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El cuento de mi vida. Hans Christian Andersen. Ediciones de la Torre

7 Nov

elcuentodemivida

Estaba en la calle. No conocía a nadie, me encontraba totalmente desamparado. De pronto me acordé de que en Odense había leído en los periódicos algo sobre un italiano, de nombre Siboni, que había sido nombrado director del Real Conservatorio de Música de Copenhague. Todo el mundo me decía que tenía buena voz y a lo mejor este hombre estaba dispuesto a ocuparse de mí; si no lo hacía, no tendría otro remedio que buscar aquella misma noche un patrón con el que volver a Fionia. La idea de volver a casa me ponía los pelos de punta y en aquel estado de desesperación me fui a ver a Siboni. Precisamente aquella noche daba una cena en casa, a la que estaban invitados entre otros nuestro célebre compositor, el profesor Weyse, y el poeta Baggesen. A la doncella que me abrió le conté no sólo mis pretensiones de que me contrataran de cantante, sino mi vida entera. Me oyó con el mayor interés y debió repetir gran parte de lo que había contado, a juzgar por lo que tuve que esperar a que volviera. Cuando por fin apareció, la seguían todos los invitados. Todo el mundo me miraba, Siboni me llevó a una sala que tenía un piano y me hizo cantar, mientras él escuchaba atentamente; a continuación recité unas escenas de Holberg y un par de poemas. La pena que me daba lo triste de mi situación hizo que me salieran verdaderas lágrimas, y al auditorio prorrumpió en aplausos.

 “Pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”, dijo Baggesen, “pero no te envanezcas cuando el público te dedique sus aplausos”, y luego añadió algo sobre la auténtica naturalidad y lo fácil que era perderla con la edad y el trato de la gente. No entendí todo lo que dijo, pero parece ser que yo tenía un especial talento natural que me convertía en una revelación, por no decir un “fenómeno” verdaderamente original. Yo me creía a pies juntillas lo que la gente me decía y confiaba en la buena voluntad de todos; tenía que decir todo lo que se me pasaba por la cabeza. Siboni prometió educarme la voz y dijo que llegaría a cantar en el Teatro Real. Yo estaba que no cabía en mí de alegría, no sabía si reír o llorar, hasta tal punto que la doncella al despedirme y ver el estado de emoción en que me hallaba, me dio una palmadita en la mejilla aconsejándome que al día siguiente fuera a ver al profesor Weyse, que me había tomado aprecio y que en él podía confiar.

Hans Christian Andersen. El cuento de mi vida. Ediciones de la Torre.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Las autobiografías son como secretos que nos desvelan sus autores. ¡Cuántas veces hemos leído los cuentos de Andersen! ¡Y cuántas nos los han contado! ¿Quién no recuerda a aquel patito, de color gris, tan distinto a los otros patitos, sus hermanos, que aparecieron como preciosidades, que iban detrás de su madre, la orgullosa pata? Pero aquel patito no. Él sabía lo que todos también sabían y, además, lo dijeron: es un pato muy feo. Era El patito feo.

¿Y os acordáis de aquel emperador, que era tan presumido y le gustaban tanto los trajes? Sí, aquel emperador que tenía que ponerse un traje nuevo todos los días. Lo que supieron unos caraduras, que pensaron: a este emperador lo vamos a camelar. ¡Ya verás el traje que le vamos a vender! Ese timo que sólo se atrevió a desvelar un niño. Fue el único que dijo la verdad: “pero si el emperador no lleva nada”. Y el pueblo entero y luego el emperador se dieron cuenta de que el niño decía la verdad. Y por eso el cuento se llama El traje nuevo del emperador.

Y con algunos hemos llorado, La vendedora de fósforos

Porque los cuentos tan perfectos como éste de La vendedora de fósforos o La pequeña cerillera y muchos de los que escribió Hans Christian Andersen no tienen edad, ni época. Son historias eternas que perdurarán mientras los seres humanos tengan la capacidad de imaginar, de soñar, de reír, de llorar, de leer, de compartir y de ayudar.

Tenía razón aquel poeta Baggesen, cuando dijo “pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”. Pasados años y años, no sería la música. Sería la literatura, la lectura del mundo entero la que convertiría a aquel danés, hijo de un zapatero, en uno de los autores cuyos cuentos han sido leídos por centenares, miles de generaciones. Y ahí seguirán, para que otros miles de hombres y mujeres disfruten con su literatura.

          
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es confiar. Sí, fue la doncella de Siboni, el recién nombrado director del Real Conservatorio de Música de Copenhague, quien le dijo a Andersen que: “al día siguiente fuera a ver al profesor Weyse, que me había tomado aprecio y que en él podía confiar”. Gracias a esa palabra mágica empieza un largo camino, con gran fama como escritor en Europa. Más que en su propio país. Pero sí recibió, en vida, el reconocimiento del rey de Dinamarca, en 1866. 

Lo que sí tenemos es la suerte de que se creara el mejor premio, con su nombre, a las escritoras y escritores más destacados de la literatura infantil y juvenil. Desde 1956 se concede cada dos años y, desde 1966, también se concede a la ilustración de este tipo de libros.

En esta página, verás a todos los premiados y encontrarás más información sobre este premio.

Cuentame
Hoy tienes dos posibilidades, para que elijas la que prefieras: ¿te acuerdas de algún cuento de Andersen? Dinos el que más te guste y cuéntalo, como si fuera, para nosotros, la primera vez que lo oímos.

 La segunda posibilidad es crear tú un cuento. Hay facilidades que Andersen no tenía: los medios de comunicación eran más limitados, otros no existían y algunos no se podían ni imaginar.

 Hoy dispones de cosas fantásticas y depende sólo de tu imaginación. También viene muy bien ejercitar la memoria, antes de empezar a construir ese edificio que se logra con el tiempo. Piensa que el texto de Andersen que has leído se llama El cuento de mi vida. ¿Por qué no le pedimos prestado al gran autor ese título y empezamos el nuestro? Sí, el cuento de esa vida que, día a día, llevamos y donde van ocurriendo muchas cosas; algunas nos llaman la atención y las consideramos muy importantes; son esas que irán apareciendo en tu cuento. Si te parece una ayuda, aquí tienes diferentes ideas que te pueden servir para lograr tu cuento. A ver si consigues algo fantástico y, al final, resulta que has encontrado tu forma de trabajar y disfrutar, en un futuro. Ojalá que, dentro de un tiempo, leamos, con tu nombre, ese maravilloso cuento que hoy puede empezar. ¡Mucha suerte!

1 Busca un cuaderno o abre un archivo, que colocarás en el escritorio de tu ordenador, para acceder a él muy fácilmente.

2 Empieza a anotar las ideas que recuerdes y que te parezcan interesantes, para escribir tu cuento, sobre alguna de ellas. Es bueno hacerse una serie de preguntas y escribirlas. Luego se irán resolviendo  poco a poco, según vayan apareciendo las respuestas a esas preguntas. 

 3 No hace falta que, cuando empezamos un cuento, pensemos que tiene que ser muy largo o muy corto. Solamente cuando se empieza a escribir se va viendo lo que se necesita decir.

4 En esa interesante historia que se te ha ocurrido o has recordado, ¿sólo estás tú como personaje o hay más personas que vivieron esos momentos contigo? No creas que estorba tener una lista de los personajes que van a intervenir en tu cuento. Pueden ser unos, al principio pero, luego, a lo mejor desaparecen y se incorporan otros. Todo eso se comprobará, según se va escribiendo.

5 En cuanto a tu estilo de escritura, piensa que tú tienes el tuyo propio. No intentes imitar otros que no conoces. Procura que tus palabras no sean las más difíciles, esas que parece que son muy importantes, porque no las entiende nadie. Si hay algo necesario cuando escribimos es la naturalidad. Lo que verdaderamente casi nos sale del corazón. Eso no quiere decir que no inventemos. Claro que una historia puede ser perfectamente inventada por ti. Es tu imaginación la que contará lo que vaya sucediendo.

6 No olvides el “dónde”. En qué lugar suceden los acontecimientos que vas a narrar en tu cuento. Esto es muy necesario para quienes te van a leer.

7 Hay dos palabras muy importantes, cuando escribimos algo (si queremos que la gente lo lea y le guste). Esas palabras son: sencillez y honestidad. Que tu historia se sienta como verdadera, aunque sea inventada.

8 Según vayas escribiendo, es importante que revises lo que has escrito. Probablemente encuentres errores que, siempre, se pueden corregir. “Pero bueno. Si este personaje no vive aquí”. Cosas como esas o parecidas te sucederán a menudo.

9 ¿Tienes escrita ya alguna idea que se pueda leer? A lo mejor, si lees lo que has escrito a alguien de quien te fíes de verdad, puede hacerte sugerencias, preguntarte dudas, confirmar lo que más le guste o lo que menos, etc.

10 Pues bien. Has empezado un nuevo camino. El de escritora o escritor de cuentos. ¿Y si resulta que te encanta y quieres escribir más? ¿Y si has descubierto una afición para la que vales y obtienes una enorme satisfacción? ¿No es cierto que sería estupendo para ti y para quienes te leen o te escuchan?

Mucho ánimo y que te salga muy requetebién.

 Autor

Hans Christian Andersen

Nació el 2 de abril de 1805 en Odense (Dinamarca) Su padre era zapatero con muy pocos recursos y su madre trabajaba de lavandera. El padre murió cuando Hans tenía 11 años y no pudo acabar sus estudios. Se marcho con 14 años a Copenhague a probar suerte cuando su madre se casó de nuevo. 

Consiguió una beca gracias al interés del director de un teatro y así pudo seguir sus estudios. Comenzará a publicar sus primeros relatos.  Viajará mucho. Escribió 164 cuentos. Sus libros son libros para niños pero también gustan a los adultos.

Se creó en Dinamarca un Premio de literatura infantil con su nombre.

 Nuestro observatorio
Se puede ampliar su biografía en Babar

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, otros libros del autor en  Canal Lector.

Cuento tonto de la brujita que no pudo sacar el carnet. Ángela Figuera Aymerich. Editorial Hiperión (Recomendado: 7-9 años)

29 Oct

cuentos tontos para ninos listos

Era una brujita
tan boba, tan boba,que no conseguía
manejar la escoba.

Todos le decían:
-Tienes que aprender
o no podrás nunca
sacar el carnet.

Ahora, bien lo sabes,
ya no hay quien circule,
por tierra o por aire,
sin un requisito
tan indispensable.

Si tú no lo tienes,
no podrás volar
pues ¡menudas multas
ibas a pagar!
¡Ea! no es difícil.
Todo es practicar.

Bueno… dijo ella
con resignación.
Agarró la escoba,
se salió al balcón,
miró a todos lados…
y arrancó el motor…
Pero era tan boba,
que, sin ton ni son,
de puro asustada,
dio un acelerón
y salió lanzada
contra un paredón.
Como no quería
darse un coscorrón,
frenó de repente…
y cayó en picado
dentro de una fuente:
se dio un remojón,
se hirió una rodilla
sus largas narices
se hicieron papilla
y, como la escoba
salió hecha puré,
pues, la pobrecilla,
además de chata
se quedó de a pie.

Ya no intentó nunca
sacar el carnet.
Se quitó de bruja
y se puso a hacer
labores de aguja.

Ángela Figuera Aymerich. Cuentos tontos para niños listos. Editorial Hiperión

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¿Has oído alguna vez hablar de las brujas? ¿Has pensado cómo pueden ser, si es que existen? A lo mejor, cuando eras más pequeña o más pequeño, te daban un poco de miedo. Seguro que no querías ver una bruja ni en pintura. Y es que, si las brujas existen, cosa que nadie sabe, las hemos visto ¡horribles!, ¡terribles!, de esas que es mejor no verlas nunca. En la siguiente página, puedes ver brujas espantosas.

Lo que sí puedes, sin miedo, ver en la siguiente página, es a esa brujita de la que nos habla la poesía de Ángela Figuera. Esa brujita que era un poco boba. Era bastante tonta, si lo que quería es lo que te cuenta este video.

¡Pobre brujita! ¿Te imaginas que a ti te sucede una cosa parecida a la de la brujita? Lo que no creemos que necesites es un carné para manejar la escoba. Pero seguro que sí te pasan cosas que, después de pensarlas, te preguntas: ¿pero cómo me pasa esto a mí? Vamos a ir viendo lo que le sucede a la brujita.
Escribe Verdadero o Falso, V / F, según la poesía.

  1. La brujita ya sabe conducir la escoba. V/ F
  2. Para sacar el carnet de conducir tiene que aprender. V/ F
  3. Lo que no se puede, porque te cae una multa gorda, es conducir sin carnet. V/ F
  4. La brujita encendió el motor de la escoba. Arrancó, pero como no sabía, frenó de repente. V/ F
  5. Se iba a dar un coscorrón contra una pared. Frenó demasiado y cayó en picado. V/ F
  6. Menos mal que se cayó en un colchón. V/ F
  7. Para sacar el carnet había que tener un coche. V/ F
  8. Como se dio un morrón, dejó de ser bruja. Ya no quería el carnet. Hizo labores de aguja. Eso sí que lo sabía hacer. Era mejor coser. V/F

(Solución: 1-F; 2-V; 3-V; 4-F; 5-V; 6-F; 7-F; 8-V)

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es acelerón. Es decir, dar más fuerte al acelerador, de repente, para ir más deprisa.

Estamos acostumbradas y acostumbrados a oír y a leer cosas terribles que pasan en las carreteras. Lo dicen la radio, la televisión, internet, los periódicos y muchos medios de comunicación. Las campañas de vacaciones; los consejos para circular en las ciudades; las revisiones de nuestros medios de transporte (coche, moto, bicicleta, patines, etc.). Todo lo que se intenta hacer, para proteger nuestra vida y la de los que están con nosotros. Hoy, la magia de la palabra nos lleva a unas páginas muy importantes, para quienes utilizamos un medio de transporte.

Tu función ahora es conversar, con quienes nos llevan en un medio de transporte, si se cumplen las cosas que son importantes.

 Cuentame
Como es seguro que los adultos que te llevan y tú cumplís con todas las normas de circulación, podías llevarnos de viaje, con tus palabras, al lugar que más te ha gustado la última vez que has ido. ¿Está muy lejos de donde vives? ¿Por qué fuiste a ese lugar? ¿Qué tipo de transporte nos aconsejas que utilicemos? ¿Cuánto tiempo se tarda en llegar? Si se puede ir por carretera, ¿recuerdas qué carretera llevasteis?

Imagina que eres responsable de organizar el viaje. ¿A cuántas personas llamarías, para que fueran contigo? ¿Crees que es muy caro ese viaje? Es que nosotros no tenemos mucho dinero. Por eso, nos conviene que no sea un sitio muy caro. ¿Qué nos aconsejas que veamos allí? A lo mejor, también sabes qué cosas están riquísimas, para comer, en ese lugar. Puede que también sepas si hay buenos restaurantes, que no son muy caros, hoteles, campings, lugares donde pasar unos días divertidos y todo lo que se te ocurra para organizar nuestro viaje.

 vNq6
Ángela Figuera Aymerich

Nació el 30 de octubre de 1902 en Bilbao (España) y murió el 2 de abril de 1984 en Madrid (España).
Estudió Filosofía y Letras. Trabajó en la enseñanza pero no se la reconoció el título después de la guerra civil española. Años más tarde estuvo en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Se inició en la poesía dentro de una línea que puede considerarse heredera de Antonio Machado por su apego a lo cotidiano y paisajístico. Posteriormente, la influencia de Gabriel Celaya la llevó a la poesía social.
El nacimiento de sus nietos, Ana y Gabriel, le impulsó a escribir poesía infantil, género al que pertenecen sus dos últimos libros: Cuentos tontos para niños listos y Canciones para todo el año.

Nuestro observatorio
Más datos sobre la autora en las siguientes páginas: La Casa de los poetas y Guía de Lectura.

Bibliografía

Los dos libros escritos por la autora para el publico infantil fueron publicados en la editorial Hiperión.

 

Moni pinta una obra de arte. Michael Ende. Editorial Everest (Recomendado 9-11 años)

30 Abr

mejorescuentosdemende

Moni y yo somos los mejores amigos que uno se pueda imaginar. Aunque ella solo tiene seis años y yo soy, aproximadamente, diez veces mayor, esa diferencia no nos importa lo más mínimo.
Cuando viene a visitarme, jugamos juntos y jamás nos peleamos. O simplemente charlamos y exponemos nuestra visión del mundo y de la vida, algo sobre lo que siempre tenemos la misma opinión. O nos leemos el uno al otro nuestros libros favoritos, sin importarnos para nada que Moni aún no sepa leer, pues su libro favorito se lo sabe de memoria y yo también. Sentimos un gran respeto mutuo: yo por ella, por las ocurrencias tan extraordinarias que tiene, y ella por mí, porque sé apreciar sus ocurrencias.
A veces nos hacemos pequeños regalos sin que haya ningún motivo especial para ello, como un cumpleaños, las Navidades o algo parecido. Ya se sabe que los pequeños regalos hacen perdurar una amistad, y nosotros a eso le damos mucha importancia.
Hace poco, por ejemplo, le regalé a Moni una caja de acuarelas con muchos y muy bonitos colores, papel y un pincel.
-En agradecimiento –me dijo-, yo también te voy a regalar algo. Voy a pintarte ahora mismo un bonito cuadro.
-¡Oh! –contesté-, ¿de verdad? ¡Eso es muy amable por tu parte!
-¿Qué clase de cuadro te gustaría? –quiso saber.
Lo estuve pensando y al final le dije:
-Lo que más me gustaría sería que fuera una sorpresa, algo que a ti misma se te ocurriera.
-Vale –dijo, e inmediatamente puso manos a la obra.
De tanto empeño como estaba poniendo, la punta de la lengua le llegaba hasta los agujeros de la nariz, y yo la miraba intrigado. Sentía muchísima curiosidad por ver qué era lo que se le había ocurrido esta vez.
Al cabo de un ratito, parecía que la obra ya estaba acabada. Moni ladeó la cabeza, dio con el pincel unos pequeños retoques aquí y allá para mejorarla y, finalmente, pasó el cuadro hasta mi lado de la mesa.
-¿Qué? –preguntó expectante- (1). ¿Qué te parece?
-¡Extraordinario! –contesté-. ¡Muchas gracias!
-¿Sabes qué es, no?
-Naturalmente –me apresuré a asegurar-. ¡Es un conejo de pascua!
-¡Qué tontería! –exclamó Moni un pelín indignada-. ¿Cómo va a ser un conejo de pascua si estamos en pleno verano?
-Yo creía –murmuré tímidamente- que esas dos puntas que sobresalen a lo mejor podían ser las orejas…
Moni sacudió la cabeza.
-¡Pues no, son mis coletas! Es un autorretrato mío- ¿Es que no lo ves?
-Debe de ser por mis gafas –me disculpé limpiando los cristales con un pañuelo.
Me las volví a poner y observé la pintura con más detenimiento.
-¡Naturalmente! ¡Ahora sí que lo veo bien! –dije-. ¡Un autorretrato, por cierto, con un parecido extraordinario! Ahora sí que te reconozco inmediatamente. Perdóname, por favor.
-He pensado –opinó Moni- que quizá fuera mejor que una foto…
-Mucho mejor –corroboré.
-Al fin y al cabo, una foto la tiene cualquiera –siguió diciendo.
-En efecto, no es nada extraordinario –admití-. Sin embargo, el autorretrato de un artista no lo tiene casi nadie… Quizá solo una persona entre un millón. Es algo verdaderamente singular. Muchísimas gracias otra vez.
Estuvimos observando juntos el cuadro durante un rato.
-Si tienes algo que objetar –dijo generosamente-, no tienes más que decírmelo.
-¡En absoluto! –aseguré-. ¿Cómo iba a tenerlo? Aunque ya que tú misma lo dices…, me preocupa un poquito que en el cuadro estás como flotando en el aire. ¿No podrías pintar debajo una cama en la que acostarte para que estuvieras más cómoda? Es simplemente una idea.
Sin decir una palabra se volvió a poner delante del cuadro, cogió de nuevo el pincel y, con pintura marrón, pintó alrededor de su autorretrato una enorme cama de madera. En cada una de sus esquinas tenía una columna y encima de ellas, un baldaquino…(2) Era una cama con dosel (3) tan bonita que ni una reina hubiera podido desear otra más bonita que aquella. Y era tan grande que llenaba toda la hoja.
-¡Caramba! –dije halagador- (4). ¡A eso sí que le llamo yo un mueble noble! (5).
Pero ahora la figura que estaba acostada en la cama resultaba, sin duda, un poco pequeña, raquítica, casi mezquina (6). No lo dije, pero como Moni y yo pensamos a menudo lo mismo, también ella tuvo la misma idea.
-¿No te parece –opinó dubitativa (7)- que ahora quizá debería llevar puesto algo más elegante para que pegue con la cama?
-Para serte sincero, sí –contesté-; una cama tan regia (8) requiere también un regio camisón.
Así que Moni pintó sobre la figura un camisón muy largo y muy amplio, que si mal no interpreté, parecía estar repleto de estrellas doradas. De ella ya solamente asomaba la cabeza con las coletas.
-¿Qué te parece ahora? –preguntó.
-¡Majestuoso! (9) –tuve que admitir-. ¡Verdaderamente magnífico! Aunque sigo algo preocupado por tu salud…
-¿Por mi salud?
-Bueno…, entiéndeme bien… Ahora en verano hace calor suficiente para dormir así, pero ¿qué harás en invierno? Sin ninguna manta, me temo que acabarás cogiendo un terrible resfriado. Deberías pensar en ello ahora que estás a tiempo.
No había cosa que Moni más odiara que estar enferma y tener que tragarse medicinas. Así que cogió enseguida la pintura blanca y pintó sobre su autorretrato, y su lujoso camisón, un grueso y gigantesco edredón de plumas. Ahora ya solo asomaban las puntas de sus coletas.
-Parece suficientemente arropado –dije-. Creo que ahora ya podemos estar tranquilos.
Pero Moni aún no estaba satisfecha; se le había ocurrido otra idea. Con pintura azul oscura, pintó unas pesadas cortinas de terciopelo que colgaban del baldaquino. Tanto ella como el camisón y el edredón había desaparecido detrás.
-¡Pero bueno! –exclamé estupefacto-. ¿Qué pasa ahora?
-Solo he echado las cortinas –explicó Moni-; para eso están, ¿no?
-Es verdad –admití-, ¿de qué sirven unas cortinas si no están echadas? ¡Para eso no necesita uno una cama con dosel!
-Y ahora –prosiguió Moni entusiasmadísima- voy a apagar la luz.
Y pintó todo el cuadro de negro.
-Buenas noches –murmuré instintivamente.
lla me pasó el cuadro terminado, en el que ahora ya solo reinaba la más absoluta oscuridad.
-¿Estás satisfecho por fin? –preguntó.
Miré fijamente, y durante un buen rato, aquella negrura y asentí con la cabeza.
-Es una obra maestra –dije-, sobre todo para el que sepa todo lo que realmente contiene.

(1) Expectante: esperando, mientras observa, con mucho interés.
(2) Baldaquino: Especie de dosel o palio hecho se tela de seda.
(3) Dosel: Colgadura que cubre la cama.
(4) Halagador: muy afectuoso, agradecido.
(5) Noble: muy bello, importante.
(6) Mezquina: sin la importancia que merecía.
(7) Dubitativa: con muchas dudas.
(8) Regia: magnífica, muy importante, excepcional.
(9) Majestuoso: con mucha importancia, fantástico.

Michael Ende. Los mejores cuentos de Michael Ende. Editorial Everest.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

Este texto de Michael Ende empieza con un canto, una alabanza a la amistad, a esa verdadera relación que es independiente de las edades de los amigos. Aquí tienes unos cuantos amigos verdaderos.

(Estos son los errores que aparecen y que no podemos corregir, porque no nos pertenecen ni el programa ni la página: los que sueñan –no sueñas– nuestros sueños //álbumes y no albunes)

Pregúntate ahora lo siguiente: ¿tengo amigos o amigas de verdad? ¿Podrías escribir, a continuación, los nombres de esas amigas o de esos amigos de verdad?
De las siguientes palabras, señala cuáles tienen que ver con la amistad auténtica:
Ayudar (6 puntos)
Comprender (5 puntos)
Aprovecharse (11 puntos)
Ignorar (13 puntos)
Engañar (15 puntos)
Burlarse (20 puntos)
Compartir (4 puntos)
Participar (2 puntos)

Y ahora, cuenta los puntos que has obtenido, sumando las palabras que tienen relación con la amistad auténtica, la de verdad. Si tu suma de puntos es igual o menor a 17, ¡enhorabuena! Tienes amigas o amigos de verdad. Un consejo que te damos, porque nosotros también los tenemos: cuídalas y cuídalos mucho. No creas que es tan fácil tener esa maravilla que es la amistad de verdad.

Palabra magica
Seguro que hoy no tienes ningún problema para encontrar la palabra mágica. Esa palabra fundamental que tiene una grandísima importancia en el texto. Y es: regalo. ¿Te gusta la palabra regalo? ¿Cuándo usas más esa palabra? ¿Tienes algunas fechas donde dices mucho la palabra regalo? Te pedimos ahora, por favor, una ayuda. Tenemos que regalar algo a una amiga, que tiene once años. Somos mi hermano y yo, que la conocemos hace mucho tiempo. Pero es que ahora, como ya le hemos regalado cosas en años anteriores, no se nos ocurre qué hacer. Sólo te decimos que, cuando pienses en el regalo, no puede ser de mucho dinero, porque mi hermano y yo no tenemos casi nada. ¿Tú crees que es posible regalar algo a Marina, que es como se llama nuestra amiga? Hacemos una cosa, si te parece. Te ponemos la lista que mi hermano y yo hemos hecho y tú nos dices qué te gustaría que te regalaran a ti. Pones primero si eres chica o chico y luego, tu edad exacta. Gracias y esperamos tus sugerencias.
Cuentame
Seguro que a ti, como a Moni, de vez en cuando, te gusta pintar. ¿Qué tipo de cosas te gusta pintar? Quizá pintes la realidad de tu pueblo o de tu ciudad. Quizá esperas a llegar un día a la naturaleza y, allí, te inspires: árboles, montañas, el río que pasa cerca, o las plantas que crecen allí. ¿O tienes una cámara de fotos, con la que consigues fotografiar imágenes maravillosas? Si ves las páginas que te presentamos, encontrarás modelos para pintar, de formas diferentes. 

¡Suerte y te contaremos lo que nos parece tu trabajo! Seguro que eres gran artista.
Mostramos, ahora, una interesante página para mediadoras y para mediadores, referida a los juguetes para niñas y niños de 9 a 12 años. Muy cerca, en la edad, del texto que hemos ofrecido.
Autor
Michael Ende
Nació el 12 de noviembre de 1929, en Garmisch-Partenkirchen, Baviera (Alemania), y murió en Stuttgart (Alemania), el 28 de agosto de 1995.
Su infancia estuvo marcada por el ambiente artístico y bohemio en que se movía su padre, que fue pintor surrealista. Estudió interpretación en la escuela de Otto Falckenburg, en Múnich.
Comenzó a escribir relatos para niños y jóvenes a principios de los años 50. Trabajó en varias cosas: actor, guionista de espectáculos de cabaret y crítico de cine. Sus libros obtuvieron varios premios en Alemania y también internacionales. Algunos han sido llevados al cine: La historia interminable y Momo.  Su obra se enmarca dentro del género fantástico y creó un universo donde estaba presente su deseo de belleza, humanidad y armonía.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos de Michael Ende en su web (alemán) y en Imaginaria

Bibliografía
Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector

Mil grullas (Segunda parte). Elsa Bornemann. Editorial Anaya (Recomendado: 11-14 años)

23 Abr

nosomosirrompanaya

Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima. Naomi se ajusta el obi (4) de su kimono (5) y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.
En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: Donguri-Koro Koro-Donguri Ko…(6) por última vez.
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos recados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos, desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.
Ya, ninguno de los supervivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
En diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera instalado dentro de ellos, en su misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno se insinuaba ya, en el aire y el muchacho no sabía si era el frío exterior o su pensamiento lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Con los ojos abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesilla, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro… -susurró, cuando su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…
Mil grullas o Semba-Tsuru (7), como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesilla. Sólo veinte. Después las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi –le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.
El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporalmente) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de periódico, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían guardar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.
La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó, primero, novecientos ochenta cuadraditos y, luego, los pegó, uno por uno, hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía. El muchacho se encontraba pasando hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las colocó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos heridos y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su furoshiki (8) y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por primera vez, tomó, sin pedir permiso, la bicicleta de sus primos.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
Prohibidas las visitas a esta hora –le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su pecho. Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió entrar: -Pero cinco minutos ¿eh?
Naomi dormía. Tratando de no hacer ruido, Toshiro puso una silla sobre la mesita y luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el techo. Pero lo alcanzó. Y en un momento estaban las mil grullas pendiendo (9) del mismo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.
Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Toshi-chan …(10) Gracias…
-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas –y el muchacho abandonó la sala sin volverse.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera dejó entrar, al entreabrir, por unos instantes, la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer al horror instalado en su sangre?

FEBRERO de 1976
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Como es serio y poco comunicativo, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se juntan algunas grullas de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
rullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa.
-Algún día completará las mil… -cuchichean entre risas-. ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?
Ninguno sospecha la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.

(4) Obi: faja que acompaña al kimono.
(5) Kimono: vestimenta tradicional japonesa, de amplias mangas, larga hasta los pies y que se cruza por delante, sujetándose con una especie de faja llamada obi.
(6) Donguri-Koro: verso de una popular canción infantil japonesa.
(7) Semba-Tsuru: mil grullas. Una creencia popular japonesa asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)- se logra alcanzar larga vida y felicidad.
(8)Furoshiki: tela rectangular que se usa para formar una bolsa, atándola por sus cuatro puntas después de colocar el contenido.
(9) Pendiendo: colgando.
(10) Toshi-chan: diminutivo de Toshiro.

Elsa Bonermann. No somos irrompibles. Editorial Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.
Texto

El texto de hoy, Mil grullas, que has leído en dos partes, es tan triste como lo que siempre es una guerra. Se trata del lanzamiento de la primera bomba atómica. El arma más destructora que ha creado el ser humano.

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques ordenados por Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio de Japón. Se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. El arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man, el jueves 9 de agosto, sobre Nagasaki. Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

Nuestra autora no renuncia a contar, en ese escenario terrible de las bombas, una maravillosa historia de amor. Naomi y Toshiro vieron rota esa historia por la espantosa bomba. Estaban muy enamorados. Empezaban una vida en un mundo, donde eran nuevos. Ese mundo no había existido antes para ellos. ¿Qué podían esperar de la vida que empezaban ahora? Lo que pensábamos todos cuando éramos pequeños. ¡Qué bien que ya conozco todo lo que me rodea! Juegos, palabras, paisajes, personas… Y una, sobre todo, con quien era feliz. No se podía pedir más. Era fantástico. Pero pasó lo peor que podía haber pasado. Su vida acabó no en un final feliz, que es lo que a todas y a todos nos habría gustado. No fue así. La verdad es la que cuenta Elsa Bornemann. Toda la vida de tantos cientos, miles de personas acabó aquel fatídico día. Ese que no dependía de unos militares que iban en los aviones. Porque sólo cumplían las órdenes de quienes mandaban. Aquellos tripulantes de los aviones, desde donde se lanzaron las bombas, quizá tampoco pudieron dormir ni si quiera vivir, pensando en lo que habían hecho. Habían acabado con tantos miles de seres humanos.

Elsa Bornemann, con este libro, quiere decirnos a qué conduce la guerra. Pensemos en todo aquello que podamos hacer, para que siempre exista la paz. Trabajemos por ella. Viajemos con las mil grullas.
En la última, cómo hacer una grulla de papel.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es ojos. Sí, después del espanto, del horror y la infinita tristeza, en aquel hospital donde estaba Naomi, que sabía que iba a morir (murió al día siguiente), algo sonreía en la niña: sus ojos. “Los ojos de Naomi seguían sonriendo”.

Quizá fueran aquellos ojos los que conservó, en su mente y en su corazón, Toshiro Ueda, durante toda su vida. Estaba lejos de Japón. Siguió haciendo grullas y más grullas. Siempre hacia esas mil, que colocará en su despacho, mientras su amor sigue vivo, recordando el primero. El de su amada Naomi.

Cuentame
Hemos tenido la inmensa fortuna de no vivir una guerra. ¿Conoces a alguien que haya tenido que sufrir esa experiencia? Por desgracia, en el mundo en que vivimos siguen existiendo las luchas entre seres humanos. En la siguiente página, verás cómo los humanos seguimos luchando. Sin parar. Sin tregua.

Podría ser útil e interesante que, de los periódicos que lees, de los que compramos en papel, en el quiosco o de los que leemos en internet, te hagas un archivo, con las guerras, conflictos bélicos que hay en el momento en que escribes. Si preguntas a alguien mayor que viva en tu casa o que conozcas (por amistades, de las vacaciones, familias de compañeras y compañeros, etc.) podrás saber lo que significa vivir en paz o en una guerra. Hagamos todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades, para asegurar la paz, para siempre. Cuéntanos tus acciones.
vNq6
Elsa Bonermann
Nació el 20 de febrero de 1952, en el barrio de Parque de los Patricios, en Buenos Aires (Argentina) y murió el 24 de mayo de 2013 en la misma ciudad.
Escritora vocacional pues ya desde pequeña tenía claro que quería serlo. Licenciada en Letras. Su literatura aunó inteligencia y audacia, aportando una fantasía sin límites, en historias de amor, de miedo o de terror. Escribió cuentos irreverentes, políticamente incorrectos para la época.  Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una relación de libros tomada también de la página web de Imaginaria.
Otro texto de la autora en Los Fundamentales de Canal Lector, La del once “jota”

Cuentos como pulgas. Beatriz Osés. Kalandraka Ediciones Andalucía (Recomendado: 8-10 años)

16 Oct

cuentoscomopulgas

Las lágrimas de la Jirafa
Cuando la jirafa lloraba, las lágrimas resbalaban por su largo cuello. Resbalaban, resbalaban, resbalaban y no llegaban a tocar nunca el suelo.

Esperando la lluvia
Uno a uno los niños se tumbaron sobre las hierbas azules del bosque de cometas. Ya se habían ajustado las gafas de natación y estaban impacientes… Desde aquel lugar podían ver cómo se acercaban lentamente unas gigantescas nubes de color naranja. A la señal de Juan Luna, todos abrieron la boca. Poco después, comenzó a llover un zumo dulce que sabía a verano. Y el aire olía a azahar (1).

Quiero volar
Todas las mañanas el pájaro del reloj de cuco se sienta en su ventana y piensa: “quiero volar”. Pero las agujas del reloj le señalan el cielo y hablan de los otros pájaros y le hacen entender que nunca volará. Entonces el reloj de cuco vuelve a su cama. Convencido. Pasan las horas sin tiempo y la noche le trae una suerte de olvido (2). Al amanecer, regresa a su ventana y se dice bajito, para que no lo escuchen: “quiero volar”.

Tobogán

Uno a uno los niños se fueron arremolinando en torno al tobogán del parque al tiempo que miraban hacia arriba. Luego inventaron toda clase de gritos de ánimo y agitaron los brazos para que se tirase. Pero él no se movía. Al verle allí sentado, una pequeña se acercó a la escalera y decidió subir los peldaños hasta llegar a su altura. “¿Puedes bajar ya?”, le preguntó conmovida. Él negó con la cabeza lanzando al aire un pequeño suspiro azul. “ ¡¡Nosotros también queremos subir!!”, exclamaron los niños a coro desde la arena. Pero él se limitó a encoger los hombros con resignación (3). Fue entonces cuando comprendieron que se había quedado atascado otra vez y decidieron subir en tropel para darle un último empujón… El elefante pudo sentir, como cada tarde, la brisa en las orejas mientras descendía por la rampa del tobogán.

(1) Azahar: flor del naranjo con perfume intenso.
(2) Una suerte de olvido: una especie de olvido.
(3) Resignación: resignarse, conformarse.

Beatriz Osés. Cuentos como pulgas.  Kalandraka Ediciones Andalucía

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
Lecturas breves, niñas y niños protagonistas, situaciones sensibles, casi poéticas, donde la realidad y la fantasía se dan la mano, en las palabras de la autora. Materias y temas que aparecen en los libros que ha leído o está leyendo. Aquí están La historia Interminable, Alfanhuí, o autoras y autores: Poe, Wilde, Christie, Delibes, García Márquez… Se autodefine nuestra autora como lectora anárquica y compulsiva. Lejos de esas listas preconcebidas, con métodos y procedimiento de leer que, sin duda, pueden resultar útiles. Aunque, recomendamos vivamente, en este sentido, las páginas que escribió la gran bibliotecaria Geneviève Patte: ¿Qué los hace leer así? Los niños, la lectura y las bibliotecas. Fondo de Cultura Económica, 2011, 270 págs. ISBN: 978-607-16-0792-8.

El presente trabajo es el último ensayo de Geneviève Patte (1936-), bibliotecaria francesa excepcional que cuenta entre otras distinciones la Orden Nacional de Mérito o la condecoración de Chevelier des Arts et Lettres por la consagración de toda una vida al fomento de la lectura infantil en todos los dominios geográficos. El libro, traducido al español por Lirio Garduño Buono, se estructura en doce capítulos, cada uno de los cuales puede leerse de forma autónoma, si bien tomados en su conjunto refuerzan el objetivo que se propone la autora, que es el de transmitir mediante argumentos de experiencia propia la clave humana en la que se asienta la labor del bibliotecario, y en particular la del bibliotecario infantil de hoy”.

 Palabra magica
De los muy atractivos títulos en los apartados del capítulo (Las lágrimas de la jirafa, Esperando la lluvia, Quiero volar y Tobogán), hemos seleccionado, para hoy, la palabra mágica volar.

¿Se puede pedir más belleza, exactitud, mejor manera de pasar el tiempo? A muchos relojes les encantaría ser una joya como estos que hemos visto. Un delicioso sonido que va acompañando a quienes viven con ellos. Son los relojes de cuco. Seguro que conoces muchos tipos de relojes. De torre, de pared, de sobremesa, de bolsillo, de muñeca, etc. ¿Y estos?

Reloj de agua. Máquina, aparato para medir el tiempo por medio del agua que va cayendo de un vaso a otro.
Reloj de arena. Máquina o aparato que se compone de dos ampollas unidas por el cuello, y sirve para medir el tiempo por medio de la arena que va cayendo de una a otra.
Reloj de cuco (el que tiene un pajarito mecánico que sale por una abertura y da las horas con su canto).
Reloj de pulsera (el que se lleva en la muñeca formando parte de una pulsera).
Reloj de sol (aparato ideado para señalar las diversas horas del día, según variamos con respecto al sol).
Reloj despertador (el que oímos todas las mañanas, para levantarnos)…

Y también usamos la palabra reloj, cuando decimos que alguien está como un reloj (está sano y ágil). Ser alguien un reloj, o como un reloj (muy puntual), etc.

Cuentame
Hemos visto cantidad de relojes. Algunos maravillosos. Pero ahora vamos a imaginar. ¿Te gustaría ser el cuco, en un reloj de cuco, que saliera de su casa cantando, cada vez que pasa el tiempo? Piensa que tienes que ver con pájaros con los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… ¿Crees que sería una buena profesión, para realizar ese trabajo? A lo mejor te resulta pesadísimo, estar pendiente siempre del tiempo que pasa y avisar a quienes viven contigo.

Si descartamos la profesión del cuco de la casa, ¿qué otra preferirías? ¿Podrías ser paragüero o paragüera, que tiene que ir con alguien del brazo, cada vez que llueve, para protegerlos? ¿Quizá preferirías ser una sombrilla, para que alguien no tome nunca el sol, en su vida? ¿Y si lo mejor para ti es ser un juguete, pero de los que se juega en el ordenador, donde estarías siempre? Nos queda una posibilidad. ¿Piensas que a ti te gusta ser como eres, porque en la vida lo pasas fantásticamente? Puede que tu frase preferida sea: yo quiero ser yo.

Pues te deseamos que tengas suerte y lo consigas.

 vNq6

Beatriz Osés Garcia

Nace en Madrid el 24 de noviembre de 1972. Licenciada en  Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora de Lengua y Literatura en un Instituto en Hornachos (Badajoz, España). Colabora en diferentes iniciativas de promoción de la lectura en Extremadura (España). Ha recibido varios premios, entre ellos, el Premio Lazarillo de Creación Literaria, año 2006, por el libro Cuentos como pulgas.

Nuestro observatorio

Más datos de la autora en su página web y su blog

Bibliografía

Libros de Beatriz Osés en Canal Lector y en su página web

Janosch cuenta los cuentos de Grimm. Janosch. Editorial Anaya

21 Nov

janosch

Érase una vez un joven muchacho a quien el dinero y la riqueza le daban exactamente igual. Todo cuanto poseía lo llevaba puesto: un pantalón, una chaqueta, una camisa, zapatos y, en invierno, un gorro. En cuanto tenía algo más, lo dejaba tirado por ahí para que otro lo encontrara. Para él sólo existía la música y sabía tocarla de maravilla. Allá donde fuera, tocaba una canción; siempre escuchaba música en su interior y se sentía impulsado a tocarla. ¡Qué bonito!
Si llegaba a una montaña en la que había madera secada por el viento, se sentaba y se tallaba una flauta. Y todas las canciones que el viento soplaba a través de la montaña, las sacaba el muchacho con acierto de la madera de la flauta.
Si se hallaba sentado junto a un lago, se hacía una flauta de caña, y todas las canciones que cantaban las aguas y las aves acuáticas a través de los juncos, él sabía tocarlas.
Si se sentaba en un prado, se construía un pequeño violín.
Así iba caminando y llegaba a otros países. De la comida y de la bebida no tenía por qué preocuparse. La gente le daba de las dos cosas por hacer música.
Una vez estuvo en una isla en la que había poca gente; tan sólo bosques áridos, arena caliente, mar y sol.
Yendo el muchacho por la arena, se encontró un hueso de pájaro. Era una pata de pájaro blanca, quebradiza y hueca. Con ella se hizo una flauta. Y cuando se puso a tocar, sonaba una música muy extraña, encantada, bella. Era una canción, pero también una historia. Una historia de un pájaro sagrado. Y el chico empezó a flotar por encima del mar, muy arriba, atravesando países de ensueño que nadie conocía.
El hueso era una pata del pájaro sagrado Kolp, al que los hombres habían matado ochocientos años atrás. Nadie había encontrado su cuerpo, pues el viento se lo había llevado y lo había depositado en la arena de la isla. Y cuanto más tocaba el muchacho, mejor sonaba la pata del pájaro. El tiempo dejó de existir: ayer era hoy y hoy era ayer y ayer era mañana; todo sucedía al mismo tiempo, todo era una sola cosa.
Una vez el chico dejó de tocar. De nuevo vio gente y, cuando cantaba la pata del pájaro, sucedía algo maravilloso: cada uno oía una historia diferente. Aquel sonido era una canción, eran tonos de música, pero también era una historia. Por ejemplo, el que buscaba algo, sabía de repente dónde podía hallarlo. O el que tenía preocupaciones sabía de pronto si valía la pena seguir preocupado (la mayor parte de las veces, no). Al que se le había muerto un amigo sabía de pronto dónde estaba: no muy lejos, por cierto, sino allí mismo, a su lado. Y los muy felices frotaban por el aire, muy arriba; eran como el pájaro sagrado Kolp, eran nubes y cielo y fuego y arena, eran risa y llanto y lluvia y sol, pero también un árbol.
Cuando el muchacho soplaba en su pata de pájaro, todo marchaba bien. Como si aún viviera el pájaro sagrado Kolp.

Janosch. Janosch cuenta los cuentos de Grimm. Ed. Anaya

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

El autor de este texto que has leído se llama Janosch. Y el libro a que pertenece este texto se llama Janosh cuenta los cuentos de Grimm. ¿Te acuerdas de los hermanos Grimm? Fueron Jacob y Wilelm, que se llevaban sólo un año entre ellos. Se dedicaron, durante mucho tiempo, más de diez años, a recoger los cuentos que sabían, los que había oído, los que les contaba la gente a la que preguntaban. Como ellos dijeron, a la literatura popular. La que sabía el pueblo.

Janosh, parece que hace un homenaje a aquellos fantásticos hermanos, gracias a quienes perviven los cuentos de años y años. Los que oyeron tantas niñas y tantos niños y mayores durante décadas, y que hoy los podemos considerar casi como un tesoro que tiene la Humanidad.

En el libro que verás en esta página, puedes encontrar muchos de los cuentos de los hermanos Grimm. Algunos muy famosos, como los que ya hemos mencionado y otros menos conocidos. Muy probablemente, si tienes afición por los cuentos, te gustará.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es música. Aquí tienes unas cuantas páginas de música, interpretadas con un instrumento que, seguro que conoces y que se parece mucho al que pudo construir nuestro protagonista. Recuerda lo que dice el texto:

Si llegaba a una montaña en la que había madera secada por el viento, se sentaba y se tallaba una flauta. Y todas las canciones que el viento soplaba a través de la montaña, las sacaba el muchacho con acierto de la madera de la flauta.

Música con flauta 1
Música con flauta 2

¿Te imaginas que alguno de estos profesionales de la música haya empezado como el chico del cuento? ¿Por qué no? Porque nuestra palabra de hoy sí que es absolutamente mágica. Sabes que, además, la música que hoy escuchamos también lleva letras, historias que nos cuenta, como la del muchacho del cuento de Grimm. ¿Conoces alguna que te guste mucho? ¿Sabrías interpretarla, con el instrumento que seguro que sabes manejar: flauta, guitarra, piano, batería…?

Cuentame

Hoy vamos a jugar una gran competición europea: la Champions Grimm. La competición se juega entre dos equipos, que han llegado a la final. Consiste en averiguar cuáles de los siguientes títulos pertenecen a cuentos de los hermanos Grimm. Una vez que toméis las decisiones, hay que contar muy brevemente el argumento de los dos primeros cuentos de Grimm. Podéis comprobar que sabéis mucho de los cuentos de Grimm, en estas páginas:

Canal Lector
Cuentos de Grimm
Rincón castellano

La competición consiste en saber cuáles de los siguientes títulos corresponden a obras de los hermanos Grimm. ¡Atención!, porque se ha colado alguno que no es de ellos. Si conseguís los puntos que se necesitan, sólo os quedará contar el cuento que elijáis. Si lo lográis, ¡enhorabuena! Seréis nombradas o nombrados campeones de la Champions Grimm. ¡Suerte!

1 El frutero que sabía demasiado
2 El sastrecillo valiente
3 La bella durmiente
4 La casa de Tócame Roque
5 Blancanieves
6 Caperuza naranja
7 Hansel y Gretel
8 Cenicienta

Autor

Janosch

El verdadero nombre del autor es Horst Eckert.  Janosch es un seudónimo que le sugirió su amigo el editor,  George Lenz.
Janosch nació el 11 de marzo de 1931 en una ciudad fronteriza llamada actualmente Zaborne (Polonia).
Es escritor e ilustrador, sus libros se caracterizan por el humor.
Los primeros años de su vida los pasó con sus abuelos. Fue al colegio hasta los 13 años. Después trabajó en una herrería y en una fábrica de telas.  Marchó a Munich y allí estudio arte, aunque no termino la carrera.  Todos los libros los firma con sus seudónimo.
Desde 1980 vive en Tenerife (España).
Ha recibido varios premios.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos y curiosidades sobre Janosch en Biblioteca virtual y en su página web.

BIbliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  Canal Lector.

Mi año. Roald Dahl. Editorial SM

9 May

miano

Sólo una vez descubrí en nuestro huerto una topera nueva en el mes de febrero. Me encanta observar las toperas, porque me indican que sólo a unos centímetros bajo el suelo unos simpáticos e inofensivos individuos pasan la vida muy ocupados horadando túneles arriba y abajo en busca de comida. Pero raramente suelen hacerlo en febrero. Lo hacen en otoño, porque cuando en octubre y noviembre el tiempo se enfría, las lombrices y los gusanos de los que se alimentan se meten en las profundidades de la tierra y, por tanto, los pequeños topos deben cavar túneles nuevos y más hondos para atraparlos.

¿Sabéis algo sobre los topos? Son unos animales extraordinarios, tímidos y mansos, y sus abrigos de piel tienen un tacto más suave que el del terciopelo. Son tan tímidos que rara vez veréis alguno en la superficie. Cada topo posee su propia red de túneles, que no se encuentra a más de quince centímetros de la superficie. Las pezuñas delanteras de estas diminutas criaturas tienen forma de espada y les sirven para cavar más fácilmente. Las toperas que habéis visto en alguna ocasión no son sus casas, por supuesto. Se trata de simples montones de tierra suelta que un topo ha apartado de su camino porque, después de todo, si se cava un túnel subterráneo, en algún lado habrá que poner la tierra sobrante.

Un topo puede cavar unos noventa centímetros en una hora, y normalmente le pertenecen alrededor de noventa metros de túneles privados que ningún otro topo utiliza. Todos prefieren llevar vidas solitarias, cada uno corriendo arriba y abajo por su red de túneles y buscando comida día y noche. Su comida consiste en larvas de mosca, de escarabajo, de ciempiés y lombrices, y lo más fantástico es que cada topo tiene que comer cada día ¡la mitad de su peso! de estas pequeñas delicias para sobrevivir. No me extraña que sean unos tipos ocupados. ¡Imaginad cuánto deberíais comer vosotros para consumir la mitad de vuestro peso! Cincuenta hamburguesas, cien barras de pan y un cubo de chocolatinas Mars, y lo mismo un día tras otro. Pensarlo hace que uno se ponga malo.

El topo no es un marido muy atento. Cuando llega la época de apareamiento, sencillamente se mete en el túnel de una vecina y, después de haberse apareado, regresa de nuevo a su territorio, dejando que ella dé a luz y críe a los cachorros sola. Todos conocemos a algunos humanos que se comportan más o menos de la misma forma pero no entremos en eso.

Yo, que soy jardinero, siempre he considerado al topo como un amigo porque se come todos los asquerosos ciempiés, todas las larvas de mosca y todas las demás plagas que dañan nuestras flores y verduras.

Muchos campesinos emprenden salvajes cruzadas contra ellos por sus toperas, y los matan con toda suerte de métodos crueles, usando trampas, veneno o gas tóxico. Pero yo voy a revelaros la forma más sencilla de convencer a un topo de que abandone vuestro jardín o vuestra tierra. Los topos no pueden soportar ningún tipo de ruido. Le ponen más nerviosos de lo que ya son. Así que cuando veo una topera en el jardín, busco una botella de vino vacía (hay muchas alrededor de nuestra casa) y la entierro cerca, dejando fuera sólo el cuello.

Entonces, cuando el viento sopla a través de la boca de la botella produce un suave murmullo. De día y de noche, porque siempre hay algo de brisa. El ruido constante encima de su túnel enloquece al topo, que muy pronto hace las maletas y se va a otra parte. No es broma. Realmente funciona. Yo lo he comprobado muchas veces.

Roald Dahl.  Mi año. Ed. SM

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Hoy vamos a acompañar a Roald Dahl cuando observaba su huerto. ¿Cuánta vida se descubre al observar?

Sí, es una cosa tan exigua, tan simple, tan pequeña como un topo. Un animalito del tamaño de un ratón, con ojos diminutos y casi ocultos por el pelo, que abre galerías subterráneas donde vive, para alimentarse de gusanos y larvas de insectos.

La ventaja que tiene este texto es que nos permite transitar, casi como topos, por nuestra propia vida. ¡Cuántas cosas que nos acercan a este mundo que nos rodea, en el que estamos! Lo que sí sabemos, por esas líneas finales es que Roald Dahl utiliza una manera no violenta de que salgan de su jardín. No plantea la bondad de los topos que van al jardín. Sabe y sabemos, a ciencia cierta, que los topos pueden ser perjudiciales para varias cosas. Y si no, seguro que hay algún lector que ha oído en casa, a los mayores o a amigos que han sufrido con la presencia de los topos. ¡Me han destrozado el huerto! ¡Me han hecho polvo el jardín! ¡Hay que acabar con esos topos!

Sí, Dahl no niega esa circunstancia. Pero lo que sí hace es aportar una solución que no pasa por la violencia. Al contrario, es un remedio pacífico, no lesivo para el entorno, que permite librarse de lo que puede llegar a ser casi una plaga. La imaginación, el trabajo, la buena voluntad y la convivencia pacífica con la Naturaleza convierte al autor casi en un naturalista, una persona con conocimientos en las ciencias naturales. Queda clara su discrepancia con los procedimientos de exterminio utilizando las palabras: “Salvajes cruzadas”, “Métodos crueles”, “Trampas”, “Veneno”, “Gas tóxico”.

Consideramos que el comentario sobre cualquier campaña, organismo, actuación, incluso planteamiento personal en defensa y protección del entorno natural es un buena opción para, partiendo de la literatura, llegar a decisiones de gran trascendencia en el futuro de la vida del Planeta.

 Palabra magica

La palabra mágica hoy es observar. Hemos acompañado a Roald Dahl en su paseo y vamos a hacer lo mismo que él en los nuestros. Observar, dice el diccionario que es examinar atentamente, mirar con atención. Pero el juego con nuestra lengua nos permite ir a sus sinónimos, a esas palabras que tienen igual o muy parecido significado.

Elijamos, de entre estos, el que cada lector prefiera por gusto a esa palabra, porque la usa más, porque se acerca más a lo que él o ella hacen, porque le interesa para empezar un cuento, un escrito, una novela que le encantaría escribir…

Entre los sinónimos encontramos, palabras como:       acechar        espiar           vigilar                experimentar            examinar         comprobar      ensayar       descubrir     apreciar, etc.

Cualquiera de ellas puede ser un motivo para el juego léxico y de pensamiento. ¿Qué te gusta más y por qué? ¿Cuándo lo utilizas/aplicas? ¿A quién asociamos ese verbo? ¿Qué profesión tiene quien lo utiliza? No olvidemos que somos “investigadoras o investigadores” de palabras.

La relación con la vida real y/o profesional puede generar charlas sumamente interesantes, donde el respeto, la no violencia, el turno de palabra, serán casi una normativa de la comunicación.

Cuentame

Hoy puedes ser una maga o un mago. Puedes, para empezar a hacer pruebas con tu magia, utilizar algo fundamental: la palabra mágica, que esta vez ha sido observar. ¿Y cómo conseguir magia con la palabra observar? Pues es una magia natural. La misma que conseguía Roald Dahl observando a los topos. Sabía lo que hacían, dónde vivían, qué comían, qué les gustaba y qué no les gustaba… Así lograba, casi por arte de magia, llevar a los topos a otra parte, que no fuera su jardín, pero que vivieran tranquilos y que nadie acabara con ellos. Y ahora, cuéntanos.

¿Conoces bien a algún animal? ¿Tienes animales en casa, como mascota? Cuéntanos cuál es tu preferido y háblanos un poco de su vida. Dónde está, cómo vive, qué come. ¿Vas a algún sitio con él? Qué hace: ¿anda?, ¿nada?, ¿vuela?, ¿salta?, ¿corre?… Dinos qué has pensado para cuando los meses o los años vayan pasando. ¿Qué harás con tu mascota? Y, sobre todo, cuéntanos ese secreto que tienes tan bien guardado. Sólo para amigas y amigos muy importantes. Te pedimos ese favor. Dinos cómo se llama. ¿Quién le puso el nombre? ¿Cuándo se lo puso? ¿Por qué le puso ese nombre?

Dinos lo que más te gusta y lo que menos de tu mascota. Seguro que harías cosas muy buenas por esa mascota maravillosa. Que tengas suerte y te vaya muy bien con ella o con él.

Autor

Roald Dahl

Nació el 13 de septiembre de 1916 en Llandaff (Inglaterra) y murió en Oxford (Inglaterra) el 23 de noviembre de 1990.

De origen noruego. Su padre murió cuando él tenía 3 años. Fue a una escuela cercana a su casa hasta los 9 años y después  a un internado en un colegio inglés. Terminó el bachillerato con 18 años. A su madre le hubiera gustado que estudiara en la Universidad pero él no quiso y comenzó a trabajar para una compañía de petróleo. Su deseo era viajar y se marchó a África. De esa época dice: “Era una vida fantástica (…) Aprendí a hablar swahili. Viajaba hacia el interior del país visitando minas de diamantes, plantaciones de sisal, minas de oro y todo lo demás. Había jirafas, elefantes, cebras, leones y antílopes por todas partes, y también serpientes…”

Se casó en 1953 y fue padre de cinco hijos a los que contaba cuentos. Escribía los libros en una cabaña que había al fondo de su casa.

Él decía que estaba siempre a favor de los niños. Le gustaban los deportes y la fotografía.  Muchos de sus libros han sido llevados al cine.

El ilustrador de la mayoría de sus libros fue Quentin Blake. Este dijo de Roald Dahl que tenía la capacidad de imaginar situaciones surrealistas igual que él. Además comentó que supo crear en sus libros un mundo entre lo real y lo insólito.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se pueden ampliar algunos datos sobre Roald Dahl, además de conocer su página web y un estudio sobre su vida y obra.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de  Canal Lector.

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 11-14 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 11-14 años

1.- El perro Bobby.  Luigi Malerba

No te puedes imaginar lo que supuso el perro Bobby en el teatro y en la Televisión italiana. Porque Bobby era un fantástico actor de teatro. Si echas un vistazo a esta página y, por supuesto a este recomendable libro de Luis Matilla,  a lo mejor encuentras estupendas informaciones sobre el arte teatral.

Quizá las necesarias para unir palabras y definiciones (además del diccionario, naturalmente).

Palabras:
1 Escenario
2 Ensayo
3 Telón
4 Decorados

Definiciones:
a) Lugar donde se representa la obra, a la vista del público.
b) Todos los objetos que se necesitan para la representación: muebles, telas, pinturas, etc.
c) Prueba que se hace para ver qué tal sale la obra.
d) Tela muy grande que se pone en el escenario. Puede bajarse y subirse o ir de derecha a izquierda. Cuando empieza la obra, se dice: “¡Arriba el telón!”

2.-  Las Islas Felices detrás del Viento.  James Krüss

Pues por desgracia, no estamos en las Islas Felices. Dice el autor, James Krüss, que están rodeadas a veinte millas marinas de distancia por una corona de vientos en torbellinos, por la que nadie puede entrar por el agua o por el aire.

Sabemos que una milla marina son 1852 metros. Es decir: Si la distancia entre Madrid y Barcelona es de 621 kilómetros, la distancia en millas marinas sería de 345. Pero como no tenemos que inventar lenguajes secretos, vamos a ver qué nos cuenta el hombre viejo con barba.

Había cosas maravillosas en las Islas felices. Y cuando aparecieron otras, dice el autor que la vida se torció y fueron peores. Verás ahora distintos nombres. Acompaña a Abdula, a Emma ojos de águila, a Emma banco de arena y a Emma pico de goma. Escribe, en dos columnas, cuáles serían, para ti, cosas buenas, en una y cosas malas, en otra.

Frutas, huevos, leche.  Lenguaje secreto.  Pan para todos.  Flechas para cazar.  Comer muchísimo, por si acaso.  Hablar todos con todos.
Tener pieles de animales para ropa.  Tiempo para hablar y jugar.  Paz entre los humanos.   Ganar siempre el más fuerte

3.- Mi año. Roald Dahl

En la lectura de este texto, encontramos dos opiniones del mismo autor. Por una parte, dice que los topos son animales extraordinarios. Se comen asquerosos ciempiés, larvas de mosca y plagas que dañan las flores y las verduras. Por otra, el topo no es un marido nada atento hacia su compañera: deja que ella dé a luz y que críe a los cachorros sola. Como hacen muchos humanos, dice Roald Dahl.

Lo que sí nos dice, para que se vayan pero sin matarlos, es un truco que funciona, como él ha comprobado.

¿Qué truco utiliza el autor? Elige la respuesta correcta.

1) La mejor solución es perseguirlos con un veneno.
2) Pone, en la puerta de la cueva que es la casa de los topos, unos caramelos y cosas dulces. Se espera a que el topo salga a comérselos y entonces se le atrapa con una bolsa de plástico.
3) La mejor solución es buscar una botella vacía. Enterrarla, dejando el cuello arriba, sin enterrar. Esperar a que haya una brisa o un viento. Se producirá en la botella una especie de silbido o murmullo. El topo se irá, porque no soporta el ruido.
4) El mejor truco es marcharse de allí. Regalar la casa y la finca y que venga otro dueño.

4.- Vuelve pronto. Alberto Manzi

Has leído un texto que nos cuenta la relación entre dos jóvenes de distinta raza, distinto color de piel, distintas formas de vivir y de pensar. Son Isa y Filips. Y sabemos que la palabra mágica que hemos elegido es: amigo.

También podríamos poner un título al texto. Por ejemplo: Sí, pero Vuelve pronto, que es la última frase de nuestro texto de hoy.

En la lectura, encontramos muchas palabras relacionadas con el tiempo que pasa. Señala, en las siguientes frases o palabras, cuáles son las que tienen que ver con el tiempo que dura algo que sucede o puede suceder.

1) Durante muchos días
2) ¿Quién dice eso?
3) Isa comenzó a comprender
4) Volverás a verme
5) Ya no le gritaba cuando fallaba un tiro.
6) Ahora llévame a casa

5.- El rastro de “El Caracol”Wolfgang Ecke

Fíjate si es importante conocer el significado de las palabras. En los libros policíacos, en las películas de ese género y en la realidad que nos cuentan los periódicos o la televisión, una sola palabra o una expresión es la mejor arma que suelen utilizar la policía, los detectives y quienes persiguen a los que hacen el mal. El caracol pertenecía al gremio de los ladrones de la gran ciudad. Pero ¿por qué lo llamaban El caracol?

1) Porque cuando robaba algo muy caro, se le caía la baba.
2) Porque iba en un coche que era más lento que un caracol.
3) Porque se ponía a comer con tranquilidad, cuando robaba.

El caracol es un mote, que también se llama apodo. Es un sobrenombre que se da a alguien por una cualidad o condición suya. ¿Tienes tú algún mote? ¿Conoces a alguien que lo tenga? A ver si unes los apodos o motes con los personajes:

1 La reina del pop
2 El Caracol
3 La pulga

a) Leo Messi
b) Madonna
c) Ferdinand Huf

6.- Caperucita en ManhattanCarmen Martín Gaite

El veterano comisario de Harlem, localidad al norte de Manhattan, en la ciudad de Nueva York, conocía muchas cosas de miss Lunatic. ¿Qué quería proponerle aquella tarde de invierno, a cambio de una suma importante de dinero?

1) Que entrara en el cuerpo de policía.
2) Que colaborara con la policía como confidente, o sea, espía.
3) Que jugara con él al póquer y ganaría mucho dinero.

La conversación entre Mis Lunatic y el comisario parece un juego de preguntas y respuestas. Las preguntas de Mis Lunatic son: ¿Para qué necesito yo dinero, mister O’Connor? ¿No le parece que he dado pruebas suficientes de asegurarme yo sola mi vejez? ¿A qué llaman vivir? Es verdad (que no pedía dinero) ¿y qué? Cuando el comisario le dijo que si no tenía ni dinero ni miedo, Mis Lunatic le responde con otra pregunta: Yo no. ¿Y usted?

El comisario, como está bastante alucinado con lo que piensa y dice mis Lunatic, le pregunta (refiriéndose a cuándo llegó): ¿En 1885? ¿El mismo año que trajeron aquí la Estatua de la Libertad? ¿Va a ir usted a casa de Edgard Wolf? ¿El rey de las tartas?

Ahora, nosotros preguntamos y tú respondes. ¿Dónde se escriben los signos de interrogación?

1) Los signos de interrogación se escriben al principio y al final de las oraciones en que se formula una pregunta
2) Los signos de interrogación se escriben al final de la pregunta.
3) No hace falta escribir esos signos. Se sabe que es pregunta.

7.- El cuento de mi vidaHans Christian Andersen

Has leído un texto escrito por el autor que tanto conoces. Sí, lo conoces quizá no por su vida, esa que nos cuenta en el texto. Piensa un poco y responde a estas facilísimas preguntas, en las que sólo te pedimos que nos digas la verdad. ¿Cuál de estos cuentos has leído?

La sirenita, El patito feo, El soldadito de plomo, La tetera, La pequeña cerillera… A lo mejor, has leído alguno que no está en esta lista.

Hay, en este texto, unas palabras muy interesantes, que no dice Andersen. Las dice un poeta que se llamaba Baggesen, y que estaba en una cena donde fue Andersen, que lo que quería era ser cantante. Esas palabras van entre comillas: “Pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”. Y siguió diciendo algo que a Andersen le sirvió para siempre: “Pero no te envanezcas cuando el público te dedique sus aplausos”. Es decir, no seas presumido, vanidoso, cuando alguien te aplauda. Dijo que había que ser natural y no presumido.

Has visto que las palabras que dijo el poeta Baggesen van entre comillas. ¿Sabes por qué?

1) Las comillas se ponen cuando no se entiende lo que se dice.
2) Las comillas se ponen cuando se escriben las palabras o frases que ha dicho otra persona.
3) Las comillas se ponen cuando decimos palabras que no están en el diccionario.

8.- El muroGerald Durrell

Algo muy importante que debemos hacer siempre (y más si vamos a alguna excursión a un lugar donde haya animales), es informarnos sobre ellos. Con los que conocemos y sabemos cómo son, no hay problema. Pero ¿y si no sabemos cómo es determinado animal?
Por tanto, lo mejor es informarnos. Tenemos libros, enciclopedias, ordenadores y muchas maneras de obtener lo más valioso. La información.

Empezaremos por rellenar las letras que faltan en estos nombres. Cuando lo tengamos, iremos a nuestras fuentes de información y ellas nos dirán si corremos o no graves peligros con esos animales.

Palabras a las que les falta una letra:  (letras posibles para poner: v, b, h)

Ti-urón blanco
-íbora mocasín de agua
-ipopótamo africano
Lo-o gris
Perro dó-erman
a-ispa de mar

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 11-14 años
1: La respuesta correcta es: 1 – a     2 – c      3 – d     4 – b
2: Respuesta libre
3: La respuesta correcta es la número 3
4: La respuesta correcta es: 1), 3), 4), 5) y 6). Son adverbios, preposiciones, verbos en futuro que nos indican cuándo se realiza la acción.
5: La respuesta correcta es la número 3
6: Las respuestas correctas son: La primera cuestión es la número 2. La segunda pregunta es la número 1
7: La respuesta correcta es la número 2
8: La respuesta es la siguiente: Tiburón blanco;  víbora mocasín de agua;  hipopótamo africano;  Lobo gris;  Perro dóberman;  avispa de mar

Horacio. Gloria Cecilia Díaz. Editorial Anaya (Recomendado: 9-11 años)

5 Nov

oyenmeconlosojos

Al cabo de un rato, ya limpio y abrigado, se sentó junto a su madre en una silla de la cocina. Ella le dio una taza de leche caliente con azúcar y canela.
-Mamá… ¿alguna vez te dio miedo mi sordera? –le preguntó Horacio con sus manos.
-No, hijo. Al principio, tristeza, mucha tristeza. A lo mejor la tristeza también es miedo… -le contestó ella también con las manos.
-¿Y ahora?
-¿Ahora? ¿Por qué habría de estar triste ahora si vas por la vida como cualquier niño? Digamos que en algunas cosas les llevas ventaja a algunos niños, porque ves cosas que ellos no ven. ¿Sabes? Siempre que a uno le falta algo, tiene que luchar más para alcanzar lo que quiere. En el pueblo donde viví cuando era niña había una mujer que lavaba la ropa de la gente rica, de eso vivía. Era muy pobre; recuerdo que iba descalza. Aquella mujer tuvo dos hijos; el menor nació sin brazos. Los crió sola a los dos, porque su marido se fue un día sin despedirse siquiera.
-¿Le…da…ba…mie…do…del…ni…ño…sin…bra…zos? –preguntó Horacio.
-Tal vez, hijo; no lo había pensado. Los niños crecieron. El mayor empezó a ir a la escuela y, cuando el pequeño debía empezar sus estudios, la pobre madre se presentó con él ante el director, pero este no quiso admitirlo.
Horacio miró a su madre espantado.
-¿Sabes qué hizo el niño, Horacio? Se quitó los zapatos, tomó con la boca una hoja de papel y un lápiz del escritorio del director, los tiró al suelo y, mientras con un pie tenía la hoja, con el otro escribía su nombre y apellidos con una letra clara y uniforme.
El director se puso rojo como un tomate, y su secretaria y la profesora de ciencias naturales, que estaban allí presentes, lo miraron como diciéndole: “Debería darle vergüenza, señor director”.
-¿Lo…ad…mi…tió…en…ton…ces?
-No tuvo más remedio. La madre contó lo sucedido a medio pueblo. Ya puedes imaginar cómo se sentía de orgullosa. El niño sin brazos aprendió rapidísimo a leer y a escribir. Pero había algo que aún hacía mejor: dibujar. Había comenzado desde muy pequeño. La lavandera contó que una vez, al volver ella y su hijo mayor de lavar la ropa en el río, se encontró las paredes de la casa, que habían pintado recientemente con cal, llena de dibujos al carbón. Había caballos galopando por el cielo, una flor gigantesca en cuyo centro había un pueblo y un árbol que hacía del sol. Se puso furiosa y llamó a gritos a su hijo pequeño. Ella lo había visto utilizar trozos de carbón de la cocina para dibujar en el suelo todo lo que se le ocurría.
Sin embargo, le parecía increíble que los dibujos tan hermosos que había en las paredes los hubiera hecho él. A la vez, estaba furiosa al ver que las paredes blancas de su casa, de las que se sentía tan orgullosa, ya no eran blancas. El niño llegó del patio, la lavandera miró los pies y vio que estaban negros de carbón.
-Mamá, las paredes eran como una inmensa hoja de papel…-le dijo el niño.
La madre no supo qué decir y se echó a llorar.
-¿Lloraba por lo de las paredes? –preguntó Horacio con sus manos.
-No, hijo, lloraba de emoción. Ella, que no sabía ni leer ni escribir, sabía que esos dibujos que su hijo había hecho eran el comienzo de algo. Sólo los caballos de verdad eran tan hermosos como los que su hijo había pintado. Y la flor, ¿no era el mundo como una flor que albergaba los pueblos? Y el sol, ¿no era acaso la fuente de vida de la que nacían los árboles?
-Qué…pa…só…des…pués? –preguntó Horacio.
-El niño creció y siguió pintando. Muchos años después, mi madre me contó que había ido a estudiar a la universidad. Más tarde, los perdimos de vista.
-Para ese niño los pies eran también sus brazos… -dijo Horacio con sus manos-. Como mis ojos son mis oídos, y mis manos, mi voz…
-Así es, hijo.
-Pero… ¿sabes, mamá? A veces me da rabia ser sordo. Me da rabia no oír tu voz ni la de papá, ni la de Claudio, ni la de Banu, ni los maullidos de Raimundo, ni los gritos de la gente en el estadio cuando voy a ver los partidos de fútbol…
-Mi voz, la de tu padre y la de tus hermanos están aquí –dijo la madre señalando el corazón de Horacio.

Gloria Cecilia Díaz. Óyeme con los ojos. Editorial Anaya

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Horacio es sordo. Por eso, el libro de donde está sacado este texto se llama: Óyeme con los ojos. Las personas que no pueden oír necesitan comunicarse. Por eso existe una lengua especial, una lengua de signos, que deben conocer quienes hablen con ellos o ellas. Las personas con sordera.

Aquí tienes, en la dirección que te damos, cómo es la lengua de signos que emplean los sordos y también los sordomudos. Hay muchas personas que tienen esas dos carencias o ausencias. No pueden oír y tampoco hablar.

Gracias a esos signos, que se pueden aprender, llegan a tener la posibilidad de comunicarse con otras personas. Son estos signos (aparecen más en la página, por si quieres conocerlos o incluso aprenderlos).

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es la palabra voz. Esa maravilla de la naturaleza que tenemos para hablar, cantar, sentir, ayudar, reír, comprender y todas esas cosas que puedes añadir, hasta hacer un fabuloso diccionario. Protege tu voz. Cuídala. Es un don que nos hace ser tan felices como esos niños que has visto. Suponemos que puede que te suceda lo mismo que a nosotros, cuando vemos la risa de esos niños que oyen, por primera vez, a su madre o a su padre.

Son lágrimas de alegría, porque se ha producido la magia de la voz.

Cuentame

¿Conoces a alguien que, como Horacio, tenga alguna discapacidad? ¿Crees que la sociedad, el mundo que nos rodea, valora y considera a esas personas con discapacidad? ¿Crees que podríamos hacer más cosas por ellas o por ellos? Seguro que te has fijado en algo que te llamó la atención. Piensa un rato y dinos cómo podríamos considerar mejor a las personas ciegas, sordas, mudas o con alguna de las muchas discapacidades que el ser humano puede tener. En la página que te mostramos a continuación, nos hablan de la importancia que tiene la información a la sociedad. Conocer la realidad es algo imprescindible. Puede ayudar a los enfermos y, por supuesto, a nosotras o a nosotros, también.

Has visto a personas discapacitadas y a las que viven con ellas o con ellos. ¿Crees que podríamos trabajar, para que la sociedad admita y colabore con esas personas?

Esperamos, con muchas ganas, las posibles respuestas. Tu colaboración también es muy importante.
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Gloria Cecilia Díaz
Nació el 21 de septiembre de 1951 en Carlacá (Colombia).
Estudió Lenguas Modernas en la Universidad del Quindío, Armeni (Colombia) y se doctoró en Letras por la Universidad de la Sorbona (Francia). Fue Profesora de Literatura en su país hasta 1982. Ha trabajado como redactora en editoriales,  ha sido corresponsal, traductora y correctora de textos para la Unesco. Es autora de textos de Lengua Española para enseñanza primaria y secundaria, y su obra literaria comprende novela, cuento y poesía. Ha recibido numerosos premios.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos y curiosidades sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Gloria Cecilia Díaz tomada de Canal Lector.

Reunión de ratones. Popular. Editorial Imaginarium (Recomendado: 9-11 años)

22 Oct

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Un día, una comunidad de ratones estaba más que harta, porque había un gato enorme y tragaldabas, que los perseguía sin piedad hasta donde fueran. No había manera de escapar de aquel terrible enemigo. Cualquier lugar donde pudieran esconderse esos animales tan pequeños y escurridizos, lo conocía el terrible gato. Y a por ellos iba. Su crueldad y ganas de zampar ratones eran ya conocidas en todo el país ratonero. Sí, todos lo sabían.
Pero había que encontrar una solución para poder vivir. Por eso, el anciano ratón “Mil Años”, que así lo llamaban, pensó que lo que mejor podían hacer era reunirse en asamblea ratonera, a la que era muy importante acudir. Todos podrían, allí, expresar lo que les sucedía y lo que pensaban que podrían hacer.
Y así se hizo. En la cueva más profunda, que sólo “Mil Años” conocía, se reunieron más de quinientos ratones, para expresar sus opiniones.
“Mil Años” se subió a una piedra muy alta, que había en aquel lugar, dio dos palmadas lo más fuerte que pudo y empezó a hablar:
-¡Silencio!, ¡silencio! Quiero que todos los que aquí estáis, en orden, expliquéis qué os está pasando con ese gato canalla, que nos hace la vida imposible.
Todos los ratones empezaron a decirse, unos a otros, ¡sí, sí! Tiene razón “Mil Años”.
-Mientras no sepamos cuándo va a llegar el gato asesino a acabar con nosotros, no tenemos nada que hacer. Somos débiles y pequeños y él es fuerte y grande. Nunca podremos luchar contra él –dijo Ratonín, un ratón listo que pensaba mucho.
En la asamblea de los ratones, todos se pusieron tristes y se oyó un ¡oooohhhh! Parecía que no iban a encontrar una buena solución, para librarse del horrible gato.
Él llegaba sigiloso, sin hacer ningún ruido y, entonces, de un salto, daba un zarpazo al primer ratón que estaba allí, despistado. Luego, se lo zampaba y a buscar otro.
-Bueno –dijo “Mil Años”. He pensado y pensado, mucho, muchísimo. Creo que lo más importante es enterarnos de cuándo llega el odioso gato, para poder escapar al rincón más oculto que conozcamos. Ese al que nunca podrá llegar el terrible animal.
-¡Bieeeennn! -Gritaron todos los ratones.
Entonces, cuando acabaron de gritar, levantó la mano un ratón que estaba en la fila doce de los ratones. O sea, muy atrás. Casi no podía ver ni oír a “Mil Años”.
-A ver –dijo “Mil Años”. Allí veo una mano que pide la palabra. Escuchemos todos, en silencio, al compañero de la fila doce.
-Es que yo pienso, compañeros, que el secreto para nosotros está en saber cuándo viene el maldito gato.
-¡Perfecto! –dijo “ Mil Años”. Sí señor ratón de la fila doce. Fíjense ahora, todos los que están aquí, lo que tengo en la mano.
-¡A veeer! –dijeron todos.
-¿Qué es eso? –dijo un ratón de la reunión.
-Pues sí –dijo “Mil Años”-. Esto que veis aquí es un cascabel. Eso que llevan los humanos cuando son pequeñitos. Se lo ponen al niño o a la niña y así saben los mayores dónde está.
-¡Hala, qué guay! –dijo un ratón-. Ya lo entiendo. Si le ponemos un cascabel al gato, sabremos si viene o no a zamparse alguno.
-¡Exactamente! -dijo “Mil Años”.
-¡Bien, bien! –gritaron todos, entusiasmados.
Pero una ratoncita vieja y muy delgada alzó la mano y preguntó:
-Y decidme, compañeros, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Popular. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Editorial Imaginarium

Texto

Todos los ratones se reunieron en una cueva para decidir qué iban a poder hacer, para librarse del gato que se los comía. Allí estaba Mil Años, un sabio anciano, que iba a ayudar a toda la asamblea de ratones, para encontrar una solución. La cosa iba muy bien y todos parecía que estaban contentos, porque se iba a saber cuándo venía el gato y así, ellos se podrían esconder. Mil Años dijo que había que ponerle un cascabel al gato y así lo oirían. La cosa no terminó del todo, porque una viejecita, que sabía mucho, hizo una pregunta, para ver quién la respondía: “¿Quién le pone el cascabel al gato?”

No sabemos si salió algún valiente o alguna valiente ratona, que se arriesgaría a poner el cascabel al gato. La cosa no era nada fácil. Pero ¿tú crees que alguien le pondría el cascabel al gato? Si crees que sí, porque era algo muy importante, dinos tu opinión. Marca con una X lo que decidas:

NO. No le pondrán el cascabel al gato, porque era muy peligroso.
. Sí le pondrán el cascabel al gato, porque les iba la vida en hacerlo, para salvarse. Oirían el cascabel y se esconderían.
Ni SÍ ni NO, porque era una decisión demasiado difícil para ellos.

Aquí tienes, unas líneas más abajo,una dirección, con dibujos y audio relacionados con la fábula que has leído. Son para gente de menos edad que tú, pero resumen muy bien el pensamiento del texto. Si conoces a niñas o niños de menor edad que tú, puede que le guste esta págins. Seguro que te lo agradecerán.

Y como los ratones son animales que aparecen mucho en los cuentos, en la siguiente página tienes otra historia. Y también encontrarás la moraleja. O sea, la enseñanza que nos da esa historia.

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es solución. Ahora verás una serie de definiciones de palabras. Pero sólo una es la definición de la palabra solución. Delante hay unos números. Une los números con las definiciones:

1. No encontrar lo que buscamos. A. Solución
2. Final de algo en que teníamos dudas. B. Perder
3. Distintas opiniones sobre algo. C. Sigilo
4. Silencio que se hace con cuidado. D. Discusión

(Solución: 1 – b;  2 – a; 3 – d;  4 – c).

Cuentame

Una de las cosas que nos enseña este texto que has leído es la importancia que tiene la comunicación. Esta era entre ratones, pero vale, igualmente, para las personas. Si los ratones hubieran actuado, cada uno por su lado, sin ponerse de acuerdo en cómo actuar, probablemente el terrible gato grande y come-ratones habría ganado la partida. Por eso son tan importantes las asambleas. Sabes que una asamblea es una reunión numerosa de personas (en este caso eran ratones), para discutir determinadas cuestiones y tomar decisiones sobre ellas. En muchos casos, en vez de asamblea se llama reunión. Por ejemplo: reunión de vecinos, reunión de alumnas y alumnos, reunión de profesoras y profesores, reunión de directores de cine, etc.

Y tú, ¿has tenido alguna vez una reunión? ¿Con quién te reuniste? ¿Tomasteis alguna decisión importante, para vosotras y para vosotros? ¿Crees que las reuniones son buenas para hablar y decidir cosas que os afectan?

Puedes contarnos tu opinión sobre esa forma de actuar. ¿Crees que siempre es bueno hablar, aunque no todo el mundo esté de acuerdo? De lo contrario, puedes contarnos cómo crees que es mejor actuar, para tomar las decisiones importantes.

Autor

Ya sabes que, en los textos que proponemos, siempre viene, al principio, después del título de la lectura, un nombre. Es el de la autora o autor que lo han escrito. Pero hoy es diferente. No hay un nombre, sino una palabra: popular. ¿Te acuerdas de lo que significa esa palabra? Vamos a hacer un poco de memoria. Ya verás cómo la recuerdas. Hubo un texto en Los Fundamentales donde pusimos popular, en vez de un nombre de autora o autor fue: Yo tenía diez perritos. Te ponemos ahora, unos versos de esa poesía y ya verás cómo te los sabes:

Yo tenía diez perritos.
Uno se perdió en la nieve:
Solo me quedaron nueve.

De los nueve que tenía,
Uno se tragó un bizcocho:
No me quedan más que ocho.

Y así, con más versos, llegamos al último perro que tenía.

El perro que me quedaba
Se perdió detrás de un cerro.
Ya no tengo ningún perro.

Y hoy has leído la fábula que se llama Reunión de ratones. Te recordamos que una fábula es relato ficticio, es decir, que no ha sucedido en realidad, en prosa o verso, con intención de enseñar. Al final de las fábulas hay una moraleja, o sea, una enseñanza de cómo hacer bien las cosas. En una fábula pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados. Reunión de ratones es, también, un texto popular. Lo que quiere decir que es un texto que conoce el pueblo, la gente, durante años, muchísimos años. Eso es lo que significa que un texto es popular.

Bibliografía
Libros sobre ratones en Canal Lector