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El enfado. Consuelo Armijo. Editorial Anaya

5 Dic

virivi

-Miau, miau
-Guau, guau.
No sabemos por qué nuestros dos amigos se enfadaron y se fueron cada cual por su lado.
En vista de eso, Margarita y Salustiano también se enfadaron. Margarita defendía a Natillas, y Salustiano a Mamarracho.
-Algo le habrá hecho esa gata para que Mamarracho se enfade–decía Salustiano.
-Mi gata no hace nada. Será Mamarracho el que le habrá hecho algo malo.
Los dos estaban muy enfadados.
Y resultó que ese día Celestino celebró su cumpleaños e invitó a todos los habitantes de Viriviví, incluidos Natillas y Mamarracho, y, naturalmente, Margarita y Salustiano.
Natillas acudió pero, en cuanto vio a Mamarracho, se fue para un lado, y Mamarracho, en cuanto vio a Natillas, se fue para el lado contrario.
Igual hicieron Margarita y Salustiano que, además, nada más hacían que llevarse la contraria.
-Ayer llovió –dijo Salustiano.
Ayer hizo un sol espléndido –dijo Margarita. Y los dos tenían razón, hizo sol por la mañana y llovió por la tarde. Pero ellos se miraban con mucha rabia y Natillas y Mamarracho chillaban:
-Guau.
-Miau.
En esto, apareció doña Botines con una bandeja de pasteles, y Celestino trajo sándwiches, naranjadas y limonadas. Doña Botines, después, trajo para Natillas una pescadilla, y para Mamarracho, de carne un cacho. Todo lo dejaron en una mesa en medio de la habitación.
-Guau –dijo Mamarracho. Y corrió por su cacho y se lo llevó al lado izquierdo.
-Miau –dijo Natillas, y, agarrando su pescadilla, se la llevó al lado derecho.
Salustiano y Margarita también corrían de un lado para otro. Mientras, Salustiano decía:
-¡Qué bueno está el pastel de café!
Y Margarita:
-El que verdaderamente está bueno es el de chocolate.
Por fin acabó la fiesta y cada cual se fue a su casa.
Y a la mañana siguiente, a eso de las doce, todo el mundo pudo ver a Natillas y Mamarracho paseando amigablemente por la calle Real y hablando alegremente.
-Guau, guau –decía uno.
-Miau, miau –contestaba la otra.
¡Habían hecho las paces!
Margarita y Salustiano también les vieron y se quedaron muy parados.
-¡Después que nos hemos enfadado! Y ahora, ¿qué hacemos?
Fue Salustiano el primero que tuvo una idea. Se acercó a casa de Margarita y le dijo:
-Tenías razón, anteayer hizo mucho sol.
-Tú también tenías razón –contestó Margarita- anteayer llovió.
Los dos se echaron a reír y se fueron a pasear por la calle Real, donde se encontraron a Natillas y Mamarracho. Todos se saludaron muy amigos, y así acabó  este enfado, tan tontamente como había empezado.

Consuelo Armijo. En Viriví.  Ed. Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
¿A que nos parecemos un montón a Natillas y a Mamarracho? ¿Y a Margarita y a Salustiano? Lo que parece es que los dueños de los animales, inmediatamente toman partido por ellos. Y ahí, precisamente ahí, es donde se monta el cisco. El título que le da la autora es perfecto: el enfado. Si te acuerdas de algunos enfados, apúntalos y luego, en el apartado cuéntame, nos dices los más gordos que hayas tenido últimamente.

En los “cumples” pasan casi siempre las cosas que suceden en este texto: te encuentras con alguien a quien quieres mucho y te lo pasas fantásticamente; procuras estar lo más cerca de ella o de él y charlar para reíros lo más posible; y también pasa lo contrario, como a Natillas y a Mamarracho: se van lo más lejos posible, porque estaban enfadadísimos. Igual que Margarita y Salustiano.

Y si se piensa un poco, lo normal es que te lleves las manos a la cabeza y digas: ¡pero cómo es posible que hayamos discutido, por esa tontería! Menos mal que, por lo menos, lo que llevó Doña Botines estaba riquísimo.  Para los del cumple y, ¡cómo no!, para Natillas y Mamarracho. No queremos ni pensar qué  hubiera pasado sin la pescadilla de Natillas y el trozo de carne para Mamarracho.

   Palabra magica
Hoy la palabra mágica es reír. Margarita y Salustiano llegan a la conclusión de que no merece la pena enfadarse. Los dos se echaron a reír y, naturalmente, Natillas y Mamarracho hicieron lo mismo. El paseo final fue fantástico, allí, por la Calle Real. Vamos a ver ahora unas cuantas imágenes que dan risa. Esa cosa tan maravillosa que tanto nos gusta, porque nos deja el cuerpo fantástico. Reír, reír y reír.

Y si hay algo genial es la convivencia entre humanos y también entre animales, ¡como no! Fíjate lo lejos que queda esa frase de “se llevan como el perro y el gato”, después de ver esto que viene. Disfruta y ríete.
Cuentame
¿Te acuerdas de la última discusión que has tenido? ¿Con quién fue? ¿Por qué fue? A lo mejor, con tu buena memoria, puedes recordar cómo acabó aquella discusión.

Y una pregunta, que te dirigen Natillas y Mamarracho: ¿tienes algún animal en casa? ¿Es muy comilón o comilona? ¿Se lleva bien contigo? Dinos cómo es tu mascota. Y si no la tienes, ¿te gustaría tenerla? ¿Qué animal sería tu preferido para que viviera contigo? ¿Crees que tendrías algún problema con ella o con él? ¿Qué crees que le gustaría más a tu mascota?

Pensemos que te han concedido el permiso para tener una mascota en casa. ¿Cómo se llamaría? ¿A dónde la llevarías a pasear? Natillas y Mamarracho iban a la Calle Real. ¿Cómo se llama la calle por donde pasearías? ¿Tienes algún parque cerca para ir con tu mascota?

Aquí tienes una página con un montón de mascotas. Elige la que más te gustaría y a ver si logras tener una. Prepara ya el nombre que le vas a dar. ¡Mucha suerte y que lo consigas!

 vNq6
Consuelo Armijo 

Nace en Madrid el 14 de diciembre de 1940 y fallece en esa misma ciudad el 22 de junio de 2011.
Sus primeros cuentos aparecen en unas revistas infantiles. A veces ha ilustrado alguno de sus libros.
Realizó adaptaciones de cuentos clásicos y colaboró en la creación de algunos libros de texto.
Sus libros se caracterizan por el humor, más bien cercano al absurdo y al “nonsense”.

Recibió varios Premios entre ellos el Lazarillo y CCEI

Nuestro observatorio

Más datos biográficos sobre Consuelo Armijo en Canal Lector.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora tomada de  Canal Lector.

El Cruz del Sur. Llanos Campos. Editorial SM (Recomendado: 11-14 años)

16 Jul

tesorodebarracuda

Nadie, eso lo puedo asegurar, ha asistido jamás a una clase como la nuestra. Yo no había ido al colegio ni un solo día en toda mi vida, pero estaba seguro de que ningún profesor había tenido alumnos como aquellos: piratas llenos de tatuajes y cicatrices, con las ropas raídas (1), los dientes negros y los cuchillos al cinto, todos sentados en la bodega del Cruz del Sur, haciendo más muecas que una pandilla de monos. Entre los que no veían bien, los que no hablaban bien y los que no oían bien, Dos Muelas tenía el trabajo más difícil del mundo. Era como intentar enseñar a coser a una bandada de patos.
Tampoco Dos Muelas era lo que se dice un buen profesor, aunque el pobre hacía lo que podía. Había veces en las que se sujetaba la cabeza como si temiera que se le desenroscase del cuello y saliera volando para explotar en el aire. Le preguntábamos todos al mismo tiempo, y él intentaba recordar lo poco que sabía; yo creo que a veces hasta se lo inventaba, solo para que le dejásemos en paz.
Empezó por enseñarnos las letras, y nos pareció increíble que hubiera tantas. John la Ballena insistía en que él no decía ni la mitad al hablar, y daba igual que intentásemos convencerle de lo contrario; era terco como una mula. Claro que esto no fue nada comparado como cuando empezamos a juntarlas para hacer palabras. Aquello era interminable. Porque si era difícil saber cómo sonaban de dos en dos, en cuanto hacíamos montones de tres letras, ¡aquello era la repanocha! Allí estábamos todos abriendo la boca, sacando la lengua, poniendo morritos y frotándonos los ojos. Y claro, antes o después a alguien le daba la risa y ya teníamos montado el follón. Que si “De qué te ríes tú”, que si “Yo de nada”, que si “Te vas a reír de quien yo te diga”… En fin: pelea al canto.
A esto hay que añadir que el mismo Dos Muelas, como ya os he contado, tenía los conocimientos justos del asunto, y a veces ni eso. Muchas veces confundía letras, sobre todo la U y la V, con lo que en vez de “vida” leíamos “uida” (y encima así, sin H; ahora lo sé). Por eso nadie entendió lo que decía Erik el Belga cuando después de mucho esforzarse y ponerse azul de los nervios, leyó: “El anciano pasó su “uida” tumbado en la cama”. Se enfadó un montón cuando Jack el Cojo dijo:
-¡Pero qué dices, bruto! ¿Quién huye estando en la cama?
-¡Y yo qué sé! –respondió el Belga-. ¡Yo no lo he escrito! ¡Sólo lo leo!
-¡Que lo lee, dice! ¡Te lo inventas!
-¡Oye, John, no me toques las narices o vas a tener que leer sin dientes! ¡A ver cómo dices entonces “zafarrancho” o “zarparon”!
Discusiones como esta hubo miles. Todos los días se nos planteaban más preguntas que respuestas tenía Dos Muelas, ni aunque se las inventara. En cuanto parecía que empezábamos a coger carrerilla aprendiendo, nos venía con otra cosa nueva: las mayúsculas y las minúsculas, los acentos… Y cuando esto parecía aclararse, llegaban la B y la V, la G y la J…
-¡Bueno, ya está bien! –vociferó un día Boasnovas, mandando el libro a tomar viento de un manotazo-. ¡Te ríes de nosotros! ¿Cómo diantres se van a escribir distintas la G de “general” y la de “jerez”? ¡Si se dicen igual! ¡Nos engañas, maldito corso!
-¡Quieres hacernos pasar por estúpidos! –añadió John la Ballena.
-¡Eso! ¡Eso es! –se unió a la protesta el Belga-. ¡Quieres saber leer bien solo tú para no compartir con nosotros los secretos del libro de Phineas!
-¡Sí, sí! –apoyaron las quejas todos los demás a coro.
Antón el Corso, ahora conocido en el Cruz del Sur como Dos Muelas, estaba a punto de causar un motín de estudiantes a bordo. ¡Vivir para ver! Así se levantó, cogió el libro y subió de dos zancadas las escaleras de la bodega. Antes de cerrar la trampilla de cubierta dijo:
-¡Se acabó! ¡Os dije que no sabía enseñar a leer! ¡No tengo por qué soportar esto! ¡Buscaos otro idiota que os aguante!
Y dio un portazo.
Primero todos nos enfadamos, claro… Y luego supimos qué hacer.
Al día siguiente, la tripulación entera estaba de mal humor, Dos Muelas el que más. Se pasó todo el tiempo arriba, en su puesto de vigía en lo alto del palo mayor, aunque navegábamos por mar abierto y no había nada que ver aparte del agua, agua, más agua y mucha más agua. Tenía un enfado del quince.
Pasaron dos días de pocas palabras y muchas miradas. Al profe no se le pasaba el enfado. Pero a los demás empezó a ocurrirnos algo curioso. De repente nos dimos cuenta de que, sobre la puerta del camarote de Barracuda, alguien había escrito “Capitán”; que en los barriles de ron, efectivamente, ponía “Ron”, y no solo eso, sino que ponía también “de Puerto Rico”; y, lo que era más importante, que podíamos poner los barriles juntos en la bodega que ya sabíamos distinguir los de ron de los de pólvora, ya que ¡también lo ponía! ¡Ponía “pólvora”!
Claro que no todas las noticias fueron buenas. Que se lo digan al pobre Jack el Cojo, que vivía convencido de que un chamán (2) del Amazonas se había tatuado en el brazo derecho, bajo el dibujo de un jaguar, las palabras “Valor y Fiereza”, hasta que pudo leer él mismo que, en realidad, ponía “Gatito Lindo”. No queráis saber la de bromas que le hicieron a partir de ese momento. Pensó incluso en cortarse el brazo; pero conseguimos convencerle de que ya le faltaba una pierna, y que eso sería perder muchas cosas del cuerpo para una sola vida.

  1. Raídas: Muy usadas, gastadas.
  2. Chamán: Hechicero.

Llanos Campos. El Tesoro de Barracuda. Editorial SM

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Vaya enfado! Y todo empezó por un problema con la lectura. ¿Hay alguien, en tu clase, que lleve algún tatuaje? Seguro que no, porque el tatuaje es algo muy complicado, que necesita del permiso de tus mayores y, además, hacértelo es muy doloroso. Lo que pasa es que los que llevaban tatuajes eran los piratas. Y claro, no hay más que saber lo que son los piratas. Dice el Diccionario de la Real Academia: pirata es una persona que, junto con otras de igual condición, se dedican al abordaje de barcos en el mar para robar. También ahora existen los piratas aéreos: los que obligan a la tripulación de un avión a cambiar su rumbo.

Seguro que a tu profesora o profesor no se te ocurre llamarlos con el mote que le ponían estos piratas: Dos Muelas. Y es que claro, de piratas tenemos poco o nada. Pero los piratas, en la literatura, en los comics y en muchas historietas, son personajes muy habituales. Fíjate, si no, en estos que quizá tú conoces. Son Astérix y Obélix. En el capítulo de Astérix y Cleopatra, encontramos esto. Son piratas que intentan ir ¡al abordaje!, como en nuestro texto de hoy. Lo único es que no sabían de qué son capaces esos famosos galos.

¿Verdad que después de ver lo que les pasa a los piratas con Astérix y Obélix quedan pocas ganas de ser pirata? La pena es que sean sólo un cómic. Pero de los mejores que se pueden leer.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es bodega. Nos lleva, por arte de magia, a las palabras relacionadas con un barco. En las siguientes páginas, te explican cómo se llaman y dónde están las partes de un barco.

Después de ver cualquiera de estos videos, puedes resolver, con un premio de diez puntos (10 puntos) si lo consigues, qué definición corresponde a cada palabra que presentamos. El trabajo consiste en enlazar, correctamente, los números y las letras.

a) Popa 1) Parte delantera del barco
b) Babor 2) Parte derecha del barco
c) Proa 3) Parte trasera del barco
d) Estribor 4) Parte izquierda
e) Trampilla 5) Espacio que hay dentro
f) Bodega  de los buques 6) Ventanilla hecha en el suelo

 

(Solución: a-3; b-4; c-1; d-2; e-6; f-5)

Cuentame

Hemos leído un capítulo de El Tesoro de Barracuda. Si nos pusiéramos a pensar cuál podría ser nuestro tesoro, saldrían cosas fantásticas. Podemos creer que no somos capaces de convertirnos en escritoras o escritores, porque no tenemos edad para ello. Puede que sí, que eso sea cierto. Pero también podemos tomar ejemplos como este.

Y si te apetece, podrías hasta dejar un libro propio, precioso, si consigues, según se indica en la próxima página, seguir las pautas. ¡Que tengas muchísima suerte!

vNq6
Llanos Campos Martínez

Nació el 25 de abril de 1963 en Albacete (España).
Comenzó la carrera de Psicología aunque finalmente estudió interpretación en el Teatro Escuela Municipal de Albacete.
Se ha dedicado principalmente al teatro, como actriz, productora y autora. Ha realizado todo tipo de espectáculos. Cuando fundó su propia compañía, Falsaria de las Indias, empezó a escribir textos y a realizar adaptaciones. El Tesoro de Barracuda es la primera novela que escribe y con ella recibió el Premio Barco de Vapor 2014.

Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos más sobre Llanos Campos y su Compañía.

Bibliografía
Si te gustan las historias de piratas, no te pierdas esta dirección. Hay muchas cosas en Canal Lector.

La caja de cerillas. Erich Kästner. Editorial Salvat-Alfaguara (Recomendado: 11-14 años)

2 Jul

elhombrepequenito

Me parece que ya os he contado que Mäxchen dormía por la noche en una caja de cerillas. En lugar de sesenta cerillas que normalmente contenía, dentro había un colchoncito de algodón, un pedacito de manta de pelo de camello y una almohada, que era tan pequeña como la uña de mi dedo medio. La caja se quedaba a medio cerrar, porque si no el niño se hubiera quedado sin aire.
La caja de cerillas estaba encima de la mesilla de noche que había junto a la cama del mago. Y todas las noches, cuando el profesor Jokus von Pokus se volvía hacia la pared y empezaba a roncar suavemente, Mäxchen apagaba la lamparita de la mesilla de noche y no tardaba en dormirse él también.
Aparte de ellos dos, en la habitación del hotel dormían también las dos palomas Mina y Emma, y el conejo blanco Alba, en su cesto de mimbre. Las palomas se acurrucaban arriba, encima del armario. Escondían la cabeza entre las plumas del pecho y arrullaban en sueños.
Los tres animales eran del profesor y le ayudaban cuando actuaba en el circo: las palomas salían de frente aleteando de las mangas de un frac, y al conejo lo sacaba, por arte de magia, del sombrero de copa, que estaba vacío. Minna, Emma y Alba tenían mucho cariño al mago, y estaban también encantadas con el niño. Cuando por las mañanas habían desayunado juntos los cinco, Mäxchen podía incluso algunas veces sentarse encima de Emma, y entonces ella se echaba a volar con él por la habitación.
Una caja de cerillas mide seis centímetros de largo, cuatro centímetros de ancho y dos centímetros de alto. Para Mäxchen era perfecto. Ya que medía, incluso cuando ya tenía diez o doce años, cinco centímetros escasos y cabía dentro perfectamente. Pesaba sesenta gramos en la balanza del portero del hotel, siempre tenía apetito y nunca había estado enfermo. Desde luego había tenido el sarampión. Pero el sarampión no cuenta. Casi todos los niños lo tienen.
Cuando tenía siete años quiso ir a la escuela, como es natural. Pero hubo demasiadas dificultades. En primer lugar tendría que haber tenido que cambiar de colegio cada vez que el circo se mudaba. ¡Y muchas veces incluso de idioma! Pues en Alemania se enseñaba en alemán, en Inglaterra en inglés, en Francia en francés, en Italia en italiano y en Noruega en noruego. Quizá el Hombrecillo hubiera podido arreglárselas, ya que era más listo que la mayoría de los niños de su edad. Pero para colmo todos sus compañeros eran muchísimo más grandes que él y se creían que el ser grande era algo especial. Por eso, el pobrecillo tenía que aguantar de todo.
Por ejemplo, una vez en Atenas, en el recreo, tres niñas griegas le metieron en un tintero. Y en Bruselas, cuando los zoquetes belgas le pusieron encima de la barra de la cortina. Claro, se bajó inmediatamente. Pues en aquellos tiempos trepaba mejor que nadie. Pero esas bromas no le habían gustado nada. Así que un día dijo el mago:
-¿Sabes lo que pienso? Lo mejor será que te dé clases particulares.
-¡Estupendo! –exclamó Mäxchen-. ¡Es una idea fenomenal! ¿Cuándo empezamos?
-Pasado mañana a las nueve –dijo el profesor von Pokus-. ¡Pero no te hagas ilusiones demasiado pronto!
Pasó algún tiempo hasta que descubrieron cómo podría arreglárselas mejor. Poco a poco averiguaron el secreto, y entonces la clase les gustaba cada día más. Lo más importante, a parte del libro de texto y del cuaderno, era una escalera doble con cinco escalones y una potente lupa.
Cuando Mäxchen estaba aprendiendo a leer se subía al peldaño más alto de la escalera, ya que, cuando se sentaba con la nariz delante del libro, las letras eran demasiado grandes para él. Solamente cuando se ponía en cuclillas encima de la escalera podía ver cómodamente las letras impresas.
Para escribir utilizaban otro sistema. Entonces Mäxchen se sentaba en un atril minúsculo. El minúsculo atril lo ponía arriba, encima de la mesa grande. Y el profesor se sentaba junto a la mesa y examinaba con la lupa los garabatos de Mäxchen. Aumentaba siete veces el tamaño de la escritura, y solamente así podía reconocer las letras y las palabras. Sin la lupa él, el camarero y las doncellas, hubieran confundido los garabatos con salpicones de tinta o cagaditas de mosca. Sin embargo se trataba, como se podía ver claramente con la lupa, de unos trazos bonitos y elegantes.
En clases de aritmética ocurría lo mismo. Para los números necesitaban también la escalera y la lupa. Así que Mäxchen siempre andaba de un lado para otro, lo que le iba a servir de mucho. Tan pronto estaba sentado en lo alto de la escalera, como en un atril encima de la mesa.
Una hermosa mañana dijo el camarero, que iba a llevarse la vajilla del desayuno:
-Si no supiera que el niño está aprendiendo a leer y escribir, hubiera creído con toda seguridad que tenía clase de gimnasia–todos se rieron. Incluso Minna y Emma, que estaban sentadas encima del armario, también se rieron. Pues eran palomas reidoras.
Mäxhen no tardó mucho en aprender las letras. Al cabo de poco tiempo leía con tanta facilidad, que parecía que siempre había sabido leer. Y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un apasionado lector. El primer libro que Jokus von Pokus le regaló fue los cuentos de Grimm. ¡Y seguramente no hubiera tardado ni una semana en leerlos, de no haber sido por la condenada escalera!
Cada vez que tenía que dar la vuelta a la hoja, lo único que podía hacer era bajarse de la escalera, ponerse de un salto encima de la mesa, volver la hoja y encaramarse otra vez encima de la escalera. Solamente así podía enterarse de cómo continuaba el cuento. ¡Y cuando había leído dos páginas tenía que bajar otra vez para alcanzar el libro! Y así todo el rato: dar la vuelta a la hoja, subir la escalera, leer dos páginas, bajar la escalera, saltar encima de la mesa, volver rápidamente la hoja, subir la escalera, leer las dos páginas siguientes, bajar la escalera, volver la hoja, arriba, ¡era como para volver loco a cualquiera!
Una tarde llegó el profesor justamente en el momento en que el niño se encaramaba en la escalera por vigésimo tercera vez, se tiraba de los pelos furioso y gritaba:
-¡Esto es horroroso! ¿Por qué narices no habrá libros pequeños con letras minúsculas?
En primer lugar, el profesor se rió del enfado de Mäxchen. Después se quedó pensativo y dijo:
-En realidad llevas toda la razón. Y si esos libros todavía no existen, los imprimiremos para ti.
-¿Pero hay alguien que pueda hacerlo? –preguntó el niño.
-No tengo ni idea –dijo el mago-, pero en marzo el circo actuará en Munich. Allí vive el relojero Unruh. El nos informará.
-¿Y por qué lo sabe el relojero Unruh?
-No sé si lo sabe. Pero es posible que lo sepa, porque a veces se ocupa de esas cosas. Por ejemplo, hace dos años escribió por detrás de un sello la “Canción de la Campana”, de Schiller. Y eso que el poema tiene 425 líneas.
-¡Qué maravilla! –exclamó Mäxchen, asombrado- libros del tamaño de un sello, ¡me vendrían como anillo al dedo!
Para decirlo en pocas palabras: el relojero Unruh conocía en efecto una imprenta, donde era posible imprimir libros tan pequeños. Desde luego la broma resultaba cara. Pero el profesor ganaba mucho dinero con su trabajo de mago, y los padres de Mäxchen habían dejado algunos ahorros. Así que al cabo de poco tiempo, el niño tenía ya una preciosa biblioteca en miniatura.
Ahora ya no necesitaba hacer malabarismos en la escalera, sino que podía leer cómodamente. Cuando más le gustaba leer era por las noches, cuando estaba acostado en la caja de cerillas y el profesor dormía roncando suavemente. ¡Qué acogedor era! Allá arriba, encima del armario, las dos palomas arrullaban. Y Mäxchen estaba embebido en uno de sus libros preferidos, “La nariz de enano”, “El pequeño Pulgarcito”, “Nils Hofgersson” o, el favorito entre todos, “Gulliver”.
A veces el profesor gruñía medio dormido:
-¡Apaga la luz, granuja!
Entonces Mäxchen susurraba:
-¡En seguida, Jokus!
A veces ese en seguida duraba media hora. Pero al final siempre apagaba la luz, se dormía y soñaba con Gulliver en el país de Liliput, donde los habitantes le habían confundido con un gigante.

Erich Kästner. El hombre pequeñito (Vol.3) Editorial Salvat- Alfaguara.

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Lo que sí parece, después de la lectura, es que a nuestro autor le gustaban las cosas pequeñas. Y lo que más raro nos resulta, casi increíble, es que pudieran entrar el profesor, Mäxchen y todo lo que iba con ellos: dos palomas y el conejo, en el hotel. Pero claro, llegaba el circo y todos y todas con ellos. Había, además del tamaño, algunos problemas que se deberían solucionar.

Pero no podemos olvidar que estamos en el mundo de los cuentos. Sabemos, eso sí, cuál era el preferido de Maschen. Leía muchos aunque había uno sobre todos: Gulliver. En homenaje a él, te ofrecemos este video. Puede que lo conozcas, porque tiene muchos, muchos años o que te resulte algo infantil. Pero consideramos que tiene la calidad suficiente para que lo disfruten las y los amantes de la buena literatura, como puedes ser tú. Está basada en la novela de aventuras de Jonathan Swift, dirigida por Dave Fleis. ¡Fíjate en el año en que se creó!, porque puedes considerarla como una reliquia histórica. Es lo que también piensan usuarias y usuarios, como podrás leer.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es circo. Los profesionales que trabajan en el circo, suelen decir, cuando salen a escena: “Señoras y señores. Bienvenidos al circo. Ese lugar mágico, donde todo es posible.”

Lo que sí podemos contemplar ahora, en las ciudades y en los pueblos de nuestra península y de muchos lugares de Europa, es uno de los circos más famosos en el mundo entero. Es el Circo del Sol. Verás ahora unas imágenes que han cautivado a miles y miles de personas. A ver si te gustan a ti.

Viendo todas estas imágenes del famosísimo Circo del Sol, nos damos cuenta de lo que significa montar un espectáculo circense en cualquier ciudad. Y si, además, había que montar todo lo que necesitaba el hombre pequeñito, para algo tan normal como poder leer, las cosas se complicaban terriblemente. Pero, ¿consiguió el profesor Jokus von Pokus que el relojero Unruh imprimiera libros en miniatura? ¿Podría leer Maxchen sin hacer malabarismos, subiéndose a la escalera? Elige, entre las siguientes opciones, la que creas que se acerca más a la realidad de la lectura de hoy.

1) El relojero dijo que él no podía perder el tiempo. Lo primero que tenía que hacer era arreglar relojes. Ese era su oficio.
2) Al cabo de poco tiempo, entre el dinero que ganaba el profesor y los ahorros que habían dejado sus padres, Maxchen disponía de una fantástica biblioteca en miniatura.
3) Decidieron que lo mejor era llevar a Maxchen a una óptica especial. Ponían gafas que servían para leer letras hasta una distancia de cincuenta kilómetros.

(Solución: la respuesta correcta es la número 2.)

Cuentame
Mäxchen tenía una serie de libros preferidos. Pero entre todos ellos, el que más le gustaba, quizá por su tamaño, era Gulliver. ¿Nos dejas, por favor, dar un paseo por tu biblioteca? Suponemos que tienes, en tu habitación, algo más cómodo que la caja de cerillas de Mäxchen, para leer. Antes de hacer tu lista, recuerda cómo se pone la referencia bibliográfica de un libro:

Nombre de la autora o autor.
Nombre del libro.
Nombre de la editorial que lo ha publicado.
Seguro que tienes una buena colección de libros leídos en papel y en documento informático. ¿Hay alguno, en especial, que te interese leer? A lo mejor, podemos indicarte dónde se puede conseguir.

Autor
Erich Kästner
Nació el 23 de febrero de 1899 en Dresde (Alemania) y murió el 29 de julio de 1974 en Múnich (Alemania).
Fue llamado a filas en la primera guerra mundial. La experiencia fue traumática para él y marcó su antimilitarismo. Estudió en varias universidades alemanas Historia, Literatura, Filosofía y lengua alemanas.  Trabajó como periodista y crítico teatral para pagarse los estudios. En el periodo nazi sus libros fueron prohibidos y algunos quemados. Escribió poesía y libros infantiles. Su libro Emilio y los detectives (1928) popularizo el tema de los detectives en la literatura infantil. Recibió varios premios.
En el año 2001 se inauguró un Museo dedicado a Kästner en la casa de un tío suyo. El museo se autocalifica “micromuseo”, debido al poco espacio que ocupa. Los visitantes pueden tocar, leer y probar casi todo.
Nuestro observatorio
En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Erich Kästner, además de conocer su museo.

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada de Canal Lector.

 

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 7-9 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas.  Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 7-9 años

1.- Has leído un texto, el número 1, que se llama El jardín. Los personajes son Sapo y Sepo. Pero ¿sabes quién lo escribió?
(Como pista, te diremos que el nombre del autor está justo al final del texto)

1)   Gumersindo Nobel
2)   Arnold Lobel
3)   María Analía

2.- La poesía que se titula ¡A volar! la escribió un autor que se llamaba Rafael Alberti. En esa poesía, Rafael le pide al leñador que no tale el pino. Que no lo corte. ¿Por qué le hace esa petición?

1)   Porque está prohibido cortar los pinos
2)   Porque en verano daba una sombra muy fresquita
3)   Porque en la copa, en lo más alto del pino, había un hogar, lleno de pajaritos durmiendo

3.- Los traspiés de Alicia Paf.  Gianni Rodari

Hace muchos años, las chicas y los chicos que iban al colegio, no escribían con bolígrafo, ni con rotulador. Escribían con una pluma. Sí. Una pluma que había que mojar en un tintero, para que escribiera. Pero Alicia tuvo un traspié y se cayó al tintero. ¿Qué estaba buscando Alicia, cuando le ocurrió esto?

1)   Estaba buscando a una amiga, que ya se había caído al tintero.
2)   Estaba buscando palabras para hacer una redacción.
3)   Buscaba unas gafas con luz, para ver en la tinta negra.

4.- Canción de cuna de los elefantes. Adriano del Valle

Has leído una poesía, que nos cuenta la vida, durante un día, de una familia de tres miembros. Al padre se le oye, en un terreno lleno de agua: el manglar. No está muy lejos. Quedan juntos la madre y el hijo. Pero ¿qué hacía el hijo, el elefantito?

1)   Estaba muy nervioso, porque la luna lo regañaba mucho.
2)   Lloraba, porque no quería dormir.
3)   Pensaba ir al manglar, con su padre.

5.- Nido. Fernán Silva Valdés

El autor de esta poesía, sin decirlo, nos está dando un consejo muy sabio: mirad bien a los árboles que veis al pasar, cerca de vosotras y de vosotros. ¿Qué época del año es ahora? ¿Es primavera, verano, otoño, invierno? ¿Hay flores en los árboles? Depende de la época del año en que estés. A lo mejor, ahora, los árboles no tienen flores. Pero ¿tienen algún nido de pájaros? Si miras bien, algún nido puede parecer una flor, como dice el autor. Fíjate en estas páginas. Hay muchísimos.
Si no hay flores, no hay olores de flor. Pero ¿por dónde entra el perfume de los nidos, si no entra por la nariz?

1)   Los nidos no huelen, pero oímos a los pajaritos. Por eso, el sonido entra por los oídos.
2)   Los árboles nunca huelen.
3)   Oímos a los pájaros, que siempre cantan esta canción: Debajo de un botón…

6.- El enfado. Consuelo Armijo

Vamos a entrar en un juego nuevo. Es el juego del ¿Quién es quién? El juego se realiza con un material que conoces muy bien. Es la lectura que has leído y que se llama El enfado, de la autora Consuelo Armijo. Tienes que unir los nombres con el personaje que interpretan en el texto. Te diremos que Doña Botines y Celestino son habitantes de Viriviví.  ¡Suerte!, y comprueba que lo has hecho correctamente.

1 Natillas                              a) El dueño de Mamarracho
2 Salustiano                         b) La dueña de Natillas
3 Margarita                          c) El perro de Salustiano
4 Mamarracho                     d) La gata de Margarita

7.- Solidaridad. Amado Nervo

Solidaridad  ha sido hoy nuestra palabra mágica. Sí, es el título de esta poesía, donde toda la naturaleza se une para dar la bienvenida a un nuevo día. La alondra, la cascada, el riachuelo, el diamante, el águila y la aurora trabajan para conseguir un mismo objetivo. Son solidarios. Tienen solidaridad.

A ver si consigues ver cómo el poeta dice palabras que terminan, en algunos versos, con las mismas letras. Pasa como en las canciones. Todo para que suene bien.
Ahora, dinos qué versos terminan en las letras –ar  y cuáles en las letras –er.

1)   En –ar terminan: 1º, 2º, 4º, 5º, 7º, 8º, 10º, 11º.  Y en –er terminan: 3º, 6º, 9º, 12º. Lo que hace un total de 12 versos.
2)   Doce versos acaban en –ar y los otros doce, en –er.
3)   Todos los versos acaban igual.

8.- Cómo Pompón y Tritus encontraron a Mally Pop. René Escudié

El juego es: ¿Dónde está? Es un juego de detectives de lectura. En el título de este texto dice que los dos perros que conoces, Pompón y Tritus, encuentran a otro perro. Aparece casi al final de la lectura. No pone todavía su nombre, pero te lo decimos nosotros. Se llama Mally Pop. Responde si es verdadero o falso:

1) Pompón es un perro con más años que Tritus, que era cachorro.
Verdadero              Falso
2) Tritus no sabía que Pompón era perro y por eso quería mamar de Pompón. Tenía mucha hambre.
Verdadero              Falso
3) Pompón y Tritus, caminando,  se encuentran a otro perro, rebuscando en cubos de basura. Era un cocker marrón de pelo largo. Seguro que este perro será Mally Pop, que es el que nos falta.
Verdadero              Falso
4) Cuando acabaron de comer, se oyó el ruido de una puerta. Salió una mujer encantadora que dijo que entraran en su casa.
Verdadero              Falso

9.- Nada más.  María Elena Walsh

Prueba para sabuesos: lectoras y lectores. Seguro que eres un o una sabueso. Es decir: sabes indagar, olfateas, descubres, sigues o averiguas de lo que se trata. Para no perderte nunca con los libros (en la biblioteca, en clase, en casa…), recuerda que todos tienen como un carné de identidad. Se llama ficha bibliográfica. En ella aparece: El título del libro, la autora o el autor que lo ha escrito y la editorial o la página web que lo ha publicado. Ahora, como diría nuestra autora de hoy, en su último verso: y nada más. Escribe, sabiendo todo esto, la ficha del libro de María Elena Walsh.

10.- El cordero negro. Ursula Wölfel

Hemos visto, en el desarrollo de esta unidad, una página sumamente recomendable, para dejar constancia de un sentimiento no ajeno a la realidad en que nos movemos. Independientemente del lugar donde vivamos.

Consideramos de importancia capital la comunicación que se produzca, con el fin de concienciar a lectoras y a lectores de la diferencia étnica de los pueblos. Son muchas interrogantes y, por ello, tenemos la posibilidad de hablar de algo que, en el texto de Ursula Wölfel, abunda generosamente. Son los signos de admiración e interrogación.

1.- ¿Dónde se colocan los signos de interrogación?

A) Los signos de interrogación (¿?) se escriben al principio y al final de las oraciones en las que se formula una pregunta de modo directo.
B) Se colocan donde se puedan poner. Donde quepan.

2.- ¿Dónde se colocan los signos de admiración (¡!)?

A) Los signos de admiración (¡!) se escriben al principio y al final de las oraciones que expresan sorpresa, alegría, tristeza, indignación, pesar…
B) Los signos de admiración se colocan donde sabemos la respuesta.

 11.- Memorias de una gallina. Concha López Narváez

Seguro que te acuerdas de la palabra mágica de este texto. Sí, fue la palabra ánimo. Pero ¿por qué tenía que tener ánimo alguien como un pollito? Pues podemos releer el texto completo de Concha López Narváez, la autora, o quizá es suficiente con leer algunas líneas o párrafos, para recordarlo. Te haremos una pregunta fácil, para ver si recuerdas el texto. La pregunta es: ¿de qué trata este texto? Es decir: ¿qué tema tiene? Empieza, por algo diferente y seguro que lo haces fantásticamente:

1)   ¿Cuál es la última película que has visto? ¿Cómo se llamaba?
2)   ¿Cuál es el último libro que has leído? ¿De qué trataba?
3)   ¿Cuál es el último deporte que has practicado? ¿En qué consiste ese deporte?
4)   ¿Has necesitado que alguien te diera ánimos en ese deporte para ganar?
5)   Dinos ahora de qué trata el texto de Concha López Narváez.

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 7-9 años:

1: La respuesta correcta es la número 2
2: La respuesta correcta es la número 3
3: La respuesta correcta es la número 2
4: La respuesta correcta es la número 2
5: La respuesta correcta es la número 1
6: Las correspondencias son:     1 – d,      2 – a,       3 – b,       4 – c
7: La respuesta correcta es la número 1
8: Las respuestas correctas son:  Verdadero / Verdadero / Verdadero / Falso
9: Antología de poesía infantil. Varios autores. Editorial Arrayán
10: Las respuestas correctas son: 1A / 2A
11: El texto trata del nacimiento de un pollito