Archive | noviembre, 2015

Inventos. Jürg Schubiger. Editorial Anaya (Recomendado:9-11 años)

26 Nov

cuandoelmundoerajoven

Cuando el primer hombre llegó al mundo, lo encontró vacío. Fue paseando hasta que se cansó.
“Falta algo –pensó-. Una cosa de cuatro patas para sentarse.”
E inventó la silla. Se sentó y miró a la lejanía.
Wonderful. Maravilloso.
“Pero no del todo. Falta algo –pensó-. Una cosa cuadrada, para estirar las piernas debajo y apoyar los codos encima.”
E inventó la mesa. Puso las piernas debajo, apoyó los codos encima y miró a la lejanía.
Wonderful.
Pero de la lejanía iba llegando un viento, y con él se acercaban unas nubes oscuras.
Empezó a llover.
“No tan Wonderful. Falta algo, una cosa con una cosa encima que le proteja a uno del viento y del agua.”
E inventó la casa. Cogió la silla y la mesa, las llevó dentro, estiró las piernas, apoyó los codos sobre la mesa y miró la lluvia a través de la ventana.
Wonderful.
Bajo la lluvia vio entonces otro hombre. Llegó a la casa.
-¿Puedo meterme debajo? –preguntó el otro hombre.
-Please –dijo el primero-. Por favor.
Le enseñó lo que había inventado: la silla para sentarse, la mesa para las piernas y los codos, la casa con cuatro paredes y techo para protegerse del viento y del agua, la puerta para entrar, la ventana para mirar al exterior.
Cuando el otro hombre hubo visto, aprobado y elogiado todos los inventos, el primero preguntó:
-¿Y usted, querido vecino?
El otro permaneció en silencio. No se atrevía a decir que él había inventado el viento y la lluvia.

Jürg Schubiger. Cuando el mundo era joven todavía. Editorial Anaya

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

Ya has leído lo que se encontró el primer hombre (o mujer, naturalmente), cuando llegó al mundo. Como estaba vacío, tuvo que ir inventando cosas según las iba necesitando.

Una silla. Una mesa. Era Wonderful, es decir, maravilloso, fantástico. Pero hubo algo, el viento que empezó a soplar y la lluvia que empezó a caer, cuando la situación no era “tan wonderful”. Había que inventar algo, para protegerse. Y lo consiguió. Inventó la casa. Todos eran inventos fantásticos de ese primer habitante del mundo.

Lo que sí sabemos, también, es que el otro hombre que llegó no se atrevió a decirle, al primer hombre, que él había inventado el viento y la lluvia. Justo lo que al primer hombre no le gustaba y que por eso inventó casi todo.

Bueno. Pues ahora vas a pensar que te ha tocado a ti ser el primer hombre, o la primera mujer, que va a inventar algo. Hay cosas en el mundo que te gustan mucho y, otras, que te gustan menos. Escribe las cosas que te gustaría inventar. ¿Será un libro, por ejemplo, que todavía no se ha escrito? ¿Será un ordenador especial, que hace todo lo que tú piensas? ¿Será una clase en la que, según entras, ya te sabes todo lo que te toca estudiar? ¿Será un medio de transporte particular, hecho solamente para ti, con el que puedas llegar donde quieras? ¿Será una moneda mágica, que se repite tantas veces, como la gente que la necesita? ¿Tendrá algo que ver con tu familia?

Es tu momento. Piensa en cosas que hay en el mundo y las que tú inventarías. Cuéntanoslo. A lo mejor, el mundo entero dice: ¡Wonderful! ¡Maravilloso!
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es inventar. Seguro que conoces esta canción, de Queen and Freddy Mercury.

La canción dice: It’s kind of magic (Es una especie de magia). Y eso es lo que hacemos, como tú ya sabes, en este apartado. No utilizamos varita mágica, ni un anillo especial, ni un lápiz mágico, ni nada de eso. Sólo usamos algo que no nos va a faltar nunca: ¡la Palabra!

En la columna de la derecha, encontrarás nombres de cosas ya inventadas. En la de la izquierda, unos nombres de inventores. Únelas correctamente.  Si tienes alguna duda, utiliza la Red. Internet te lo puede resolver.

INVENTORAS O INVENTORES             INVENTOS

1. Juan de la Cierva, en 1923 A. La bombilla
2. Karl Benz, en 1886 B. El chicle
3. Thomas Adams, en 1869 C. El coche
4. Thomas Alva Edison, en 1880 D. El helicóptero

(Solución: 1-D; 2-C; 3B; 4-A)

Y como nuestra palabra mágica hoy es inventar, puedes consultar la siguiente dirección. Son inventos que, cambiaron el mundo.

http://borjatercero.blogspot.com.es/

Cuentame

Hemos visto, en esta lectura, muchas cosas sobre los inventos y sobre los inventores o inventoras que ha habido desde los orígenes del mundo. Y ahora te toca a ti. Sabemos que no es fácil decidirse por el invento que te resulta el mejor. El más práctico para tu vida. El más barato que se puede adquirir en el mercado. El que le gusta a todo el mundo que uses. El de uso más sencillo. ¿Con cuál te quedarías siempre, si parece que se va aproximando un fin del mundo? Aunque el planeta Tierra desapareciera, podrías ir a otro, que todavía no se conoce, pero te dan la oportunidad de llevar aquello de lo que no te desprenderías nunca. ¿Lo sabrías elegir? Tienes que pensar, eso sí, que en la nave espacial, que te servirá para el viaje, no cabe todo lo que te gustaría. Hay un espacio muy limitado, porque sólo caben, en este primer viaje, quince personas. ¿A quiénes elegirías, para que estuvieran contigo? ¿Por qué esas y no otras?

Sí tienes que saber, porque es la suerte del sorteo mundial que se ha celebrado, que te ha tocado a ti. No puede subir toda la Humanidad. Es una pena, pero las reglas mundiales son así.
Puedes enviar tus decisiones a un correo electrónico y, quien lo reciba, intentará ayudarte en el jurado. Creemos que por probar no pasa nada.
No podemos asegurar resultados a ningún habitante del planeta. Lo que sí es condición incuestionable es mandar el correo, con tu nombre y edad.
Nos despedimos deseándote lo mejor. ¡Mucha suerte!

Autor
Jürg Schubiger
Nació el 14 de octubre de 1936 en Zúrich (Suiza) y murió en la misma ciudad el 15 de septiembre de 2014.
Realizó numerosos trabajos en varios países antes de dedicarse a escribir. En los años sesenta del siglo pasado estudió filología germánica, psicología y filosofía en la universidad de Zúrich.  Desde esos años se dedicó a la literatura donde plasmó muy bien sus inquietudes.  Recibió el Premio Hans Christian Andersen 2008.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos y discurso de entrega del premio Hans Cristian Andersen en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor  tomada de Canal Lector.

La nueva granja (Segunda parte). Sid Fleischam. Editorial Alfaguara (Recomendado: 9-11 años)

19 Nov

maravillosagranja

(—) Pues bien, ahí estábamos plantados mirando nuestra granja de media hectárea que no servía para nada más que para zambullirnos en ella en un día de calor como aquel. Y además hacía más calor que nunca. Se batió el récord de calor, según supe más tarde. Aquel fue el día en que, tres minutos antes de las doce, los campos de maíz del estado de Iowa explotaron de palomitas. Eso es historia. Seguro que lo habéis leído ya en alguna parte. Hay fotos que lo prueban.
Me dirigí hacia nuestros niños.
-¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –dije-. Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada (1), pero es agua: ¡Al agua patos!
La idea fue acogida favorablemente y en un abrir y cerrar de ojos estábamos con los trajes de baño puestos. Di la señal y cogimos carrerilla. En ese instante nos cayó encima tal ráfaga de sequía que aterrizamos sobre media hectárea de tierra seca. La charca se había evaporado. Fue muy sorprendente.
Los niños habían saltado de cabeza y no se veía de ellos más que las piernas dando patadas en el aire. Los tuve que arrancar de la tierra como a zanahorias. Algunas de las niñas estaban aún sujetándose las narices. Por supuesto que fue una amarga recepción ver desvanecerse ante nuestros ojos aquella piscina.
Pero en el momento en que apresé un terrón entre los dedos, a mi corazón de granjero se le escapó un latido. Aquel fondo de estanque era suave y rico como la seda negra.
-¡Mi querida Melissa! –grité-. Ven a ver. Esta tierra es tan buena que debería guardarse en un banco.
Me encontraba fuera de mí de excitación. Aquella tierra gloriosa parecía estar suplicando que la sembrasen. Mi querida Melissa había traído un saco de judías secas, y mandé a Will y a Chester a por él. No hacía ninguna falta que nos molestásemos en arar aquella tierra. Dirigí a Polly para que hiciera un surco recto con un palo y a Tim para que la siguiese, cavando agujeros en la tierra. Luego me acerqué yo. Dejé caer una judía en cada agujero y la aplasté con el talón.
Pues bien, apenas había avanzado un par de metros, cuando sentí rozar contra mi pie algo verde y con hojas. Miré hacia atrás. Un tallo de judía avanzaba a toda prisa buscando un palo al que trepar.
-¡Válgame Dios! –exclamé-. ¡Esta tierra sí que es rica!
Los tallos se extendían a ojos vista por todas partes. Tuve que apresurarme para que no me alcanzaran. Cuando llegué al final del surco los primeros tallos habían florecido, se habían formado las vainas y se podían ya recoger.
Podéis imaginaros nuestra excitación. Las orejas de Will se agitaban. Los ojos de Jill estaban bizcos. La nariz de Chester se retorcía. Los brazos de Hester subían y bajaban. El hueco del diente que le faltaba a Peter silbaba. Y Tom hacía el pino.
¡Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda! –grité. ¡A recoger las judías!
Al cabo de una hora habíamos plantado y recogido toda la cosecha de judías.

(1) Enfangada: que estaba llena de lodo, barro.

Sid Fleischam. La maravillosa granja de McBroom. Editorial Alfaguara

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores

Texto

¡Hay que ver la ilusión con que llegaban! ¡Allí estaban todos! Willjillhesterchesterpeterpollytimtommarylarryylapequeñaclarinda.Pero lo que había hecho Mr. Heck Jones fue una estafa. ¡Una auténtica estafa!, dijera lo que dijera.

Lo más normal habría sido que el señor Mc Broom cogiera al propietario y le hubiera metido la cabeza en la arena, por haber engañado de aquella manera a toda su familia.
Empezaron a suceder una serie de acontecimientos, a cada cual más tremendo. Imagínate que te sucediera a ti, a tu padre, a tu madre y ¡a toda la familia!
Pero ya os habéis dado cuenta de que Mc Brooom y toda su familia eran gente buena y, además, siempre veían el lado positivo de la vida. Dice Mc Broom:
“Siempre hay un lado bueno en todas las cosas. Esta charca que hemos comprado está un poco enfangada, pero es agua: ¡al agua patos!”

Pues sí, Mc Broom y Melissa, su mujer, habían conseguido que sus hijos fueran fantásticos. Allí, en la granja, todo lo que sucedía era genial.

Lo que os recomendamos, para comprender muy bien este texto, es que lo leáis, en la biblioteca o, si podéis comprarlo, para ver las maravillosas ilustraciones que tiene. Son de Quentin Blake, un artista del que ya hemos visto alguno de sus trabajos, como ilustrador. Aquí tenéis su página web.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es charca. El diccionario de la RAE la define así: Depósito algo considerable de agua, detenida en el terreno, natural o artificialmente. La tierra que hay debajo de esas charcas es tan maravillosa como dice Mc Broom. Ya sabemos que no es fácil; pero si consiguieras plantar algo en esa tierra húmeda (intenta, por ejemplo, judías, garbanzos, lentejas…), en una maceta que haya en casa, a lo mejor, regando un poquito y dejando pasar tiempo (eso es muy importante), empiezas a ver unas hojitas verdes. Eso es que tu semilla plantada, puede salir adelante. En la siguiente página web, verás un modelo de cómo germinar una planta.

Y ahora, volvemos a la magia de nuestra palabra charca, para ver cosas hermosas que existen en la Naturaleza. Que disfrutes con esta belleza.

Cuentame

Lo que sí se llevó la familia de Mc Broom fue una decepción. Un chasco. Ellos estaban tan contentos pero… Y cuando eso sucede, es mejor buscar el lado positivo de las cosas y, así, a lo mejor lo acabamos consiguiendo.

¿Te ha sucedido a ti, alguna vez, esta situación? Podías contarnos, si te apetece, cuál ha sido tu último chasco. Eso que tú esperabas que pasara, que sucediera y, al final, no se produjo, no lo conseguiste, a pesar de la ilusión que te hacía.

Si pudieras, nos vendría muy bien que nos dieras los consejos para actuar, en esas situaciones. ¿Te ocurrió con alguna amiga o amigo? ¿Te ocurrió en tu casa, con tu familia? ¿Fue en el colegio, con compañeras o compañeros? ¿Se pudo solucionar aquello que tanto te preocupó o te fastidió?

Autor
Sid Fleischam

Nació el 16 de marzo de 1920 en Brooklyn, Nueva York (Estados Unidos) y murió el 17 de marzo de 2010 en Santa Mónica, California (Estados Unidos).

Viajó por los Estados Unidos con un espectáculo de artistas y magos. Antes de escribir novelas trabajó como periodista y guionista de cine.  Está considerado un maestro de la aventura, la intriga y el humor. Recibió numerosos premios y entre ellos el Mark Twain, que se otorga al mejor escritor de humor.

Nuestro observatorio

Más datos sobre el autor en la wed dedicada al mismo.

Bibliografía

Libros publicados del autor, tomados de la página de Sid Fleischam

La nueva granja (Primera parte). Sid Fleischam. Editorial Alfaguara (Recomendado: 9-11 años)

12 Nov

maravillosagranja

Mr. Heck Jones saltó sobre el estribo y nos guió camino arriba un par de kilómetros. Mis chavales intentaron distraerle durante el camino. Will movió las orejas y Jill se puso bizco. Chester arrugó la nariz como un conejo, pero comprendí que el Sr. Jones no estaba acostumbrado a los críos. Chesteer batió los brazos como un pájaro, Peter silbó por entre los dientes delanteros que le faltaban y Tom intentó hacer el pino en el maletero del coche, pero el Sr. Heck Jones no hizo caso a ninguno de ellos.
Finalmente, levantó su enorme brazo y señaló en la distancia.
-Ahí está su propiedad, vecino –dijo.
¡Debíais habernos visto saltar del coche! Contemplamos encantados nuestra nueva granja. Era amplia y soleada, con un roble sobre una suave loma. Claro que tenía un defecto. Del lado del camino se extendía una charca de media Hectárea, de aspecto pantanoso. En un sitio así podías perder una vaca, pero aquello era una ganga, de eso no había duda alguna.
-Mamá –le dije a mi querida Melissa-. ¿Ves ese magnífico roble sobre la loma? Ahí es donde construiremos nuestra casa.
-Ni hablar de eso –dijo Mr. Heck Jones-. Ese roble no está en su propiedad. Lo suyo es todo lo que ven bajo agua. Ni rastro de roca ni de cepa de árbol, tal como les dije.
Pensé que nos estaría gastando una pequeña broma, aunque no había ni la más mínima sonrisa en su cara.
-Pero, ¡señor! –dije-. ¡Usted afirmó muy claramente que la granja tenía cuarenta hectáreas!
-Exactamente.
-¡Pues esa charca pantanosa apenas si cubre media hectárea!
-Se equivoca usted –dijo-. Hay exactamente cuarenta hectáreas, una encima de la otra, como un pastel de hojaldre. Yo nunca dije que su granja estuviera toda sobre la superficie. Tiene cuarenta hectáreas en profundidad, Mr. McBroom. Lea el contrato.
Leí el contrato. Era verdad.
-Jii-ii, jii-jii –resopló-. ¡Se la he hecho buena, McBroom! Buenos días, vecino.
Se largó a hurtadillas, riéndose para sus adentros, hasta llegar a su casa. Pronto me enteré de que Mr. Heck siempre se reía para sus adentros. La gente me dijo que cuando colgaba su abrigo y se metía en la cama, toda esa risa de dentro le salía hacia fuera y le tenía en vela toda la noche. Pero eso no es verdad.

Sid Fleischam. La maravillosa granja de McBroom. Editorial Alfaguara

Horacio. Gloria Cecilia Díaz. Editorial Anaya (Recomendado: 9-11 años)

5 Nov

oyenmeconlosojos

Al cabo de un rato, ya limpio y abrigado, se sentó junto a su madre en una silla de la cocina. Ella le dio una taza de leche caliente con azúcar y canela.
-Mamá… ¿alguna vez te dio miedo mi sordera? –le preguntó Horacio con sus manos.
-No, hijo. Al principio, tristeza, mucha tristeza. A lo mejor la tristeza también es miedo… -le contestó ella también con las manos.
-¿Y ahora?
-¿Ahora? ¿Por qué habría de estar triste ahora si vas por la vida como cualquier niño? Digamos que en algunas cosas les llevas ventaja a algunos niños, porque ves cosas que ellos no ven. ¿Sabes? Siempre que a uno le falta algo, tiene que luchar más para alcanzar lo que quiere. En el pueblo donde viví cuando era niña había una mujer que lavaba la ropa de la gente rica, de eso vivía. Era muy pobre; recuerdo que iba descalza. Aquella mujer tuvo dos hijos; el menor nació sin brazos. Los crió sola a los dos, porque su marido se fue un día sin despedirse siquiera.
-¿Le…da…ba…mie…do…del…ni…ño…sin…bra…zos? –preguntó Horacio.
-Tal vez, hijo; no lo había pensado. Los niños crecieron. El mayor empezó a ir a la escuela y, cuando el pequeño debía empezar sus estudios, la pobre madre se presentó con él ante el director, pero este no quiso admitirlo.
Horacio miró a su madre espantado.
-¿Sabes qué hizo el niño, Horacio? Se quitó los zapatos, tomó con la boca una hoja de papel y un lápiz del escritorio del director, los tiró al suelo y, mientras con un pie tenía la hoja, con el otro escribía su nombre y apellidos con una letra clara y uniforme.
El director se puso rojo como un tomate, y su secretaria y la profesora de ciencias naturales, que estaban allí presentes, lo miraron como diciéndole: “Debería darle vergüenza, señor director”.
-¿Lo…ad…mi…tió…en…ton…ces?
-No tuvo más remedio. La madre contó lo sucedido a medio pueblo. Ya puedes imaginar cómo se sentía de orgullosa. El niño sin brazos aprendió rapidísimo a leer y a escribir. Pero había algo que aún hacía mejor: dibujar. Había comenzado desde muy pequeño. La lavandera contó que una vez, al volver ella y su hijo mayor de lavar la ropa en el río, se encontró las paredes de la casa, que habían pintado recientemente con cal, llena de dibujos al carbón. Había caballos galopando por el cielo, una flor gigantesca en cuyo centro había un pueblo y un árbol que hacía del sol. Se puso furiosa y llamó a gritos a su hijo pequeño. Ella lo había visto utilizar trozos de carbón de la cocina para dibujar en el suelo todo lo que se le ocurría.
Sin embargo, le parecía increíble que los dibujos tan hermosos que había en las paredes los hubiera hecho él. A la vez, estaba furiosa al ver que las paredes blancas de su casa, de las que se sentía tan orgullosa, ya no eran blancas. El niño llegó del patio, la lavandera miró los pies y vio que estaban negros de carbón.
-Mamá, las paredes eran como una inmensa hoja de papel…-le dijo el niño.
La madre no supo qué decir y se echó a llorar.
-¿Lloraba por lo de las paredes? –preguntó Horacio con sus manos.
-No, hijo, lloraba de emoción. Ella, que no sabía ni leer ni escribir, sabía que esos dibujos que su hijo había hecho eran el comienzo de algo. Sólo los caballos de verdad eran tan hermosos como los que su hijo había pintado. Y la flor, ¿no era el mundo como una flor que albergaba los pueblos? Y el sol, ¿no era acaso la fuente de vida de la que nacían los árboles?
-Qué…pa…só…des…pués? –preguntó Horacio.
-El niño creció y siguió pintando. Muchos años después, mi madre me contó que había ido a estudiar a la universidad. Más tarde, los perdimos de vista.
-Para ese niño los pies eran también sus brazos… -dijo Horacio con sus manos-. Como mis ojos son mis oídos, y mis manos, mi voz…
-Así es, hijo.
-Pero… ¿sabes, mamá? A veces me da rabia ser sordo. Me da rabia no oír tu voz ni la de papá, ni la de Claudio, ni la de Banu, ni los maullidos de Raimundo, ni los gritos de la gente en el estadio cuando voy a ver los partidos de fútbol…
-Mi voz, la de tu padre y la de tus hermanos están aquí –dijo la madre señalando el corazón de Horacio.

Gloria Cecilia Díaz. Óyeme con los ojos. Editorial Anaya

RECURSOS
Propuestas para mediadoras y para mediadores
Texto

Horacio es sordo. Por eso, el libro de donde está sacado este texto se llama: Óyeme con los ojos. Las personas que no pueden oír necesitan comunicarse. Por eso existe una lengua especial, una lengua de signos, que deben conocer quienes hablen con ellos o ellas. Las personas con sordera.

Aquí tienes, en la dirección que te damos, cómo es la lengua de signos que emplean los sordos y también los sordomudos. Hay muchas personas que tienen esas dos carencias o ausencias. No pueden oír y tampoco hablar.

Gracias a esos signos, que se pueden aprender, llegan a tener la posibilidad de comunicarse con otras personas. Son estos signos (aparecen más en la página, por si quieres conocerlos o incluso aprenderlos).

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es la palabra voz. Esa maravilla de la naturaleza que tenemos para hablar, cantar, sentir, ayudar, reír, comprender y todas esas cosas que puedes añadir, hasta hacer un fabuloso diccionario. Protege tu voz. Cuídala. Es un don que nos hace ser tan felices como esos niños que has visto. Suponemos que puede que te suceda lo mismo que a nosotros, cuando vemos la risa de esos niños que oyen, por primera vez, a su madre o a su padre.

Son lágrimas de alegría, porque se ha producido la magia de la voz.

Cuentame

¿Conoces a alguien que, como Horacio, tenga alguna discapacidad? ¿Crees que la sociedad, el mundo que nos rodea, valora y considera a esas personas con discapacidad? ¿Crees que podríamos hacer más cosas por ellas o por ellos? Seguro que te has fijado en algo que te llamó la atención. Piensa un rato y dinos cómo podríamos considerar mejor a las personas ciegas, sordas, mudas o con alguna de las muchas discapacidades que el ser humano puede tener. En la página que te mostramos a continuación, nos hablan de la importancia que tiene la información a la sociedad. Conocer la realidad es algo imprescindible. Puede ayudar a los enfermos y, por supuesto, a nosotras o a nosotros, también.

Has visto a personas discapacitadas y a las que viven con ellas o con ellos. ¿Crees que podríamos trabajar, para que la sociedad admita y colabore con esas personas?

Esperamos, con muchas ganas, las posibles respuestas. Tu colaboración también es muy importante.
vNq6

Gloria Cecilia Díaz
Nació el 21 de septiembre de 1951 en Carlacá (Colombia).
Estudió Lenguas Modernas en la Universidad del Quindío, Armeni (Colombia) y se doctoró en Letras por la Universidad de la Sorbona (Francia). Fue Profesora de Literatura en su país hasta 1982. Ha trabajado como redactora en editoriales,  ha sido corresponsal, traductora y correctora de textos para la Unesco. Es autora de textos de Lengua Española para enseñanza primaria y secundaria, y su obra literaria comprende novela, cuento y poesía. Ha recibido numerosos premios.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos y curiosidades sobre la autora en Imaginaria.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Gloria Cecilia Díaz tomada de Canal Lector.