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La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica «micromuseo», debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

Gasipum y popotraques. Roald Dahl. Editorial Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

11 Jun

grangigantebonachon

Sofía no solo empezaba a sentir apetito, sino que también estaba muy sedienta. De estar en su casa, ya habría terminado el desayuno mucho antes.
-¿Estás seguro de que no hay nada para comer, por aquí, aparte esos repelentes pepinásperos? –preguntó.
-¡Ni una pipipulga! –contestó el Gran Gigante Bonachón.
-En ese caso, ¿puedo beber un poco de agua?
-¿Agua? –repitió el GGB, frunciendo el ceño-. ¿Qué es el agua?
-¡Lo que nosotros bebemos! –dijo Sofía-. ¿Qué tomáis vosotros?
-¿Nosotros? ¡Gasipum! –contestó Bonachón-. Todos los gigantes beben gasipum.
-¿Y es tan malo como los dichosos pepinásperos? –quiso saber Sofía.
-¿Malo? -protestó el GGB-. ¡Nada de malo! El gasipum es dulce y alegroso.
Se levantó de la silla y se dirigió a un segundo armario enorme del que sacó una botella de vidrio que mediría dos metros de altura. Estaba medio llena de un líquido verde pálido.
-¡Esto es el gasipum! –anunció, alzando la botella con orgullo, como si se tratase de algún vino viejo y raro-. ¡Delicioso y picoso gasipum!
Agitó la botella, y el líquido verde comenzó a burbujear como loco.
-¡Oh, pero si las burbujas van al revés! –exclamó Sofía.
Y así era. En vez de subir y estallar en la superficie, las burbujas descendían y estallaban en el fondo, donde se formaba una espuma verde.
-¿Qué demonio quieres decir con eso de que van al revés?–gruño Bonachón.
-En nuestras bebidas gaseosas –explicó Sofía-, las burbujas siempre suben y estallan arriba.
-¡Pues eso es mal! -afirmó el GGB-. Las buruburubujas no tienen que subir. Es la tontería más torontonta que he oído.
-¿Por qué?
-¿Y tú me preguntas por qué? –gritó el gigante, moviendo la botella de un lado a otro, como si dirigiese una orquesta-. ¿De veras quieres hacerme creer que no entiendes qué es un dispirate, eee… un disraspate, eso de las buruburujas tengan que subir en vez de bajar?
-No entiendo. ¿Quieres explicarte de una vez? –preguntó Sofía, muy educadita.
-¡Claro! –voceó el Gran Gigante Bonachón-. Es una torontontería, eso de las buburujas subiendo. Y si no lo entiendes, es que es más boba que un perripato. Tu cabeza debe de ser llena de rabos de recuajo y patas de mosquito. ¡Me asusta ver que no sabes pensar!
-¿Por qué no han de subir las burbujas –inquirió Sofía.
-Te lo diré, pero antes isplícame cómo se llama vuestro gasipum.
-Tenemos la Coca –contestó Sofía-. Otra es la Pepsi, pero hay muchas marcas y clases de bebidas gaseosas.
– ¿Y en todas suben las buruburuburujas?
-¡Sí, claro!
Catastroso! –exclamó el GGB-. ¡Buruburuburujas subiendo son una catastrosa desástrofe!
-Dime por qué –insistió la niña.
-Si escuchas bien, trataré de explicártelo –dijo el gigante-. Pero tu seso es tan lleno de pulguirrabijos, que no creo que lo entiendas.
-Haré cuanto sea posible –respondió Sofía con paciencia.
-Bien… Cuando tú bebes esa coquia vuestra, cae diridectamente a tu barriga, ¿no? ¿O me evicoco?
-No te equivocas –dijo Sofía.
-Y las burburujas van también a la barriga. ¿O no es así?
-Sí que van, claro.
-¿Y esas burburujas suben?
-¡Naturalmente!
-Lo que quiere dicir que saldrán todas, blup-blup, por la garganta y por la boca y os harán soltar un uructo asqueroso…
-Eso sucede con frecuencia, sí –admitió Sofía-. Pero un pequeño eructo de vez en cuando, no tiene importancia. Casi es divertido.
Uructar es muy feo! –exclamó Bonachón-. Los gingantes nunca lo hacemos.
-Sin embargo, con esa bebida… -señaló Sofía-. ¿Cómo la llamáis?
-Gasipum.
-Con el gasipum –dijo la niña- las burbujas de vuestras barrigas bajarán y… tendrán un resultado todavía peor.
-¿Por qué peor? –preguntó el GGB, sorprendido.
-Porque… -respondió Sofía, sonrojándose un poquito-, si bajan en vez de subir, tendrán que salir por otra parte, con un ruido aún más fuerte y más ordinario.
-¡Ah, con un popotraque, quieres decir! –exclamó el Gran Gigante Bonachón, muy sonriente-. ¡Los gingantes soltamos popotraques continuamente! Eso es señal de filicidad. ¡Es música para nuestros oídos! No vas a dicirme que un poco de popotraqueo es cosa prohibida entre los guisantes humanos…
-Se considera de muy mala educación –contestó Sofía.
-Pero tú bien debes soltar algún popotraque de vez en cuando ¿no? –quiso saber el GGB.
-Todo el mundo lo hace –reconoció la niña-. Los reyes y las reinas popotraquean, como lo llamáis. Y los bebés. Pero en mi tierra no es fino hablar de eso.
Rindículo! –dijo el gigante-. Si todo el mundo hace popotraques, ¿por qué no hablar de ello? Ahora mismo voy a beber un trago del dilicioso gasipum, y verás qué buen resultado.
El GGB agitó la botella con fuerza. El líquido verde pálido empezó a burbujear alegremente. Entonces, Bonachón quitó el tapón y tomó un enorme y gorgoteante sorbo.
-¡Hum, qué sabigustoso! –comentó-. ¡Me tusiásmisa!
El GGB permaneció inmóvil durante unos segundos, y una expresión de embeleso empezó a extenderse por su cara larga y arrugada. Hasta que, de pronto, la bebida hizo su efecto y el gigante soltó una serie de ruidos, los más sonoros y ordinarios que Sofía hubiese oído jamás. Retumbaban contra las paredes de la cueva como truenos, y los botes de vidrio temblaron en sus estantes. Pero lo más asombroso fue que la fuerza de las explosiones levantó al gigante del suelo, casi como un cohete.
-¡Yuppiii! –gritó Bonachón al fin, cuando se vio de nuevo en el suelo-. ¡Y ahora te toca a ti!
Sofía se echó a reír, no podía contenerse.
-¡Pruébalo! –insistió el Gran Gigante Bonachón, al mismo tiempo que inclinaba hacia ella la colosal botella.
-¿No tienes una taza? –preguntó la niña.
-Nada de tazas. Sólo botella.
Sofía abrió la boca y el gigante vertió en ella, con sumo cuidado, un poco de aquel formidable gasipum.
-¡Mmmmm, sí era riquísimo! Dulce y muy refrescante. Sabía a vainilla y crema, con un ligero aroma de frambuesas al paladearlo bien. Y las burbujas resultaban agradabilísimas. Sofía notó cómo le saltaban y estaban en el interior de su barriga. Era una sensación estupenda. Le parecía tener centenares de diminutos seres danzando en su interior y haciéndole cosquillas con los dedos de los pies. ¡Qué divertido!
-¡Oh, qué gracia! –dijo.
-¡Espera, espera! –respondió el GGB, con unas orejas que se movían como abanicos.
Sofía sintió que las burbujas bajaban y bajaban por su barriga, hasta que, de repente y sin que ella pudiera evitarlo, ¡se produjo la explosión! Sonaron las trompetas y las paredes de la cueva resonaron como antes.
-¡Bravo! –gritó el Gran Gigante Bonachón, agitando la botella-. ¡Muy bien, para ser una primcipiante! ¡Vamos a tomar otro trago!

Roald Dahl. El gran gigante bonachón. Editorial Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Partimos de un principio, que se basa sólo en el nombre del título del libro de Roald Dahl: El Gran Gigante Bonachón.
Oscar Wilde escribió El gigante egoísta, ahora en editorial Laberinto. En la página de Ciudad Seva, podemos leer, también, el texto completo de Oscar Wilde.
Sí, casi nunca han tenido buena prensa los gigantes en los cuentos. Han sido egoístas, perversos, malvados y toda una serie de adjetivos que no les hacían ningún favor. Hasta se han hecho películas, libros, dibujos animados y muchas cosas, para prevenirnos de los espantosos gigantes, como Jack el Caza Gigantes

Pero sólo el título de Roald Dahl plantea algo diferente: el aumentativo bonachón (no podía ser menos, tratándose de un gigante) es el que es muy bueno, amable, dócil, crédulo. Nada que ver con la imagen que nos han dado la literatura o el cine, de los gigantes.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es beber. Toda la historia se desarrolla en torno a esa palabra. Fue Sofía la que sentía hambre y sed. Y ya casi le importaba menos el hambre que tenía. Quería, sobre todo, beber. Y no pedía ninguna cosa rara y difícil de conseguir. Pedía sólo agua. ¿Se puede pedir menos a alguien que un vaso de agua?

Pues ese fue el principio. El gigante era tan bueno, tan bonachón, que quiso ofrecerle lo más maravilloso, lo más preciado para los gigantes a la pobre Sofía. Y ahí empezaron a desarrollarse los acontecimientos. ¿Sería que el Gigante Bonachón era uno de los defensores más importantes del planeta, en el ahorro de agua?

¿Conocería la información que ahora puedes ver?

No. Nada más lejos de todo esto. Él sólo quería ofrecer a Sofía, para su sed, lo mejor que tenía. Es un rasgo de generosidad impresionante. Le ofrecía algo que era como una joya de la que él disfrutaba. Le ofrecía ¡Gasipum! Tan maravilloso era el gasipum para el Gigante, que empezó a decir cosas raras con sus palabras. Seguro que lo has descubierto ya.

Cuentame

¿Cómo crees que reaccionó Sofía, cuando el Gigante le ofreció el gasipum? ¿Crees que tú habrías hecho lo mismo? Probablemente, la pregunta que te harían los mayores que te quieren y las personas de las que podemos fiarnos del todo, sería: ¿cómo se te ocurre probar algo que no conoces? Lo que has leído es literatura, donde todo es posible. Hasta que existan los gigantes, que además sean bonachones y que, encima, tengan una bebida riquísima, aunque produzca efectos de ruidos, que dan bastante vergüenza. Lo que sin duda, es bastante divertido. Pero lo que nos apetece que nos cuentes son varias cosas. A ver si puedes estrujar un poco tu memoria.

¿Hay, donde vives, alguien con tamaño suficiente como para llamarlo Gigante? Puede ser una chica o un chico. ¿Se dedica a algo en especial? ¿Juega al baloncesto? ¿Se dedica a subir a hombros a los pequeños, que hacen cola para ser los primeros que van en el gigante? ¿Te gustaría tener un tamaño para que te llamaran gigante o prefieres ser como eres?

Por si te apetece, y antes de decidir sobre tu tamaño futuro, aquí puedes ver un video sobre el hombre más alto del mundo.

En estas otras páginas nos hablan del Gran Gigante Bonachón y del próximo estreno de la película dirigida por Steven Spielberg.

Autor

Roald Dahl

Nació el 13 de septiembre de 1916 en Llandaff (Inglaterra) y murió en Oxford (Inglaterra) el 23 de noviembre de 1990.

De origen noruego. Su padre murió cuando él tenía 3 años. Fue a una escuela cercana a su casa hasta los 9 años y después a un internado en un colegio inglés. Terminó el bachillerato con 18 años. A su madre le hubiera gustado que estudiara en la Universidad pero él no quiso y comenzó a trabajar para una compañía de petróleo. Su deseo era viajar y se marchó a África. De esa época dice: “Era una vida fantástica (…) Aprendí a hablar swahili. Viajaba hacia el interior del país visitando minas de diamantes, plantaciones de sisal, minas de oro y todo lo demás. Había jirafas, elefantes, cebras, leones y antílopes por todas partes, y también serpientes…”

Se casó en 1953 y fue padre de cinco hijos a los que contaba cuentos. Escribía los libros en una cabaña que había al fondo de su casa.

Él decía que estaba siempre a favor de los niños. Le gustaban los deportes y la fotografía. Muchos de sus libros han sido llevados al cine.

El ilustrador de la mayoría de sus libros fue Quentin Blake. Este dijo de Roald Dahl que tenía la capacidad de imaginar situaciones surrealistas igual que él. Además comentó que supo crear en sus libros un mundo entre lo real y lo insólito.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Roald Dahl, además de conocer su página web y un estudio sobre su vida y obra de Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.

 

La bestia en la cueva (Segunda parte). Howard Phillips Lovecraft. Editorial Juventud (Recomendado 16-18 años)

14 May

cuentosdemonstruos

Así ocupé mi terrible vigilia (1), con grotescas conjeturas sobre las alteraciones que podría haberle producido la vida en la caverna a aquel enigmático animal. Recordé, por ejemplo, la terrible apariencia que la imaginación popular atribuía a los tuberculosos que habían muerto allí tras una larga permanencia en las profundidades. Entonces recordé sobresaltado que, aunque llegase a derrotar a mi enemigo, jamás podría averiguar cuál era su forma y aspecto, ya que mi antorcha se había extinguido hacía tiempo y yo estaba por completo desprovisto de cerillas. La tensión se hizo entonces tremenda. Mi fantasía dislocada hacía surgir formas terribles y terroríficas en medio de la oscuridad que me rodeaba y que parecía verdaderamente apretarse en torno a mi cuerpo. A punto estuve de dejar escapar un agudo grito, aunque aquella hubiera sido la mayor de las temeridades, y si no lo hice fue porque me faltaron el aire o la voz. Me sentía petrificado, clavado al lugar en donde me encontraba. Dudaba de que mi mano derecha pudiera lanzar la piedra contra la cosa que se acercaba cuando llegase el momento.

Aquel decidido “pat, pat” de las pisadas estaba ya casi al alcance de mi mano; luego, más cerca. Podía incluso escuchar la trabajosa respiración del animal y, aunque paralizado por el terror, comprendí que debía de haber recorrido una considerable distancia a juzgar por lo fatigado que estaba.

De pronto se rompió el hechizo. Guiada por mi sentido del oído mi mano lanzó con todas sus fuerzas la piedra afilada hacia el punto en la oscuridad de donde procedía aquella respiración tan intensa y creo que alcanzó su objetivo, porque escuché cómo la cosa saltaba y volvía a caer a cierta distancia y allí pareció detenerse.

Después de reajustar mi puntería, descargué un segundo proyectil, con mayor efectividad esta vez, pues oí caer la criatura, vencida por completo, y estaba seguro de que la había dejado inmóvil en el suelo. Casi agobiado por el alivio que me invadió, me apoyé en la pared. La respiración de la bestia se seguía oyendo en forma de jadeantes y pesadas exhalaciones (2), por eso supuse que no había hecho más que dejarla malherida. Y entonces perdí todo deseo de examinarla.

Finalmente, sentía un miedo tan intenso e irracional, que ni me acerqué al cuerpo yacente (3) ni quise seguir arrojándole piedras para acabar con él. En lugar de esto, decidí echar a correr a toda velocidad por el trayecto por el que creía que había llegado hasta allí. Y de pronto escuché un sonido, o más bien una sucesión de sonidos que al momento se habían convertido en agudos chasquidos metálicos. Esta vez sí que no había duda de que era el guía. Entonces grité, aullé, reí incluso de alegría al contemplar en el techo abovedado el débil fulgor de una antorcha que se acercaba. Corrí al encuentro del resplandor y, antes de que pudiese comprender lo que había ocurrido, me hallaba postrado a los pies del guía y besaba sus botas mientras balbuceaba, sin el menor pudor ni vergüenza, explicaciones sin sentido, como un idiota. Contaba con frenesí mi terrible historia a la vez que abrumaba a quien me escuchaba con exageradas expresiones de gratitud.

Volví por último a mi estado normal de conciencia. El guía había advertido mi ausencia cuando ya regresaba el grupo a la entrada de la caverna y, guiado por su propio sentido de la orientación, se había dedicado a explorar a conciencia los pasadizos laterales que se extendían más allá del lugar en que habíamos hablado juntos. Hasta que localizó mi posición tras una búsqueda de más de tres horas.

Después de que me contó esto, yo, acaso envalentonado por su antorcha y por su compañía, me puse a pensar en la extraña bestia a la que había herido en la oscuridad, a poca distancia de allí, y le sugerí que, con la ayuda de la antorcha, averiguásemos qué clase de criatura había sido mi víctima. Así que volví sobre mis pasos hasta el escenario de la terrible experiencia.

Pronto descubrimos ambos en el suelo un objeto blanco, más blanco incluso que la reluciente piedra caliza. Nos acercamos con cautela y dejamos escapar una simultánea exclamación de asombro. Porque aquel era el más extraño de los monstruos que ninguno de los dos había contemplado en toda nuestra vida.

Resultó tratarse de un mono antropoide (4) de grandes proporciones, escapado quizá de algún zoológico ambulante: su pelaje era blanco como la nieve, cosa que sin duda se debía a la calcinadora acción de una prolongada permanencia en el interior de los negros confines de las cavernas, y era sorprendentemente escaso y escaseaba en casi todo el cuerpo, salvo en la cabeza, donde era tan abundante y tan largo que le caía sobre los hombros. Tenía la cara vuelta del lado opuesto a donde estábamos, pues la criatura yacía en el suelo directamente sobre ella. La inclinación de sus pies y manos era algo peculiar y explicaba por qué la bestia avanzaba a veces a cuatro patas y a veces solo a dos, como había yo apreciado en la oscuridad. De las puntas de sus dedos salían unas uñas largas como de rata. Pero sus pies no eran prensiles (5), como cabía suponer. Eso lo atribuí a su larga residencia en la caverna que, como ya he dicho, parecía también la causa evidente de su absoluta blancura casi ultraterrena. Y parecía carecer de cola.

Su respiración se había debilitado mucho. Cuando el guía sacó su pistola con intención de dar a la criatura el tiro de gracia para rematarlo, de pronto un extraño e inesperado gemido hizo que el arma se le cayera de las manos. No resulta fácil describir la naturaleza de aquel sonido, pues no tenía el tono de ninguna especie conocida de simios. Yo me preguntaba si aquella especie de estertor (6) no sería sino resultado del silencio que durante tanto tiempo había mantenido, roto ahora por la repentina presencia de la luz que traía la antorcha. Lo cierto es que aquel inquietante gemido que se parecía a un intenso parloteo indescifrable aún continuaba oyéndose, aunque cada vez más débil. De pronto, un fugaz espasmo de energía brotó del cuerpo del animal. Sus garras hicieron un movimiento convulsivo y sus brazos y piernas se contrajeron. Con aquella convulsión, el cuerpo rodó sobre sí mismo, de modo que la cara quedó vuelta hacia nosotros.

Yo me quedé en ese instante tan petrificado de espanto ante aquella mirada que no me percibí de nada más. Eran negros aquellos ojos, de una negrura profunda que contrastaba con la extrema blancura de la piel y el cabello. Como los de otras especies cavernícolas, estaban profundamente hundidos en sus órbitas y completamente desprovistos de iris. Cuando los pude mirar con más atención, vi que asomaban de un rostro menos prominente que el de los monos corrientes, y mucho menos velludo. También la nariz era prominente.

Mientras el guía y yo contemplábamos aquella enigmática visión que se mostraba a nuestros ojos bajo la luz de la tea, sus gruesos labios se abrieron y debajo de ellos brotaron varios sonidos, después de los cuales aquella criatura se sumió en el descanso de la muerte.

El guía se aferró a la manga de mi chaqueta y tembló con tal violencia que la luz se estremeció convulsivamente, proyectando en la pared fantasmagóricas sombras en movimiento. Yo no me moví; me había quedado rígido, con los ojos llenos de horror y fijos en el suelo.

El miedo me había abandonado ya. En su lugar se fueron sucediendo los sentimientos de asombro, de compasión y respeto. Los sonidos que había murmurado aquella criatura abatida que yacía entre las rocas calizas nos revelaron la evidencia más tremenda que podíamos imaginar: la criatura que yo había matado, aquella extraña bestia de la cueva maldita, era, o lo había sido alguna vez, ¡¡¡ un ser humano !!!

NOTAS

(1)Vigilia: acción de estar despierto.
(2)Exhalaciones: suspiros, quejas.
(3)Yacente: echado, tendido.
(4)Antropoide: mono que se parece al humano.
(5)Prensiles: que se cerraban para poder agarrar.
(6)Estertor: respiración fatigosa.

Howard Phillips Lovecraft y otros. Edición y selección de Seve Calleja. Cuentos de monstruos. Editorial Juventud

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

Texto

Nuestro autor, hoy, nos plantea las dos palabras que marcan un estilo de novela. La novela gótica. Podemos oír, en la página de la UNED, dedicada a dos distinciones, lo siguiente: el terror despierta las facultades. Sin embargo, el horror produce el efecto contrario. Las paraliza. En nuestro texto, parece que Lovecraft escribe sobre esta diferenciación: “La horrible suposición que se había ido abriendo camino en mi ánimo poco a poco era ahora una terrible certeza. Es decir: horrible (que causa horror) pasa a terrible (que causa terror). De una suposición a una certeza. El protagonista pasa por todos los estados anímicos, no perdiendo, por voluntad propia y a pesar de todos los inconvenientes que van surgiendo (hasta se extingue su antorcha que le alumbraba) la lucha por la existencia: “Sin rendirme” –dice. Y un poco más adelante: “Pero el instinto de conservación, que nunca duerme del todo…” y decidí vender mi vida lo más cara posible ante quien me atacara.

Dentro de la terrible situación por la que está pasando, lo que nunca abandona es la lógica, su lógica, aplicada a las más extrañas e inesperadas situaciones: horrendas pisadas de zarpas, qué especie animal sería la que iba por él y un largo etcétera.
Palabra magica

Hoy la palabra mágica es miedo. Sí, quizá lo hayas pasado alguna vez. El miedo, en los humanos, es una «perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo real o imaginario». Es la definición que da el diccionario de la RAE.

El autor nos lo dice de forma clara y rotunda: “finalmente, sentía un miedo tan intenso e irracional…” Sabía que no disponía de una razón para el temor. ¿Será, quizá, ese sentimiento irracional, es decir, que no tiene una razón en la que fundarse, el que aparece en diferentes tipos de seres animales?

Veamos, si no, el siguiente video, que desmonta determinados conceptos que tenemos, en los dos animales protagonistas. Pensemos sólo antes en lo siguiente: ¿Cómo concebimos la relación que existe entre los perros y los gatos? ¿Cuáles de las siguientes palabras utilizaríamos, para definir esa relación perro-gato?

Amistad.  Enemistad.  Juego.  Miedo.  Ayuda.  Ignorancia

Fíjate ahora en la película de esa relación, a ver si coincide con tu pensamiento o es más lo contrario de lo que pensabas.

Cuentame

Seguro que tienes en tu mente y recuerdas historias. Muchas historias de miedo, auténtico miedo. Hoy es tu oportunidad. ¿Se podría hacer una película de tu historia? ¿Crees que habría gente que tuviera que salir del cine agarrándose a un amigo o a una amiga, para poder llegar al autobús o al metro que te lleva a casa? Todo es posible. Puede que sea tu primera experiencia como guionista de películas de cine. Aquí tienes algunas indicaciones de cómo se puede realizar un guión.: Paso a paso, Carlos Bianchi y su propuesta, y un concurso de guiones

Autor

Howard Phillips Lovecraft

Nació el 20 de agosto de 1890 en Providence (Estados Unidos) y murió el 15 de marzo de 1937 en la misma ciudad.
Recitaba poesía a los dos años, leyó a los tres y empezó a escribir a los seis años de edad. Debido a su mala salud, no asistió al colegio hasta los ocho años y lo abandonó al poco tiempo. Fue una persona solitaria que dedicaba su tiempo a la lectura, la astronomía y a cartearse con otros aficionados a la literatura. Innovó el género de terror al acercarlo a la ciencia-ficción.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos en la página de español dedicada al autor.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

La bestia en la cueva (Primera parte). Howard Phillips Lovecraft. Editorial Juventud (Recomendado: 16-18 años)

7 May

cuentosdemonstruos

Este es uno de los primeros relatos del autor, escrito a los quince años de edad como imitación del género gótico, en el que se iniciaba. Sus cuentos nos hablan de espíritus malignos y mundos oníricos, poblados de bestias y seres extraños, pesadillas, muerte y locura, porque quieren expresar la soledad y la pequeñez del ser humano frente a un universo infinito y hostil.

La horrible suposición que se había ido abriendo camino en mi ánimo poco a poco era ahora una terrible certeza. Estaba perdido por completo, perdido sin esperanza en aquel inmenso y laberíntico recinto de la caverna de Mamut. Dirigiese a donde dirigiese mi vista, por más que la forzara, no lograba encontrar ningún objeto que me sirviese de punto de referencia para alcanzar el camino de salida. No podía albergar la menor esperanza de volver a contemplar ya nunca más la bendita luz del día, ni de pasear por los valles y las colinas del hermoso mundo exterior.

La esperanza se me había desvanecido. A pesar de todo, educado como estaba por una vida entregada por entero de estudios filosóficos, sentí una cierta satisfacción de estar comportándome sin apasionamiento como lo hacía. Había leído con frecuencia la angustia y la obsesión en que caían las víctimas de situaciones similares a la mía, y sin embargo no experimenté nada de todo eso, es más, logré permanecer tranquilo en cuanto comprendí que estaba perdido.

Y tampoco me hizo perder la compostura un solo instante la idea de que era muy probable que hubiese vagado hasta más allá de los límites en los que seguramente me buscarían. Si tenía que morir, pensé, aquella caverna tan terrible como majestuosa sería un sepulcro mejor que el que pudieran ofrecerme en cualquier cementerio; así que había en esta reflexión una dosis mayor de tranquilidad que de desesperación.

Mi destino final sería perecer de hambre, estaba seguro de ello. Sabía que algunos se habían vuelto locos en circunstancias como esta, pero yo no pensaba acabar así. El único causante de mi desgracia era yo por haberme separado del grupo de visitantes sin que el guía lo advirtiera. Y, después de vagar durante una hora aproximadamente por las galerías prohibidas de la caverna, me sentí incapaz de volver atrás por los mismos vericuetos tortuosos que había seguido desde que abandoné a mis compañeros.

Mi antorcha comenzaba a extinguirse, pronto me hallaría en la oscuridad más absoluta en las entrañas de la tierra. Y, mientras me encontraba bajo la luz mortecina y evanescente que aún daba, medité sobre las circunstancias exactas en las que se produciría mi próximo final. Recordé los relatos que había escuchado acerca de la colonia de tuberculosos que establecieron su residencia en estas mismas grutas inmensas con la esperanza de encontrar la salud en el aire sano del mundo subterráneo, cuya temperatura era uniforme y en cuya quietud se sentía una apacible sensación, y que, en vez de la salud, habían encontrado una muerte horrible.

Al pasar junto a ellas en el grupo de visitantes, había visto las tristes ruinas de sus viviendas rudimentarias; y me había preguntado qué clase de influencia podía ejercer sobre alguien tan sano y vigoroso como yo una estancia prolongada en esta caverna inmensa y silenciosa. Y, mira por dónde, me dije, ahora había llegado la oportunidad de comprobarlo, suponiendo que la necesidad de alimentos no apresuraba mi fallecimiento.

Sin rendirme, y mientras se desvanecían en la oscuridad los últimos destellos espasmódicos de mi antorcha, resolví no dejar piedra sin remover, ni despreciar ningún medio de posible fuga, de modo que, haciendo toda la fuerza que pude con mis pulmones, proferí una serie de fuertes gritos, con la esperanza de que mi berrido atrajese la atención del guía. Sin embargo, mientras gritaba desgañitándome, pensé que mis llamadas no tenían objeto y que mi voz, aunque sonara amplificada por los muros de aquel negro laberinto que me rodeaba, no alcanzaría a más oídos que a los míos propios.

Y sin embargo, de repente me sobresalté al imaginar –porque seguro que no era más que cosa de mi imaginación- que se escuchaba un suave ruido de pasos que se aproximaban por el rocoso pavimento de la caverna. ¿Y si en realidad estaba a punto de recuperar por fin la libertad? ¿Y si habían sido inútiles todas mis horribles aprensiones? ¿Se habría dado cuenta el guía de mi ausencia en el grupo y habría seguido mi rastro por el laberinto de piedra caliza?

Alentado por tantas halagüeñas dudas como me afloraban en la imaginación, me sentí dispuesto a volver a pedir socorro a gritos para que me encontraran lo antes posible. Pero mi gozo se vio de repente convertido en horror: mi oído, que siempre había sido muy fino y que estaba ahora mucho más agudizado gracias al largo y completo silencio de la caverna, me trajo a la mente la sensación inesperada y angustiosa de que aquellos pasos no eran los de ningún ser humano. De haber sido los pasos del guía, que sé que llevaba botas, hubieran sonado como una serie de golpes agudos y cortantes en la quietud ultraterrena de aquel lugar. En cambio, estos impactos parecían más blandos y cautelosos, como causados por las garras de un felino. Además, al escuchar con más atención, me pareció distinguir las pisadas de cuatro patas en lugar de dos pies.

Quedé entonces convencido de que mis gritos habían despertado y atraído a alguna bestia feroz, quizá a un puma que se hubiera extraviado accidentalmente en el interior de la caverna. Y consideré que tal vez el Todopoderoso hubiera elegido para mí una muerte más rápida y piadosa que la que hubiera padecido por hambre. Pero el instinto de conservación, que nunca duerme del todo, se agitó en mí, y, aunque la posibilidad de escapar del peligro que se aproximaba era inútil y solo conseguiría prolongarme más el sufrimiento, decidí vender mi vida lo más cara posible ante quien me atacara.

Por extraño que parezca, solo podía atribuir al visitante que fuera intenciones hostiles. Así pues, me quedé muy quieto, con la esperanza de que la bestia o lo que fuera, al no escuchar ningún sonido que le diera la pista de dónde estaba, perdiese el rumbo, lo mismo que me había sucedido a mí, y pasase de largo a mi lado. Pero no, no iba a tener tanta suerte: aquellos extraños pasos avanzaban sin titubear. Era más que evidente que el animal había sentido mi olor, que sin duda podía olfatear a gran distancia en una atmósfera tan poco contaminada de otros aromas como la caverna.

Me di cuenta, por tanto, de que debía estar armado para defenderme de un misterioso e invisible ataque en la oscuridad y tanteé a mi alrededor en busca de los mayores fragmentos de roca que pudiera palpar entre los esparcidos por todas partes en el suelo. Y, tomando uno en cada mano, esperé con resignación la inevitable presencia.

Mientras tanto, las horrendas pisadas de las zarpas se aproximaban. La verdad es que resultaba bastante extraña la conducta de aquella criatura, porque, la mayor parte del tiempo, las pisadas parecían ser las de un cuadrúpedo que caminara con una singular falta de concordancia entre las patas anteriores y posteriores, y sin embargo, a ratos, me parecía que solo eran dos patas las que se acercaban. Y me preguntaba cuál sería la especie de animal que venía a enfrentarse conmigo. Debía de tratarse de alguna bestia desafortunada que había pagado cara como yo la curiosidad que la había llevado a investigar una de las entradas de la gruta y le reservaba un confinamiento de por vida en su interior. Seguramente había podido sobrevivir a base de los peces ciegos, los murciélagos y las ratas de la caverna, arrastrados a su interior en cada crecida del Río Verde, que comunica cualquiera sabe por dónde con las aguas subterráneas.

Howard Phillips Lovecraft y otros. Edición y selección de Seve Calleja. Cuentos de monstruos. Editorial Juventud

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 14-16 años (Época 2)

29 Ene

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 textos publicados de la época segunda, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

1 El cero reyJuan José Millás.
El libro del que hemos tomado este texto es Números pares, impares e idiotas, editado por SM.
Vamos a ver un poco los problemas del cero, en el texto que nos cuenta Millás.
En el Sistema Métrico Decimal, adonde lo enviaron esos licenciados que no eran nada ni sabían nada, el cero fue recibido con todos los honores. No olvidemos que el Sistema Métrico Decimal lo define la Real Academia Española de la siguiente manera:
«El de pesas y medidas que tiene por base el metro y en el cual las unidades de una misma naturaleza son 10, 100, 1000, 10000 veces mayores o menores que la unidad principal de cada clase».

Lo que sí conocemos es una expresión que se usa en español: Es un cero a la izquierda. Es decir, no vale nada, no sirve para nada. Tampoco el cero sale muy bien parado de esta expresión. Ahora leerás una serie de expresiones en nuestra lengua. Tienes que unirlas con el significado de cada una.

1 Ahogarse en un vaso de agua
2 Mucho ruido y pocas nueces
3 No dar un palo al agua
4 Salvarse por los pelos
5 Ser un aguafiestas
6 Tomar el pelo a alguien

a) Burlarse de alguien
b) Fastidiar cualquier cosa
c) No trabajar nada
d) Ver difícil algo, aunque sea sencillo
e) Salvarse en el último instante
f) Parecía algo importante y no lo era

Conseguir las combinaciones perfectas vale 15 puntos. En efecto: 15 puntos. Demuestra ahora tu conocimiento del español.

2 Mostaza, mi amigo de toda la vida. Elvira Lindo.
El libro del que hemos tomado este texto es Cómo molo, editado por Seix Barral.

Manolito tiene una banda. Pero como Manolito habla muy cheli, hay que comprobar que entendemos bien lo que nos cuenta. Si no, no conseguimos del todo lo fantásticos que son los textos de Elvira Lindo, la autora. A ver si, por casualidad, te encuentras con él o con Mostaza y resulta que no los entiendes. Empecemos por saber quién era la sita. ¿Cuál de estos significados crees que es bueno para saber quién es la sita? Te juegas 10 puntos. 10 Puntos.

1 Sita es una canción, que cantaba un chico que imitaba a Tutto Pavarotti.
2 Sita es una chica, amiga, que se llamaba Elisita.
3 Sita es una apócope, es decir, una palabra a la que se ha suprimido algún sonido, de la palabra señorita, que es la profesora.

Manolito estaba muy contento. De hecho, el título del libro de Elvira, lo demuestra. ¿Lo recuerdas? Sí, claro que te acuerdas. Es Cómo molo. ¿Te juegas ahora 5 puntos si señalas correctamente la definición de molar?

1 Molar es algo relativo a las muelas.
2 Molar es gustar; algo que resulta bien, estupendo.
3 Molar es hablar idiomas.

Y ahora, para recordar cosas que ya sabes:
Apócope: supresión de algún sonido al fin de un vocablo. Ej. Primer por primero
Sinónimas: dicho de una palabra o de una expresión: Que tiene una misma o muy parecida significación.

3 El ambiente se caldea . Thomas Byrne y Tom Cassidy.
El libro del que hemos tomado este texto es Cómo salvar al mundo con el aliño de ensalada y otros problemas científicos insólitos, de la editorial Alianza.

Pero ¿y si pensamos en otros platos de cocina que no sea el aliño de ensalada, como nos plantean los autores en el título de este libro?
Pues bien; por si acaso no se te ocurren así, de pronto, qué otros platos de cocina conoces, aquí vas a leer unos cuantos. Demostrarás tus dotes de chef de cocina uniendo los nombres de los platos, con los ingredientes que llevan. Es decir, los alimentos de que se compone ese exquisito plato. Cuando lo hagas, añadirás en qué momento de la comida se come esa exquisitez: ¿es un primer plato? ¿Un segundo plato? ¿Un delicioso postre?

Adelante chef. Si lo consigues, ganarás 17 puntos en tu casillero. ¡Que tengas suerte y que aproveche!

Platos de cocina

1 Gazpacho
2 Paella
3 Ensalada
4 Albóndigas
5 Macedonia de frutas

Ingredientes      
¡Atención, chef! Algunos ingredientes pueden entrar en varios platos.
a) Manzanas
b) Aceite de oliva
c) Carne picada
d) Tomates
e) Arroz
f) Escarola
g) Pimientos
h) Pepinos
i) Ajo
j) Plátano
k) Cebollas
l) Pollo
m) Gambas
n) Naranjas
ñ) Sal
o) Huevos

4 La isla Brasil. Vicente Muñoz Puelles.
El libro del que hemos tomado este texto es Cuentos y leyendas del mar, de la editorial Anaya.

Pues bien. Aunque tengas muchas ganas de leer este libro, que tiene un título tan fantástico, haremos una cosa, que luego te vendrá bien. Va a ser poco tiempo, el que empleemos. Di cuál de las siguientes definiciones corresponde a la palabra cuento y cuál a la palabra leyenda. Puedes luego empezar tu lectura, con unos estupendos 9 puntos. Sí 9 puntos. Utiliza el diccionario y tendrás resuelta esta pregunta.

Marca cada definición con un L, si es leyenda. Con una C, si es cuento y con X manifestarás que no es ni leyenda ni cuento.

1 Relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.
2 Acontecimientos que se cuentan utilizando la poesía.
3 Obra de teatro que presenta situaciones de mucho humor.
4 Composición literaria breve en la que casi siempre los personajes son animales.
5 Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención.

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 14-16 años
1 Las respuestas correctas son: 1-d; 2-f; 3-c; 4-e; 5-b; 6-a
2 Las respuestas correctas son. Para los diez puntos, la número 3. Para los cinco puntos, la número 2.
3 Las respuestas correctas son:
1 Gazpacho: d) tomates; g) pimientos; h) pepinos; i) ajo; b) aceite de oliva; ñ) sal.
2 Paella: e) arroz; b) aceite de oliva; k) cebollas; l) pollo; m) gambas; d) tomate; g) pimiento; ñ) sal.
3 Ensalada: f) escarola; d) tomate; k) cebolla; b) aceite de oliva; h) pepino; ñ) sal, o) huevos
4 Albóndigas: c) carne picada; i) ajo; k) cebolla; b) aceite de oliva; d) tomate; ñ) sal; o) huevos
5 Macedonia de frutas: a) manzanas; j) plátanos; n) naranjas.
4 Las respuestas correctas son: 1-L; 2-X; 3-X; 4-X; 5-C

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 9-11 años (Época 2)

29 Ene

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 textos publicados de la época segunda, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

1 CuraciónMario Lodi.
Es un texto precioso y muy sencillo. No aparecen muchos personajes. ¿Sabes qué es un personaje?
Elige, entre estas propuestas, la verdadera (hay un premio de 3 puntos, si lo consigues).

  1. Personaje es alguien muy famoso dedicado a la política.
  2. Personaje es cada uno de los seres humanos, animales, cosas, etc., que intervienen en una obra literaria, teatral o cinematográfica.
  3. Personaje es el nombre que se le pone a los pájaros o a cualquier otro animal, para llamarlo en casa o en el campo.

La siguiente pregunta es todavía más fácil. ¿Cuántos personajes hay en la lectura?  Si eliges la respuesta correcta, ganarás 5 puntos.

  1. En la lectura hay un personaje, un gorrión.
  2. En la lectura hay cinco personajes: Cipi, la gorrioncilla, el color plata, el color amarillo y los ojos violetas de una planta.
  3. En la lectura hay dos personajes: Cipi, que es el gorrión y la gorrioncilla, que no podía salir todavía.

2 Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgreen.
¿Recuerdas por qué la protagonista se llama Pippi? ¿Y qué es Pippi? ¿Y Calzaslargas? Elige las respuestas correctas, para conseguir 5 puntos. Te proponemos que veas el video que sigue, porque puede que te ayude.

  1. Pippi es un nombre que le gustaba a la protagonista y por eso se lo puso.
  2. Pippi es la abreviatura de Pippilotta, que según su padre, era demasiado largo. Calzaslargas es porque así se apellidaba el padre de Pippi.
  3. El nombre de Pippi se lo puso porque era muy cortito.

3  Patricia con PCarlos Murciano.
Hoy le vamos a pedir un favor a Carlos Murciano, que seguro que nos lo concede. Y los protagonistas vais a ser vosotros. Os convertiréis en escritoras y escritores, ayudados por Carlos, un gran poeta. Podéis conseguir, si realizáis bien este trabajo de poesía, una fantástica cantidad. Nada menos que 15 puntos. Si en la poesía del autor hay muchas pes (Patricia, pinta, palomo, pillo, panzudo, pequeño…), ahora tienes que elegir otra letra. Por ejemplo la d o la r, o la s y hacer, con la ayuda de la poesía de Carlos Murciano, otro poema. Tienes total libertad para elegir tú la letra que quieras. Ponemos sólo un ejemplo, con la letra d:

Diana dibuja un dado
verde, azul y morado.
Darío no se decide
a dibujar un tejado.

Él prefiere estar callado
y Diana se ha enfadado.
Si no pintas el tejado,
no jugarás con mi dado.

Ahora vas a hacer algo que tú ya sabes hacer. Cuenta las sílabas de cada verso. ¿Cuántas tiene cada uno? Elige la repuesta correcta y conseguirás otros 5 puntos.

  1. Cada verso tiene un total de 9 sílabas.
  2. Cada verso tiene un total de 8 sílabas.
  3. Cada verso tiene un total de 12 sílabas.

4  Los elefantes salvan al becerro. Hilary Ruben.
Konyek, el protagonista, tenía que estar muy atento a su paso. Murciélagos, liebres que echaban a correr y hasta un leopardo, un peligroso leopardo que había pasado, porque Konyek vio sus huellas. Pero lo más tremendo fue cuando observó a aquellos animales rayados, las cebras, que huían de las sanguinarias hienas. La verdad es que hubo mucha suerte. La llegada de aquellos majestuosos elefantes salvó la vida del becerro. Y Koniek estaba feliz. Lo había conseguido.

Hoy nos vamos a convertir en exploradoras y exploradores de nuestro objetivo: las palabras. Aunque el mundo animal y el del hombre que vive en África sean muy distintos a lo que investigaremos ahora, hay algo que nos une. La importancia de la atención y el conocimiento de nuestro entorno.

Nuestro mundo, ahora, son las palabras. Encontrarás varias y tu misión consiste en colocarlas donde les corresponda. Ponemos un ejemplo, para que te sirva de orientación. La palabra para investigar es lentamente. La casilla que le corresponde es la de adverbio.

Las palabras que hay que situar en su sitio son: la / reconocer / a/ ferozmente / rocosa / colina /

1 Nombre
2 Adjetivo
3 Verbo
4 Preposición
5 Adverbio
6 Artículo

La prueba, completada correctamente, tiene un valor de 9 puntos.

5 Pobre Socky. John Newman
La muerte de mamá fue lo más triste que les había sucedido. Papá no sabía ni que estaba en el mundo. Bastante hacía con preparar las pizzas para cenar. Pero ¿les gustaban esas pizzas a Sally, a Mimi y a Conor? La verdad es que como modelo de alimentación no es muy recomendable. A propósito. ¿Qué tal te alimentas tú? Ahora tienes la oportunidad de ver una página, donde algunos profesionales nos cuentan qué cosas son sanas para nuestra dieta. Hoy no vamos a puntuar nosotros tu trabajo. Te vas a puntuar tú. Sí, puedes elegir una valoración del 5 al 10, dependiendo de lo que dicen que es sano para ti y lo que tú comes. Puedes considerarte como una de las personas mayores que intervienen en el programa. No te preocupes. Lo importante es que seas sincera o sincero contigo y compruebes, de verdad, si tu alimentación es saludable o no. Si escribes sin faltas de ortografía y bien puntuados, obtendrás la cantidad de 10 puntos. Sí, 10 puntos. Creemos que merece la pena.

6 Cuentos como pulgas. Beatriz Osés
Vamos a releer algunas frases que ha escrito la autora, Beatriz Osés, como títulos de esos Cuentos como pulgas: Las lágrimas de la jirafa, Esperando la lluvia, Quiero volar y Tobogán. Hay, en las páginas de estos títulos, una serie de letras que, como buenas investigadoras y buenos investigadores, podéis completar.

Las siguientes páginas que ahora verás, pueden parecerte algo infantiles, en su presentación y realización. Pero quizá os resulten interesantes, para recordar ideas. Estas dos primeras, para la distinción b/v
La tercera, para la distinción  g/j
Y esta cuarta y última, para la distinción ll/y 
No olvidemos la visita al diccionario, que es fundamental, para conseguir lo que necesitas, si se trata de palabras.

Ahora, después ver estas páginas y hacer un entrenamiento con los ejercicios que plantean, nos queda lo más importante para tu contador de puntos. Demuestra que eres capaz de escribir las letras que faltan. Lo puedes hacer en el ordenador,  (como pista, te diremos que son palabras que aparecen en el texto).

Si consigues ponerlas todas, habrás ganado 6 puntos.

Llu-ia
cue-o
hier-as
-igantescas
a-itaron
enco-er
-egar
llo-er
-entana
to-ogán
a-itaron
-irafa

 7 El olmo del paseo. Ignacio Sanz martín

Hoy vamos a recorrer los caminos del vocabulario. Leeremos una serie de Frases hechas, partiendo de “contra viento y marea”, que ya hemos comentado. Dijimos en el apartado cuéntame lo que significa contra viento y marea. ¿Sabes lo que significan las siguientes expresiones? Si consigues unir la frase hecha (en números) a su significado correcto (en letras), lograrás 7 puntos.

  1. Va como una tortuga.
  2. Darse un castañazo.
  3. Vas a criar ranas en la tripa.
  4. Es como una mula.
  5. Duerme como una marmota.

a) Es muy terco o terca. No hay manera de convencerlo o convencerla. b) Va muy despacio. c) Darse un golpe fuerte. d) Duerme muchísimo. e) Bebe muchísimo de todo: agua, refrescos, zumos, etc.

8 Querida abuela. Christine Nöstlinger

¿Qué tal tienes tu memoria? Seguro que estupendamente. Ya lo verás. Vamos a hacer unos ejercicios, como si estuviéramos en un gimnasio, o en un campo de baloncesto, o echando una carrera con amigas y amigos, o lo que más te guste. Pero nuestros ejercicios de hoy son diferentes. A lo mejor, hace tiempo que no practicas uno. Consiste en recordar, durante el tiempo que necesites, una carta. Por ejemplo, la última que escribiste. Responde primero a las siguientes preguntas:

1 ¿A quién le dirigías la carta? ¿Qué pones antes que nada, en tu carta?
2 ¿Cuándo la escribiste? ¿Por qué la escribiste? ¿Era una noticia nueva? ¿Te sucedió algo bueno o, por el contrario, fue una mala noticia?
3 ¿Qué relación tienes con el receptor o receptora de esa carta? ¿Esa un familiar tuyo?
4 ¿Qué sistema utilizaste para escribir la carta? ¿Fuiste a la papelería a comprar papel y sobre, para enviarla? ¿Te acordaste de poner el sello? O, como te lo sabes de memoria, ¿decidiste enviar un correo electrónico?
5 ¿Esperabas la contestación a tu carta?

Y ahora, el gran momento de tu carta. Esta vez va a ser por correo electrónico.
Tú puedes poner: Queridos amigos… Y ahí tu nombre.

9 Un cesto lleno de palabras.  Juan Farias
Nieve. Es una palabra que, cuando cae, pesa poco. Pero ¿y cuando se juntan cientos, miles, millones de copos de nieve? Puede que alguna vez, hayas visto una gran nevada y pudiste hacer unas buenas bolas. Vamos a jugar ahora con palabras que pesen y se escriban con b. Por ejemplo bola. Escribe ahora, tres palabras más que pesen y se escriban con b. Es fácil, porque sólo tienes que rellenar las letras que faltan. ¡Cuidado, porque hay algunas que pesan poco y otra pesa más, pero se escribe con v!

-arco
-aile
o-eja
-icicleta
-i-lioteca

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 9-11 años

1 La respuesta correcta es la número 3
2 La respuesta correcta es la número 2
3 La respuesta correcta es la número 2
4 Las respuestas correctas son: la (artículo), reconocer (verbo), a (preposiicón), ferozmente (adverbio), rocosa (adjetivo), colina (nombre).
6 Las respuestas correctas son. lluvia, cuello, hierbas, gigantescas, agitaron, encoger, llegar, llover, ventana, tobogán, agitaron, jirafa.
7 Las respuestas correctas son: 4-a, 1-b, 2-c, 5-d, 3-e
9 Las respuestas correctas son: barco, baile, oveja, bicicleta, biblioteca

Un cesto lleno de palabras. Juan Farias. Editorial Anaya (Recomendado: 9-10 años)

22 Ene

cesto-palabras

Nieve es una palabra leve, que se escribe con v y hay que dejarla caer, despacio, a que no haga ruido al posarse en el suelo.
Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Nevó toda la noche, nevó en silencio, y por la mañana, la nieve lo cubría todo y los tejados.
En el prado, detrás de la iglesia, Pedro, Paula y los otros rapaces, hicieron un muñeco de nieve y lo llamaron Tomás.
Después, todos tuvieron que ir a cambiarse de calcetines, tomar un vaso de leche caliente y quedarse en casa.
Pedro y Paula, en casa de Paula, se sentaron delante del fuego de leña, a ver un libro de láminas que también estaban nevadas.
En una de las láminas había un lobo gris, un explorador blanco y una princesa esquimal.
El lobo gris se acercaba despacio.
El explorador blanco, que era novato en esto de andar por las nieves eternas, cargó su escopeta, desenfundó su cuchillo, se dispuso a una lucha a muerte.
Pero la princesa esquimal, que de fríos, nieves y lobos lo sabía casi todo, dijo:
-Sólo tiene hambre. Dale tu bocadillo de atún y verás cómo en vez de amenazar, sonríe y da las gracias.
A Pedro le pareció que el final del cuento era poco emocionante.
Pero le gustaba estar allí, con Paula, sentados al calor del fuego.
Pasada la media noche, salió la luna a encender el silencio de la nieve.
Arriba, en el prado, detrás de la iglesia, Tomás, el muñeco, midió la zanahoria que le habían puesto en la nariz.
Me hubiera gustado más corta y algo respingona –pensó.

Juan Farias. Un cesto lleno de palabras. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
RECURSOS
Texto
Cuando lees el texto de Juan Farias, es como si las palabras te dijeran cosas de la vida. No es un mundo que está lejos, que no conocemos. Es nuestra vida, la de todos los días. Lo que de verdad pasa. Los protagonistas podemos ser nosotras o nosotros. Son palabras con las que Juan llena un cesto, como dice el título del libro a que pertenece este texto: Un cesto lleno de palabras.
Pues este texto nos deja, después de leerlo, jugar. Sí. Jugar a las palabras. No es un juego de palabras, sino un juego con palabras.
El juego consiste en llenar un cesto nosotros.
¿Tienes algún cesto grande? Puede valer un cubo de plástico, una papelera, donde echas los papeles que sólo sirven para reciclarlos, una caja que siempre está en casa vacía, pero la guardamos porque es muy bonita… Seguro que encuentras algo para llenar con palabras. Dice el texto: Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Ahora te toca a ti recordar o, si prefieres, imaginar. ¿A qué te recuerdan o imaginas que dicen estas palabras?

La palabra viento me recuerda a…
La palabra lluvia me recuerda a…
La palabra calor me recuerda a…
La palabra fiesta me recuerda a…
La palabra frío me recuerda a…
La palabra fin me recuerda a…

Palabra magica

Al igual que en la primera época de Los Fundamentales, valoraremos, en cada uno de los textos seleccionados, esa palabra clave, que nos permitirá un aprovechamiento de diferentes aspectos en lugares como, por ejemplo, el aula, la biblioteca, el hogar, etc. Ni que decir tiene que no son sólo para el lugar educativo, sino que se adentran en el desarrollo esencial de la persona, en múltiples facetas. Nos posibilita acercarnos a nuestra lengua, a nuestro Medio Natural y también a la Inteligencia emocional y a las capacidades afectivas de las lectoras y de los lectores.

La palabra mágica de hoy es láminas. Son las láminas de ese libro que veían Pedro y Paula, sentados delante del fuego. No tenemos ese libro, ni estamos delante de un fuego de leña. Pero hemos encontrado unas imágenes que te gustarán. Por eso estamos en una palabra mágica: láminas que se transforman en imágenes en movimiento:
Lobo 
Exploración
Esquimales
Cuentame
A Pedro le pareció que el final del cuento del lobo, el explorador y la princesa esquimal era poco emocionante. ¿Cómo crees que le habría gustado a Pedro que acabara el cuento? ¿Conoces tú alguna historia que te pareció emocionante, cuando te la contaron o cuando la leíste? De lo que sí te acuerdas, a lo mejor, es de alguna película que has visto. Pero lo más difícil: ¿te acuerdas de cómo se llamaba aquella película tan emocionante? ¿Cuándo la viste? ¿La viste con alguien?
Autor
Juan Farias
Nació en Serantes (A Coruña) el 31 de marzo de 1935 y falleció en Villaviciosa de Odón (Madrid) el 11 de junio de 2011.
Estudió náutica y se embarcó en la Marina Mercante. Fue un viajero incansable y dio la vuelta al mundo en dos ocasiones. Comenzó su dedicación a la literatura para niños y jóvenes en la década de los 60 del siglo pasado. Fue autor de guiones para radio y televisión. Ha obtenido varios premios, entre ellos el Premio Nacional de Literatura Infantil en 1980 por la obra Algunos niños, tres perros y más cosas, y fue candidato al Premio Andersen en 2002 y en 2004.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos en Cervantes y Canal Lector

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

La isla Brasil. Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya (Recomendado: 14-16 años)

4 Dic

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Durante el siglo XIV se habló de otra isla fabulosa, que llevaba el nombre de Brasil o Hy Brasil. Se la solía situar en el Atlántico, al oeste de Irlanda, y los mitos irlandeses contaban que siempre estaba rodeada de una niebla infranqueable, salvo un día cada siete años. Ese día podía ser vista, pero no alcanzada.
Pese a llevar un nombre idéntico, no parece tener relación con el país sudamericano descubierto por exploradores portugueses en 1500, que al principio fue bautizado como Tierra de la Santa Cruz.
Para algunos era un resto de la Atlántida. Para otros, la misma isla que la de san Brandán. Una tradición irlandesa pretende que la isla Brasil se llama así en honor de los descendientes del clan Breasal, uno de los más antiguos del noroeste de Irlanda.
La isla Brasil figura en una carta de navegación del Atlas de los Medici, de 1531. En un mapa de 1367 se convierte, como por arte de magia, en tres islas, llamadas Braçir. En cartas posteriores aparece con los nombres de Bracir, Braxil, Brazille, Brasile, Bracie, Bresily, Bersil, Brazilae, Bresilji, Braxilis, Branzilae, O’Brassil. Ninguna isla real o imaginaria se ha llamado de tantas maneras.
Ha sido vista en diferentes lugares del océano, y tiene tantos nombres como formas. En algunos mapas se muestra como circular, con un río que la recorre de este a oeste. En otros, en cambio tiene forma de pez o de tortuga.
En 1647, el capitán británico John Nisbet navegaba al oeste de Irlanda por unas aguas que él y su tripulación conocían bien. Se había retirado a descansar cuando su segundo llamó a la puerta del camarote.
-¿Qué ocurre? –preguntó Nisbet.
-Hay una niebla espesa como un muro, capitán.
-¿Por dónde?
-Por todas partes.
-¿Cree usted que yo debería estar en cubierta?
-Sí, capitán.
Nisbet abandonó el camarote con rapidez. La niebla rodeaba el barco tan estrechamente que parecía posible, con sólo extender un brazo sobre la borda, entrar en contacto con algún ser sobrenatural.
-Nunca he visto una niebla así –dijo Nisbet.
-Tampoco yo. Por eso le he llamado. Es como si no quedara una estrella en el cielo.
Estuvieron observando el mar con aprensión (1). Al cabo de unas horas, lentamente, el aire se fue aclarando. Cuando la niebla se levantó por completo, descubrieron que el barco estaba peligrosamente cerca de unas rocas y a la vista de una isla.
Echaron el ancla. Cuatro miembros de la tripulación bajaron el bote y remaron hacia la costa, que no podía pertenecer sino a la legendaria Brasil.
Pasaron un día entero en tierra, y volvieron a bordo cargados de oro y plata, en forma de joyas, monedas y lingotes. Contaron que la isla estaba infestada de conejos negros, y que en ella había un castillo de piedra, donde vivía un viejo mago.
-Es un mago muy rico –le explicaron al capitán-. Tiene un gran tesoro a su cargo, y nos ha dicho que, si volvemos, nos dará mucho más.
El capitán iba a mandarles que subieran de nuevo al bote, pero entonces la niebla se alzó, y las estrellas se fueron apagando.
A la mañana siguiente, todas las miradas se dirigían hacia el lugar donde debía estar la isla. El ancla seguía en su sitio, pero no había huella de tierra alguna.
Por suerte para el capitán y la tripulación, el tesoro permanecía a bordo del barco.

(1)  Aprensión: temor, sospecha, desconfianza.

Vicdente Muñoz Puelles. Cuentos y leyendas del mar. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores
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RECURSOS

Texto
Emocionante el texto de aquella que se creía isla fabulosa. Pronto nos sitúa el autor en la historia. Podemos poseer esas incógnitas del tiempo, que ha ido formando y forjando la geografía, la vida y hasta los espíritus de los seres humanos. Aquí aparecen, en ese viaje fantástico que nos brinda el autor, una Irlanda con tradiciones milenarias, aquella mítica Atlántida y otras leyendas, sabiendo que una leyenda es, según el diccionario de la RAE, la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.

 Palabra magica                            

Hoy la palabra mágica es fabulosa. Sí, sabemos que es una palabra que tiene varios significados. Es por tanto, polisémica. En el diccionario de la RAE encontramos estas definiciones para la palabra fabuloso o fabulosa:

  1. Quimérico, fingido, que no tiene realidad y consiste solo en la imaginación.
  2. Perteneciente o relativo a la fantasía.
  3. Presuntuoso y entonado.
  4. Magnífico, excelente.

Sabiendo que el libro a que pertenece este texto se llama Cuentos y leyendas del mar, ¿qué crees que significa que durante el siglo XIV se habló de Brasil como de una isla fabulosa? Elige la respuesta correcta.

  1. a) Brasil se consideró, durante muchos siglos, una isla fabulosa, lo cual no deja de ser una leyenda. Algo fantástico, fruto de la fantasía. Pero irreal.
  2. b) Brasil empezó a considerarse desde que existe la palabra fútbol.
  3. c) Brasil se consideró una isla donde se robaban los tesoros de los barcos.
  4. d) Nadie conocía el país que se denominaba Brasil. Nunca se había visto, por la niebla.

(Solución: la respuesta correcta es la a.)

Cuentame
No sabemos, lógicamente, cómo fue tu último viaje. Sí, aquel que conseguiste después de tanto esfuerzo por convencer a los mayores. Sabemos que algo mágico, fabuloso, se produjo en aquel viaje. ¿Eras tú quien iba al final del autobús, el que ponía, con unas letras muy grandes, dibujadas alrededor de una especie de globo terráqueo, Autobuses Atlántida? A lo mejor, conseguiste, gracias a aquel conductor experto en viajes mágicos y misteriosos, llegar a ese continente que aún nadie conoce, nadie ha visto. ¿Cómo se llamaba aquel conductor? Cuando cogió el micrófono, antes de empezar el trayecto, ya comenzó diciendo:

“-Buenos días, señoras y señores, jóvenes y menos jóvenes. Si hay alguien que se marea, es mejor pensar antes de empezar el viaje. No, no vamos a ir por carreteras con muchas curvas. No iremos por senderos difíciles, en los que se suben y bajan altas montañas. Vamos en un autocar muy seguro, donde irán tranquilas y tranquilos. Piensen que un servidor, cuyo nombre es Magdaleno, lleva, en sus manos, pies y espalda, más de seiscientos mil kilómetros conducidos. Recordarán aquello de echa el freno… Bien. He de decirles que, como favor, se ahorren el dicho, porque no será necesario. El viaje es distinto. Podemos decir que va a ser un viaje mágico, donde sólo depende de ustedes ver lo que quieran. Sólo decirles ya, que empieza nuestro fabuloso camino. Que tengan, que tengamos todos un maravilloso viaje. ¡En marcha! …”

¿Cómo fue la salida de aquel autobús de La Atlántida? ¿Y las paradas? ¿Quiénes subieron, que no esperabais? ¿Hubo algún momento difícil, de tensión extrema? ¿Se puso alguien tan nervioso o tan nerviosa que no podía más? Cuéntanoslo. Este será el fantástico artículo para La gran odisea de La Atlántida.
Autor
Vicente Muñoz Puelles
Nace en Valencia  (España) en 1948. En su infancia vivió rodeado de libros, hecho que marcó su gran interés por la literatura.  Licenciado en Ciencias Biológicas, es profesor en la Universidad de Valencia. Muchas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Ha escrito para el público infantil,  juvenil y el adulto. Ha recibido numerosos premios. En muchos de sus relatos recrea pasajes de su niñez.
 Nuestro observatorio

Más datos biográficos del escritor en Canal Lector y un reportaje realizado en la Biblioteca valenciana Nicolau Primitiu

Bibliografía
Libros de Vicente Muñoz Puelles en Canal Lector

El olmo del paseo. Ignacio Sanz Martín. Editorial Edelvives (Recomendado: 9-11 años)

23 Oct

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Mi pueblo tiene una estación o un apeadero por donde pasan los trenes. Trenes de mercancías y de personas.
Supongo que cuando construyeron la estación, allá en su día, era lo más importante que había pasado en la historia de Piñares. Aquello fue, creo yo, en las últimas décadas del siglo XIX.
O sea que han pasado los últimos años del siglo XIX, todo el siglo XX y los años que llevamos del XXI. Lo de los siglos me lo enseñaron hace unos cuantos cursos.
El Ayuntamiento de esa época, que quería que el pueblo progresara, hizo un paseo arbolado que uniera el pueblo con la estación. Y, para que la gente paseara a la sombra, plantaron olmos, una larga hilera de olmos a cada lado del paseo.
Me imagino a las distinguidas veraneantes llegadas de las ciudades, unas señoritas vestidas con faldas largas y estrechas paseando con la sombrilla, como en los cuadros y en las viejas fotos en blanco y negro, acompañadas de señores muy peripuestos tocados (1) con sombrero de copa y con bastón, yendo y viniendo a la sombra de los olmos.
El paseo quedó muy bonito; qué digo bonito, una verdadera preciosidad. Todo un paseo arbolado por el que iban y venían los carros y los carruajes de caballos con pasajeros y maletas, y luego los coches y los camiones con sus mercancías.
Lo describo con tanto detalle porque en el súper de mi abuelo hay un panel con postales en blanco y negro.
En aquella época, si la gente quería salir a lucirse, como dice mi madre, no le quedaba más remedio que ir de arriba abajo por el paseo de la estación. Hasta que llegó la “grafiosis”. ¿A que suena a enfermedad? Normal, porque es una enfermedad que en vez de atacar a las personas ataca a los árboles.
Y ni eso, porque en realidad sólo ataca a los olmos. Y los mata, no importa lo altos y grandes que sean. Una verdadera plaga. Se los carga.
Y eso fue lo que pasó en el año 1981 o en 1982. No estoy muy segura porque yo todavía no había nacido. Anda que no me quedaban años para venir al mundo. Pero nos lo contó Marcial con todo detalle. Fue una de las mayores catástrofes de la historia de Piñares.
Doña Upe, que sí había nacido, sabía la historia. Por eso invitó a Marcial a nuestra clase la víspera de una primavera para que nos contara la historia del olmo del que intento hablar desde el comienzo.
“Maldita grafiosis”, dice la gente cuando recuerda el paseo de la estación, un paseo frondoso (2) que se convirtió en un paseo de troncos esqueléticos con las ramas secas y ennegrecidas.
Así que, al Ayuntamiento de Piñares, cien años después de plantar los olmos, no le quedó más remedio que contratar una cuadrilla de leñadores para que los talaran.
No sé si estoy dando un rodeo muy grande para explicar esto de los olmos y de la grafiosis.
Pero, en realidad, del que quiero hablar es de Marcial. Así que tampoco es que esté perdida con tantas explicaciones.
Marcial formó parte de aquella cuadrilla de ocho leñadores a quienes se encargó que hicieran leña de todos los olmos del paseo. A todos. Cien en total: cincuenta a un lado y cincuenta al otro. Esa era la orden. Cuatro leñadores a cada lado del paseo. Imagino a los jubilados y a los curiosos que andarían por allí, observando los trabajos en silencio.
Las cuadrillas tenían por delante una buena tarea: talar cien olmos. Claro, un olmo de cien años no es un arbolito cualquiera; aunque estuvieran enfermos, eran unos árboles muy grandes.
El capataz decidió empezar por la estación. Los leñadores, con sus motosierras, hacían una cuña en la parte baja del tronco y daban un corte transversal buscando su caída. El olmo se daba de bruces con el suelo como un gigante desplomado. Luego cortaban las ramas grandes y después el ramaje menudo. Como hacíamos Marcial y yo con el ramaje de los pinos.
Fueron cayendo uno tras otro. Pero al llegar a uno de aquellos olmos, Marcial se dio cuenta de que le brotaban unas ramas verdes y no estaba seco del todo. Entonces él, como si fuera un médico que ve signos de esperanza en un enfermo, les dijo a los compañeros que aquel olmo no se cortaba.
-A este le vamos a dar una tregua.
Pero sus compañeros le recordaron que los habían contratado para talar todos los olmos. Y que aquel tenía unos brotes, sí, pero que, antes o después, le esperaba el mismo destino. Que la grafiosis no lo perdonaría.
-Ya he dicho que no; que a este no –se mantenía en sus trece.
-Marcial, no seas cabezota.
Estuvieron un rato porfiando entre ellos y, como Marcial no cedía, sus compañeros avisaron al capataz, que andaba con la otra cuadrilla.
El capataz dijo con autoridad:
-A todos. A este también.
-No, a este no –respondió Marcial muy sereno.
Pero el capataz no cedía:
-Todos, Marcial. Debemos cortar todos los olmos. Tenemos ese compromiso con el Ayuntamiento.
-A este le vamos a dar unas semanas de tregua. A lo mejor se recupera.
-Si han muerto todos, este no tardará en morir. Una plaga es una plaga. Parece mentira que no lo sepas.
-Este no, todavía no.
-No seas cabezota, Marcial. Tengo orden de cortar todos.
-Este no.
-Este sí, Marcial.
Entonces Marcial trepó tronco arriba y, para dejar claro que no pensaba bajarse de allí, gritó:
-¡Tengo un presentimiento con este olmo, y no me bajo aunque me tenga que comer aquí las uvas de Navidad!
-¿Qué presentimiento vas a tener? Ya estás viendo que padece grafiosis.
-Pero nosotros no vamos a adelantarnos a la enfermedad. No lo vamos a tumbar antes de la grafiosis.
Como todos sabían que Marcial era muy terco, el capataz desistió y no quiso seguir discutiendo.
-Está bien, está bien; entonces, que decida el alcalde.
Y el capataz avisó al alcalde para que supiera de la cabezonería de Marcial.
Poco después llegó el alcalde y le dijo que no quería escenitas, que todos estaban muy tristes por la tala, pero que se bajara de inmediato porque no había más remedio que seguir con la tarea.
-Yo no pienso poner los pies en el suelo –advirtió Marcial sin alterarse- si antes no se me asegura que la vida de ese olmo va a ser respetada.
Marcial es el tipo más terco que he conocido, y supongo que el alcalde de esa época no quería escándalos. De ningún tipo. Y un hombre viviendo en la copa de un árbol durante semanas, meses o incluso años, daría mucho que hablar. A lo mejor pensó que un hombre subido en un árbol podía ser un reclamo (3) para la prensa y hasta la televisión.
Así que se llegó a un compromiso a tres bandas entre alcalde, capataz y leñador. Se respetaría el olmo, pero, si más adelante se secaba, Marcial sería el encargado de tirarlo. Él tendría que asumir la responsabilidad, por su cuenta y sin contraprestaciones (4) por parte del Ayuntamiento. Si necesitaba obreros que le ayudasen, el Ayuntamiento se lavaría las manos. Porque la contrata estaba hecha. Y la contrata incluía todos los olmos.
-De acuerdo –dijo Marcial-. Me comprometo.
Las cuadrillas siguieron tirando olmos un día tras otro hasta dejar el paseo limpio de troncos y ramas. Todos menos uno, gracias a la terquedad de Marcial.
Aquel olmo, poco a poco, se fue recuperando, como un enfermo que deja atrás una gripe. Marcial nos confesó en la clase que al árbol le ayudaron mucho sus abrazos, y cada uno de los cubos de agua con fertilizantes (5) y abonos que derramó al pie del tronco. Así que él salvó el olmo. Precisamente él, que se ganaba la vida tirando árboles.
Hoy el olmo es un ejemplar magnífico con una copa redondeada. Y gracias a que Marcial lo defendió cuando querían tirarlo, todos los que nacimos después de aquel año negro de la grafiosis sabemos lo que es un olmo centenario.

(1) Tocados: que llevaban una prenda en la cabeza. En este caso, un sombrero.
(2) Frondoso: abundante en hojas y ramas.
(3) Reclamo: sistema para llamar la atención.
(4) Contraprestaciones: pagos.
(5) Fertilizante: sustancia para favorecer el crecimiento de los frutos, las hojas, las flores, etc.

Ignacio Sanz Martín. El hombre que abrazaba los árboles.  Editorial Edelvives

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
En el texto que hemos leído, hay una serie de momentos y situaciones claves en la historia de Piñares. Valoraremos, numerando por su importancia, los hechos que sucedieron en este pueblo, lo que nos permitirá evaluar el nivel de comprensión lectora de los lectores. Hay también situaciones falsas, que no son verdaderas o que nunca se produjeron. Señalaremos con una F estas últimas y con una V las que son verdaderas.

El pueblo está situado muy cerca del mar. Casi en la playa. (F)
El pueblo tiene estación de autobuses y aeropuerto. (F)
En el siglo XIX, construyeron la estación de tren. (V)
En el paseo de la estación pusieron olmos y quedó precioso. (V)
Al pueblo llegó una enfermedad que atacaba a personas y animales. (F)
La grafiosis acabó con todos los olmos plantados. (F)
Uno de los vecinos, Marcial, dijo que un olmo había que salvarlo. (V)
Como todos sabían que Marcial era muy terco, el capataz de los leñadores dijo que decidiera el alcalde lo que había que hacer, para no tener pelea. (V)
Marcial se comprometió a que aquel olmo se recuperara. Le dio abrazos y le echó agua con fertilizantes. (V)
Al final, el olmo no se recuperó. (F)
El olmo se recuperó gracias a Marcial y hoy es un maravilloso árbol centenario. (V)


Palabra magica
Hoy la palabra mágica es: centenario. Gracias a Marcial, el olmo sobrevivió y ahora es un ejemplar magnífico. A ver si sobrepasa los cien años. Y es que cien años es mucho tiempo de vida. Por eso, cuando se llega a esa edad, la gente felicita a quien los cumple, porque es difícil tener tanta vida.

Árboles centenarios

Ancianos centenarios

Monumento a la Constitución de 1812

Vayan ahora nuestras felicitaciones a todos y a todas los que han celebrado ese fantástico cumpleaños (quizá tendríamos que decir “cumplesiglos”). Transmite a los mayores que conozcas nuestro deseo de que cumplan muchos más.


Cuentame
Marcial defendió a aquel olmo “contra viento y marea”. Esta expresión significa que todo estaba en contra de que se cumpliera su deseo. Es lo que le puede pasar a un barco, que va por el mar con viento que sopla fuerte y crea un movimiento de las olas, una marea, que puede llegar a hundirlo.

¿Has conseguido alguna vez algo por lo que has luchado contra viento y marea? ¿Cuál ha sido la situación más difícil que has pasado? ¿Por qué sucedió aquello que querías lograr? ¿Te ayudaron a salir bien del problema? ¿Pudiste dar las gracias a quien le correspondía?

Marcial superó la situación y el olmo siguió viviendo. La verdad es que es casi un final feliz del olmo atacado por la grafiosis.

Cuéntanos ahora tu final, en aquella situación tan difícil que viviste y de la que conseguiste salir con bien.


Autor

Ignacio Sanz Martín

Nace en Lastras de Cuéllar (Segovia) en 1953.
Es Licenciado en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.
Ha trabajado como ceramista, etnógrafo, narrador oral y escritor. Desde 1980 visita colegios, institutos de enseñanza secundaria y centros culturales incentivando a los jóvenes a la lectura, y participa en encuentros, contando cuentos.
Amante de las costumbres y tradiciones del pueblo, dedica una parcela de su vida al estudio etnográfico y es experto en cultura tradicional.
Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre Ignacio Sanz Martín en Canal Lector,  y ver varios videos sobre sus actividades.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros tomada de Canal Lector.

El geniecillo del agua. Otfried Preussler. Editorial Noguer (Recomendado: 8 años)

31 Jul

Elgeniecillodelagua

Un día, cuando el genio del agua llegó a casa, su mujer le dijo:
-Por favor, hoy no hagas ruido, porque hemos tenido un chico.
-¡Qué dices! –exclamó lleno de alegría el genio del agua-. ¡Un chico de carne y hueso!
-Sí, un verdadero geniecillo del agua. Pero haz el favor de quitarte las botas y de no hacer ruido cuando vayas a verlo. Creo que duerme.
Entonces el genio del agua se quitó las botas de color amarillo y entró de puntillas en la casa. La casa estaba hecha de juncos y se levantaba en la parte más profunda de la presa del molino. No la construyeron con argamasa, sino con barro, pues se trataba de la casa de un genio del agua. Por lo demás, era igual que las otras casas, aunque mucho más pequeña. Tenía cocina y despensa, sala de estar, dormitorio y vestíbulo. El limpio suelo estaba cubierto de arena blanca. Ante la ventana colgaban unas alegres cortinas, hechas con algas y plantas trepadoras. Y, como es natural, todas las habitaciones, el vestíbulo y la cocina, además de la despensa, estaban llenas de agua. ¿Cómo podía ser de otra manera, si la casa estaba situada en el fondo de la presa del molino?
Así pues, el genio del agua se deslizó de puntillas desde el vestíbulo hasta la cocina. De la cocina a la sala de estar. De la sala de estar al dormitorio. Allí, silenciosamente, sin hacer nada de ruido, se acercó a la cama y, junto a ella, vio al pequeño echadito en un cestillo de juncos. Tenía los ojos cerrados. Dormía. Sus puñitos descansaban sobre la almohada, a derecha e izquierda de su redonda y sonrosada cara. Parecía como si el geniecillo del agua quisiera taparse los oídos.
-¿Te gusta? –preguntó la mujer del genio del agua a su marido.
Había entrado también en la habitación y miraba al pequeño por encima del hombro del genio del agua padre.
-Un poco pequeño resulta el chico –dijo el genio del agua-. Pero, a pesar de ello, me gusta.
Se inclinó sobre el cesto de juncos y se puso a contar:
-Uno, dos, tres, cuatro, cinco…
-¿Qué estás contando? –le preguntó su mujer al oírle.
-¡Ah! Pues, simplemente, contaba si tenía todos los dedos-respondió el genio del agua en voz baja-. ¡Mira qué piernecitas! Cuando sea un poco mayor le calzaremos con un par de botas amarillas y una chaqueta de color verde junco, unos pantalones marrones y una caperuza puntiaguda de color rojo vivo… Pero lo que más me gustan son los cabellos. ¿Sabes que desde siempre había deseado tener un hijo con el pelo verde?
-¡Ten cuidado! –recomendó la mujer del genio del agua-. Pero, ¿qué haces ahora?
-Déjame un momento –dijo el genio del agua-; quiero ver con mis propios ojos si tiene también entre los deditos las membranas que necesitamos para nadar. Es algo realmente muy importante para un genio del agua.
Y el genio del agua padre quiso abrir los puñitos al chico. Pero entonces el geniecillo del agua se despertó y comenzó a restregarse los ojos.
-¡Mira! –exclamó el genio del agua padre-. ¿Ves eso? ¿Lo ves tú también?
-¿Que él también tiene membranas entre los deditos?-preguntó, riéndose, la madre.
-¡Claro! ¡También las tiene, también! –gritó alegremente el genio del agua-. Pero, además, sé el color de sus ojos. Los tiene verdes. ¡Verdes como los de un auténtico bebé de genio del agua!
Y el genio del agua padre levantó a su pequeño del cestillo, lo aupó por encima de su cabeza y se puso a bailar con él por toda la habitación hasta que las paredes comenzaron a moverse y la blanca arena del suelo a levantarse en remolinos. Pese a todo, continuaba cantando:
-¡Tenemos un geniecillo del agua! ¡Tenemos un geniecillo del agua!
Entonces, por todas partes, empezaron a llegar nadando peces de las más diversas clases, que miraban a través de las ventanas con sus ojos saltones. Y el geniecillo del agua movía, divertido, los brazos y las piernecitas. Todos podían comprobar que, efectivamente, era un geniecillo del agua.

Otfried Preussler. El geniecillo del agua. Ed. Noguer

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
¡Qué gran noticia!

En la casa del genio del agua hubo, como si fuera un villancico de Navidad, una buena nueva. La mujer del genio del agua había tenido un hijo. Un geniecillo del agua.

El genio estaba feliz. Contaba los deditos del geniecillo, miraba las piernecitas, tenía esas membranas para nadar entre los deditos y… ¡Sí! También tenía lo que más le gustaba: ¡el pelo verde!

El padre quería verlo todo en su bebé. Intentó abrir sus puñitos y el geniecillo se despertó.

¡Sí! ¡Qué alegría! El padre y la madre vieron las membranas entre los deditos. Todo era maravilloso.

Y lo mismo que sucede en una casa como la nuestra, cuando nace un niño, llegan los vecinos a ver cómo es. Elige, entre los siguientes, quiénes podían ser los vecinos del geniecillo del agua.

Un barbo
Una carpa
Un mono
Una nutria
Una urraca
Un león

No olvides dónde vivía y, en cuanto tengas una duda, utiliza tu diccionario. Si tienes un libro, estupendo. Si no, puedes consultar estas direcciones: Diccionario de la RAE, Educar, Diccionario Digital.

(Solución: un barbo, una carpa y una nutria)

 Palabra magica
Hoy la palabra mágica tiene que ver con esa mano tan pequeñita de ese bebé del genio del agua. La tenía cerrada y tuvo que abrirla papá, para comprobar que tenía las membranas entre los deditos y así podría nadar.

Por eso la palabra mágica hoy es puñitos. Como todo era pequeño, porque era un bebé, los puños, cuando cerraba su mano eran puñitos.

Ahora te toca a ti hacer magia con las palabras. Entramos en el país de Liliput. Nos guiará Gulliver, un joven aventurero, que se sube a bordo de un barco en busca de fortuna. Una noche, bajo una terrible tormenta, su barco naufraga, y a la mañana siguiente aparece atado de pies y manos en una extraña isla llamada Liliput, habitada por unos pequeños hombrecillos. A partir de aquí se verá envuelto en distintas aventuras con la dificultad de no aplastar a estos diminutos liliputienses. Aquí tienes unas páginas que puedes ver, porque todo es pequeño, muy pequeño. Entra ya en el país de Liliput. (1, 2, 3, 4, 5)

Y aquí, mucha información sobre Gulliver.

Cuentame
Historias de casa

 Decía Otfried Preussler, el autor del Geniecillo de agua, como ya has leído: “el libro de cuentos de la abuela, que en realidad no existía, fue el más importante de mi vida”. Se refería a las narraciones orales que la madre de su padre, llamada Dora, le contaba de niño.

La ventaja es que se acordaba todavía.

Podemos hacer una prueba. Si tienes la suerte de que vivan tus abuelos, siéntate una tarde con ellos. Pregunta a la abuela o al abuelo si recuerdan algún cuento de cuando eran pequeños. ¿Cómo se lo contaban a ellos? ¿Les narraban los cuentos de palabra, porque se acordaban sus padres o los abuelos de tus abuelos o se lo leían de algún libro, que guardaban siempre? ¿Cuál era el cuento que más les gustaba? ¿Tenían una hora dedicada para los cuentos en casa de tus abuelos?

¿Han contado alguno de risa? ¿Y de miedo?

 Autor

Otfried Preussler
Nace en Liberec (actual República Checa) el 20 de octubre de 1923 y muere el 18 de febrero de 2013 en Prien am Chiemsee (Alemania). Sus padres fueron maestros. Estudió Pedagogía y trabajó como maestro, llegando a ser director de una escuela. Le gustaba contar cuentos e ilustrarlos. Tradujo varios libros infantiles del checo y del inglés. Además, fue escritor y sus libros han sido traducidos a varios idiomas. Le gustaba mantener contacto con sus lectores. Recibió varios premios literarios.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos del escritor en su web 

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector