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El misterio de la risa (Segunda parte). Pilar Mateos. Editorial Anaya (Recomendado: 7-9 años)

26 Mar

pequenodaviron

¡La risa! Los dos hermanos se miraron con asombro. Jamás habían oído esa palabra. Los davirones no se ríen nunca, y eso es lo único que les falta para ser enteramente felices. Por lo demás, reúnen todas las condiciones de la gente feliz. Son muy generosos y no dejan de jugar aunque se hagan viejos. Son emprendedores (1) y activos a ratos, y muy perezosones (2) en otros momentos. Están convencidos de que todo el mundo dice la verdad y tiene buenas intenciones.
-¿Y qué es la risa?
La pobre abuela no sabía explicárselo.
-No sé cómo deciros.
-¿Es como el sonido de una campana?
-Casi, pero no.
-¿Es como el sol cuando hace culebrillas en el agua?
-Casi, pero no.
-¿Como la rosaleda en verano?
-Casi, pero no.
Los pequeños davirones se quedaron pensando un buen rato.
-¿Como si tuvieras una caja de música en el corazón?
-Casi, casi –dijo la abuela-, pero no.
Debía ser algo tan fantástico que no había manera de expresarlo con palabras; algo mucho más difícil que decir que zangandungo o que prestidigitador. ¿De qué podrían reírse los niños si era tan complicado?
-Los más simples se ríen de los demás. Los que están alegres se ríen con los demás. Los que son inteligentes se ríen de ellos mismos.
-¿Y nosotros por qué no nos reímos?
-Porque no sabemos –dijo la abuela-. Siempre ha sido así.
De pronto los pequeños davirones se volvieron transparentes, de una transparencia absoluta, que es el no color de la tristeza. Era porque acababan de darse cuenta de que les faltaba algo fundamental en la vida y que sin ello no valía la pena deslizarse por un tobogán, ni contar chistes, ni pegarle a un compañero un monigote en la cola. Por eso los chistes que contaban los davirones resultaban tan sosos y nadie les encontraba la gracia.
-¿Nunca podremos reírnos?
-Siempre ha sido así –insistió la abuela-, y ningún davirón se ha quejado por eso. Después de todo, somos bastante felices.
-Pero yo quiero reírme –dijo Davi davirón.
-¿Y cómo? –replicó su hermano-. Para eso hay que saber.
-Pues que te enseñen.
-¿Quién va a enseñarte? –intervino la abuela-. En Davirondalia no hay nadie que sepa reírse. Ni siquiera Davironorio, el sabio, ha conseguido aprender a sonreír. Y eso que conoce cincuenta y dos maneras distintas de tropezar con una piedra.
-Entonces no será tan sabio –refunfuñó Davi-davirón.
Estaba tan transparente, de pura pena, que a través de él se veían las florecitas de las sábanas, y las puntillas blancas de los almohadones manchadas de helado de menta. Pero enseguida empezó a teñirse de azul cielo, cada vez más intenso. Y era que estaba pensando.
-Iré a la ciudad –dijo en voz alta-. Y buscaré un niño para que me enseñe.
-¡Buena idea! –exclamó su hermano.
Y se había puesto rojo de contento. La abuela, en cambio, iba cobrando, poco a poco, un ligero matiz (3) amarillo, porque estaba un tanto asustada.
-No sé, no sé –musitaba- (4). A ver si te va a pasar algo.
-Pero no dijo:
-De ninguna manera.
Que es lo que hubieran dicho los padres.
-¿Qué me va a pasar?
-Qué sé yo. Que te atropelle un semáforo, o que te pierdas dentro de un buzón de correos. Hay muchas cartas que se pierden.
La abuela davirona jamás había estado en la ciudad, por eso tenía las ideas algo confusas. Pero sabía dónde estaba situada porque había estudiado geografía. Y era capaz de señalar en el mapa todos los pueblos de los alrededores, y el lugar exacto donde se fabricaban las figuras de azúcar.
-¿Está muy lejos la ciudad?
-Muy lejos. Atravesando los bosques de castaños y los siete puentes sobre las autopistas. Dejando atrás la fábrica de figuritas de azúcar. Más allá todavía de la estación del tren.
-¿Cuánto se tarda en llegar?
-Bastante. No llegarías antes de la primavera.
Eso que los davirones, ya sabéis, son muy veloces corriendo; más veloces que las ardillas. Gracias a esa cualidad son los primeros en alcanzar el nogueral, sacándoles bastante ventaja, tan pronto como maduran las nueces.
-Mañana, nada más levantarme, me pondré en camino –dijo Davi-davirón-. Conseguiré llegar antes que la primavera.

(1) Emprendedor: quien comienza algo alguna dificultad o peligro.
(2) Perezosones: muy perezosos. Que les cuesta trabajo hacer algo.
(3) Matiz: rasgo poco perceptible.
(4) Musitar: susurrar, hablar en voz muy baja.

El pequeño Davirón. Pilar Mateos. Editorial Anaya.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Esta vez, con el texto de Pilar Mateos que hemos seleccionado, introducimos una nueva manera de leer. Son dos lecturas (esta y la primera parte, pero un solo texto, aunque dividido en dos partes. Las edades en las que pensamos que el texto (y el libro completo: El pequeño davirón, editado por Anaya) pueden hacer disfrutar a lectoras y a lectores son los siete a nueve años. No son fijas esas edades, por supuesto, como siempre comentamos. Es el conocimiento de la mediadora o del mediador quien va a adjudicar las edades de lectura. Temas, personajes, situaciones, sensaciones, actitudes, juegos, relaciones familiares, etc., se dan cita en una lectura muy apropiada a las edades comprendidas a partir de 7 años.

Si disponemos del libro (en la biblioteca o porque alguien lo tenga en casa, por ejemplo), podemos hacernos una idea de quiénes eran los davirones, por las ilustraciones de Javier Serrano, gran ilustrador de la literatura infantil y juvenil. Si no es así, podemos plantear una actividad relajante, ingeniosa y que dé rienda suelta a la creatividad de los integrantes del grupo.
Texto
Las posibilidades que este texto ofrece son sumamente interesantes y, sobre todo, muy variadas. Podemos elegir, si nos centramos en la edad intermedia de las recomendadas (7-9), es decir, los ocho años, aspectos y cuestiones como las siguientes:

¿En qué se parecen los davirones a gente como nosotros? ¿Podríamos llamarnos davirones? Qué te parece ese nombre: ¿crees que sería posible que a nuestro grupo de amigos y amigas nos llamaran así? ¿Y a gente de nuestra familia?

Vamos a ver, primero, cómo son los davirones y cómo somos nosotros. A lo mejor, de esta manera, llegaríamos a alguna conclusión. Vete pensando, mientras, qué nombre pondrías a ese tipo de gente a la que tú perteneces. Piensa, por ejemplo, dónde viven los davirones. ¿Se parece al lugar donde vives tú? Y cómo es la casa de los davirones: ¿se parece a la tuya? ¿En qué se diferencian?

Cuéntanos cómo es tu familia. Esa con la que vives. ¿Tienes hermanos o hermanas más pequeños? ¿Y mayores? Cuéntanos un secreto. Prometemos que sólo lo vamos a saber tú y nosotros. ¿Eres tú, acaso, el benjamín o la benjamina de la familia? ¿Qué número haces en la familia, después de los mayores?

Y ahora vemos estos dibujos animados:

¿Os parecéis en algo a Jelly y Jamm, amigos para siempre, en la pandilla de tus amigas y amigos? Cuéntanos a quién elegirías como amiga o amigo para siempre. ¿Por qué? ¿Es porque te llevas muy bien o porque haces un deporte en el que ganáis, cuando vais juntos o juntas? ¿O es porque vivís cerca y podéis salir cuando queráis? O porque…
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es buhardilla. Ya sabes: ese lugar al que Davi-davirón no quería subir aquella noche. Él quería dormir con la abuela. Normalmente estaban allí, arriba, porque era más fácil jugar a muchas cosas. Pero aquella noche, no. Ese día tenía miedo y lo que quería era dormir con la abuela. ¿Tienes buhardilla en tu casa? Podías contarnos un poco cómo es tu casa y decirnos dónde prefieres estar.
Y después de ver estas casas con buhardillas, una pregunta secreta: ¿crees que si vivieras en una buhardilla te pasaría lo mismo que a Davi-davirón, que tenía miedo?
Cuentame
Antes de que tú nos cuentes cosas de tus amigas y amigos, te proponemos ir a esta página. A ver si conoces el juego que se propone. Es, para que te vayas haciendo una idea, el juego del amigo invisible o amigo secreto. A lo mejor, te pasas un buen rato, divertido y, como el pequeño davirón, consigues reírte un montón.

Nuestra pregunta es muy fácil para ti. ¿Has jugado, alguna vez al amigo invisible? ¿Has sido tú quien ha recibido algún regalo de alguien? ¿Te imaginabas quién podía ser o te pilló completamente de sorpresa? ¿Conocías mucho a tu amiga o amigo invisible? ¿Te gustó el regalo? ¿Cuándo hicisteis la entrega de regalos? ¿Dónde se hizo?

Ahora, podías hacer memoria y recordar el día en que más te has reído. ¿Por qué fue? ¿Te gustaría pasar un día como aquél, el que te tronchaste de risa? Dínoslo, a ver si conseguimos reírnos nosotros. Y gracias, por hacernos pasar un rato fantástico. ¡Hasta las próximas carcajadas!
vNq6
Pilar Mateos
Nace en Valladolid (España) en 1942.
Estudia en las universidades de Valladolid, Salamanca y Madrid.
Ha realizado guiones para cine, radio y televisión. Desde 1980 se dedica exclusivamente a escribir obras para un público infantil y juvenil.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos en su página web

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora tomada de Canal Lector y de su web

El misterio de la risa (Primera parte). Pilar Mateos. Editorial Anaya (Recomendado: 7-9 años)

18 Mar

pequenodaviron

Los davironlenses duermen en el interior de los troncos de los árboles. Los escogen de buen tamaño y los tienen muy bien acondicionados, con dos o tres pisos, para que los benjamines no entorpezcan el sueño ligero de los más viejos. Los benjamines suelen dormir en la buhardilla, que es su sitio preferido. Allí pueden organizar guerras de almohadas y jugar al escondite sin que nadie los moleste, y asomarse por arriba, a ver lo que están haciendo los pájaros, si comen o no, y si ya ha nacido la cría rezagada del último huevo.
Esa noche, sin embargo, Davi-davirón no quiso subir a la buhardilla. Dijo que tenía miedo y que quería dormir con la abuela. Y su hermano mayor, que le llevaba un año, puso la misma disculpa.
-Yo tengo miedo –dijo-. Quiero dormir con la abuela.
Y la abuela se apresuró a hacerles un sitio en la cama, porque los tenía muy consentidos y siempre los estaba malcriando. Por si fuera poco, les llevó a escondidas una buena ración de helado de menta que había guardado para el domingo, con lo que se pusieron los dos perdidos de churretes y dejaron las sábanas pringosas. Pero eso no les importó. Los davirones, todo hay que decirlo, son un poco cochinos y no les molesta nada mancharse de barro o de tinta de bolígrafo; mucho menos de helado de menta.
Lo de que tuvieran miedo esa noche era una simple disculpa. Más cierto era que estaban muriéndose de curiosidad y querían preguntarle una cosa a la abuela; a sus padres, no, porque sus padres enseguida les mandaban a buscar la respuesta en el diccionario. Por eso se lo preguntaron a ella.
-¿Es verdad que existen los niños?
Esta abuela davirona era de las más listas del territorio y nunca en su vida había dicho una mentira. Eso que había cumplido ciento setenta años y no le habían faltado oportunidades.
-Es verdad –afirmó-. Los niños existen.
Los dos hermanos se sentaron en la cama, completamente verdes, desde el pelo hasta la cola; porque el color de la curiosidad es verde. Gracias a esa feliz coincidencia no se les notaban los churretes de helado de menta.
-¿Y cómo son?
Las abuelas casi siempre conservan el color original de los davirones, que es canela claro, como ya he dicho, debido a que todo se lo toman con mucha calma, y sólo se alteran cuando alguien les pierde las tijeras de las uñas. Entonces se ponen moradas furiosas.
-Yo los vi un día –dijo tranquilamente- cuando era así, poco mayor que vosotros. Vi tres niños bajando por el río, metidos en una barca.
-¿Tenían ruedas?
-Los que yo vi, no –dijo la abuela.
Se quedó callada un momento y añadió en un susurro.
-Se reían.
-¿Se reían?
Se hizo un silencio tan grande que se oyó rebullir a los pájaros en sus nidos, y el rumor de las hojas creció como una tormenta.
-Y eso qué es?
-Eso es cuando les da la risa-dijo la abuela. (Continuará).

El pequeño Davirón. Pilar Mateos. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Esta vez, con el texto de Pilar Mateos que hemos seleccionado, introducimos una nueva manera de leer. Son dos lecturas (esta y la segunda parte), pero un solo texto, aunque dividido en dos partes. Las edades en las que pensamos que el texto (y el libro completo: El pequeño davirón, editado por Anaya) pueden hacer disfrutar a lectoras y a lectores son los siete a nueve años. No son fijas esas edades, por supuesto, como siempre comentamos. Es el conocimiento de la mediadora o del mediador quien va a adjudicar las edades de lectura. Temas, personajes, situaciones, sensaciones, actitudes, juegos, relaciones familiares, etc., se dan cita en una lectura muy apropiada a las edades a partir de 7 años.

Si disponemos del libro (en la biblioteca o porque alguien lo tenga en casa, por ejemplo), podemos hacernos una idea de quiénes eran los davirones, por las ilustraciones de Javier Serrano, gran ilustrador de la literatura infantil y juvenil. Si no es así, podemos plantear una actividad relajante, ingeniosa y que dé rienda suelta a la creatividad de los integrantes del grupo.

Invierno. Blas de Otero. Ediciones de la Torre (Recomendado: 16-18 años)

12 Mar

blasdeotero

Ahora desciende el sol al sótano,
con cuidado, suavemente.
Ahora van oscureciéndose las escaleras
del cielo. Encenderemos la lámpara
de la luna.
Ahora un sol amarillo resbala sobre el papel
con un cuidado infinito
de no romperlo ni mancharlo.
Ahora son las cinco y veinticinco de la tarde,
una tarde de invierno
en Madrid.

Blas de Otero. Blas de Otero para niños y niñas… y otros seres curiosos. Ediciones de la Torre

Propuesta para mediadoras y mediadores

Texto
Asistimos a un atardecer. Es el momento en que el poeta mueve la cabeza, atiende con sus ojos a lo que hay alrededor. Ese momento del día en que todo parece que se está yendo. Va descendiendo el sol. Va pasando con cuidado, de forma suave, hasta el sótano. No se percibe ningún sonido en la bajada de la escalera. Al tiempo, arriba, en el cielo, cambia el paisaje. El sol se despide, mientras alguien ocupa el lugar del astro rey. Está el poeta “dentro” de ese paso del tiempo. Dice adiós al que era “jefe” todavía, el sol, mientras se iba resbalando “sobre el papel con un cuidado infinito”.
La luz se apaga y se acaba. Hay que encender una luz. Son las cinco y veinticinco de la tarde. ¿Qué luz enciende el poeta? Elige entre estas respuestas:

  1. Es una luz que alumbra la escalera de su casa, a esa hora.
  2. Cuando se van oscureciendo las escaleras del cielo, es cuando vemos esa lámpara, que es la luna.
  3. En invierno, se produce un fenómeno natural: todo el cielo se ilumina a las cinco de la tarde.

(Solución: respuesta número 2).

Palabra magica
Si echas una ojeada, de nuevo, a la poesía de Blas de Otero, te diremos una intuición de lector. Puede que percibas, como nosotros, en los versos que él nos va diciendo, una palabra. Quizá mejor un concepto. Es la luz. Esa del sol, luego de la luna, por la hora que va llegando: las cinco y veinticinco de la tarde.
Y ahora, intenta conectarte a esta página, pero lee lo que en ella pone, con un aviso anterior. Vamos a comprobar que esa intuición inicial no es un absoluto error. Y serás tú quien nos lo diga.  Podrás decirnos si estás o no de acuerdo en que la luz es, en las palabras de Blas de Otero, algo sobre lo que giran sus líneas. Tanto en el poema que hemos leído, como en las páginas de Fidelidad.

Así pues, consideramos hoy luz, como palabra mágica en lo que hemos leído y visto de lo que escribió el poeta.
Cuentame

Hemos dicho que nuestra palabra mágica de hoy es luz. Pero fíjate también en la importancia de algunas palabras. Por ejemplo, los adverbios. Dice la RAE que son palabras invariables, cuya función consiste en complementar la significación del verbo, de un adjetivo, de otro adverbio y de ciertas secuencias. Hay adverbios de lugar, como aquí, delante, lejos; de tiempo, como hoy, mientras, nunca; de modo, etc. Pero vamos a fijarnos en uno concreto, que el poeta usa para que la lectora o el lector se sitúen perfectamente en el pensamiento del poeta. Es un adverbio de tiempo. ¿Sabrías decirnos cuál utiliza Blas de Otero para situarnos correctamente, en el momento que él recuerda cuando escribe? Como pista, te diremos que te fijes en los versos 1, 3, 6 y 9. Y este último, el noveno verso, hay, además del adverbio de tiempo ahora, una mayor precisión del poeta. Ahora son las cinco y veinticinco de la tarde. ¿Te das cuenta de la importancia que el poeta concede al momento presente, el que está viviendo en ese preciso momento? Por eso emplea el adverbio de tiempo: ahora.

Podías, ayudándote de la poesía del maestro Blas de Otero, decirnos algo tan “simple”, tan “sencillo”, como lo que él nos cuenta, poéticamente. Inténtalo. A lo mejor descubres que te encanta escribir. Y más, poesía. Si no lo intentamos alguna vez, nunca lo sabremos. Aquí tienes algunas ideas.

Empezamos. ¿Que está sucediendo a tu lado? ¿Qué hora es? ¿Qué estás viendo? Miras al cielo y descubres cómo está. ¿Está nublado? ¿Tiene pinta de ir a llover? ¿Hay todavía un poquito de sol? ¿Cuánto crees que te queda, antes de que caiga la noche? La hora exacta, como hace el poeta, nos dará una pista definitiva.
Autor
Blas de Otero

Nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao (España) y murió el 30 de junio de 1979 en Majadahonda, Madrid (España).
Sus primeros estudios fueron en su ciudad natal,  los acaba en Madrid pues la familia tuvo que trasladarse por problemas económicos. Comenzó a estudiar Derecho aunque le costó acabar la carrera porque tenía que trabajar para mantener a su familia, al morir el padre. Siente la vocación de escritor desde muy joven. Colaboró con varios medios. Un viaje a París provoca su transformación, y se convierte en un paladín de la libertad. Viajará por toda España para conocer sus gentes y posteriormente también al extranjero, principalmente a los países de la órbita socialista. Fue uno de los representantes de la poesía social de los años 50.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos sobre el autor en la página web de su Fundación.

Bibliografía
Libros y otras publicaciones sobre  Blas de Otero recogidos en la página web de la Fundación que lleva su nombre.

Un indio ciego. Ricardo Gómez Gil. Editorial SM (Recomendado: 11-14 años)

5 Mar

ojo de nube

Un crow ciego era un obstáculo para la tribu, cuando tenía que viajar desde las montañas hacia las praderas, o al revés.                            Tampoco era útil para el poblado un ciego crow cuando la supervivencia diaria dependía de la caza, de la pesca y de la recolección. Ni cuando había que escapar de las amenazas de animales que corrían o se arrastraban por la tierra. O cuando tenían que defenderse de los ataques de otras tribus…
Por eso, entre los crow nadie censuraba al padre o al hijo que abandonaba a un ciego, si este representaba un obstáculo para la vida de la comunidad. Y la persona ciega, cuando era mayor, aceptaba con resignación volver con el Gran Espíritu, porque sabía que ya era un estorbo para la vida de los demás.
Pero la madre de Cazador Silencioso, que había vivido con su hijo durante esas dos semanas y que había sentido cómo su alma se alojaba en su pequeño cuerpo, no quería abandonar a su hijo, a pesar de las advertencias de la abuela Luz Dorada.
Al repetirle que ese niño era un problema para la familia y el resto de la tribu, Abeto Floreciente respondió con energía a su madre:
-Madre, no insistas. ¡Yo seré sus ojos!
Al regresar Arco Certero a la noche siguiente y enterarse de que su hijo era ciego y que no podría cazar con él ni en las praderas ni en las montañas, sintió una tristeza tal que no dijo una sola palabra y se encerró en su tipi.
Pero su mujer envió a sus hijas y a su hijo al cuidado de la abuela y pasó la noche con su marido, consolándole y susurrándole al oído mientras le acariciaba:
-No te preocupes, querido, porque yo seré sus ojos.
A la mañana siguiente, Abeto Floreciente comunicó a su madre, a sus hijas y al resto de las mujeres de la tribu que su hijo se quedaría con ella y que a partir de ese momento el niño se llamaría Ojo de Nube.
Pasaron las semanas y, a excepción de su ceguera, Ojo de Nube creció como un niño sano.
Cuando lloraba, lo hacía con energía. Cuando dormía, lo hacía con placidez. Y las horas en que estaba despierto, producía un ronroneo que parecía una canción: gau-gaugau-gau
Mientras Abeto Floreciente realizaba la recolección en el bosque con otras mujeres, hablaba a su hijo y le contaba cómo era el mundo que esos ojos nunca podrían contemplar:
-Hemos venido a buscar piñas maduras, de las que caen del árbol al suelo antes de que broten las nuevas. Debemos llegar antes de que lo hagan las ardillas. Las mejores son las piñas que comienzan a cuartearse y que mantienen la capa de resina. Acabarán de abrirse los próximos días al lado de nuestros fuegos y luego podremos romper la cáscara y guardar los piñones.
Por las noches, cuando su marido y sus hijas dormían, la madre se acurrucaba junto al niño y le susurraba al oído:
-Al llegar la próxima luna llena tendremos que abandonar las montañas e ir hacia las praderas porque llegará el invierno, la nieve lo cubrirá todo y los grandes animales del bosque bajarán al arroyo para buscar el alimento que les corresponde.
O le contaba alguna antigua leyenda:
-Eso que oyes es el Viento del Norte, que dentro de poco se hará más y más gordo y que vendrá cargado con sacos llenos de nieve. Hace muchos, muchos años, el Viento del Norte llevaba la nieve solo de la cima de una montaña a la cima de otra montaña, viajando con su saco cargado entre barrancos y ríos, sin dejar caer un solo copo, pero una vez se encontró con el Gran Espíritu, que le preguntó si podría darle un poco de esa nieve…
Abeto Floreciente no se separaba de su hijo en ningún momento. Lo llevaba al pecho o a la espalda, se acurrucaba en el lecho contra él para contarle los sucesos del día, o cuidaba del fuego con él en el regazo. Cierva blanca y Montaña Plateada lo comprendían, porque la madre debía ser los ojos del pequeño.
Arco Certero, cuando estaba a solas, movía la cabeza y se lamentaba pensando que su hijo sería muy infeliz. Y se entristecía pensando que nunca podría cazar con él en las montañas ni en las grandes praderas.
Ojo de Nube escuchaba a veces a su madre en silencio. También en silencio dejaba que ella posase sobre su pequeño pecho una hoja de tejo, una cinta de cuero o una pluma de pájaro, para que conociera en su piel las cosas que sus ojos no podrían ver. Pero otras veces parecía responder con maullidos que semejaban canciones: Mau-gau-maugau-gaugau
Llegó la quinta luna llena y, con ella, los primeros vientos fríos. Repletos los sacos de frutos y semillas y secadas las carnes de los animales cazados, los crow recogieron sus pieles, sus tipis y los palos que sostenían las tiendas, preparándose para el viaje.
Antes de partir, cada familia dejó en el centro de donde había plantado su tipi un puñado de frutos y semillas y una ofrenda de carne y de pescado, como agradecimiento a la Madre Tierra por haberles dejado utilizar su suelo y tomar su agua.
También agradecieron al Gran Espíritu del Bosque que les hubiera permitido recolectar frutos, recoger resinas o quemar leña.
Y dieron las gracias al Gran Espíritu porque los peces se hubieran dejado pescar y los ciervos se hubieran dejado cazar.
Por último, en una danza en la que participaron de ancianos a niños, se alegraron por haber pasado en las montañas cinco lunas más, deseando estar de regreso cuando las nieves se hubiesen retirado y los grandes animales del bosque se hubieran saciado de la comida que les correspondía.
Después de todo eso, el pequeño grupo de indios crow emprendió su viaje anual hacia las grandes praderas.

Ricardo Gómez Gil. Ojo de Nube. Editorial SM

Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto
Unos lectores nos presentan el libro del que hemos tomado el texto que acabas de leer.

Además, nos vamos a situar, de maravilla, viendo cosas de ese mundo en que vivía el protagonista de la historia: Ojo de nube. Estas son las casas de los indios crow.

Esta es una página informativa que ofrece desde el número de personas que caben en un tipi, el lugar donde se encuentran, el dinero que cuesta pasar una noche allí, los paisajes que puedes contemplar, las ciudades más próximas al asentamiento de los tipis, las actividades en la Naturaleza que recomiendan, la comida que puedes tomar y todo un completo servicio para visitar y vivir en un lugar mágico. Cuéntalo a tus mayores y a ver si se animan y hay dinero para conseguir ir allí. ¿Te imaginas? Bueno, por probar, no se pierde nada.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es tribu. Lo primero que haremos es saber qué dice el diccionario como definición de esta palabra. Así, podremos acercarnos a las diferentes tribus que vamos a conocer, gracias a internet.

Una tribu es un grupo humano, de diferente número de personas. Integran la tribu personas que tienen unas características comunes, que suelen formar pandillas, con los mismos gustos y aficiones. Vemos en la página siguiente, algunas tribus de indios norteamericanos, en el pasado siglo XX.

Y en las próximas páginas, verás que aparecen nuevas tribus. Las que ya en el siglo pasado se denominaban tribus urbanas. Son grupos de gente, casi siempre jóvenes y adolescentes, que se visten de forma parecida, viven en ciudades, normalmente muy pobladas, donde pretenden encontrar nuevas vías de expresión, porque las que ven no les parecen adecuadas.

Cuentame
Solo una pregunta antes: ¿conoces algún Ojo de nube? Es decir: ¿tienes, en tu familia, amigas o amigos, vecinos, algún niño que esté o haya estado ciego? ¿Y con alguna otra discapacidad? ¿Qué le dices a ese niño o a esa niña, a quien le falta el sentido de la vista o algún otro? ¿Sabes que en nuestro mundo actual existen organizaciones que se dedican a la ayuda de gente que tiene alguna discapacidad? Cuéntanos qué se hace en tu centro escolar, en tu barrio o pueblo, para ayudar a la gente que tiene algún problema físico o psíquico, mental. ¿Conoces estas asociaciones,  grupos de trabajo, personas, que se dedican a ayudar a la gente? Aquí tienes unas cuantas.

Si puedes y te interesa, no lo dudes. Contacta con personas que ayudan a la gente que lo necesita. Es probable que te haga falta hablar con los mayores que tienen la responsabilidad de tu vida. Habla con ellos y plantéales tus reflexiones. Hay mucha gente que nos necesita y podemos echar una mano. Mejoremos su vida, en la medida en que podamos. Que tengas y tengan suerte. Ese es nuestro deseo.
Autor
Ricardo Gómez Gil
Nace en Segovia en 1954. Estudia Matemáticas y fue profesor de esta asignatura durante más de veinte años. Su incursión en el mundo de la literatura se produce a mediados de los años noventa  del siglo pasado. Desde entonces ha cultivado distintos géneros: poesía, novela y relato corto, y ha recibido numerosos premios y menciones.
Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos sobre Ricardo Gómez en su página web.


Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.

Anoche se me ha perdido. Pedro Salinas. Editorial Edelvives (Recomendado: 16-18 años)

26 Feb

huertodelimonar
Anoche se me ha perdido
en la arena de la playa
un recuerdo
dorado, viejo y menudo
como un grano de arena.
¡Paciencia! La noche es corta.
Iré a buscarlo mañana…
pero tengo miedo de esos
remolinos nocherniegos (1)
que llevan en su grupa
-¡Dios sabe adónde!- la arena
menudita de la playa.

(1) Nocherniegos: que andan de noche.
Pedro Salinas. Huerto del limonar. Poetas del 27. Editorial Edelvives

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS
Texto

Poesía sencilla, en la forma y en cómo nos cuenta el poeta. Magnífico texto para acercarnos a esa simplicidad, difícil de encontrar en las composiciones de las lectoras y de los lectores no iniciados, que consideran que el falso “gongorismo” aporta sabiduría, por su complejidad. Aspecto que no debemos desaprovechar, no obstante, para contar que el grupo se crea en el tercer centenario de la muerte de Góngora, en 1927, en Sevilla.

Aportamos las siguientes direcciones, como un buen compendio de la Generación y de sus componentes.

Leemos ahora este soneto de Góngora, que nos permitirá, analizando los versos y el resultado final, una fácil comparación con el poema de Salinas que ya conocemos.

A Córdoba
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos
que enriquece Genil y Dauro baña
tu memoria no fue alimento mío,

nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tu muro, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

Hablamos de diferentes formas de entender la poesía. Son las épocas, los gustos, las autoras y los autores. Hemos leído el poema A Córdoba, de Luis de Góngora y Argote, uno de los autores más conocidos de esa corriente literaria que se llamó el conceptismo o culteranismo. Lo define el diccionario de la RAE como:  Estilo literario desarrollado en España desde finales del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII, caracterizado, entre otros rasgos, por la riqueza abusiva de metáforas sorprendentes, el uso exagerado de cultismos y la complejidad sintáctica.

Nos hemos trasladado de autor con el que empezamos, Pedro Salinas, a un poeta cuatro siglos antes: Luis de Góngora, con quien hemos visto lo que es su “forma” de poesía. Esas palabras más rebuscadas. Ese fenómeno poético que se denomina cultismo o culteranismo.

Dependiendo de las capacidades, posibilidades e intereses del grupo, podemos organizar un trabajo de teatro, similar al que se ofrece en esta página.

Muy lejos queda aquella “esencia” que nos muestra la poesía de Pedro Salinas. Este análisis comparativo entre dos textos poéticos nos permite, si se considera útil y posible, un mayor acercamiento al lenguaje de la poesía.
Palabra magica
Entramos ahora en uno de los campos de trabajo de cada texto. Esa palabra importante que, de algún modo, representa algo fundamental; en este caso, en la poesía de Salinas, elegimos la palabra recuerdo. ¿Qué entendemos que quiere decir el poeta? ¿Se referirá a ese objeto pequeño, de color dorado, que lo tiene desde hace tiempo y que se le ha perdido en la playa? El poeta reflexiona y considera que no se puede acelerar en la búsqueda. Él mejor que nadie sabe la importancia de aquel objeto perdido; pero mantiene una esperanza. Quizá sea mejor esperar a mañana, con la luz del día.

¿Tienes tú recuerdos? Podías escribir una lista de las cosas que te gustan o que te parece bueno guardarlas. De las siguientes palabras, di cuáles están relacionadas con la palabra recuerdos.

1 Álbum
2 Fotografía
3 Carta
4 Pared
5 Canción
6 Libro
7 Tigre
8 Olor
9 Comida
10 Lugar
11 Música
12 Noticia

(Solución: álbum, fotografía, carta, canción, libro, olor, comida, lugar, música, noticia.)
Cuentame
Recuerdos, recuerdos, recuerdos. Vamos a pensar en el tiempo. Un periodo razonable para la memoria. Elegimos, como se hace en Google, en Youtube o, en general, en internet, lo más interesante, para ti, en el año que llevamos. Podemos, entre otros si te parece, elegir los siguientes campos:
Artista del año
Película del año
Video del año
Fenómeno del año
Noticia del año
Página web del año
Libro del año
Acontecimiento del año

Autor
Pedro Salinas

Nació el 27 de noviembre de 1891 en Madrid (España),  y murió el 4 de diciembre de 1951 en Boston (USA).
Dentro del contexto de la Generación del 27 se le considera uno de sus poetas mayores. Estudio Filosofía y Letras. Fue lector de español en La Soborna (París, Francia) y en Cambridge (Inglaterra). Se implico en la creación de la Universidad Internacional de Verano de Santander (España). Profesor en varias universidades españolas y del extranjero. Cuando terminó la guerra civil española se exilió en Estados Unidos hasta su muerte.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se puede ampliar su biografía y un estudio sobre su poesía.

Bibliografía
Obras de Nicolás Guillén

Yo tenía diez perritos. Popular. Editorial Edebé (Recomendado: 6 años)

19 Feb

zoovivo

Yo tenía diez perritos,
uno se perdió en la nieve:
solo me quedaron 9.

De los nueve que tenía,
uno se tragó un bizcocho:
no me quedan más que 8.

De los ocho que tenía,
uno se llenó de fiebre:
solo me quedaron 7.

De los siete que tenía,
a uno se lo llevó el rey:
no me quedan más que 6.

De los seis que me quedaban,
a uno le pilló un triciclo:
solo me quedaron 5.

De los cinco que tenía,
uno se cayó en un charco:
no me quedan más que 4

De los cuatro que tenía,
uno se volvió al revés:
solo me quedaron 3.

De los tres que me quedaban,
a uno le atacó la tos:
ya solo me quedan 2.

De los dos que yo tenía,
uno se murió de un susto:
¡ay, que solo queda 1!

El perro que me quedaba
se perdió detrás de un cerro.
Ya no tengo ningún perro.

José Mª Plaza (Recopilador). Zoo vivo. Poemas con animales. Editorial Edebé

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS
Texto
Disponemos, con esta canción, de la posibilidad de acercarnos al vocabulario. ¿Consideramos que es una cosa normal, habitual, corriente, tener diez perritos? Eso sucede en la literatura popular. Podemos jugar, con los versos; no es una locura pensar en las sílabas, por ejemplo, contando nosotros con las manos y marcando con los dedos, en voz alta (también es muy frecuente, marcar con palmadas. Eso es a gusto de la usuaria o del usuario). Yo/te/ní/a/diez/pe/rri/tos. Sí, vamos diciendo, después, señalando claramente con los dedos, y contando, en alto, toda la clase: uno/dos/tres/cuatro/cinco/seis/siete y… ¡Ocho! Nos acercamos, sin ninguna dificultad y sin siquiera mencionar el concepto de sílaba, al verso octosílabo. Como realizamos diferentes sinalefas (y naturalmente ni siquiera lo comentaremos), si los niños consiguen saber que en algunos versos hay siete, en lugar de ocho sílabas, ¡estupendo! Conseguirán un reconfortante hallazgo, que los situará en el descubrimiento de sus posibilidades léxicas y matemáticas.

Y seguimos jugando. Vamos a pensar en algo que sea más fácil que tener diez perritos. Volvemos a sacar nuestra mano en alto, porque vamos a contar. Pe/rri/tos. ¡Sí! ¡Hemos sacado tres dedos!

Ahora, vamos a buscar casi un secreto. Tenemos que encontrar una palabra de animal, que tenga también tres dedos, cuando la decimos.

(Puede haber una cantidad importante de nombres de animales, por lo que tendremos que estar muy pendientes de que sean animales y, también, de que al pronunciarlos nos salgan los tres dedos –tres sílabas-. Por ejemplo, pa/ti/tos. Contamos y “son tres dedos”. Nos valdrían: gatitos, monitos, toritos, cabritos, etc. Lo que hay que hacer, les diremos a la clase, es que terminen igual que perritos. ¿Cuántos animalitos seremos capaces de encontrar?
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es perder. Palabra muy dramática en las edades tempranas, y que tan recordada es por los adultos que acompañan a niñas y a niños. La hemos leído dos veces en la poesía. En el verso dos: ¿dónde se pierde el primer perrito?

Respuesta: se perdió en la nieve.

Y al final, en el verso veintinueve, ¿dónde se perdió el último perrito?

Respuesta: se perdió detrás de un cerro.
Cuentame
Una cosa. ¿Tienes en casa una mascota? Si la tienes, cuéntanos qué es. ¿Se te ha perdido alguna vez? Si no la tienes, podías contarnos si te gustaría tener una, que viviera contigo. ¿Cuál te gustaría más? ¿Sabes los cuidados que tendrías que tener con tu mascota?

Teo y también Juan y Tolola tienen animales que conviven en su casa con ellos.

Puedes ver, en esta página,  lo importante que puede ser, para los animales (y más los abandonados) que alguien los adopte. Seguro que en tu ciudad, en el pueblo donde vives o donde pasas días de descanso, hay alguna sociedad, alguna veterinaria o algún veterinario de profesión, que protege a estos animales desvalidos: perdidos, abandonados, maltratados… No permitas que ningún animal pase una horrible vida. Coméntalo con los mayores y ayúdalos. Te lo agradecerán siempre.
Autor

Absurdo, casi imposible, según creemos, es introducirnos en el concepto de autoría de esta (o de otras) poesías del acervo popular. Quizá podamos, eso sí, adentrarnos en: “¿quién canta esta canción u otras? ¿La o las has oído alguna vez: padres, abuelos, tíos, primos, amigos…? ¿Cuándo se cantan esas canciones? ¿Te gustan a ti?

Si consideramos que la actividad pudiera ser participativa y de relaciones interpersonales, podríamos ir avanzando en que niñas y niños consigan otras canciones, poesías o, incluso, en combinación con quien detenta la responsabilidad de la educación física, una actividad como la de la página siguiente, muy adaptable a las canciones o versos infantiles.

Bibliografía:

Libros sobre canciones en Canal Lector

Un cesto lleno de palabras. Juan Farias. Editorial Anaya (Recomendado: 9-10 años)

22 Ene

cesto-palabras

Nieve es una palabra leve, que se escribe con v y hay que dejarla caer, despacio, a que no haga ruido al posarse en el suelo.
Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Nevó toda la noche, nevó en silencio, y por la mañana, la nieve lo cubría todo y los tejados.
En el prado, detrás de la iglesia, Pedro, Paula y los otros rapaces, hicieron un muñeco de nieve y lo llamaron Tomás.
Después, todos tuvieron que ir a cambiarse de calcetines, tomar un vaso de leche caliente y quedarse en casa.
Pedro y Paula, en casa de Paula, se sentaron delante del fuego de leña, a ver un libro de láminas que también estaban nevadas.
En una de las láminas había un lobo gris, un explorador blanco y una princesa esquimal.
El lobo gris se acercaba despacio.
El explorador blanco, que era novato en esto de andar por las nieves eternas, cargó su escopeta, desenfundó su cuchillo, se dispuso a una lucha a muerte.
Pero la princesa esquimal, que de fríos, nieves y lobos lo sabía casi todo, dijo:
-Sólo tiene hambre. Dale tu bocadillo de atún y verás cómo en vez de amenazar, sonríe y da las gracias.
A Pedro le pareció que el final del cuento era poco emocionante.
Pero le gustaba estar allí, con Paula, sentados al calor del fuego.
Pasada la media noche, salió la luna a encender el silencio de la nieve.
Arriba, en el prado, detrás de la iglesia, Tomás, el muñeco, midió la zanahoria que le habían puesto en la nariz.
Me hubiera gustado más corta y algo respingona –pensó.

Juan Farias. Un cesto lleno de palabras. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
RECURSOS
Texto
Cuando lees el texto de Juan Farias, es como si las palabras te dijeran cosas de la vida. No es un mundo que está lejos, que no conocemos. Es nuestra vida, la de todos los días. Lo que de verdad pasa. Los protagonistas podemos ser nosotras o nosotros. Son palabras con las que Juan llena un cesto, como dice el título del libro a que pertenece este texto: Un cesto lleno de palabras.
Pues este texto nos deja, después de leerlo, jugar. Sí. Jugar a las palabras. No es un juego de palabras, sino un juego con palabras.
El juego consiste en llenar un cesto nosotros.
¿Tienes algún cesto grande? Puede valer un cubo de plástico, una papelera, donde echas los papeles que sólo sirven para reciclarlos, una caja que siempre está en casa vacía, pero la guardamos porque es muy bonita… Seguro que encuentras algo para llenar con palabras. Dice el texto: Leyendo nieve, recién cogida del cesto, Pedro se acordó de la última nevada de aquel invierno.
Ahora te toca a ti recordar o, si prefieres, imaginar. ¿A qué te recuerdan o imaginas que dicen estas palabras?

La palabra viento me recuerda a…
La palabra lluvia me recuerda a…
La palabra calor me recuerda a…
La palabra fiesta me recuerda a…
La palabra frío me recuerda a…
La palabra fin me recuerda a…

Palabra magica

Al igual que en la primera época de Los Fundamentales, valoraremos, en cada uno de los textos seleccionados, esa palabra clave, que nos permitirá un aprovechamiento de diferentes aspectos en lugares como, por ejemplo, el aula, la biblioteca, el hogar, etc. Ni que decir tiene que no son sólo para el lugar educativo, sino que se adentran en el desarrollo esencial de la persona, en múltiples facetas. Nos posibilita acercarnos a nuestra lengua, a nuestro Medio Natural y también a la Inteligencia emocional y a las capacidades afectivas de las lectoras y de los lectores.

La palabra mágica de hoy es láminas. Son las láminas de ese libro que veían Pedro y Paula, sentados delante del fuego. No tenemos ese libro, ni estamos delante de un fuego de leña. Pero hemos encontrado unas imágenes que te gustarán. Por eso estamos en una palabra mágica: láminas que se transforman en imágenes en movimiento:
Lobo 
Exploración
Esquimales
Cuentame
A Pedro le pareció que el final del cuento del lobo, el explorador y la princesa esquimal era poco emocionante. ¿Cómo crees que le habría gustado a Pedro que acabara el cuento? ¿Conoces tú alguna historia que te pareció emocionante, cuando te la contaron o cuando la leíste? De lo que sí te acuerdas, a lo mejor, es de alguna película que has visto. Pero lo más difícil: ¿te acuerdas de cómo se llamaba aquella película tan emocionante? ¿Cuándo la viste? ¿La viste con alguien?
Autor
Juan Farias
Nació en Serantes (A Coruña) el 31 de marzo de 1935 y falleció en Villaviciosa de Odón (Madrid) el 11 de junio de 2011.
Estudió náutica y se embarcó en la Marina Mercante. Fue un viajero incansable y dio la vuelta al mundo en dos ocasiones. Comenzó su dedicación a la literatura para niños y jóvenes en la década de los 60 del siglo pasado. Fue autor de guiones para radio y televisión. Ha obtenido varios premios, entre ellos el Premio Nacional de Literatura Infantil en 1980 por la obra Algunos niños, tres perros y más cosas, y fue candidato al Premio Andersen en 2002 y en 2004.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos en Cervantes y Canal Lector

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

¿Lo conseguirás? Carlos Borrego Iglesias. Editorial Montena (Recomendado: 11-14 años)

15 Ene

114enigmas

Este es el libro del que hemos extraído la lectura número 35. La de Carlos Borrego Iglesias. Es un libro enigmático, oculto, secreto, misterioso… Y todas esas palabras sinónimas. Esas que significan cosas muy parecidas. Para disfrutar con esta lectura que te recomendamos, necesitamos una mente ágil, rápida, con muchos ejercicios de comprensión lectora realizados. Hay, como nuestro autor de hoy, auténticos profesionales; de esos o esas que te dejan boquiabierto. De los que incluso después de darte la solución del enigma, dices: ¿cómo? ¿De verdad me estás contando eso?

Pues atención, porque tú puedes. A lo mejor, no eres consciente de las veces que has practicado, como profesional, la solución a muchos enigmas. Quizá tengas en un archivo o en un cuaderno ese enorme grupo de preguntas solucionadas por ti.

114 enigmas para el 2014. Carlos Borrego Iglesias. Editorial Montena

1. La palabra escondida

Hoy no vamos a llamar a esta sección, como hemos hecho en todas las lecturas anteriores, La palabra mágica. Esa que te ayuda a resolver cosas del texto que has leído. Ahora mismo, en cuanto leas la pregunta, te darás cuenta de lo que buscamos. Por eso la hemos llamado La palabra escondida.

Con las siguientes letras, encuentra una de las palabras más largas de la lengua española. Esa que está escondida
R D O M C L I S E T O E E D T A S N D E I O

Pista: Es un músculo la mar de famoso.

2. De loros y jaulas

En su tienda de animales, Luis tiene loros y jaulas para loros. Si Luis mete un loro por jaula le sobra un loro. Si pone cuatro loros por jaula, le sobran once jaulas. ¿Cuántos loros y jaulas tiene Luis?

Pista: ¿Seguro que necesitas una pista? Este enigma es muy fácil.

3.  La misteriosa aparición

Aparezco una vez en un minuto, dos veces en un momento, pero nunca en cien años. ¿Quién soy?

Pista: Quizá tu hermano pequeño que está aprendiendo a leer te puede ayudar.

4.  Besos el día de Pasquetta

En Italia, la gente –tanto los hombres como las mujeres- se saluda con dos besos empezando por la mejilla izquierda. En Semana Santa, el día de Pasquetta se juntan siete personas de la familia de Valeria. ¿Cuántos besos se van a dar cuando se encuentren todos?

Pista: Valeria no se besa a sí misma, pero sí a 6 familiares dos veces.

5. El conductor del camión en dirección prohibida

Un conductor de un camión entra en una calle de dirección prohibida. Inmediatamente después se encuentra con un policía. El policía saluda sonriente y no le pone ninguna multa. ¿Cómo puede ser?

Pista: El policía y el conductor del camión no se conocen de nada.

Soluciones:

1. La palabra escondida.
El músculo se llama: esternocleidomastoideo.

2. De  loros y jaulas.
15 jaulas y 16 loros.

3. La misteriosa aparición
La letra M

Para que compruebes esta información, ¿sabías que cada vez que pronuncias la letra M juntas los labios? Prueba a pronunciar “momento” sin juntar los labios.

4. Besos el día de Pasquetta
Valeria besa 12 veces a 6 familiares. El padre de Valeria besa 12 veces a 6 familiares, pero los besos a Valeria ya los hemos contado. La madre de Valeria besa 12 veces pero los besos al padre de Valeria y a Valeria ya se han contado. Así sucesivamente para los otros 4 familiares de Valeria. El último familiar besará doce veces, pero ya se habrán contado todos sus besos. Por tanto el número total de besos será:

2 + 10 + 8 + 6 + 4 + 2 + 0 = 42 besos

5. El conductor del camión en dirección prohibida
El conductor del camión va a pie.

El faraón Tutankamón . Philippe Nessmann. Editorial Bambú (Recomendado: 16-18 años)

8 Ene

bajolarenadeegipto

“¿Cómo es la vida de un faraón?
Sólo tengo diecisiete años, de modo que no lo sé todo, pero puedo contar la infancia de un faraón.
Unos días después de mi coronación, el divino padre vino a mi encuentro y anunció: “La ciudad de Atón es la capital del doble país. Debemos regresar y vivir allí.”
Al comienzo, me aliviaba que él tomara las decisiones en mi lugar. ¿Cómo habría podido, tan joven, gestionar a solas el más poderoso país del mundo?
Regresé pues a la ciudad de Atón, luego a la escuela donde como por arte de magia, Nakhti nunca más me riñó. Por otra parte, yo no le daba ocasión de hacerlo: procuré no pronunciar las palabras que ensucian la boca –en público al menos-.
El escriba de los dedos ágiles me enseñó la geografía de mi reino, país de arena atravesado por el Nilo, fuente de toda vida. Me enseñó a calcular la cantidad de trigo producida por un campo en función de la altura de las crecidas, y la cantidad que se tomaba en forma de impuesto. Me enseñó el funcionamiento del Estado, “Estado con tres cabezas” decía rascándose la suya: el ejército, que mantiene el orden; los sacerdotes, que se cuidan de las relaciones con los dioses y yo, el faraón, que lo dirige todo.
En el año 4 de mi reinado, el divino padre me confió un problema que le preocupaba: “Majestad, me dijo, debo hablaros de los antiguos dioses. Akenatón quiso suprimirlos pero fracasó. Sus sacerdotes siguen siendo poderosos y el pueblo no deja de venerarlos. Para levantar el país, necesitamos el sostén de todo el mundo. He aquí lo que os propongo…”
Le escuché largo rato y acepté su proposición. Así fue cómo, a los trece años, para mostrar mi afecto por todos los dioses y, sobre todo, por el mayor de todos ellos, Amón, cambié de nombre: de Tutankatón, que significa “imagen viva del dios Atón”, me convertí en Tutankamón, “la imagen viva del dios Amón”. Abandoné igualmente la ciudad de Atón para instalarme en Tebas, donde hice que se abrieran de nuevo los antiguos templos, invadidos ya por las malas hierbas.
En esa ciudad acabé de aprender mi oficio de faraón.
Actualmente, cada mañana, después del aseo real, el divino padre me lee los despachos del día. El rey del Karaduniash me testimonia su fidelidad: pensar en responderle rápidamente. El arquitecto del templo de Faras me pregunta si iré a inaugurarlo: decirle que sí (tomo, cada vez más, solo mis decisiones). El general Horemheb anuncia que ha puesto de nuevo en orden la administración real. Excelente noticia, aunque su método dé que pensar: a los funcionarios corruptos se les corta la nariz…
Por la tarde, para relajarme, voy a veces a cazar patos en compañía de Ankhsenpaatón, la princesa con la que antaño iba a la escuela. Rebautizada como Ankhsentamón, se ha convertido en una hermosísima joven. Mi mujer.”
El otro día, unos servidores bajaron mi trono hasta el gran patio de palacio. A pesar del asfixiante calor, sería más práctico así.
Me senté en él vestido de gala: la túnica de lino plisado con la cola de jirafa, unas sandalias cubiertas de cuentas y la corona azul con la cabeza de cobra. En una mano llevaba el cetro y el látigo real; en la otra, la cruz ankh, símbolo de vida eterna.
Con un imperceptible movimiento de cabeza, di la orden de partida.
Al son de las trompetas, el virrey de Nubia entró en el patio acompañado por numerosos príncipes vestidos de leopardo y plumas de avestruz. Se arrodillaron a mis pies, con la cabeza gacha y los brazos al aire, en señal de respeto.
-¡Levantaos! –les ordené.
Obedecieron.
Unos servidores entraron entonces en el patio, depositando ante mí escudos cubiertos de pieles de felino, un magnífico taburete plegable de ébano con almohadones de pieles, un carro chapado en oro, copas llenas de piedras preciosas, bolsas, bolsas y bolsas de polvo de oro…
Mientras aquellos maravillosos regalos iban amontonándose, sentí que nacía en mí una gran alegría. Los artesanos de Nubia habían realizado un trabajo fabuloso y el virrey Huy, que había recogido los objetos y me los había traído, también.
Un segundo carro tirado por caballos entró en el patio. En él iba una hermosa princesa negra. La seguía un esclavo, con una palma en la mano para protegerla del sol. Tras la ceremonia, la princesa se quedaría en Tebas: formaba parte de los regalos.
Eché una ojeada a la tribuna donde se encontraban los más eminentes miembros de la corte. Encontré la mirada de Ankhsentamón, mi amada esposa, y le dirigí un pequeño guiño que significaba: “No te preocupes, amor mío, esta princesa se alojará en mi harén, pues es la tradición, pero no en mi corazón porque te amo a ti”. Ella me respondió con otro guiño cómplice.
De pronto, unos gritos roncos. En la entrada del patio, un rebaño de bueyes bien cebados, con inmensos cuernos curvos. ¡Monstruosamente impresionante! Pero no tanto como la interminable bestezuela que cerraba el cortejo: con un cuello largo que estuvo a punto de no cruzar el porche, torpe y atemorizada, avanzaba una jirafa.
Me levanté y di un paso hacia el virrey, que se arrodilló.
-Virrey Huy –declaré con voz firme y solemne-, para agradecerte tu fidelidad, he aquí algunos regalos en justa compensación.
Un servidor egipcio me acercó una bandeja llena de collares de oro. Mientras los ponía, uno a uno, en el cuello del virrey, yo buscaba con la mirada a un hombre en la tribuna oficial. ¿Dónde estaba? ¡Ah!, allí. El divino padre Ay inclinó la cabeza, como diciéndome: “Lo estáis haciendo muy bien, Majestad. ¡Estoy orgulloso de vos!” Aquello me caldeó aún más el corazón.
Sé que estoy ahora a la altura de mi función. Durante ocho años, he escuchado mucho, mirado mucho, aprendido mucho. Con la ayuda del divino padre y del conjunto de los dioses, he enderezado la situación del reino. Las fronteras están ya consolidadas, los países aliados tranquilos, los campos verdean, los campesinos son felices y los sacerdotes se han tranquilizado. El Doble País ha recuperado su grandeza de antaño y esto sólo está empezando.
Soy un buen rey y me convertiré en un grandísimo rey, de los que reinan por mucho tiempo, de los que aniquilan a sus enemigos, de los que bautizan templos y dan confianza a su pueblo. Lo haré tan bien que seré recordado eternamente.
Mi imagen aparecerá en los monumentos y jamás, jamás de los jamases, mi nombre desaparecerá.

Bajo la arena de Egipto. Philippe Nessmann. Editorial Bambú.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
Con la lectura de este texto, antes de empezar lo que realmente se convierte en una gran novela, entramos en la vida y el mundo de aquel faraón, base de la historia del pueblo egipcio: Tutankamón. Conocemos la vida de su infancia, como nos dice el autor, poniendo las palabras del faraón, con sólo diecisiete años. Quizá puede ser un buen aporte, por lo que conllevan las imágenes comentadas, la visión de este documental sobre Egipto, una de las grandes civilizaciones.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es Nombre. El final del texto reproduce (no sabemos si es literatura o realmente las grabó en la piedra) las palabras de Tutankamón:
“Mi imagen aparecerá en los monumentos y jamás, jamás de los jamases, mi nombre desaparecerá”.

Hoy vamos a trabajar con palabras. Como si fuéramos dignos descendientes de los constructores de grandes monumentos, pensaremos en palabras, nombres enigmáticos, difíciles de comprender su significado. Sabemos lo que el diccionario de la RAE define como enigmático: Dicho o cosa que no se alcanza a comprender, o que difícilmente puede entenderse o interpretarse.

Empezaremos por lo conocido y, luego, nos adentraremos en la magia de lo desconocido, en lo enigmático, en lo que tú consigas.

El entrenamiento con palabras consiste en que descubras, con el plano que ofrecemos, qué forma verbal son cinco palabras. No es difícil. A lo mejor, no necesitas ni el plano del tesoro, porque te sabes a qué forma del verbo ser corresponden las cinco palabras. Hay que indicar: persona (yo, tú, él/ella, nosotros/nosotras, vosotros/vosotras, ellos/ellas); forma (simple o compuesta); el tiempo (presente, pretérito, futuro) y el modo (indicativo o subjuntivo).

Por ejemplo: yo fuere es la primera persona del futuro de subjuntivo del verbo ser. Más adelante, tienes el plano del secreto. Seguro que te resultará más fácil que el trabajo que tuvieron que realizar los egiptólogos, para descubrir todo lo que en Egipto existía. Esta página nos lo muestra.

Y ahora sí que te toca a ti. Estas son las cinco palabras:

Siendo  Fueseis  Éramos   Serías    Sois

Y este es el plano del secreto
Cuentame

Bueno. Pues ya sabemos algo más de aquel hombre que fue Tutankamón. Hemos supuesto que el personaje es tan atractivo y el libro que hemos comentado tan interesante, que nos hemos centrado en hablar de él lo más que hemos podido. Pero pensamos que, a lo mejor, no te atraen demasiado la vida, los personajes o las obras del antiguo Egipto.

A esta otra página que te presentamos no le pondrás ningún pero, porque te proporciona una importante cantidad de libros que nos ofrecen personajes importantes y de fama mundial. Van desde Tintín hasta Bruce Springsteen, Federico García Lorca, el grupo ACDC, Bob Dylan, y un extenso surtido, hasta 78 libros de personajes o grupos importantes.

A propósito. Si te dijeran, imagínatelo, que has sido tú la nominada o el nominado para elegir los tres libros con el tema que más te apetezca, con los autores o autoras que más te gusten, ¿cuáles elegirías? Pero atención. ¡Sólo tienes unos días para pensarlo! Ponemos una fecha final imaginaria. Por ejemplo, el 23 de abril del presente año. Ya sabes que es el día mundial del libro. Seguro que esa fecha no se te olvida.

 

Autor

Philippe Nessmann

Nació en 1967 en Francia. Estudió ingeniería e historia del arte. Le gustan mucho las ciencias, la historia y la escritura. Trabajó como periodista y la mayoría de sus libros tienen como telón de fondo las ciencias y la historia.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos del escritor en Ricochet

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

Adivina adivinanza. Anónimo. (Recomendado: 8-9 años)

18 Dic
  • Col, col, colera;
    flor, flor, florera:
    si estamos juntas,
    ¿qué planta apuntas?
    (La coliflor)

 

  • Dentro de una vaina voy,
    ni espada ni sable soy.
    (El guisante)

 

  • Desde el día que nací,
    corro y corro sin cesar.
    Corro de noche y de día
    hasta llegar a la mar
    (El río)

 

  • Amarilla en el centro
    blanca por fuera.
    Si quieres descubrirla,
    búscala en primavera
    (La margarita)

 

  • Rompe y no tiene manos,
    corre y no tiene pies,
    sopla y no tiene boca,
    dime ya qué es.
    (El viento)

 

  • Desde el día en que nací,
    corro y corro sin cesar.
    Corro de noche y de día
    hasta llegar a la mar.
    ( El río)

 

  • ¿Qué cosa dirás que es,
    que es algo y nada a la vez?
    (El pez)

 

  • Haciendo ruido ya vienen,
    haciendo ruido se van;
    y, cuando mañana vuelvan,
    de igual manera se irán.
    (Las olas)

 

  •  No toma té
    Ni toma café,
    Y está colorado,
    dime quién es.
    (El tomate)

 

  • Lleva años en el mar
    y aún no sabe nadar.
    Si la tocas con los pies,
    Puedes correr, saltar y caminar.
    (La arena)


Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Autor

Hoy nos fijaremos, antes que nada, en las diferencias que se producen cuando aparecen los datos en la referencia de este texto. Empezaremos diciendo que nuestra edad recomendada, para esta lectura, son los 8 – 9 años. Es decir, alumnas y alumnos que cursan, aproximadamente (y dependiendo del grado de maduración y del centro al que asistan), los cursos de tercero o cuarto de Educación Primaria.

En todas las lecturas recomendadas, la referencia, es decir, lo que vemos justo al final del texto, nos indica: el autor o la autora que lo ha escrito, el libro a que pertenece y la editorial que lo ha publicado, en papel o en una página web.

Pero hemos llegado, en nuestro viaje por la lectura, a una referencia distinta: aquí no vemos ningún nombre, como en todo el resto. Aquí está escrita la palabra anónimo. Esa que la RAE define así:

Anónimo, anónima.
Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce.

Al ser un texto anónimo, lo hemos podido oír a alguien que lo sabía, leer en algún mensaje escrito que nos han enviado o nos lo ha contado un familiar, una amiga o un amigo, etc. Pero sigue siendo anónimo.

Puede ser interesante, divertido y generador de comentarios, turnos de palabra, pensamientos y expresiones ingeniosas y un gran banco de pruebas de léxico, ortografía, comprensión y demás cuestiones que trabajamos, habitualmente, como competencias para los cursos de estas edades.

Aportar soluciones diferentes a estas u otras adivinanzas que, con seguridad, escucharemos o leeremos, puede ser, también, un motivo de relación cordial y respetuosa entre el alumnado. Pueden ver, en la siguiente dirección de Canal Lector, una relación de adivinanzas recomendadas, según edades.