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Fin de invierno. Juan Ramón Jiménez. Ediciones de la Torre

22 May

 Juan ramon

Cantan, cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?

Llueve y llueve. Aún las casas
están sin ramas verdes. Cantan, cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?

No tengo pájaros en jaula.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada…

Nada. Yo no sé dónde cantan
los pájaros (y cantan, cantan)
los pájaros que cantan.

Juan Ramón Jiménez.   Juan Ramón Jiménez para niños y niñas… y otros seres curiosos   . Ediciones de la Torre
VV.AA. Antología poética del paisaje. Ediciones de la Torre.

1 simétrico: dos partes iguales.  2 esquelética: muy delgada, sin hojas. 3 verdinosa: de color verde.

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

La poesía y la vida. Los poetas saben ver, mirar, oír, escuchar y luego, decir, escribir. Ese es el secreto de los grandes poetas. Al fin y al cabo, y a pesar de cómo la vida y su ritmo avanzan vertiginosamente, la naturaleza, los seres humanos seguimos transitando, pasando por ella. Pero el poeta observa cuidadosamente y, papel u ordenador cerca, lo va transformando todo. Mira, piensa y escribe.

¿Los escuchas? ¿Los oyes cantar? ¿De dónde viene ese canto? ¿Te gusta? ¿Te ha recordado esta poesía a algunos pájaros? ¿Cuándo los oíste piar?

 (Encontramos muchas páginas con el piar de diferentes pájaros. Puede ser una buena ambientación antes de la lectura de la poesía de Juan Ramón. También se pueden buscar otras, como actividad interesante para buscar, ver, escuchar y respetar las indicaciones de propiedad intelectual).

Si la situación lo permite, podemos sugerir la grabación de algunos pájaros que escuchemos en casa, en alguna salida familiar o escolar, con algún grabador que permita el paso al ordenador, hasta llegar a confeccionar un “álbum” de grabaciones de nuestros pájaros. En las páginas de Youtube que siguen podemos enlazar dos maravillosos sonidos, que tan perfectamente se combinan, como son el piar de los pájaros y la música. Una elección de música al gusto de los oyentes puede resultar una opción interesante y multidisciplinar.

Palabra magica

La palabra mágica hoy es cantan. Jugamos con las palabras. El poeta eligió la palabra cantan. Podía haber dicho, pían, trinan, gorjean, etc. Pero elige la palabra cantan.

Nos daremos una vuelta por nuestros animales preferidos, esos que nos gusta ver en la calle, en el zoo, en las películas, en los libros que hemos leído y que nos han gustado… Y hablemos de ellos. De los animales y seguro que sabemos qué hacen. Si un pájaro canta, pía, trina… ¿Qué hace un tigre? ¿Y un elefante? ¿Y un gato? ¿Y una rana? ¿Y un toro?

Podemos elegir la palabra correspondiente al sonido de cada animal, entre estos verbos. La actividad consiste en unir el nombre al verbo correspondiente.

Rugir                  Barritar               Maullar                     Croar                 Mugir

La palabra mágica del poeta, cantan, nos ha llevado al léxico, al diccionario y, ahora, al mundo animal. Nueva oportunidad para comentar la necesidad de su protección y cuidado. Ofrecemos una página de interés, en este sentido.

Cuentame

Es el final de una estación. El título nos lo dice. La “cámara” del poeta va recorriendo los espacios. ¿Qué nos aporta la llegada de la primavera? Todavía no ha llegado. Llueve y llueve, porque aún es invierno y no se ven las ramas verdes que nos anunciarían el paso del frío. No están los símbolos del paso del tiempo. Pero Juan Ramón escucha. Y aparece el leitmotiv del poema: los pájaros que cantan. El poeta no tenía pájaros en jaula.

¿Somos partidarios de tener jaula con pájaros? ¿Qué pensamos de la libertad de los animales? ¿Sabemos que algunos sólo pueden vivir si están en jaula, porque no son capaces de vivir en libertad?

La opinión de personas cualificadas en este tipo de cría de animales puede llegar a ser sumamente interesante para un grupo de niños o jóvenes, que les permita expresar sus opiniones y gustos.

Lejos quedan, no obstante, situaciones derivadas de la edad del poeta, donde, por ejemplo, en Madrid, era frecuente ver a niños que vendían pájaros, para criarlos en jaulas. “No hay niños que los vendan”, dice un verso.

Transportarnos a situaciones de abuso de la infancia en la actualidad, laborales, familiares, sociales, en general, es algo que los medios de comunicación nos transmiten constantemente. ¿Dónde sucede? ¿Qué ocurre? ¿Cuál es nuestra actitud ante tales sucesos o acontecimientos?

Autor

Juan Ramón Jiménez

Nació el 23 de diciembre de 1881 en Moguer (Huelva, España) y murió el 29 de mayo de 1958 en (Puerto Rico.  Dice el escritor sobre su nacimiento e infancia: “Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; y mi madre, andaluza, con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo que jugaba muy poco, y que era gran amigo de la soledad…”

En sus primeros años fue a un colegio de Moguer. Después con 11 años fue internado en un colegio jesuita en El Puerto de Santa María (Cádiz, España). Marchó más tarde a Sevilla donde intentó estudiar Derecho pero no fue así aunque sí se inició en la pintura. Se dedica poco a poco a escribir. Marcha a Madrid en 1900 donde le esperan varios amigos.

Con 20 años tiene una pequeña depresión y le ingresan en un hospital en Francia, después estuvo en un sanatorio de Madrid. Su familia se arruina. Conoce a Zenobia y se casará con ella en 1916 en Nueva York. Continúa escribiendo y viajará por toda España.

Abandonan España en 1936 al ser nombrado agregado cultural de la Embajada española en Washington. Vivirán en varios países de América y Juan Ramón seguirá escribiendo y dando conferencias. En 1951 se instalan definitivamente en Puerto Rico. Le conceden el Premio Nobel de Literatura en 1956. Se muere su mujer a los pocos días. Ambos están enterrados en el cementerio de Moguer (Huelva, España).

Juan Ramón dijo sobre la poesía: “Mi vida es todo poesía. No soy un literato, soy un poeta que realizó el sueño de su vida…”

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación sobre Juan Ramón Jiménez.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Juan Ramón Jiménez en Canal Lector.

Invierno. Blas de Otero. Ediciones de la Torre (Recomendado: 16-18 años)

12 Mar

blasdeotero

Ahora desciende el sol al sótano,
con cuidado, suavemente.
Ahora van oscureciéndose las escaleras
del cielo. Encenderemos la lámpara
de la luna.
Ahora un sol amarillo resbala sobre el papel
con un cuidado infinito
de no romperlo ni mancharlo.
Ahora son las cinco y veinticinco de la tarde,
una tarde de invierno
en Madrid.

Blas de Otero. Blas de Otero para niños y niñas… y otros seres curiosos. Ediciones de la Torre

Propuesta para mediadoras y mediadores

Texto
Asistimos a un atardecer. Es el momento en que el poeta mueve la cabeza, atiende con sus ojos a lo que hay alrededor. Ese momento del día en que todo parece que se está yendo. Va descendiendo el sol. Va pasando con cuidado, de forma suave, hasta el sótano. No se percibe ningún sonido en la bajada de la escalera. Al tiempo, arriba, en el cielo, cambia el paisaje. El sol se despide, mientras alguien ocupa el lugar del astro rey. Está el poeta “dentro” de ese paso del tiempo. Dice adiós al que era “jefe” todavía, el sol, mientras se iba resbalando “sobre el papel con un cuidado infinito”.
La luz se apaga y se acaba. Hay que encender una luz. Son las cinco y veinticinco de la tarde. ¿Qué luz enciende el poeta? Elige entre estas respuestas:

  1. Es una luz que alumbra la escalera de su casa, a esa hora.
  2. Cuando se van oscureciendo las escaleras del cielo, es cuando vemos esa lámpara, que es la luna.
  3. En invierno, se produce un fenómeno natural: todo el cielo se ilumina a las cinco de la tarde.

(Solución: respuesta número 2).

Palabra magica
Si echas una ojeada, de nuevo, a la poesía de Blas de Otero, te diremos una intuición de lector. Puede que percibas, como nosotros, en los versos que él nos va diciendo, una palabra. Quizá mejor un concepto. Es la luz. Esa del sol, luego de la luna, por la hora que va llegando: las cinco y veinticinco de la tarde.
Y ahora, intenta conectarte a esta página, pero lee lo que en ella pone, con un aviso anterior. Vamos a comprobar que esa intuición inicial no es un absoluto error. Y serás tú quien nos lo diga.  Podrás decirnos si estás o no de acuerdo en que la luz es, en las palabras de Blas de Otero, algo sobre lo que giran sus líneas. Tanto en el poema que hemos leído, como en las páginas de Fidelidad.

Así pues, consideramos hoy luz, como palabra mágica en lo que hemos leído y visto de lo que escribió el poeta.
Cuentame

Hemos dicho que nuestra palabra mágica de hoy es luz. Pero fíjate también en la importancia de algunas palabras. Por ejemplo, los adverbios. Dice la RAE que son palabras invariables, cuya función consiste en complementar la significación del verbo, de un adjetivo, de otro adverbio y de ciertas secuencias. Hay adverbios de lugar, como aquí, delante, lejos; de tiempo, como hoy, mientras, nunca; de modo, etc. Pero vamos a fijarnos en uno concreto, que el poeta usa para que la lectora o el lector se sitúen perfectamente en el pensamiento del poeta. Es un adverbio de tiempo. ¿Sabrías decirnos cuál utiliza Blas de Otero para situarnos correctamente, en el momento que él recuerda cuando escribe? Como pista, te diremos que te fijes en los versos 1, 3, 6 y 9. Y este último, el noveno verso, hay, además del adverbio de tiempo ahora, una mayor precisión del poeta. Ahora son las cinco y veinticinco de la tarde. ¿Te das cuenta de la importancia que el poeta concede al momento presente, el que está viviendo en ese preciso momento? Por eso emplea el adverbio de tiempo: ahora.

Podías, ayudándote de la poesía del maestro Blas de Otero, decirnos algo tan “simple”, tan “sencillo”, como lo que él nos cuenta, poéticamente. Inténtalo. A lo mejor descubres que te encanta escribir. Y más, poesía. Si no lo intentamos alguna vez, nunca lo sabremos. Aquí tienes algunas ideas.

Empezamos. ¿Que está sucediendo a tu lado? ¿Qué hora es? ¿Qué estás viendo? Miras al cielo y descubres cómo está. ¿Está nublado? ¿Tiene pinta de ir a llover? ¿Hay todavía un poquito de sol? ¿Cuánto crees que te queda, antes de que caiga la noche? La hora exacta, como hace el poeta, nos dará una pista definitiva.
Autor
Blas de Otero

Nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao (España) y murió el 30 de junio de 1979 en Majadahonda, Madrid (España).
Sus primeros estudios fueron en su ciudad natal,  los acaba en Madrid pues la familia tuvo que trasladarse por problemas económicos. Comenzó a estudiar Derecho aunque le costó acabar la carrera porque tenía que trabajar para mantener a su familia, al morir el padre. Siente la vocación de escritor desde muy joven. Colaboró con varios medios. Un viaje a París provoca su transformación, y se convierte en un paladín de la libertad. Viajará por toda España para conocer sus gentes y posteriormente también al extranjero, principalmente a los países de la órbita socialista. Fue uno de los representantes de la poesía social de los años 50.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos sobre el autor en la página web de su Fundación.

Bibliografía
Libros y otras publicaciones sobre  Blas de Otero recogidos en la página web de la Fundación que lleva su nombre.

El invierno. Luis García Montero. Ed. Comares

17 Oct

 lecciones

Sábado por la tarde.
Son las cuatro.
En la mesa dos tazas de café
y en la televisión un videojuego.
Mientras los padres hablan y recuerdan
historias del pasado,
un luchador derrota a su enemigo
y  pasa la pantalla.
La mano inteligente de la calefacción
acaricia los libros de la casa,
las cortinas de paño,
el equipo de música,
los almohadones rojos del sofá
donde se duerme el gato de la tarde.
Las cinco campanadas del reloj
guardan ecos de lana
y pasos muy tranquilos
de perro San Bernardo.
En la calle hace frío,
mucho frío.
Detrás de la ventana pasa el viento.

Luis García Montero, Lecciones de poesía para niños inquietos. Ed. Comares

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Has leído una poesía muy íntima. Sí, el poeta nos presenta su casa, nos invita a ver qué hace, quiénes están con él, qué hora es. Lo que sí aparece, en esa mesa es la charla, la conversación, el valor de las palabras. Hay, como si fuera una película, varias imágenes por las que la cámara va pasando, gracias a la poesía. Vemos el reloj: las cuatro. Es una tarde, donde unos hablan y otros juegan a un videojuego. Una imagen totalmente real, cotidiana, que podría ser incluso de cualquiera de nuestras familias. Pero ¿cómo es esa tarde en familia? Nos vamos a trasladar con nuestra cámara por los distintos versos. Incluso podemos hacer el recorrido completo, la lectura de principio a fin, los veintiún versos y, luego ir de adelante hacia atrás; podemos también ir dando saltos en el poema y colocarnos perfectamente en la situación del poeta.

Nos asomamos a una ventana por la que vemos el viento que pasa. Se nota frío en la calle. Es posible que se vean abrigos, gabardinas, bufandas… Sabemos que hay un perro, un perro grande, un San Bernardo.      

En la casa hay libros y un equipo para escuchar música. Y aunque no suelen llevarse bien los perros y los gatos, en casa del poeta hay un gato. Hace calorcito por la calefacción, que parece que se pasea por los libros. Hay, en la televisión un videojuego, que podría ser cualquiera de estos o también otros, que seguro que tú conoces.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es campanadas. En el poema ha pasado una tarde de invierno en casa. Con el café, la charla, el perro, el gato, los libros que rodean… Un rato de la tarde agradable, que dura una hora. Empieza la poesía a las cuatro. Sucede lo que hemos leído. Nada raro ni extraño. Pero el poeta oye las campanadas. Son las cinco de la tarde. Es una hora que está muy por encima de algo tan sencillo y tan simple como esa agradable tarde de invierno. Las cinco de la tarde es, para el poeta, una hora mágica. Donde tantos acontecimientos recuerda que se han producido en la literatura, en la poesía y en la historia de España. Esa hora quizá le recuerde a Luis García Montero, el autor de esta poesía, su memoria por otro de sus poetas preferidos, que murió, ejecutado, en una espantosa guerra civil española, Federico García Lorca.

Si quieres saber más de la vida y obra de Federico García Lorca, te sugerimos esta página, realizada por la Fundación Federico García Lorca

Cuentame

Gracias a nuestro autor de hoy, vamos a dar un pequeño paseo por la poesía. Le hemos leído a él. Hemos leído y visto cosas de otro gran poeta, Federico García Lorca. Y ahora, por seguir con Luis García Montero, te presentamos un libro que puede que coincida contigo, aunque sólo sea por el título: Lecciones de poesía para niños inquietos, de la editorial Comares.

¿Has leído algún libro o visto alguna página de internet donde haya poesía? ¿Te gusta la poesía? ¿Prefieres otros tipos de textos? Cuéntanos qué es lo último que has leído. ¿De qué trataba? Por si acaso te apetece leer algo de poesía, te recomendamos estos libros. Seguro que encuentras alguno que te hará disfrutar.

          Ciudad laberinto, de Pedro Mañas Romero, en la editorial Faktoría K de libros.

          Vivir es fácil. Antología, de Gabriel Celaya, en la editorial Edelvives

          Carmen Conde para niños y jóvenes, de la editorial Ediciones de la Torre.

 

Autor

Luis García Montero

Nació el 4 de diciembre de 1958 en Granada (España).

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada donde se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti. Es catedrático de dicha Universidad aunque ahora en excedencia.
La característica más destacable de Luis García Montero es la narración en sus poemas, de una estructura casi teatral o novelística con un personaje o protagonista que cuenta o vive su historia a través de la memoria, del recuerdo o del deseo.  Su poesía se caracteriza por un lenguaje coloquial y por la reflexión a partir de acontecimientos o situaciones cotidianas.
Es columnista de opinión y crítico literario. Ha cultivado el ensayo además de la poesía. Es un viajero curioso. Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar su biografía y consultar otra documentación sobre  Luis García Montero.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor en Canal Lector.

Sol de invierno. Antonio Machado. Ed. Aguilar

29 Abr

paisaje en españa canal

 

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos (1) montículos
y ramas esqueléticas (2).

Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.

Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
“¡El sol, esta hermosura
de sol!…” Los niños juegan.

El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa (3) piedra.

Antonio Machado, Obras completas. Ed. Aguilar.
VV.AA. Antología poética del paisaje. Ediciones de la Torre.

1 simétrico: dos partes iguales.  2 esquelética: muy delgada, sin hojas. 3 verdinosa: de color verde.

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Hoy nos vamos a pasear. Sí. Las palabras nos permiten ver el paisaje, sentirlo, notar el calorcito del sol cuando hace frío. A través de los ojos del poeta, de Antonio Machado, conocemos el parque, los caminos que lo recorren y lo que vamos viendo, según pasamos y paseamos.

¿Has hecho esto alguna vez? ¿Recuerdas lo que has visto la última vez que estuviste en el parque? ¿Quién estaba allí también? ¿Qué hacía? ¿Con quién estaba?

No estamos diciendo que hay que hacer una poesía. Son sólo palabras, frases, que puedes guardar, para cuando pase algo de tiempo. ¿Qué te parece si abres un cuaderno o un archivo que se llame, por ejemplo, Los recuerdos de mi parque?, o El parque fantástico o Mi parque y yo o…

Tu nombre (o el de quien tú quieras: amiga, amigo, familiar…)

In the park podía ser un buen título para tu reportaje de fotos del parque que recorres. Elige tus sitios preferidos y apúntalos, cuando hagas la foto, para ponerla luego en el álbum del parque.

El aprovechamiento del álbum puede dar lugar incluso a una exposición de los parques de la ciudad, en colaboración con los ayuntamientos, que suelen facilitar lugares, charlas de personajes famosos, etc., donde cabrían las lecturas que han realizado de Machado. ¿Cuándo fueron? ¿Dónde? ¿Qué supuso la lectura de Don Antonio y qué supone hoy?

Se podría hablar de la vigencia hoy del poeta, recurriendo más a lo íntimo, lo “honesto”, lo esencial que él propone. Una comparación de épocas podría llevarnos a las ediciones antiguas, los periódicos de la época, los problemas de la guerra y la muerte de Machado, lo que él pasó y lo que ahora está pasando. ¿Dónde estaba la poesía? ¿Dónde está ahora? ¿Sigue siendo un valor en la Cultura de un pueblo?, y muchas más cuestiones que nos permitirían centrar el asunto en La poesía y los poetas: Ayer, hoy y mañana de la poesía.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es juegan.

Nos permite el verbo jugar, en ese presente, además de hablar de los tiempos verbales, observar lo que pasa en la vida que mira el poeta. Es el momento (Es mediodía) en ese presente donde Machado nos relata el instante. Esa pintura que transita por la realidad del paisaje, pero que se adentra en la psicología, observando al viejecillo que habla para sí mismo. Se juntan las dos etapas vitales en esa estrofa: el viejecillo y los niños.

Y la importancia del juego, del mecanismo repetitivo de los niños, continúa al final. En esa úiltima estrofa, en que la fusión naturaleza-persona, aparece en el centro de la vida: el agua. Esa que en la fuente

resbala, corre y sueña

lamiendo, casi muda,

la verdinosa piedra.

El tránsito por el verbo jugar nos posibilita acercarnos a los tiempos y a las personas verbales. Y, de ellos, a una actividad participativa, donde lo real y lo digital se unen en el objetivo. Esperamos a ver qué nos cuentan.

Cuentame

Pasamos del juegan ellos al jugamos nosotros. Pero ¿a qué jugamos? ¿Con quién jugamos? ¿Dónde jugamos? ¿Qué juegos nos gustan más?

Autor

Antonio Machado

Nació el 26 de julio de 1875,  en Sevilla (España).  Murió en Collioure (Francia) en 1939.

Su familia se trasladó a Madrid (España) cuando Antonio tenía 8 años. Decía en uno de sus versos que su infancia la recordaba en un patio de Sevilla y en un huerto donde había un limonero…

Cuando comienza el bachillerato va descubriendo que tiene afición por la literatura, sobre todo por el teatro. Acude a ver representaciones, incluso actuaría en alguna ocasión. Fue traductor de francés para una editorial en Francia.

Obtuvo una cátedra de francés y eligió dar clases en Soria (España). Allí conocerá a su mujer, Leonor Izquierdo, con quien se casa en 1909.  El escritor dijo que los años que vivió en Soria fueron muy felices. Viajó varias veces a París. Consiguió en 1911 una pensión para estudiar filología francesa. Se marcha a vivir  a Francia con su mujer, Leonor.  Esta, enferma de tuberculosis y por ese motivo deben regresar a Soria, donde moriría el 1 de agosto de 1912. Antonio Machado abandona Soria y se instala en Madrid hasta que le nombran catedrático de instituto en Baeza (Jaén, España).  En 1919 obtiene el traslado a un Instituto de Segovia. Fue elegido miembro de  la Real Academia de la Lengua española.

Escribió mucha poesía. Con su hermano,  Manuel,  publica y adapta varias obras para teatro.

Le gustaba asistir a tertulias. Tuvo muchos amigos, que como él,  eran también escritores: Unamuno, Rubén Darío, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, entre otros.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía y consultar diferente material de documentación sobre Antonio Machado.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Antonio Machado en Canal Lector.

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 9-11 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 9-11 años

1.- Los michelines. René Goscinny

Este texto tiene como protagonista a alguien que, a lo mejor, conoces. Se llama Nicolás. Te recomendamos, porque te va a encantar y te vas a reír mucho, el libro al que pertenece este texto. Ya sabes que los autores son Sempé y Goscinny. El capítulo se llama Los michelines y el libro está editado por Alfaguara. Pero ¿cómo se llama el libro?

1) El libro se llama: Ya sé quién es el pequeño Nicolás.
2) El libro se llama: ¡Ojo con el pequeño Nicolás!
3) El libro se llama: Nicolás, su padre y los Bledur.

2.-  Los sueños del sapo.  Javier Villafañe

Hoy vamos a jugar al ¿Qué será? Como pista diremos que el sapo, en la noche, lo soñará. El sapo soñaba y soñaba. Unas veces iba hacia arriba. Otras veces, soñaba que se quedaba al nivel del suelo. Otras, que iba hacia abajo. Otras, que volaba. Otras, que daba luz, como una luciérnaga. Otras, que iba por arriba, como una nube… Pero una vez, soñó algo que no se le había ocurrido y resultó que era lo más fácil. ¿Qué soñó el sapo, cuando estaba tan feliz, después de su sueño?

1) Soñó que era un animal raro, como uno de estos. Sabía que así daría miedo a todos los demás animales y podría ser lo que quisiera.
2) Tuvo el sueño maravilloso de que realmente era sapo.
3) Estaba feliz, porque aquella noche no soñó nada.

3.- Canción del viejo canguro Rudyard Kipling

El canguro tuvo siempre la intención de ser diferente a todos y a todo. Fue a ver al pequeño dios Nga, a Nquing, a Nqong y nada. Hasta tuvo que correr delante del perro amarillo Dingo. Y bien. Es verdad que un poco raro sí que es. Pero quizá no tanto como él creía. Vamos a ver sus letras. Sí, es cierto que su nombre tiene tres vocales distintas: can-gu-ro. Pero los humanos, pensándolo un poco, también tenemos nombres con tres vocales distintas. Vamos a poner uno, como ejemplo: Ra-mi-ro.

Pues bien. Ahora te toca a ti. Escribe el mayor número de nombres que recuerdes, con tres vocales distintas.
Como ejemplo, citamos: Ramiro, Victoria, Paulino, Elisa, Violeta, Julián, Romina, Julia, Florencia…

Pueden ser amigos del colegio, de casa, de la familia, etc. Es un buen momento para charlar sobre las amistades: qué nos dan, qué les damos, cómo son las relaciones y tantas otras cosas para la expresión oral y el comentario.

4.-  Janosch cuenta los cuentos de Grimm.  Janosch

El protagonista de este cuento que acabas de leer es un joven muchacho. No necesitaba ganar dinero, porque todo el mundo le ofrecía lo que quisiera. El dinero y la riqueza le daban exactamente igual a nuestro personaje. Pero sí tenía una afición que estaba por encima de todo. ¿Cuál era esa afición?

1) Como era muy mañoso, con unos troncos se hizo la carrocería de un coche, que era su auténtica afición, de madera. Encontró unas gomas y se hizo cuatro ruedas y ató, delante a un caballo. Ya no tendría que caminar, para poder tocar música.
2) Para él, dice el texto, sólo existía la música y sabía tocarla de maravilla.
3) Su afición era ir por la arena de la playa, para encontrar muchas monedas de oro, de hace cientos de años.

5.- La llegada del cometa. Tove Jansson

Probablemente, has visto o conoces la llegada de un autobús, de un tren, de un coche, incluso de un avión, de un barco o de otros medios de transporte. Pero ¿la llegada de un cometa? Casi seguro que no. Es una pena que no conocieras a los Mumin. Allí, en su valle, sucedió todo. Fue algo terrible, pero la vida siguió. Se oyeron ruidos tremendos. Broummm, crasssh, plaaas, y muchos otros. ¿Sabes cómo se llaman esas palabras, que imitan ruidos o cosas de la realidad? Seguro que las conoces por los comics, tebeos, historietas, etc.

1) Se llaman palabras ruidosas, porque hacen ruido al escribirlas.
2) Se llaman palabras extrañas, porque no las conocemos.
3) Se llaman onomatopeyas. Son las que imitan los sonidos de la realidad.

6.- El secuestro de la bibliotecaria. Margaret Mahy

Vamos con preguntas que te van a resultar muy fáciles de responder. Diríamos que casi todas. O mejor todas. ¿Hay alguna biblioteca cerca de tu casa? ¿Cómo se llama esa biblioteca? Y ahora, a ver si te sabes esta: ¿quién está a cargo de la biblioteca? ¿Es un bibliotecario o una bibliotecaria? ¿Cómo se llama? Ahora, más fácil todavía. Sólo tienes que mirar los datos que hay al principio del texto:

1) ¿Cómo se llama el libro al que pertenece el texto que has leído?
a) La bibliotecaria secuestra a unos bandidos
b) La bibliotecaria tiene sarampión
c) El secuestro de la bibliotecaria

2) ¿Cómo se llama la autora de este libro?
a) La autora de este libro se llama Ernestina Laburnum
b) La autora de este libro se llama Margaret Mahy
c) El autor de este libro es el bandido jefe.

3) ¿Qué enfermedad sufrían los bandidos que secuestraron a Ernestina Laburnum, la bibliotecaria?
a) Los bandidos sufrían tosferina
b) Los bandidos sufrían sarampión
c) Los bandidos sufrían gripe asiática

7.- El lagarto está llorando. Federico García Lorca

Hemos leído unos versos de Federico García Lorca, tristes. Los dos últimos versos de esta poesía dicen:
¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ay!, cómo están llorando!

Es la palabra, el verbo llorar el que nos da la tristeza. Pero ahora no vamos a llorar, como los lagartos. La pregunta es muy fácil. Tienes que escribir la letra ll ó y que falta en las siguientes palabras. No olvides que las dos suenan igual. Comprueba tu diccionario para saber cómo se escribe y su significado. Ánimo y suerte.

-amar         co-ado          a-er               ta-er              ma-o            -ano          ca-ada          -over              -ema               -eso

8.-  Sol de invierno. Antonio Machado

¿Qué tiempo hace hoy? ¿Estuviste, por fin, en el parque? ¿Notaste el sol en tu paseo o, sin embargo, llovía? Es probable que puedas hacer una foto del lugar que más te gusta del parque que recorres muchos días. ¿Se parece a alguno que hayas visto en las imágenes que te ofrecíamos? Por si acaso no te dio tiempo a verlas todas, esta es la dirección que puedes consultar.

¿Entre qué dos fotografías situarías la tuya? ¿A cuál se parece más?

Te ofrecemos ahora, un cuadro que deberás rellenar tú, para comprobar qué tal está el parque por el que tú caminas, juegas, charlas, lees, usas tu ordenador o tu teléfono y muchas otras cosas. Sólo tienes que poner la nota que le concederías a cada una de las siguientes cosas de tu parque. La nota va del 1 al 10. Puntuación más baja (el 1) y más alta (el 10).

Cómo está mi parque
Nombre del parque y dirección
Lugares de juego
Limpieza
¿Está bien cuidado?
Tiene ruido
Distancia del tráfico rodado
Lugares para personas de diferentes edades

A ver si puedes leer esta poesía de Don Antonio Machado, en tu maravilloso parque. A él le encantaría. Cuida lo que te rodea y lo tendrás, para disfrutarlo, más tiempo.

¡Ah! Y si tu parque está limpio, nuestros saludos a la iguana, que a lo mejor la ves. Es que también puedes escuchar música. A ver si te gusta.

9.- Fin de invierno.  Juan Ramón Jiménez

Seguimos jugando con las palabras. Nuestra palabra mágica ha sido cantan. Vamos a jugar con el verbo cantar y los diferentes tiempos verbales. Juan Ramón elige el presente. El momento actual, el hoy y ahora. Pero ¿qué hubiera dicho si la poesía nos hablara de lo que ayer sucedió? Sabemos que habría utilizado el pretérito de indicativo: Cantaron, cantaron
¿Y si pensamos en lo que diría que harán los pájaros mañana? Utilizaría el futuro de indicativo: Cantarán, cantarán

Podemos trabajar todos los tiempos verbales en español, en los verbos regulares, como el que hemos utilizado: el verbo cantar.

10.- Las tres plumasJoan Manuel Gisbert

Entramos en la magia, lo fantástico, lo misterioso, lo secreto… Si lees sus libros, entrarás en todos esos mundos que seguro te apasionarán. Aquí tienes unos cuantos de Joan Manuel, en Canal Lector. Esos que no fallan nunca.

Y para estar juntos, leyendo, nos agarramos a la palabra mágica de hoy: seguir. Como hizo Clara. No tengas miedo, lectora o lector. Es una aventura apasionante la que hoy te proponemos.

Este es el principio del libro Magos del atardecer, editado por Edelvives:

“Un coche azul llegó hacia las tres de la tarde a Medina del Alba. Iba despacio, casi sin hacer ningún ruido, como si ocultara algo. El hombre que lo conducía era su único ocupante. Cuando estuvo cerca de las primeras casas del pueblo, apagó todas las luces del coche y se llevó el vehículo hasta una arboleda que estaba a poca distancia de la carretera. Lo dejó allí, disimulado en la oscuridad, y él continuó a pie hasta el pueblo. Caminaba de manera cautelosa”.

Quienes leemos un principio así, queremos saber más. Nos ha picado la curiosidad. ¿Quién era el hombre que conducía? ¿Por qué deja el coche disimulado, en la oscuridad? ¿Por qué caminaba de manera cautelosa? … Son muchas las preguntas que nos conducen a una necesidad: leer este fantástico libro de un mago de la palabra: Joan Manuel Gisbert. Pero a él no le importaría saber cómo crees tú que puede acabar esta historia. ¿Te atreves? Escríbela en dos o tres páginas .

11.-  Won-a-Nee Scott O’ Dell

Además de ser un precioso texto, éste que has leído, no queremos perder la oportunidad de aconsejaros que leáis el libro a que pertenece: La isla de los delfines azules, de Scott O’Dell, en editorial Noguer. Vamos a fijarnos ahora en las palabras que dice nuestra protagonista: “Los animales terrestres, los pájaros, son como la gente para mí ahora, aunque no hablen ni hagan otras cosas que nosotros podemos realizar. Sin ellos este mundo sería un lugar muy triste”.

Sí. Seguro que sus palabras y sus pensamientos en lo que se refiere al cuidado y conservación de todos y cada uno de los animales de este Planeta, que llamamos Tierra, las compartes totalmente.

Es muy difícil que pudiéramos ir a aquel arrecife, que nos cuenta la protagonista. Para hacernos una idea, aquí puedes ver diferentes arrecifes. Pero lo que es importantísimo es conocer muchos animales, para poder cuidarlos y protegerlos.
Comprueba ahora, en tu enciclopedia o en tu ordenador, cómo son estos. Para ello, escribe la letra que les falta.

Animales que empiezan por v y animales que empiezan por b

-acalao     -allena       -enado      -íbora       -esugo     -isonte

12.- El inviernoLuis García Montero

Has leído el texto y hemos hablado de sus versos. Hemos dicho que es una poesía íntima. Muy personal.

Y ahora, queremos leer el tuyo. Haz un poema parecido.

Estación del año en que estés. El día en que escribes y la hora. Dónde estás y con quién. ¿Qué hacéis? ¿Qué tal se está en casa? ¿Tienes frío, calor, llueve…? Si tuvieras un animal como mascota, la cosa sería fácil. Lee lo que dice el autor de su gato y el San Bernardo ¡Vaya perrazo! ¿Verdad? Pero debe de ser buenísimo. Si no, fíjate lo que hemos encontrado en esta página

13.- Noticias para Pablo Topo. Grègoire Solotareff

La verdad es que no apetece mucho contar a alguien las noticias de la prensa, de la manera que lo hicieron Sofía y Josefina. Ni a Pablo Topo ni a nadie.  Vamos a ver que dice la prensa de hoy, en estos cinco periódicos: El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia

¿Cuál crees que es la noticia más importante? ¿Aparece en todos los diarios? ¿En cuál aparece con letras más grandes? ¿En cuál ocupa más espacio en la primera página del diario?

Busca algún periódico ya usado. Elige el que dé las noticias que tengan el mayor interés para ti. En un folio (si es en papel) o en el ordenador (si sabes hacerlo) a ver si logras confeccionar la primera página de tu periódico. Ponle un nombre que te guste, a ese periódico que hoy, gracias a ti, va a nacer. Coloca tus noticias y coméntalas después con tus compañeros.

14.- El hombrecito vestido de gris.  Fernando Alonso

Fíjate bien en la última palabra que escribió Fernando Alonso, en este texto de su libro El hombrecito vestido de gris: ¿FIN? Pues tenía razón Fernando. ¿FIN? Eres tú quien lo decide. Imagínate que, por ejemplo, puedes hacer un dibujo del hombrecito: antes y después de mandar a la porra todo lo que era gris, y dar preciosos colores a su vida. Te ofrecemos, para ello, esta página, con la que puedes convertirte en ilustradora o ilustrador de Fernando Alonso. Prueba suerte. A lo mejor, lo que pensaba Fernando. Que eres tú quien pone fin o no a esta fantástica historia. ¿Conseguirás hacerlo con esta página ? Inténtalo.  A ver qué te sale. ¡No te olvides de los colores!

15.- Potilla y el ladrón de gorros. Cornelia Funke

Potilla, la reina de las hadas, vivía con su pueblo en un bosque. Un bosque grande, oscuro y antiquísimo.
Así empieza el libro de Potilla y el ladrón de gorros, que está editado por Siruela. Pero ¡ay del pobre Arthur!, que se encuentra con ella y no volverá a tener un segundo de tranquilidad. Un libro que nada tiene que ver con esas hadas que en la literatura y el cine hemos leído y visto. Esas que el diccionario de la RAE define como: “Ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro”.

Parece que ese diminutivo en su nombre, la acerca a un ser frágil, delicado, amigable, simpático, cariñoso. Y no. Potilla es todo lo contrario.
Juguemos ahora con los sufijos, tan utilizados en nuestra lengua. Coloca los sufijos diminutivos, aumentativos y despectivos a las siguientes palabras: papel, barca, perro.

Los sufijos diminutivos son: -ito, -ita, -ico, -ica, -illo, -illa, -ete, -eta, -in, ina.
Los sufijos aumentativos son: -on, -ona, -ote, -ota, -azo, -aza.
Los sufijos despectivos son: -orro, -orra, -azo, -aza, -uza, -ucho, -ucha.

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 9-11 años
1: La respuesta correcta es la número 2
2: La respuesta correcta es la número 2
3: Respuesta libre
4: La respuesta correcta es la número 2
5: La respuesta correcta es la número 3
6: Las respuestas correctas son:  1-c,   2-b,   3-b
7: Las palabras completas son las siguientes:  llamar;  collado; ayer; taller; mayo; llano; cayada; yema; yeso
8: Respuesta libre
9. Respuesta libre
10. Respuesta libre
11. Las respuestas correctas son las siguientes: bacalao;  ballena;  venado;  víbora;  besugo;  bisonte
12. Respuesta libre
13. Respuesta libre
14. Respuesta libre
15. Respuesta libre

Cuatro estaciones. Leo Lionni. Editorial Kalandraka (Recomendado: 7-8 años)

8 Oct

Sin t’tulo-1

¿Quién esparce (1) la nieve?
¿Quién derrite el hielo?
¿Quién pinta de gris los días? ¿Quién los hace más bellos?
¿Quién siembra la primavera con hojas de trébol?
¿Quién apaga el día? ¿Quién enciende la luna en el firmamento?

Cuatro ratones de campo que viven junto al sol.
Cuatro ratones de campo como tú y como yo.

Uno es Ratónprimavera, que viene con aguaceros.
Otro es Ratónverano, que abraza con fuego.
Después viene otoño con nueces y trigo.
El último es invierno… con los pies fríos.

Cuatro estaciones, ¡qué suerte tenemos!
Ni una de más ni una de menos.

(1) Esparce: de esparcir. Extiende lo que está junto.

Leo Lionni. Frederick. Editorial Kalandraka

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Frederick, la “forma” del libro sugiere para primeras edades lectoras. Pero la mediadora o el mediador saben que podemos ir un poco más allá. Hay mucha hondura, mucha reflexión, mucha poesía en este libro, que nos permitirá charlar, investigar, analizar y tantas otras cosas, que nos darían incluso para una conversación entre quienes mediamos en la lectura.

Es la vida en la tierra. Y la cercanía a los lectores se consigue con el personaje. Diminuto –y a veces perseguido por los humanos- que es el ratón. Él es quien mueve el paso del tiempo, el de las estaciones, el de la vida, en suma.

Leo Lionni nos plantea primero el quién. Son las cinco primeras líneas. Y junto al quién lo hace está el qué se hace.
La respuesta, la solución a todas las preguntas es inmediata: las dos líneas siguientes, que nos dicen quiénes son los personajes que consiguen todo lo anterior. Por supuesto, con el lector o la lectora incluidos:
Cuatro ratones de campo que viven junto al sol.
Cuatro ratones de campo como tú y como yo.

El número mágico, el que tiene los secretos de la naturaleza es el cuatro. Por eso son cuatro ratones, cuatro estaciones. Podríamos, considerando protagonistas a las lectoras y a los lectores, imaginar -como charla con los oyentes-, que a los ratones los vamos a sustituir por nosotros. Alicia o Luis primavera, Carla o Juan verano, y reservamos, para el otoño y el invierno, a quienes les gusten esas dos estaciones, por los motivos personales de esos dos o tres o más protagonistas. Hagamos realidad la suerte que dice el poeta que tenemos. Juguemos con los deseos, los gustos, las ilusiones.

 Palabra magica

Hoy la palabra mágica es quién. Ya hemos visto cuál es el número mágico: el cuatro. Pero la palabra, no el número, es la palabra quién.

Nos podemos acercar al mundo de los 6-7 a 8 años. La palabra mágica (la que nos puede llevar a infinidad de campos que los lectores conocen, porque es palabra mágica), dependerá de los centros de interés que en ese momento se muevan o de los intereses de quienes median. Nos lleva, por ejemplo, a: Mundo del deporte; Páginas web y sitios de aplicaciones de matemáticas; Libros.

Cuentame

Sigamos con nuestro protagonista de hoy: con Frederick. En el texto que has leído, Frederick dice qué clase de ratón es. ¿Lo recuerdas? Elige, entre estas posibilidades la que crees que elegiría Frederick:

 

Autor
Leo Lionni

Nació el 5 de mayo de 1910 en Ámsterdam (Holanda) y murió el 11 de octubre de 1999 en Toscana (Italia).
Creció en un ambiente artístico, un tío suyo era gran aficionado a la pintura y su madre fue cantante de ópera. Se doctoró en Economía. Viajó bastante. Fue director de arte de varias publicaciones en USA. En 1945 obtuvo la nacionalidad americana. En 1962 se instala en Italia. Desde finales de los años 50 del siglo pasado comenzó a publicar libros infantiles.

Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos y otras curiosidades en la editorial Kalandraka o en la revista Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Leo Lionni tomada de Canal Lector.

Marcovaldo en el supermercado. (Segunda parte). Italo Calvino. Libros del Zorro Rojo (Recomendado: 16-18 años)

28 May

Marcovaldo

Marcovaldo se esforzaba en no dejar rastro, recorría un camino en zigzag por las secciones, siguiendo ora a atareadas criaditas, ora a damas emperifolladas. Y conforme una u otra alargaba la mano para tomar una calabaza amarilla y olorosa o una caja de queso en porciones, él las imitaba. Los altavoces difundían musiquillas alegres: los consumidores se movían o paraban siguiendo el ritmo, y en el momento preciso tendían el brazo, se hacían con un artículo y lo metían en su cesta, siempre al compás de la música.
El carrito de Marcovaldo estaba ahora repleto de mercancía; sus pasos lo llevaban a adentrarse en secciones menos frecuentadas; los productos de nombre cada vez menos descifrable venían en cajas con figuras que no aclaraban si se trataba de abono para lechuga o de semilla de lechuga o de lechuga propiamente dicha o de veneno para la oruga de la lechuga o de cebo para atraer a los pájaros que se comen esos gusanos o quizá de condimento para la ensalada o para los pajaritos fritos. Por si acaso, Marcovaldo se llevaba dos o tres cajas.
De esta suerte andaba entre dos altos setos de mostradores. De pronto, el pasillo se acababa y venía un largo espacio vacío y desierto con luces de neón que hacían brillar los azulejos.
Marcovaldo se encontraba allí, solo con su carro de productos, y al fondo de aquel espacio vacío estaba la salida, con la caja. Su primer impulso fue lanzarse de cabeza empujando el carrito como un tanque y escapar del supermercado con el botín antes de que la cajera pudiese dar la alarma. Pero en aquel momento por otro pasillo próximo asomó un carrito más cargado aún que el suyo, y quien lo empujaba era su mujer, Domitila. Y, por otra parte, asomaba un tercero y Filippetto que empujaba sacando fuerzas de flaqueza.
Era aquel un punto en que los pasillos de muchas secciones convergían, y de cada embocadura salía un hijo de Marcovaldo, todos empujando sus carricoches cargados como buques mercantes. Todos habían tenido la misma idea y ahora, al volverse a encontrar, advertían que habían reunido un completo muestrario de las existencias del supermercado.
-Papá, ¿entonces somos ricos? –preguntó Michelino-. ¿Habrá como para comer un año?
-¡Atrás! ¡Aprisa! ¡Alejaos de la caja! –exclamó Marcovaldo dando media vuelta y escondiéndose, él y su carga, detrás de los mostradores; y emprendió una carrera doblado en dos como bajo el fuego del enemigo, volviendo a perderse por las secciones. Un estruendo resonaba a sus espaldas, se dio la vuelta y vio a toda la familia que, empujando sus vagones como un tren, galopaba pisándole los talones.
-¡Nos va a costar una millonada!
El supermercado era espacioso e intrincado como un laberinto: había para dar vueltas horas y horas. Con todas esas provisiones, Marcovaldo y los suyos habrían tenido para pasar todo el invierno sin salir de allí. Pero los altavoces ya habían interrumpido su musiquilla y decían:
-¡Atención! ¡Dentro de un cuarto de hora cierra el supermercado! ¡Sírvanse pasar por caja!
Había llegado la hora de deshacerse de la carga: ahora o nunca. A la llamada del altavoz el tropel de clientes caía preso de una furia frenética, como si se tratase de los últimos minutos del último supermercado en el mundo entero, una furia no se sabe si de llevarse todo lo que había o de dejarlo todo, en fin, una de empujones en torno a los mostradores y Marcovaldo, con Domitila y sus hijos, aprovechaba para reponer la mercancía en los anaqueles o para deslizarla en los carritos de otras personas. Las restituciones se hacían un tanto al buen tuntún: el papel matamoscas en el mostrador del jamón, un repollo entre las tartas. No se dieron cuenta de que una señora en lugar del carrito empujaba un cochecito con un bebé: le endosaron una botella de vino.
Eso de privarse de las cosas sin haberla ni siquiera catado era un sufrimiento como para que se saltaran las lágrimas. No es de extrañar que, justo cuando dejaban un tarro de mayonesa, les viniera a la mano un racimo de plátanos y se lo quedaran; o un pollo asado en lugar de un escobón de nailon; con ese sistema sus carritos, al compás que se vaciaban, se volvían a llenar.
La familia con sus provisiones subía y bajaba por las escaleras mecánicas y en cada piso, en cualquier parte, desembocaba en pasillos obligatorios, donde una cajera centinela apuntaba con una máquina calculadora crepitante como una ametralladora contra los que hacían ademán de salir. El deambular de Marcovaldo y familia se parecía cada vez más al de animales enjaulados o al de reclusos en una luminosa prisión de muros con paneles de colores.
Arribaron a un lugar en el que los paneles de la pared estaban desmontados, donde había una escalera de mano apoyada, martillos, herramientas de carpintero y de albañil. Una empresa estaba construyendo una ampliación del supermercado. Cumplido su horario de trabajo, los obreros se habían marchado dejando las cosas de cualquier modo. Marcovaldo, provisiones al frente, se coló por el agujero de la pared. Al otro lado reinaba la oscuridad; él siguió adelante. Y la familia, con los carritos, detrás de él.
Las ruedas de los carritos rebotaban por un suelo como desempedrado, a trechos arenoso, luego por un piso de tablas mal ajustadas. Marcovaldo avanzaba balanceándose por una tabla, los otros seguían. De pronto vieron delante y detrás y arriba y abajo un montón de luces sembradas a lo lejos y alrededor el vacío.
Se hallaban en el armazón de tablones de un andamiaje, a la altura de una casa de siete pisos. La ciudad se extendía a sus pies con un centellear luminoso de ventanas y rótulos y chispazos eléctricos de los troles de los tranvías; más arriba aparecía el cielo tachonado de estrellas y de luces rojas de antenas de las emisoras de radio. El andamiaje temblaba bajo el peso de tamaña cantidad de mercancía en equilibrio. Michelino dijo:
-¡Tengo miedo!
De la oscuridad salió una sombra. Era una boca enorme, sin dientes, que se abría avanzando sobre un interminable cuello metálico: una grúa. Bajaba hacia ellos, se detenía a su altura, la quijada inferior sobre el borde del andamio. Marcovaldo inclinó el carrito, vació su mercancía en las fauces del hierro, y siguió adelante. Domitilla hizo lo mismo. Los chicos imitaron a sus padres. La grúa cerró sus fauces sobre todo aquel botín del supermercado y con un graznador movimiento de poleas echó la cabeza atrás, alejándose. Abajo se encendían y giraban los letreros luminosos de mil colores que invitaban a comprar los productos en venta en el gran supermercado.

Italo Calvino. Marcovaldo. Libros del Zorro Rojo

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

Vamos a hablar de una palabra. La habrás oído en muchas ocasiones. Sabes, por tanto, lo que significa. Es la palabra obsoleto. Su significado es (siempre según el diccionario de la RAE): pasado de moda, antiguo, en desuso. De esa palabra tenemos obsolescente: que está volviéndose obsoleto. Es una palabra que vas a leer ahora, en la dirección que te proponemos.

Pero hay dos palabras que sobrevuelan, sobre casi todo lo que tiene que ver con la compra y la venta de productos en los comercios. Quizá mejor diremos, como en el caso de Marcovaldo y familia, en los supermercados, también llamados “grandes superficies”. Esas dos palabras-clave son: el verbo consumir y el sustantivo moda. Te proponemos un juego del español, de nuestro idioma, con la palabra moda. Quizá sepas también usos de esa palabra en inglés, francés, alemán, chino u otros idiomas. Pero hoy el juego consiste en relacionar correctamente números y letras. Frases con la palabra moda y los significados que tiene:

1 Pasar de moda.
2 Estar de moda.
3 Entrar en la moda.
4 Ponerse de moda.
5 Ir a la moda.

A Vestirse según las tendencias que gustan a un público determinado y mayoritario.
B Considerar algo antiguo y obsoleto.
C Realizar algo que gusta, puntualmente, a un público variado y abundante.
D Observar una tendencia que gusta mayoritariamente y adoptarla.
E Fenómeno, situación, actitud, modelo que antes no era común y del gusto de la mayoría y, sin embargo, pasa a serlo, por determinadas circunstancias. “Se ha puesto de moda el chicle de sandía”.

(La solución es:  1-b;  2-d; 3-c; 4-e;  5-d)

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es venta. En un mundo como el actual, abarrotado de productos que se venden, hay una palabra fundamental, que ayuda a vender un producto. Y esa palabra es publicidad. Se habla ahora, por la importancia que tiene, del poder de la publicidad. Visita la página siguiente, donde encontrarás informaciones muy interesantes sobre el fenómeno de la publicidad

Ya has visto lo que se utiliza, frecuentemente, como técnica publicitaria: la PLV. Son las siglas de: Publicidad en el Lugar de Venta. Ahí podemos encontrar desde el stand propiamente dicho, expositores, carteles, pantallas digitales y toda clase de elementos que permitan mejorar la venta del producto, que hagan buena publicidad.

Lo más difícil, hoy en día, es superar a la competencia. Es decir: ganar en la rivalidad entre dos o más empresas que ofrecen el mismo o muy parecido producto para vender.
Cuentame

Pues hoy te toca a ti vendernos tu producto. Es una decisión enormemente personal. Tienes que pensar, primero, qué producto es el que vas a publicitar y por qué te interesa venderlo. Como pasos que puedes seguir, te recomendamos:

1º Haz primero un análisis de los métodos de publicidad que usan los productos que te interesan.
2º ¿A quién vas a dirigir tu producto? Elige, primero, la franja de edad a quien va dirigido: ¿es un producto para niños y niñas, jóvenes, adultos?
3º ¿En qué lugar crees que se podría publicitar tu producto, para obtener un importante resultado en las ventas? Numera de la a) a la g), según tu criterio, el medio que elegirías:

  1. En la televisión, en el horario estrella.
  2. En internet.
  3. En la prensa diaria.
  4. En el cine, antes de una película.
  5. En la PLV de un gran almacén.
  6. En los buzones de las casas importantes de tu ciudad.
  7. En las tiendas de las ciudades, donde se comercialice tu producto.

Bien. Ya sabemos una serie de técnicas que usan los fabricantes de distintos productos y, otras, las de los vendedores. Hemos ido también a los lugares que se consideran más idóneos, para vender los productos. Hasta hemos analizado cuándo promocionarlos y dónde hacerlo. Toda una serie de cosas que hay que hacer para vender mejor. Y ahora, nos vamos al otro lado del “río” de las ventas, a la otra orilla.

Entramos en el mundo de las compradoras y de los compradores de productos. Ese lugar al que vamos habitualmente, casi sin pensarlo. Y nos hacemos, por ello, una serie de frases, para saber si somos lo suficientemente libres en nuestras decisiones o, por el contrario, estamos presos de quienes venden y de sus fórmulas de venta. Es decir, esclavos del consumismo feroz. Son frases, las que ahora vas a ver, con las que tienes que estar de acuerdo, o no; pero tu sola o tu solo. Suma los números de las frases con las que estás de acuerdo. Es lo que tú haces. Al final, sabrás el grado de libertad que tienes o el grado de consumista que eres.

1. Cuando salgo de casa, voy a pasar un rato con alguien, porque tenemos tiempo para charlar. Y mi vicio es ir a un concierto. Si es de los Rolling Stones y tengo dinero, mejor que mejor. Son geniales.
2. Cuando salgo de casa, voy al gran almacén, a ver qué hay que me pueda comprar.
3. Suelo comprar algo que no necesito, cuando está a buen precio y me mola mucho. A mí me gusta comprar.
4. Creo que para comprar, lo que sea, siempre se puede conseguir dinero.
5. Tengo varios sitios fantásticos para comprar. Son mis preferidos y me tratan genial.
6. Me conocen ya los dependientes porque yo, en eso, no fallo nunca.

Si, por casualidad, sólo consideras que hay una frase con la que estás de acuerdo, es decir, responde a lo que piensas y dices, ¡enhorabuena! Es la número 1. O sea, tu número.
Autor
Italo Calvino

Nació el 15 de octubre de 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba) y murió el 19 de septiembre de 1985 en Siena (Italia).
Sus padres eran italianos, y se marcharon pronto a Italia donde inició su formación.
Tuvo que abandonar sus estudios por el comienzo de la segunda guerra mundial. Se afilió al Partido comunista italiano que abandonaría posteriormente. Después de la guerra estudia Literatura en la Universidad de Turín. Muy interesado por denunciar y analizar todos los temas contemporáneos, entre otros: la soledad, el miedo, la alienación urbana, utilizando un lenguaje irónico. En sus libros hay mezcla de realidad y fantasía.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos en Wikipedia

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector

 

Moni pinta una obra de arte. Michael Ende. Editorial Everest (Recomendado 9-11 años)

30 Abr

mejorescuentosdemende

Moni y yo somos los mejores amigos que uno se pueda imaginar. Aunque ella solo tiene seis años y yo soy, aproximadamente, diez veces mayor, esa diferencia no nos importa lo más mínimo.
Cuando viene a visitarme, jugamos juntos y jamás nos peleamos. O simplemente charlamos y exponemos nuestra visión del mundo y de la vida, algo sobre lo que siempre tenemos la misma opinión. O nos leemos el uno al otro nuestros libros favoritos, sin importarnos para nada que Moni aún no sepa leer, pues su libro favorito se lo sabe de memoria y yo también. Sentimos un gran respeto mutuo: yo por ella, por las ocurrencias tan extraordinarias que tiene, y ella por mí, porque sé apreciar sus ocurrencias.
A veces nos hacemos pequeños regalos sin que haya ningún motivo especial para ello, como un cumpleaños, las Navidades o algo parecido. Ya se sabe que los pequeños regalos hacen perdurar una amistad, y nosotros a eso le damos mucha importancia.
Hace poco, por ejemplo, le regalé a Moni una caja de acuarelas con muchos y muy bonitos colores, papel y un pincel.
-En agradecimiento –me dijo-, yo también te voy a regalar algo. Voy a pintarte ahora mismo un bonito cuadro.
-¡Oh! –contesté-, ¿de verdad? ¡Eso es muy amable por tu parte!
-¿Qué clase de cuadro te gustaría? –quiso saber.
Lo estuve pensando y al final le dije:
-Lo que más me gustaría sería que fuera una sorpresa, algo que a ti misma se te ocurriera.
-Vale –dijo, e inmediatamente puso manos a la obra.
De tanto empeño como estaba poniendo, la punta de la lengua le llegaba hasta los agujeros de la nariz, y yo la miraba intrigado. Sentía muchísima curiosidad por ver qué era lo que se le había ocurrido esta vez.
Al cabo de un ratito, parecía que la obra ya estaba acabada. Moni ladeó la cabeza, dio con el pincel unos pequeños retoques aquí y allá para mejorarla y, finalmente, pasó el cuadro hasta mi lado de la mesa.
-¿Qué? –preguntó expectante- (1). ¿Qué te parece?
-¡Extraordinario! –contesté-. ¡Muchas gracias!
-¿Sabes qué es, no?
-Naturalmente –me apresuré a asegurar-. ¡Es un conejo de pascua!
-¡Qué tontería! –exclamó Moni un pelín indignada-. ¿Cómo va a ser un conejo de pascua si estamos en pleno verano?
-Yo creía –murmuré tímidamente- que esas dos puntas que sobresalen a lo mejor podían ser las orejas…
Moni sacudió la cabeza.
-¡Pues no, son mis coletas! Es un autorretrato mío- ¿Es que no lo ves?
-Debe de ser por mis gafas –me disculpé limpiando los cristales con un pañuelo.
Me las volví a poner y observé la pintura con más detenimiento.
-¡Naturalmente! ¡Ahora sí que lo veo bien! –dije-. ¡Un autorretrato, por cierto, con un parecido extraordinario! Ahora sí que te reconozco inmediatamente. Perdóname, por favor.
-He pensado –opinó Moni- que quizá fuera mejor que una foto…
-Mucho mejor –corroboré.
-Al fin y al cabo, una foto la tiene cualquiera –siguió diciendo.
-En efecto, no es nada extraordinario –admití-. Sin embargo, el autorretrato de un artista no lo tiene casi nadie… Quizá solo una persona entre un millón. Es algo verdaderamente singular. Muchísimas gracias otra vez.
Estuvimos observando juntos el cuadro durante un rato.
-Si tienes algo que objetar –dijo generosamente-, no tienes más que decírmelo.
-¡En absoluto! –aseguré-. ¿Cómo iba a tenerlo? Aunque ya que tú misma lo dices…, me preocupa un poquito que en el cuadro estás como flotando en el aire. ¿No podrías pintar debajo una cama en la que acostarte para que estuvieras más cómoda? Es simplemente una idea.
Sin decir una palabra se volvió a poner delante del cuadro, cogió de nuevo el pincel y, con pintura marrón, pintó alrededor de su autorretrato una enorme cama de madera. En cada una de sus esquinas tenía una columna y encima de ellas, un baldaquino…(2) Era una cama con dosel (3) tan bonita que ni una reina hubiera podido desear otra más bonita que aquella. Y era tan grande que llenaba toda la hoja.
-¡Caramba! –dije halagador- (4). ¡A eso sí que le llamo yo un mueble noble! (5).
Pero ahora la figura que estaba acostada en la cama resultaba, sin duda, un poco pequeña, raquítica, casi mezquina (6). No lo dije, pero como Moni y yo pensamos a menudo lo mismo, también ella tuvo la misma idea.
-¿No te parece –opinó dubitativa (7)- que ahora quizá debería llevar puesto algo más elegante para que pegue con la cama?
-Para serte sincero, sí –contesté-; una cama tan regia (8) requiere también un regio camisón.
Así que Moni pintó sobre la figura un camisón muy largo y muy amplio, que si mal no interpreté, parecía estar repleto de estrellas doradas. De ella ya solamente asomaba la cabeza con las coletas.
-¿Qué te parece ahora? –preguntó.
-¡Majestuoso! (9) –tuve que admitir-. ¡Verdaderamente magnífico! Aunque sigo algo preocupado por tu salud…
-¿Por mi salud?
-Bueno…, entiéndeme bien… Ahora en verano hace calor suficiente para dormir así, pero ¿qué harás en invierno? Sin ninguna manta, me temo que acabarás cogiendo un terrible resfriado. Deberías pensar en ello ahora que estás a tiempo.
No había cosa que Moni más odiara que estar enferma y tener que tragarse medicinas. Así que cogió enseguida la pintura blanca y pintó sobre su autorretrato, y su lujoso camisón, un grueso y gigantesco edredón de plumas. Ahora ya solo asomaban las puntas de sus coletas.
-Parece suficientemente arropado –dije-. Creo que ahora ya podemos estar tranquilos.
Pero Moni aún no estaba satisfecha; se le había ocurrido otra idea. Con pintura azul oscura, pintó unas pesadas cortinas de terciopelo que colgaban del baldaquino. Tanto ella como el camisón y el edredón había desaparecido detrás.
-¡Pero bueno! –exclamé estupefacto-. ¿Qué pasa ahora?
-Solo he echado las cortinas –explicó Moni-; para eso están, ¿no?
-Es verdad –admití-, ¿de qué sirven unas cortinas si no están echadas? ¡Para eso no necesita uno una cama con dosel!
-Y ahora –prosiguió Moni entusiasmadísima- voy a apagar la luz.
Y pintó todo el cuadro de negro.
-Buenas noches –murmuré instintivamente.
lla me pasó el cuadro terminado, en el que ahora ya solo reinaba la más absoluta oscuridad.
-¿Estás satisfecho por fin? –preguntó.
Miré fijamente, y durante un buen rato, aquella negrura y asentí con la cabeza.
-Es una obra maestra –dije-, sobre todo para el que sepa todo lo que realmente contiene.

(1) Expectante: esperando, mientras observa, con mucho interés.
(2) Baldaquino: Especie de dosel o palio hecho se tela de seda.
(3) Dosel: Colgadura que cubre la cama.
(4) Halagador: muy afectuoso, agradecido.
(5) Noble: muy bello, importante.
(6) Mezquina: sin la importancia que merecía.
(7) Dubitativa: con muchas dudas.
(8) Regia: magnífica, muy importante, excepcional.
(9) Majestuoso: con mucha importancia, fantástico.

Michael Ende. Los mejores cuentos de Michael Ende. Editorial Everest.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

Este texto de Michael Ende empieza con un canto, una alabanza a la amistad, a esa verdadera relación que es independiente de las edades de los amigos. Aquí tienes unos cuantos amigos verdaderos.

(Estos son los errores que aparecen y que no podemos corregir, porque no nos pertenecen ni el programa ni la página: los que sueñan –no sueñas– nuestros sueños //álbumes y no albunes)

Pregúntate ahora lo siguiente: ¿tengo amigos o amigas de verdad? ¿Podrías escribir, a continuación, los nombres de esas amigas o de esos amigos de verdad?
De las siguientes palabras, señala cuáles tienen que ver con la amistad auténtica:
Ayudar (6 puntos)
Comprender (5 puntos)
Aprovecharse (11 puntos)
Ignorar (13 puntos)
Engañar (15 puntos)
Burlarse (20 puntos)
Compartir (4 puntos)
Participar (2 puntos)

Y ahora, cuenta los puntos que has obtenido, sumando las palabras que tienen relación con la amistad auténtica, la de verdad. Si tu suma de puntos es igual o menor a 17, ¡enhorabuena! Tienes amigas o amigos de verdad. Un consejo que te damos, porque nosotros también los tenemos: cuídalas y cuídalos mucho. No creas que es tan fácil tener esa maravilla que es la amistad de verdad.

Palabra magica
Seguro que hoy no tienes ningún problema para encontrar la palabra mágica. Esa palabra fundamental que tiene una grandísima importancia en el texto. Y es: regalo. ¿Te gusta la palabra regalo? ¿Cuándo usas más esa palabra? ¿Tienes algunas fechas donde dices mucho la palabra regalo? Te pedimos ahora, por favor, una ayuda. Tenemos que regalar algo a una amiga, que tiene once años. Somos mi hermano y yo, que la conocemos hace mucho tiempo. Pero es que ahora, como ya le hemos regalado cosas en años anteriores, no se nos ocurre qué hacer. Sólo te decimos que, cuando pienses en el regalo, no puede ser de mucho dinero, porque mi hermano y yo no tenemos casi nada. ¿Tú crees que es posible regalar algo a Marina, que es como se llama nuestra amiga? Hacemos una cosa, si te parece. Te ponemos la lista que mi hermano y yo hemos hecho y tú nos dices qué te gustaría que te regalaran a ti. Pones primero si eres chica o chico y luego, tu edad exacta. Gracias y esperamos tus sugerencias.
Cuentame
Seguro que a ti, como a Moni, de vez en cuando, te gusta pintar. ¿Qué tipo de cosas te gusta pintar? Quizá pintes la realidad de tu pueblo o de tu ciudad. Quizá esperas a llegar un día a la naturaleza y, allí, te inspires: árboles, montañas, el río que pasa cerca, o las plantas que crecen allí. ¿O tienes una cámara de fotos, con la que consigues fotografiar imágenes maravillosas? Si ves las páginas que te presentamos, encontrarás modelos para pintar, de formas diferentes. 

¡Suerte y te contaremos lo que nos parece tu trabajo! Seguro que eres gran artista.
Mostramos, ahora, una interesante página para mediadoras y para mediadores, referida a los juguetes para niñas y niños de 9 a 12 años. Muy cerca, en la edad, del texto que hemos ofrecido.
Autor
Michael Ende
Nació el 12 de noviembre de 1929, en Garmisch-Partenkirchen, Baviera (Alemania), y murió en Stuttgart (Alemania), el 28 de agosto de 1995.
Su infancia estuvo marcada por el ambiente artístico y bohemio en que se movía su padre, que fue pintor surrealista. Estudió interpretación en la escuela de Otto Falckenburg, en Múnich.
Comenzó a escribir relatos para niños y jóvenes a principios de los años 50. Trabajó en varias cosas: actor, guionista de espectáculos de cabaret y crítico de cine. Sus libros obtuvieron varios premios en Alemania y también internacionales. Algunos han sido llevados al cine: La historia interminable y Momo.  Su obra se enmarca dentro del género fantástico y creó un universo donde estaba presente su deseo de belleza, humanidad y armonía.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos de Michael Ende en su web (alemán) y en Imaginaria

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector

Mil grullas (Segunda parte). Elsa Bornemann. Editorial Anaya (Recomendado: 11-14 años)

23 Abr

nosomosirrompanaya

Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima. Naomi se ajusta el obi (4) de su kimono (5) y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.
En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: Donguri-Koro Koro-Donguri Ko…(6) por última vez.
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos recados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos, desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.
Ya, ninguno de los supervivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
En diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera instalado dentro de ellos, en su misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno se insinuaba ya, en el aire y el muchacho no sabía si era el frío exterior o su pensamiento lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Con los ojos abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesilla, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro… -susurró, cuando su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…
Mil grullas o Semba-Tsuru (7), como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesilla. Sólo veinte. Después las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi –le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.
El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporalmente) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de periódico, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían guardar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.
La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó, primero, novecientos ochenta cuadraditos y, luego, los pegó, uno por uno, hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía. El muchacho se encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las colocó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos heridos y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su furoshiki (8) y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por primera vez, tomó, sin pedir permiso, la bicicleta de sus primos.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
Prohibidas las visitas a esta hora –le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su pecho. Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió entrar: -Pero cinco minutos ¿eh?
Naomi dormía. Tratando de no hacer ruido, Toshiro puso una silla sobre la mesita y luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el techo. Pero lo alcanzó. Y en un momento estaban las mil grullas pendiendo (9) del mismo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.
Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Toshi-chan …(10) Gracias…
-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas –y el muchacho abandonó la sala sin volverse.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera dejó entrar, al entreabrir, por unos instantes, la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer al horror instalado en su sangre?

FEBRERO de 1976
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Como es serio y poco comunicativo, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se juntan algunas grullas de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
rullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa.
-Algún día completará las mil… -cuchichean entre risas-. ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?
Ninguno sospecha la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.

(4) Obi: faja que acompaña al kimono.
(5) Kimono: vestimenta tradicional japonesa, de amplias mangas, larga hasta los pies y que se cruza por delante, sujetándose con una especie de faja llamada obi.
(6) Donguri-Koro: verso de una popular canción infantil japonesa.
(7) Semba-Tsuru: mil grullas. Una creencia popular japonesa asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)- se logra alcanzar larga vida y felicidad.
(8)Furoshiki: tela rectangular que se usa para formar una bolsa, atándola por sus cuatro puntas después de colocar el contenido.
(9) Pendiendo: colgando.
(10) Toshi-chan: diminutivo de Toshiro.

Elsa Bonermann. No somos irrompibles. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

El texto de hoy, Mil grullas, que has leído en dos partes, es tan triste como lo que siempre es una guerra. Se trata del lanzamiento de la primera bomba atómica. El arma más destructora que ha creado el ser humano.

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques ordenados por Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio de Japón. Se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. El arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man, el jueves 9 de agosto, sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

Nuestra autora no renuncia a contar, en ese escenario terrible de las bombas, una maravillosa historia de amor. Naomi y Toshiro vieron rota esa historia por la espantosa bomba. Estaban muy enamorados. Empezaban una vida en un mundo, donde eran nuevos. Ese mundo no había existido antes para ellos. ¿Qué podían esperar de la vida que empezaban ahora? Lo que pensábamos todos cuando éramos pequeños. ¡Qué bien que ya conozco todo lo que me rodea! Juegos, palabras, paisajes, personas… Y una, sobre todo, con quien era feliz. No se podía pedir más. Era fantástico. Pero pasó lo peor que podía haber pasado. Su vida acabó no en un final feliz, que es lo que a todas y a todos nos habría gustado. No fue así. La verdad es la que cuenta Elsa Bornemann. Toda la vida de tantos cientos, miles de personas acabó aquel fatídico día. Ese que no dependía de unos militares que iban en los aviones. Porque sólo cumplían las órdenes de quienes mandaban. Aquellos tripulantes de los aviones, desde donde se lanzaron las bombas, quizá tampoco pudieron dormir ni si quiera vivir, pensando en lo que habían hecho. Habían acabado con tantos miles de seres humanos.

Elsa Bornemann, con este libro, quiere decirnos a qué conduce la guerra. Pensemos en todo aquello que podamos hacer, para que siempre exista la paz. Trabajemos por ella. Viajemos con las mil grullas.
En la última, cómo hacer una grulla de papel.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es ojos. Sí, después del espanto, del horror y la infinita tristeza, en aquel hospital donde estaba Naomi, que sabía que iba a morir (murió al día siguiente), algo sonreía en la niña: sus ojos. “Los ojos de Naomi seguían sonriendo”.

Quizá fueran aquellos ojos los que conservó, en su mente y en su corazón, Toshiro Ueda, durante toda su vida. Estaba lejos de Japón. Siguió haciendo grullas y más grullas. Siempre hacia esas mil, que colocará en su despacho, mientras su amor sigue vivo, recordando el primero. El de su amada Naomi.

Cuentame
Hemos tenido la inmensa fortuna de no vivir una guerra. ¿Conoces a alguien que haya tenido que sufrir esa experiencia? Por desgracia, en el mundo en que vivimos siguen existiendo las luchas entre seres humanos. En la siguiente página, verás cómo los humanos seguimos luchando. Sin parar. Sin tregua.

Podría ser útil e interesante que, de los periódicos que lees, de los que compramos en papel, en el quiosco o de los que leemos en internet, te hagas un archivo, con las guerras, conflictos bélicos que hay en el momento en que escribes. Si preguntas a alguien mayor que viva en tu casa o que conozcas (por amistades, de las vacaciones, familias de compañeras y compañeros, etc.) podrás saber lo que significa vivir en paz o en una guerra. Hagamos todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades, para asegurar la paz, para siempre. Cuéntanos tus acciones.
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Elsa Bonermann
Nació el 20 de febrero de 1952, en el barrio de Parque de los Patricios, en Buenos Aires (Argentina) y murió el 24 de mayo de 2013 en la misma ciudad.
Escritora vocacional pues ya desde pequeña tenía claro que quería serlo. Licenciada en Letras. Su literatura aunó inteligencia y audacia, aportando una fantasía sin límites, en historias de amor, de miedo o de terror. Escribió cuentos irreverentes, políticamente incorrectos para la época.  Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada también de la página web de Imaginaria.
Otro texto de la autora en Los Fundamentales de Canal Lector, La del once “jota”

Un indio ciego. Ricardo Gómez Gil. Editorial SM (Recomendado: 11-14 años)

5 Mar

ojo de nube

Un crow ciego era un obstáculo para la tribu, cuando tenía que viajar desde las montañas hacia las praderas, o al revés.                            Tampoco era útil para el poblado un ciego crow cuando la supervivencia diaria dependía de la caza, de la pesca y de la recolección. Ni cuando había que escapar de las amenazas de animales que corrían o se arrastraban por la tierra. O cuando tenían que defenderse de los ataques de otras tribus…
Por eso, entre los crow nadie censuraba al padre o al hijo que abandonaba a un ciego, si este representaba un obstáculo para la vida de la comunidad. Y la persona ciega, cuando era mayor, aceptaba con resignación volver con el Gran Espíritu, porque sabía que ya era un estorbo para la vida de los demás.
Pero la madre de Cazador Silencioso, que había vivido con su hijo durante esas dos semanas y que había sentido cómo su alma se alojaba en su pequeño cuerpo, no quería abandonar a su hijo, a pesar de las advertencias de la abuela Luz Dorada.
Al repetirle que ese niño era un problema para la familia y el resto de la tribu, Abeto Floreciente respondió con energía a su madre:
-Madre, no insistas. ¡Yo seré sus ojos!
Al regresar Arco Certero a la noche siguiente y enterarse de que su hijo era ciego y que no podría cazar con él ni en las praderas ni en las montañas, sintió una tristeza tal que no dijo una sola palabra y se encerró en su tipi.
Pero su mujer envió a sus hijas y a su hijo al cuidado de la abuela y pasó la noche con su marido, consolándole y susurrándole al oído mientras le acariciaba:
-No te preocupes, querido, porque yo seré sus ojos.
A la mañana siguiente, Abeto Floreciente comunicó a su madre, a sus hijas y al resto de las mujeres de la tribu que su hijo se quedaría con ella y que a partir de ese momento el niño se llamaría Ojo de Nube.
Pasaron las semanas y, a excepción de su ceguera, Ojo de Nube creció como un niño sano.
Cuando lloraba, lo hacía con energía. Cuando dormía, lo hacía con placidez. Y las horas en que estaba despierto, producía un ronroneo que parecía una canción: gau-gaugau-gau
Mientras Abeto Floreciente realizaba la recolección en el bosque con otras mujeres, hablaba a su hijo y le contaba cómo era el mundo que esos ojos nunca podrían contemplar:
-Hemos venido a buscar piñas maduras, de las que caen del árbol al suelo antes de que broten las nuevas. Debemos llegar antes de que lo hagan las ardillas. Las mejores son las piñas que comienzan a cuartearse y que mantienen la capa de resina. Acabarán de abrirse los próximos días al lado de nuestros fuegos y luego podremos romper la cáscara y guardar los piñones.
Por las noches, cuando su marido y sus hijas dormían, la madre se acurrucaba junto al niño y le susurraba al oído:
-Al llegar la próxima luna llena tendremos que abandonar las montañas e ir hacia las praderas porque llegará el invierno, la nieve lo cubrirá todo y los grandes animales del bosque bajarán al arroyo para buscar el alimento que les corresponde.
O le contaba alguna antigua leyenda:
-Eso que oyes es el Viento del Norte, que dentro de poco se hará más y más gordo y que vendrá cargado con sacos llenos de nieve. Hace muchos, muchos años, el Viento del Norte llevaba la nieve solo de la cima de una montaña a la cima de otra montaña, viajando con su saco cargado entre barrancos y ríos, sin dejar caer un solo copo, pero una vez se encontró con el Gran Espíritu, que le preguntó si podría darle un poco de esa nieve…
Abeto Floreciente no se separaba de su hijo en ningún momento. Lo llevaba al pecho o a la espalda, se acurrucaba en el lecho contra él para contarle los sucesos del día, o cuidaba del fuego con él en el regazo. Cierva blanca y Montaña Plateada lo comprendían, porque la madre debía ser los ojos del pequeño.
Arco Certero, cuando estaba a solas, movía la cabeza y se lamentaba pensando que su hijo sería muy infeliz. Y se entristecía pensando que nunca podría cazar con él en las montañas ni en las grandes praderas.
Ojo de Nube escuchaba a veces a su madre en silencio. También en silencio dejaba que ella posase sobre su pequeño pecho una hoja de tejo, una cinta de cuero o una pluma de pájaro, para que conociera en su piel las cosas que sus ojos no podrían ver. Pero otras veces parecía responder con maullidos que semejaban canciones: Mau-gau-maugau-gaugau
Llegó la quinta luna llena y, con ella, los primeros vientos fríos. Repletos los sacos de frutos y semillas y secadas las carnes de los animales cazados, los crow recogieron sus pieles, sus tipis y los palos que sostenían las tiendas, preparándose para el viaje.
Antes de partir, cada familia dejó en el centro de donde había plantado su tipi un puñado de frutos y semillas y una ofrenda de carne y de pescado, como agradecimiento a la Madre Tierra por haberles dejado utilizar su suelo y tomar su agua.
También agradecieron al Gran Espíritu del Bosque que les hubiera permitido recolectar frutos, recoger resinas o quemar leña.
Y dieron las gracias al Gran Espíritu porque los peces se hubieran dejado pescar y los ciervos se hubieran dejado cazar.
Por último, en una danza en la que participaron de ancianos a niños, se alegraron por haber pasado en las montañas cinco lunas más, deseando estar de regreso cuando las nieves se hubiesen retirado y los grandes animales del bosque se hubieran saciado de la comida que les correspondía.
Después de todo eso, el pequeño grupo de indios crow emprendió su viaje anual hacia las grandes praderas.

Ricardo Gómez Gil. Ojo de Nube. Editorial SM

Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto
Unos lectores nos presentan el libro del que hemos tomado el texto que acabas de leer.

Además, nos vamos a situar, de maravilla, viendo cosas de ese mundo en que vivía el protagonista de la historia: Ojo de nube. Estas son las casas de los indios crow.

Esta es una página informativa que ofrece desde el número de personas que caben en un tipi, el lugar donde se encuentran, el dinero que cuesta pasar una noche allí, los paisajes que puedes contemplar, las ciudades más próximas al asentamiento de los tipis, las actividades en la Naturaleza que recomiendan, la comida que puedes tomar y todo un completo servicio para visitar y vivir en un lugar mágico. Cuéntalo a tus mayores y a ver si se animan y hay dinero para conseguir ir allí. ¿Te imaginas? Bueno, por probar, no se pierde nada.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es tribu. Lo primero que haremos es saber qué dice el diccionario como definición de esta palabra. Así, podremos acercarnos a las diferentes tribus que vamos a conocer, gracias a internet.

Una tribu es un grupo humano, de diferente número de personas. Integran la tribu personas que tienen unas características comunes, que suelen formar pandillas, con los mismos gustos y aficiones. Vemos en la página siguiente, algunas tribus de indios norteamericanos, en el pasado siglo XX.

Y en las próximas páginas, verás que aparecen nuevas tribus. Las que ya en el siglo pasado se denominaban tribus urbanas. Son grupos de gente, casi siempre jóvenes y adolescentes, que se visten de forma parecida, viven en ciudades, normalmente muy pobladas, donde pretenden encontrar nuevas vías de expresión, porque las que ven no les parecen adecuadas.

Cuentame
Solo una pregunta antes: ¿conoces algún Ojo de nube? Es decir: ¿tienes, en tu familia, amigas o amigos, vecinos, algún niño que esté o haya estado ciego? ¿Y con alguna otra discapacidad? ¿Qué le dices a ese niño o a esa niña, a quien le falta el sentido de la vista o algún otro? ¿Sabes que en nuestro mundo actual existen organizaciones que se dedican a la ayuda de gente que tiene alguna discapacidad? Cuéntanos qué se hace en tu centro escolar, en tu barrio o pueblo, para ayudar a la gente que tiene algún problema físico o psíquico, mental. ¿Conoces estas asociaciones,  grupos de trabajo, personas, que se dedican a ayudar a la gente? Aquí tienes unas cuantas.

Si puedes y te interesa, no lo dudes. Contacta con personas que ayudan a la gente que lo necesita. Es probable que te haga falta hablar con los mayores que tienen la responsabilidad de tu vida. Habla con ellos y plantéales tus reflexiones. Hay mucha gente que nos necesita y podemos echar una mano. Mejoremos su vida, en la medida en que podamos. Que tengas y tengan suerte. Ese es nuestro deseo.
Autor
Ricardo Gómez Gil
Nace en Segovia en 1954. Estudia Matemáticas y fue profesor de esta asignatura durante más de veinte años. Su incursión en el mundo de la literatura se produce a mediados de los años noventa  del siglo pasado. Desde entonces ha cultivado distintos géneros: poesía, novela y relato corto, y ha recibido numerosos premios y menciones.
Nuestro observatorio
Se pueden consultar más datos biográficos sobre Ricardo Gómez en su página web.


Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.