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La del once “jota”. Elsa Bonermann. Editorial Alfaguara (Recomendado: 13 años)

17 Jul

socorro elsa boner
Cuesta creer que la abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos les tocó en desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda.
Durante los años que vivieron con ella, la viuda de R. trató a los chicos como si no lo hubieran sido. ¡Ah… si los había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo a Lilibeth –la más pequeña de los hermanos-, acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido –por supuesto- porque por algo era perversa.
Luis y Leandro no lo habían pasado mejor con su abuela, pero –al menos- sus caritas los habían salvado de padecer una que otra crueldad: no se parecían a la de Lilibeth y –por tanto- a la vieja no se le habían transformado en odiados retratos de carne y hueso.
El caso fue que tanto sufrimiento soportaron los tres hermanos por culpa de la abuela que –no bien crecieron y pudieron trabajar- alquilaron un apartamento chiquito y allí se fueron a vivir juntos.
Pasaron algunos años más.
Luis y Leandro se casaron y así fue como Lilibeth se quedó solita en aquel once ”J”, dos ambientes, teléfono, cocina y baño completos, más balconcito enfrentado al jardín trasero del edificio.
Lili era vendedora en una tienda y –a partir del atardecer- estudiaba en una escuela nocturna.
Un viernes a la medianoche -no bien acababa de caer rendida en su cama- se despertó sobresaltada. Una pesadilla que no lograba recordar, acaso. Lo cierto fue que la muchacha empezó a sentir que algo le aspiraba las fuerzas, el aire, la vida.
Esa sensación le duró alrededor de cinco minutos inacabables.
Cuando concluyó, Lilibeth oyó –fugazmente- la voz de la abuela. Y la voz aullaba desde lejos.
-Lilibeeeeeth… Pronto nos veremos… Liiiiilibeeeth… Liliii… Liiiiii… Ag.
La jovencita encendió el velador, la radio y abandonó el lecho. Indudablemente, una ducha tibia y un tazón de leche iban a hacerle muy bien, después de esos momentos de angustia.
Y así fue.
Pero –a la mañana siguiente- lo que ella había supuesto una pesadilla más comenzó a prolongarse, aunque ni la misma Lili pudiera sospecharlo todavía. Las voces de Luis y Leandro –a través del teléfono- le anunciaron:
-Esta madrugada falleció la abuela… Nos avisó el encargado del edificio… sí… te entendemos… Nosotros tampoco, Lili…pero…claro… alguien tiene que hacerse cargo de… Quédate tranquila, nena… Después te vamos a ver… Sí…Bien…Besos, querida.
Luis y Leandro visitaron el once “J” la noche del domingo. Lilibeth los aguardaba ansiosa.
Si bien ninguno de los tres podía sentir dolor por la muerte de la malvada abuela, una emoción rara –mezcla de pena e inquietud a la par- unía a los hermanos con la misma potencia del amor que se profesaban.
-Si estás de acuerdo, nena, Leandro y yo nos vamos a ocupar de vender los muebles y las demás cosas, ¿eh? Ah, pensamos que no te vendrían mal algunos artefactos. Esta semana te los vamos a traer. La abuela se había comprado televisión en color, licuadora, nevera, aspiradora y lavadora ultra modernos, ¿qué te parece? Lilibeth los escuchaba como atontada. Y como atontada recibió –el sábado siguiente- los cinco aparatos domésticos que habían pertenecido a la viuda de R., que en paz descanse. Su herencia visible y tangible. (La otra Lili acababa de recibirla también, aunque… ¿cómo podía darse cuenta?… ¿Quién hubiera sido capaz de darse cuenta?)
Más de dos meses transcurrieron en los almanaques hasta que la jovencita se decidió a usar esos artefactos que promocionaban en múltiples propagandas, tan novedosos y sofisticados eran. Un día superó la desagradable impresión que le causaban al recordarle a la desalmada abuela y –finalmente- empezó con la licuadora. Aquella mañana de domingo, tanto Lilibeth como su gato se hartaron de bananas con leche.
A partir de entonces comenzó a usar –también- la aspiradora…enchufó la lujosa nevera con congelador…hizo instalar el televisor con control remoto y puso en marcha la enorme lavadora. Este aparato era verdaderamente enorme: la chica tuvo que acumular varios quilos de ropa sucia para poder utilizarlo. ¿Para qué habría comprado la abuela semejante armatoste, solitaria como habitaba en su casa?
A lo largo de algunos días, Llibeth se fue acostumbrando a manejar todos los electrodomésticos heredados, tal como si hubieran sido suyos desde siempre. El que más le atraía era el televisor en color, claro. Apenas regresaba al apartamento –después de su jornada de trabajo y estudio- lo encendía y miraba programas nocturnos. Habitualmente, se quedaba dormida sin ver los finales. Era entonces el molesto zumbido de las horas sin transmisión el que hacía las veces de despertador a destiempo. En más de una ocasión, Lili se despertaba antes del amanecer a causa del “schschsch” que emitía el televisor, encendido inútilmente.
Una de esas veces –cerca de la madrugada de un sábado como otros- la jovencita tanteó el cubrecama, medio dormida, tratando de ubicar la cajita del mando a distancia que le permitía apagar la televisión sin tener que levantarse.
Al no encontrarlo se despabiló a medias. La luz platinosa que proyectaba el aparato más su chirriante sonido terminaron por despertarla totalmente. Entonces la vio y un estremecimiento le recorrió el cuerpo: la imagen del rostro de la abuela le sonreía –sin sus dientes- desde la pantalla. Aparecía y desaparecía en una serie de flashes que se apagaron –de pronto- tal como el televisor, sin que Lilibeth hubiera –siquiera- rozado el control remoto. A partir de aquel sábado, el espanto se instaló en el once “J” como un huésped favorito.
La pobre chica no se atrevía a contarle a nadie lo que estaba ocurriendo.
-¿Me estaré volviendo loca? –se preguntaba, aterrorizada. Le costaba convencerse de que todos y cada uno de los sucesos que le tocaba padecer estaban formando parte de su realidad cotidiana.
Para aliviar un poquito su callado pánico, Lilibeth decidió anotar en un cuaderno esos hechos que solamente ella conocía, tal como se habían desarrollado desde un principio.
Y anotó, entonces, entre otras muchas cosas que…
“La aspiradora no me obedece; es inútil que intente guiarla sobre los pisos en la dirección que deseo… (…) El aparato pone en acción ‘sus propios planes’, moviéndose donde se le antoja… (…) Antes de ayer, la licuadora se puso en marcha ‘por su cuenta’, mientras que yo colocaba en el vaso unos trozos de zanahoria. Resultado: dos dedos heridos. (…) La nevera me depara horrendas sorpresas. (…) Encuentro largos pelos canosos enrollados en los alimentos, aunque lo peor fue abrir la congeladora y hallar una dentadura postiza. La arrojé a la basura…(…) La desdentada imagen de la abuela continúa apareciendo y desapareciendo –de pronto- en la pantalla del televisor durante los programas nocturnos…(…) Mi gato Zambri parece percibir todo (…) se desplaza por el apartamento casi siempre erizado(…) Fija su mirada redondita aquí y allá, como si logara ver algo que yo no. (…) El único artefacto que funciona normalmente es la lavadora… (…) Voy a deshacerme de todos los demás malditos aparatos, a venderlos, a regalarlos mañana mismo… (…) Durante esta siesta dominguera, mientras me dispongo a lavar una montaña de ropa…”
(AQUÍ CONCLUYEN LAS ANOTACIONES DE LILIBETH. ABRUPTAMENTE, Y UN TRAZO DE BOLÍGRAFO AZUL SALE COMO UNA SERPENTINA DESDE EL FINAL DE ESA “A” HASTA LLEGAR AL EXTREMO INFERIOR DE LA HOJA.)
Tras un día y medio sin noticias de Lili, los hermanos se preocuparon mucho y se dirigieron a su apartamento.
Era el mediodía del martes siguiente a esa “siesta dominguera”.
Apenas arribados, Luis y Leandro se sobresaltaron: algunas vecinas cuchicheaban en el descansillo de la escalera, otra golpeaba la puerta del once “J”, mientras que el portero pasaba la mopa una y otra vez.
-No sabemos qué está pasando adentro. La señorita no atiende al teléfono, no responde al timbre ni a los gritos de llamada… Desde ayer que…
Agua jabonosa seguía fluyendo por debajo de la puerta hacia el corredor general, como un río casero.
Dieron parte a la policía. Forzaron la puerta, que estaba bien cerrada desde adentro. Luis y Leandro llamaron a Lili con desesperación. La buscaron con desesperación. Y –con desesperación- comprobaron que la muchacha no estaba allí.
El televisor en funcionamiento –pero extrañamente sin transmisión a pesar de la hora- enervaba con su zumbido.
En la cocina, “la montaña” de ropa sucia junto a la lavadora, en marcha y con la tapa levantada.
Medio enroscado a la paleta del tambor giratorio y medio colgando hacia afuera, un camisón de Lilibeth; única prenda que encontraron allí, además de una pantufla casi deshecha en el fondo del tambor.
El agua jabonosa seguía derramándose y empapando los pisos.
Más tarde, Luis ubicó a Zambri, detrás de un cajón de soda y semi-oculto por una pila de diarios viejos. El animal estaba como petrificado y con la mirada fija en un invisible punto de horror del que nadie logró despegarlo todavía. (Se lo llevó Leandro.)
El gato, único testigo.
Pero los gatos no hablan. Y la policía, las anotaciones del cuaderno de Lilibeth la parecieron las memorias de una loca que “vaya a saberse cómo se las ingenió para desaparecer sin dejar rastro”… “una loca suelta más”… “La loca del once J”… como la apodaron sus vecinos, cuando la revista para la que yo trabajo me envió a hacer esta nota.

Elsa Bonermann. ¡Socorro! (12 cuentos para caerse de miedo).  Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Vamos a imitar, ahora, el trabajo que hizo Lilibeth en un cuaderno. Allí había algunas de las sensaciones que se vivieron en el once “J”. Tenía que ordenar lo que había pasado y eso es lo que hoy puedes hacer tú. Vas a leer momentos, situaciones, personajes que estaban allí, como el gato Zambri, extraños acontecimientos… Y un largo etcétera. Lilibeth se decidió a anotarlo en un cuaderno. Ahora te toca a ti. Puedes utilizar un cuaderno, como ella, unos folios, un archivo o lo que uses habitualmente. Numera los acontecimientos, según van sucediendo en la lectura. Escribe luego Verdadero (V) o Falso (F), como corresponda.

a)   Luis y Leandro se casaron y la hermana Lilibeth se quedó sola    V / F
b)   La más pequeña de los hermanos fue la que más sufrió        V / F
c)   Ninguno de los tres hermanos sintió la muerte de la abuela    V / F
d)   Una noche, Lilibeth vio la imagen de la abuela muerta. Una imagen sin dientes de su cara apareció en el televisor    V / F
e)   Lilibeth encuentra una dentadura postiza en la congeladora   V / F
f)   La historia la escribe alguien que trabaja en una revista           V / F
g)   El único testigo de las cosas que pasaron fue el gato       V / F

 Palabra magica
Hoy la palabra mágica es pesadilla.

Puedes ver, en internet, este video que nos transmite imágenes de lo que suponen las pesadillas, en los seres humanos que las padecen. También te diremos que hay profesionales que interpretan las pesadillas, si se las contamos. Es decir, que se pueden interpretar los sueños. En la siguiente página, encontrarás varias explicaciones que dan los profesionales a los sueños o a las pesadillas que tenemos. Porque todas y todos tenemos, alguna vez, ese tipo de sueños. A ver si encuentras lo que buscas y, sobre todo, que esta noche, cuando te acuestes, tengas ¡felices sueños!

Cuentame
Creemos que ha llegado el momento (para ti y para nosotros). Como lo que te hemos deseado es que, esta noche, pases felices sueños, una de las mejores maneras es recordar. A lo mejor, si recuerdas antiguas noches en que has tenido pesadillas, podrás escribirlo. Es una cuestión de memoria y, diciéndolo, puede que te liberes de esa horrible pesadilla que se te ha repetido. Así pues, haz ese ejercicio del recuerdo y cuéntanos aquella o aquellas terribles noches.

De todas las maneras, también es bueno contar los malos momentos a las personas que te quieren: familia, amigas o amigos, médicos que conozcas y gente que te puede ayudar. No te olvides de ellos o de ellas y todo en tus días y en tus noches ira por muy buen camino. ¡Mucha suerte!

 vNq6

Elsa Bonermann
Nació el 20 de febrero de 1952, en el barrio de Parque de los Patricios, en Buenos Aires (Argentina) y murió el 24 de mayo de 2013 en la misma ciudad.
Escritora vocacional pues ya desde pequeña tenía claro que quería serlo. Licenciada en Letras. Su literatura aunó inteligencia y audacia, aportando una fantasía sin límites, en historias de amor, de miedo o de terror. Escribió cuentos irreverentes, políticamente incorrectos para la época.
Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación  de libros tomada también de la página web de Imaginaria.

 

Mil grullas (Segunda parte). Elsa Bornemann. Editorial Anaya (Recomendado: 11-14 años)

23 Abr

nosomosirrompanaya

Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima. Naomi se ajusta el obi (4) de su kimono (5) y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.
En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: Donguri-Koro Koro-Donguri Ko…(6) por última vez.
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos recados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos, desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.
Ya, ninguno de los supervivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
En diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera instalado dentro de ellos, en su misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno se insinuaba ya, en el aire y el muchacho no sabía si era el frío exterior o su pensamiento lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Con los ojos abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesilla, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro… -susurró, cuando su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…
Mil grullas o Semba-Tsuru (7), como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesilla. Sólo veinte. Después las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi –le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.
El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporalmente) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de periódico, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían guardar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.
La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó, primero, novecientos ochenta cuadraditos y, luego, los pegó, uno por uno, hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía. El muchacho se encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las colocó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos heridos y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su furoshiki (8) y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por primera vez, tomó, sin pedir permiso, la bicicleta de sus primos.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
Prohibidas las visitas a esta hora –le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su pecho. Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió entrar: -Pero cinco minutos ¿eh?
Naomi dormía. Tratando de no hacer ruido, Toshiro puso una silla sobre la mesita y luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el techo. Pero lo alcanzó. Y en un momento estaban las mil grullas pendiendo (9) del mismo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.
Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Toshi-chan …(10) Gracias…
-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas –y el muchacho abandonó la sala sin volverse.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera dejó entrar, al entreabrir, por unos instantes, la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer al horror instalado en su sangre?

FEBRERO de 1976
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Como es serio y poco comunicativo, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se juntan algunas grullas de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
rullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa.
-Algún día completará las mil… -cuchichean entre risas-. ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?
Ninguno sospecha la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.

(4) Obi: faja que acompaña al kimono.
(5) Kimono: vestimenta tradicional japonesa, de amplias mangas, larga hasta los pies y que se cruza por delante, sujetándose con una especie de faja llamada obi.
(6) Donguri-Koro: verso de una popular canción infantil japonesa.
(7) Semba-Tsuru: mil grullas. Una creencia popular japonesa asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)- se logra alcanzar larga vida y felicidad.
(8)Furoshiki: tela rectangular que se usa para formar una bolsa, atándola por sus cuatro puntas después de colocar el contenido.
(9) Pendiendo: colgando.
(10) Toshi-chan: diminutivo de Toshiro.

Elsa Bonermann. No somos irrompibles. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

El texto de hoy, Mil grullas, que has leído en dos partes, es tan triste como lo que siempre es una guerra. Se trata del lanzamiento de la primera bomba atómica. El arma más destructora que ha creado el ser humano.

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques ordenados por Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio de Japón. Se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. El arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man, el jueves 9 de agosto, sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

Nuestra autora no renuncia a contar, en ese escenario terrible de las bombas, una maravillosa historia de amor. Naomi y Toshiro vieron rota esa historia por la espantosa bomba. Estaban muy enamorados. Empezaban una vida en un mundo, donde eran nuevos. Ese mundo no había existido antes para ellos. ¿Qué podían esperar de la vida que empezaban ahora? Lo que pensábamos todos cuando éramos pequeños. ¡Qué bien que ya conozco todo lo que me rodea! Juegos, palabras, paisajes, personas… Y una, sobre todo, con quien era feliz. No se podía pedir más. Era fantástico. Pero pasó lo peor que podía haber pasado. Su vida acabó no en un final feliz, que es lo que a todas y a todos nos habría gustado. No fue así. La verdad es la que cuenta Elsa Bornemann. Toda la vida de tantos cientos, miles de personas acabó aquel fatídico día. Ese que no dependía de unos militares que iban en los aviones. Porque sólo cumplían las órdenes de quienes mandaban. Aquellos tripulantes de los aviones, desde donde se lanzaron las bombas, quizá tampoco pudieron dormir ni si quiera vivir, pensando en lo que habían hecho. Habían acabado con tantos miles de seres humanos.

Elsa Bornemann, con este libro, quiere decirnos a qué conduce la guerra. Pensemos en todo aquello que podamos hacer, para que siempre exista la paz. Trabajemos por ella. Viajemos con las mil grullas.
En la última, cómo hacer una grulla de papel.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es ojos. Sí, después del espanto, del horror y la infinita tristeza, en aquel hospital donde estaba Naomi, que sabía que iba a morir (murió al día siguiente), algo sonreía en la niña: sus ojos. “Los ojos de Naomi seguían sonriendo”.

Quizá fueran aquellos ojos los que conservó, en su mente y en su corazón, Toshiro Ueda, durante toda su vida. Estaba lejos de Japón. Siguió haciendo grullas y más grullas. Siempre hacia esas mil, que colocará en su despacho, mientras su amor sigue vivo, recordando el primero. El de su amada Naomi.

Cuentame
Hemos tenido la inmensa fortuna de no vivir una guerra. ¿Conoces a alguien que haya tenido que sufrir esa experiencia? Por desgracia, en el mundo en que vivimos siguen existiendo las luchas entre seres humanos. En la siguiente página, verás cómo los humanos seguimos luchando. Sin parar. Sin tregua.

Podría ser útil e interesante que, de los periódicos que lees, de los que compramos en papel, en el quiosco o de los que leemos en internet, te hagas un archivo, con las guerras, conflictos bélicos que hay en el momento en que escribes. Si preguntas a alguien mayor que viva en tu casa o que conozcas (por amistades, de las vacaciones, familias de compañeras y compañeros, etc.) podrás saber lo que significa vivir en paz o en una guerra. Hagamos todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades, para asegurar la paz, para siempre. Cuéntanos tus acciones.
vNq6
Elsa Bonermann
Nació el 20 de febrero de 1952, en el barrio de Parque de los Patricios, en Buenos Aires (Argentina) y murió el 24 de mayo de 2013 en la misma ciudad.
Escritora vocacional pues ya desde pequeña tenía claro que quería serlo. Licenciada en Letras. Su literatura aunó inteligencia y audacia, aportando una fantasía sin límites, en historias de amor, de miedo o de terror. Escribió cuentos irreverentes, políticamente incorrectos para la época.  Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada también de la página web de Imaginaria.
Otro texto de la autora en Los Fundamentales de Canal Lector, La del once “jota”

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 11-14 años (Época 2)

29 Ene

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 textos publicados de la época segunda, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

1 El cuarto planetaAntoine de Saint Exupéry
El libro del que hemos tomado este texto es El principito, editado por Alianza. Aprovechamos el título de este libro y echamos una ojeada a los diminutivos, como principito. Sabes que indican tamaño pequeño, cariño, juventud, etc. Si ves la página siguiente, la de esas figuras que nos van indicando de forma muy gráfica y ordenada lo que sabemos, verás lo que dice de los diminutivos y, también, de los aumentativos. Algunas palabras, que a lo mejor no conoces, pertenecen al español que se habla en América. Pero verás que lo entiendes inmediatamente.

Ahora te toca a ti conseguir un buen número de puntos, si haces algo muy fácil. Escribe los diminutivos y los aumentativos de las siguientes palabras. Si tienes alguna duda de su escritura, ya sabes que un gran diccionario es el de la Real Academia Española

Te diremos, como truco de la lengua española, que algunas palabras que tienen sólo una sílaba (monosílabas) hacen el diminutivo con la terminación –ecito / –ecita; –ecico / -ecica; -ecillo /-ecilla. Y ahora, tu turno:

Palabra                     Diminutivo

Pueblo                       ————

Pan                            ————

Pie                             ————

Flor                           ————

Mes                           ————

Si consigues los diminutivos de las cinco palabras, ¡enhorabuena! Sumas 10 puntos. Cada palabra tiene un valor de 2 puntos.

2  CincoErik Orsenna.
El libro del que hemos tomado este texto es La isla de las palabras, editado por Salamandra. ¿Vas alguna vez al mercado? ¿Te gusta ver cosas ricas para comer? Pues hoy no te hace falta ir al mercado, porque lo tienes aquí, en el ordenador. Ya imaginamos que te gusta más ir allí, al mercado, porque así sales, caminas, charlas, te encuentras con gente conocida y, a lo mejor, hasta consigues que esté barato lo que te apetece muchísimo. En las siguientes páginas, encontrarás lugares y mercados de España. Si echas un vistazo, a lo mejor ni te hace falta ir al señor Enrique, ni a Diosdado, ni a María Luisa, porque lo resuelves tú.

La cuestión es que tienes que montar varios puestos en el mercado. Sí. Los llevarás tú, con la ayuda de compañeras o compañeros, para que te echen una mano. Alguien que se entienda muy bien contigo y así logréis todo lo necesario para poner los puestos. Pon los alimentos, los nombres de cada uno, el precio por un kilo y lo que consideréis importante. El mercado se puede llamar Mercado de los colores. Tenéis que nombrar una serie de alimentos y sacarlos a exponer. ¡Atención!, porque esta fase es la más importante de la prueba. Los colores son: amarillo, azul, plata, verde, rosado, anaranjado, morado, tierra.

Escribe ocho alimentos de distintos colores. Si lo consigues, obtendrás una buena puntuación. Nada menos que ¡15 puntos!

Mischa. Per Olov Enquist.
El libro del que hemos tomado este texto es La montaña de las tres cuevas, editado por Siruela. Empezaremos, haciéndote unas primeras preguntas, para poder situarnos: ¿has ido, alguna vez, a un lugar parecido al que encontramos en el texto? ¿Y a algún lugar, como una cueva, un sitio que te pareció mágico y que casi nadie conoce? ¿Con quién podrías ir a algún lugar desconocido en tu localidad, en tu Comunidad, en tu lugar de vacaciones? Y ahora: ¿tienes algún animal de compañía: un perro, un gato, un lagarto, un hámster o algún otro? Te proponemos una visita a algún lugar de España, como los que puedes ver en estas páginas. Imagina que llevas, para protegerte, sobre todo, a un animal contigo. Dinos cuál elegirías y cómo lo llamarías. Antes de tomar una decisión, analiza esta página.

Y ahora, la emoción. Vamos a ver adónde podemos ir. No olvides el título del libro donde está este texto que has leído: La montaña de las tres cuevas. Así que tenemos tres lugares donde podemos ir, con la imaginación, en esta página que vas a ver.

Mucha suerte. Hay un premio de 9 puntos. ¡9 fantásticos puntos!

La del once “jota . Elsa Bornemann
Pertenece al libro ¡Socorro! y está editado por Alfaguara.
Hoy vamos a realizar un proyecto de investigación. A ver qué tal estás de detective. Es un entrenamiento para conseguir, luego, asuntos más complicados, como el que vas a ver, si dispones de un utensilio muy importante: las gafas especiales. Para conseguir un buen resultado, empieza ahora por algo fácil. Has visto que aparecen guiones en –la más pequeña de los hermanos-. ¿Para qué crees que sirven? Elige la respuesta correcta:

  • Para llenar la línea con más palabras.
  • Para explicar a la lectora o al lector quién era Lilibeth.
  • Para saber qué era el once J.

Y también sabes que hay un signo más grande que el guión. Es el que llamamos raya (). Se usa en los diálogos de los personajes que intervienen en una narración. Cada vez que habla un personaje, se coloca la raya.

Y ahora, lo prometido. Si sabes de alguien que te preste unas Gafas en 3D (o a lo mejor las tienes tú), conseguirás ver lo inimaginable. ¡Suerte y disfruta!

¿Sabes el nombre de dos animales prehistóricos? En la red puedes encontrarlos, seguro.

Hay en juego 5 puntos  que pueden ser para ti.

5 TistúMaurice Druon.
El libro del que hemos tomado este texto es Tistú el de los pulgares verdes, publicado por la editorial Juventud.
En todo este texto, aparecen, en distintos lugares, unas letras que tienen un mayor tamaño que las demás. Son las letras que denominamos Mayúsculas. Vamos a dar, contigo, un repaso al uso de las letras mayúsculas. El trabajo de hoy es bastante fácil, porque sólo tienes que contestar verdadero o falso. Si consigues más de siete aciertos, ¡enhorabuena! Ganarás 8 puntos, que subirán a tu marcador.

1 Se escribe mayúscula la primera letra de los nombres propios de persona.  V  F
2 Se escriben con mayúscula la primera letra de los apellidos de las personas. V  F
3 Se escriben con mayúscula la primera letra de los nombres de los cuatro puntos cardinales. V  F
4 Se escriben con mayúscula los nombres de cosas muy pequeñas. V  F
5 Se escriben con mayúsculas todas las letras de los carteles de aviso: PROHIBIDO FUMAR. V  F
6 Se escribe con mayúscula la primera letra después de un signo de admiración (¡!) o de interrogación (¿?) V F
7 Se escribe con mayúscula la primera letra de los signos del Zodiaco. V  F
8 Todas las mayúsculas llevan tilde (acento gráfico), cuando se usan obligatoriamente: África, Álvaro, Úrsula, Ángel, etc. V  F

6 Era un niño que soñaba. Antonio Machado.
El poema está tomado de las Obras completas, publicado por la editorial Aguilar. Puedes oírlo cantado por Paco Ibañez en la siguiente página.
El gran poeta, que nos cuenta aquel sueño que tuvo, lo hace en una poesía. Cada uno de los versos de la poesía tiene ocho sílabas. Cuéntalas, para comprobarlo. A lo mejor, en algunos te salen más. Te damos un truco para contarlas: cuando una palabra termina en vocal y la siguiente también empieza por vocal, se cuenta una sola sílaba. Ponemos el ejemplo del primer verso:

Era un niño que soñaba.
Si las contamos, sin saber que es un verso, nos salen 9 sílabas. Pero como es un verso, contamos así:
E-raun-ni-ño-que-so-ña-ba  (1     2   3   4   5   6   7   8)
Ves que la sílaba 2 resulta de unir la sílaba ra con la sílaba un. Y entonces es raun. Prueba a decirlo en alto.

Vamos a probar con otro verso, a ver si nos salen también 8 sílabas:
¡Ahora no te escaparás!
Así son 9 sílabas. Pero si hacemos el truco de antes, uniendo dos vocales en una sílaba, nos salen:
A-ho-ra-no-tes-ca-pa-rás (1   2   3   4   5   6   7   8)
Hemos unido la sílaba te con la siguiente, es, porque acaban y empiezan por la misma vocal. Y por eso suena una sola sílaba: tes. Como has visto, el verso también tiene 8 sílabas.

Y ahora, el más difícil todavía. Pero está en juego, eso sí, el mayor premio que se puede obtener en los fundamentales: 25 puntos. Sí, 25. Podemos contar con que el maravilloso profesor que fue Don Antonio Machado nos permitiría, si queremos usarlos, algún verso de su poesía. Hay veintiocho versos. Elegimos estos dos:

Con un caballito blanco el niño volvió a soñar

Y los transformamos en estos dos versos:
Con una nieve muy fría
la niña salió a jugar.

O en estos otros dos:

Con unas olas muy grandes
el niño se puso a nadar.

(Lógicamente, no entraremos en la explicación de que los versos con palabra aguda, métricamente hacen una sílaba más. Al igual que conceptos como sinalefa u otros de la métrica española. Es sólo un juego de vocabulario y acercamiento a los versos de un poema. Creemos que esta preciosa poesía puede dar mucho de sí, comentando lo que interese más (por la clase, por acontecimientos cercanos a la sociedad, por ilusiones comentadas, por tantas cosas).

Escribe ahora dos versos creados por ti. ¡Mucha suerte!

7 Tor-4. José Antonio del Cañizo.
Pertenece este texto al libro Las cosas del abuelo publicado en la editorial Noguer.
¿Estás preparada o preparado para hacer un viaje? Espera. No tomes todavía la decisión. Vamos a ir a un lugar extraño, para nosotros. Es un lugar donde viven unas máquinas. Que provocan algo terrible, a quien vive con ellos: Aburrimiento. Todo era uniforme, invariable, igual. No se podía contar con algo que les distrajera, que les divirtiera. ¿Crees que te encontrarías bien, a gusto con todos esos vecinos tan perfectos? ¿O estás más de acuerdo con la postura de Torcuato y de su hijo Pepe?

Hoy tienes tres posibilidades. Las vemos ahora, en tu ordenador. Con las opciones primera y segunda, lo único que tienes que hacer es escoger los nombres de las plantas que más te han gustado o que has elegido porque quieres, porque las conoces o porque te recuerdan algo.

La tercera posibilidad la dejamos para amantes de la robótica, que es según el diccionario de la RAE: “Técnica que aplica la informática al diseño y empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, por lo general en instalaciones industriales”.

Pues bien. Tuya es la palabra.

Ya te garantizamos que la prueba vale la fabulosa cantidad de 20 puntos. Hasta pronto.

8 El sol y el viento. León Tolstoi
El texto está publicado en Fábulas de la editorial Gadir.
Viento y sol, son dos fuerzas de la naturaleza que, cuando alcanzan todo su poder, difícilmente pueden los seres humanos controlarlas. Por eso, en la fábula del escritor ruso Tolstoi, los dos protagonistas que aparecen en el título comienzan una durísima batalla.

Aquí tenemos el sol abrasador del desierto.
En la siguiente página, el otro protagonista que discutía: el viento terrible con su fuerza:

Para llegar al final de esta fábula vamos a ver una página que nos presenta una historia con moraleja. Ya sabes: la enseñanza que encontramos al final de las fábulas.

Y ahora te toca a ti, después de todas estas informaciones, decir cuál de estas tres definiciones es la de fábula.

1 Una fábula es un libro que no tiene nunca final. Es el que queramos las lectoras y los lectores.
2 Fábula es un relato ficticio, en prosa o en verso, que tiene una intención de enseñar. Esa enseñanza es lo que leemos en la moraleja final.
3 Fábula es una poesía que tiene unos versos larguísimos, de más de cincuenta sílabas cada uno.

Como es casi seguro que aciertes, vas a conseguir 11 puntos. Suerte con el 11. ¡Hasta pronto!

9 Por qué las caracolas se parecen a los sueños.Victoria Pérez Escrivá
Es una lectura que pertenece al libro ¿Por qué nos preguntamos cosas?, editado por Thule.
Vamos a seguir preguntando cosas. Esta vez no es una pregunta a nosotros mismos o a nosotras mismas. Son preguntas que hacemos otros, para que tú las respondas.
Vas a leer ahora una serie de frases que tienen, al final, dos letras. Una V y una F. Significan verdadero (V) y falso (F). Si consigues tres respuestas correctas, obtendrás la estupenda cantidad de 12 puntos. Podrás agregarlos a tu cuenta personal, que ya contiene, casi seguro, los puntos necesarios para que logres un premio.

1 Los signos de interrogación son dos: al principio de la frase (¿) y al final de la frase (?). Por ejemplo: ¿vas a venir con nosotras? La colocación es correcta: V  F
2 Detrás de los signos de interrogación ? y de admiración !, nunca se coloca un punto. V  F
3 Si escribimos varias preguntas que llevan interrogación, como por ejemplo: ¿Por dónde vamos? ¿Estáis seguros? ¿No os parece que es muy difícil? Cada interrogación se iniciará con mayúscula. V F
4 Cuando se escriben sólo dos líneas, no se hacen preguntas ni exclamaciones. V F

Que tengas mucha suerte y ¡hasta pronto!

10 ¿Lo conseguirás? Carlos Borrego Iglesias
El texto pertenece al libro 114 Enigmas para el 2014 y está editado por Montena.
Has conseguido, seguro, encontrar la palabra escondida, saber la cantidad de loros que hay y las jaulas que se necesitan. Y descubrir, también, cómo es posible que al conductor de un camión se le ocurra circular por dirección prohibida. Correcto. Todo eso ya lo has logrado. Una gran interrogante que puedes llegar a descubrir. Mucha gente se ha formulado una pregunta muy fácil de responder, si se tienen los datos oportunos. Grandes estudiosas y estudiosos del tema han llegado a una conclusión: el español es, con el japonés, el idioma más rápido del mundo. Aquí puedes ver los resultados de un estudio que se ha elaborado en Francia. Esta es la presentación.

Y ahora, para conseguir ¡14 puntos!, sí 14, solo tienes que señalar cuál es la definición correcta de la palabra enigma.

  1. Persona que está en un lugar llamado igma.
  2. Dicho o cosa que no se alcanza a comprender, o que difícilmente puede entenderse o interpretarse.
  3. Palabra que se dice temblando, con mucho miedo.

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 11-14 años
1 Las respuestas correctas son: Pueblito/Panecillo/Piececito/Florecita/Mesecito
5 Las respuestas correctas son: 1-V/2-V/3-V/4-F/5V/6-V/7-V/8-V
8 La respuesta correcta es la número 2
9 Las respuestas correctas son: 1-V/2-V/3-V/4-F
10 La respuesta correcta es la número 2