabra de hoy sí que es absolutamente mágica. Sabes que, además, la música que hoy escuchamos también lleva letras, historias que nos cuenta, como la del muchacho del cuento de Grimm. ¿Conoces alguna que te guste mucho? ¿Sabrías interpretarla, con el instrumento que seguro que sabes manejar: flauta, guitarra, piano, batería…?

Cuentame

Hoy vamos a jugar una gran competición europea: la Champions Grimm. La competición se juega entre dos equipos, que han llegado a la final. Consiste en averiguar cuáles de los siguientes títulos pertenecen a cuentos de los hermanos Grimm. Una vez que toméis las decisiones, hay que contar muy brevemente el argumento de los dos primeros cuentos de Grimm. Podéis comprobar que sabéis mucho de los cuentos de Grimm, en estas páginas:

Canal Lector
Cuentos de Grimm
Rincón castellano

La competición consiste en saber cuáles de los siguientes títulos corresponden a obras de los hermanos Grimm. ¡Atención!, porque se ha colado alguno que no es de ellos. Si conseguís los puntos que se necesitan, sólo os quedará contar el cuento que elijáis. Si lo lográis, ¡enhorabuena! Seréis nombradas o nombrados campeones de la Champions Grimm. ¡Suerte!

1 El frutero que sabía demasiado
2 El sastrecillo valiente
3 La bella durmiente
4 La casa de Tócame Roque
5 Blancanieves
6 Caperuza naranja
7 Hansel y Gretel
8 Cenicienta

Autor

Janosch

El verdadero nombre del autor es Horst Eckert.  Janosch es un seudónimo que le sugirió su amigo el editor,  George Lenz.
Janosch nació el 11 de marzo de 1931 en una ciudad fronteriza llamada actualmente Zaborne (Polonia).
Es escritor e ilustrador, sus libros se caracterizan por el humor.
Los primeros años de su vida los pasó con sus abuelos. Fue al colegio hasta los 13 años. Después trabajó en una herrería y en una fábrica de telas.  Marchó a Munich y allí estudio arte, aunque no termino la carrera.  Todos los libros los firma con sus seudónimo.
Desde 1980 vive en Tenerife (España).
Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos y curiosidades sobre Janosch en Biblioteca virtual y en su página web.

BIbliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  Canal Lector.

Caperucita en Manhattan. Carmen Martín Gaite. Editorial Siruela

3 Oct

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Un veterano comisario del distrito de Harlem, fascinado por la valentía de miss Lunatic, sus múltiples contactos con gente del hampa y su talento para testificar en los casos difíciles, la mandó llamar una tarde de invierno para proponerle un trato. Se le asignaría una suma bastante importante de dinero, si se prestaba a colaborar como confidente de la Policía. Ella se indignó. Informar a las autoridades de que había un fuego, se había caído el alero de un tejado o se necesitaba urgentemente una ambulancia era algo muy diferente a convertirse en acusica. Ni que estuviera loca. Y en cuanto al dinero, muchas gracias, pero no la tentaba.
-¿Para qué necesito yo el dinero, mister O’Connor? –preguntó-. ¿Me lo quiere usted decir?
Tenía las manos cruzadas sobre la mesa, y el comisario se fijó en aquellos dedos deformados por el reúma y enrojecidos por el frío.
-Para asegurarse la vejez –dijo.
Miss Lunatic se echó a reír.
-Perdone, señor, pero llegué a Manhattan en 1885 –dijo-. ¿No le parece que he dado pruebas suficientes de asegurarme yo sola la vejez?
El comisario O’Connor la contempló con curiosidad desde el otro lado de la mesa.
-¿En 1885? ¿El mismo año que trajeron aquí la estatua de la Libertad? –preguntó.
En los labios de miss Lunatic se dibujó una sonrisa de nostalgia.
-Exactamente, señor. Pero le ruego que no someta a ningun interrogatorio.
-Solamente contésteme a una cosa –dijo él-. He oído decir que no tiene usted ingresos conocidos. Y que tampoco pide limosna.
-Es verdad, ¿y qué?
-Tranquilícese, le aseguro que no se trata de una investigación policiaca. Sólo pretendo ayudarla. ¿Es que no le interesa el dinero?
-No; porque se ha convertido en meta y nos impide disfrutar del camino por donde vamos andando. Además ni siquiera es bonito, como antes, cuando se gozaba de su tacto como del de una joya.
El comisario observó que, mientras miss Lunatic decía aquellas palabras acariciaba unas monedas muy raras que había sacado de una bolsita de terciopelo verde, y jugueteaba con ellas. No eran de gran tamaño, despedían un fulgor verdoso, y parecían muy antiguas. Estuvo a punto de preguntarle de dónde procedían, porque nunca las había visto de este tipo, pero se contuvo por miedo a ganarse su desconfianza. Prefería seguir oyéndola hablar de lo que fuera. Hubo una pausa y ella volvió a guardar las monedas en la bolsa.
-Ahora ya no –continuó tras un suspiro-. Ahora el dinero son viles papeluchos arrugados. Yo cuando tengo alguno, estoy deseando soltarlo.
-Todos los papeluchos que usted quiera –interrumpió el comisario-, pero hacen falta para vivir.
-Eso suele decirse, sí. Para vivir… Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… y vivir es reírse… He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Precisamente ayer, paseando por Central Park más o menos a estas horas, me encontré con un hombre inmensamente rico que vive por allí cerca y entablamos conversación. Pues bueno, está desesperado y no sabe por qué. No le saca partido a nada ni le encuentra aliciente a la vida. Y claro, se obsesiona por tonterías. Al cabo de un rato, parecía yo la millonaria y él el mendigo. Nos hicimos muy amigos. Dice que él no tiene ninguno. Bueno, uno, pero que se está hartando de él.
-¡Qué historia tan interesante! dijo el señor O´Connor.
-Sí, es una pena que no tenga tiempo para contársela con detalle. Pero he quedado en ir dentro de un rato a su casa a leerle la mano. Aunque no sé si servirá de mucho, ya se lo advertí ayer, porque yo el porvenir no lo leo cerrado, sino abierto.
-¿Qué quiere decir eso?
-Que no doy soluciones, me limito a señalar caminos que cruzan y a dejar a la gente en libertad para que elija el que quiera. Y míster Woolf está ansioso de soluciones, me temo que necesita que le manden. Tal vez porque está harto de hacerse obedecer. Edgard Woolf se llama. Gana el dinero a espuertas. Tiene un negocio muy acreditado de pastelería.
El comisario la miró con los ojos redondos por la sorpresa.
-¿Edgard Woolf? ¿El rey de las Tartas? ¿Va a ir usted a casa de Edgard Woolf? Vive en uno de los apartamentos más lujosos de Manhattan, ¿lo sabía? Pero tiene fama de ser inaccesible, de no recibir a nadie.
-Pues ya ve, será que le he caído bien. A ver si se cree usted que sólo me trato con desheredados de la fortuna. Aunque ahora que lo pienso –rectificó luego- también míster Woolf es un desheredado de la fortuna. Para mí la única fortuna, ya le digo, es la de saber vivir, la de ser libre. Y el dinero no libera, querido comisario. Mire usted alrededor, lea los periódicos. Piense en todos los crímenes y guerras y mentiras que acarrea el dinero. Libertad y dinero son conceptos opuestos. Como lo son también libertad y miedo. Pero, en fin, le estoy robando tiempo. No he venido para echarle un discurso, y en cuanto a su propuesta, ya la he contestado con creces, ¿no le parece a usted? Conque olvídeme, si puede.
El comisario O´Connor la miraba entre pensativo y perplejo.
-Así que usted no tiene dinero ni miedo… -dijo.
-Yo no. ¿Y usted?
El rostro del comisario se ensombreció.
-Yo miedo sí, muchas veces. Se lo confieso.
-Pues eso es mala cosa para su oficio. El miedo cría miedo, además. ¿Dónde lo siente? ¿En la boca del estómago?
El comisario se quedó dudando, y se palpó aquella zona, bajo el chaleco.
-Pues sí, más o menos.
-Ya. Es lo más corriente. Espere un momento a ver.
Miss Lunatic, ante el pasmo del comisario O´Connor, se puso a hurgar en su faltriquera y sacó varios frasquitos que alineó sobre la mesa.
-¡Vaya por Dios! Lo siento. Tenía un elixir bastante bueno contra el miedo, pero se me ha gastado. Es el que más me piden.
Luego, mientras volvía a guardarse los frasquitos, añadió:
-Claro que hay otra forma de espantar el miedo, pero no es propiamente una receta, porque tiene que poner mucho de su parte el paciente. Consiste en pensar: “A mí esto que me asusta ni me va ni me viene”, algo así como ver lejos lo que está dando a uno miedo, para que se desdibuje.
-Eso no acabo de entenderlo.
-Casi nadie; por eso digo que da poco resultado recetárselo a otro. A lo mejor un día, de pronto, lo siente usted solo y lo entiende… En fin, ¿me da permiso para retirarme?
El comisario O’Connor asintió. Pero cuando la vio levantarse, agarrar su cochecito y dirigirse a la puerta, tuvo una sensación muy triste, como de miedo a estarse despidiendo de ella para siempre. Y la volvió a llamar. Ella se detuvo, interrogante.
-Miss Lunatic –dijo-. Es usted maravillosa.
-Gracias, señor. Eso mismo me decía siempre mi hijo, que en paz descanse. Un gran artista, por cierto, aunque la memoria voluble de las gentes haya sepultado su nombre… ¿Quería usted decirme algo más?
-Sí. Que no me gustaría que pasara usted hambre ni frío.
-No se preocupe. No los paso.
-Me parece increíble, perdone que se lo diga. ¿Y cómo hace? ¿Cómo se las arregla para salir adelante?
Miss Lunatic se detuvo en el centro de la habitación. Se levantó el ala del sombrero con gesto solemne y miró al señor O´Connor. Sus ojos negros, brillando en el rostro pálido y plagado de surcos, parecían carbones encendidos. Y ella, en medio de aquella estancia de paredes desnudas, una figura de cera.
Echándole fuerza de voluntad, señor, para decirlo con palabras del Caballero Inexixtente.
-¿Otro amigo suyo? –preguntó el comisario.
-Pues sí. Aunque éste es un personaje inventado. ¿Le gustan las novelas?
-Mucho. Lo que pasa es que tengo poco tiempo de leer.
-Pues cuando saque un ratito le recomiendo El caballero inexistente. No es muy larga. Acabo de verla traducida al italiano esta tarde, al pasar por el escaparate de Doubleday.
-¡Cuánto trota por Manhattan! Veo que no para usted un momento.
-Así es. Tiene usted razón. Yo no comprendo cómo dice la gente que se aburre. A mí nunca me da tiempo para todo lo que quisiera hacer… Y ahora siento dejarle. Pero he quedado con míster Woolf, y antes había pensado darme una vueltecita en coche de caballos por Central Park. Gratis, por supuesto. Me lo tiene prometido un cochero angoleño que me debe algunos favores. Convencí a una hija suya para que no se suicidara. Conque lo dicho. Adiós, comisario.
El comisario O´Connor se levantó para abrirle la puerta y le estrechó la mano efusivamente.
-Espero que volvamos a vernos –dijo-. La vida es larga, Miss Lunatic y da muchas vueltas.
-Ya lo creo. Dígamelo usted a mí –contestó ella sonriendo.
-Pues nada, mujer, salud. Y abríguese que se está poniendo el tiempo como para nevar.
-Es lo suyo. Estamos en diciembre.
Al salir, hacía un viento muy frío, que alborotó la larga melena blanca de miss Lunatic. Apresuró el paso hacia la calle 125. Había decidido coger allí el metro hasta Columbus Circle.
Mientras canturreaba un himno alsaciano, se puso a pensar en Edgard Woolf, el rey de las tartas.

Carmen Martín Gaite. Caperucita en Manhattan.  Ed. Siruela

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Al leer el título del libro, a lo mejor pensabas encontrar algo así. Y no. Para situarnos bien, nos vamos a dar un paseo por donde vive  Miss Lunatic: Manhattan.
Sí, la ciudad donde, en 1885 llegaron la Estatua de la Libertad y también Miss Lunatic. Y aquí estaba el comisario O’Connor, en el distrito de Harlem. Sí, el comisario sólo quería ayudar a nuestra protagonista. Pero ¿qué preguntas y respuestas obtuvo de miss Lunatic? ¿Estaría buscando dinero, aquella mujer, que no tenía ingresos? El comisario no paraba de sorprenderse con sus palabras. Le tuvo que decir que no era una investigación lo que hablaba con ella.
Todos los pensamientos de aquella mujer eran absolutamente excepcionales. De esos que convendría poner en un cartel bien grande, que nos acompañara en nuestra vida. Pensemos en cuáles de las siguientes reflexiones sobre el texto son verdaderas y cuáles son falsas.

Juguemos ahora al Verdadero/Falso sobre lo que hemos leído

1. El comisario sabía que aquella mujer estaba muy relacionada con el hampa y eso podría interesarle.
2. Miss Lunatic le dijo al comisario que no pedía limosna
3. A Miss Lunatic no le interesaba el dinero
4. Ella dijo que en el dinero, son mejores las monedas que el papel
5. Ella dijo que vivir es explicarse y llorar y reírse
6. Miss Lunatic estaba obsesionada por recorrer toda la ciudad antes que nadie
7. Le dijo al comisario que lo normal es que los policías tengan miedo y que el miedo es muy bueno
8. El comisario tuvo una sensación triste al despedirla, como si ya no volviera a verla.
9. Miss Lunatic le confesó al comisario que no se aburría. Que no tenía tiempo para hacer todo lo que quería
10. Al  comisario le encantó la charla con Miss Lunatic. Le pareció maravillosa y estaba deseando volver a verla.

(Soluciones: 1: Falso/ 2:Verdadero/ 3: Verdadero/ 4: Falso/ 5: Verdadero/ 6: Falso/ 7: Falso/ 8: Verdadero/ 9: Verdadero/ 10: Verdadero)

Palabra magica

Hoy la palabra mágica la dice Miss Lunatic. Es vivir. Hemos leído lo que es vivir para nuestra protagonista. Miss Lunatic luchaba por ello y lo iba consiguiendo. Pero hay mucha gente, en este mundo para los que vivir es algo muy complicado. No tienen nada más que lo que alguien les da. Podemos decir que ni casa, la comida es difícil, los padres ya no están y a sus pocos años tienen que luchar por vivir. Vemos sólo un ejemplo real en estas imágenes:

Intentemos, entre todas y entre todos, conseguir que con nuestro trabajo y con las posibilidades que tengamos, brille lo que dice el presentador del programa que hemos visto: esperanza y buenas nuevas. Porque ellos, esos niños que luchan por vivir, tratan de ir hacia delante. Qué lejos queda, como dice Miss Lunatic, lo que tanto preocupa ahora: ¡ganar dinero!

He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Para mí  la única fortuna, ya le digo, es la de saber vivir, la de ser libre. Y el dinero no libera, querido comisario”.

Cuentame

Creemos que leer este libro de Caperucita en Manhattan nos ha dado la suerte de conocer a Miss Lunatic. Algo parecido a lo que le sucedió al comisario O’Connor, quien le confesó que él tenía miedo.  Entre las recomendaciones que le hace nuestra protagonista al inspector, a pesar del “poco” tiempo que tenía, le dice que lea El caballero inexistente. Como no llevaba el elixir que era bastante bueno contra el miedo, le da una forma muy importante de espantarlo, si el paciente  está dispuesto a una cosa: pensar. Algo tan fácil como decir: “A mí esto que me asusta ni me va ni me viene”.

¿Has pasado miedo alguna vez? ¿Cuál fue el momento más terrible? ¿Cuándo sucedió? A lo mejor, hasta te gustan los libros y las películas de miedo. Por si es así, estos te gustarán. Haz como el comisario O’Connor y a ver si lo notas en la boca del estómago. Lo que no podemos darte son los frasquitos de Miss Lunatic. Suerte, agárrate  y disfruta.

El abrazo de la muerte de Concepción López Narváez, María Salmerón López. Editorial Anaya.
Krabat y el molino del diablo de Otfried Preussler. Editorial Noguer.

Autor

Carmen Martín Gaite.

Nació el 8 de diciembre de 1925 en Salamanca (España) y murió el 23 de julio de 2000 en Madrid (España).
Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca. En 1950 se trasladó a Madrid.  Recibió, entre otros, el Premio Nadal y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
La afición por la escritura fue temprana desde los 8 años escribía cuentos. Fue crítica literaria además de traductora y guionista para la televión.
Nuestro observatorio

Más datos sobre Carmen Martín Gaite en la página de la Universidad Complutense de Madrid y transcripción de una entrevista homenaje realizada en la emisora de radio COPE.

Las Islas Felices detrás del Viento. James Krüss. Editorial Anaya

25 Jul

islasfelices

Hablando habíamos llegado junto al hombre viejo con barba al que quería llevarnos el pájaro escribano. Estaba sentado al pie de una pequeña roca a la sombra de un pino. Junto a él brotaba un arroyo de la pared de piedra que se iba serpenteando a través de un prado de colores. Un león se había tendido al borde del arroyo y conversaba con el viejo.
Cuando el pájaro escribano nos presentó al anciano, nos saludó amablemente con la cabeza y nos invitó a sentarnos en el césped. Luego nos ofreció cerveza de miel. Echaba la cerveza de un cántaro que guardaba en un hueco hondo de la roca para que se enfriara.
-Precisamente estoy conversando con el león sobre un tema serio –dijo el viejo-. El señor Abdula, el león, afirma que tiene el derecho de comerse a las gacelas.
-Sí, señor –rugió Abdula-. Una ballena que ha pasado por la costa de África me ha contado que los leones de allí se comen a las gacelas.
-Eso es verdad –chilló la ratona Filina-, en todas partes donde hay leones y gacelas, los grandes leones matan a las pequeñas gacelas y se las comen.
-Pero no en las Islas Felices –dijo el viejo.
-Aquí los leones no tienen coraje para eso –resopló Abdula.
-No, aquí no lo necesitan –le corrigió el viejo-. Eso está relacionado con las cualidades especiales de las Islas Felices. Si tienen tiempo y ganas, señores míos, voy a contarles en pocas palabras la historia de estas islas. De todos modos tengo que contársela al león Abdula.
-Me gustaría mucho –exclamó Emma-ojos-de-águila.
-Y también tenemos tiempo –añadió Emma-banco-de-arena.
-Y además nos gusta oír historias –dijo Emma-pico-de-goma.
Entonces el viejo barbudo nos contó la historia de las Islas Felices detrás del Viento como sigue:
Muy al principio de la historia de la humanidad todos los seres de la tierra vivían pacíficamente entre sí. Todos hablaban el mismo lenguaje, ya fueran flores, leones, hombres o peces. Nadie se comía a nadie. Pues había bastante para comer. Los árboles frutales daban su fruto puntualmente en otoño. Los pollos, patos, gansos, avestruces o grifos ponían huevos para sus vecinos cuando hacía falta. Vacas y cabras daban leche. Coles y lechugas ponían a disposición todo lo que de ellas crecía sobre la tierra, y las remolachas y las patatas daban todo lo que de ellas crecía bajo la tierra. Así nadie necesitaba pasar hambre y nadie necesitaba comerse a nadie. El mundo era un paraíso.
Pero ya entonces había seres vivos que iban siempre sobre las patas traseras y las delanteras las usaban para atrapar. Tenían manos en las que podían oponer los pulgares a los otros dedos. Estos seres eran los hombres. Con sus hábiles manos construyeron una serie de cosas prácticas e hicieron diversos inventos provechosos.
Aprendieron a encender el fuego, a sembrar el grano, a trillar y a moler harina e inventaron también el horno. Cuando lo inventaron todo, hicieron el mejor invento de todos, cocer el pan.
Todos se alegraron mucho y ayudaron entonces a la producción del pan: los canguros tomaban la semilla en sus bolsas y la sembraban, los roedores mordían sus granos cuando estaban maduros, los leones los trillaban con sus colas, los elefantes los trituraban con sus patas enormes, y los hombres, al final, amasaban el pan, lo cocían y lo repartían. Los animales ya no tenían necesidad de ocupar sus días en la búsqueda de alimento. Ahora se tenía tiempo para conversaciones y juegos y nuevos inventos, porque su hambre se podía saciar en cada momento con pan.
Pero ahora que uno se podía saciar cada día y no tenía que esforzarse especialmente, los animales se volvieron algo raros. No se sabe exactamente quién comenzó. ¿Fueron los hombres, los leones, los buitres o los osos? En pocas palabras, de repente había fieras que comían a los hombres, y hombres que mataban animales y después los asaban y se los comían.
Comenzaron a comerse mutuamente, se volvieron desconfiados frente al vecino y hablaban entre sí solamente en voz baja.
Se inventaron incluso lenguajes secretos. Los perros hablaban guauguachi y los gatos miamiachi, los pájaros pipiochi e incluso entre los hombres surgieron varios lenguajes. Naturalmente en este tiempo los hombres eran los más felices, porque eran grandes inventores y podían protegerse en casas de piedra de los animales malvados. Inventaron un costal para sembrar, hoces para segar, mayales para trillar y piedras de molino para moler. Y cuando pudieron hacer solos el pan, no les dieron más a los animales.
Sí, aún vinieron cosas peores. Sacaban punta a fuertes ramas y las lanzaban desde lejos sobre el corazón de animales inocentes. Después asaban los animales, se los comían y a menudo consumían más de lo que necesitaban para saciar el hambre. Se volvieron gordos y blandos, perdieron el pelo de su piel y comenzaron a tener frío en invierno. Entonces se pusieron sobre su cuerpo las pieles de los animales que mataban e inventaron chaquetas, pantalones, zapatos, abrigos y gorros.
Desde entonces el mundo fue para abajo. Pues pronto inventaron los hombres el dinero y la pólvora, y el paraíso se convirtió en la enorme confusión que llamamos historia del mundo.
Sólo en un lugar de la tierra no se notó nada de estos cambios. Aquí, en las Islas Felices. Están rodeadas a veinte millas marinas de distancia por una corona de vientos en torbellinos, por la que nadie puede entrar por el agua o por el aire. Sólo muy abajo en el fondo del mar o alto, alto sobre las nubes logran a veces entrar aquí una ballena o un águila. Y porque estamos detrás de los vientos, señores míos, nos quedamos protegidos de la historia del mundo. Entre nosotros hablan todavía todos con todos, uno ayuda al otro cuando es necesario, no nos comemos mutuamente y cada uno obtiene sus beneficios por ello.

James Krüss. Las Islas Felices detrás del Viento.  Ed. Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 Antes de comentar nuestra lectura de hoy, vamos a ver un poco los orígenes del ser humano. Cómo empezó la historia del hombre. Han pasado millones de años, desde aquellos difíciles comienzos.

Nos dice el autor que allí, en las Islas Felices,
“Aprendieron a encender el fuego, a sembrar el grano, a trillar y a moler harina e inventaron también el horno. Cuando lo inventaron todo, hicieron el mejor invento de todos, cocer el pan. Todos se alegraron mucho y ayudaron entonces a la producción del pan.”
Hoy, fabricamos el pan, eso que nos dice el autor que fue el mejor invento de todos y que tanto nos gusta, de esta manera.

Pues bien. Ahora, vamos a la literatura. Veremos cómo un autor, en este caso James Krüss, nos cuenta su historia. Que no es una historia de la realidad, de lo que los científicos han estudiado sobre el origen del hombre. Es una narración literaria de imaginaciones de lo que hace tanto tiempo pudo quizá pasar.

Cuando leemos este texto, nos suceden dos cosas al tiempo. Primero, pensamos según lo que nos dice el autor, en lo maravillosa que sería, a lo mejor, la vida en la tierra, al principio de los tiempos. Los animales que podían oponer los pulgares a otros dedos, los humanos, empezaron construir cosas prácticas e hicieron buenos inventos, útiles para la vida.

Lo siguiente que pensamos es: ¿y en qué acabará aquella historia del viejo barbudo que la contó, la de de Las Islas Felices detrás del Viento?

En cuanto al primer pensamiento, todo depende de quienes leen. Imaginar es algo tremendamente personal, único, irrebatible e insustituible. Las lectoras y los lectores tienen un don maravilloso que da la lectura: la libertad. Por eso soñamos, nos emocionamos, lloramos, cuando nos duele el corazón con lo que la autora o el autor escribe. Por tanto, tuya es la lectura. Siempre hay un ¿qué sucederá? Esa es la razón de que se parezcan tanto la lectura y el cine. Porque da igual el soporte que utilicemos. Puede ser el papel, la pantalla del ordenador o de una sala de cine, un anuncio que vemos en una valla…

Para la segunda pregunta que nos hacemos tenemos una solución facilísima. La lectura de la novela de James Krüss, de la editorial Anaya, nos puede resolver todas las dudas. El final de nuestros pensamientos es como el final de la película.

Sí hemos leído que el avance de la humanidad en los siglos que van pasando, empeora con el tiempo. Se empezaron a comer unos animales a otros, se tenían que proteger de los malvados y cosas peores. El autor nos dice que el mundo fue hacia abajo. Para colmo, los hombres, los humanos, inventaron el dinero y la pólvora. Entonces, “el paraíso se convirtió en la enorme confusión que llamamos historia del mundo”.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es contar. Esto dice el texto que hemos leído:

«Si tienen tiempo y ganas, señores míos, voy a contarles en pocas palabras la historia de estas islas. De todos modos tengo que contársela al león Abdula.
-Me gustaría mucho –exclamó Emma-ojos-de-águila.
-Y también tenemos tiempo –añadió Emma-banco-de-arena.
-Y además nos gusta oír historias –dijo Emma-pico-de-goma
Entonces el viejo barbudo nos contó la historia de las Islas Felices detrás del Viento.»

Los cuentos nos atraen, desde que somos muy pequeños hasta que tenemos más edad, mucha, muchísima edad. Lo dijeron las tres Emmas y quizá también se lo diría el león Abdula, al viejo barbudo. Porque la magia de contar la consiguen los grandes cuentacuentos. Esos o esas que nos emocionan, según cuentan una historia, que nos hace vivir la magia.

Cuentame

A lo mejor tú eres el séptimo lector o la séptima lectora de este séptimo cuentacuentos que te ha contado este séptimo cuento.

Pero se han cambiado las tornas. Hoy te toca a ti ser cuentacuentos. Es muy importante el lugar que elijas para contar el cuento. ¡Atención, mira!  Ya hay bastante público. Hemos pedido prestadas unas sillas en la cafetería bar que hay en la plaza, al lado del parque. Han sido muy amables y sólo nos han pedido una cosa: sentarse ellos también, cuando cuentes el cuento. No olvides que es muy importante llevar una ropa especial, tuya, la que usas cuando cuentas un cuento. ¿Cómo es? ¿Te pones una barba, si eres chico, como la que usas en halloween? ¿Y si eres chica, una larga cabellera muy canosa, blanca y zapatos de tacón de horrible bruja? O vas como siempre, porque es mejor ir como tú eres.

En ese lugar que elijas, pasa como en las Islas Felices. No existe nada más que el cuento que cuentes. Todo transcurre con armonía y paz. Aquí sólo se viene a oír tu cuento. Por eso es muy importante, para no defraudar al auditorio, que pienses lo siguiente:

¿Qué historia crees que le puede gustar a este fantástico auditorio que tienes? No olvides que es muy importante seleccionar bien la historia.

Cómo y cuándo sucedió
Quiénes participaron en la historia.
Dónde sucedió
Qué cosas, las más importantes, ocurrieron en tu historia.
Qué fue lo que más te llamó la atención: un susto, una sorpresa, una alegría, una risa, una tristeza, una alegría, un miedo…
¿A quién se lo contaste y cómo se lo dijiste?

Si ves que no te vas a acordar bien de esa fantástica historia que vas a contar, lo mejor es que cojas un papel y lo apuntes, para no olvidarte de nada. Las actoras y los actores de teatro repasan mucho el papel que tienen que hacer, antes de salir a escena. En algunos teatros, también hay apuntador, la persona que está pendiente de lo que dices, para apuntarte, si se te olvida algo. Tú puedes mirar tu papel, si lo necesitas.

A ver qué nos cuentas, porque estamos deseando escucharte. ¡Mucha suerte! Y ¡A escena! La función va a empezar.

Autor

James Krüss

Nació en 1926 en Helgoland, isla del Mar del Norte (Alemania). Es una isla pequeña que para Krüss fue muy importante en su infancia y juventud y lo convirtió en un convencido isleño durante toda su vida. Tras la segunda guerra mundial, en la que participó como soldado del ejército del aire, Krüss cursó estudios de magisterio, pero nunca trabajó como profesor.

Escribió novelas, poesía y guiones para la radio y televisión. En algunas ocasiones no firmaba con su nombre verdadero y utilizaba estos otros: Polder Markus y Ritter Félix. Un amigo alemán fue el que le animó a escribir para niños. En sus libros insistía mucho en la libertad y la paz.

Ganó varios premios, entre ellos el Hans Christian Andersen en 1968.

Murió en 1997 en la isla de Gran Canaria (España).

Nuestro observatorio

Más datos biográficos y curiosidades sobre James Krüss en Instituto Goethe y el periódico La Provincia

BIbliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  Canal Lector.