Cuatro estaciones. Leo Lionni. Editorial Kalandraka (Recomendado: 7-8 años)

8 Oct

Sin t’tulo-1

¿Quién esparce (1) la nieve?
¿Quién derrite el hielo?
¿Quién pinta de gris los días? ¿Quién los hace más bellos?
¿Quién siembra la primavera con hojas de trébol?
¿Quién apaga el día? ¿Quién enciende la luna en el firmamento?

Cuatro ratones de campo que viven junto al sol.
Cuatro ratones de campo como tú y como yo.

Uno es Ratónprimavera, que viene con aguaceros.
Otro es Ratónverano, que abraza con fuego.
Después viene otoño con nueces y trigo.
El último es invierno… con los pies fríos.

Cuatro estaciones, ¡qué suerte tenemos!
Ni una de más ni una de menos.

(1) Esparce: de esparcir. Extiende lo que está junto.

Leo Lionni. Frederick. Editorial Kalandraka

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Frederick, la “forma” del libro sugiere para primeras edades lectoras. Pero la mediadora o el mediador saben que podemos ir un poco más allá. Hay mucha hondura, mucha reflexión, mucha poesía en este libro, que nos permitirá charlar, investigar, analizar y tantas otras cosas, que nos darían incluso para una conversación entre quienes mediamos en la lectura.

Es la vida en la tierra. Y la cercanía a los lectores se consigue con el personaje. Diminuto –y a veces perseguido por los humanos- que es el ratón. Él es quien mueve el paso del tiempo, el de las estaciones, el de la vida, en suma.

Leo Lionni nos plantea primero el quién. Son las cinco primeras líneas. Y junto al quién lo hace está el qué se hace.
La respuesta, la solución a todas las preguntas es inmediata: las dos líneas siguientes, que nos dicen quiénes son los personajes que consiguen todo lo anterior. Por supuesto, con el lector o la lectora incluidos:
Cuatro ratones de campo que viven junto al sol.
Cuatro ratones de campo como tú y como yo.

El número mágico, el que tiene los secretos de la naturaleza es el cuatro. Por eso son cuatro ratones, cuatro estaciones. Podríamos, considerando protagonistas a las lectoras y a los lectores, imaginar -como charla con los oyentes-, que a los ratones los vamos a sustituir por nosotros. Alicia o Luis primavera, Carla o Juan verano, y reservamos, para el otoño y el invierno, a quienes les gusten esas dos estaciones, por los motivos personales de esos dos o tres o más protagonistas. Hagamos realidad la suerte que dice el poeta que tenemos. Juguemos con los deseos, los gustos, las ilusiones.

 Palabra magica

Hoy la palabra mágica es quién. Ya hemos visto cuál es el número mágico: el cuatro. Pero la palabra, no el número, es la palabra quién.

Nos podemos acercar al mundo de los 6-7 a 8 años. La palabra mágica (la que nos puede llevar a infinidad de campos que los lectores conocen, porque es palabra mágica), dependerá de los centros de interés que en ese momento se muevan o de los intereses de quienes median. Nos lleva, por ejemplo, a: Mundo del deporte; Páginas web y sitios de aplicaciones de matemáticas; Libros.

Cuentame

Sigamos con nuestro protagonista de hoy: con Frederick. En el texto que has leído, Frederick dice qué clase de ratón es. ¿Lo recuerdas? Elige, entre estas posibilidades la que crees que elegiría Frederick:

 

Autor
Leo Lionni

Nació el 5 de mayo de 1910 en Ámsterdam (Holanda) y murió el 11 de octubre de 1999 en Toscana (Italia).
Creció en un ambiente artístico, un tío suyo era gran aficionado a la pintura y su madre fue cantante de ópera. Se doctoró en Economía. Viajó bastante. Fue director de arte de varias publicaciones en USA. En 1945 obtuvo la nacionalidad americana. En 1962 se instala en Italia. Desde finales de los años 50 del siglo pasado comenzó a publicar libros infantiles.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos y otras curiosidades en la editorial Kalandraka o en la revista Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Leo Lionni tomada de Canal Lector.

La semifinal. David Walliams. Editorial Montena (Recomendado: 11-14 años)

1 Oct

elmagodelbalon

En cierta ocasión, Dennis faltó a clase un día que había partido porque estaba muy resfriado. Acababa de ver en el programa de Trisha la emocionante historia de una mujer que había descubierto que estaba manteniendo una aventura con su propio marido, y se disponía a comer una sopa de tomate Heinz mientras veía su segundo programa preferido, Loose Women, donde un puñado de señoras con cara de malas pulgas debatían sobre cosas importantes, como dietas y leotardos.
Sin embargo, justo cuando empezaba a sonar la sintonía del programa, alguien llamó a la puerta. Dennis se levantó de mala gana. Era Darvesh, su mejor amigo en la escuela.
-Dennis, tienes que venir a jugar hoy –suplicó.
-Lo siento, Darvesh, pero es que no me encuentro bien. No puedo parar de estornudar y toser. ¡Atchís! ¿Lo ves? –replicó Dennis.
-Pero hoy nos jugamos el pase a cuartos de final. Por favor…
Dennis volvió a estornudar.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacccccccccccccccccchhhh
Hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhííííííííííís!
Fue un estornudo tan fuerte que Dennis temió que todo su cuerpo fuera a volverse del revés, como un calcetín.
-Por favoooooor… -insistió Darvesh con expresión de súplica mientras limpiaba disimuladamente los mocos de Dennis que habían ido a parar a su corbata.
-De acuerdo, lo intentaré –respondió Dennis sin parar de toser.
-¡Bieeeeeeen! –exclamó Darvesh, como si ya hubiesen ganado el partido.
Dennis engulló a toda prisa unos tragos de sopa, cogió su equipo y salió corriendo de casa.
La madre de Darvesh los estaba esperando en su pequeño Ford Fiesta rojo con el motor al ralentí. Trabajaba como cajera en los almacenes Sainsbury, pero la ilusión de su vida era ver jugar a su hijo. Era la madre más orgullosa del mundo, lo que siempre hacía que su hijo se avergonzara un poquitín de ella.
-¡Menos mal que has venido, Dennis! –le dijo cuando este se subió a toda prisa al asiento trasero del coche-. El equipo te necesita, el de hoy es un partido muy importante. ¡Incluso diría que es el más importante de la temporada!
-¡Vámonos de una vez, mamá! –la apremió Darvesh.
-¡Vale, vale, ya nos vamos! ¡No le hables así a tu madre, Darvesh! –gritó fingiendo estar más enfadada de lo que realmente estaba. Pisó a fondo el acelerador y el coche arrancó a trompicones en dirección al campo de juego.
-Vaya, así que al final has decidido venir… -le soltó Gareth con cara de pocos amigos mientras aparcaban. No solo era más alto que todos sus compañeros de clase, sino que también tenía una voz más grave y una cantidad de vello corporal inquietante para un chico de su edad.
En las duchas parecía un orangután.
-Lo siento, Gareth, pero es que no me encontraba bien. Creo que he pescado un buen…
Antes de que pudiera decir “resfriado” se le escapó otro estornudo, más violento incluso que el anterior.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccchcccccccccccccchhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííís!
-Vaya, lo siento, Gareth –se disculpó Dennis, limpiando un moco de la oreja de Gareth con un pañuelo de papel.
-Acabemos con esto de una vez –dijo Gareth.
Sintiéndose débil y enfermo, Dennis entró corriendo en el campo de juego con sus compañeros de equipo, tosiendo y moqueando sin parar.
-¡Os deseo mucha suerte, chicos! ¡Sobre todo a mi hijo Darvesh, y por supuesto a su amigo Dennis! ¡Vamos a ganar este partido! –gritó la madre de Darvesh a pie de campo.
Me hace pasar una vergüenza… -refunfuño Darvesh.
-A mí me parece genial que venga a vernos –dijo Dennis-. Mi padre nunca ha venido a verme jugar un partido.
-¡A ver si hoy marcas un bonito gol, Darvesh, hijo mío!
-Hummmmm…, vale, ya entiendo –reconoció Dennis.
Esa tarde se enfrentaban al St Kenneth, una de esas escuelas privadas cuyos alumnos miraban a los demás por encima del hombro solo porque sus padres tenían que pagar para que estudiaran allí. Pero hay que reconocer que tenían un equipo muy bueno, y no habían pasado ni diez minutos de partido cuando marcaron el primer gol. A partir de ese momento se desataron los nervios en el equipo local. Darvesh arrebató la pelota a un chico dos veces más alto que él y se la pasó a Dennis.
-¡Muy buena esa entrada, Darvesh, hijo mío! –gritó su madre.
La emoción de controlar el balón hizo que Dennis se olvidara por unos instantes del resfriado. Se abrió paso con agilidad entre los defensas hasta acercarse al guardameta del equipo contrario, un chico de abundante melena que estrenaba equipo y seguramente se llamaba Óscar, Tobías o algo por el estilo. De repente se encontraron cara a cara, y Dennis no pudo reprimir otro estornudo.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaccccccccccccccccccccchhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhíííííííííííííííííííííiííííííííííííííííííííííííííííííís!!!
Una lluvia de mocos explotó en la cara del portero, cegándolo por un momento. Lo único que Dennis tuvo que hacer fue darle un toque a la pelota para que esta entrara mansamente en la portería.
-¡Falta! –gritó el portero, aunque el árbitro no la pitó. Sí que era una falta, pero de educación.
-Oye, lo siento –dijo Dennis. Era verdad que no lo había hecho aposta.
-¡No pasa nada, tengo un pañuelo! –exclamó la madre de Darvesh-. Siempre llevo un paquete encima. –Ni corta ni perezosa, la mujer se lanzó al terreno de juego, remangándose el sari por el camino para no llenarlo de barro, y se acercó al portero del equipo contrario-. Aquí tienes, niño pijo –añadió, tendiéndole el pañuelo al portero. Darvesh puso los ojos en blanco al ver a su madre invadiendo el campo de juego. Entre lágrimas, el portero se limpió los mocos de Dennis de su pelo lacio-. Si quieres saber mi opinión, el St Kenneth tiene todas las de perder –añadió la madre de Darvesh.
-¡Mamáááááááá! –gritó Darvesh.
-¡Lo siento, lo siento! ¡Ya podéis seguir jugando!
Cuatro goles más tarde, de Dennis, de Gareth, de Darvesh y… otro que resultó de una pelota desviada “accidentalmente” por la madre de Darvesh, el equipo de Dennis había ganado el partido.
-¡Habéis pasado a la semifinal, chicos! ¡Qué ilusión! –exclamó la madre de Darvesh mientras llevaba a los chavales de vuelta a casa, aporreando el claxon del Ford Fiesta para celebrar la victoria. Para ella era como si Inglaterra hubiese ganado el mundial de Fútbol.
-Por favor, no vengas a la semifinal, mamá, te lo suplico. ¡No, si vas a montar el numerito otra vez!
-¡Qué cosas se te ocurren, Darvesh! Sabes que no me perdería el siguiente partido por nada del mundo. ¡Ay, qué orgullosa estoy de ti!
Darvesh y Dennis se miraron y sonrieron. Por un momento, su victoria en el campo de juego les hizo sentir como si fueran los amos del universo.
Hasta su padre sonrió cuando Dennis le dijo que su equipo había pasado a la semifinal.

David Walliams. La increíble historia de… El mago del balón. Editorial Montena

RECURSOS
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Texto

El texto nos presenta a dos amigos. Muy amigos, de la escuela. El día no iba a ser un día cualquiera. Era un día enormemente importante: el pase a los cuartos de final. Algo importantísimo, como dice Darvesh, el gran amigo de Dennis.

Pero Dennis estaba fatal. Se encontraba mal, muy mal. El catarro era de los que hacen historia. No creemos que pudiera casi ni moverse. Pero fue tal la insistencia de su amigo, ante una cita futbolística tan importante que, al final, consiguió que fueran, en el coche que conducía la madre de Darvesh, hasta el campo. La madre de Darvesh era la más forofa del campo. Incluso a su hijo le daban vergüenza las cosas que hacía y decía su madre. Menos mal que no le dio por jugar al fútbol con algún animalito, como estos que vas a ver. ¿Qué crees que diría su madre? ¿Cómo crees que animaría a su hijo?

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es estornudo. Vamos a intentar evitar lo que le sucede al portero del equipo contrario, cuando Dennis hace lo más normal, si se está refriado o resfriada: estornudar. En la página siguiente, vais a ver estornudos de todo tipo.

Después de ver esto, hasta parece lógico que el portero del equipo contrario a Dennis y Darvesh pidiera falta y, de milagro no la pidió. Podría haber sido hasta tarjeta amarilla, por guarro. Lo que no podían entender fue el “tranquilo” paseo que se dio la madre de Darvesh por el campo, con un pañuelito para limpiar al portero. Darvesh ya no podía más. Le pidió a su madre, de todas las maneras posibles, que no se le ocurriera ir a la semifinal. Pero los dos amigos sabían que eso iba a ser absolutamente imposible.

Menos mal que Darvesh y Dennis se lo tomaron a risa. Además de que la madre de Darvesh era buena persona, aunque fuera muy pesada, los dos amigos estaban felices, porque habían conseguido un estupendo resultado.

Cuentame

Hoy te aconsejamos que hagas primero una cosa, antes de contarnos lo que te pedimos. Empezamos con una frase que ha dicho Darvesh a su madre, para que no vaya a la semifinal:  “-Por favor, no vengas a la semifinal, mamá, te lo suplico. ¡No, si vas a montar el numerito otra vez!

Montar el numerito es una frase hecha, que significa decir o hacer algo un poco escandaloso, que no debe hacerse. También significa llamar la atención por lo que se dice o se hace. El próximo ejercicio, consiste en unir las frases hechas con su significado.

1. A buenas horas, mangas verdes A. Es descubrir algo que era secreto
2. Me lo dijo un pajarito B. Me he enterado por alguien que tú no sabes
3. Como Pedro por su casa C. Ya es tarde, para decir o hacer algo
4. Descubrir el pastel D. Dar una cosa mala, por una buena. Son cosas que se parecen, pero no es la buena de verdad
5. Dar gato por liebre E. Algo que se conoce o se lo sabe, mejor que nadie

(La solución es la siguiente:  1-c;  2-b;  3-e;  4-a;  5-d)

Autor

David Walliams
Nació el 20 de agosto de 1971 en Merton, Londres (Inglaterra).
Su nombre verdadero es David Edward Williams pero es más conocido por David Walliams. Le gusta combinar su faceta de actor con la de escritor. Sus libros destacan por su humor. Su estilo literario ha sido comparado con el de Roald Dahl.

Nuestro observatorio
Podemos obtener más información sobre el autor en su web y en twitter.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de títulos tomada de Canal Lector.

 

 

La llegada del erizo. Pablo Albo. Editorial Everest (Recomendado: 9-11 años)

24 Sep

rinoceronte

Antes de conocer a Flipi, nos parecía que un erizo de tierra era un animal poco adecuado para vivir en un domicilio.
“¿Quién será capaz de tener un bicho de esos en una casa?”, pensábamos cuando lo veíamos en las tiendas de animales. Pero a Flipi no pudimos cerrarle la puerta de nuestra humilde morada (1) por la manera en que llegó a ella. Nos lo trajo un vecino compungido (2) en una noche de luna llena.
-Le he dado un golpe con el coche, pobre –nos dijo-. En vez de salir corriendo y apartarse, cuando me ha visto venir se ha erizado y se ha quedado parado en medio de la carretera. Se le ve aturdido. Espero que no tenga nada grave. Yo salgo de viaje y no puedo atenderle, pero he pensado que a vosotros os deben gustar los animales y podríais haceros cargo de él –todo esto lo dijo en menos de medio minuto. Ese hombre hablaba a la velocidad del rayo.
Su coche estaba parado en medio de la calle y delante de él había una bola de pinchos. Mi hermana fue a casa y volvió con el bolso negro de mi madre, el nuevo. Con ayuda de un palo y mucho cuidado lo metimos en él y nos lo llevamos a casa. El vecino reemprendió la marcha dándonos las gracias a través de la ventanilla.
Los problemas empezaron cuando el erizo se negó a salir del bolso negro de mi madre, el nuevo. No había manera de hacerle entrar en razón. Permanecía como una pelota redonda con la que nunca jugarías descalzo al fútbol. Si te atrevías a acercar la mano, él pegaba unos saltitos que hacían más amenazadoras sus púas.
-Mira, pega espertugás –dijo mi hermana refiriéndose a los saltitos. Entonces, la tortuga, que era bastante cotilla y algo sorda, acudió a su ritmo. Lo hacía siempre que alguien decía una palabra que terminara en “uga” porque pensaba que hablaban de ella. Se llamaba Huga. Aunque, claro, a su velocidad, rara vez llegaba al lugar de los acontecimientos a tiempo de enterarse de algo. Eso le daba rabia, pero como era de gran corazón y buen carácter no tardaba en olvidar el incidente. Además, las tortugas, como todo el mundo sabe, son bastante olvidadizas. Pero tiempo habrá de hablar de la tortuga.
El caso es que el erizo permaneció erizado durante tres días con sus noches. Llegamos a pensar que ese era su estado natural. Pero al cuarto día, la bola empezó a abrirse y de ella asomó una trompita que olisqueaba el aire, unos ojitos saltones que miraban con curiosidad el mundo nuevo que se abría ante ellos y aquellas manitas… Conquistó nuestro corazón y se quedó a vivir con nosotros. Siempre tuvo la puerta abierta a pesar del peligro que seguía representando para él la carretera. “La libertad siempre tiene sus riesgos”, decía mi abuelo. Pero nunca quiso irse, prefería meterse en el bolso negro de mi madre, el nuevo, durante el día y pasar las noches buscando caracoles en el salón de casa. Mientras vivió con nosotros no hubo ni un caracol en el salón (“antes tampoco”, decía mi hermana).
Pensé en llamarle Felipe. Me parecía un nombre muy apropiado para un erizo. Pero mi padre dijo que no estaba bien que se llamara igual que un tío suyo y se quedó con Flipi.
Con el tiempo nos enteramos de que en realidad no era un erizo sino una eriza. Pero esa es ya otra historia.

(1) Humilde morada: casa más bien pobre, sin lujos de ningún tipo.
(2) Compungido: triste, apenado.

Pablo Albo. ¿Rinoceronte? ¿Qué rinoceronte? Editorial Everest

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Texto
Por si acaso no conoces muy bien a los erizos, a lo mejor, después de esta lectura y de lo que ahora vas a ver, resulta que te conviertes en una o un gran especialista en estos animalitos.

También puede ser que no te gusten mucho. Eso depende sólo de ti y de las posibilidades que tengas para vivir con ellos. Lo que pueden costar, cómo es tu casa, qué opinan los mayores y toda la familia y todas esas cosas que debemos tener en cuenta, para tomar decisiones importantes. Y la de tener un animal es muy, pero que muy importante. Que tengas suerte.

En la lectura, ya ha llegado a casa ese nuevo habitante.
Todo comienza con un golpe que un vecino le da al erizo, con el coche. A partir de ahí, el vecino, que sabe que a los otros vecinos les gustan los animales, no duda en llevar al erizo a esa casa. Lo que pasó a partir de ahí, sólo lo saben los hermanos. Lo que sí sabemos es que lo llamaron Flipi, porque iban a llamarlo Felipe y a su padre no le gustó. Un tío suyo se llamaba Felipe y no estaba dispuesto a que un erizo se llamara igual. Lo que sí sabemos es que el erizo acabó en casa, porque lo pusieron en un bolso de su madre, nuevo. Pasó un tiempo en su casa y parece que no quería irse. Tenía la puerta abierta, pero nada. Que de allí no se iba. De hecho, el abuelo dijo una cosa importante, para explicar a los hermanos que lo estaban haciendo bien: “La libertad siempre tiene sus riesgos”. Es decir: ellos ya no podían haber hecho más. Lo llevaron en el bolso nuevo de su madre, lo subieron y le ofrecieron la casa entera, para lo que él quisiera. Era sólo que Flipi quisiera quedarse allí o que se fuera. Lo que también sabemos es que la tortuga iba a su ritmo. O sea, muy despacio. Aquí tienes a una.

Seguro que conoces una expresión que se dice en español.
“Vas más lento que una tortuga”. Y este texto de Pablo Albo que hemos leído, nos permite, también, jugar con las palabras. Puedes ahora, uniendo las expresiones y sus significados, pasar un buen rato con las palabras y demostrar que dominas tu lengua: el español.

1)Habla a la velocidad del rayo a) Duerme mucho tiempo
2)Duerme como una marmota b) No dice nada
3)Hace mucho el ganso c) Me está ya enfadando
4)Me está tocando las narices d) Hace mucho el tonto
5)No dice ni mu e) Habla muy deprisa

(La solución es combinar los siguientes números con las letras, de esta forma: 1- e ;  2 – a ;  3 – d ;  4 – c ;  5 – b).

Palabra magica
La palabra mágica hoy es conquistó. Conquistar, como puedes leer en tu diccionario es ganar, conseguir algo. En este caso, el erizo “conquistó nuestro corazón”. Es decir, se ganó el cariño de los protagonistas. La palabra es tan mágica que consiguió que los dos hermanos se quedaran, por fin, con el erizo en casa. Y ahora, si vas al apartado de cuéntame, lo único que queremos saber es cómo habrías reaccionado tú, si te sucede lo mismo que a los protagonistas de la historia. ¿Crees que también, si te pasa a ti la llegada del erizo, habrías hecho lo mismo?

Cuentame

Ya te hemos anticipado lo que te íbamos a pedir: que nos cuentes tú cuál habría sido tu reacción, si el vecino llega a tu casa con un erizo. Oye. Y una cosa más, para que nos la cuentes: ¿y si en vez de ser un erizo, hubiera sido un perro, que estaba en la calle y casi lo atropella un coche? ¿Y si hubiera sido un gato? ¿Y si hubiera sido un caballo, que se escapó y estaba perdido en tu ciudad? Cuéntanos a qué animal podrías alojar en tu casa, con tu familia, con tus vecinos, con tus amigas y amigos. ¿Dónde crees que habría problemas? ¿Cómo crees que podrías ayudar a algún animal que lo necesitara?

Y otra cosa más fácil. Vamos a pensar ahora en las personas, no en los animales. Seguro que conoces a gente que necesita ayuda. ¿Por qué crees que la necesita? ¿Conoces a alguna organización que ayuda a la gente que lo necesita? ¿Y a alguna persona que haga eso alguna vez?

Autor
Pablo Albo

Nació en  1971 en Alicante (España).
Se diplomó en Trabajo social por la Universidad de Alicante, aunque no ejerció. Simultaneó los estudios con la Animación sociocultural. Es narrador además de escritor y ha participado en numerosos festivales. Ha colaborado también en la radio contando historias y recomendando libros.

Nuestro observatorio

Podemos leer más información sobre el autor en su página web.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

Cura para una enfermedad asesina. Dr. Mike Goldsmith. Editorial Siruela (Recomendado: 16-18 años)

17 Sep

eureka

¿Podría Pasteur frenar el virus de la rabia en el momento?

El 6 de julio de 1885, Louis Pasteur se vio metido en una lucha a vida o muerte. El niño de nueve años Joseph Meister, de Alsacia (Francia), llegó al laboratorio de Pasteur en París tras un viaje de 400 kilómetros. Dos días antes, el pequeño había sido salvajemente atacado por un perro rabioso. Había sufrido 14 mordeduras en total. Pasteur pidió a dos médicos franceses, Alfred Vulpian y Jacques-Joseph Grancher, que lo vieran. Los dos coincidieron en que, sin tratamiento, era muy probable que muriera.
Pasteur recordaba el terrible sufrimiento de las víctimas de la rabia que había visto cuando era un colegial. El virus de la rabia, transportado en la saliva del animal, tardaba varias semanas en llegar al sistema nervioso y atacaba a la médula espinal y al cerebro. Las víctimas sufrían espantosos temblores, fiebres y espasmos. También tenían alucinaciones, lo que quiere decir que veían cosas que no existían. Tragar les resultaba enormemente doloroso; al final entraban en coma. Poco después sobrevenía la muerte.
Pasteur y su ayudante, Émile Roux, llevaban unos tres años experimentando con un tratamiento contra la rabia, pero Pasteur pensaba que a su trabajo le faltaba mucho para estar concluido. Aunque había probado su vacuna en unos cuantos perros, aún tenía que probarla en un ser humano. Pasteur y sus ayudantes habían puesto en peligro sus propias vidas recogiendo perros rabiosos y sus babas infectadas.
Durante un período de 10 días terriblemente tenso, Pasteur inoculó a Joseph Meister 13 dosis de la vacuna contra la rabia, cada una más fuerte que la anterior. Esperó con inquietud que el tratamiento resultase eficaz. La reacción de Joseph a la vacuna significaría el triunfo o el fracaso de la carrera de Pasteur. Sin embargo, este sabía que las pruebas científicas estaban de su lado: la rabia no era la primera dolencia mortal que investigaba. En 1877 se había extendido por Europa el ántrax, un virus letal que mató a miles de ovejas.
El ántrax era capaz de infectar y matar seres humanos además de ovejas. Gracias a sus experimentos, Pasteur halló que podía crear una forma debilitada de la enfermedad. Cuando la inoculaba a las ovejas, sus cuerpos producían unas sustancias que combatían la enfermedad con éxito. En 1881, Pasteur inyectó su nueva vacuna contra el ántrax a un rebaño de ovejas.
Veinte días después infectó con ántrax no debilitado a estos mismos animales y a otro grupo no vacunado. Todos los animales que no habían recibido la vacuna de Pasteur murieron. Todos los que la recibieron, vivieron. Pasteur utilizaba esta experiencia para crear su vacuna contra la rabia. Averiguó que la médula espinal de los conejos rabiosos, si se dejaba secar, producía una versión mucho más débil del virus.
Cuando se le inoculaba a un animal, la versión más débil del virus no causaba un brote completo de la enfermedad. ¡Por el contrario, hacía que el cuerpo produjera sustancias llamadas anticuerpos, que combatían la dolencia!
Por la misma razón, el tratamiento aplicado al joven Joseph Meister fue un enorme éxito. Sobrevivió y regresó a su casa. Pasteur fue aclamado y los pacientes acudieron en tropel a París. Entre octubre de 1885 y diciembre de 1886, Pasteur y sus compañeros trataron a 2.682 personas que creían estar infectadas de la rabia. Más del 98 por ciento de aquellos pacientes sobrevivieron. Joseph llegó a ser un adulto sano. Tras servir en el ejército francés durante la 1ª Guerra Mundial, trabajó como portero en el Instituto Pasteur, desde entonces un centro que es líder mundial en la investigación microbiológica y de enfermedades.

Dr. Mike Goldsmith . ¡EUREKA! Los descubrimientos científicos más asombrosos de todos los tiempos. Editorial Siruela

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto
Ahora disponemos de una gran herramienta, Internet, que nos permite acercarnos a ideas, conceptos, métodos de trabajo, grandes personajes, soluciones a diferentes problemas y mucho más. En el texto hemos leído cómo Louis Pasteur llegó al descubrimiento y solución del problema de la enfermedad de la rabia.
Lo que parece muy evidente es la importancia que tiene la información, la investigación y el estudio, si queremos llegar a descubrir cosas fundamentales para la Humanidad. Y si nos acercamos a los grandes sabios o a las grandes sabias en el mundo y en el tiempo pasado, presente y quién sabe si también futuro, iremos descubriendo desde quiénes somos hasta quiénes podríamos llegar a ser. Temas tan apasionantes como, por ejemplo, la astrofísica, en la que también trabaja el autor de nuestro texto de hoy, pueden resultarnos más comprensibles y cercanos, escuchando conferencias, charlas, palabras, como las que puedes descubrir hoy, en esta página, donde oiremos al doctor Montesinos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Palabra magica
Nuestra palabra mágica hoy es información. Gracias a la información de algo o sobre algo podemos llegar al conocimiento. Así se mueven las personas que luego generan el saber, el conocimiento de lo que estudian y nos transmiten.

Hemos llegado, gracias a internet, a “ver”, a leer lo que hizo Louis Pasteur hace muchos años, cuando descubrió la manera de combatir la enfermedad de la rabia. Pero hemos visto y trabajado gracias a un soporte, es decir, el material donde se comunica la información. Porque el soporte es sólo eso, una herramienta. Pero lo trascendental, lo fundamental para el ser humano es leer, o sea, la lectura.

Y para disfrutar de ella y conseguir el conocimiento, nos trasladamos, en un vertiginoso cambio de soporte, a uno que conocemos muy bien. Ese objeto maravilloso, que emplea como material el papel y que denominamos libro. Como lugares donde ir para transitar por esos objetos mágicos, te recomendamos las bibliotecas, las librerías y, también, por supuesto, internet. En la siguiente página puedes comprobarlo.

Cuentame
Queremos, ahora, escucharte, leerte. ¿Has dicho, hace poco, ¡Eureka!, alguna vez? Es decir: ¿has encontrado algo que buscabas con mucho afán o ilusión?

Explícanos en qué ha consistido ese descubrimiento. ¿Ha sido el reencuentro con una persona, que creías desaparecida de tu vida y la has vuelto a ver? ¿Has vuelto a ir a ese lugar, al que hace tanto tiempo que no ibas? ¿Lo has encontrado como lo imaginabas o ha cambiado tanto que casi no lo recuerdas? Si eres amante del deporte, ¿qué te ha satisfecho muchísimo hace muy poco? ¿Has escuchado a tu cantante o a tu grupo favorito y siguen siendo buenísimos? ¿Has visto aquella película que te encantó, cuando eras más joven? La evolución de tu familia y amigas o amigos, ¿sigue por los caminos que tú pensabas? O, por el contrario, ¿te has llevado unos chascos terroríficos?

También nos podrías contar tus impresiones y consejos que nos puedes dar sobre lecturas determinadas. Lo leeremos con mucho cuidado y ya, de antemano, te damos las gracias por ello.

Autor
Mike Goldsmith
Nació el 12 de julio de 1962 en Londres (Inglaterra).
Licenciado en Filosofía y Física en la Universidad de Keele. Se doctoró en astrofísica. Ha trabajado en un Grupo de Acústica en el Laboratorio Nacional de Física de Inglaterra. Ahora trabaja de forma independiente.  Ha publicado muchos artículos científicos e informes técnicos, principalmente sobre astrofísica y acústica.  Ha escrito además 40 libros de ciencia para niños y adultos.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos y otras curiosidades en su página web

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

Pregón. Rafael Alberti. Editorial Labor (Recomendado: 9-11 años)

10 Sep

Albertiaire

¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!

¡Vendo los cirros (1) morados,
y rosas, las alboradas (2),
los crepúsculos (3) dorados!

¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero (4)!

Vendo la nube, la llama
y el canto del pregonero.

 

1. Cirro: nube suave, alargada.
2. Alborada: tiempo de amanecer, empezar el día.
3. Crepúsculo: final de la tarde, al caer el sol.
4. Duraznero: árbol. Se parece al melocotonero. Su fruto es algo más pequeño que el melocotón.

Rafael Alberti. ¡Aire, que me lleva el aire! Editorial Labor

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto
Seguro que hemos leído muchas poesías. Pero hay algo que, a lo mejor, hemos hecho menos. Escucharla despacio, oírla para disfrutarla. Vamos a oír, con ese silencio que oímos la música en casa, en un concierto,  la poesía de Rafael Alberti.

Y la que hace Sheila, con menos años de los que hemos recomendado para esta poesía.

Sugerimos una futura grabación a los alumnos por parte del mediador, pues puede ser interesante que observen cómo leen y recitan el poema. Incluso podrían hacer un concurso y votar la lectura que más les haya gustado.

Palabra magica
La palabra mágica en la poesía de Rafael Alberti es vendo. Para los más pequeños, dentro de ese gran abanico con que planteamos esta poesía de Alberti, de los 9 a los 18 años, conviene, antes que nada, leerla y, sobre todo, dar el significado correcto de todas las palabras. No está de más, después de decir lo que significa la palabra pregonero, “dramatizar” esa lectura, al modo que lo harían pregoneros o pregoneras. Esas personas que van diciendo algo al público, para informar de lo que sucede.

¿Hemos escuchado, alguna vez, a ese pregonero que va diciendo cosas que él conoce y otros no? ¿Lo hemos escuchado vender algo? Quizá en mercados o plazas (según la denominación que se utilice en ese lugar), hemos oído a esa figura del pregonero.

Y como la palabra con que hacemos magia es vendo, podemos invitar a los oyentes a hacer de pregoneros vendiéndonos algo que nos interese. ¿Será algo material, que interese a los oyentes? ¿Será una ilusión compartida por oyentes? ¿Será un libro que queremos leer, porque nos han dicho que es fantástico? ¿Será una canción que hemos escuchado y nos encanta? ¿Será que deseamos que se cumpla una promesa que nos han hecho? ¿Será ese regalo que nos han prometido? ¿Será ese programa de ordenador, que nos ofrece, si ganamos el concurso, un fabuloso regalo? ¿Será algo que nosotros hemos comprado para regalar? ¿A quién iría ese regalo?

Cuentame

Vamos a ir de la mano del poeta. Qué pena que no esté vivo. Era tan amante de la juventud y de la poesía, que con seguridad nos habría permitido una charla con él, para contarnos cosas, muchas de su poesía y otras de su vida. Pero si hay algo maravilloso de lo que puede disfrutar el ser humano es de la imaginación. Y a ella vamos.

Primero, contamos el número de sílabas que tienen los siguientes versos:

Vendo nubes de colores

Ven(1) do(1) nu(1) bes(1) de(1) co(1)lo(1)res(1)

Total: 8 sílabas

Y efectivamente. Tiene 8 sílabas. Comprueba tú ahora, cuántas tienen los siguientes versos. ¿Tienen ocho sílabas todos los versos?

Bien. Pues ya has encontrado el ritmo de la poesía. Ahora, después del ritmo, vienen las letras. Como en las canciones. A ver qué tal te sale esta poesía. ¿Qué crees que puedes vender en esa increíble tienda que tienes? La prueba te permite dos cosas: hacer una poesía entera nueva o, también, cambiar sólo algunas palabras; por ejemplo, los colores, la forma de las nubes, la temperatura que rodea a esas nubes, la época del año en que las ves, el momento del día en que te parecen más hermosas y todo lo que te sugieran esas preciosas nubes.
Autor
Rafael Alberti

Nació el 16 de diciembre de 1902, en el Puerto de Santa María (Cádiz, España). A los quince años, se traslada a vivir a Madrid con su familia. A él lo que le gustaba era la pintura  y en esos años hubiera querido ser pintor.
Fue amigo de Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén…Comienza, en esa época, a escribir su primer libro de poesía Marinero en tierra, en el que habla de su nostalgia por el mar.  Con él obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 1924. Desde entonces se dedicó sobre todo a la poesía, aunque nunca abandonó la pintura. Le gustaba trabajar desde el alba. Formó parte de la generación del 27.  Se casó en 1930 con la escritora Mª Teresa León.  Tuvieron una hija, Aitana.
Viajó por  muchos países, dando conferencias y recitales.

Después de la Guerra Civil  se exilió fuera de España.  Vivió muchos años en Argentina y en Italia. En 1977 regresa a España. En 1983 recibe el premio Cervantes. Muere en el Puerto de Santa María (Cádiz) en 1999.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación: Fundación Rafael AlbertiBiblioteca virtual Miguel de Cervantes. Además de ver la última entrevista realizada en 1993, con motivo de su noventa y cuatro cumpleaños, al equipo del programa “Al sur” de CSTV

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Rafael Alberti en Canal Lector.

La corteza del árbol (Segunda parte). Fernando Lalana. Editorial SM (Recomendado: 7-9 ños)

29 Jul

el_secreto_de_la_arboleda[1]

Hice como que me lo pensaba mucho, mientras me rascaba una oreja.
-No sé, no sé…
-¡Hala…!
-Está bien. Te lo voy a decir.
-¿De veras?
-De veras: El hada de la arboleda vive en un árbol.
-¿Un árbol? –dijo Marijuli con cara de incrédula.
-Por supuesto, no se trata de un árbol corriente sino de un árbol-casa.
-¿Un árbol-casa?
-Sí. O un árbol-vivienda, como prefieras.
Tras un momento de silencio, Marijuli dijo muy seria:
-Me parece que me estás metiendo una bola del tamaño de un autobús.
Lo dijo de tal modo que estuve a punto de confesar que sí, que todo era una trola. Pero me arriesgué a continuar un poquito más.
-Razona un poco, Marijuli –le dije, muy convincente-. ¿Dónde puede vivir un hada? ¿En un piso de alquiler? No. ¿Debajo del puente de piedra, como un vagabundo? No. ¿En una pensión? Tampoco. Sólo queda un lugar posible…
-Un… árbol-casa.
-¿Lo ves? Tú misma lo has dicho.
-Bueno, y… ¿Cuál de los dos mil y pico de árboles es el del hada?
-Seguro que lo conoces. ¿Sabes ese chopo gordo, gordo, que hay junto a la orilla, cerca del embarcadero?
-Sí.
-Pues ese.
-¿Ese?
-Ese.
-¡Vamos a verlo ahora mismo! Y como sea mentira, ya te puedes preparar.
Echó a correr tan deprisa que apenas podía yo seguirla. ¡Y eso que soy de los que más corren de mi clase!
Cuando llegamos me acerqué con decisión al tronco y lo golpeé con los nudillos, como si llamase a una puerta:
Toc, toc, toc.
Esperé un poco. Volví a llamar: Toc, toc, toc.
Esperé otro poco y me volví con cara triste hacia Marijuli:
-Lo siento, chica, parece que no está.
Ya te dije que de día es difícil encontrarla. Pero si volvemos esta noche, seguro que estará.
-Es que a mí no me dejan salir de noche.
-¿No? –yo ya lo sabía-. ¡Vaya! Ese sí que es un problema.
-Tal vez sí que está pero no te ha oído. Llama más fuerte.
Volví a llamar un rato largo:
-Toc, toc, toc… toc, toc, toc… toc, toc, toc.
Pero no me contestó nadie, claro. Apoyé la espalda en el tronco del árbol y miré con cara de resignación a Marijuli. La pobre estaba tan desilusionada que casi, casi, deseé que todo aquello no hubiese sido una mentira.
-¿Y tiene nombre? –me preguntó.
-¿El hada? No, creo que no; se llama simplemente eso: el Hada de la Arboleda.
Fue entonces cuando Marijuli abrió de par en par los ojos y la boca. Y, casi al mismo tiempo, oí junto a mis pies una vocecita chillona que decía:
-Pero ¿a qué viene tanto alboroto? ¿Es que no puede una ni dormir la siesta?
Y sepa, jovencito –eso iba por mí-, que sí tengo nombre. Me llamo Rufina. Rufina del Bosque; de profesión, hada.
Me volví. Una parte de la corteza del árbol se había abierto, como una puerta pequeñaja, y junto a ella estaba la personita que acababa de hablar. No mediría más de dos palmos; iba vestida de hada; llevaba un puntiagudo gorro de hada y, en la mano, una varita mágica como las que llevan siempre las hadas.
Yo, al verla, me dije: “Ernesto, esta tiene que ser un hada”.
Y, tras llegar a tan brillantísima deducción, me desmayé.

Fernando Lalana. El secreto de la arboleda. Editorial SM

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

En esta lectura, encontramos el gran secreto del libro de Fernando Lalana. Los protagonistas se encuentran. Son Marijuli y Gil Abad. Sabemos cómo son y, sobre todo, lo que piensa Gil Abad de Marijuli. Está un poco harto de que siempre sea ella la mejor en todo. Pero, ahora, le iba a contar una trola y a ver qué pasaba. Al principio, lo que había pensado Gil Abad, para callar a Marijuli, era contarle que él había visto al hada de la arboleda. Quería demostrarle su importancia, ganando alguna vez. Aunque sólo fuera ¡una! Luego, hablando y hablando, mientras pasaba el tiempo, Gil Abad le fue diciendo cómo era el hada, cómo solía ir, y hasta el lugar donde vivía. Toda la trola que fue creando, iba saliendo de maravilla, porque Marijuli se creyó todo lo que le contaba Gil Abad. Pero al llegar al árbol donde vivía el hada, ocurrió algo que podía pasar. Empezaron a llamar al árbol, para que apareciera. Llamaron una vez, otra, otra y nada.

Pero sucedió lo que ninguno esperaba. ¡Síííí! Marijuli abrió los ojos y la boca, porque no podía creer lo que estaba viendo. ¡Un hada! Y tampoco se lo podía creer Gil Abad, que había caído en su propia trola. Tanto, que al ver al hada, se desmayó.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es varita. Nunca podíamos encontrar otra palabra más mágica que varita. Bienvenidas y bienvenidos a la magia.

Como estamos ante una varita (mágica, eso sí), intentaremos conseguir, con esa maravillosa varita, un montón de palabras que tengan un tamaño pequeño o que tengan igual tamaño, pero que se usan para indicar cariño, ternura, crítica, etc. Escribe los diminutivos de las siguientes palabras:

Coche
Nube
Sol
Corazón
Bolsillo
Genio
Traje
Luz

(Solución: Cochecito, nubecilla, solecito, corazoncito, bolsillito, geniecillo, trajecito, lucecilla.)

Cuentame

Vamos a hacer un pequeño recorrido por tus lugares mágicos. Puede que no hayas tenido la suerte de ver a un hada, de usar su varita mágica y de convertir en oro o en piedras preciosas todo lo que tocabas. Pero quizá recuerdes aquel día increíble, cuando la noche rodeaba todos tus pensamientos para el futuro. No hubo manera de salir de ella. El tiempo no pasaba. Miraste el reloj de tu muñeca y el que estaba en la mesilla, al lado de tu cama. No podías tocar el interruptor de la luz, porque no llegabas, alargando el brazo todo lo que podías. Sólo era noche oscura y empezaban a aparecer seres monstruosos. No tenían cuerpo determinado. Eran como sombras fantasmagóricas que te asediaban. Iban llegando y empezaban a estar muy cerca. Demasiado cerca, en ese maldito sueño, del que pensaste que nunca saldrías. Hasta te pareció oír los pasos del reloj de la mesilla, al que no le importaba caer y caer y caer, sin un final posible. Sólo quería salir de la terrible pesadilla.

Puede que hayas tenido la suerte de no recordar tu última pesadilla. O quizá, incluso, no la tuviste. La cuestión consiste, ahora, en que nos hagas un relato de tu último sueño. No importa si fue un buen sueño o uno malo, terrible, terrorífico. De esos que incluso muchos días después, todavía te dan escalofríos recordarlo. O, al revés, serías la persona más feliz del mundo, si aquel sueño se cumpliera.

¡Ojalá que así sea!

Autor

Fernando Lalana
Nació el 24 de febrero de 1958 en Zaragoza (España).
Es licenciado en Derecho, profesión que no ha llegado a ejercer. Desde muy joven participó en grupos de teatro para aficionados. Como escritor su dedicación primordial es a la novela juvenil, aunque tiene otras obras dirigidas a niños. También ha publicado varias obras de teatro. Ha recibido varios premios, entre ellos, el XIV Premio Cervantes Chico en reconocimiento a su trayectoria literaria.
Nuestro observatorio
Podemos leer más información sobre el autor en su página web.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

La corteza del árbol (Primera parte). Fernando Lalana. Editorial SM (Recomendado: 7-9 ños)

23 Jul

el_secreto_de_la_arboleda[1]

Los dos bajamos del terraplén y echamos a andar, despacito, por la arboleda.
-¿Has venido solo? -preguntó Marijuli.
-Naturalmente –contesté dándome importancia-. Ya soy mayor…
-Yo también he venido sola.
¿Lo veis? Así es Marijuli. ¡No hay forma de ganarle! Hagas lo que hagas, ella lo hace, por lo menos, tan bien como tú.
-Pero seguro que yo vivo más lejos –añadí.
-Bueno, seguro que sí. Es que yo vivo ahí, ¿sabes?
Y señaló una casa muy cercana, situada justo al lado de la vía. Mejor dicho, justo al lado del sitio en donde antes estaba la vía.
-¿De verdad vives ahí? ¡Qué suerte! Habrás visto pasar muchísimos trenes –le dije, sintiendo un poco de envidia.
-Claro, los veía todos. Y todos los maquinistas me conocían y me saludaban al pasar.
Estuve a punto de decirle que mi abuelo había sido maquinista, pero no se lo dije porque seguro que ella me salía entonces con que el suyo había sido jefe de estación. Así que me callé.
En ese preciso momento apareció en mi cabeza una idea pequeñita que pronto se hizo más y más grande. Era una idea que me serviría para reírme un poco de Marijuli; que ya era hora, después de todo lo que ella se había reído de mí.
-Supongo –le dije muy serio- que viviendo tan cerca podrás bajar a jugar a la arboleda siempre que quieras.
-Claro –contestó Marijuli.
-Y te la conocerás palmo a palmo.
-Por supuesto.
-Seguro que hasta sabes cuántos árboles hay.
-Dos mil ciento dieciséis –sonrió-. No, no los he contado yo. Pero algunos ancianitos que pasan aquí las horas muertas sí que lo han hecho. Yo no he tenido más que preguntarles.
¡Caramba con Marijuli! No me negaréis que es sorprendente. Pero ahora, je, je, je, ahora llegaba mi turno.
-Y supongo que habrás visto muchas veces al hada.
-¿Hada? ¿Qué hada?
-El hada de la arboleda, naturalmente –dije yo, más serio que un ajo.
-Vamos… tú lo que quieres es tomarme el pelo, Gil Abad.
-¡Oh! Eso quiere decir que no la has visto nunca…
-¿Un hada? ¡Las hadas no existen! ¿Estás chiflado?
-Bueno… si tú lo dices, estaré chiflado.
Y empecé a caminar. Pero había conseguido interesarla y, enseguida, estaba pisándome los talones.
-Oye, ¡no hablarás en serio…!
-Completamente en serio.
-¿Tú la has visto?
-Tres veces.
-Y ¿cómo es?
-¡Psssst…! Como todas las hadas. Lleva un gorro puntiagudo y una varita mágica con una estrella en la punta.
Marijuli abrió unos ojos como platos de postre y dijo:
-¡Sopla!
¡Ya estaba! ¡Ya estaba! ¡Lo había conseguido! ¡Marijuli se había tragado la bola! Yo, por dentro, estaba que me partía de risa, pero decidí seguir con el cuento del hada hasta sus últimas consecuencias. ¡Cuando lo contase en clase iba a ser la monda…!
-Bueno, y ¿dónde está? –preguntó Marijuli.
-¿Quién?
-¿Eres bobo? ¡Quién va a ser! ¡El hada!
-¡Oh! ¿Quién sabe? Suele estar todo el día por ahí, haciendo magias… Es muy difícil encontrarla en casa.
-¿Es que sabes dónde vive?
-Por supuesto –dije tranquilamente.
Y seguí andando, ante la sorpresa de Marijuli que esperaba que le contase inmediatamente el secreto del hada. Cinco segundos después, venía corriendo hacia mí, gritando.
-¿Y bien? ¿A qué esperas? ¡Dilo ya!
-Es que… no sé si debo decírtelo. No es algo que se pueda decir a cualquiera.
-¡Pero yo no soy cualquiera! Somos amigos.
-¿Ah, sí?
-¡Claro! ¡Fíjate la de rato que llevamos hablando! Dentro de muy poco ya seremos íntimos amigos. Hasta es posible que lleguemos a casarnos.

Fernando Lalana. El secreto de la arboleda. Editorial SM

El Cruz del Sur. Llanos Campos. Editorial SM (Recomendado: 11-14 años)

16 Jul

tesorodebarracuda

Nadie, eso lo puedo asegurar, ha asistido jamás a una clase como la nuestra. Yo no había ido al colegio ni un solo día en toda mi vida, pero estaba seguro de que ningún profesor había tenido alumnos como aquellos: piratas llenos de tatuajes y cicatrices, con las ropas raídas (1), los dientes negros y los cuchillos al cinto, todos sentados en la bodega del Cruz del Sur, haciendo más muecas que una pandilla de monos. Entre los que no veían bien, los que no hablaban bien y los que no oían bien, Dos Muelas tenía el trabajo más difícil del mundo. Era como intentar enseñar a coser a una bandada de patos.
Tampoco Dos Muelas era lo que se dice un buen profesor, aunque el pobre hacía lo que podía. Había veces en las que se sujetaba la cabeza como si temiera que se le desenroscase del cuello y saliera volando para explotar en el aire. Le preguntábamos todos al mismo tiempo, y él intentaba recordar lo poco que sabía; yo creo que a veces hasta se lo inventaba, solo para que le dejásemos en paz.
Empezó por enseñarnos las letras, y nos pareció increíble que hubiera tantas. John la Ballena insistía en que él no decía ni la mitad al hablar, y daba igual que intentásemos convencerle de lo contrario; era terco como una mula. Claro que esto no fue nada comparado como cuando empezamos a juntarlas para hacer palabras. Aquello era interminable. Porque si era difícil saber cómo sonaban de dos en dos, en cuanto hacíamos montones de tres letras, ¡aquello era la repanocha! Allí estábamos todos abriendo la boca, sacando la lengua, poniendo morritos y frotándonos los ojos. Y claro, antes o después a alguien le daba la risa y ya teníamos montado el follón. Que si “De qué te ríes tú”, que si “Yo de nada”, que si “Te vas a reír de quien yo te diga”… En fin: pelea al canto.
A esto hay que añadir que el mismo Dos Muelas, como ya os he contado, tenía los conocimientos justos del asunto, y a veces ni eso. Muchas veces confundía letras, sobre todo la U y la V, con lo que en vez de “vida” leíamos “uida” (y encima así, sin H; ahora lo sé). Por eso nadie entendió lo que decía Erik el Belga cuando después de mucho esforzarse y ponerse azul de los nervios, leyó: “El anciano pasó su “uida” tumbado en la cama”. Se enfadó un montón cuando Jack el Cojo dijo:
-¡Pero qué dices, bruto! ¿Quién huye estando en la cama?
-¡Y yo qué sé! –respondió el Belga-. ¡Yo no lo he escrito! ¡Sólo lo leo!
-¡Que lo lee, dice! ¡Te lo inventas!
-¡Oye, John, no me toques las narices o vas a tener que leer sin dientes! ¡A ver cómo dices entonces “zafarrancho” o “zarparon”!
Discusiones como esta hubo miles. Todos los días se nos planteaban más preguntas que respuestas tenía Dos Muelas, ni aunque se las inventara. En cuanto parecía que empezábamos a coger carrerilla aprendiendo, nos venía con otra cosa nueva: las mayúsculas y las minúsculas, los acentos… Y cuando esto parecía aclararse, llegaban la B y la V, la G y la J…
-¡Bueno, ya está bien! –vociferó un día Boasnovas, mandando el libro a tomar viento de un manotazo-. ¡Te ríes de nosotros! ¿Cómo diantres se van a escribir distintas la G de “general” y la de “jerez”? ¡Si se dicen igual! ¡Nos engañas, maldito corso!
-¡Quieres hacernos pasar por estúpidos! –añadió John la Ballena.
-¡Eso! ¡Eso es! –se unió a la protesta el Belga-. ¡Quieres saber leer bien solo tú para no compartir con nosotros los secretos del libro de Phineas!
-¡Sí, sí! –apoyaron las quejas todos los demás a coro.
Antón el Corso, ahora conocido en el Cruz del Sur como Dos Muelas, estaba a punto de causar un motín de estudiantes a bordo. ¡Vivir para ver! Así se levantó, cogió el libro y subió de dos zancadas las escaleras de la bodega. Antes de cerrar la trampilla de cubierta dijo:
-¡Se acabó! ¡Os dije que no sabía enseñar a leer! ¡No tengo por qué soportar esto! ¡Buscaos otro idiota que os aguante!
Y dio un portazo.
Primero todos nos enfadamos, claro… Y luego supimos qué hacer.
Al día siguiente, la tripulación entera estaba de mal humor, Dos Muelas el que más. Se pasó todo el tiempo arriba, en su puesto de vigía en lo alto del palo mayor, aunque navegábamos por mar abierto y no había nada que ver aparte del agua, agua, más agua y mucha más agua. Tenía un enfado del quince.
Pasaron dos días de pocas palabras y muchas miradas. Al profe no se le pasaba el enfado. Pero a los demás empezó a ocurrirnos algo curioso. De repente nos dimos cuenta de que, sobre la puerta del camarote de Barracuda, alguien había escrito “Capitán”; que en los barriles de ron, efectivamente, ponía “Ron”, y no solo eso, sino que ponía también “de Puerto Rico”; y, lo que era más importante, que podíamos poner los barriles juntos en la bodega que ya sabíamos distinguir los de ron de los de pólvora, ya que ¡también lo ponía! ¡Ponía “pólvora”!
Claro que no todas las noticias fueron buenas. Que se lo digan al pobre Jack el Cojo, que vivía convencido de que un chamán (2) del Amazonas se había tatuado en el brazo derecho, bajo el dibujo de un jaguar, las palabras “Valor y Fiereza”, hasta que pudo leer él mismo que, en realidad, ponía “Gatito Lindo”. No queráis saber la de bromas que le hicieron a partir de ese momento. Pensó incluso en cortarse el brazo; pero conseguimos convencerle de que ya le faltaba una pierna, y que eso sería perder muchas cosas del cuerpo para una sola vida.

  1. Raídas: Muy usadas, gastadas.
  2. Chamán: Hechicero.

Llanos Campos. El Tesoro de Barracuda. Editorial SM

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Vaya enfado! Y todo empezó por un problema con la lectura. ¿Hay alguien, en tu clase, que lleve algún tatuaje? Seguro que no, porque el tatuaje es algo muy complicado, que necesita del permiso de tus mayores y, además, hacértelo es muy doloroso. Lo que pasa es que los que llevaban tatuajes eran los piratas. Y claro, no hay más que saber lo que son los piratas. Dice el Diccionario de la Real Academia: pirata es una persona que, junto con otras de igual condición, se dedican al abordaje de barcos en el mar para robar. También ahora existen los piratas aéreos: los que obligan a la tripulación de un avión a cambiar su rumbo.

Seguro que a tu profesora o profesor no se te ocurre llamarlos con el mote que le ponían estos piratas: Dos Muelas. Y es que claro, de piratas tenemos poco o nada. Pero los piratas, en la literatura, en los comics y en muchas historietas, son personajes muy habituales. Fíjate, si no, en estos que quizá tú conoces. Son Astérix y Obélix. En el capítulo de Astérix y Cleopatra, encontramos esto. Son piratas que intentan ir ¡al abordaje!, como en nuestro texto de hoy. Lo único es que no sabían de qué son capaces esos famosos galos.

¿Verdad que después de ver lo que les pasa a los piratas con Astérix y Obélix quedan pocas ganas de ser pirata? La pena es que sean sólo un cómic. Pero de los mejores que se pueden leer.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es bodega. Nos lleva, por arte de magia, a las palabras relacionadas con un barco. En las siguientes páginas, te explican cómo se llaman y dónde están las partes de un barco.

Después de ver cualquiera de estos videos, puedes resolver, con un premio de diez puntos (10 puntos) si lo consigues, qué definición corresponde a cada palabra que presentamos. El trabajo consiste en enlazar, correctamente, los números y las letras.

a) Popa 1) Parte delantera del barco
b) Babor 2) Parte derecha del barco
c) Proa 3) Parte trasera del barco
d) Estribor 4) Parte izquierda
e) Trampilla 5) Espacio que hay dentro
f) Bodega  de los buques 6) Ventanilla hecha en el suelo

 

(Solución: a-3; b-4; c-1; d-2; e-6; f-5)

Cuentame

Hemos leído un capítulo de El Tesoro de Barracuda. Si nos pusiéramos a pensar cuál podría ser nuestro tesoro, saldrían cosas fantásticas. Podemos creer que no somos capaces de convertirnos en escritoras o escritores, porque no tenemos edad para ello. Puede que sí, que eso sea cierto. Pero también podemos tomar ejemplos como este.

Y si te apetece, podrías hasta dejar un libro propio, precioso, si consigues, según se indica en la próxima página, seguir las pautas. ¡Que tengas muchísima suerte!

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Llanos Campos Martínez

Nació el 25 de abril de 1963 en Albacete (España).
Comenzó la carrera de Psicología aunque finalmente estudió interpretación en el Teatro Escuela Municipal de Albacete.
Se ha dedicado principalmente al teatro, como actriz, productora y autora. Ha realizado todo tipo de espectáculos. Cuando fundó su propia compañía, Falsaria de las Indias, empezó a escribir textos y a realizar adaptaciones. El Tesoro de Barracuda es la primera novela que escribe y con ella recibió el Premio Barco de Vapor 2014.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos más sobre Llanos Campos y su Compañía.

Bibliografía
Si te gustan las historias de piratas, no te pierdas esta dirección. Hay muchas cosas en Canal Lector.

Trabaja con método. Philippe Brasseur. Editorial Anaya (Recomendado: 14-16 años)

9 Jul

ingenios

Cada genio tiene su “receta” para trabajar con eficacia. Raros son aquellos que dejan al azar un asunto como ese. Inspírate en los trucos ajenos para encontrar los propios.

Nuestro principal enemigo es la procrastinación
¿Conoces el significado de esta palabra? Es la tendencia (muy extendida) a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. ¿Tienes algún proyecto de gran envergadura que te asusta? Un buen consejo: trabaja en él durante una hora o dos. A continuación, déjalo reposar y retómalo más tarde: la pequeña semilla que has plantado en tu cerebro habrá germinado y dará frutos inesperados…
Un buen consejo siempre puede ser ignorado, pero no es razón para no darlo.

Los creadores y sus secretos
Estos ejemplos te ayudarán a encontrar tu propia “disciplina” para trabajar en tu proyecto genial…

Elige el momento adecuado
Napoleón Bonaparte
, tras dedicar toda la jornada a la gestión de su inmenso imperio y a la ejecución de sus numerosos planes, trabajaba por la noche en asuntos que requerían mucha concentración, como la redacción de su famoso Código Civil. Numerosos escritores, por el contrario, afirman sentirse muy inspirados a primera hora de la mañana.

Elige el lugar adecuado
Pierre Soulages es un pintor que vive en la Costa Azul, en una casa con magníficas vistas. Sin embargo, pinta en un taller sin ventanas para evitar la distracción del paisaje. Aunque debemos decir que, desde hace más de veinte años, el negro es el color predominante en sus cuadros…
Agatha Christie tenía un método propio para escribir novelas policiacas. La historia se le ocurría en los lugares más inesperados: en la calle, en el tranvía… Construía la trama empezando por el crimen: el arma homicida, el asesino y el móvil. Luego añadía a los sospechosos y exponía sus razones para matar. Para concluir, incorporaba las pistas y las “falsas pistas” destinadas a provocar la confusión del lector. Cuando todas las pistas encajaban, empezaba a escribir. A menudo redactaba dos libros al mismo tiempo, pues de este modo, si se quedaba sin ideas para uno, siempre podía trabajar en el segundo.

Encuentra tu propio método
El novelista Vladimir Nabokov escribía de pie, ante unas fichas que pegaba a la pared y que podía cambiar de sitio en cualquier momento para transformar la estructura de su historia.

Establece un horario fijo de trabajo
Todas las mañanas, a las 9 en punto, René Goscinny (autor de Astérix, Lucky Luke y El pequeño Nicolás) se sentaba a escribir sus cómics. Comía a las 12 y después se iba a la redacción de la revista Pilote, donde trabajaba como redactor jefe.

Atrévete a decir que no
Los genios hacen lo posible para que nadie los moleste. De hecho, René Descartes, gran filósofo y matemático, se desplazaba de una ciudad a otra sin indicar jamás en sus cartas la dirección exacta.

Establece una meta concreta
Stephen King, como muchos novelistas, escribe un mínimo de diez páginas al día, incluso cuando está de vacaciones. Es una cantidad enorme, como la cifra de libros que ha escrito.

Philippe Brasseur. InGenios. Editorial Anaya

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Te contaremos lo que ya se ha hecho, en el trabajo de las diferentes lecturas que hemos analizado en la Tercera época de Los Fundamentales.
Empezamos hace ahora casi tres años con la Época 1 de Los Fundamentales, donde se seleccionaron 36 textos, para edades comprendidas entre los 7 y los 18 años. Siguió la Época 2, de Los Fundamentales con otros 36 textos para esas edades que te hemos dicho (de 7 a 18 años). Y estamos ahora en la Época 3, exactamente en el texto número 20, que es Trabaja con método, de Philippe Brasseur. Está este texto en el libro Ingenios, de la editorial Anaya.

Lo que sí te aseguramos es que este texto de Brasseur lleva varios meses seleccionado. Nos pareció fundamental, por el secreto que aporta en cómo realizar un trabajo. Y por eso lo has leído, como seleccionado. Como principio, te diremos lo cerca que estamos de este autor, en sus métodos y en sus reflexiones, pensamientos e incluso axiomas, entendiendo por axioma la definición que da el diccionario de la RAE:
1. Proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración.

Y ese axioma que nos da el autor es:  Un buen consejo siempre puede ser ignorado, pero no es razón para no darlo.
Eso significa que, si consideramos que algo que hemos hecho está bien y les puede servir a otros, es bueno darlo. Lo que quien nos escucha pueda hacer es una decisión de ellas o de ellos, de quienes lo escuchan. Nosotros seguiremos dando esa posibilidad que creemos que es buena.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es receta. Sabes lo que es una receta de cocina y una receta médica. Lo que nos propone el autor son recetas que se basan en la forma de trabajar de “genios”, personas que han sido sobresalientes, en distintos campos de trabajo de la humanidad: filósofos, escritores, matemáticos, pintores y un largo etcétera. Por eso receta es una palabra mágica.

Ayuda a los profesionales y a los que aprendemos cómo realizar algo. Cojamos dos campos: la cocina y el bricolaje, por ejemplo. En la cocina, encontramos, nada más empezar, la siguiente frase:

“El otro día estaba buscando una receta original para hacer con fresas.  En casa las tomamos siempre iguales y estaba buscando algo para hacérselo más atractivo a mis hijos”… Y esta es la página que encontramos.

También localizamos recetas para fabricar, con un poco de maña e ilusión, juguetes de madera preciosos. Hay tiendas que venden estas cosas. Pero lo que sí podremos, si alguien nos dice cómo hacerlo (nos da su receta) es lograr pasar buenos ratos. Tú, fabricándolo. A quien se lo regales, disfrutándolo.

Cuentame
Hoy te pedimos un favor. Un gran favor. ¿Serías capaz de contarnos, según lo que el autor dice, tu “receta” para trabajar con eficacia? Te recordamos, para que lo tengas delante, lo que nos dice el autor del texto. Tú sólo tienes que rellenar con tus datos la forma en que trabajas. Eres, por tanto, la creadora o el creador que nos permite ver su forma de trabajar.

  • ¿A qué hora sueles ponerte a trabajar en algo? ¿Lo haces siempre a la misma hora o depende del día?
  • ¿Te domina, a veces, la procrastinación? Ya sabes: dejar para mañana algo que puedes hacer hoy.
  • ¿Consideras que realizas tu trabajo en el lugar adecuado? ¿Cuál es ese lugar? ¿Cómo es?

Autor
Philippe Brasseur
Nació el 19 de diciembre de 1964 en Bélgica.
Ha trabajado como creativo en publicidad. Ha sido organizador de eventos y editor de revistas para jóvenes. Ahora se dedica a dos de sus pasiones: la escritura y la ilustración. También dirige talleres creativos.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos en su página web

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica “micromuseo”, debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.