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El hombrecito vestido de gris. Fernando Alonso. Editorial Alfaguara

26 Sep

hombrecito

Había una vez un hombre que siempre iba vestido de gris. Tenía un traje gris, tenía un sombrero gris, tenía una corbata gris y un bigotito gris.
El hombrecito vestido de gris hacía cada día las mismas cosas.
Se levantaba al son del despertador.
Al son de la radio hacía un poco de gimnasia.
Tomaba una ducha, que siempre estaba bastante fría; tomaba el desayuno, que siempre estaba bastante caliente; tomaba el autobús, que siempre estaba bastante lleno; y leía el periódico, que siempre decía las mismas cosas.
Y todos los días, a la misma hora, se sentaba en su mesa de la oficina.
A la misma hora.
Ni un minuto más. Ni un minuto menos.
Todos los días, igual.
El despertador tenía cada mañana el mismo zumbido.
Y esto le anunciaba que el día que amanecía era exactamente igual que el anterior.
Por eso, nuestro hombrecito del traje gris, tenía también la mirada de color gris.
Pero nuestro hombre era gris sólo por fuera.
Hacia adentro… ¡un verdadero arco iris!
El hombrecito soñaba con ser cantante de ópera.
Famoso.
Entonces llevaría trajes de color rojo, azul, amarillo… trajes brillantes y luminosos.
Cuando pensaba aquellas cosas, el hombrecillo se emocionaba.
Se le hinchaba el pecho de notas musicales, parecía que le iba a estallar.
Tenía que correr a la terraza y…
-¡Laaa-lala la la la laaa…!
El canto que llenaba sus pulmones volaba hasta las nubes.
Pero nadie comprendía a nuestro hombre.
Nadie apreciaba su arte.
Los vecinos que regaban sus plantas, como sin darse cuenta, le echaban una rociada con su regadera.
Y el hombrecito vestido de gris entraba en su casa, calado hasta los huesos.
Algún tiempo después las cosas se complicaron más.
Fue una mañana de primavera.
Las flores se despertaban en los rosales.
Las golondrinas tejían en el aire maravillosas telas invisibles.
Por las ventanas abiertas se colaba un olor a jardín recién regado.
De pronto, el hombrecito vestido de gris comenzó a cantar:
-¡Granaaaaaadaa…!
En la oficina.
Se produjo un silencio terrible.
Las máquinas de escribir enmudecieron.
Y don Perfecto, el Jefe de Planta, le llamó a su despacho con gesto amenazador.
Y, después de gritarle de todo, terminó diciendo:
-¡Ya lo sabe! Si vuelve a repetirse, lo echaré a la calle.
Días más tarde, en una cafetería, sucedió otro tanto.
El dueño, con cara de malas pulgas, le señaló un letrero que decía:
Se prohibe cantar y bailar
Y lo echó amenazándole con llamar a un guardia.
Nuestro hombre pensó y pensó.
¡No podía perder su empleo!
Tampoco quería andar por el mundo expuesto a que lo echaran de todas partes.
Y, al fin, se le ocurrió una brillante idea.
Al día siguiente, fingió tener un fuerte dolor de muelas.
Se sujetó la mandíbula con un pañuelo y se fue a su trabajo.
Así no podría cantar.
¡Aunque quisiera!
Y día tras día, año tras año, estuvo nuestro hombrecito, con su pañuelo atado, fingiendo un eterno dolor de muelas.
La historia termina así.
Así de mal. Así de triste.
La vida pone, a veces, finales tristes a las historias.
Pero a muchas personas
no les gusta leer finales
tristes; para ellos hemos
inventado un final feliz…
Pero, nuestro pobre hombrecito, merecía que le dieran una oportunidad.
Así que…
Cierto día, conoció a un director de orquesta.
Y éste quiso oírle cantar.
El hombrecito, muy contento, pero con un poco de miedo, salió al campo con el director de orquesta.
Y allí, rodeados de flores y de pájaros, nuestro hombrecito se quitó el pañuelo y cantó mejor que nunca.
El director de orquesta estaba tan entusiasmado que lo contrató para inaugurar la temporada del Teatro de la Ópera.
Y la noche de su presentación, que se anunció en todos los periódicos, don Perfecto, el Jefe de Planta, los vecinos que le habían regado, el dueño de la cafetería y todos los que le habían perseguido con sus risas, hicieron cola y compraron entradas para oírle cantar.
Y asistieron al triunfo del hombrecito.
Y el hombrecito quemó todos sus trajes y corbatas de color gris.
Tiró por la ventana el despertador.
Se afeitó el bigotito de color gris y nunca, nunca más, volvió a tener la mirada de color gris.
¿FIN?

Fernando Alonso.  El hombrecito vestido de gris. Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Gracias a Fernando Alonso conocemos, de su mano, lo que en realidad es la Literatura. Esa posibilidad que un autor, maravilloso como persona y como escritor, que es Fernando, nos da para transitar, pasear, disfrutar y descubrir la vida. Esa que él nos cuenta. ¿Qué nos dice Fernando de cómo era la vida del hombrecito? ¿Era cierto que su color preferido era el gris y por eso todo lo que tenía era gris? ¿Sería que nuestro protagonista, el hombrecito, estaba encantado de que todo fuera siempre igual y así no tenía que pensar nunca en nada nuevo? Pues no, pronto nos dice que el color gris, hasta en sus ojos, era sólo por fuera. Pero lo que sucedía por dentro era algo totalmente diferente. ¿Con qué soñaba el hombrecito?

Una furtiva lagrima . Luciano Pavarotti
Placido Domingo, Jose Carreras, Luciano Pavarotti

Caruso. Luciano Pavarotti

Sí, si has entrado en estas páginas, habrás visto y oído a fantásticos intérpretes de óperas famosas. Y el hombrecito quería, alguna vez, estar ahí, con su foto y su canto. Ese que hacía en la terraza, y que nadie apreciaba.
No estaba acostumbrado a mentir nunca. Él era fiel y legal. Pero no tuvo más remedio que idear algo, para conservar su trabajo y que no lo echaran de la oficina. Aquel eterno dolor de muelas, por el que llevaba un pañuelo.
Todo parecía que iba a acabar mal, con la tristeza de un hombrecito vestido de gris, sentenciado a no poder cantar nunca, que era su mayor ilusión en la vida. Pero Fernando Alonso, nuestro escritor hoy, pensó en quienes leyeran su libro. Claro que hay ocasiones en que la vida es muy triste y las cosas salen mal. ¿Qué hace Fernando? Con su sinceridad de siempre nos dice:
“Pero a muchas personas no les gusta leer finales tristes; para ellos hemos inventado un final feliz… Pero, nuestro pobre hombrecito, merecía que le dieran una oportunidad”.

Federico Fellini. El papel del Director de orquesta con los músicos
Los mejores directores de orquesta

Y no. No fue a un auditorio como estos maravillosos que hemos visto en las páginas seleccionadas. No. Tuvo la mayor suerte que podía imaginar. Un día conoció a un director de orquesta. Y ¡¡¡Síííí!!! El hombrecito pudo cantar y ahí empieza una nueva vida para él. Se acabaron, para siempre, el gris de los trajes, de las corbatas del bigotito y de la mirada.
La última palabra, entre interrogantes, parece querer decirnos que la historia, al final, le pertenece siempre a quien lee. A la lectora o al lector que la ha leído y la ha vivido. Ahora, tuya es la palabra.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es color.

Es como si el hombrecito nos invitara, a quienes hemos leído este texto, a pensar en un mundo de color. Un mundo en el que intentemos que nadie se quede sin disfrutar de una vida mejor. Al hombrecito se le ocurrió una brillante idea, para no cantar y así perder su trabajo. Pero la verdad es que era un poco incómodo eso de llevar un pañuelo siempre, como si tuviera un terrible dolor de muelas. Pero la cuestión es pensar.

Vamos a pensar ahora, durante un rato, qué podríamos hacer, en nuestra vida particular, para mejorar algunas cosas y hacer un mundo más agradable. Con más color, no tan gris. El hombrecito sacó valor y, al final, consiguió una oportunidad para ser más feliz. Luchó por un sueño. Como mucha gente que lo hace a diario.

Fíjate en este programa que hay en la RTVE

http://www.rtve.es/television/20121021/lucha-sueno/570845.shtml

A propósito, ¿has visto hoy algún árbol? ¿Está de color verde? ¿Qué hacemos para que siga estándolo? Si te gusta ese color en la Naturaleza, escribe las cuatro cosas que creas más importantes y que podemos hacer, para conservar ese color. Los árboles, las plantas, la Naturaleza te lo agradecerá.

Cuentame

Hoy hablamos de colores y de ilusiones. ¿Cuál es tu color preferido? ¿Dónde se ve, en la Naturaleza, ese color que tanto te gusta? Y lo que sí es seguro es que hay algo que te hace una ilusión enorme. Cuéntanos cuál es tu mayor ilusión. ¿Con quién se cumpliría? ¿Es para que suceda algo? ¿Con quién tiene que ver tu ilusión? ¿Es para ti sola o para ti solo? ¿Preferirías que también disfrutaran tus amigas, tus amigos, tu familia, quien tú más quieras? ¿Cómo se lo dirías? ¿Se ha cumplido alguna vez una ilusión que has pensado mucho? ¿Cuál fue?

Lo que sí podemos imaginar es cuáles son algunas de las ilusiones de la gente que hemos visto en el video. Son ilusiones para vivir de esa forma que no necesita otra cosa que ser persona. Y ser una persona válida, a pesar de sus problemas. Cuéntanos tus ilusiones y nos vas a hacer pasar un rato fantástico. A lo mejor, si lo deseas mucho, te podemos ayudar a que tu ilusión se cumpla muy pronto. ¡Mucha suerte! Y ojalá que ese ¿FIN?, que pone Fernando Alonso al final, sea muy feliz para todas y todos vosotros.

Autor

Fernando Alonso

Nació el 3 de julio de 1941 en Burgos. Doctor en Filología Románica por la Universidad de Madrid, posee el Diploma de Experto en Literatura Infantil y Juvenil. Es, además, Titulado Superior en Medios de Comunicación de Masas y ha realizado diversos Cursos Superiores de Programación y Producción en el Instituto Oficial de Radio y Televisión.

Su trabajo ha sido muy variado, desde editoriales, radio, pasando por televisión. Participa habitualmente en simposios, congresos, mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros con lectores y profesores, sesiones de animación a la lectura; e imparte conferencias sobre literatura para niños y jóvenes.
Su obra El hombrecito vestido de gris (Madrid: Alfaguara, 1978), por la que recibe el Premio “Lazarillo” en 1977, fue seleccionada en el VI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura, organizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en junio de 2000, como una de las cien obras de la Literatura Infantil Española del Siglo XX.

Nuestro observatorio

En la siguiente página web de Cervantes se pueden ampliar datos biográficos y curiosidades, también en Canal Lector.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Fernando Alonso tomada de Canal Lector.