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Querida abuela. Christine Nöstlinger. Editorial SM (Recomendado: 9 años)

20 Nov

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Querida abuela:
Hemos llegado esta mañana temprano. Mamá se ha metido en la cama. Tiene la cara verde y las orejas azules. Es que el barco se ha movido muchísimo, y el estómago de mamá no ha podido soportarlo. Papá y yo no tenemos el estómago tan sensible. En el camarote hemos dormido perfectamente. Mamá dice que no volverá a subir a un barco en toda su vida. Dice que lo promete. Pero no podrá cumplir esa promesa porque, si no, tendría que pasar en esta isla el resto de sus días. ¡No tenemos tanto dinero como para alquilar un helicóptero que se lleve a mamá de la isla!

Aún no sé si me gusta esto porque todavía no he visto mucho de Isopixos. ¡La agencia le mintió a mamá! Desde la terraza de nuestra habitación no se ve ni el mar ni el puerto. Sólo se ve una pradera con árboles grises. El estómago me gruñe muy fuerte. Papá se ha ido a buscar una farmacia. Quiere comprar una medicina que le calme a mamá el dolor de estómago. Cuando vuelva papá, iremos a comer los dos. Espero que la comida griega sea mejor que la inglesa que comimos el año pasado en vacaciones.

El próximo barco de Atenas llegará el domingo. ¡Paul y sus padres vendrán en ese barco! Me alegro mucho.
¡Cuando Paul esté aquí, todo será SÚPER-SÚPER!
Mamá acaba de levantarse de la cama y ha ido al servicio. Ha dicho que se encuentra mucho mejor. Pero, cuando le he preguntado si quería venir a comer con nosotros, ha gemido: “¡Susi, ni una palabra de comidas, por favor! ¡Se me revuelve el estómago de nuevo!”. Mañana volveré a escribirte.

Muchos besos.
Tu Susi

P.D. Tengo que mandarte recuerdos de parte de mamá y papá (los recuerdos de papá te los mando sin que él lo sepa, porque no está aquí).

Christine Nöstlinger. Querida abuela… Tu Susi. Editorial SM

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
Vamos a pensar un rato en el texto que hemos leído. Hay palabras, frases, maneras de decir las cosas que nos dan pistas fantásticas, para investigadoras e investigadores de Lectura. Vamos a empezar nuestra investigación.

Paso primero: ¿quién escribe la carta?
Elige ahora y escribe tu respuesta correcta. Ya verás que, después de cada posible respuesta, hay un número de puntos.

. La escribe la abuela de una niña que se llama Susi. (3 puntos)
. La escribe un niño que se llama Paul. (2 puntos)
. La escribe una niña que se llama Susi. (1 punto).

Paso segundo: ahora tienes que responder si la siguiente frase es verdadera (V) o falsa (F) y apuntar tu número de puntos:

. En la familia de Susi todos tenían mal el estómago. (1 punto)
. La familia de Susi podía ir donde quisiera, porque eran muy ricos. (2 puntos)
. El padre de Susi no estaba allí, con la madre y ella. (3 puntos)

Paso tercero: de las siguientes frases, di cuál es verdadera y anota los puntos de tus respuestas.

. Susi no quería ver a Paul ni en pintura (3 puntos)
. Susi estaba deseando que Paul llegara (2 puntos)
. Susi no conocía a nadie que se llamara Paul (1 punto)

No te olvides de sumar todos los puntos al final.
Como es muy posible que conozcas a alguien a quien puedas mandar una carta, como Susi hacía con su abuela, te vamos a presentar un modelo de carta, algo distinta. Lo único que se requiere es que te guste dibujar. Aquí tienes un ejemplo, que puede sugerirte ideas gráficas. Si sabes cómo hacerlo en el ordenador, ¡enhorabuena!, y adelante. Piensa bien primero lo que quieres contar y dibuja luego. Si no consigues hacerlo en un ordenador, hazlo en papel. Te quedará igual de bien y llegarás a enviar esa carta misteriosa, que nadie conoce todavía.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es abuela. Gracias a este texto de Christine Nöstlinger, hemos encontrado una palabra fantástica, en la familia. No en la familia de palabras, que tú ya sabes lo que es eso, sino en nuestra familia.

¿Serías capaz de decir cómo se llaman estos otros parientes? No es algo muy, muy fácil, pero seguro que lo podrás conseguir. Vamos a hacerlo con un reloj. Anota el tiempo que has tardado en solucionar este “lío” de familia.

1) La hermana de mi madre es               a) Mi primo
2) El padre de su marido es                     b) Su suegro
3) El hijo de su hija es                                c) Su cuñada
4) La mujer de su hermano es                 d) Mi tía
5) El hijo de mi tío es                                  e) Su nieto
(Solución: 1-d, 2-b, 3-e, 4-c, 5-a)

Cuentame
     …cuando le he preguntado si quería venir a comer con nosotros, ha gemido: “¡Susi, ni una palabra de comidas, por favor! ¡Se me revuelve el estómago de nuevo!

La madre de Susi está fatal. La verdad es que Susi es un poco exagerada, cuando dice que tiene la cara verde y las orejas azules. ¿Te imaginas lo que debe pensar la abuela, cuando reciba su carta? Puede pensar que la madre de Susi tiene que ingresar en un hospital o llamar a un médico de urgencia. A lo mejor no es para tanto. Es un dolor de estómago, que le ha producido el vaivén del barco.

Mira estas imágenes. ¡Qué rico todo! Elige el plato que más te guste.

Como Susi y sus padres estaban pasando sus vacaciones en la isla griega de Isopixos, aquí tienes la receta de un plato típico de Grecia. Es la ensalada griega. Es muy fácil de hacer y muy saludable.

¿Serías capaz de escribirnos una receta que hayas hecho y te guste? Si no la sabes, pregunta en la familia o a los amigos y amigas si conocen una receta fantástica. De esas que nos encantan cuando la ponen. Vale también la de algún sitio en el que hayas estado de vacaciones.
¡Fantástico! ¡Nos vamos a poner las botas!

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Christine Nöstlinger

Nació el 3 de octubre de 1936 en Viena (Austria).
Estudió en la Academia de Bellas Artes vienesa. Colaboró en periódicos y en la radio con temas de educación.  Sus libros nacen de problemas reales, abordados sin dramatismo y casi siempre con humor, ternura e ironía. Escribe con un lenguaje sencillo con el fin de atraer a los lectores. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Hans Christian Andersen en 1984.

Nuestro observatorio

Más datos de la autora en esta página web.

Bibliografía

Libros de Christine Nöstlinger en Canal Lector

El olmo del paseo. Ignacio Sanz Martín. Editorial Edelvives (Recomendado: 9-11 años)

23 Oct

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Mi pueblo tiene una estación o un apeadero por donde pasan los trenes. Trenes de mercancías y de personas.
Supongo que cuando construyeron la estación, allá en su día, era lo más importante que había pasado en la historia de Piñares. Aquello fue, creo yo, en las últimas décadas del siglo XIX.
O sea que han pasado los últimos años del siglo XIX, todo el siglo XX y los años que llevamos del XXI. Lo de los siglos me lo enseñaron hace unos cuantos cursos.
El Ayuntamiento de esa época, que quería que el pueblo progresara, hizo un paseo arbolado que uniera el pueblo con la estación. Y, para que la gente paseara a la sombra, plantaron olmos, una larga hilera de olmos a cada lado del paseo.
Me imagino a las distinguidas veraneantes llegadas de las ciudades, unas señoritas vestidas con faldas largas y estrechas paseando con la sombrilla, como en los cuadros y en las viejas fotos en blanco y negro, acompañadas de señores muy peripuestos tocados (1) con sombrero de copa y con bastón, yendo y viniendo a la sombra de los olmos.
El paseo quedó muy bonito; qué digo bonito, una verdadera preciosidad. Todo un paseo arbolado por el que iban y venían los carros y los carruajes de caballos con pasajeros y maletas, y luego los coches y los camiones con sus mercancías.
Lo describo con tanto detalle porque en el súper de mi abuelo hay un panel con postales en blanco y negro.
En aquella época, si la gente quería salir a lucirse, como dice mi madre, no le quedaba más remedio que ir de arriba abajo por el paseo de la estación. Hasta que llegó la “grafiosis”. ¿A que suena a enfermedad? Normal, porque es una enfermedad que en vez de atacar a las personas ataca a los árboles.
Y ni eso, porque en realidad sólo ataca a los olmos. Y los mata, no importa lo altos y grandes que sean. Una verdadera plaga. Se los carga.
Y eso fue lo que pasó en el año 1981 o en 1982. No estoy muy segura porque yo todavía no había nacido. Anda que no me quedaban años para venir al mundo. Pero nos lo contó Marcial con todo detalle. Fue una de las mayores catástrofes de la historia de Piñares.
Doña Upe, que sí había nacido, sabía la historia. Por eso invitó a Marcial a nuestra clase la víspera de una primavera para que nos contara la historia del olmo del que intento hablar desde el comienzo.
“Maldita grafiosis”, dice la gente cuando recuerda el paseo de la estación, un paseo frondoso (2) que se convirtió en un paseo de troncos esqueléticos con las ramas secas y ennegrecidas.
Así que, al Ayuntamiento de Piñares, cien años después de plantar los olmos, no le quedó más remedio que contratar una cuadrilla de leñadores para que los talaran.
No sé si estoy dando un rodeo muy grande para explicar esto de los olmos y de la grafiosis.
Pero, en realidad, del que quiero hablar es de Marcial. Así que tampoco es que esté perdida con tantas explicaciones.
Marcial formó parte de aquella cuadrilla de ocho leñadores a quienes se encargó que hicieran leña de todos los olmos del paseo. A todos. Cien en total: cincuenta a un lado y cincuenta al otro. Esa era la orden. Cuatro leñadores a cada lado del paseo. Imagino a los jubilados y a los curiosos que andarían por allí, observando los trabajos en silencio.
Las cuadrillas tenían por delante una buena tarea: talar cien olmos. Claro, un olmo de cien años no es un arbolito cualquiera; aunque estuvieran enfermos, eran unos árboles muy grandes.
El capataz decidió empezar por la estación. Los leñadores, con sus motosierras, hacían una cuña en la parte baja del tronco y daban un corte transversal buscando su caída. El olmo se daba de bruces con el suelo como un gigante desplomado. Luego cortaban las ramas grandes y después el ramaje menudo. Como hacíamos Marcial y yo con el ramaje de los pinos.
Fueron cayendo uno tras otro. Pero al llegar a uno de aquellos olmos, Marcial se dio cuenta de que le brotaban unas ramas verdes y no estaba seco del todo. Entonces él, como si fuera un médico que ve signos de esperanza en un enfermo, les dijo a los compañeros que aquel olmo no se cortaba.
-A este le vamos a dar una tregua.
Pero sus compañeros le recordaron que los habían contratado para talar todos los olmos. Y que aquel tenía unos brotes, sí, pero que, antes o después, le esperaba el mismo destino. Que la grafiosis no lo perdonaría.
-Ya he dicho que no; que a este no –se mantenía en sus trece.
-Marcial, no seas cabezota.
Estuvieron un rato porfiando entre ellos y, como Marcial no cedía, sus compañeros avisaron al capataz, que andaba con la otra cuadrilla.
El capataz dijo con autoridad:
-A todos. A este también.
-No, a este no –respondió Marcial muy sereno.
Pero el capataz no cedía:
-Todos, Marcial. Debemos cortar todos los olmos. Tenemos ese compromiso con el Ayuntamiento.
-A este le vamos a dar unas semanas de tregua. A lo mejor se recupera.
-Si han muerto todos, este no tardará en morir. Una plaga es una plaga. Parece mentira que no lo sepas.
-Este no, todavía no.
-No seas cabezota, Marcial. Tengo orden de cortar todos.
-Este no.
-Este sí, Marcial.
Entonces Marcial trepó tronco arriba y, para dejar claro que no pensaba bajarse de allí, gritó:
-¡Tengo un presentimiento con este olmo, y no me bajo aunque me tenga que comer aquí las uvas de Navidad!
-¿Qué presentimiento vas a tener? Ya estás viendo que padece grafiosis.
-Pero nosotros no vamos a adelantarnos a la enfermedad. No lo vamos a tumbar antes de la grafiosis.
Como todos sabían que Marcial era muy terco, el capataz desistió y no quiso seguir discutiendo.
-Está bien, está bien; entonces, que decida el alcalde.
Y el capataz avisó al alcalde para que supiera de la cabezonería de Marcial.
Poco después llegó el alcalde y le dijo que no quería escenitas, que todos estaban muy tristes por la tala, pero que se bajara de inmediato porque no había más remedio que seguir con la tarea.
-Yo no pienso poner los pies en el suelo –advirtió Marcial sin alterarse- si antes no se me asegura que la vida de ese olmo va a ser respetada.
Marcial es el tipo más terco que he conocido, y supongo que el alcalde de esa época no quería escándalos. De ningún tipo. Y un hombre viviendo en la copa de un árbol durante semanas, meses o incluso años, daría mucho que hablar. A lo mejor pensó que un hombre subido en un árbol podía ser un reclamo (3) para la prensa y hasta la televisión.
Así que se llegó a un compromiso a tres bandas entre alcalde, capataz y leñador. Se respetaría el olmo, pero, si más adelante se secaba, Marcial sería el encargado de tirarlo. Él tendría que asumir la responsabilidad, por su cuenta y sin contraprestaciones (4) por parte del Ayuntamiento. Si necesitaba obreros que le ayudasen, el Ayuntamiento se lavaría las manos. Porque la contrata estaba hecha. Y la contrata incluía todos los olmos.
-De acuerdo –dijo Marcial-. Me comprometo.
Las cuadrillas siguieron tirando olmos un día tras otro hasta dejar el paseo limpio de troncos y ramas. Todos menos uno, gracias a la terquedad de Marcial.
Aquel olmo, poco a poco, se fue recuperando, como un enfermo que deja atrás una gripe. Marcial nos confesó en la clase que al árbol le ayudaron mucho sus abrazos, y cada uno de los cubos de agua con fertilizantes (5) y abonos que derramó al pie del tronco. Así que él salvó el olmo. Precisamente él, que se ganaba la vida tirando árboles.
Hoy el olmo es un ejemplar magnífico con una copa redondeada. Y gracias a que Marcial lo defendió cuando querían tirarlo, todos los que nacimos después de aquel año negro de la grafiosis sabemos lo que es un olmo centenario.

(1) Tocados: que llevaban una prenda en la cabeza. En este caso, un sombrero.
(2) Frondoso: abundante en hojas y ramas.
(3) Reclamo: sistema para llamar la atención.
(4) Contraprestaciones: pagos.
(5) Fertilizante: sustancia para favorecer el crecimiento de los frutos, las hojas, las flores, etc.

Ignacio Sanz Martín. El hombre que abrazaba los árboles.  Editorial Edelvives

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
En el texto que hemos leído, hay una serie de momentos y situaciones claves en la historia de Piñares. Valoraremos, numerando por su importancia, los hechos que sucedieron en este pueblo, lo que nos permitirá evaluar el nivel de comprensión lectora de los lectores. Hay también situaciones falsas, que no son verdaderas o que nunca se produjeron. Señalaremos con una F estas últimas y con una V las que son verdaderas.

El pueblo está situado muy cerca del mar. Casi en la playa. (F)
El pueblo tiene estación de autobuses y aeropuerto. (F)
En el siglo XIX, construyeron la estación de tren. (V)
En el paseo de la estación pusieron olmos y quedó precioso. (V)
Al pueblo llegó una enfermedad que atacaba a personas y animales. (F)
La grafiosis acabó con todos los olmos plantados. (F)
Uno de los vecinos, Marcial, dijo que un olmo había que salvarlo. (V)
Como todos sabían que Marcial era muy terco, el capataz de los leñadores dijo que decidiera el alcalde lo que había que hacer, para no tener pelea. (V)
Marcial se comprometió a que aquel olmo se recuperara. Le dio abrazos y le echó agua con fertilizantes. (V)
Al final, el olmo no se recuperó. (F)
El olmo se recuperó gracias a Marcial y hoy es un maravilloso árbol centenario. (V)


Palabra magica
Hoy la palabra mágica es: centenario. Gracias a Marcial, el olmo sobrevivió y ahora es un ejemplar magnífico. A ver si sobrepasa los cien años. Y es que cien años es mucho tiempo de vida. Por eso, cuando se llega a esa edad, la gente felicita a quien los cumple, porque es difícil tener tanta vida.

Árboles centenarios

Ancianos centenarios

Monumento a la Constitución de 1812

Vayan ahora nuestras felicitaciones a todos y a todas los que han celebrado ese fantástico cumpleaños (quizá tendríamos que decir “cumplesiglos”). Transmite a los mayores que conozcas nuestro deseo de que cumplan muchos más.


Cuentame
Marcial defendió a aquel olmo “contra viento y marea”. Esta expresión significa que todo estaba en contra de que se cumpliera su deseo. Es lo que le puede pasar a un barco, que va por el mar con viento que sopla fuerte y crea un movimiento de las olas, una marea, que puede llegar a hundirlo.

¿Has conseguido alguna vez algo por lo que has luchado contra viento y marea? ¿Cuál ha sido la situación más difícil que has pasado? ¿Por qué sucedió aquello que querías lograr? ¿Te ayudaron a salir bien del problema? ¿Pudiste dar las gracias a quien le correspondía?

Marcial superó la situación y el olmo siguió viviendo. La verdad es que es casi un final feliz del olmo atacado por la grafiosis.

Cuéntanos ahora tu final, en aquella situación tan difícil que viviste y de la que conseguiste salir con bien.


Autor

Ignacio Sanz Martín

Nace en Lastras de Cuéllar (Segovia) en 1953.
Es Licenciado en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.
Ha trabajado como ceramista, etnógrafo, narrador oral y escritor. Desde 1980 visita colegios, institutos de enseñanza secundaria y centros culturales incentivando a los jóvenes a la lectura, y participa en encuentros, contando cuentos.
Amante de las costumbres y tradiciones del pueblo, dedica una parcela de su vida al estudio etnográfico y es experto en cultura tradicional.
Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre Ignacio Sanz Martín en Canal Lector,  y ver varios videos sobre sus actividades.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros tomada de Canal Lector.

Los elefantes salvan el becerro. Hilary Ruben. Ed. SM (Recomendado: 11 años)

12 Jun

nubedenoviembre
Una mañana, quizá dos semanas después de su llegada a la colina, Konyek salió a reconocer la ladera por el lado Este. Era más rocosa y había cuevas en las que habitaban muchos murciélagos. Las liebres echaban a correr a su paso y vio huellas de un leopardo. Los rayos solares eran pálidos aquella mañana, y Konyek anduvo lentamente, recibiendo su calor, cerca de un rebaño de gacelas de pelaje suave y rayas negras en los costados. De repente, los dos machos se abalanzaron el uno contra el otro, entrelazando sus cuernos, delicadamente labrados, y luchando ferozmente. Las hembras permanecían cerca mirando, igual que Konyek. Después de un rato, él las espantó; los machos separaron sus cuernos y salieron huyendo, seguidos por las hembras. Entonces Konyek se volvió hacia su refugio.
Cuando llegó a la colina en la que había construido su refugio, oyó ladridos y relinchos frenéticos. Vio un rebaño de cebras corriendo en círculo, que se rompió como un torrente de cuerpos rayados que huían por la ladera. Tras ellas corrían unas hienas y la que marchaba delante tenía ya a su alcance a la última de las cebras. Otras cuatro hienas corrían tras ella a poca distancia, y si la primera consiguiese en un momento dado atrapar la cola de la cebra, las otras la rodearían, la tirarían al suelo y la descuartizarían.
Konyek apenas pensó en las cebras, porque cerca de ellas estaba Nube de Noviembre, su becerro. Por primera vez no se veía por ninguna parte a los elefantes. Echó a correr hacia el becerro. En aquel momento, la cebra más retrasada se volvió rápidamente y mordió a la hiena; ésta con un rugido de dolor, renunció al ataque. Las hienas volvieron su atención hacia el indefenso becerro y, girando en redondo, se dirigieron hacia él.
Konyek vio que el animal permanecía quieto, demasiado aturdido por el terror como para moverse. Él corrió aún más pero, como si se tratase de una pesadilla, tenía la sensación de que nunca llegaba al becerro. Escuchó entonces un fuerte trompeteo y aparecieron los dos elefantes por una curva de la ladera. Agitaban sus cabezas y sacudían con rabia sus grandes orejas al tiempo que arremetieron directamente contra las hienas; éstas estaban ahora tan aterrorizadas como el becerro, y salieron huyendo hasta perderse de vista. Konyek sintió que su cuerpo se debilitaba una vez pasado el momento de tensión.
Los dos elefantes habían salvado la vida a su becerro y se sentía feliz. La elefanta acarició al becerro con su trompa, como si se tratara de su propia cría; nunca le había visto hacerlo antes. A partir de ese día llamó al elefante Yoyo, que en masai quiere decir madre, y al macho, Leng-aina, que en masai significa “el del brazo largo” y, también, “elefante”. Ahora que los dos elefantes tenían nombre, quedaban diferenciados de los demás, y él los consideró sus amigos.

Hilary Ruben. Nube de noviembre.  Ed. SM

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
El texto que has leído consigue, gracias a la manera de escribir de la autora, situarnos en una escena que podía ser de una película de cine. Es como si acompañáramos a Konyek, el protagonista, y nos fuéramos a ver la gran África, con las gentes y todos esos animales que allí viven.

Para Konyek, lo más importante era su becerro, la cría macho de la vaca hasta que cumple uno o dos años o poco más. Aquí puedes ver a ese animal tan importante para nuestro protagonista.

Pero aprovechemos que estamos en Kenia. Allí viven los Masai.

Veremos animales salvajes como Impalas y Gacela, Cebras, Leopardos, Hienas.

Y aquí tienes a los salvadores del becerro. Elefantes y lo más preciado para ellos: sus crías:

 Palabra magica
Hoy la palabra mágica es Yoyo, que en masai quiere decir madre. No vamos a pensar en la lengua de los masai. Vamos a ver qué tal dominas la tuya, el español. Con un poco de magia y sabiduría, tienes que colocar cada letra en el lugar que le corresponde. Como pista, te diremos que son palabras que aparecen en la lectura.

Luego, consulta el diccionario para ver, primero, si existe esa palabra que tú has formado. Después, cuando hayas ordenado las letras, ¿podrías decir cuál es el significado de cada palabra?

OLEDOPAR            (leopardo)
BERROCE               (becerro)
BRESELI                  (liebres)
LASCEGA                (gacelas)
ENASHI                   (hienas)
BRASCE                  (cebras)
TELEFANE              (elefante)
SOGALEICRUM     (murciélagos)

Cuentame
Atención señoras y señores viajeros. Empieza un viaje a lo desconocido. ¿Has pensado alguna vez ir a un lugar secreto, mágico, misterioso, terrorífico, de esos que dan miedo sólo pensarlo? Aquí tienes una página de ese estilo que te puede interesar.

Ahora te toca a ti. Dinos cómo sería ese lugar al que tendrías que ir con tus mejores amigas o amigos. Esas amistades que nunca te defraudan, que guardan los secretos sin desvelárselos a nadie. Piensa, eso sí, que vuestra visita tiene que ser segura, que no corras ningún peligro. Si acaso piensas que puede suceder algo inesperado, que ponga en peligro vuestra salud o incluso vuestra vida, lo mejor es no ir. O ir acompañados por alguien que garantice vuestra seguridad. Eso sí que es lo fundamental. Lo mejor es que luego nos lo puedas contar. Por eso este apartado se titula cuéntame.

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Hilary Ruben

Nació en Buckinghamshire (Inglaterra). Estudió en varias universidades de Suiza, Italia y USA. Se casó con un zoólogo, cuyo padre fue uno de los primeros pobladores de Kenya, y desde entonces vive en ese país africano. Sus obras han sido traducidas a muchos idiomas.

 

Patricia con P. Carlos Murciano. Ed. Hiperión. (Recomendado: 9-11 años)

5 Jun

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Patricia pinta un palomo
pillo, panzudo y pequeño:
le pone púrpura (1) el pico,
le pone de plata el pecho.

El palomo de Patricia
se ha posado en el perchero
y ella le peina las plumas
con la punta del pañuelo.

Pronto el palomo pasea,
presumido y postinero (2),
mientras Patricia se prende (3)
una petunia en el pelo.

Notas:
(1) Púrpura: rojo
(2) Postinero: que se da importancia
(3) Prende: sujeta.

Carlos Murciano, La bufanda amarilla. Editorial Hiperión

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Hoy nos toca un trabajo difícil. ¿Tienes una lupa, como la que usaba Sherlock Holmes, uno de los más famosos detectives que han existido? Pues bien. Utilízala, si la necesitas, para resolver este enigma. ¿Cuántas palabras tienen la letra P, en la poesía de Carlos Murciano, que acabas de leer? Elige la respuesta correcta:

1)   En la poesía hay 29 palabras que tienen la letra p
2)   En la poesía hay 28 palabras que tienen la letra p
3)   Incluido el título, en la poesía hay 30 palabras que tienen la letra p

Como a Carlos Murciano le gusta que lo pasemos bien con lo que él escribe, vamos a cambiar la letra de su poesía. Sí, en vez de pensar en cosas con la letra p, vamos a hacerlo con otra letra. Por ejemplo, la letra L

Lucía pinta un lagarto
listo, muy listo y muy largo.
Le pone luz en la cola
y así la Luna se asoma.

Elige tú otra letra y escribe, luego, cuatro versos, como hemos hecho Carlos Murciano y nosotros, porque nos ha dejado hacerlo. El poeta de verdad es él. Nosotros somos sólo aficionados. ¡Suerte y que te salgan cuatro versos preciosos!

Palabra magica
La palabra mágica hoy es pinta. Ya sabes que es una palabra que pertenece al verbo pintar. Es lo que se llama el presente de indicativo:
Yo pinto/Tú pintas /Él o ella pinta
Nosotros pintamos / Vosotros pintáis /Ellos o ellas pintan

¿Sabes realmente lo que significa pintar? Elige, entre las siguientes definiciones, cuáles corresponden al verbo pintar.

1)   Pintar es lo que hacen todas las personas que se llaman Patricia
2)   Pintar es dibujar en un papel o en un archivo, en el ordenador
3)   Pintar es cubrir con color una superficie que puede ser: un papel, una pared, una puerta, una ventana, o cualquier cosa
4)   Pintar es lo que hacen todas las personas cuando juegan
5)   Pintar es dar colores en la cara de alguien

Fíjate ahora en las palabras tos, pies, brinco, porque los números correctos acaban igual que ellas.
Cuentame

Hoy te va a resultar facilísimo contarnos algo. Como hemos estado haciendo muchas cosas con el verbo pintar, sólo tienes que llamar a la puerta de tu memoria y decirnos, con tus palabras, cuál ha sido el último dibujo que has hecho. O, a lo mejor, has ayudado a pintar algo en tu casa, en tu clase, o has participado en un concurso que hicieron en tu localidad, para menores de quince años. Cuéntanos cosas que tengan que ver con el verbo pintar. Si te apetece, dinos cuál es el último dibujo que has visto y por qué te gustó tanto. O por qué no te gustó nada.

9e7o

Carlos Murciano

Nació en Arcos de la Frontera (Cádiz, España) en 1931.
Estudió intendente mercantil. Fundó junto a su hermano Antonio, también escritor,  la revista poética Alcaraván. Es miembro de varias academias de Artes y Letras. Ha traducido a poetas anglosajones. Ha ganado varios premios, entre ellos, el Nacional de Literatura en 1970 y el de Literatura Infantil y Juvenil en 1982. Ha publicado más de 80 libros sobre todo poesía, pero también escribe prosa, hace crítica de arte y literaria y es musicólogo.

 

Nuestro observatorio

En la siguiente página se puede ampliar su biografía.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor en Canal Lector.

Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren. Editorial Blackie Books (Recomendado: 9-11 años)

29 May

pippi
Tommy y Annika habían anunciado a la profesora que iba a llegar una nueva alumna llamada Pippi Calzaslargas. La profesora había oído hablar de Pippi a la gente del pueblo, y, como era muy amable y simpática, decidió hacer cuanto fuera necesario para que Pippi se sintiera en el colegio como en su propia casa.
Pippi se dejó caer en el primer asiento que encontró libre, sin que nadie la hubiera invitado a sentarse; pero la profesora no hizo caso de sus toscos modales y le dijo cariñosamente:
-Bienvenida a la escuela, Pippi. Deseo que estés a gusto aquí y que aprendas mucho.
-Estoy segura de que aprenderé. Y supongo que tendré vacaciones por Navidad, pues he venido por eso. ¡La justicia ante todo!
-Si quieres darme tu nombre y apellidos, te matricularé –dijo la profesora.
-Me llamo Pippilotta Delicatessa Windowshade Mackrelmint y soy hija del capitán de barco Efraín Calzaslargas, que fue el rey de los mares y hoy es el rey de los caníbales. Pippi es la abreviatura de Pippilota, nombre que, según mi padre, resultaba demasiado largo.
-Tu padre tenía razón –dijo la profesora-. Bien, pues también nosotros te llamaremos Pippi… Ahora conviene que te haga un pequeño examen para ver qué es lo que sabes. Supongo que sabrás bastante, pues ya eres una niña mayor. Empecemos por la aritmética. ¿Puedes decirme cuántos son siete y cinco?
Pippi se quedó sorprendida y contrariada a la vez. Al fin contestó:
-Si tú no lo sabes, no esperes que te lo diga yo.
Todos los alumnos miraron a Pippi con una expresión de horror. La profesora le dijo que en la escuela no se contestaba así, y que a la profesora no se le hablaba de tú, sino de usted.
-Lo siento mucho –se excusó Pippi-. No lo sabía. No lo volveré a hacer.
-Eso espero –dijo la profesora-. Y ahora te diré que siete y cinco son doce.
-¡Ah! –exclamó Pippi-. ¿Con que lo sabías? Entonces, ¿por qué me lo has preguntado? ¡Oh! ¡Qué cabezota soy! ¡Ya he vuelto a tutearla! Perdóneme.
Y Pippi se dio un fuerte pellizco en una oreja.
La profesora decidió no dar ninguna importancia a la cosa.
-Ahora dime: ¿cuántos te parece que son ocho y cuatro?
-Pues… alrededor de sesenta y siete.
-No –rectificó la profesora-; ocho y cuatro son doce.
-¡Eh, eh, buena mujer! ¡Esto ya es demasiado! Usted misma ha dicho hace un momento que doce eran siete y cinco, y no ocho y cuatro. Hay que tener un poco de formalidad, y más aún en la escuela. Si sabes tanto de esas cosas, ¿por qué no te vas a un rincón a contar y nos dejas tranquilos a nosotros, para que podamos jugar al escondite? ¡Oh, perdone! ¡Otra vez la he tuteado!
Pippi estaba sinceramente consternada. Continuó:
-Le suplico que me vuelva a perdonar. Ya verá como es la última vez.
La profesora le dijo que la perdonaba; pero juzgó que no era conveniente seguir enseñando aritmética a Pippi y empezó a preguntar a los demás niños.
-Tommy, a ver si contestas a esta pregunta: si Lisa tiene siete manzanas y Axel nueve, ¿cuántas manzanas tendrán entre los dos?
-¡Anda, Tommy, contesta! –intervino Pippi-. Y, al mismo tiempo, responde a esta otra pregunta: si a Lisa le duele el estómago una vez y a Axel le duele varias veces, ¿quién es el culpable y de dónde han cogido las manzanas?
La profesora fingió no haberla oído y se volvió hacia Annika.
-Y ahora, Annika, este problema para ti: Gustavo fue de excursión con todos los alumnos de su colegio; al salir tenía once monedas de diez céntimos, y al regresar, siete. ¿Cuántas monedas había gastado?
-También a mí me gustaría saberlo –dijo Pippi-. Además, quisiera saber por qué era tan despilfarrador, y si se había lavado las orejas por detrás antes de salir de casa.
La profesora decidió dar por terminada la clase de aritmética. Se dijo que a Pippi quizá le interesaría más aprender a leer. Y sacó un cuadro en el que veía una islita preciosa, de color verde y rodeada de un mar azul. Suspendida sobre la isla había una “i”.
-¡Qué cosa tan rara! –exclamó Pippi-. Esa letra es una rayita sobre la que ha soltado algo una mosca. Me gustaría saber qué tienen que ver las islas con lo que sueltan las moscas.
La profesora sacó otro cuadro que representaba una serpiente enroscada. Explicó a Pippi que la letra que había sobre la serpiente era la “s”.
-¡A propósito! –exclamó Pippi-. Nunca podré olvidar una lucha que sostuve con una serpiente gigante en la India. ¿De modo que esa letra es la “s”? ¡Qué interesante!
La profesora que ya empezaba a considerarla como una niña escandalosa y molesta, decidió dedicar un rato al dibujo. Pippi estaría sentada y quieta mientras dibujaba. Creyéndolo así, la profesora repartió hojas de papel y lápices entre los alumnos.
-Podéis dibujar lo que queráis –les dijo.
Y sentándose a su mesa, empezó a corregir cuadernos. Un momento después levantó la cabeza para echar una ojeada a los alumnos. Todos, desde sus asientos, miraban a Pippi, que estaba echada sobre el pupitre y dibujaba con gran alegría.
-¡Pero, Pippi! –exclamó la profesora, empezando a perder la paciencia-. ¿Por qué no dibujas en el papel?
-Hace tiempo que no dibujo en papeles. No hay espacio para mi caballo en esa mísera hoja. Ahora estoy dibujando las patas delanteras; cuando dibuje la cola seguramente llegaré al pasillo.
La profesora reflexionó un momento, visiblemente preocupada.
-¿Preferiríais cantar? –preguntó.
Todos los niños se pusieron en pie ante sus pupitres; todos menos Pippi, que seguía echada sobre el suyo.
-Ya podéis empezar a cantar –dijo la niña-. Yo voy a descansar un poco. El exceso de estudio puede acabar con la salud de la persona más robusta.
La paciencia de la profesora llegó con esto a su fin, y envió a los niños al patio; a Pippi le dijo que no saliera, que quería hablar con ella.
Cuando en la sala quedaron únicamente la profesora y Pippi, esta se puso en pie y se acercó a la mesa.
-¿Sabes… -empezó a decir, pero enseguida rectificó-, sabe usted que he pasado un buen rato viendo todo esto? Pero me parece que no volveré, a pesar de las vacaciones de Navidad. Hay demasiadas manzanas, islas y serpientes y todas esas cosas. La cabeza me da vueltas. No está disgustada conmigo, ¿verdad?
Pero la profesora dijo que sí estaba disgustada; que Pippi no quería portarse bien, y que a ninguna niña que se portase tan mal como ella se le permitiría entrar en la escuela, por mucho que lo deseara.
-¿Me he portado mal? –dijo Pippi, extrañada-. Pues no me he dado cuenta –añadió tristemente.
Nadie podía ponerse tan trágico como se ponía Pippi cuando tenía algún pesar. Permaneció en silencio unos instantes y luego dijo con voz trémula:
-Comprenda usted que cuando una tiene por madre un ángel y por padre un rey de caníbales, y se ha pasado la vida navegando, no puede saber cómo debe portarse en el colegio, entre tantas manzanas y serpientes.
La profesora le contestó entonces que lo comprendía muy bien, que ya no estaba disgustada con ella y que quizá le permitiría volver a la escuela cuando fuese mayor. Y Pippi exclamó radiante de alegría:
-¡Es usted la mar de simpática! ¡Mire lo que le traigo!
Pippi sacó del bolsillo una cadena de oro fino y la depositó en la mesa. La profesora dijo que no podía aceptar un regalo tan valioso, pero Pippi la amenazó:
-Tiene usted que aceptarlo. Si no, volveré mañana, y ya verá la que armo.
Dicho esto, salió al patio corriendo y montó de un salto en su caballo.

Astrid Lindgren. Pippi Calzaslargas. Todas las historias. Editorial Blackie Books

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Quienes hemos estado, durante años, dando clase a un mismo curso escolar, sabemos lo que significa la llegada de alguien nuevo. De una u otra manera, docentes, compañeras y compañeros se hacen un perfil especial de quien llega. Todo el mundo en el centro sabe cómo es, de dónde viene, cómo son sus padres, incluso dónde vive, qué aptitudes tiene para el deporte, para la relación, sus gustos y preferencias, con quién se relaciona y todo eso que Tommy y Annika anunciaron a la profesora de la alumna que iba a llegar: Pippi Calzaslargas. Y cuando se lean estas líneas, puede que haga ya unos meses que eso pasó. Esto significará que, en otros pocos, empezará un nuevo curso y volverán a aparecer, con personajes diferentes, las situaciones habituales. Es un tren, con distintos viajeros, que recorrerá las estaciones de la ilusión, de la innovación de la relación, de la vida, al fin y al cabo.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es tutear. Pippi tuvo muchos problemas el primer día, porque ella estaba acostumbrada a tratar a la gente de . Eso es tutear. Pero en el caso de personas que conocemos menos y tenemos que dirigirnos a ellas, por respeto utilizamos usted. En el texto que has leído, a la profesora no se le hablaba de tú, sino de usted. Eso son normas, reglas, obligaciones que hay en diferentes lugares. De los siguientes casos, di cuándo utilizas el tú y cuándo el usted.

Te encuentras, en la escalera, a una amiga que vive en el primer piso:

La trato de usted                                 La trato de tú

Te encuentras, por la calle, a un señor. Es compañero de tu madre:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Vas al médico, para explicarle que te duele el estómago:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Ves a un agente de policía y le preguntas dónde está una calle:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Si hacemos clic en el dibujo que hay arriba, a la derecha, encontraremos una amplísima relación de lo que los expertos llaman Actos de palabra o Actos de habla.

Sólo a título informativo para la mediadora o el mediador, según Austin (filósofo británico que falleció en 1960), al producir un acto de habla, se activan simultáneamente tres dimensiones:
Acto fónico (emitimos sonidos)
Acto fático (emitimos palabras con una secuencia gramatical determinada)
Acto rético o del significado (emitimos las secuencias gramaticales con un sentido determinado).

Cuentame
¿Ha llegado alguien nuevo, últimamente, a tu clase? ¿Compañeras, compañeros, profesoras, profesores?    ¿Qué le ha parecido la clase a la nueva o al nuevo? ¿Has hecho ya amistad? ¿Hay alguien que se parezca a Pippi Calzaslargas? Fíjate, sobre todo, en su pelo, con ese precioso color de zanahoria.

Y por si no conoces a este personaje, aquí tienes algunos fragmentos de la película que, hace bastantes años, tuvo un éxito enorme. En el mundo entero, casi no había niñas o niños que se perdieran las cosas que hacía Pippi. Era muy, muy divertida.

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Astrid Lindgren

Nació en Vimmerby, el 14 de noviembre de 1907 y murió en Estocolmo el 28 de enero de 2002 (Suecia).
Hija de campesinos, tuvo una infancia feliz. Le gustaba bailar la danza popular y le volvía loca el jazz. Trabajó en una oficina.  Relataba cuentos de Pippi a su hijo, después los escribió y los mandó a una editorial, esta los rechazó al principio pero los publicó años más tarde.
Fue una defensora de los animales. Escribió más de 100 obras pero la que le dio la fama fue la de Pippi Calzaslargas.
En 1958 recibió el premio Hans Christian Andersen.

 

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en varias páginas dedicadas a Astrid Lindgren.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora tomada de Canal Lector.

 

Los sueños del sapo. Javier Villafañe. Ed. Colihue

26 Jun

suenossapo

Una tarde, un sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy árbol-. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba a ser árbol esa noche.
Todavía andaba el sol girando en la rueda del molino. Estuvo un largo rato mirando al cielo. Después bajó a la cueva; cerró los ojos y se quedó dormido.
Esa noche el sapo soñó que era árbol.
A la mañana siguiente contó su sueño. Más de cien sapos lo escuchaban.
-Anoche fui árbol –dijo-; un álamo. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como alas; pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto que subía. Creí que caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba, pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y profundas. No me gustó ser árbol.
El sapo se fue; llegó a la puerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga.
Esa tarde el sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy río.
Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.
-Fui río anoche –dijo-. A ambos lados, lejos, tenía las riberas. No podía escucharme. Iba llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en el puerto. La misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Fue una lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces; nada más que peces. No me gustó ser río.
Y el sapo se fue. Volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los límites del perejil.
Esa tarde el sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy caballo.
Y al día siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos vinieron desde muy lejos para oírlo.
-Fui caballo anoche –dijo-. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda la pampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol; después un pájaro que se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente, dijo:
-No me gustó ser viento.
Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente:
-No me gustó ser luciérnaga.
Después soñó que era nube y dijo:
-No me gustó ser nube.
Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
-¿Por qué estás tan contento? –le preguntaron.
Y el sapo respondió:
-Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.

Javier Villafañe. Los sueños del sapo.  Ed. Colihue .

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

Texto

¿Qué crees que le pasa, en realidad, al pobre sapo? Pues toda la lectura se basa en algo que no se puede ver: sus sueños. ¿Y por qué soñaba?

La respuesta es muy fácil. Tú la sabes. Porque se sentía muy feo. Y la verdad es que al sapo siempre se le ha considerado un animal feo. Imagina la diferencia con un gato, un perro, un hámster, un conejito ¡o incluso una rana! Pero un sapo… Aquí lo tienes.

Aunque no a todo el mundo le sucede eso. Hay gente que adora a todos los animales, ¡incluido el sapo! Lee si no este libro, Noche de sapos, que habla de Jon, un niño que decidió tener uno en casa (y hasta se lo permitieron).

Lo que sí es cierto, porque lo hemos oído y, a lo mejor incluso dicho, es esta frase: ¡Es más feo que un sapo!

Y el sapo lo sabía. Quería ser hermoso. Y por eso sueña, imagina, tiene ilusiones. Sueña, sobre todo, con lo que hay a su alrededor.

Y soñó que era un árbol. No un árbol cualquiera.

-¿Y fue maravilloso ser árbol en vez de sapo?

-¡Noooo! Aquí empiezan los problemas de los sueños del sapo.

Y llega su primer no. Sí, eran árboles maravillosos, pero a él no le gustaba cambiar su vida de sapo por la de árbol. “No me gustó ser árbol”
Y a su lado también había cosas extraordinarias, además del árbol. Pasaba, ni más ni menos, que un precioso río.
Soñó que era árbol, río, caballo, viento

Lo que sí conseguía el sapo era algo fantástico, que seguro que tú conoces. ¿Has ido alguna vez a una sesión de animación a la lectura? Intenta hacer memoria y, a lo mejor, recuerdas alguna en que estabas rodeada o rodeado de sapos, cientos de sapos. ¿Sería un sapo el contador de historias? Porque lo que sí lograba el sapo, quizá sin saberlo, es la magia de las historias, de los cuentos. Allí se arremolinaba todo el mundo para escucharlo.

Pero nada le gustaba. ¿Sería que el sapo era un gruñón, un inconformista, que no iba a haber en toda la faz de la Tierra algo que le gustara?

Pues sí. ¡Claro que lo había! Y por eso estaba tan contento cuando lo encontraron los amigos sapos, por la mañana, en su lugar habitual, a la orilla del agua. Cuando le preguntaron, el sapo respondió:

-Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era un sapo.

Palabra magica

La palabra mágica hoy es Yo. Sí. Hoy la palabra mágica parece la más fácil del mundo. Porque es la nuestra. La de cada una y cada uno de nosotros. Yo. ¿Hay alguna palabra que diga mejor quiénes somos? Pero ¿nos gusta cómo somos o nos gustaría, como al sapo, ser diferentes?

Sugerimos la visita a Canal Lector  donde se pueden ver biografías de personajes interesantes.

Cuentame.

Esta historia del sapo, de Javier Villafañe, nos permite también soñar, imaginar. Fíjate en algunos animales.
¿Cuál te gustaría ser? ¿Por qué?

Pero lo bueno que tiene imaginar, soñar es que podemos ir donde queramos. ¿Adónde te gustaría ir si pudieras?

Relacionar con libros de aventuras por ejemplo en la selva.

Autor

 Javier Villafañe

Nació el 24 de junio de 1909 en Buenos Aires (Argentina) y murió el 1 de abril de 1996  en Buenos Aires.
Fue poeta, escitor y  titiritero. Con su carreta La Andariega viajó por Argentina y varios países americanos realizando funciones de títeres.  Se fue a  Venezuela donde, trabajando para la Universidad de Los Andes, fundó un Taller de Títeres para formar artistas de esa disciplina. En 1978, con el auspicio del gobierno venezolano, repitió su experiencia trashumante en el Viejo Continente.  Recorrió España con un teatro ambulante y volvió en 1984 a su país, Argentina.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación sobre Villafañe.

Bibliografía

Muchos de sus libros se pueden ver en Imaginaria.

El secuestro de la bibliotecaria. Margaret Mahy. Editorial Alfaguara

29 May

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Un día, Ernestina Laburnum, la bella bibliotecaria, fue raptada por unos malvados bandidos. Acababa de salir a pasear por el bosque, situado en las proximidades de la ciudad, cuando los bandidos la asaltaron y se la llevaron.
-¿Por qué me secuestran? –preguntó con frialdad-. No tengo amigos ricos ni primos ricos. La verdad es que soy una pobre huérfana sin casa propia, aparte de la biblioteca.
-Eso es precisamente lo que nos interesa –dijo el Bandido-Jefe-. El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria.
Era bastante cierto, ya que la señorita Laburnum tenía en su poder las llaves de la biblioteca.
-Creo que debo advertirles –dijo Ernestina- que pasé el fin de semana con una amiga que tiene cuatro niños pequeños. En la casa todos estaban enfermos de sarampión.
-No importa –replicó el Bandido-Jefe-. Yo ya lo he tenido.
-¡Pero yo jno! –exclamó el bandido más próximo.
Los otros bandidos miraron a la señorita Laburnum con cara preocupada. Ninguno de ellos había pasado la horrible enfermedad del sarampión.
Cuando se recibió en el ayuntamiento la carta pidiendo el rescate, se produjo una gran discusión. Los miembros del Consejo Municipal querían que las cosas se hicieran bien.
-¿Bajo qué concepto consideraremos el secuestro de la bibliotecaria? –preguntó uno de los concejales-. ¿El dinero del rescate debe figurar como un gasto de personal o un gasto del fondo de cultura?
-La Comisión de Cultura se reunirá dentro de dos semanas –dijo el alcalde-. Propongo que ellos tomen entonces una decisión sobre este punto.
Pero mucho antes de esta reunión todos los bandidos, excepto el jefe, sufrían ya la terrible enfermedad del sarampión. Se volvieron muy irritables y tenían las narices encarnadas y llenas de mocos.
-Creo que un baño caliente ayuda a que salga la erupción –dijo la señorita Laburbum sin demasiada seguridad-. ¡Ah!, si estuviera en mi biblioteca podría buscar la palabra “sarampión” en el Diccionario práctico de medicina familiar.
El Bandido-Jefe dirigió una mirada triste a los hombres de su banda.
-¿Está usted segura de que es sarampión? –preguntó-. Me parece una enfermedad muy poco digna para un bandido. Pocas personas quedan bien con granitos en la cara, pero para unos ladrones resulta desastroso. ¿Tomaría usted en serio a un ladrón con granitos?
-No forma parte de las funciones de una bibliotecaria tomar en serio a ningún ladrón, con granitos o sin ellos –replicó Ernestina con altanería-. De todos modos, no podrán volver a robar hasta que no se recuperen del sarampión. Están en cuarentena. No querrá que les echen la culpa de extender el sarampión por todas partes, ¿verdad?
El Bandido-Jefe gimió.
-Si me lo permite –dijo la señorita Laburbum-, iré a mi biblioteca y sacaré el Diccionario práctico de medicina familiar. Con ese valioso libro intentaré aliviar el sufrimiento de sus compañeros. Claro que no lo podré tener en préstamo más de una semana. Es un libro de consulta muy solicitado, ¿entiende?
Las lamentaciones de los bandidos enfermos resultaban insoportables para el jefe.
-Está bien –aceptó-. Puede ir a buscar el libro y nos olvidaremos del secuestro de momento. Pero sólo de momento, ¿eh?

Margaret Mahy.  El secuestro de la bibliotecaria.  Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 En la televisión, en internet, en la radio, en los periódicos, en cualquier medio de información, vemos y oímos una terrible noticia: ¡La organización X ha secuestrado a Z!
Pero nunca imaginábamos que podrían secuestrar a una bibliotecaria. No era propietaria de una gran colección de joyas, ni de cuadros famosos, ni heredera de la mayor fortuna del país, ni nada de eso. Ella misma se lo dice a los bandidos:
– “¿Por qué me secuestran? –preguntó con frialdad-. No tengo amigos ricos ni primos ricos. La verdad es que soy una pobre huérfana sin casa propia, aparte de la biblioteca”.
La respuesta del Bandido-Jefe nos deja todavía más alucinados, si cabe:
Eso es precisamente lo que nos interesa –dijo el Bandido-Jefe-. El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria”.
Pero no creas que es el único secuestro que aparece en libros, que pueden gustarte. Aquí tienes algunos, por si te apetece leer temas misteriosos, de secuestros, de bandidos, policíacos…
. Secuestro en el Caribe
. Misterio del collar desaparecido
. ¿Quién ha raptado a Lánguida?
. El secuestro de la primavera
. Aventuras de la mano negra

Lo que sí parece bastante claro en el texto es que la biblioteca era, en la ciudad de Ernestina Laburnum, un lugar importante y muy visitado. De hecho, el Bandido-jefe le da esta razón para su secuestro:
“El ayuntamiento de la ciudad pagará un generoso rescate. Todo el mundo sabe que la biblioteca no funcionará nada bien sin su bibliotecaria”.
Y también parece evidente, y en eso está el estupendo humor del texto, es que allí todo funcionaba de manera bastante chapucera: desde los propios bandidos hasta el mismísimo ayuntamiento de la ciudad. ¿A qué bandido jefe de una terrible organización se le puede ocurrir dejar libre a la secuestrada, para hacer una consulta en un libro de la biblioteca, por mucho que fuera para aliviar el sufrimiento de los compañeros?
-Está bien –aceptó-. Puede ir a buscar el libro y nos olvidaremos del secuestro de momento. Pero sólo de momento, ¿eh?
La crítica al funcionamiento de las autoridades queda expresada de forma clara. Cuando llega la petición de rescate de los bandidos, empiezan las deliberaciones, porque:
 “Los miembros del Consejo Municipal querían que las cosas se hicieran bien.
-¿Bajo qué concepto consideraremos el secuestro de la bibliotecaria? –preguntó uno de los concejales-. ¿El dinero del rescate debe figurar como un gasto de personal o un gasto del fondo de cultura?
-La Comisión de Cultura se reunirá dentro de dos semanas –dijo el alcalde-. Propongo que ellos tomen entonces una decisión sobre este punto”.

Un cúmulo de disparates hacen de este texto una estupenda lectura altamente motivadora y, sobre todo, muy divertida. Fundamental.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es: Cuarentena.

Ernestina Laburnum estuvo con una amiga, el fin de semana anterior, que tiene cuatro niños pequeños. Y todos estaban enfermos de sarampión. Como es una enfermedad contagiosa, Ernestina lo dijo:
“No podrán volver a robar hasta que no se recuperen del sarampión. Están en cuarentena”.

¿Sabes lo que es una cuarentena? ¿Y un trimestre? ¿Y un trienio? ¿Y un quinquenio? Si acaso tienes alguna duda, lo mejor es que el ordenador o un libro que se llama diccionario te lo solucione de inmediato.

Cuentame

Lo primero que queríamos saber es lo siguiente: ¿Tienes biblioteca en el lugar donde vives? A lo mejor, hasta tiene un nombre, esa biblioteca. Si no hay biblioteca, ¿hay alguna que no esté muy lejos? Y luego, por si acaso sucede algo como a Ernestina Laburnum, ¿conoces a la bibliotecaria o al bibliotecario? ¿Cómo es? ¿Sabes si ha tenido sarampión? ¿Y tú? ¿Te acuerdas? ¿Cómo lo pasaste? ¿Sabes, de verdad, qué enfermedad es el sarampión?

Autor

Margaret Mahy

Nació en Whakatane (Nueva Zelanda) en 1936.

Escribió su primer cuento cuando tenía 7 años. Trabajo como bibliotecaria en varias bibliotecas de su país.  Publicaba al principio sus historias en el periódico escolar de Nueva Zelanda. En esos años tenía que escribir por la noche. En los años 80 del siglo pasado dejo su profesión para dedicarse solamente a escribir para niños y jóvenes. Le gusta ir con frecuencia a escuelas y bibliotecas para conversar con los niños y jóvenes. En esas visitas muchas veces se disfraza de algún animal o se pone una peluca con colores.
Tiene dos hijas y varios nietos. Además, tiene un gato ya viejecito que duerme muchas veces en el fax porque está calentito.
La escritora nos dice cómo aprendió a leer y lo qué es para ella un libro: “Nunca olvidé cómo aprendí a leer. Cuando era niña, las palabras correteaban frente a mis ojos como pequeños escarabajos escurridizos. Pero yo era más inteligente que ellas. Aprendí a reconocerlas sin importar su veloz carrera. Por fin, pude abrir libros y entender lo que estaba escrito. Fui capaz de leer cuentos y chistes y poemas yo sola”.
Fue galardonada en el año 2006 con el  premio Hans Christian Andersen.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Margaret Mahy, además de consultar la Wikipedia.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora  tomada de  Canal Lector.

Sol de invierno. Antonio Machado. Ed. Aguilar

29 Abr

paisaje en españa canal

 

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos (1) montículos
y ramas esqueléticas (2).

Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.

Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
“¡El sol, esta hermosura
de sol!…” Los niños juegan.

El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa (3) piedra.

Antonio Machado, Obras completas. Ed. Aguilar.
VV.AA. Antología poética del paisaje. Ediciones de la Torre.

1 simétrico: dos partes iguales.  2 esquelética: muy delgada, sin hojas. 3 verdinosa: de color verde.

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Hoy nos vamos a pasear. Sí. Las palabras nos permiten ver el paisaje, sentirlo, notar el calorcito del sol cuando hace frío. A través de los ojos del poeta, de Antonio Machado, conocemos el parque, los caminos que lo recorren y lo que vamos viendo, según pasamos y paseamos.

¿Has hecho esto alguna vez? ¿Recuerdas lo que has visto la última vez que estuviste en el parque? ¿Quién estaba allí también? ¿Qué hacía? ¿Con quién estaba?

No estamos diciendo que hay que hacer una poesía. Son sólo palabras, frases, que puedes guardar, para cuando pase algo de tiempo. ¿Qué te parece si abres un cuaderno o un archivo que se llame, por ejemplo, Los recuerdos de mi parque?, o El parque fantástico o Mi parque y yo o…

Tu nombre (o el de quien tú quieras: amiga, amigo, familiar…)

In the park podía ser un buen título para tu reportaje de fotos del parque que recorres. Elige tus sitios preferidos y apúntalos, cuando hagas la foto, para ponerla luego en el álbum del parque.

El aprovechamiento del álbum puede dar lugar incluso a una exposición de los parques de la ciudad, en colaboración con los ayuntamientos, que suelen facilitar lugares, charlas de personajes famosos, etc., donde cabrían las lecturas que han realizado de Machado. ¿Cuándo fueron? ¿Dónde? ¿Qué supuso la lectura de Don Antonio y qué supone hoy?

Se podría hablar de la vigencia hoy del poeta, recurriendo más a lo íntimo, lo “honesto”, lo esencial que él propone. Una comparación de épocas podría llevarnos a las ediciones antiguas, los periódicos de la época, los problemas de la guerra y la muerte de Machado, lo que él pasó y lo que ahora está pasando. ¿Dónde estaba la poesía? ¿Dónde está ahora? ¿Sigue siendo un valor en la Cultura de un pueblo?, y muchas más cuestiones que nos permitirían centrar el asunto en La poesía y los poetas: Ayer, hoy y mañana de la poesía.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es juegan.

Nos permite el verbo jugar, en ese presente, además de hablar de los tiempos verbales, observar lo que pasa en la vida que mira el poeta. Es el momento (Es mediodía) en ese presente donde Machado nos relata el instante. Esa pintura que transita por la realidad del paisaje, pero que se adentra en la psicología, observando al viejecillo que habla para sí mismo. Se juntan las dos etapas vitales en esa estrofa: el viejecillo y los niños.

Y la importancia del juego, del mecanismo repetitivo de los niños, continúa al final. En esa úiltima estrofa, en que la fusión naturaleza-persona, aparece en el centro de la vida: el agua. Esa que en la fuente

resbala, corre y sueña

lamiendo, casi muda,

la verdinosa piedra.

El tránsito por el verbo jugar nos posibilita acercarnos a los tiempos y a las personas verbales. Y, de ellos, a una actividad participativa, donde lo real y lo digital se unen en el objetivo. Esperamos a ver qué nos cuentan.

Cuentame

Pasamos del juegan ellos al jugamos nosotros. Pero ¿a qué jugamos? ¿Con quién jugamos? ¿Dónde jugamos? ¿Qué juegos nos gustan más?

Autor

Antonio Machado

Nació el 26 de julio de 1875,  en Sevilla (España).  Murió en Collioure (Francia) en 1939.

Su familia se trasladó a Madrid (España) cuando Antonio tenía 8 años. Decía en uno de sus versos que su infancia la recordaba en un patio de Sevilla y en un huerto donde había un limonero…

Cuando comienza el bachillerato va descubriendo que tiene afición por la literatura, sobre todo por el teatro. Acude a ver representaciones, incluso actuaría en alguna ocasión. Fue traductor de francés para una editorial en Francia.

Obtuvo una cátedra de francés y eligió dar clases en Soria (España). Allí conocerá a su mujer, Leonor Izquierdo, con quien se casa en 1909.  El escritor dijo que los años que vivió en Soria fueron muy felices. Viajó varias veces a París. Consiguió en 1911 una pensión para estudiar filología francesa. Se marcha a vivir  a Francia con su mujer, Leonor.  Esta, enferma de tuberculosis y por ese motivo deben regresar a Soria, donde moriría el 1 de agosto de 1912. Antonio Machado abandona Soria y se instala en Madrid hasta que le nombran catedrático de instituto en Baeza (Jaén, España).  En 1919 obtiene el traslado a un Instituto de Segovia. Fue elegido miembro de  la Real Academia de la Lengua española.

Escribió mucha poesía. Con su hermano,  Manuel,  publica y adapta varias obras para teatro.

Le gustaba asistir a tertulias. Tuvo muchos amigos, que como él,  eran también escritores: Unamuno, Rubén Darío, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, entre otros.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación sobre Antonio Machado.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Antonio Machado en Canal Lector.

El lagarto está llorando. Federico García Lorca. Ediciones de la Torre

19 Abr

lagarto llora garcia lorca
El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!
¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!

Federico García Lorca. Federico García Lorca para niños y niñas… y otros seres curiosos. Ediciones de la Torre

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Canción de Paco Ibáñez sobre el poema.
Ver, leer y oír el poema en Canal Lector.

¡Qué poesía tan triste! Cómo, con dos animalitos (quizá lo que antes leíamos de los sentimientos de la niñez, que recordaba Federico) se dan cita en este poema. La tristeza de esos lagartos, bichos en cierto modo fascinantes para los niños, nos acercan a la vida de amor, sencilla hasta en esos “delantalitos blancos”, con los que podemos verlos, con palabras, como si fuera una imagen, una fotografía. Pero ¿por qué lloran? Porque perdieron el símbolo: perdieron su anillo de desposados.

Lejos quedan los oros, las riquezas, las constantes tópicas del momento. Son anillos de plomo, del metal barato pero igualmente válido porque dice lo mismo. La boda se celebró. Fue un gran día. El gran día. Los lagartos se siguen amando y todo gira en la importancia del momento. No lo olvidan y nunca lo olvidarán.

Es una historia de vida, de una larga vida. Son ya viejos los lagartos y quizá el anillo se haya perdido por eso. Pero lo recuerdan. En aquel maravilloso día, nada ni nadie faltó. Allí fue le gala y el lujo. Los pájaros, bajo aquel cielo grande y sin gente; ese patriarca que está sobre todos: el Sol. Su querido Sol, jefe del mundo, capitán redondo, va engalanado con sus mejores ropas. Su chaleco de raso.

 Palabra magica

Hoy son varias las palabras mágicas: Llorar y delantalitos. Las que nos van a permitir acercarnos a ese mundo mágico del léxico. Buscar, descubrir, definir, jugar con las palabras, transformarlas…

Podríamos pensar: ¿por qué el poeta no utiliza el nombre y el verbo en plural: “los lagartos están llorando”, en lugar de ese sujeto en femenino y en masculino? Leemos cómo quedan resaltados los dos personajes, repitiendo la acción de la pena. Llorar.

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

Llevan ambos, eso sí, ese diminutivo (del que ya hablamos en el texto del Pequeño Nicolás, de Goscinny, tan lejano a éste de Lorca) y que sin embargo nos acerca la poesía al tono infantil de las palabras: con delantalitos blancos. Es como si el poeta sintiera ese tono afectivo que acerca las palabras al cariño.

Recordamos, por ejemplo, otro uso del diminutivo, en las primeras líneas de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez:

(…) Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal…
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…

Sin olvidar títulos tan antológicos como El Principito, de Saint-Exupéry.

La palabra mágica llorar y su antónima (reír) nos permiten charlar, conversar, recordar, imaginar…, cosas que proponemos en el apartado siguiente.

Cuentame

¿Cuándo hemos llorado por última vez? ¿Qué ocurrió que nos causó tanta pena que lloramos? Pero, por cambiar diametralmente de lo que las palabras dicen, cuando las empleamos, no creemos que hablar, trabajar, charlar y sentir la risa desvirtúe, en absoluto, el espíritu de Federico.

En el caso de la risa, la palabra puede llevarnos, casi indefectiblemente, al chiste, donde procuraremos evitar las palabrotas, las palabras malsonantes, las que “hieren” a alguien (colectivos, personas, discapacidades, etc.).

En la web encontramos muchas páginas de chistes, pero es importante un repaso anterior, dada la procacidad de algunas.

Puesto que hemos hablado de dos sentimientos contrarios, sugerimos esta página de Canal Lector,  donde se recoge una amplia selección de buenos libros con el tema de los sentimientos.

Autor

Federico García Lorca

Nació en Fuente Vaqueros (Granada, España) el 5 de junio de 1898. Su madre, maestra de escuela, le enseñóa leer.   Leían mucho en su casa. En 1909,  la familia se traslada a Granada.

Empezó a estudiar Derecho y Filosofía y Letras. Después se trasladó  a Madrid para seguir sus estudios  en la Residencia de Estudiantes. Allí conoció a varios artistas como Dalí, Alberti, Buñuel… y frecuentó varias tertulias.

En una carta a su padre dice que quiere dedicarse a escribir:

“…Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien. Así es, papá, que no insistas en que me vaya porque semejante idea me llena de angustia…” (primavera de 1920).

Viajó por pueblos y ciudades de España. También por  EEUU y América del Sur haciendo representaciones teatrales, dando conferencias. Publicó libros de teatro y poesía. También disfrutaba dibujando. Fue detenido y asesinado el 18 de agosto de 1936 en Víznar (Granada, España).

Su hermana, Isabel García Lorca,  comenta sobre su poesía:  “Lo de Federico no era el secreto; su mundo, hasta jugando fue el misterio. Nos dejo dicho: “El mundo del misterio no está fuera de nosotros, lo llevamos en el corazón” o: “Yo no escribo poesía como el misterio de las cosas que nos rodean”. Y también “Yo no escribo poesía como una abstracción, sino como algo que ha pasado junto a mí.” Es decir: vida”

Vicente Aleixandre dijo: “Su corazón no era ciertamente alegre. Era capaz de toda la alegría del universo; pero su sima profunda, como la de todo gran poeta, no era la de la alegría…”

Rafael Alberti señalo. “Había magia, duende, algo irresistible en todo Federico. ¿Cómo olvidarlo después de haberlo visto o escuchado una vez? Era en verdad, fascinante: cantando, solo o en el piano, recitando, haciendo bromas e incluso diciendo tonterías…”

Nuestro observatorio

En las siguiente páginas se puede ampliar biografía y consultar material muy variado del autor, desde fotos de Federico y su familia, su casa, amigos, etc. También se puede visitar la  web de la Fundación.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Federico García Lorca en Canal Lector.

Los michelines. René Goscinny- Sempé. Ed. Alfaguara

12 Abr

ojo nicolas

La cosa se decidió el sábado por la noche. El señor y la señora Bledurt habían venido a casa a tomar café después de cenar. El señor Bledurt es nuestro vecino; es muy majo y le encanta chinchar a papá. La señora Bledurt es su mujer.
-¿Te das cuenta –le dijo el señor Bledurt a papá- de que estamos empezando a echar michelines?
-¿Nosotros? –gritó papá-. ¡Hablarás por ti, gordinflón!
-¿Qué es echar michelines? –pregunté yo.
-Eso, eso son michelines –dijo el señor Bledurt señalando la tripa de papá.
-Ya, y entonces eso serán ruedas de camión –dijo papá señalando la tripa del señor Bledurt.
-No, fuera de bromas –dijo el señor Bledurt-, con esta vida idiota que llevamos, nos ponemos gordos y flojos. Mi médico me ha dicho que, a partir de una cierta edad, no puede uno abandonarse.
-En eso el doctor tiene razón –dijo mamá.
-Muy cierto, amigo –dijo papá-. La verdad es que no te veo rejuvenecer.
-Mi médico también me ha dicho que debería hacer algo de deporte –explicó el señor Bledurt-. Levantarme temprano por las mañanas y salir a correr por los bosques y ese tipo de cosas. Y tú deberías venir conmigo.
-¿Pero tú estás bien de la cabeza? –le preguntó mi padre.
-No, si yo lo entiendo –dijo el señor Bledurt-. Ya sé que no todo el mundo está dotado para el deporte.
-¿Cómo? –gritó papá-. ¿Sabes tú cuál era mi marca en cien metros lisos?
-Así a ojo, unos diez minutos con viento a favor –contestó el señor Bledurt.
-¿Ah, sí? –dijo papá-. ¡Pues te lo voy a demostrar! Iré contigo, de acuerdo. ¡Ya veremos quién de los dos es el mejor deportista! Y ahora en serio, creo que tienes razón: nos estamos acartonando, nos estamos oxidando…
-Pues muy bien –dijo el señor Bledurt-. Mañana por la mañana, temprano y en ayunas, iremos al bosque a correr. Ya verás lo bien que nos va a sentar.
-¡Yo también voy a ir! –dije.
-No podrás seguirnos, querido –dijo el señor Bledurt-. Vamos a emplearnos a fondo; si no, no vale la pena. Además, no creo que tengas demasiada necesidad de hacer ejercicio los domingos. Por lo que me dicen, tengo la sensación de que en el colegio no estás precisamente muy quietecito durante la semana.
¡Quiero ir con vosotros para no tener michelines! –dije yo.
Y todo el mundo se echó a reír. Mamá dijo que se llevaran con ellos al pequeño, que al fin y al cabo no le sentaría mal tomar un poco el aire y que, de esta forma, no lo tendría ella encima toda la mañana, justo cuando quería hacer una limpieza de la casa a fondo, así que papá y el señor Bledurt dijeron que bueno, que de acuerdo, y que nunca era demasiado pronto para empezar una vida sana. Luego papá y el señor Bledurt encendieron unos grandes puros, mamá les sirvió unos licores y yo me fui a acostar porque ya era muy tarde.
Cuando me desperté por la mañana, no se oía ningún ruido en la casa y tuve miedo de que papá se hubiera marchado sin mí. Pero mamá entró en mi cuarto y me dijo que no hiciera ruido, que papá todavía estaba durmiendo y que se había acostado muy tarde por culpa de los Bledurt.
Yo estaba desayunando en la cocina cuando entró papá en pijama, todo despeinado y sin afeitar, y le pidió a mamá que por lo menos le pusiera un café con leche y algún cruasán.
-Y tú date prisa, Nicolás –me dijo papá-, ¡porque cuando esté listo no te esperaré!
Después de su segunda tostada con mantequilla y mermelada –se come dos tostadas todas las mañanas-, papá fue a arreglarse y se puso el jersey gordo y el pantalón gris que usa en casa.
El señor Bledurt estaba terminando el desayuno cuando llegamos a su casa. Estaba de lo más gracioso, con un gran traje de lana azul la mar de raro.
-Deberías comprarte un chándal tú también –le dijo el señor Bledurt a papá-. Las cosas hay que hacerlas como es debido.
-Bueno, Lazy, ¿vamos allá? –preguntó papá.
-De acuerdo –dijo el señor Bledurt-. ¿Vamos en mi coche?
Salimos de su casa y papá le ayudó a abrir la puerta del garaje.
-¿Sigues contento con él? –preguntó papá.
-Pues sí –contestó el señor Bledurt-. Aunque el otro día le costó arrancar. Y no es la batería, de eso estoy seguro.
-¿Has mirado la bomba de la gasolina? –preguntó papá.
-¿La bomba de la gasolina? No. ¿Por qué? –dijo el señor Bledurt.
-Yo he tenido el mismo problema –dijo papá- y era la bomba de la gasolina. Hay un chisme que se atasca. Ya verás. Abre el capó.
El señor Bledurt abrió el capó de su coche y él y papá se inclinaron sobre el motor. Llevaban un rato mirando cuando la señora Bledurt entró en el garaje.
-¿Pero cómo? –dijo-. ¿Estáis aquí todavía?
-Ya nos vamos –dijo el señor Bledurt-. ¡Y tampoco hay que exagerar, caramba, que no hay ninguna prisa! ¡Vamos a hacer deporte, no a batir récords!
Con que subimos al coche, papá y el señor Bledurt delante y yo detrás. El coche arrancó la mar de bien.
-¡Cierra esa ventanilla, Nicolás! –me dijo papá-. ¡Hace un frío polar!
-Una cosa muy buena que tiene este coche es la calefacción –dijo el señor Bledurt-. ¡Ya verás!
Y fuimos estupendamente hacia el bosque. En el coche se estaba de lo más cómodo, y papá dijo que había que reconocer lo bien que sentaba salir así, por la mañana, y respirar aire fresco en lugar de zanganear tontamente en la cama.
-¡Pues claro, hombre! –dijo el señor Bledurt.
En el bosque había bastantes coches, y el señor Bledurt dijo que íbamos a buscar un rincón tranquilo para aparcar y hacer deporte sin que nos molestara nadie.
-Podemos dejar el coche en cualquier sitio y adentrarnos en el bosque por los senderos –dijo papá.
El señor Bledurt dijo que era una buena idea y paró el coche justo detrás del carrito de un castañero.
-Os invito a castañas –dijo el señor Bledurt.
-¡Tú estás loco! –dijo papá-.¡El que invita aquí soy yo!
Y se pelearon en broma y luego entramos en el bosque, cada uno con su gran cucurucho de castañas calentitas. ¡No os podéis imaginar lo buenas que estaban! La verdad es que me encanta salir con papá porque me invita a cosas todo el tiempo.
Y andando, andando, llegamos a una especie de cabaña donde ponía BAR.
-¿Sabes que esas castañas me han dado sed? –dijo el señor Bledurt.
-Pues la ocasión la pintan calva –dijo papá-. ¡Es casi la hora del aperitivo!
Fue estupendo. Papá y el señor Bledurt tomaron sus vermús y a mí me dieron una granadina –me encanta la granadina porque es roja-, y el señor Bledurt me dio dinero para que me comprara cacahuetes en la máquina.
Como papá y el señor Bledurt estaban hablando de sus coches, yo salí a jugar un poco, y fue una pena no haberme acordado de traer mi balón de fútbol.
Cuando papá y el señor Bledurt salieron del bar, papá me llamó:
-¡Nicolás! ¡Es tarde! ¡Volvamos a casa!
-¡Vamos, Nicolás! ¡Una carrera hasta el coche! –gritó el señor Bledurt-. Preparados, ¿Listos? ¡Ya!
Y salí a todo correr. Correr se me da muy bien y en el recreo no me gana nadie, menos Majencio, claro, pero no vale porque tiene unas piernas muy largas. Me sentí la mar de orgulloso porque llegué al coche el primero de todos.
Como las puertas estaban cerradas con llave, no pude entrar, y ya iba a volver a por papá y el señor Bledurt cuando los vi venir, discutiendo sobre sus bombas de la gasolina.
-Vaya –dijo mamá cuando volvimos a casa-. Empezaba a estar preocupada. ¡Es tardísimo! Para ser la primera vez, a lo mejor os habéis pasado un poco…
-¿Sabes una cosa? –dijo papá-. Bledurt tiene razón. Si quieres luchar contra los michelines y el apoltronamiento, no debes abandonarte. Te cansas un poco, es cierto, pero el beneficio que te produce es enorme. Vamos a intentar animarnos a repetir todos los domingos.
Y tuvimos una comida de lo más genial, con pollo y montones de patatas. Luego, papá subió a dormir la siesta hasta la hora de la merienda.

René Goscinny-Sempé ¡Ojo! con el pequeño Nicolás.  Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

La obra

Los michelines, el título del texto que leemos hoy, nos sitúa en la vida absolutamente prototípica de una familia francesa. Un día cualquiera. Son vecinos que charlan, tomando un café después de cenar.

Nicolás, un niño de siete años, es un actor más en las escenas que se plantean en los libros de Goscinny. Suele ser él quien dice esas verdades que caracterizan a los niños y que, en muchas ocasiones, “sacan de quicio” a los mayores, por eso: porque son las verdades que nadie se atreve a decir de forma clara.

Todas las contradicciones, ocultaciones, realidades, verdades, etc., se enuncian desde esa perspectiva sincera de un niño de siete años, que cuenta lo que ve. Así es Nicolás. Un retrato de una realidad que se analiza con su óptica de siete años, pero con la inteligencia de quien la interpreta.

De vez en cando, faltaría más, aparece esa expresión, ese comentario, esa circunstancia, esa palabra (nuestra Palabra mágica de hoy) que sitúa a los mayores en su lugar. En este caso, como en muchas ocasiones, de boca de alguien externo a la familia de Nicolás. Hoy es el señor Bledurt (curiosamente, en una traducción macarrónica: trigo duro), dado que, aunque vecinos, existen las lógicas rivalidades.

-Yo también voy a ir –dije
-No podrás seguirnos, querido –dijo el señor Bledurt-.
(…) Por lo que me dicen, tengo la sensación de que en el colegio no estás precisamente muy quietecito durante la semana.
-¡Quiero ir con vosotros para no tener michelines! –dije yo

 Palabra magica

La palabra mágica hoy es:  Quietecito.

Podemos comentar el valor de los diminutivos, en nuestra lengua y cómo se forman.

La palabra quietecito no indica, como sucede con muchos diminutivos, tamaño menor. Sabemos del valor afectivo. Cierto que estamos hablando de una traducción del francés, pero perfectamente trasladable al español.

Por otra parte, el diminutivo es una buena ocasión para el comentario léxico, el vocabulario, al fin y al cabo:

¿Cuándo se utilizan o los utilizamos? ¿Recordamos algo de cuando éramos más pequeños? ¿Cómo llamamos hoy a determinadas cosas? ¿Con quién los empleamos? En el lugar donde vivimos, ¿quién los usa? ¿Cuándo se usan determinados diminutivos?

Cuentame

Hemos hablado de los diminutivos. Es buena ocasión también para contar experiencias familiares con la gente que nos rodea. Hablar de los vecinos, cómo es nuestro barrio, cómo nos relacionamos, lo mejor y lo peor. Qué problemas tenemos, ¿cómo está dividido el barrio, según las diferentes condiciones de la gente que en él está? ¿Qué personas tienen una gran importancia en la vida de todos los que allí están? Las mujeres, los extranjeros, los grupos sociales con problemas, la sanidad, la escuela, el parque, la diversión, la naturaleza.

Autor

René Goscinny

Nació y murió en París (1926-1977). Era hijo de Stanisław Gościnny, un ingeniero químico de Varsovia, y de Anna Bereśniak-Gościnna, nacida en  Khodorkow, una aldea de Ucrania. Sus padres se conocieron en París y se casaron en 1919. Cuando René tenía dos años, su padre consiguió trabajo como ingeniero químico en Buenos Aires (Argentina), y la familia se traslado allí. Esta mudanza los salvaría de correr la misma suerte que sus familiares que permanecieron en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Su infancia fue tranquila. Estudió en el Liceo Francés de la ciudad bonaerense, pasando cortas temporadas en Uruguay, Venezuela y Brasil, y las vacaciones de verano en Francia. Era un chico alegre al que le gustaban mucho los cómics.

Trabajo en varias cosas antes de dedicarse por completo a escribir. Fue un escritor incansable. En toda su obra hay una constante, que marca cualquier texto que seleccionemos: el humor. Ya pueden ser los propios nombres o las situaciones más hilarantes, disparatadas, nunca en el humor negro, pero sí en esa acidez contenida, que hace que pervivan y sean vigentes en la actualidad, por la que no pasa el tiempo.

La trayectoria de Gosciny está indisolublemente unida a la de excelentes ilustradores: Uderzo, en Asterix y Sempé, en El pequeño Nicolás. Si Asterix es un repaso por la Historia de galos y romanos, Nicolás es un paseo por la vida, la de un pequeño sagaz, imaginativo, preguntón y travieso.

Muchos de sus trabajos fueron llevados al cine.

Desde 1986, Francia otorga anualmente el Premio René Goscinny al guionista de historietas más destacado del año.

Nuestro observatorio

Libros de humor, con diferentes temáticas son siempre recomendables para los lectores de estas edades.  En Canal Lector encontramos varios.

Y si nos interesan los libros de travesuras, aquí podemos ver unas cuantas direcciones.

En las siguiente páginas se puede ampliar datos sobre René Goscinny. La primera es una web sobre el autor, la segunda se trata de  Wikipedia y la tercera es un especial sobre el cómic en El Mundo.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de René Goscinny,  tomada de Canal Lector.