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Caperucita en Manhattan. Carmen Martín Gaite. Editorial Siruela

3 Oct

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Un veterano comisario del distrito de Harlem, fascinado por la valentía de miss Lunatic, sus múltiples contactos con gente del hampa y su talento para testificar en los casos difíciles, la mandó llamar una tarde de invierno para proponerle un trato. Se le asignaría una suma bastante importante de dinero, si se prestaba a colaborar como confidente de la Policía. Ella se indignó. Informar a las autoridades de que había un fuego, se había caído el alero de un tejado o se necesitaba urgentemente una ambulancia era algo muy diferente a convertirse en acusica. Ni que estuviera loca. Y en cuanto al dinero, muchas gracias, pero no la tentaba.
-¿Para qué necesito yo el dinero, mister O’Connor? –preguntó-. ¿Me lo quiere usted decir?
Tenía las manos cruzadas sobre la mesa, y el comisario se fijó en aquellos dedos deformados por el reúma y enrojecidos por el frío.
-Para asegurarse la vejez –dijo.
Miss Lunatic se echó a reír.
-Perdone, señor, pero llegué a Manhattan en 1885 –dijo-. ¿No le parece que he dado pruebas suficientes de asegurarme yo sola la vejez?
El comisario O’Connor la contempló con curiosidad desde el otro lado de la mesa.
-¿En 1885? ¿El mismo año que trajeron aquí la estatua de la Libertad? –preguntó.
En los labios de miss Lunatic se dibujó una sonrisa de nostalgia.
-Exactamente, señor. Pero le ruego que no someta a ningun interrogatorio.
-Solamente contésteme a una cosa –dijo él-. He oído decir que no tiene usted ingresos conocidos. Y que tampoco pide limosna.
-Es verdad, ¿y qué?
-Tranquilícese, le aseguro que no se trata de una investigación policiaca. Sólo pretendo ayudarla. ¿Es que no le interesa el dinero?
-No; porque se ha convertido en meta y nos impide disfrutar del camino por donde vamos andando. Además ni siquiera es bonito, como antes, cuando se gozaba de su tacto como del de una joya.
El comisario observó que, mientras miss Lunatic decía aquellas palabras acariciaba unas monedas muy raras que había sacado de una bolsita de terciopelo verde, y jugueteaba con ellas. No eran de gran tamaño, despedían un fulgor verdoso, y parecían muy antiguas. Estuvo a punto de preguntarle de dónde procedían, porque nunca las había visto de este tipo, pero se contuvo por miedo a ganarse su desconfianza. Prefería seguir oyéndola hablar de lo que fuera. Hubo una pausa y ella volvió a guardar las monedas en la bolsa.
-Ahora ya no –continuó tras un suspiro-. Ahora el dinero son viles papeluchos arrugados. Yo cuando tengo alguno, estoy deseando soltarlo.
-Todos los papeluchos que usted quiera –interrumpió el comisario-, pero hacen falta para vivir.
-Eso suele decirse, sí. Para vivir… Pero ¿a qué llaman vivir? Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald… Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar… y vivir es reírse… He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Precisamente ayer, paseando por Central Park más o menos a estas horas, me encontré con un hombre inmensamente rico que vive por allí cerca y entablamos conversación. Pues bueno, está desesperado y no sabe por qué. No le saca partido a nada ni le encuentra aliciente a la vida. Y claro, se obsesiona por tonterías. Al cabo de un rato, parecía yo la millonaria y él el mendigo. Nos hicimos muy amigos. Dice que él no tiene ninguno. Bueno, uno, pero que se está hartando de él.
-¡Qué historia tan interesante! dijo el señor O´Connor.
-Sí, es una pena que no tenga tiempo para contársela con detalle. Pero he quedado en ir dentro de un rato a su casa a leerle la mano. Aunque no sé si servirá de mucho, ya se lo advertí ayer, porque yo el porvenir no lo leo cerrado, sino abierto.
-¿Qué quiere decir eso?
-Que no doy soluciones, me limito a señalar caminos que cruzan y a dejar a la gente en libertad para que elija el que quiera. Y míster Woolf está ansioso de soluciones, me temo que necesita que le manden. Tal vez porque está harto de hacerse obedecer. Edgard Woolf se llama. Gana el dinero a espuertas. Tiene un negocio muy acreditado de pastelería.
El comisario la miró con los ojos redondos por la sorpresa.
-¿Edgard Woolf? ¿El rey de las Tartas? ¿Va a ir usted a casa de Edgard Woolf? Vive en uno de los apartamentos más lujosos de Manhattan, ¿lo sabía? Pero tiene fama de ser inaccesible, de no recibir a nadie.
-Pues ya ve, será que le he caído bien. A ver si se cree usted que sólo me trato con desheredados de la fortuna. Aunque ahora que lo pienso –rectificó luego- también míster Woolf es un desheredado de la fortuna. Para mí la única fortuna, ya le digo, es la de saber vivir, la de ser libre. Y el dinero no libera, querido comisario. Mire usted alrededor, lea los periódicos. Piense en todos los crímenes y guerras y mentiras que acarrea el dinero. Libertad y dinero son conceptos opuestos. Como lo son también libertad y miedo. Pero, en fin, le estoy robando tiempo. No he venido para echarle un discurso, y en cuanto a su propuesta, ya la he contestado con creces, ¿no le parece a usted? Conque olvídeme, si puede.
El comisario O´Connor la miraba entre pensativo y perplejo.
-Así que usted no tiene dinero ni miedo… -dijo.
-Yo no. ¿Y usted?
El rostro del comisario se ensombreció.
-Yo miedo sí, muchas veces. Se lo confieso.
-Pues eso es mala cosa para su oficio. El miedo cría miedo, además. ¿Dónde lo siente? ¿En la boca del estómago?
El comisario se quedó dudando, y se palpó aquella zona, bajo el chaleco.
-Pues sí, más o menos.
-Ya. Es lo más corriente. Espere un momento a ver.
Miss Lunatic, ante el pasmo del comisario O´Connor, se puso a hurgar en su faltriquera y sacó varios frasquitos que alineó sobre la mesa.
-¡Vaya por Dios! Lo siento. Tenía un elixir bastante bueno contra el miedo, pero se me ha gastado. Es el que más me piden.
Luego, mientras volvía a guardarse los frasquitos, añadió:
-Claro que hay otra forma de espantar el miedo, pero no es propiamente una receta, porque tiene que poner mucho de su parte el paciente. Consiste en pensar: “A mí esto que me asusta ni me va ni me viene”, algo así como ver lejos lo que está dando a uno miedo, para que se desdibuje.
-Eso no acabo de entenderlo.
-Casi nadie; por eso digo que da poco resultado recetárselo a otro. A lo mejor un día, de pronto, lo siente usted solo y lo entiende… En fin, ¿me da permiso para retirarme?
El comisario O’Connor asintió. Pero cuando la vio levantarse, agarrar su cochecito y dirigirse a la puerta, tuvo una sensación muy triste, como de miedo a estarse despidiendo de ella para siempre. Y la volvió a llamar. Ella se detuvo, interrogante.
-Miss Lunatic –dijo-. Es usted maravillosa.
-Gracias, señor. Eso mismo me decía siempre mi hijo, que en paz descanse. Un gran artista, por cierto, aunque la memoria voluble de las gentes haya sepultado su nombre… ¿Quería usted decirme algo más?
-Sí. Que no me gustaría que pasara usted hambre ni frío.
-No se preocupe. No los paso.
-Me parece increíble, perdone que se lo diga. ¿Y cómo hace? ¿Cómo se las arregla para salir adelante?
Miss Lunatic se detuvo en el centro de la habitación. Se levantó el ala del sombrero con gesto solemne y miró al señor O´Connor. Sus ojos negros, brillando en el rostro pálido y plagado de surcos, parecían carbones encendidos. Y ella, en medio de aquella estancia de paredes desnudas, una figura de cera.
Echándole fuerza de voluntad, señor, para decirlo con palabras del Caballero Inexixtente.
-¿Otro amigo suyo? –preguntó el comisario.
-Pues sí. Aunque éste es un personaje inventado. ¿Le gustan las novelas?
-Mucho. Lo que pasa es que tengo poco tiempo de leer.
-Pues cuando saque un ratito le recomiendo El caballero inexistente. No es muy larga. Acabo de verla traducida al italiano esta tarde, al pasar por el escaparate de Doubleday.
-¡Cuánto trota por Manhattan! Veo que no para usted un momento.
-Así es. Tiene usted razón. Yo no comprendo cómo dice la gente que se aburre. A mí nunca me da tiempo para todo lo que quisiera hacer… Y ahora siento dejarle. Pero he quedado con míster Woolf, y antes había pensado darme una vueltecita en coche de caballos por Central Park. Gratis, por supuesto. Me lo tiene prometido un cochero angoleño que me debe algunos favores. Convencí a una hija suya para que no se suicidara. Conque lo dicho. Adiós, comisario.
El comisario O´Connor se levantó para abrirle la puerta y le estrechó la mano efusivamente.
-Espero que volvamos a vernos –dijo-. La vida es larga, Miss Lunatic y da muchas vueltas.
-Ya lo creo. Dígamelo usted a mí –contestó ella sonriendo.
-Pues nada, mujer, salud. Y abríguese que se está poniendo el tiempo como para nevar.
-Es lo suyo. Estamos en diciembre.
Al salir, hacía un viento muy frío, que alborotó la larga melena blanca de miss Lunatic. Apresuró el paso hacia la calle 125. Había decidido coger allí el metro hasta Columbus Circle.
Mientras canturreaba un himno alsaciano, se puso a pensar en Edgard Woolf, el rey de las tartas.

Carmen Martín Gaite. Caperucita en Manhattan.  Ed. Siruela

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Al leer el título del libro, a lo mejor pensabas encontrar algo así. Y no. Para situarnos bien, nos vamos a dar un paseo por donde vive  Miss Lunatic: Manhattan.
Sí, la ciudad donde, en 1885 llegaron la Estatua de la Libertad y también Miss Lunatic. Y aquí estaba el comisario O’Connor, en el distrito de Harlem. Sí, el comisario sólo quería ayudar a nuestra protagonista. Pero ¿qué preguntas y respuestas obtuvo de miss Lunatic? ¿Estaría buscando dinero, aquella mujer, que no tenía ingresos? El comisario no paraba de sorprenderse con sus palabras. Le tuvo que decir que no era una investigación lo que hablaba con ella.
Todos los pensamientos de aquella mujer eran absolutamente excepcionales. De esos que convendría poner en un cartel bien grande, que nos acompañara en nuestra vida. Pensemos en cuáles de las siguientes reflexiones sobre el texto son verdaderas y cuáles son falsas.

Juguemos ahora al Verdadero/Falso sobre lo que hemos leído

1. El comisario sabía que aquella mujer estaba muy relacionada con el hampa y eso podría interesarle.
2. Miss Lunatic le dijo al comisario que no pedía limosna
3. A Miss Lunatic no le interesaba el dinero
4. Ella dijo que en el dinero, son mejores las monedas que el papel
5. Ella dijo que vivir es explicarse y llorar y reírse
6. Miss Lunatic estaba obsesionada por recorrer toda la ciudad antes que nadie
7. Le dijo al comisario que lo normal es que los policías tengan miedo y que el miedo es muy bueno
8. El comisario tuvo una sensación triste al despedirla, como si ya no volviera a verla.
9. Miss Lunatic le confesó al comisario que no se aburría. Que no tenía tiempo para hacer todo lo que quería
10. Al  comisario le encantó la charla con Miss Lunatic. Le pareció maravillosa y estaba deseando volver a verla.

(Soluciones: 1: Falso/ 2:Verdadero/ 3: Verdadero/ 4: Falso/ 5: Verdadero/ 6: Falso/ 7: Falso/ 8: Verdadero/ 9: Verdadero/ 10: Verdadero)

Palabra magica

Hoy la palabra mágica la dice Miss Lunatic. Es vivir. Hemos leído lo que es vivir para nuestra protagonista. Miss Lunatic luchaba por ello y lo iba consiguiendo. Pero hay mucha gente, en este mundo para los que vivir es algo muy complicado. No tienen nada más que lo que alguien les da. Podemos decir que ni casa, la comida es difícil, los padres ya no están y a sus pocos años tienen que luchar por vivir. Vemos sólo un ejemplo real en estas imágenes:

Intentemos, entre todas y entre todos, conseguir que con nuestro trabajo y con las posibilidades que tengamos, brille lo que dice el presentador del programa que hemos visto: esperanza y buenas nuevas. Porque ellos, esos niños que luchan por vivir, tratan de ir hacia delante. Qué lejos queda, como dice Miss Lunatic, lo que tanto preocupa ahora: ¡ganar dinero!

He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. Para mí  la única fortuna, ya le digo, es la de saber vivir, la de ser libre. Y el dinero no libera, querido comisario”.

Cuentame

Creemos que leer este libro de Caperucita en Manhattan nos ha dado la suerte de conocer a Miss Lunatic. Algo parecido a lo que le sucedió al comisario O’Connor, quien le confesó que él tenía miedo.  Entre las recomendaciones que le hace nuestra protagonista al inspector, a pesar del “poco” tiempo que tenía, le dice que lea El caballero inexistente. Como no llevaba el elixir que era bastante bueno contra el miedo, le da una forma muy importante de espantarlo, si el paciente  está dispuesto a una cosa: pensar. Algo tan fácil como decir: “A mí esto que me asusta ni me va ni me viene”.

¿Has pasado miedo alguna vez? ¿Cuál fue el momento más terrible? ¿Cuándo sucedió? A lo mejor, hasta te gustan los libros y las películas de miedo. Por si es así, estos te gustarán. Haz como el comisario O’Connor y a ver si lo notas en la boca del estómago. Lo que no podemos darte son los frasquitos de Miss Lunatic. Suerte, agárrate  y disfruta.

El abrazo de la muerte de Concepción López Narváez, María Salmerón López. Editorial Anaya.
Krabat y el molino del diablo de Otfried Preussler. Editorial Noguer.

Autor

Carmen Martín Gaite.

Nació el 8 de diciembre de 1925 en Salamanca (España) y murió el 23 de julio de 2000 en Madrid (España).
Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca. En 1950 se trasladó a Madrid.  Recibió, entre otros, el Premio Nadal y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
La afición por la escritura fue temprana desde los 8 años escribía cuentos. Fue crítica literaria además de traductora y guionista para la televión.
Nuestro observatorio

Más datos sobre Carmen Martín Gaite en la página de la Universidad Complutense de Madrid y transcripción de una entrevista homenaje realizada en la emisora de radio COPE.

Cómo se dibuja un señor. Gloria Fuertes. Editorial Anaya (Recomendado: 7-8 años)

24 Abr

porcaminosazules

Se dibuja un redondel.
Y ya está la cabeza de Don Miguel.
¡Ya tenemos la cabeza!

Ahora las orejas,
después las dos cejas,
ojos redondones,
boca sonriente,
(con un diente),
nariz prominente,
bigote imponente,
-mucho bigote-
Y un lacito en el cogote.
Para el pelo, rayas tiesas…
¡Ya tenemos la cabeza!

Ahora el cuerpo,
la chaqueta,
los botones,
la cadena,
la corbata,
una manga,
otra manga,
una mano,
otra mano,
una pernera,
una bota,
otra bota,
un pie, otro pie.

El juego del dibujo,
¡qué bonito es!
¡Atención, niños, atención!
¡Que le falta un detalle,
el corazón!

VV.AA. Compilación de Jaime García Padrino y Lucía Solana. Antología de poesía infantil. Editorial Anaya

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto
Nuestra autora hoy nos invita a dos cosas. Leemos y dibujamos o, si prefieres, leemos y pintamos. La suerte es que, con Gloria, conocemos a alguien. Hoy es Don Miguel. ¿Has visto qué palabra acaba igual que Miguel, en el primer verso? ¿Cuál de estas es?:
dibuja,
redondel,

Pero antes de empezar a dibujar, a ver si sabes de dónde a dónde es. ¿Es de arriba abajo o al revés, de abajo arriba? Dinos qué palabras son de arriba y cuáles de abajo. Completa las palabras con las letras que faltan

Del cuello para arriba son:

Ca-eza    Ore-as    Ce-as    -oca    -igote    Ra-as

Cosas del vestido son:

Cha- -eta    -otones    cor-ata    man-a    -ota

Hemos ido viendo partes de arriba del cuerpo y de los vestidos que usamos. Pero dice Gloria que nos falta una parte, un detalle, de algo muy importante para la vida. ¿Cuál de estas es?

Una man-a     Un la-ito en el cogote     El cora-ón

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es Corazón. Hemos recorrido el cuerpo de Don Miguel de arriba abajo. Hemos visto cómo va vestido. Ahora vamos a guardar mucho silencio, para que podamos oír nuestro corazón. Llevamos la mano derecha al pecho. Hacia el centro de tu pecho. ¿Qué notamos? ¿Cuántas veces lo sentimos? Como seguro que tienes un reloj o alguien te lo puede prestar, calcula cuántas veces late tu corazón, durante un minuto. Aquí tienes un ejemplo que te puede servir.

Sólo tienes que saber cuántas veces ha latido tu corazón en un minuto, es decir, sesenta segundos. Lo normal es que lo hayas notado 70 veces. Si notas muchas más de 70 o muchas menos, no harías mal en decírselo a las personas con quienes vives. Es muy importante vigilar el cuerpo desde niños. Ojalá que te dure muchos años tu fantástico corazón.

Cuentame
Gloria Fuertes nos ha dicho que pintemos a Don Miguel. Pero a ti, ¿a quién te gustaría pintar? ¿Cómo se llama? Tiene que ser alguien que quieras mucho, muchísimo. Alguien con quien te encantaría estar siempre. Dinos si es un hombre o una mujer, un chico, una chica. ¿Qué es lo que más te gusta de esa persona? ¿Es cómo te trata? ¿Es porque en tu cumple te regala cosas mágicas y maravillosas? ¿Ves a tu amiga o a tu amigo muchas veces? ¿Has jugado con ella o con él muchas veces? ¿Ha sido, alguna vez, tu amiga o tu amigo invisible? ¿Le has regalado algo? No te olvides de decirnos si vive cerca de tu casa.

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Gloria Fuertes

Nació el 28 de julio de 1917 en Madrid (España) y murió el 27 de noviembre de 1998. Aunque no le gustaba dar muchos datos de ella, sabemos algunas cosas por sus poesías.  A los 3 años ya sabía leer y a los 5 escribía cuentos y los dibujaba. Una de sus primeras lecturas y favorita fue Pinocho. No le gustaban ni Blancanieves porque le asustaba que estuviera muerta, ni tampoco Caperucita porque le parecía un horror que el lobo se comiese a la abuelita.

Toda su vida la dedicó a escribir cuentos, poemas y obras de teatro para niños.  Colaboró para diversos programas infantiles de la televisión, como “Un globo, dos globos, tres globos” y “La cometa blanca”.


Nuestro observatorio

En la siguiente página de la Fundación Gloria Fuertes se puede ampliar su biografía.  

Bibliografía
Se puede consultar bibliografía en Canal Lector.

Los Cuadernos de Preguntas. Textos 11-14 años (Época 1)

6 Feb

Los Fundamentales de Canal Lector presenta como actividad complementaria a los 36 primeros textos publicados, unos Cuadernos de preguntas sobre las lecturas ya realizadas. Al final de cada Cuaderno se encuentran las soluciones.

El Cuaderno de Preguntas. Textos 11-14 años

1.- El perro Bobby.  Luigi Malerba

No te puedes imaginar lo que supuso el perro Bobby en el teatro y en la Televisión italiana. Porque Bobby era un fantástico actor de teatro. Si echas un vistazo a esta página y, por supuesto a este recomendable libro de Luis Matilla,  a lo mejor encuentras estupendas informaciones sobre el arte teatral.

Quizá las necesarias para unir palabras y definiciones (además del diccionario, naturalmente).

Palabras:
1 Escenario
2 Ensayo
3 Telón
4 Decorados

Definiciones:
a) Lugar donde se representa la obra, a la vista del público.
b) Todos los objetos que se necesitan para la representación: muebles, telas, pinturas, etc.
c) Prueba que se hace para ver qué tal sale la obra.
d) Tela muy grande que se pone en el escenario. Puede bajarse y subirse o ir de derecha a izquierda. Cuando empieza la obra, se dice: “¡Arriba el telón!”

2.-  Las Islas Felices detrás del Viento.  James Krüss

Pues por desgracia, no estamos en las Islas Felices. Dice el autor, James Krüss, que están rodeadas a veinte millas marinas de distancia por una corona de vientos en torbellinos, por la que nadie puede entrar por el agua o por el aire.

Sabemos que una milla marina son 1852 metros. Es decir: Si la distancia entre Madrid y Barcelona es de 621 kilómetros, la distancia en millas marinas sería de 345. Pero como no tenemos que inventar lenguajes secretos, vamos a ver qué nos cuenta el hombre viejo con barba.

Había cosas maravillosas en las Islas felices. Y cuando aparecieron otras, dice el autor que la vida se torció y fueron peores. Verás ahora distintos nombres. Acompaña a Abdula, a Emma ojos de águila, a Emma banco de arena y a Emma pico de goma. Escribe, en dos columnas, cuáles serían, para ti, cosas buenas, en una y cosas malas, en otra.

Frutas, huevos, leche.  Lenguaje secreto.  Pan para todos.  Flechas para cazar.  Comer muchísimo, por si acaso.  Hablar todos con todos.
Tener pieles de animales para ropa.  Tiempo para hablar y jugar.  Paz entre los humanos.   Ganar siempre el más fuerte

3.- Mi año. Roald Dahl

En la lectura de este texto, encontramos dos opiniones del mismo autor. Por una parte, dice que los topos son animales extraordinarios. Se comen asquerosos ciempiés, larvas de mosca y plagas que dañan las flores y las verduras. Por otra, el topo no es un marido nada atento hacia su compañera: deja que ella dé a luz y que críe a los cachorros sola. Como hacen muchos humanos, dice Roald Dahl.

Lo que sí nos dice, para que se vayan pero sin matarlos, es un truco que funciona, como él ha comprobado.

¿Qué truco utiliza el autor? Elige la respuesta correcta.

1) La mejor solución es perseguirlos con un veneno.
2) Pone, en la puerta de la cueva que es la casa de los topos, unos caramelos y cosas dulces. Se espera a que el topo salga a comérselos y entonces se le atrapa con una bolsa de plástico.
3) La mejor solución es buscar una botella vacía. Enterrarla, dejando el cuello arriba, sin enterrar. Esperar a que haya una brisa o un viento. Se producirá en la botella una especie de silbido o murmullo. El topo se irá, porque no soporta el ruido.
4) El mejor truco es marcharse de allí. Regalar la casa y la finca y que venga otro dueño.

4.- Vuelve pronto. Alberto Manzi

Has leído un texto que nos cuenta la relación entre dos jóvenes de distinta raza, distinto color de piel, distintas formas de vivir y de pensar. Son Isa y Filips. Y sabemos que la palabra mágica que hemos elegido es: amigo.

También podríamos poner un título al texto. Por ejemplo: Sí, pero Vuelve pronto, que es la última frase de nuestro texto de hoy.

En la lectura, encontramos muchas palabras relacionadas con el tiempo que pasa. Señala, en las siguientes frases o palabras, cuáles son las que tienen que ver con el tiempo que dura algo que sucede o puede suceder.

1) Durante muchos días
2) ¿Quién dice eso?
3) Isa comenzó a comprender
4) Volverás a verme
5) Ya no le gritaba cuando fallaba un tiro.
6) Ahora llévame a casa

5.- El rastro de “El Caracol”Wolfgang Ecke

Fíjate si es importante conocer el significado de las palabras. En los libros policíacos, en las películas de ese género y en la realidad que nos cuentan los periódicos o la televisión, una sola palabra o una expresión es la mejor arma que suelen utilizar la policía, los detectives y quienes persiguen a los que hacen el mal. El caracol pertenecía al gremio de los ladrones de la gran ciudad. Pero ¿por qué lo llamaban El caracol?

1) Porque cuando robaba algo muy caro, se le caía la baba.
2) Porque iba en un coche que era más lento que un caracol.
3) Porque se ponía a comer con tranquilidad, cuando robaba.

El caracol es un mote, que también se llama apodo. Es un sobrenombre que se da a alguien por una cualidad o condición suya. ¿Tienes tú algún mote? ¿Conoces a alguien que lo tenga? A ver si unes los apodos o motes con los personajes:

1 La reina del pop
2 El Caracol
3 La pulga

a) Leo Messi
b) Madonna
c) Ferdinand Huf

6.- Caperucita en ManhattanCarmen Martín Gaite

El veterano comisario de Harlem, localidad al norte de Manhattan, en la ciudad de Nueva York, conocía muchas cosas de miss Lunatic. ¿Qué quería proponerle aquella tarde de invierno, a cambio de una suma importante de dinero?

1) Que entrara en el cuerpo de policía.
2) Que colaborara con la policía como confidente, o sea, espía.
3) Que jugara con él al póquer y ganaría mucho dinero.

La conversación entre Mis Lunatic y el comisario parece un juego de preguntas y respuestas. Las preguntas de Mis Lunatic son: ¿Para qué necesito yo dinero, mister O’Connor? ¿No le parece que he dado pruebas suficientes de asegurarme yo sola mi vejez? ¿A qué llaman vivir? Es verdad (que no pedía dinero) ¿y qué? Cuando el comisario le dijo que si no tenía ni dinero ni miedo, Mis Lunatic le responde con otra pregunta: Yo no. ¿Y usted?

El comisario, como está bastante alucinado con lo que piensa y dice mis Lunatic, le pregunta (refiriéndose a cuándo llegó): ¿En 1885? ¿El mismo año que trajeron aquí la Estatua de la Libertad? ¿Va a ir usted a casa de Edgard Wolf? ¿El rey de las tartas?

Ahora, nosotros preguntamos y tú respondes. ¿Dónde se escriben los signos de interrogación?

1) Los signos de interrogación se escriben al principio y al final de las oraciones en que se formula una pregunta
2) Los signos de interrogación se escriben al final de la pregunta.
3) No hace falta escribir esos signos. Se sabe que es pregunta.

7.- El cuento de mi vidaHans Christian Andersen

Has leído un texto escrito por el autor que tanto conoces. Sí, lo conoces quizá no por su vida, esa que nos cuenta en el texto. Piensa un poco y responde a estas facilísimas preguntas, en las que sólo te pedimos que nos digas la verdad. ¿Cuál de estos cuentos has leído?

La sirenita, El patito feo, El soldadito de plomo, La tetera, La pequeña cerillera… A lo mejor, has leído alguno que no está en esta lista.

Hay, en este texto, unas palabras muy interesantes, que no dice Andersen. Las dice un poeta que se llamaba Baggesen, y que estaba en una cena donde fue Andersen, que lo que quería era ser cantante. Esas palabras van entre comillas: “Pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”. Y siguió diciendo algo que a Andersen le sirvió para siempre: “Pero no te envanezcas cuando el público te dedique sus aplausos”. Es decir, no seas presumido, vanidoso, cuando alguien te aplauda. Dijo que había que ser natural y no presumido.

Has visto que las palabras que dijo el poeta Baggesen van entre comillas. ¿Sabes por qué?

1) Las comillas se ponen cuando no se entiende lo que se dice.
2) Las comillas se ponen cuando se escriben las palabras o frases que ha dicho otra persona.
3) Las comillas se ponen cuando decimos palabras que no están en el diccionario.

8.- El muroGerald Durrell

Algo muy importante que debemos hacer siempre (y más si vamos a alguna excursión a un lugar donde haya animales), es informarnos sobre ellos. Con los que conocemos y sabemos cómo son, no hay problema. Pero ¿y si no sabemos cómo es determinado animal?
Por tanto, lo mejor es informarnos. Tenemos libros, enciclopedias, ordenadores y muchas maneras de obtener lo más valioso. La información.

Empezaremos por rellenar las letras que faltan en estos nombres. Cuando lo tengamos, iremos a nuestras fuentes de información y ellas nos dirán si corremos o no graves peligros con esos animales.

Palabras a las que les falta una letra:  (letras posibles para poner: v, b, h)

Ti-urón blanco
-íbora mocasín de agua
-ipopótamo africano
Lo-o gris
Perro dó-erman
a-ispa de mar

Soluciones del Cuaderno de Preguntas 11-14 años
1: La respuesta correcta es: 1 – a     2 – c      3 – d     4 – b
2: Respuesta libre
3: La respuesta correcta es la número 3
4: La respuesta correcta es: 1), 3), 4), 5) y 6). Son adverbios, preposiciones, verbos en futuro que nos indican cuándo se realiza la acción.
5: La respuesta correcta es la número 3
6: Las respuestas correctas son: La primera cuestión es la número 2. La segunda pregunta es la número 1
7: La respuesta correcta es la número 2
8: La respuesta es la siguiente: Tiburón blanco;  víbora mocasín de agua;  hipopótamo africano;  Lobo gris;  Perro dóberman;  avispa de mar

Las tres plumas. Joan Manuel Gisbert. Editorial Bruño

13 Jun

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Cuando Clara cumplió los ocho años, su padre le dijo que ya tenía edad para atravesar el bosque sola. Así podría ir a llevarle a la abuela cada semana una buena cantidad de las frutas silvestres que encontraba.
Pero el bosque era tan espeso que impresionaba. Le daba miedo a Clara, y se lo dijo a su padre.
-No te preocupes. Las aves te darán lo que necesitas.
Su padre llamó al cuervo y le preguntó:
-Cuervo amable, ¿le darás una de tus plumas a Clara?
El cuervo se arrancó una pluma negra y se la dio.
-¿Qué voy a hacer con ella? –quiso saber la niña.
-Te dará valor. No tendrás miedo en el bosque –respondió su padre.
-No es bastante –dijo Clara-. Me perderé.
Entonces el buen hombre llamó a la golondrina, y la golondrina acudió.
Le dijo el padre:
-Golondrina amable, ¿le darás una de tus plumas a Clara?
-La golondrina se arrancó una pluma gris y se la dio.
-¿Qué voy a hacer con ella? –preguntó la niña.
-Te ayudará a orientarte. No te perderás en el bosque –dijo el padre.
-No es bastante –dijo Clara-. Me cansaré.
Entonces el padre llamó a la urraca, y la urraca apareció. Le dijo el nombre:
-Amable urraca, ¿le darás una de tus plumas a Clara?
El ave se quitó una pluma azul y se la dio.
-¿Qué voy a hacer con ella? –dijo la niña, aunque ya lo adivinaba.
-Te dará fuerza y vigor. No te cansarás en el bosque.
A continuación, le puso las tres plumas en el pelo y le dijo:
-Ya estás preparada. En marcha. No te toques las plumas por nada. Las llevas muy bien colocadas. No se te caerán.
Convencida de que las plumas la protegerían, Clara se puso en camino a través del bosque.
Pasado un rato, el cuervo se sintió molesto a causa de la pluma que le faltaba y decidió recuperarla.
Sin que Clara lo notara, pasó volando sobre su cabeza y se la llevó.
A la niña le pareció sentir miedo, pero se dijo:
-No puedo tenerlo. La pluma negra de cuervo que llevo en el pelo no deja acercarse al miedo.
Y el miedo se le quitó. Siguió andando.
Más tarde, la golondrina notó que volaba mal a causa de la pluma que le faltaba y decidió ponérsela otra vez.
Sin que Clara se diese cuenta, pasó volando por encima de su cabeza y se la quitó.
En aquel momento, la niña temió estarse perdiendo en el bosque, pero pensó:
-No puedo perderme. La pluma gris de la golondrina está en mi pelo. Voy bien orientada.
Tenía razón. Lo estaba. Siguió andando sin preocupación.
Más adelante, la urraca se miró en un lago y no le gustó nada a causa de la pluma que le faltaba. Sin que Clara lo advirtiera, pasó volando sobre su cabeza y la recuperó.
En aquel momento, la niña se se sintió muy cansada y temió no poder dar ni un paso más, pero se dijo:
No puede ser. La pluma azul de urraca que llevo en el pelo me da vigor y fuerza. No estoy cansada.
Y siguió andando con más ánimo que antes.
Ya era media tarde cuando un rayo de sol atravesó las copas de los árboles y alcanzó a Clara.
La niña vio su sombra proyectada y se alarmó:
¡En su pelo no estaba ninguna de las tres plumas! Se llevó las manos a la cabeza y comprobó el desastre. De pronto, todos los miedos le volvieron. El bosque la asustaba y se sentía perdida y muy cansada, incapaz de dar ni un paso más.
Casi a punto de llorar, quieta en el sitio, miró adelante. Al momento, el gran susto se le pasó.
¡Ya se veía la casa de la abuela! ¡Había cruzado el bosque! Clara se dijo en seguida:
-Seguro que las plumas se me cayeron al poco de haber echado a andar. ¡He hecho todo el camino sin ellas, ya no las volveré a necesitar!
Y echó a correr llamando a la abuela.

Joan Manuel Gisbert.  Compañeros de sueños. Ed. Bruño

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

A lo mejor, esta lectura te recuerda a una que leíste o escuchaste, cuando tenías menos años. ¿La recuerdas?
Sí, exactamente. Te acuerdas. Era Caperucita roja. Aquí puedes encontrar cuentos de los autores más conocidos
Cuentos de Perrault
Caperucita y otros cuentos de los Hermanos Grimm

En este texto, Joan Manuel Gisbert nos cuenta la historia de Clara, que también iba a ver a su abuelita. Aunque aquí no va a llevarle una tartita. Le llevaría unas cuantas frutas silvestres.

Clara vio el bosque y tuvo miedo. ¿Y quién no lo tendría? Si quieres pasar miedo, pero miedo de verdad, aquí te ofrecemos algunos títulos de libros, para que los leas cuando estés cerca de alguien que te ayude:
La cala del muerte
Monstermanía. Todo lo que necesitas saber sobre fantasmas, hombres lobo, brujas y vampiros 

Cuando Clara tuvo miedo, se lo dijo a su padre y fue él quien pensó la solución. Él era amigo de las aves y estas ayudarían a su hija en el tenebroso bosque. El cuervo, la golondrina y la urraca conseguirían, si prestaban una pluma cada una, que su hija atravesase aquel bosque. Clara iba a tener así: valor, orientación, fuerza.
El cuervo, la golondrina y la urraca conseguirían, si prestaban una pluma cada una, que su hija atravesase aquel bosque. Clara iba a tener: valor, orientación y fuerza.
Lo que sí parece es que aquel padre y aquella hija, Clara, tenían una fantástica relación. Confiaban los dos.

¿Podrían lograr que algo tan simple, tan sencillo como unas plumas lograr esas cosas mágicas? No, no eran las plumas de cuervo ,golondrina y urraca. Eso pertenece a la magia que tiene la literatura. En este caso, el precioso texto de Joan Manuel Gisbesrt nos presenta el amor en una familia que se quiere y por ello confían.
Muchas veces, en la familia, en los amigos, en los vecinos y en nosotros mismos hemos escuchado esta frase:
¡Es que no me fío de él (o de ella)! Yo creo que me está engañando.
Y cuando eso sucede, es posible que la relación se acabe. Aunque esto no ocurría con Clara y su padre.

Sucedieron muchas cosas en aquel camino por el bosque. E incluso Clara perdió lo más preciado que llevaba: las plumas que su padre consiguió de las aves, por su amistad con ellas.
Cuervo
Golondrina
Urraca

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es seguir.

El cuervo recuperó su pluma negra y Clara se quedó sin ella. Pero siguió andando. La golondrina decidió volver a ponerse su pluma, para volar mejor y Clara se quedó sin ella. Pero siguió andando. La urraca, después, también se llevó su pluma azul. Pero Clara siguió andando. Muchas fueron las complicaciones que tuvo Clara. Puede resultar terrible perderse en el bosque y lo sabía. Pero siguió andando.

Las cosas que hacemos, que pensamos, que queremos no siempre salen como nos gustaría que saliesen.
“Me he pasado todo el día haciendo esto y ¡mira! Se ha ido a la porra. ¿Por qué? ¡Se acabó! Ya no lo hago más.
¡No hay derecho! ¡Es una injusticia! Lo había preparado perfectamente y ¡mira! Lo he perdido todo.
No hay solución. Lo siento, pero estoy harta (o harto). Ya no sigo. Me da igual lo que pase”.

Esto lo has dicho o lo has oído muchas, muchísimas veces. Pero lo que recomendamos  Clara y nosotros es nuestra palabra mágica de hoy: seguir. “Y siguió andando con más ánimo que antes” –dice el autor del texto. Ya no había plumas que la guiasen. Estaba a punto de llorar por el desastre que ocurrió al perder sus guías. Su GPS que la llevaba donde quería, ese mapa de navegación que le dieron las aves con sus plumas.

Pero atención: Clara lo consiguió y allí, adelante, pasaron los miedos y el gran cansancio. ¡Ya se veía la casa de la abuela! Y fue entonces cuando se dio cuenta de que nunca más necesitaría aquellas plumas. Lo había logrado ella sola.

Cuentame

¿Cuál ha sido tu hazaña más difícil? ¿Cuándo has sentido miedo de verdad? ¿Has tenido que ir a perseguir, en la noche más oscura, a esos terribles fantasmas, que sólo existen en nuestra mente? ¿Iba con su sábana, aterrorizando a toda la casa?

Dependiendo del grado de maduración de los lectores, podemos tratar determinados temas.

De los siguientes miedos que muchos y muchas hemos sentido o sentimos, escribe, en este cuadro, cómo puntuarías los miedos, de 1 a 5. El que más miedo te da es un 5 y un 0, el que menos.

Nuestros miedos

Animales

Daño físico a tu cuerpo

Tormentas

Tu aspecto físico

La muerte

No tengo miedo a nada

Los niños de 9 a 12 años
-Miedos que disminuyen: separación de los padres, oscuridad, seres imaginarios y soledad.
-Miedos que se mantienen: animales, daño físico y tormentas.
-Miedos que aumentan: escuela (exámenes, suspensos), aspecto físico, relaciones sociales y muerte
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Los miedos

Autor

Joan Mnuel Gisbert

Nace en Barcelona el 16 de abril de 1949. Estudió Ingeniería Técnica Eléctrica. Se da cuenta que su vocación es la de escritor después de varios trabajos. Residió en París y estudió técnicas teatrales. Vuelve a Barcelona como director de un grupo de teatro alternativo. Realiza encuentros con lectores.  Escribe guiones para la televiisón e imparte cursos a profesores.
Ha recibidos varios premios.

El autor dice de sí mismo: “Soy y quiero ser un transformador de historias, alguien que mezcla hechos reales e imaginarios, y los cuenta al oído de las gentes, cuando el atardecer viene más oscuro que otras veces y el viento toma voz entre las ramas de los árboles.

Nuestro observatorio

En la siguiente página web del autor se pueden ampliar datos biográficos y curiosidades.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Joan Manuel Gisbert  tomada de  Canal Lector.