Search results for 'nido'

Nido. Fernán Silva Valdés. Ed. Andrés Bello

2 Sep

pajaroflor

Los árboles que no dan flores
dan nidos
y un nido es una flor
con pétalos de pluma;
un nido es una flor
color de pájaro,
cuyo perfume entra por los oídos.

Los árboles que no dan flores
dan nidos.

Fernán Silva Valdés,  Pájaroflor. Antología. Editorial Andrés Bello

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Seguro que has ido al parque hace poco. Y que, además, tienes otra visita muy pronto. ¿Vas a ir con tu familia? ¿Vas a ir con compañeras y compañeros del cole?

Vamos a hacer hoy algo que te gustará. Además, es muy fácil y divertido. Todo consiste en mirar los árboles por donde vas pasando. Puedes llevarte un cuadernito pequeño o un “tablet”, si tienes la suerte de que posees uno. En esta página, verás tipos de pájaros y dónde hacen sus nidos cada uno.

En esta próxima dirección, escucharás a un cantante genial. Es un jilguero.

En la siguiente, escucharás a un maravilloso cantor. El canario.

Y aquí tienes otros canarios. ¡Blancos! Estos son, además, campeones de España.

Los árboles producen oxígeno, hacen más puro el aire, dan sombra. Son la casa de los pájaros y de otros animales. Sus hojas nos dan alimento y, algunas, hasta nos curan de muchas enfermedades. ¿Y qué me dices de lo ricas que son algunas frutas que dan?

Y, sobre todo, no nos olvidemos de lo preciosos que son. Por si todo esto fuera poco, tienen derecho a vivir porque son tan dueños de la Tierra ¡como nosotros! Podríamos elaborar un precioso cartel, con dibujos, que pusiera:

SI CUIDAMOS LOS ÁRBOLES, CUIDAMOS LA VIDA

O algún otro que, seguro, se os ocurrirá.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es flor. Esto dice el texto que hemos leído:

y  un nido es una flor
con pétalos de pluma
.

Pues vamos a ver, primero, diferentes nidos de pájaros.

¿Has visto la cantidad de nidos que hacen los pájaros? Los hay en los árboles, en los cables de la luz, en las ramas, en una caja, en muchos lugares.

Ya sabes que los pétalos son las partes más bonitas de las flores.  Vamos a ver pétalos de distintas flores.

El poeta dice que un nido es una flor con pétalos de pluma.

La forma del nido se parece a una flor, de la que salen las plumas de los pájaros, como si fueran pétalos.

Elige tú ahora qué pájaros has visto y cuáles te gustan más. ¿Y qué flor dirías que es la más bonita? ¿Un clavel? ¿Una rosa? ¿Una margarita? ¿Una hortensia? ¿Una amapola?…

A ver si eres capaz de escribir cinco nombres de flores y decir el color que tienen. Si te atreves, seguro que las puedes dibujar y hacer el jardín más precioso que imaginas. Vale ver cuadros de pintores, ir a un jardín que conozcas, a un museo que esté cerca de tu localidad, a una tienda de flores o mirar en internet.

 Cuentame

Has visto pájaros y flores. Naturaleza viva, que tenemos que conservar para muchos, muchísimos años. Si lo conseguimos, podremos disfrutar de maravillosos pájaros, flores, árboles, ríos, lagos y mares. Merece la pena, ¿verdad?
Aquí vas a ver ahora, a dos impresionantes aves del mundo. Son las aves más majestuosas y de vuelo más veloz de la tierra. Una vive en América Latina: el cóndor. La otra, el águila, en España, donde la filmó, conoció y estudió aquel maravilloso naturalista que hubo en nuestro país. Quizá hayas oído hablar de él o, a lo mejor, has visto algún documental que emite RTVE. Fue Félix Rodríguez de la Fuente. Disfruta de estos dos estupendos videos.

Autor

Fernán Silva Valdés

Nació y murió en Montevideo, Uruguay (15 de octubre de 1877- 9 de enero de 1975).
Escribió poesía y teatro, además de canciones populares. A los 14 años ya escribía versos.  Se crió en el campo. Viajó a París cuando era joven. Fue premio nacional de Literatura en Uruguay.

Nuestro observatorio

En la siguiente página se puede ampliar la biografía de Fernán Silva Valdés

Bibliografía

Para niños escribió:

Poesías y leyendas para niños
Ronda catonga
Corralito

La nueva granja (Segunda parte). Sid Fleischam. Editorial Alfaguara (Recomendado: 9-11 años)

19 Nov

maravillosagranja

(—) Pues bien, ahí estábamos plantados mirando nuestra granja de media hectárea que no servía para nada más que para zambullirnos en ella en un día de calor como aquel. Y además hacía más calor que nunca. Se batió el récord de calor, según supe más tarde. Aquel fue el día en que, tres minutos antes de las doce, los campos de maíz del estado de Iowa explotaron de palomitas. Eso es historia. Seguro que lo habéis leído ya en alguna parte. Hay fotos que lo prueban.
Me dirigí hacia nuestros niños.
-¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –dije-. Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada (1), pero es agua: ¡Al agua patos!
La idea fue acogida favorablemente y en un abrir y cerrar de ojos estábamos con los trajes de baño puestos. Di la señal y cogimos carrerilla. En ese instante nos cayó encima tal ráfaga de sequía que aterrizamos sobre media hectárea de tierra seca. La charca se había evaporado. Fue muy sorprendente.
Los niños habían saltado de cabeza y no se veía de ellos más que las piernas dando patadas en el aire. Los tuve que arrancar de la tierra como a zanahorias. Algunas de las niñas estaban aún sujetándose las narices. Por supuesto que fue una amarga recepción ver desvanecerse ante nuestros ojos aquella piscina.
Pero en el momento en que apresé un terrón entre los dedos, a mi corazón de granjero se le escapó un latido. Aquel fondo de estanque era suave y rico como la seda negra.
-¡Mi querida Melissa! –grité-. Ven a ver. Esta tierra es tan buena que debería guardarse en un banco.
Me encontraba fuera de mí de excitación. Aquella tierra gloriosa parecía estar suplicando que la sembrasen. Mi querida Melissa había traído un saco de judías secas, y mandé a Will y a Chester a por él. No hacía ninguna falta que nos molestásemos en arar aquella tierra. Dirigí a Polly para que hiciera un surco recto con un palo y a Tim para que la siguiese, cavando agujeros en la tierra. Luego me acerqué yo. Dejé caer una judía en cada agujero y la aplasté con el talón.
Pues bien, apenas había avanzado un par de metros, cuando sentí rozar contra mi pie algo verde y con hojas. Miré hacia atrás. Un tallo de judía avanzaba a toda prisa buscando un palo al que trepar.
-¡Válgame Dios! –exclamé-. ¡Esta tierra sí que es rica!
Los tallos se extendían a ojos vista por todas partes. Tuve que apresurarme para que no me alcanzaran. Cuando llegué al final del surco los primeros tallos habían florecido, se habían formado las vainas y se podían ya recoger.
Podéis imaginaros nuestra excitación. Las orejas de Will se agitaban. Los ojos de Jill estaban bizcos. La nariz de Chester se retorcía. Los brazos de Hester subían y bajaban. El hueco del diente que le faltaba a Peter silbaba. Y Tom hacía el pino.
¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –grité. ¡A recoger las judías!
Al cabo de una hora habíamos plantado y recogido toda la cosecha de judías.

(1) Enfangada: que estaba llena de lodo, barro.

Sid Fleischam. La maravillosa granja de McBroom. Editorial Alfaguara

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Hay que ver la ilusión con que llegaban! ¡Allí estaban todos! Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda.Pero lo que había hecho Mr. Heck Jones fue una estafa. ¡Una auténtica estafa!, dijera lo que dijera.

Lo más normal habría sido que el señor Mc Broom cogiera al propietario y le hubiera metido la cabeza en la arena, por haber engañado de aquella manera a toda su familia.
Empezaron a suceder una serie de acontecimientos, a cada cual más tremendo. Imagínate que te sucediera a ti, a tu padre, a tu madre y ¡a toda la familia!
Pero ya os habéis dado cuenta de que Mc Brooom y toda su familia eran gente buena y, además, siempre veían el lado positivo de la vida. Dice Mc Broom:
“Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada, pero es agua: ¡al agua patos!”

Pues sí, Mc Broom y Melissa, su mujer, habían conseguido que sus hijos fueran fantásticos. Allí, en la granja, todo lo que sucedía era genial.

Lo que os recomendamos, para comprender muy bien este texto, es que lo leáis, en la biblioteca o, si podéis comprarlo, para ver las maravillosas ilustraciones que tiene. Son de Quentin Blake, un artista del que ya hemos visto alguno de sus trabajos, como ilustrador. Aquí tenéis su página web.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es charca. El diccionario de la RAE la define así: Depósito algo considerable de agua, detenida en el terreno, natural o artificialmente. La tierra que hay debajo de esas charcas es tan maravillosa como dice Mc Broom. Ya sabemos que no es fácil; pero si consiguieras plantar algo en esa tierra húmeda (intenta, por ejemplo, judías, garbanzos, lentejas…), en una maceta que haya en casa, a lo mejor, regando un poquito y dejando pasar tiempo (eso es muy importante), empiezas a ver unas hojitas verdes. Eso es que tu semilla plantada, puede salir adelante. En la siguiente página web, verás un modelo de cómo germinar una planta.

Y ahora, volvemos a la magia de nuestra palabra charca, para ver cosas hermosas que existen en la Naturaleza. Que disfrutes con esta belleza.

Cuentame

Lo que sí se llevó la familia de Mc Broom fue una decepción. Un chasco. Ellos estaban tan contentos pero… Y cuando eso sucede, es mejor buscar el lado positivo de las cosas y, así, a lo mejor lo acabamos consiguiendo.

¿Te ha sucedido a ti, alguna vez, esta situación? Podías contarnos, si te apetece, cuál ha sido tu último chasco. Eso que tú esperabas que pasara, que sucediera y, al final, no se produjo, no lo conseguiste, a pesar de la ilusión que te hacía.

Si pudieras, nos vendría muy bien que nos dieras los consejos para actuar, en esas situaciones. ¿Te ocurrió con alguna amiga o amigo? ¿Te ocurrió en tu casa, con tu familia? ¿Fue en el colegio, con compañeras o compañeros? ¿Se pudo solucionar aquello que tanto te preocupó o te fastidió?

Autor
Sid Fleischam

Nació el 16 de marzo de 1920 en Brooklyn, Nueva York (Estados Unidos) y murió el 17 de marzo de 2010 en Santa Mónica, California (Estados Unidos).

Viajó por los Estados Unidos con un espectáculo de artistas y magos. Antes de escribir novelas trabajó como periodista y guionista de cine.  Está considerado un maestro de la aventura, la intriga y el humor. Recibió numerosos premios y entre ellos el Mark Twain, que se otorga al mejor escritor de humor.

Nuestro observatorio

Más datos sobre el autor en la wed dedicada al mismo.

Bibliografía

Libros publicados del autor, tomados de la página de Sid Fleischam

Reunión de ratones. Popular. Editorial Imaginarium (Recomendado: 9-11 años)

22 Oct

quien-pone-cascabel-al-gato-ebook-ninos-pdf_63380_3

Un día, una comunidad de ratones estaba más que harta, porque había un gato enorme y tragaldabas, que los perseguía sin piedad hasta donde fueran. No había manera de escapar de aquel terrible enemigo. Cualquier lugar donde pudieran esconderse esos animales tan pequeños y escurridizos, lo conocía el terrible gato. Y a por ellos iba. Su crueldad y ganas de zampar ratones eran ya conocidas en todo el país ratonero. Sí, todos lo sabían.
Pero había que encontrar una solución para poder vivir. Por eso, el anciano ratón “Mil Años”, que así lo llamaban, pensó que lo que mejor podían hacer era reunirse en asamblea ratonera, a la que era muy importante acudir. Todos podrían, allí, expresar lo que les sucedía y lo que pensaban que podrían hacer.
Y así se hizo. En la cueva más profunda, que sólo “Mil Años” conocía, se reunieron más de quinientos ratones, para expresar sus opiniones.
“Mil Años” se subió a una piedra muy alta, que había en aquel lugar, dio dos palmadas lo más fuerte que pudo y empezó a hablar:
-¡Silencio!, ¡silencio! Quiero que todos los que aquí estáis, en orden, expliquéis qué os está pasando con ese gato canalla, que nos hace la vida imposible.
Todos los ratones empezaron a decirse, unos a otros, ¡sí, sí! Tiene razón “Mil Años”.
-Mientras no sepamos cuándo va a llegar el gato asesino a acabar con nosotros, no tenemos nada que hacer. Somos débiles y pequeños y él es fuerte y grande. Nunca podremos luchar contra él –dijo Ratonín, un ratón listo que pensaba mucho.
En la asamblea de los ratones, todos se pusieron tristes y se oyó un ¡oooohhhh! Parecía que no iban a encontrar una buena solución, para librarse del horrible gato.
Él llegaba sigiloso, sin hacer ningún ruido y, entonces, de un salto, daba un zarpazo al primer ratón que estaba allí, despistado. Luego, se lo zampaba y a buscar otro.
-Bueno –dijo “Mil Años”. He pensado y pensado, mucho, muchísimo. Creo que lo más importante es enterarnos de cuándo llega el odioso gato, para poder escapar al rincón más oculto que conozcamos. Ese al que nunca podrá llegar el terrible animal.
-¡Bieeeennn! -Gritaron todos los ratones.
Entonces, cuando acabaron de gritar, levantó la mano un ratón que estaba en la fila doce de los ratones. O sea, muy atrás. Casi no podía ver ni oír a “Mil Años”.
-A ver –dijo “Mil Años”. Allí veo una mano que pide la palabra. Escuchemos todos, en silencio, al compañero de la fila doce.
-Es que yo pienso, compañeros, que el secreto para nosotros está en saber cuándo viene el maldito gato.
-¡Perfecto! –dijo “ Mil Años”. Sí señor ratón de la fila doce. Fíjense ahora, todos los que están aquí, lo que tengo en la mano.
-¡A veeer! –dijeron todos.
-¿Qué es eso? –dijo un ratón de la reunión.
-Pues sí –dijo “Mil Años”-. Esto que veis aquí es un cascabel. Eso que llevan los humanos cuando son pequeñitos. Se lo ponen al niño o a la niña y así saben los mayores dónde está.
-¡Hala, qué guay! –dijo un ratón-. Ya lo entiendo. Si le ponemos un cascabel al gato, sabremos si viene o no a zamparse alguno.
-¡Exactamente! -dijo “Mil Años”.
-¡Bien, bien! –gritaron todos, entusiasmados.
Pero una ratoncita vieja y muy delgada alzó la mano y preguntó:
-Y decidme, compañeros, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Popular. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Editorial Imaginarium

Texto

Todos los ratones se reunieron en una cueva para decidir qué iban a poder hacer, para librarse del gato que se los comía. Allí estaba Mil Años, un sabio anciano, que iba a ayudar a toda la asamblea de ratones, para encontrar una solución. La cosa iba muy bien y todos parecía que estaban contentos, porque se iba a saber cuándo venía el gato y así, ellos se podrían esconder. Mil Años dijo que había que ponerle un cascabel al gato y así lo oirían. La cosa no terminó del todo, porque una viejecita, que sabía mucho, hizo una pregunta, para ver quién la respondía: “¿Quién le pone el cascabel al gato?”

No sabemos si salió algún valiente o alguna valiente ratona, que se arriesgaría a poner el cascabel al gato. La cosa no era nada fácil. Pero ¿tú crees que alguien le pondría el cascabel al gato? Si crees que sí, porque era algo muy importante, dinos tu opinión. Marca con una X lo que decidas:

NO. No le pondrán el cascabel al gato, porque era muy peligroso.
. Sí le pondrán el cascabel al gato, porque les iba la vida en hacerlo, para salvarse. Oirían el cascabel y se esconderían.
Ni SÍ ni NO, porque era una decisión demasiado difícil para ellos.

Aquí tienes, unas líneas más abajo,una dirección, con dibujos y audio relacionados con la fábula que has leído. Son para gente de menos edad que tú, pero resumen muy bien el pensamiento del texto. Si conoces a niñas o niños de menor edad que tú, puede que le guste esta págins. Seguro que te lo agradecerán.

Y como los ratones son animales que aparecen mucho en los cuentos, en la siguiente página tienes otra historia. Y también encontrarás la moraleja. O sea, la enseñanza que nos da esa historia.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es solución. Ahora verás una serie de definiciones de palabras. Pero sólo una es la definición de la palabra solución. Delante hay unos números. Une los números con las definiciones:

1. No encontrar lo que buscamos. A. Solución
2. Final de algo en que teníamos dudas. B. Perder
3. Distintas opiniones sobre algo. C. Sigilo
4. Silencio que se hace con cuidado. D. Discusión

(Solución: 1 – b;  2 – a; 3 – d;  4 – c).

Cuentame

Una de las cosas que nos enseña este texto que has leído es la importancia que tiene la comunicación. Esta era entre ratones, pero vale, igualmente, para las personas. Si los ratones hubieran actuado, cada uno por su lado, sin ponerse de acuerdo en cómo actuar, probablemente el terrible gato grande y come-ratones habría ganado la partida. Por eso son tan importantes las asambleas. Sabes que una asamblea es una reunión numerosa de personas (en este caso eran ratones), para discutir determinadas cuestiones y tomar decisiones sobre ellas. En muchos casos, en vez de asamblea se llama reunión. Por ejemplo: reunión de vecinos, reunión de alumnas y alumnos, reunión de profesoras y profesores, reunión de directores de cine, etc.

Y tú, ¿has tenido alguna vez una reunión? ¿Con quién te reuniste? ¿Tomasteis alguna decisión importante, para vosotras y para vosotros? ¿Crees que las reuniones son buenas para hablar y decidir cosas que os afectan?

Puedes contarnos tu opinión sobre esa forma de actuar. ¿Crees que siempre es bueno hablar, aunque no todo el mundo esté de acuerdo? De lo contrario, puedes contarnos cómo crees que es mejor actuar, para tomar las decisiones importantes.

Autor

Ya sabes que, en los textos que proponemos, siempre viene, al principio, después del título de la lectura, un nombre. Es el de la autora o autor que lo han escrito. Pero hoy es diferente. No hay un nombre, sino una palabra: popular. ¿Te acuerdas de lo que significa esa palabra? Vamos a hacer un poco de memoria. Ya verás cómo la recuerdas. Hubo un texto en Los Fundamentales donde pusimos popular, en vez de un nombre de autora o autor fue: Yo tenía diez perritos. Te ponemos ahora, unos versos de esa poesía y ya verás cómo te los sabes:

Yo tenía diez perritos.
Uno se perdió en la nieve:
Solo me quedaron nueve.

De los nueve que tenía,
Uno se tragó un bizcocho:
No me quedan más que ocho.

Y así, con más versos, llegamos al último perro que tenía.

El perro que me quedaba
Se perdió detrás de un cerro.
Ya no tengo ningún perro.

Y hoy has leído la fábula que se llama Reunión de ratones. Te recordamos que una fábula es relato ficticio, es decir, que no ha sucedido en realidad, en prosa o verso, con intención de enseñar. Al final de las fábulas hay una moraleja, o sea, una enseñanza de cómo hacer bien las cosas. En una fábula pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados. Reunión de ratones es, también, un texto popular. Lo que quiere decir que es un texto que conoce el pueblo, la gente, durante años, muchísimos años. Eso es lo que significa que un texto es popular.

Bibliografía
Libros sobre ratones en Canal Lector

La semifinal. David Walliams. Editorial Montena (Recomendado: 11-14 años)

1 Oct

elmagodelbalon

En cierta ocasión, Dennis faltó a clase un día que había partido porque estaba muy resfriado. Acababa de ver en el programa de Trisha la emocionante historia de una mujer que había descubierto que estaba manteniendo una aventura con su propio marido, y se disponía a comer una sopa de tomate Heinz mientras veía su segundo programa preferido, Loose Women, donde un puñado de señoras con cara de malas pulgas debatían sobre cosas importantes, como dietas y leotardos.
Sin embargo, justo cuando empezaba a sonar la sintonía del programa, alguien llamó a la puerta. Dennis se levantó de mala gana. Era Darvesh, su mejor amigo en la escuela.
-Dennis, tienes que venir a jugar hoy –suplicó.
-Lo siento, Darvesh, pero es que no me encuentro bien. No puedo parar de estornudar y toser. ¡Atchís! ¿Lo ves? –replicó Dennis.
-Pero hoy nos jugamos el pase a cuartos de final. Por favor…
Dennis volvió a estornudar.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacccccccccccccccccchhhh
Hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhííííííííííís!
Fue un estornudo tan fuerte que Dennis temió que todo su cuerpo fuera a volverse del revés, como un calcetín.
-Por favoooooor… -insistió Darvesh con expresión de súplica mientras limpiaba disimuladamente los mocos de Dennis que habían ido a parar a su corbata.
-De acuerdo, lo intentaré –respondió Dennis sin parar de toser.
-¡Bieeeeeeen! –exclamó Darvesh, como si ya hubiesen ganado el partido.
Dennis engulló a toda prisa unos tragos de sopa, cogió su equipo y salió corriendo de casa.
La madre de Darvesh los estaba esperando en su pequeño Ford Fiesta rojo con el motor al ralentí. Trabajaba como cajera en los almacenes Sainsbury, pero la ilusión de su vida era ver jugar a su hijo. Era la madre más orgullosa del mundo, lo que siempre hacía que su hijo se avergonzara un poquitín de ella.
-¡Menos mal que has venido, Dennis! –le dijo cuando este se subió a toda prisa al asiento trasero del coche-. El equipo te necesita, el de hoy es un partido muy importante. ¡Incluso diría que es el más importante de la temporada!
-¡Vámonos de una vez, mamá! –la apremió Darvesh.
-¡Vale, vale, ya nos vamos! ¡No le hables así a tu madre, Darvesh! –gritó fingiendo estar más enfadada de lo que realmente estaba. Pisó a fondo el acelerador y el coche arrancó a trompicones en dirección al campo de juego.
-Vaya, así que al final has decidido venir… -le soltó Gareth con cara de pocos amigos mientras aparcaban. No solo era más alto que todos sus compañeros de clase, sino que también tenía una voz más grave y una cantidad de vello corporal inquietante para un chico de su edad.
En las duchas parecía un orangután.
-Lo siento, Gareth, pero es que no me encontraba bien. Creo que he pescado un buen…
Antes de que pudiera decir “resfriado” se le escapó otro estornudo, más violento incluso que el anterior.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccchcccccccccccccchhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííííís!
-Vaya, lo siento, Gareth –se disculpó Dennis, limpiando un moco de la oreja de Gareth con un pañuelo de papel.
-Acabemos con esto de una vez –dijo Gareth.
Sintiéndose débil y enfermo, Dennis entró corriendo en el campo de juego con sus compañeros de equipo, tosiendo y moqueando sin parar.
-¡Os deseo mucha suerte, chicos! ¡Sobre todo a mi hijo Darvesh, y por supuesto a su amigo Dennis! ¡Vamos a ganar este partido! –gritó la madre de Darvesh a pie de campo.
Me hace pasar una vergüenza… -refunfuño Darvesh.
-A mí me parece genial que venga a vernos –dijo Dennis-. Mi padre nunca ha venido a verme jugar un partido.
-¡A ver si hoy marcas un bonito gol, Darvesh, hijo mío!
-Hummmmm…, vale, ya entiendo –reconoció Dennis.
Esa tarde se enfrentaban al St Kenneth, una de esas escuelas privadas cuyos alumnos miraban a los demás por encima del hombro solo porque sus padres tenían que pagar para que estudiaran allí. Pero hay que reconocer que tenían un equipo muy bueno, y no habían pasado ni diez minutos de partido cuando marcaron el primer gol. A partir de ese momento se desataron los nervios en el equipo local. Darvesh arrebató la pelota a un chico dos veces más alto que él y se la pasó a Dennis.
-¡Muy buena esa entrada, Darvesh, hijo mío! –gritó su madre.
La emoción de controlar el balón hizo que Dennis se olvidara por unos instantes del resfriado. Se abrió paso con agilidad entre los defensas hasta acercarse al guardameta del equipo contrario, un chico de abundante melena que estrenaba equipo y seguramente se llamaba Óscar, Tobías o algo por el estilo. De repente se encontraron cara a cara, y Dennis no pudo reprimir otro estornudo.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaccccccccccccccccccccchhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhíííííííííííííííííííííiííííííííííííííííííííííííííííííís!!!
Una lluvia de mocos explotó en la cara del portero, cegándolo por un momento. Lo único que Dennis tuvo que hacer fue darle un toque a la pelota para que esta entrara mansamente en la portería.
-¡Falta! –gritó el portero, aunque el árbitro no la pitó. Sí que era una falta, pero de educación.
-Oye, lo siento –dijo Dennis. Era verdad que no lo había hecho aposta.
-¡No pasa nada, tengo un pañuelo! –exclamó la madre de Darvesh-. Siempre llevo un paquete encima. –Ni corta ni perezosa, la mujer se lanzó al terreno de juego, remangándose el sari por el camino para no llenarlo de barro, y se acercó al portero del equipo contrario-. Aquí tienes, niño pijo –añadió, tendiéndole el pañuelo al portero. Darvesh puso los ojos en blanco al ver a su madre invadiendo el campo de juego. Entre lágrimas, el portero se limpió los mocos de Dennis de su pelo lacio-. Si quieres saber mi opinión, el St Kenneth tiene todas las de perder –añadió la madre de Darvesh.
-¡Mamáááááááá! –gritó Darvesh.
-¡Lo siento, lo siento! ¡Ya podéis seguir jugando!
Cuatro goles más tarde, de Dennis, de Gareth, de Darvesh y… otro que resultó de una pelota desviada “accidentalmente” por la madre de Darvesh, el equipo de Dennis había ganado el partido.
-¡Habéis pasado a la semifinal, chicos! ¡Qué ilusión! –exclamó la madre de Darvesh mientras llevaba a los chavales de vuelta a casa, aporreando el claxon del Ford Fiesta para celebrar la victoria. Para ella era como si Inglaterra hubiese ganado el mundial de Fútbol.
-Por favor, no vengas a la semifinal, mamá, te lo suplico. ¡No, si vas a montar el numerito otra vez!
-¡Qué cosas se te ocurren, Darvesh! Sabes que no me perdería el siguiente partido por nada del mundo. ¡Ay, qué orgullosa estoy de ti!
Darvesh y Dennis se miraron y sonrieron. Por un momento, su victoria en el campo de juego les hizo sentir como si fueran los amos del universo.
Hasta su padre sonrió cuando Dennis le dijo que su equipo había pasado a la semifinal.

David Walliams. La increíble historia de… El mago del balón. Editorial Montena

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
.

Texto

El texto nos presenta a dos amigos. Muy amigos, de la escuela. El día no iba a ser un día cualquiera. Era un día enormemente importante: el pase a los cuartos de final. Algo importantísimo, como dice Darvesh, el gran amigo de Dennis.

Pero Dennis estaba fatal. Se encontraba mal, muy mal. El catarro era de los que hacen historia. No creemos que pudiera casi ni moverse. Pero fue tal la insistencia de su amigo, ante una cita futbolística tan importante que, al final, consiguió que fueran, en el coche que conducía la madre de Darvesh, hasta el campo. La madre de Darvesh era la más forofa del campo. Incluso a su hijo le daban vergüenza las cosas que hacía y decía su madre. Menos mal que no le dio por jugar al fútbol con algún animalito, como estos que vas a ver. ¿Qué crees que diría su madre? ¿Cómo crees que animaría a su hijo?

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es estornudo. Vamos a intentar evitar lo que le sucede al portero del equipo contrario, cuando Dennis hace lo más normal, si se está refriado o resfriada: estornudar. En la página siguiente, vais a ver estornudos de todo tipo.

Después de ver esto, hasta parece lógico que el portero del equipo contrario a Dennis y Darvesh pidiera falta y, de milagro no la pidió. Podría haber sido hasta tarjeta amarilla, por guarro. Lo que no podían entender fue el “tranquilo” paseo que se dio la madre de Darvesh por el campo, con un pañuelito para limpiar al portero. Darvesh ya no podía más. Le pidió a su madre, de todas las maneras posibles, que no se le ocurriera ir a la semifinal. Pero los dos amigos sabían que eso iba a ser absolutamente imposible.

Menos mal que Darvesh y Dennis se lo tomaron a risa. Además de que la madre de Darvesh era buena persona, aunque fuera muy pesada, los dos amigos estaban felices, porque habían conseguido un estupendo resultado.

Cuentame

Hoy te aconsejamos que hagas primero una cosa, antes de contarnos lo que te pedimos. Empezamos con una frase que ha dicho Darvesh a su madre, para que no vaya a la semifinal:  “-Por favor, no vengas a la semifinal, mamá, te lo suplico. ¡No, si vas a montar el numerito otra vez!

Montar el numerito es una frase hecha, que significa decir o hacer algo un poco escandaloso, que no debe hacerse. También significa llamar la atención por lo que se dice o se hace. El próximo ejercicio, consiste en unir las frases hechas con su significado.

1. A buenas horas, mangas verdes A. Es descubrir algo que era secreto
2. Me lo dijo un pajarito B. Me he enterado por alguien que tú no sabes
3. Como Pedro por su casa C. Ya es tarde, para decir o hacer algo
4. Descubrir el pastel D. Dar una cosa mala, por una buena. Son cosas que se parecen, pero no es la buena de verdad
5. Dar gato por liebre E. Algo que se conoce o se lo sabe, mejor que nadie

(La solución es la siguiente:  1-c;  2-b;  3-e;  4-a;  5-d)

Autor

David Walliams
Nació el 20 de agosto de 1971 en Merton, Londres (Inglaterra).
Su nombre verdadero es David Edward Williams pero es más conocido por David Walliams. Le gusta combinar su faceta de actor con la de escritor. Sus libros destacan por su humor. Su estilo literario ha sido comparado con el de Roald Dahl.

Nuestro observatorio
Podemos obtener más información sobre el autor en su web y en twitter.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de títulos tomada de Canal Lector.

 

 

La corteza del árbol (Segunda parte). Fernando Lalana. Editorial SM (Recomendado: 7-9 ños)

29 Jul

el_secreto_de_la_arboleda[1]

Hice como que me lo pensaba mucho, mientras me rascaba una oreja.
-No sé, no sé…
-¡Hala…!
-Está bien. Te lo voy a decir.
-¿De veras?
-De veras: El hada de la arboleda vive en un árbol.
-¿Un árbol? –dijo Marijuli con cara de incrédula.
-Por supuesto, no se trata de un árbol corriente sino de un árbol-casa.
-¿Un árbol-casa?
-Sí. O un árbol-vivienda, como prefieras.
Tras un momento de silencio, Marijuli dijo muy seria:
-Me parece que me estás metiendo una bola del tamaño de un autobús.
Lo dijo de tal modo que estuve a punto de confesar que sí, que todo era una trola. Pero me arriesgué a continuar un poquito más.
-Razona un poco, Marijuli –le dije, muy convincente-. ¿Dónde puede vivir un hada? ¿En un piso de alquiler? No. ¿Debajo del puente de piedra, como un vagabundo? No. ¿En una pensión? Tampoco. Sólo queda un lugar posible…
-Un… árbol-casa.
-¿Lo ves? Tú misma lo has dicho.
-Bueno, y… ¿Cuál de los dos mil y pico de árboles es el del hada?
-Seguro que lo conoces. ¿Sabes ese chopo gordo, gordo, que hay junto a la orilla, cerca del embarcadero?
-Sí.
-Pues ese.
-¿Ese?
-Ese.
-¡Vamos a verlo ahora mismo! Y como sea mentira, ya te puedes preparar.
Echó a correr tan deprisa que apenas podía yo seguirla. ¡Y eso que soy de los que más corren de mi clase!
Cuando llegamos me acerqué con decisión al tronco y lo golpeé con los nudillos, como si llamase a una puerta:
Toc, toc, toc.
Esperé un poco. Volví a llamar: Toc, toc, toc.
Esperé otro poco y me volví con cara triste hacia Marijuli:
-Lo siento, chica, parece que no está.
Ya te dije que de día es difícil encontrarla. Pero si volvemos esta noche, seguro que estará.
-Es que a mí no me dejan salir de noche.
-¿No? –yo ya lo sabía-. ¡Vaya! Ese sí que es un problema.
-Tal vez sí que está pero no te ha oído. Llama más fuerte.
Volví a llamar un rato largo:
-Toc, toc, toc… toc, toc, toc… toc, toc, toc.
Pero no me contestó nadie, claro. Apoyé la espalda en el tronco del árbol y miré con cara de resignación a Marijuli. La pobre estaba tan desilusionada que casi, casi, deseé que todo aquello no hubiese sido una mentira.
-¿Y tiene nombre? –me preguntó.
-¿El hada? No, creo que no; se llama simplemente eso: el Hada de la Arboleda.
Fue entonces cuando Marijuli abrió de par en par los ojos y la boca. Y, casi al mismo tiempo, oí junto a mis pies una vocecita chillona que decía:
-Pero ¿a qué viene tanto alboroto? ¿Es que no puede una ni dormir la siesta?
Y sepa, jovencito –eso iba por mí-, que sí tengo nombre. Me llamo Rufina. Rufina del Bosque; de profesión, hada.
Me volví. Una parte de la corteza del árbol se había abierto, como una puerta pequeñaja, y junto a ella estaba la personita que acababa de hablar. No mediría más de dos palmos; iba vestida de hada; llevaba un puntiagudo gorro de hada y, en la mano, una varita mágica como las que llevan siempre las hadas.
Yo, al verla, me dije: “Ernesto, esta tiene que ser un hada”.
Y, tras llegar a tan brillantísima deducción, me desmayé.

Fernando Lalana. El secreto de la arboleda. Editorial SM

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

En esta lectura, encontramos el gran secreto del libro de Fernando Lalana. Los protagonistas se encuentran. Son Marijuli y Gil Abad. Sabemos cómo son y, sobre todo, lo que piensa Gil Abad de Marijuli. Está un poco harto de que siempre sea ella la mejor en todo. Pero, ahora, le iba a contar una trola y a ver qué pasaba. Al principio, lo que había pensado Gil Abad, para callar a Marijuli, era contarle que él había visto al hada de la arboleda. Quería demostrarle su importancia, ganando alguna vez. Aunque sólo fuera ¡una! Luego, hablando y hablando, mientras pasaba el tiempo, Gil Abad le fue diciendo cómo era el hada, cómo solía ir, y hasta el lugar donde vivía. Toda la trola que fue creando, iba saliendo de maravilla, porque Marijuli se creyó todo lo que le contaba Gil Abad. Pero al llegar al árbol donde vivía el hada, ocurrió algo que podía pasar. Empezaron a llamar al árbol, para que apareciera. Llamaron una vez, otra, otra y nada.

Pero sucedió lo que ninguno esperaba. ¡Síííí! Marijuli abrió los ojos y la boca, porque no podía creer lo que estaba viendo. ¡Un hada! Y tampoco se lo podía creer Gil Abad, que había caído en su propia trola. Tanto, que al ver al hada, se desmayó.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es varita. Nunca podíamos encontrar otra palabra más mágica que varita. Bienvenidas y bienvenidos a la magia.

Como estamos ante una varita (mágica, eso sí), intentaremos conseguir, con esa maravillosa varita, un montón de palabras que tengan un tamaño pequeño o que tengan igual tamaño, pero que se usan para indicar cariño, ternura, crítica, etc. Escribe los diminutivos de las siguientes palabras:

Coche
Nube
Sol
Corazón
Bolsillo
Genio
Traje
Luz

(Solución: Cochecito, nubecilla, solecito, corazoncito, bolsillito, geniecillo, trajecito, lucecilla.)

Cuentame

Vamos a hacer un pequeño recorrido por tus lugares mágicos. Puede que no hayas tenido la suerte de ver a un hada, de usar su varita mágica y de convertir en oro o en piedras preciosas todo lo que tocabas. Pero quizá recuerdes aquel día increíble, cuando la noche rodeaba todos tus pensamientos para el futuro. No hubo manera de salir de ella. El tiempo no pasaba. Miraste el reloj de tu muñeca y el que estaba en la mesilla, al lado de tu cama. No podías tocar el interruptor de la luz, porque no llegabas, alargando el brazo todo lo que podías. Sólo era noche oscura y empezaban a aparecer seres monstruosos. No tenían cuerpo determinado. Eran como sombras fantasmagóricas que te asediaban. Iban llegando y empezaban a estar muy cerca. Demasiado cerca, en ese maldito sueño, del que pensaste que nunca saldrías. Hasta te pareció oír los pasos del reloj de la mesilla, al que no le importaba caer y caer y caer, sin un final posible. Sólo quería salir de la terrible pesadilla.

Puede que hayas tenido la suerte de no recordar tu última pesadilla. O quizá, incluso, no la tuviste. La cuestión consiste, ahora, en que nos hagas un relato de tu último sueño. No importa si fue un buen sueño o uno malo, terrible, terrorífico. De esos que incluso muchos días después, todavía te dan escalofríos recordarlo. O, al revés, serías la persona más feliz del mundo, si aquel sueño se cumpliera.

¡Ojalá que así sea!

Autor

Fernando Lalana
Nació el 24 de febrero de 1958 en Zaragoza (España).
Es licenciado en Derecho, profesión que no ha llegado a ejercer. Desde muy joven participó en grupos de teatro para aficionados. Como escritor su dedicación primordial es a la novela juvenil, aunque tiene otras obras dirigidas a niños. También ha publicado varias obras de teatro. Ha recibido varios premios, entre ellos, el XIV Premio Cervantes Chico en reconocimiento a su trayectoria literaria.
Nuestro observatorio
Podemos leer más información sobre el autor en su página web.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

La corteza del árbol (Primera parte). Fernando Lalana. Editorial SM (Recomendado: 7-9 ños)

23 Jul

el_secreto_de_la_arboleda[1]

Los dos bajamos del terraplén y echamos a andar, despacito, por la arboleda.
-¿Has venido solo? -preguntó Marijuli.
-Naturalmente –contesté dándome importancia-. Ya soy mayor…
-Yo también he venido sola.
¿Lo veis? Así es Marijuli. ¡No hay forma de ganarle! Hagas lo que hagas, ella lo hace, por lo menos, tan bien como tú.
-Pero seguro que yo vivo más lejos –añadí.
-Bueno, seguro que sí. Es que yo vivo ahí, ¿sabes?
Y señaló una casa muy cercana, situada justo al lado de la vía. Mejor dicho, justo al lado del sitio en donde antes estaba la vía.
-¿De verdad vives ahí? ¡Qué suerte! Habrás visto pasar muchísimos trenes –le dije, sintiendo un poco de envidia.
-Claro, los veía todos. Y todos los maquinistas me conocían y me saludaban al pasar.
Estuve a punto de decirle que mi abuelo había sido maquinista, pero no se lo dije porque seguro que ella me salía entonces con que el suyo había sido jefe de estación. Así que me callé.
En ese preciso momento apareció en mi cabeza una idea pequeñita que pronto se hizo más y más grande. Era una idea que me serviría para reírme un poco de Marijuli; que ya era hora, después de todo lo que ella se había reído de mí.
-Supongo –le dije muy serio- que viviendo tan cerca podrás bajar a jugar a la arboleda siempre que quieras.
-Claro –contestó Marijuli.
-Y te la conocerás palmo a palmo.
-Por supuesto.
-Seguro que hasta sabes cuántos árboles hay.
-Dos mil ciento dieciséis –sonrió-. No, no los he contado yo. Pero algunos ancianitos que pasan aquí las horas muertas sí que lo han hecho. Yo no he tenido más que preguntarles.
¡Caramba con Marijuli! No me negaréis que es sorprendente. Pero ahora, je, je, je, ahora llegaba mi turno.
-Y supongo que habrás visto muchas veces al hada.
-¿Hada? ¿Qué hada?
-El hada de la arboleda, naturalmente –dije yo, más serio que un ajo.
-Vamos… tú lo que quieres es tomarme el pelo, Gil Abad.
-¡Oh! Eso quiere decir que no la has visto nunca…
-¿Un hada? ¡Las hadas no existen! ¿Estás chiflado?
-Bueno… si tú lo dices, estaré chiflado.
Y empecé a caminar. Pero había conseguido interesarla y, enseguida, estaba pisándome los talones.
-Oye, ¡no hablarás en serio…!
-Completamente en serio.
-¿Tú la has visto?
-Tres veces.
-Y ¿cómo es?
-¡Psssst…! Como todas las hadas. Lleva un gorro puntiagudo y una varita mágica con una estrella en la punta.
Marijuli abrió unos ojos como platos de postre y dijo:
-¡Sopla!
¡Ya estaba! ¡Ya estaba! ¡Lo había conseguido! ¡Marijuli se había tragado la bola! Yo, por dentro, estaba que me partía de risa, pero decidí seguir con el cuento del hada hasta sus últimas consecuencias. ¡Cuando lo contase en clase iba a ser la monda…!
-Bueno, y ¿dónde está? –preguntó Marijuli.
-¿Quién?
-¿Eres bobo? ¡Quién va a ser! ¡El hada!
-¡Oh! ¿Quién sabe? Suele estar todo el día por ahí, haciendo magias… Es muy difícil encontrarla en casa.
-¿Es que sabes dónde vive?
-Por supuesto –dije tranquilamente.
Y seguí andando, ante la sorpresa de Marijuli que esperaba que le contase inmediatamente el secreto del hada. Cinco segundos después, venía corriendo hacia mí, gritando.
-¿Y bien? ¿A qué esperas? ¡Dilo ya!
-Es que… no sé si debo decírtelo. No es algo que se pueda decir a cualquiera.
-¡Pero yo no soy cualquiera! Somos amigos.
-¿Ah, sí?
-¡Claro! ¡Fíjate la de rato que llevamos hablando! Dentro de muy poco ya seremos íntimos amigos. Hasta es posible que lleguemos a casarnos.

Fernando Lalana. El secreto de la arboleda. Editorial SM

El Cruz del Sur. Llanos Campos. Editorial SM (Recomendado: 11-14 años)

16 Jul

tesorodebarracuda

Nadie, eso lo puedo asegurar, ha asistido jamás a una clase como la nuestra. Yo no había ido al colegio ni un solo día en toda mi vida, pero estaba seguro de que ningún profesor había tenido alumnos como aquellos: piratas llenos de tatuajes y cicatrices, con las ropas raídas (1), los dientes negros y los cuchillos al cinto, todos sentados en la bodega del Cruz del Sur, haciendo más muecas que una pandilla de monos. Entre los que no veían bien, los que no hablaban bien y los que no oían bien, Dos Muelas tenía el trabajo más difícil del mundo. Era como intentar enseñar a coser a una bandada de patos.
Tampoco Dos Muelas era lo que se dice un buen profesor, aunque el pobre hacía lo que podía. Había veces en las que se sujetaba la cabeza como si temiera que se le desenroscase del cuello y saliera volando para explotar en el aire. Le preguntábamos todos al mismo tiempo, y él intentaba recordar lo poco que sabía; yo creo que a veces hasta se lo inventaba, solo para que le dejásemos en paz.
Empezó por enseñarnos las letras, y nos pareció increíble que hubiera tantas. John la Ballena insistía en que él no decía ni la mitad al hablar, y daba igual que intentásemos convencerle de lo contrario; era terco como una mula. Claro que esto no fue nada comparado como cuando empezamos a juntarlas para hacer palabras. Aquello era interminable. Porque si era difícil saber cómo sonaban de dos en dos, en cuanto hacíamos montones de tres letras, ¡aquello era la repanocha! Allí estábamos todos abriendo la boca, sacando la lengua, poniendo morritos y frotándonos los ojos. Y claro, antes o después a alguien le daba la risa y ya teníamos montado el follón. Que si “De qué te ríes tú”, que si “Yo de nada”, que si “Te vas a reír de quien yo te diga”… En fin: pelea al canto.
A esto hay que añadir que el mismo Dos Muelas, como ya os he contado, tenía los conocimientos justos del asunto, y a veces ni eso. Muchas veces confundía letras, sobre todo la U y la V, con lo que en vez de “vida” leíamos “uida” (y encima así, sin H; ahora lo sé). Por eso nadie entendió lo que decía Erik el Belga cuando después de mucho esforzarse y ponerse azul de los nervios, leyó: “El anciano pasó su “uida” tumbado en la cama”. Se enfadó un montón cuando Jack el Cojo dijo:
-¡Pero qué dices, bruto! ¿Quién huye estando en la cama?
-¡Y yo qué sé! –respondió el Belga-. ¡Yo no lo he escrito! ¡Sólo lo leo!
-¡Que lo lee, dice! ¡Te lo inventas!
-¡Oye, John, no me toques las narices o vas a tener que leer sin dientes! ¡A ver cómo dices entonces “zafarrancho” o “zarparon”!
Discusiones como esta hubo miles. Todos los días se nos planteaban más preguntas que respuestas tenía Dos Muelas, ni aunque se las inventara. En cuanto parecía que empezábamos a coger carrerilla aprendiendo, nos venía con otra cosa nueva: las mayúsculas y las minúsculas, los acentos… Y cuando esto parecía aclararse, llegaban la B y la V, la G y la J…
-¡Bueno, ya está bien! –vociferó un día Boasnovas, mandando el libro a tomar viento de un manotazo-. ¡Te ríes de nosotros! ¿Cómo diantres se van a escribir distintas la G de “general” y la de “jerez”? ¡Si se dicen igual! ¡Nos engañas, maldito corso!
-¡Quieres hacernos pasar por estúpidos! –añadió John la Ballena.
-¡Eso! ¡Eso es! –se unió a la protesta el Belga-. ¡Quieres saber leer bien solo tú para no compartir con nosotros los secretos del libro de Phineas!
-¡Sí, sí! –apoyaron las quejas todos los demás a coro.
Antón el Corso, ahora conocido en el Cruz del Sur como Dos Muelas, estaba a punto de causar un motín de estudiantes a bordo. ¡Vivir para ver! Así se levantó, cogió el libro y subió de dos zancadas las escaleras de la bodega. Antes de cerrar la trampilla de cubierta dijo:
-¡Se acabó! ¡Os dije que no sabía enseñar a leer! ¡No tengo por qué soportar esto! ¡Buscaos otro idiota que os aguante!
Y dio un portazo.
Primero todos nos enfadamos, claro… Y luego supimos qué hacer.
Al día siguiente, la tripulación entera estaba de mal humor, Dos Muelas el que más. Se pasó todo el tiempo arriba, en su puesto de vigía en lo alto del palo mayor, aunque navegábamos por mar abierto y no había nada que ver aparte del agua, agua, más agua y mucha más agua. Tenía un enfado del quince.
Pasaron dos días de pocas palabras y muchas miradas. Al profe no se le pasaba el enfado. Pero a los demás empezó a ocurrirnos algo curioso. De repente nos dimos cuenta de que, sobre la puerta del camarote de Barracuda, alguien había escrito “Capitán”; que en los barriles de ron, efectivamente, ponía “Ron”, y no solo eso, sino que ponía también “de Puerto Rico”; y, lo que era más importante, que podíamos poner los barriles juntos en la bodega que ya sabíamos distinguir los de ron de los de pólvora, ya que ¡también lo ponía! ¡Ponía “pólvora”!
Claro que no todas las noticias fueron buenas. Que se lo digan al pobre Jack el Cojo, que vivía convencido de que un chamán (2) del Amazonas se había tatuado en el brazo derecho, bajo el dibujo de un jaguar, las palabras “Valor y Fiereza”, hasta que pudo leer él mismo que, en realidad, ponía “Gatito Lindo”. No queráis saber la de bromas que le hicieron a partir de ese momento. Pensó incluso en cortarse el brazo; pero conseguimos convencerle de que ya le faltaba una pierna, y que eso sería perder muchas cosas del cuerpo para una sola vida.

  1. Raídas: Muy usadas, gastadas.
  2. Chamán: Hechicero.

Llanos Campos. El Tesoro de Barracuda. Editorial SM

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Vaya enfado! Y todo empezó por un problema con la lectura. ¿Hay alguien, en tu clase, que lleve algún tatuaje? Seguro que no, porque el tatuaje es algo muy complicado, que necesita del permiso de tus mayores y, además, hacértelo es muy doloroso. Lo que pasa es que los que llevaban tatuajes eran los piratas. Y claro, no hay más que saber lo que son los piratas. Dice el Diccionario de la Real Academia: pirata es una persona que, junto con otras de igual condición, se dedican al abordaje de barcos en el mar para robar. También ahora existen los piratas aéreos: los que obligan a la tripulación de un avión a cambiar su rumbo.

Seguro que a tu profesora o profesor no se te ocurre llamarlos con el mote que le ponían estos piratas: Dos Muelas. Y es que claro, de piratas tenemos poco o nada. Pero los piratas, en la literatura, en los comics y en muchas historietas, son personajes muy habituales. Fíjate, si no, en estos que quizá tú conoces. Son Astérix y Obélix. En el capítulo de Astérix y Cleopatra, encontramos esto. Son piratas que intentan ir ¡al abordaje!, como en nuestro texto de hoy. Lo único es que no sabían de qué son capaces esos famosos galos.

¿Verdad que después de ver lo que les pasa a los piratas con Astérix y Obélix quedan pocas ganas de ser pirata? La pena es que sean sólo un cómic. Pero de los mejores que se pueden leer.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es bodega. Nos lleva, por arte de magia, a las palabras relacionadas con un barco. En las siguientes páginas, te explican cómo se llaman y dónde están las partes de un barco.

Después de ver cualquiera de estos videos, puedes resolver, con un premio de diez puntos (10 puntos) si lo consigues, qué definición corresponde a cada palabra que presentamos. El trabajo consiste en enlazar, correctamente, los números y las letras.

a) Popa 1) Parte delantera del barco
b) Babor 2) Parte derecha del barco
c) Proa 3) Parte trasera del barco
d) Estribor 4) Parte izquierda
e) Trampilla 5) Espacio que hay dentro
f) Bodega  de los buques 6) Ventanilla hecha en el suelo

 

(Solución: a-3; b-4; c-1; d-2; e-6; f-5)

Cuentame

Hemos leído un capítulo de El Tesoro de Barracuda. Si nos pusiéramos a pensar cuál podría ser nuestro tesoro, saldrían cosas fantásticas. Podemos creer que no somos capaces de convertirnos en escritoras o escritores, porque no tenemos edad para ello. Puede que sí, que eso sea cierto. Pero también podemos tomar ejemplos como este.

Y si te apetece, podrías hasta dejar un libro propio, precioso, si consigues, según se indica en la próxima página, seguir las pautas. ¡Que tengas muchísima suerte!

vNq6
Llanos Campos Martínez

Nació el 25 de abril de 1963 en Albacete (España).
Comenzó la carrera de Psicología aunque finalmente estudió interpretación en el Teatro Escuela Municipal de Albacete.
Se ha dedicado principalmente al teatro, como actriz, productora y autora. Ha realizado todo tipo de espectáculos. Cuando fundó su propia compañía, Falsaria de las Indias, empezó a escribir textos y a realizar adaptaciones. El Tesoro de Barracuda es la primera novela que escribe y con ella recibió el Premio Barco de Vapor 2014.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos más sobre Llanos Campos y su Compañía.

Bibliografía
Si te gustan las historias de piratas, no te pierdas esta dirección. Hay muchas cosas en Canal Lector.

La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica “micromuseo”, debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

La zorra y el tambor. Popular. Editorial Combel (Recomendado: 9-11 años)

18 Jun

elibrodelasfabulas

Una vez, una zorra que hacía no sé cuántas horas que no hincaba el diente a nada, porque corrían malos tiempos y había mucha escasez, merodeaba por una alameda umbría (1) cuando vio un tambor colgado de una rama. No se sabe de quién era, pero seguro que lo habían dejado allí para ir a buscarlo más tarde.
Era la hora del viento marero (2), que llega puntualmente todos los días y alborota las cañas de los cañaverales y las copas de los álamos, los sauces, los chopos y los alisos (3) que crecen a la orilla de los ríos y rieras (4). Al soplar, agitó las ramas del álamo en el que estaba el tambor, y éstas percutieron como baquetas (5) sobre el instrumento y le arrancaron una serie de sonidos alargados y profundos.
El sonido llamó la atención a la zorra y la hizo detenerse. Miró el instrumento y, como le pareció un odre o un pellejo de los que se llenan de cosas de comer, pensó que, seguramente, dentro habría algo aprovechable, quizá carne en conserva o, tal vez, fruta confitada, y que, por tanto, valía la pena intentar atraparlo.
Con ese propósito, dio un salto, golpeó el tambor con el hocico y lo hizo caer al suelo. A continuación, rasgó el tenso parche de piel con los dientes, para ver lo que había dentro, pero…, ¡qué amarga desilusión! ¡No había nada más que aire! Ni carne en conserva, ni fruta confitada, el tambor estaba completamente vacío.
-Ahora que lo pienso, no me extraña –reflexionó-. Bien lo dice el dicho: mucho ruido y pocas nueces, o sea, que quien mucho habla, poco piensa. Y por no pensar, volvemos a tropezar con la misma piedra. Sin más tiempo que perder, se marchó de allí a paso ligero, a ver si encontraba algo menos ruidoso y más sustancioso.

NOTAS

(1) Alameda: conjunto o bosque de árboles que se llaman álamos. Umbría que no le da el sol.
(2) Viento marero: viento que viene del mar.
(3) Aliso: árbol muy alto.
(4) Rieras: lugares por donde pasan las aguas de las lluvias.
(5) Percutieron como baquetas: sonaron como una batería de música.

Albert Jané i Riera (Recopilador). El libro de las fábulas. Editorial Combel

Propuestas para mediadoras y para mediadores
RECURSOS
Texto

Lo que leemos, en las primeras líneas es que la protagonista de la lectura es una zorra. A la que no le resultaba fácil comer, porque hacía bastantes horas que no hincaba un diente a nada. Hincar el diente, como tú ya sabes, significa lo mismo que comer. Es el movimiento que hacemos al comer: hincar el diente o los dientes a los alimentos. Y aquí tienes dos páginas, de un maravilloso programa que tenía Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista y protector de los animales. Fueron muchos años los que él trabajó para darnos imágenes, sonidos y la historia real de la fauna en este planeta. Todos los que veíamos sus programas, en televisión española, lloramos su desaparición, en el año 1980. Aún quedan eso sí, maravillosos documentos de lo que fue, con sus compañeros, el trabajo a favor de la vida animal.

La siguiente página, también dedicada al zorro, está realizada por la Fundación amigos del Planeta. La imagen final es muy fuerte, terrible. Si eres muy sensible al dolor de los animales, te recomendamos que no la veas.

Palabra magica

La palabra mágica hoy es un verbo en modo indicativo, tiempo perfecto simple o indefinido (que se llama de las dos maneras), tercera persona en femenino singular del verbo reflexionar. ¡Sí! Lo has conseguido. La palabra mágica es reflexionó. Es lo que hace la zorra, animal listo, muy listo. En la página de BioEnciclopedia.com tienes el resumen de las características del zorro: peso, tamaño, sentidos (vista y oído), lugares de vida, tipos de zorros y alimentación y otras muchas cosas, que te interesarán sobre este animal.

Y como conoces el verbo a que hace referencia la palabra mágica, di cuáles de estas frases son posibles y cuáles imposibles. No olvides el significado que da el diccionario de la palabra reflexionar.

a) Mi reloj reflexiona a cada minuto.
b) Antes de un problema, procuro reflexionar.
c) El banco donde me siento, siempre está reflexionando.
d) Hay que reflexionar mucho para tomar esa decisión.
e) La montaña se pasa la visa reflexionando.

(Solución: las respuestas posibles correctas son la b y la d.)
Cuentame

Hemos visto, después de la lectura de La zorra y el tambor, algunas de las características más sobresalientes del zorro. ¿Te consideras conocedora o conocedor de los animales? ¿Serías capaz de establecer, en una lista, cuáles son los diez animales que los profesionales consideran más inteligentes? La lista de animales es esta:

Pulpo. Elefante. León. Perro. Cuervo. Tigre. Chimpancé. Cerdo. Loro. Rata. Oveja. Delfín.

Selecciona los diez más inteligentes. En la próxima página, puedes ver cuáles son y cómo actúan.

Pero, ¡atención! Es probable que te suceda lo mismo que a nosotros. Sí, hasta aquí, creemos que podríamos llegar a la lista de los animales más inteligentes. Pero nos falta uno. Puede que tú hayas oído o visto a esta ave que nos falta. Para nosotros es una novedad. Es un ave que se llama kea. Y es capaz de hacer cosas más que inteligentes, alucinantes. Echa un vistazo y a ver si estás de acuerdo con el adjetivo alucinante.

Autor

Vamos a ver qué nos dice el texto que has leído hoy, el de La zorra y el tambor. Una pregunta muy fácil, facilísima para ti: ¿qué nombre tiene el autor o la autora de este texto que acabas de leer? Si no lo sabes mira, al principio, lo que pone cuando dice autor. Pone popular. ¿Y a quién corresponde ese nombre? Di cuál de estas respuestas es la correcta:

1.- Es una autora que sabe mucho de animales (2 puntos).
2.- Es un autor que sabe muchísimo de instrumentos, como el tambor. (6 puntos)
3.- Popular quiere decir que es del pueblo. Es una historia que conoce mucha gente y que se va contando de padres a hijos, a nietas y a nietos…, durante años y años. (5 puntos)

Después de decir cuál es la respuesta verdadera, haz una operación matemática, muy sencilla, para comprobar si has dicho lo correcto. Sumamos los puntos de las tres respuestas: 2 + 6 + 5. Si al resultado le restamos 8 puntos, hemos ganado los puntos que da la respuesta correcta. ¡Bravo! ¡Enhorabuena! Sabes muy bien qué es un texto que se denomina popular. Son tus mágicos 5 puntos.

 Bibliografía
Más libros sobre fábulas en Canal Lector

Gasipum y popotraques. Roald Dahl. Editorial Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

11 Jun

grangigantebonachon

Sofía no solo empezaba a sentir apetito, sino que también estaba muy sedienta. De estar en su casa, ya habría terminado el desayuno mucho antes.
-¿Estás seguro de que no hay nada para comer, por aquí, aparte esos repelentes pepinásperos? –preguntó.
-¡Ni una pipipulga! –contestó el Gran Gigante Bonachón.
-En ese caso, ¿puedo beber un poco de agua?
-¿Agua? –repitió el GGB, frunciendo el ceño-. ¿Qué es el agua?
-¡Lo que nosotros bebemos! –dijo Sofía-. ¿Qué tomáis vosotros?
-¿Nosotros? ¡Gasipum! –contestó Bonachón-. Todos los gigantes beben gasipum.
-¿Y es tan malo como los dichosos pepinásperos? –quiso saber Sofía.
-¿Malo? -protestó el GGB-. ¡Nada de malo! El gasipum es dulce y alegroso.
Se levantó de la silla y se dirigió a un segundo armario enorme del que sacó una botella de vidrio que mediría dos metros de altura. Estaba medio llena de un líquido verde pálido.
-¡Esto es el gasipum! –anunció, alzando la botella con orgullo, como si se tratase de algún vino viejo y raro-. ¡Delicioso y picoso gasipum!
Agitó la botella, y el líquido verde comenzó a burbujear como loco.
-¡Oh, pero si las burbujas van al revés! –exclamó Sofía.
Y así era. En vez de subir y estallar en la superficie, las burbujas descendían y estallaban en el fondo, donde se formaba una espuma verde.
-¿Qué demonio quieres decir con eso de que van al revés?–gruño Bonachón.
-En nuestras bebidas gaseosas –explicó Sofía-, las burbujas siempre suben y estallan arriba.
-¡Pues eso es mal! -afirmó el GGB-. Las buruburubujas no tienen que subir. Es la tontería más torontonta que he oído.
-¿Por qué?
-¿Y tú me preguntas por qué? –gritó el gigante, moviendo la botella de un lado a otro, como si dirigiese una orquesta-. ¿De veras quieres hacerme creer que no entiendes qué es un dispirate, eee… un disraspate, eso de las buruburujas tengan que subir en vez de bajar?
-No entiendo. ¿Quieres explicarte de una vez? –preguntó Sofía, muy educadita.
-¡Claro! –voceó el Gran Gigante Bonachón-. Es una torontontería, eso de las buburujas subiendo. Y si no lo entiendes, es que es más boba que un perripato. Tu cabeza debe de ser llena de rabos de recuajo y patas de mosquito. ¡Me asusta ver que no sabes pensar!
-¿Por qué no han de subir las burbujas –inquirió Sofía.
-Te lo diré, pero antes isplícame cómo se llama vuestro gasipum.
-Tenemos la Coca –contestó Sofía-. Otra es la Pepsi, pero hay muchas marcas y clases de bebidas gaseosas.
– ¿Y en todas suben las buruburuburujas?
-¡Sí, claro!
Catastroso! –exclamó el GGB-. ¡Buruburuburujas subiendo son una catastrosa desástrofe!
-Dime por qué –insistió la niña.
-Si escuchas bien, trataré de explicártelo –dijo el gigante-. Pero tu seso es tan lleno de pulguirrabijos, que no creo que lo entiendas.
-Haré cuanto sea posible –respondió Sofía con paciencia.
-Bien… Cuando tú bebes esa coquia vuestra, cae diridectamente a tu barriga, ¿no? ¿O me evicoco?
-No te equivocas –dijo Sofía.
-Y las burburujas van también a la barriga. ¿O no es así?
-Sí que van, claro.
-¿Y esas burburujas suben?
-¡Naturalmente!
-Lo que quiere dicir que saldrán todas, blup-blup, por la garganta y por la boca y os harán soltar un uructo asqueroso…
-Eso sucede con frecuencia, sí –admitió Sofía-. Pero un pequeño eructo de vez en cuando, no tiene importancia. Casi es divertido.
Uructar es muy feo! –exclamó Bonachón-. Los gingantes nunca lo hacemos.
-Sin embargo, con esa bebida… -señaló Sofía-. ¿Cómo la llamáis?
-Gasipum.
-Con el gasipum –dijo la niña- las burbujas de vuestras barrigas bajarán y… tendrán un resultado todavía peor.
-¿Por qué peor? –preguntó el GGB, sorprendido.
-Porque… -respondió Sofía, sonrojándose un poquito-, si bajan en vez de subir, tendrán que salir por otra parte, con un ruido aún más fuerte y más ordinario.
-¡Ah, con un popotraque, quieres decir! –exclamó el Gran Gigante Bonachón, muy sonriente-. ¡Los gingantes soltamos popotraques continuamente! Eso es señal de filicidad. ¡Es música para nuestros oídos! No vas a dicirme que un poco de popotraqueo es cosa prohibida entre los guisantes humanos…
-Se considera de muy mala educación –contestó Sofía.
-Pero tú bien debes soltar algún popotraque de vez en cuando ¿no? –quiso saber el GGB.
-Todo el mundo lo hace –reconoció la niña-. Los reyes y las reinas popotraquean, como lo llamáis. Y los bebés. Pero en mi tierra no es fino hablar de eso.
Rindículo! –dijo el gigante-. Si todo el mundo hace popotraques, ¿por qué no hablar de ello? Ahora mismo voy a beber un trago del dilicioso gasipum, y verás qué buen resultado.
El GGB agitó la botella con fuerza. El líquido verde pálido empezó a burbujear alegremente. Entonces, Bonachón quitó el tapón y tomó un enorme y gorgoteante sorbo.
-¡Hum, qué sabigustoso! –comentó-. ¡Me tusiásmisa!
El GGB permaneció inmóvil durante unos segundos, y una expresión de embeleso empezó a extenderse por su cara larga y arrugada. Hasta que, de pronto, la bebida hizo su efecto y el gigante soltó una serie de ruidos, los más sonoros y ordinarios que Sofía hubiese oído jamás. Retumbaban contra las paredes de la cueva como truenos, y los botes de vidrio temblaron en sus estantes. Pero lo más asombroso fue que la fuerza de las explosiones levantó al gigante del suelo, casi como un cohete.
-¡Yuppiii! –gritó Bonachón al fin, cuando se vio de nuevo en el suelo-. ¡Y ahora te toca a ti!
Sofía se echó a reír, no podía contenerse.
-¡Pruébalo! –insistió el Gran Gigante Bonachón, al mismo tiempo que inclinaba hacia ella la colosal botella.
-¿No tienes una taza? –preguntó la niña.
-Nada de tazas. Sólo botella.
Sofía abrió la boca y el gigante vertió en ella, con sumo cuidado, un poco de aquel formidable gasipum.
-¡Mmmmm, sí era riquísimo! Dulce y muy refrescante. Sabía a vainilla y crema, con un ligero aroma de frambuesas al paladearlo bien. Y las burbujas resultaban agradabilísimas. Sofía notó cómo le saltaban y estaban en el interior de su barriga. Era una sensación estupenda. Le parecía tener centenares de diminutos seres danzando en su interior y haciéndole cosquillas con los dedos de los pies. ¡Qué divertido!
-¡Oh, qué gracia! –dijo.
-¡Espera, espera! –respondió el GGB, con unas orejas que se movían como abanicos.
Sofía sintió que las burbujas bajaban y bajaban por su barriga, hasta que, de repente y sin que ella pudiera evitarlo, ¡se produjo la explosión! Sonaron las trompetas y las paredes de la cueva resonaron como antes.
-¡Bravo! –gritó el Gran Gigante Bonachón, agitando la botella-. ¡Muy bien, para ser una primcipiante! ¡Vamos a tomar otro trago!

Roald Dahl. El gran gigante bonachón. Editorial Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Partimos de un principio, que se basa sólo en el nombre del título del libro de Roald Dahl: El Gran Gigante Bonachón.
Oscar Wilde escribió El gigante egoísta, ahora en editorial Laberinto. En la página de Ciudad Seva, podemos leer, también, el texto completo de Oscar Wilde.
Sí, casi nunca han tenido buena prensa los gigantes en los cuentos. Han sido egoístas, perversos, malvados y toda una serie de adjetivos que no les hacían ningún favor. Hasta se han hecho películas, libros, dibujos animados y muchas cosas, para prevenirnos de los espantosos gigantes, como Jack el Caza Gigantes

Pero sólo el título de Roald Dahl plantea algo diferente: el aumentativo bonachón (no podía ser menos, tratándose de un gigante) es el que es muy bueno, amable, dócil, crédulo. Nada que ver con la imagen que nos han dado la literatura o el cine, de los gigantes.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es beber. Toda la historia se desarrolla en torno a esa palabra. Fue Sofía la que sentía hambre y sed. Y ya casi le importaba menos el hambre que tenía. Quería, sobre todo, beber. Y no pedía ninguna cosa rara y difícil de conseguir. Pedía sólo agua. ¿Se puede pedir menos a alguien que un vaso de agua?

Pues ese fue el principio. El gigante era tan bueno, tan bonachón, que quiso ofrecerle lo más maravilloso, lo más preciado para los gigantes a la pobre Sofía. Y ahí empezaron a desarrollarse los acontecimientos. ¿Sería que el Gigante Bonachón era uno de los defensores más importantes del planeta, en el ahorro de agua?

¿Conocería la información que ahora puedes ver?

No. Nada más lejos de todo esto. Él sólo quería ofrecer a Sofía, para su sed, lo mejor que tenía. Es un rasgo de generosidad impresionante. Le ofrecía algo que era como una joya de la que él disfrutaba. Le ofrecía ¡Gasipum! Tan maravilloso era el gasipum para el Gigante, que empezó a decir cosas raras con sus palabras. Seguro que lo has descubierto ya.

Cuentame

¿Cómo crees que reaccionó Sofía, cuando el Gigante le ofreció el gasipum? ¿Crees que tú habrías hecho lo mismo? Probablemente, la pregunta que te harían los mayores que te quieren y las personas de las que podemos fiarnos del todo, sería: ¿cómo se te ocurre probar algo que no conoces? Lo que has leído es literatura, donde todo es posible. Hasta que existan los gigantes, que además sean bonachones y que, encima, tengan una bebida riquísima, aunque produzca efectos de ruidos, que dan bastante vergüenza. Lo que sin duda, es bastante divertido. Pero lo que nos apetece que nos cuentes son varias cosas. A ver si puedes estrujar un poco tu memoria.

¿Hay, donde vives, alguien con tamaño suficiente como para llamarlo Gigante? Puede ser una chica o un chico. ¿Se dedica a algo en especial? ¿Juega al baloncesto? ¿Se dedica a subir a hombros a los pequeños, que hacen cola para ser los primeros que van en el gigante? ¿Te gustaría tener un tamaño para que te llamaran gigante o prefieres ser como eres?

Por si te apetece, y antes de decidir sobre tu tamaño futuro, aquí puedes ver un video sobre el hombre más alto del mundo.

En estas otras páginas nos hablan del Gran Gigante Bonachón y del próximo estreno de la película dirigida por Steven Spielberg.

Autor

Roald Dahl

Nació el 13 de septiembre de 1916 en Llandaff (Inglaterra) y murió en Oxford (Inglaterra) el 23 de noviembre de 1990.

De origen noruego. Su padre murió cuando él tenía 3 años. Fue a una escuela cercana a su casa hasta los 9 años y después a un internado en un colegio inglés. Terminó el bachillerato con 18 años. A su madre le hubiera gustado que estudiara en la Universidad pero él no quiso y comenzó a trabajar para una compañía de petróleo. Su deseo era viajar y se marchó a África. De esa época dice: “Era una vida fantástica (…) Aprendí a hablar swahili. Viajaba hacia el interior del país visitando minas de diamantes, plantaciones de sisal, minas de oro y todo lo demás. Había jirafas, elefantes, cebras, leones y antílopes por todas partes, y también serpientes…”

Se casó en 1953 y fue padre de cinco hijos a los que contaba cuentos. Escribía los libros en una cabaña que había al fondo de su casa.

Él decía que estaba siempre a favor de los niños. Le gustaban los deportes y la fotografía. Muchos de sus libros han sido llevados al cine.

El ilustrador de la mayoría de sus libros fue Quentin Blake. Este dijo de Roald Dahl que tenía la capacidad de imaginar situaciones surrealistas igual que él. Además comentó que supo crear en sus libros un mundo entre lo real y lo insólito.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Roald Dahl, además de conocer su página web y un estudio sobre su vida y obra de Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.