Archive | mayo, 2014

Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren. Editorial Blackie Books (Recomendado: 9-11 años)

29 May

pippi
Tommy y Annika habían anunciado a la profesora que iba a llegar una nueva alumna llamada Pippi Calzaslargas. La profesora había oído hablar de Pippi a la gente del pueblo, y, como era muy amable y simpática, decidió hacer cuanto fuera necesario para que Pippi se sintiera en el colegio como en su propia casa.
Pippi se dejó caer en el primer asiento que encontró libre, sin que nadie la hubiera invitado a sentarse; pero la profesora no hizo caso de sus toscos modales y le dijo cariñosamente:
-Bienvenida a la escuela, Pippi. Deseo que estés a gusto aquí y que aprendas mucho.
-Estoy segura de que aprenderé. Y supongo que tendré vacaciones por Navidad, pues he venido por eso. ¡La justicia ante todo!
-Si quieres darme tu nombre y apellidos, te matricularé –dijo la profesora.
-Me llamo Pippilotta Delicatessa Windowshade Mackrelmint y soy hija del capitán de barco Efraín Calzaslargas, que fue el rey de los mares y hoy es el rey de los caníbales. Pippi es la abreviatura de Pippilota, nombre que, según mi padre, resultaba demasiado largo.
-Tu padre tenía razón –dijo la profesora-. Bien, pues también nosotros te llamaremos Pippi… Ahora conviene que te haga un pequeño examen para ver qué es lo que sabes. Supongo que sabrás bastante, pues ya eres una niña mayor. Empecemos por la aritmética. ¿Puedes decirme cuántos son siete y cinco?
Pippi se quedó sorprendida y contrariada a la vez. Al fin contestó:
-Si tú no lo sabes, no esperes que te lo diga yo.
Todos los alumnos miraron a Pippi con una expresión de horror. La profesora le dijo que en la escuela no se contestaba así, y que a la profesora no se le hablaba de tú, sino de usted.
-Lo siento mucho –se excusó Pippi-. No lo sabía. No lo volveré a hacer.
-Eso espero –dijo la profesora-. Y ahora te diré que siete y cinco son doce.
-¡Ah! –exclamó Pippi-. ¿Con que lo sabías? Entonces, ¿por qué me lo has preguntado? ¡Oh! ¡Qué cabezota soy! ¡Ya he vuelto a tutearla! Perdóneme.
Y Pippi se dio un fuerte pellizco en una oreja.
La profesora decidió no dar ninguna importancia a la cosa.
-Ahora dime: ¿cuántos te parece que son ocho y cuatro?
-Pues… alrededor de sesenta y siete.
-No –rectificó la profesora-; ocho y cuatro son doce.
-¡Eh, eh, buena mujer! ¡Esto ya es demasiado! Usted misma ha dicho hace un momento que doce eran siete y cinco, y no ocho y cuatro. Hay que tener un poco de formalidad, y más aún en la escuela. Si sabes tanto de esas cosas, ¿por qué no te vas a un rincón a contar y nos dejas tranquilos a nosotros, para que podamos jugar al escondite? ¡Oh, perdone! ¡Otra vez la he tuteado!
Pippi estaba sinceramente consternada. Continuó:
-Le suplico que me vuelva a perdonar. Ya verá como es la última vez.
La profesora le dijo que la perdonaba; pero juzgó que no era conveniente seguir enseñando aritmética a Pippi y empezó a preguntar a los demás niños.
-Tommy, a ver si contestas a esta pregunta: si Lisa tiene siete manzanas y Axel nueve, ¿cuántas manzanas tendrán entre los dos?
-¡Anda, Tommy, contesta! –intervino Pippi-. Y, al mismo tiempo, responde a esta otra pregunta: si a Lisa le duele el estómago una vez y a Axel le duele varias veces, ¿quién es el culpable y de dónde han cogido las manzanas?
La profesora fingió no haberla oído y se volvió hacia Annika.
-Y ahora, Annika, este problema para ti: Gustavo fue de excursión con todos los alumnos de su colegio; al salir tenía once monedas de diez céntimos, y al regresar, siete. ¿Cuántas monedas había gastado?
-También a mí me gustaría saberlo –dijo Pippi-. Además, quisiera saber por qué era tan despilfarrador, y si se había lavado las orejas por detrás antes de salir de casa.
La profesora decidió dar por terminada la clase de aritmética. Se dijo que a Pippi quizá le interesaría más aprender a leer. Y sacó un cuadro en el que veía una islita preciosa, de color verde y rodeada de un mar azul. Suspendida sobre la isla había una “i”.
-¡Qué cosa tan rara! –exclamó Pippi-. Esa letra es una rayita sobre la que ha soltado algo una mosca. Me gustaría saber qué tienen que ver las islas con lo que sueltan las moscas.
La profesora sacó otro cuadro que representaba una serpiente enroscada. Explicó a Pippi que la letra que había sobre la serpiente era la “s”.
-¡A propósito! –exclamó Pippi-. Nunca podré olvidar una lucha que sostuve con una serpiente gigante en la India. ¿De modo que esa letra es la “s”? ¡Qué interesante!
La profesora que ya empezaba a considerarla como una niña escandalosa y molesta, decidió dedicar un rato al dibujo. Pippi estaría sentada y quieta mientras dibujaba. Creyéndolo así, la profesora repartió hojas de papel y lápices entre los alumnos.
-Podéis dibujar lo que queráis –les dijo.
Y sentándose a su mesa, empezó a corregir cuadernos. Un momento después levantó la cabeza para echar una ojeada a los alumnos. Todos, desde sus asientos, miraban a Pippi, que estaba echada sobre el pupitre y dibujaba con gran alegría.
-¡Pero, Pippi! –exclamó la profesora, empezando a perder la paciencia-. ¿Por qué no dibujas en el papel?
-Hace tiempo que no dibujo en papeles. No hay espacio para mi caballo en esa mísera hoja. Ahora estoy dibujando las patas delanteras; cuando dibuje la cola seguramente llegaré al pasillo.
La profesora reflexionó un momento, visiblemente preocupada.
-¿Preferiríais cantar? –preguntó.
Todos los niños se pusieron en pie ante sus pupitres; todos menos Pippi, que seguía echada sobre el suyo.
-Ya podéis empezar a cantar –dijo la niña-. Yo voy a descansar un poco. El exceso de estudio puede acabar con la salud de la persona más robusta.
La paciencia de la profesora llegó con esto a su fin, y envió a los niños al patio; a Pippi le dijo que no saliera, que quería hablar con ella.
Cuando en la sala quedaron únicamente la profesora y Pippi, esta se puso en pie y se acercó a la mesa.
-¿Sabes… -empezó a decir, pero enseguida rectificó-, sabe usted que he pasado un buen rato viendo todo esto? Pero me parece que no volveré, a pesar de las vacaciones de Navidad. Hay demasiadas manzanas, islas y serpientes y todas esas cosas. La cabeza me da vueltas. No está disgustada conmigo, ¿verdad?
Pero la profesora dijo que sí estaba disgustada; que Pippi no quería portarse bien, y que a ninguna niña que se portase tan mal como ella se le permitiría entrar en la escuela, por mucho que lo deseara.
-¿Me he portado mal? –dijo Pippi, extrañada-. Pues no me he dado cuenta –añadió tristemente.
Nadie podía ponerse tan trágico como se ponía Pippi cuando tenía algún pesar. Permaneció en silencio unos instantes y luego dijo con voz trémula:
-Comprenda usted que cuando una tiene por madre un ángel y por padre un rey de caníbales, y se ha pasado la vida navegando, no puede saber cómo debe portarse en el colegio, entre tantas manzanas y serpientes.
La profesora le contestó entonces que lo comprendía muy bien, que ya no estaba disgustada con ella y que quizá le permitiría volver a la escuela cuando fuese mayor. Y Pippi exclamó radiante de alegría:
-¡Es usted la mar de simpática! ¡Mire lo que le traigo!
Pippi sacó del bolsillo una cadena de oro fino y la depositó en la mesa. La profesora dijo que no podía aceptar un regalo tan valioso, pero Pippi la amenazó:
-Tiene usted que aceptarlo. Si no, volveré mañana, y ya verá la que armo.
Dicho esto, salió al patio corriendo y montó de un salto en su caballo.

Astrid Lindgren. Pippi Calzaslargas. Todas las historias. Editorial Blackie Books

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Quienes hemos estado, durante años, dando clase a un mismo curso escolar, sabemos lo que significa la llegada de alguien nuevo. De una u otra manera, docentes, compañeras y compañeros se hacen un perfil especial de quien llega. Todo el mundo en el centro sabe cómo es, de dónde viene, cómo son sus padres, incluso dónde vive, qué aptitudes tiene para el deporte, para la relación, sus gustos y preferencias, con quién se relaciona y todo eso que Tommy y Annika anunciaron a la profesora de la alumna que iba a llegar: Pippi Calzaslargas. Y cuando se lean estas líneas, puede que haga ya unos meses que eso pasó. Esto significará que, en otros pocos, empezará un nuevo curso y volverán a aparecer, con personajes diferentes, las situaciones habituales. Es un tren, con distintos viajeros, que recorrerá las estaciones de la ilusión, de la innovación de la relación, de la vida, al fin y al cabo.

Palabra magica
La palabra mágica hoy es tutear. Pippi tuvo muchos problemas el primer día, porque ella estaba acostumbrada a tratar a la gente de . Eso es tutear. Pero en el caso de personas que conocemos menos y tenemos que dirigirnos a ellas, por respeto utilizamos usted. En el texto que has leído, a la profesora no se le hablaba de tú, sino de usted. Eso son normas, reglas, obligaciones que hay en diferentes lugares. De los siguientes casos, di cuándo utilizas el tú y cuándo el usted.

Te encuentras, en la escalera, a una amiga que vive en el primer piso:

La trato de usted                                 La trato de tú

Te encuentras, por la calle, a un señor. Es compañero de tu madre:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Vas al médico, para explicarle que te duele el estómago:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Ves a un agente de policía y le preguntas dónde está una calle:

Lo trato de usted                                 Lo trato de tú

Si hacemos clic en el dibujo que hay arriba, a la derecha, encontraremos una amplísima relación de lo que los expertos llaman Actos de palabra o Actos de habla.

Sólo a título informativo para la mediadora o el mediador, según Austin (filósofo británico que falleció en 1960), al producir un acto de habla, se activan simultáneamente tres dimensiones:
Acto fónico (emitimos sonidos)
Acto fático (emitimos palabras con una secuencia gramatical determinada)
Acto rético o del significado (emitimos las secuencias gramaticales con un sentido determinado).

Cuentame
¿Ha llegado alguien nuevo, últimamente, a tu clase? ¿Compañeras, compañeros, profesoras, profesores?    ¿Qué le ha parecido la clase a la nueva o al nuevo? ¿Has hecho ya amistad? ¿Hay alguien que se parezca a Pippi Calzaslargas? Fíjate, sobre todo, en su pelo, con ese precioso color de zanahoria.

Y por si no conoces a este personaje, aquí tienes algunos fragmentos de la película que, hace bastantes años, tuvo un éxito enorme. En el mundo entero, casi no había niñas o niños que se perdieran las cosas que hacía Pippi. Era muy, muy divertida.

vNq6

Astrid Lindgren

Nació en Vimmerby, el 14 de noviembre de 1907 y murió en Estocolmo el 28 de enero de 2002 (Suecia).
Hija de campesinos, tuvo una infancia feliz. Le gustaba bailar la danza popular y le volvía loca el jazz. Trabajó en una oficina.  Relataba cuentos de Pippi a su hijo, después los escribió y los mandó a una editorial, esta los rechazó al principio pero los publicó años más tarde.
Fue una defensora de los animales. Escribió más de 100 obras pero la que le dio la fama fue la de Pippi Calzaslargas.
En 1958 recibió el premio Hans Christian Andersen.

 

Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre la autora en varias páginas dedicadas a Astrid Lindgren.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora tomada de Canal Lector.

 

Coplas. (Recomendado: 7-9 años)

22 May

  

Coplas de disparates

Tengo que pasar el río
a caballo en un mosquito,
y que me digan tus padres
¡qué caballo tan bonito!

He visto un monte volar
y una casa andar a gatas,
y allá en el fondo del mar
un burro asando patatas.

Te han dicho que he dicho un dicho,
dicho, que no he dicho yo;
que si yo lo hubiera dicho,
no hubiera dicho que no.

Anteanoche y anoche

Anteanoche y anoche
y esta mañana,
antes de levantarme
estaba en cama.

Esto sería
que antes de levantarme,
me acostaría.

 

RECURSOS

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

 Texto

¡Qué cantidad de disparates hay en este texto! Podemos hacer un concurso, para ver quién se lleva el gran premio al disparate más disparatado. Pon en un papel o en un archivo la clasificación general de los disparates:

Ir a caballo en un mosquito.
He dicho un dicho que no he dicho yo.
Un burro asando patatas.
Una casa andar a gatas.
He visto un monte volar.

Palabra magica

La palabra mágica hoy es dicho. Puede ser una forma del verbo decir (el participio):

Ya te he dicho yo que hoy ganaríamos el partido.
A mí no me han dicho nada, así que yo no lo sabía.

O puede ser, como en el texto que has leído, una palabra que no tiene que ver con la realidad. Es una expresión que se usa porque interesa o apetece decirla.

En nuestra lengua, el español, hay también dichos que utilizamos muchas veces, para expresar cosas conocidas, pero sin significado propio. Seguro que conoces estos dichos:

No da pie con bola (para decir que no hace nada).
Siempre va de gorra (nunca paga nada).
Tirar la toalla (rendirse).
Me la han dado con queso (me han engañado).

Cuentame

¿Has pasado unos días buenos? Pues a ver si eres capaz de decirnos qué es lo que más te ha gustado ayer, por ejemplo. ¿Y anteayer? Lo que has leído en el texto, más que un disparate parece un trabalenguas. Te recomendamos que, para entenderlo bien, te pintes un reloj  y pongas las horas, desde la noche a la mañana, y conseguirás superar al disparate.

Ahora, todo lo que has hecho: el disparate más grande que has inventado

9e7o

Anónimo

No creas que el nombre o el apellido del autor o autora de este texto es anónimo. Nos podemos pasar la vida entera para saber cuándo es su santo. No, no pierdas el tiempo. No existe ni existirá san Anónimo ni santa Anónima. ¿Sabes lo que quiere decir la palabra anónimo? Pues significa exactamente eso: que no sabemos el nombre del autor o autora que ha escrito este texto. El texto lo conocemos y hasta lo podemos saber de memoria. ¡Y cantar!

Seguro que te sabes la canción de El patio de mi casa es particular. Cuando llueve se moja como los demás.

O el villancico de Arre, borriquito, vamos a Belén. Que mañana es fiesta y al otro también.

Al corro de la patata, comeremos ensalada, naranjitas y limones lo que comen los señores.

O esta otra de Estaba el señor don gato.

¿Y esta de Debajo de un botón?

Pues todas estas canciones, coplas, villancicos, chirigotas y bromas graciosas tienen un autor o una autora. Lo que pasa es que no sabemos sus nombres y por eso se dice que son anónimos.

Pero hay otros seres que no son anónimos. Entra en la siguiente página y pon un nombre a cada unos de los que aparecen. Así dejarán de ser anónimos y los conocerás por ese nombre que tanto te gusta, si algún día entra alguno en tu casa. Dibújalo y ponlo en un lugar bien visible, para que la gente lo conozca. Pueden ser disparates, como los del texto que has leído.

Hoy, como no sabemos cómo te llamas, ni lo que te gusta, ni nada de nada, porque no te conocemos, no podemos poner ningún comentario sobre el autor o autora de lo que vas a escribir. Y tampoco sabemos nada de tu animal preferido, por ejemplo. Esos que has visto en la página de Eugenia Romero sobre los sonidos de los animales. Así que esta vez te toca a ti escribir un comentario sobre ti mismo o sobre ti misma. No pienses que esto es otro disparate, no. Sólo escribe sobre lo siguiente:

Si tuviera que cruzar un río, me gustaría hacerlo en:

a)   Una barca
b)   Un mosquito
c)   Un caballo

Lo del caballo va a ser un poco complicado. Pero lo que sí es un disparate total es montarse en un mosquito. Tendríamos que estar un poco chalados y pesar menos que un grano de arroz.

Vamos a pensar en esas fotos que en la televisión,  en los periódicos, en internet, en los anuncios que vemos en la calle y en otros muchos sitios, nos presentan la imagen de una autora o de un autor, enseñando su último libro o la última página en internet. Ahora nos tienes que hacer un favor. Ya sabemos que no es fácil escribir sobre uno mismo. A lo mejor, te viene bien probar con una amiga o con un amigo, para ver si está de acuerdo con lo que has escrito sobre ti misma o sobre ti mismo. Pregunta, por ejemplo:

-Oye, ¿soy así? ¿Cómo me ves tú? ¿A quién te recuerdo? ¿Qué es lo que más te gusta de mí? ¿Y lo que menos? ¿Cuándo nos conocimos? ¿Te gusta estar conmigo?

 

Cinco. Erik Orsenna. Ed. Salamandra (Recomendado: 13-14 años)

15 May

laisladelaspalabras

El sol se pavoneaba (1) ya en lo alto del cielo. En la placita, un perro bostezaba, tres cabras mordisqueaban un neumático y una mariposa pasaba y repasaba bajo el hocico de un rollizo gato negro.
Después de tanta agitación, aquella calma daba vértigo.
Sentado en un tronco de árbol, el señor Enrique acariciaba su guitarra. De vez en cuando, sus dedos se paseaban por las cuerdas y volvía a oírse la canción de la víspera, la misma que había acunado nuestro sueño. ¿Nos habría acompañado toda la noche para ahuyentar las pesadillas, las horribles pesadillas que sin duda persiguen a los supervivientes de una tragedia? ¿Quién era aquella gente que tan bien sabía cuidar a los náufragos? ¿Y cuáles eran sus poderes mágicos? Me moría de ganas de saber más. Cuando me entra la impaciencia, no puedo estarme quieta. Reprimí tres pasos de baile.
El señor Enrique sonrió.
– Parece que ya estamos mejor. Es tarde. Os llevo al mercado. Así comprenderéis lo que pasa en nuestra isla.
Guirnaldas de pimientos, trozos de pez espada, atún y barracuda (2), cabras descuartizadas, pedazos de otros animales, ojos, lenguas, hígados y gruesas bolas negras (criadillas de toro), amarillentas montañas de boniatos, botellas blancas (ron casero), ensaladeras, cascanueces, desatascadores de color rosa para el lavabo, patas de conejo (para atraer la buena suerte), murciélagos disecados (para ahuyentar la del prójimo), palitos que se chupan llamados “palos tiesos” (para curar la pereza de los maridos)…
Y una abigarrada muchedumbre que parloteaba, discutía, chismorreaba, se insultaba, se desternillaba… Sin contar, a ras de tierra, el doble ejército de los niños, que berreaban de lo lindo y chillaban “mamá”, y de los perros, que, boquiabiertos y babeantes, como auténticos cubos de la basura vivientes, engullían todo lo que caía al suelo e iban a tumbarse al sol para masticarlo pensativamente.
Al final de la calle, cambio de atmósfera: cuatro tiendecitas alrededor de una rotonda. Parecía la plaza de un pueblo en miniatura…Todos los clientes se acercaban hablando entre dientes y lanzando miradas inquietas a diestro y siniestro, como quien tiene secretos que proteger.
-Éste es nuestro mercado de palabras –dijo el señor Enrique-. Aquí es donde hago mis compras. Aquí encontraréis o recuperaréis todo lo que necesitáis.
Y se acercó a la primera tienda, que un trozo de percal (3) colgado sobre la entrada anunciaba así:
EL AMIGO DE LOS POETAS  Y DE LA CANCIÓN

Curioso amigo aquel tendero, un gigante escuálido con cara de sueño que no ofrecía nada. Nada salvo un viejo libro con las hojas arrugadas. El resto del mostrador estaba vacío. Tras los saludos y abrazos de rigor, el señor Enrique hizo su pedido:
-Mi último estribillo me trae por la calle de la amargura. ¿No tendrás alguna palabra que rime con “dulce” y otra que rime con “mamá”?
Mientras lo atendían me acerqué a la tienda de la izquierda.
VOCABULARIO DEL AMOR.  TARIFA REDUCIDA PARA  LAS RUPTURAS

En ese preciso instante, una mujer deshecha en lágrimas suplicaba:
-Mi marido me ha dejado sin piedad. Querría una palabra para que comprenda mi dolor, una palabra terrible, para que lo avergüence.
El vendedor, un jovencito, sin duda principiante, empezó por ruborizarse (4) –enseguida, enseguida-, abrió un libro viejo y se puso a pasar hojas como un poseso (5).
-Tengo lo que necesita, un segundito. Aquí está. Tiene usted donde elegir: aflicción…
-Eso suena mal.
-Neurastenia…
-Parece un medicamento.
-Desesperación.
-¡Ésa, ésa me gusta! ¡Desesperación, estoy en plena desesperación!
La mujer deslizó una moneda en la mano del vendedor y se marchó reconfortada. Llevaba su nueva palabra en brazos, desesperación, desesperación… Ya no estaba sola, había encontrado a alguien a quien hablar.
El siguiente comprador era un viejo de al menos cuarenta años; yo no sabía que a la gente de esa edad le importara el amor.
-Verá, mi mujer ya no soporta los “te quiero”. “Después de veinte años, podrías variar; inventa otra cosa o me voy”, me dice.
-Eso es fácil. Podría decirle: “Tengo la mosca detrás de la oreja”
-¿Para que se crea que no me lavo?
-Pues entonces: “Me muero por tus pedazos.”
-¿Y eso qué significa?
-Mi amor por ti es tan completo que sufro hasta cuando te cortas las uñas. Me gustan todos y cada uno de tus pedazos. Te quiero desde la punta del pelo hasta los dedos gordos de los pies.
-Bueno, voy a probar. Si esa frase no funciona, se la devuelvo.
Nos habríamos quedado hasta que anocheciera. La cola de clientes era cada vez más larga. Tomás aguzaba el oído tanto como yo: “Voy a hacerte un traje de besos”, “Dime cómo te llamas y te pido para Reyes”… Le brillaban los ojos, ponía cara de inteligencia. Se estaba aprovisionando. Cuando volviéramos, sabría hablar con las chicas, las dejaría de una pieza. Con lo que hacía que buscaba una fórmula para ligar con las mayores, con las demasiado mayores para él…
Las otras tiendas estaban igual de concurridas. Me habría gustado pasar un rato con
DIOSDADO. NOMBRADOR DIPLOMADO DE PLANTAS Y PECES

o con la misteriosa
MARÍA LUISA. ETIMÓLOGA EN CUATRO LENGUAS

Ante mi expresión de desconcierto, el señor Enrique me aclaró:
-La etimología explica el origen de las palabras. “Infierno”, por ejemplo, procede del latín infernus, inferior, lo que está debajo. Pero venid, hay muchos otros sitios de la isla que me gustaría enseñaros.

Notas

(1) Se pavoneaba: presumía.
(2) Barracuda: pez de los mares tropicales y templados, con el cuerpo alargado y provisto de fuertes dientes. La carne es comestible, pero al llegar a cierta edad se vuelve venenosa.
(3) Percal: tipo de tela.
(4) Ruborizarse: ponerse colorado.
(5) Poseso: poseído, alucinado, loco.

Erik Orsenna. La isla de las palabras. Editorial Salamandra
Texto
Juana y Tomás inician sus vacaciones viajando en un crucero rumbo a América. Una tempestad inesperada provoca el naufragio del barco.
Cuando Juana recobra la conciencia está en una playa junto a Tomás. Los dos están mudos, porque la tempestad les había arrebatado las palabras.
Lo bueno es que están en la Isla de las palabras, donde el señor Enrique les ayudará a recobrar el lenguaje que les quitó aquel terrible huracán. Porque allí hay tiendas de todo tipo de palabras, aunque busques la más difícil. También está en aquella isla, algo muy importante: la fábrica, donde Juana y Tomás recuperan definitivamente su capacidad para manejar esas palabras. Es decir, la gramática.
Y en una novela como ésta, no podía faltar un malvado, que quiere que todo vaya mal. Aquí se llama Necrolo. Este malvado quería que sólo existieran las palabras que él dijera que son útiles, porque son las suyas, las que sólo él utiliza.

No sé si te habrá parecido interesante, atractivo y rico todo lo que el señor Enrique (aquí decimos Don Enrique) les enseña a nuestros protagonistas. A propósito, como suponemos que has leído las notas que hay en la lectura, ¿sabrías calcular la edad de una barracuda, como la que ofrecían? Yo, desde luego, no me la comería. Ya sabes que a cierta edad se vuelve venenosa.

Lo que sí es cierto es que el mercado, los mercadillos, el rastro y otros lugares de venta de alimentos y más cosas son divertidos. Algunos, estupendos. Pero eso de cabras descuartizadas, pedazos de animales, ojos, lenguas, hígados y todo lo demás da bastante asco. No pierdas tu posibilidad y, en tu cuaderno de preguntas, escribe un menú apetecible y que te encantaría si lo ofreciera un restaurante. ¿Qué pondrías de primeros platos? ¿Y de segundos? ¿Y de postre? No olvides tu bebida favorita. Calcula, eso sí, que el menú no sea muy caro y que puedas, con ayuda de algunos mayores de tu casa, poder pagarlo y pasar un maravilloso rato en compañía. Aquí tienes uno, por si te sirve como ejemplo.

Suerte y ¡que aproveche!
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es rimar. ¿Recuerdas lo que buscaba el señor Enrique, Don Enrique, en aquella tienda donde había un gigante muy delgado, escuálido? Pues sí. Buscaba una palabra que rime con “dulce” y otra que rime con “mamá”. Desde luego, es lógico que al señor Enrique le trajera por la calle de la amargura encontrar palabras que rimen con la palabra dulce. Pero seguro que tú encuentras palabras que rimen (o sea, que acaben igual) que la palabra mamá.

La prueba consiste en encontrar, en ese enlace, diez palabras que rimen con la palabra mamá. Hazlo con atención, porque luego tienes que poner el significado de, por lo menos, tres palabras que riman con mamá.

Cuentame
Es probable que tú, con las palabras y frases que manejas y dominas, no necesites ir a ninguna de las tiendas donde venden eso, palabras y expresiones de amor y cariño. Pero quizá te habría gustado entrar, como a los protagonistas de este texto, en Diosdado, ese nombrador diplomado de plantas y peces. ¿Y si resulta que tú sabes un montón de nombres de eso: plantas y peces? Anímate y escribe todos los que conozcas. Si ves que está muy bien tu lista, ¡enhorabuena! Puede que, algún día, te llame Diosdado, para que se la pases.

PLANTAS                                                           PECES

Autor
Erik Orsenna

Nació el 22 de marzo de1947 en París (Francia). Su verdadero nombre es Eric Arnoult. Estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía. Ha dado clases hasta 1981, que es cuando comenzó a colaborar en el Ministerio de Cooperación francés. Experto en Economía Internacional, ha promovido las relaciones entre Francia y los países del Tercer Mundo
Escribe todos los días. Le gusta mucho el universo, también viajar, el mar y la música.

Nuestro observatorio

Otros muchos más datos sobre sus gustos y vida en su página web.

Bibliografía

Libros en Canal Lector de Erik Orsenna

Arroyuelo sin nombre. Miguel de Unamuno. Ed. Alfaguara. (Recomendado: 16-18 años)

8 May

 poesiaespañolaparaniñosalfaguara

 

Arroyuelo sin nombre ni historia
que a la sombra del roble murmuras
bañando sus raíces,
¿quién llama a tus aguas?

Al nacer en la cumbre, en el cielo,
con el monte sueñas,
con el mar que en el cielo se acuesta,
¡arroyuelo sin nombre ni historia!

Miguel de Unamuno, Poesía española para niños. Editorial Alfaguara

Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

La poesía de Arroyuelo sin nombre es un canto sincero y sencillo a lo trivial. Elige el autor esa vista de un río pequeño, un arroyo (al que incluso añade el sufijo –uelo), que no tiene ni nombre ni historia. Uno de tantos, en nuestra geografía. Cumple su función en la naturaleza, bañando las raíces de ese roble, árbol literario que tiene (según la RAE), por lo común de 15 a 20 metros de altura y llega a veces hasta 40. Con tronco grueso y grandes ramas. Su fruto son las bellotas. La madera es dura, de color pardo amarillento y muy apreciada.

Son las dos estrofas de la poesía de Unamuno un viaje, desde el nacimiento del arroyo, allá en la cumbre, en lo más alto. Tan alto que parece que está en el cielo. El monte está abajo, allí, tan abajo, que el riachuelo sueña con ese monte. La primera etapa del viaje, la ha realizado el arroyuelo. Soñó con el monte y se cumplió su sueño. Ahora, es el final, su final deseado, donde está el mar. Lejos, muy lejos. Tan lejos que el mar y el cielo se tocan:
con el mar que en el cielo se acuesta.

Lo ha conseguido todo, en ese final feliz de la “película” del arroyuelo. Aunque él sigue sin nombre ni historia.

 

Palabra magica

La palabra mágica hoy es sueñas. El arroyuelo no tenía nombre; no tenía historia. Pero consiguió soñar. Soñar es una palabra que tiene diferentes significados. Por tanto, es una palabra polisémica. ¿Cuál de los siguientes crees que se adapta a la palabra soñar, en este texto del arroyuelo?

El arroyuelo tiene muchas pesadillas.
El arroyuelo desea llegar al monte, desde la cumbre, desde lo más alto.
El arroyuelo también quiere llegar al mar.
El arroyuelo no se acuerda de nada.

 

Cuentame

¿Qué has soñado la última noche? ¿Te acuerdas? ¿Ha sido un sueño gracioso o un sueño triste? Muchas veces, soñamos despiertos, porque también soñar nos permite pensar con ilusión. De que algo se puede cumplir. A ver si eres capaz de contarnos ese sueño maravilloso que te encantaría que se cumpliera. ¿Con qué tiene que ver tu ilusión? ¿Con algo muy personal, que se refiere a tu futuro, con los próximos años? ¿Tiene que ver con tu familia? ¿Y con tus amigas y amigos?

Ojalá que se cumplan tus deseos, tus ilusiones, tus sueños.

Autor

Miguel de Unamuno

Nació el 29 de septiembre de 1864 en Bilbao y murió en Salamanca el 31 de diciembre de 1936.
Escritor, filósofo, uno de los representantes de la Generación del 98.  Estudió Filosofía y Letras en Madrid aunque pasó la mayor parte de su vida en Salamanca, al acceder a la Cátedra de Lengua y Literatura griega. Fue nombrado Rector de la Universidad salmantina tres veces.
Fue un intelectual inconformista que hizo de la polémica una forma de búsqueda constante y quedó reflejado en toda su obra. Escribió ensayo, novela, teatro y poesía.

Nuestro observatorio

En la siguiente página se puede ampliar su biografía .

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor en Canal Lector.