Archive | abril, 2014

De puro distraído. Mario Benedetti. Editorial Libros del Zorro Rojo (Recomendado: 18 años)

30 Abr

benedetti

Nunca se consideró un exiliado político. Había abandonado su tierra por un extraño impulso que se fraguó (1) en tres etapas. La primera, cuando lo abordaron sucesivamente cuatro mendigos en la Avenida. La segunda, cuando un ministro usó la palabra Paz en la televisión e inmediatamente comenzó a temblarle el párpado derecho. La tercera, cuando entró en la iglesia de su barrio y vio que un Cristo (no el más rezado y colmado de cirios sino otro alicaído, de una nave lateral) lloraba como un bendito.
Quizá pensó que si se quedaba en su país se iba a desesperar a corto plazo y él bien sabía que no estaba hecho para la desesperación sino para el vagabundeo, la independencia, el modestísimo disfrute. Le gustaba la gente pero no se encadenaba. Se entretenía con el paisaje pero al final se empalagaba de tanto verde y añoraba el hollín de las ciudades. Saboreaba las tensiones metropolitanas pero llegaba un día en que se sentía cercado por los imponentes bloques de cemento.
Así como había vagado por las calles y los caminos de su tierra, empezó a vagar por los países, las fronteras y los mares. Era terriblemente distraído. A menudo no sabía en qué ciudad se encontraba, pero no por eso se decidía a preguntar. Simplemente seguía caminando, y, en todo caso, si se equivocaba, no le importaba salir del error. Si precisaba algo, ya fuera para comer o para dormir, disponía de cuatro idiomas para buscarlo y siempre había alguien que lo comprendía. En el peor de los casos, le quedaba el esperanto (2) de los gestos.
Viajaba en ferrocarril o en autobús, pero normalmente lograba que lo recogiera algún auto o camión. Inspiraba confianza. La gente le creía las cosas más absurdas, y no se equivocaba, porque todo en él era un poco absurdo. Por lo común andaba solo, y era lógico, ya que ningún hombre ni, menos aún, ninguna mujer, habría sido capaz de soportar tanta incuria (3) y tanto desorden.
Cuando pasaba por una frontera, mostraba el pasaporte con un gesto displicente (4) o mecánico, pero inmediatamente se olvidaba de qué frontera se trataba. Permanecía poco tiempo en el centro de las ciudades. Prefería los barrios marginales, donde se llevaba bien con los niños y los perros.
A veces surgía algún detalle que le servía de orientación. Pero no siempre. Una mañana se halló junto a un canal y creyó que estaba en Venecia, pero era Brujas. Confundir el Sena con el Rin, y viceversa, le ocurrió por lo menos en tres ocasiones. No llevaba brújula sino que se orientaba por el sol, pero cuando le tocaban días tormentosos, de cielo oscuro, no tenía la menor idea de dónde quedaba el norte. Y eso tampoco lo afectaba, ya que no tenía preferencia por ninguno de los puntos cardinales.
Cierto mediodía se enteró de que caminaba por Helsinki porque vio una cabina telefónica que decía Puhelin. Era uno de sus escasos datos sobre Finlandia. Otro día sintió un alarmante tirón de hambre en el estómago y extrajo de su morral un poco de queso; cuando masticaba con fruición advirtió que se había recostado a una columna que le trajo el recuerdo de las de mármol pentélico (5) que había visto en alguna foto del Partenón, y claro, a partir de esa asociación se dio cuenta de que estaba en la Acrópolis (6). Sí, era terriblemente distraído. En otra ocasión nevaba y para protegerse del frío se metió en las galerías comerciales del moderno subsuelo de Les Halles (7). Cuando, un semestre después, emergió de otras galerías subterráneas en pleno centro de Estocolmo, se alegró sinceramente de que ya no nevara.
De vez en cuando iba a los aeropuertos, pero casi nunca viajaba en avión, entre otras cosas porque, después de presentarse en el mostrador correspondiente y despachar su liviano (8) equipaje, se iba a la terraza a ver cómo despegaban y aterrizaban las grandes aeronaves y no prestaba la menor atención a los altavoces, que repetían su nombre con insistencia.
En cierta ocasión, sin embargo, y vaya a saber por qué extraño mecanismo, permaneció junto a la puerta de embarque y subió confiadamente al avión con los demás pasajeros. Cuando llegó a destino y mostró su pasaporte, tan displicentemente como de costumbre, un funcionario de emigración lo miró con atención y le dijo: “Venga conmigo”. Él lo siguió mansamente por un corredor desierto. Cuando llegaron a una puerta con un letrero Prohibido el paso, el funcionario la abrió y lo conminó (9) a entrar. Así lo hizo, desprevenido. Pensó acercarse a una mesa que había en el centro de la habitación, pero de improviso no vio nada. Alguien, desde atrás, le había colocado una capucha. Sólo entonces comprendió que, de puro distraído, se encontraba de nuevo en su patria.

Notas

(1) Fraguó: ideó, pensó.
(2) Esperanto: lengua artificial creada en 1887 por Lázaro Zamenhof, como resultado de una década de trabajo. Esperaba que se convirtiera en la lengua auxiliar internacional.
(3) Incuria: poco cuidado.
(4) Displicente: de mal humor.
(5) Pentélico: relativo al nombre de un monte de Grecia.
(6) Acrópolis: sitio más alto y fortificado de las ciudades griegas. En este caso, se refiere a la de Atenas.
(7) Les Halles: lugar muy conocido de París.
(8) Liviano: ligero, de poco peso.
(9) Conminó: Obligó con una orden.

Mario Benedetti. Historias de París.  Ed. Libros del Zorro Rojo

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Hola, amiga o amigo de la lectura. Vamos a darnos una vuelta por algunos de los lugares que nuestro despistado protagonista fue recorriendo, sin saber bien dónde estaba. Nos vamos a Helsinki, capital de Finlandia.

Luego, iremos a ver la ciudad de Brujas, una de las más bonitas de Bélgica.

Y no podemos perdernos la visita a la Acrópolis, en Grecia. Sin dejar de ver el Partenón, cuya reproducción puedes contemplar.

Y nuestro despistado viajero, sin tampoco saber cómo, pasea por un barrio de París, Francia, en uno de los más famosos mercados de Europa: Les Halles. Podrás ver, en estas páginas, muchas de las cosas que allí se pueden encontrar.

¿Estás cansada o cansado de tanto viaje? Pues descansa un rato, en unos de los bancos de nuestra próxima ciudad: Estocolmo, capital de Suecia, de la que veremos ahora unas imágenes.

 Palabra magica
Hoy es preguntar.

Para eso, utilizamos las oraciones interrogativas, que son las que tienen signos de interrogación (¿?) y su cometido principal es el de consultar, interrogar o preguntar; o sea, cuando queremos conocer algo. Casi siempre, si la pregunta no es muy difícil, obtenemos esa información que necesitamos. Tenemos que procurar hacer preguntas claras y muy concretas, si esperamos obtener una buena respuesta. Que no nos pase como al viajero del video que hemos seleccionado. Él sólo quería saber. Los que responden, con la mejor voluntad, lo único que consiguen es crear todavía más confusión. El viajero se fió de ese dicho de “preguntando se va a Roma”.
Y para que te rías un rato, a ver si consigues saber por dónde dicen estos señores que hay que ir.

 

Cuentame
La historia de cantidad de personas es muy parecida a la de nuestro protagonista de la lectura. Muchos y muchas están obligados a ese vagabundear; no porque les gusten los viajes ni por ver lugares nuevos maravillosos. Tienen que encontrar trabajo, buscar un lugar donde dormir y que alguien les dé algo, para poder comer. ¿Conoces a alguna persona que tenga, por seguir en la vida, en el mundo, que recibir ayuda de los demás? A lo mejor no sabes su nombre. O quizá sí. ¿No has hablado nunca con nadie que te necesite? Si sabes alguna historia de una o unas personas necesitadas, te pediríamos que, por favor, nos la cuentes. Pensemos que, uno tras otro, con sentido de hacer el bien, podemos crear una estupenda cadena. Una cadena o una red, como lo prefieras, para una vida mejor de alguien que nos necesita.

Ahora, con este instrumento que estás usando, internet, son posibles muchas cosas. Pero necesitamos saber, conocer, nombres, personas, lugares, instituciones que pueden ayudar, etc. No desperdiciemos ninguna oportunidad de que alguien se sienta al lado de otras, de otros, dispuestos a luchar por una vida mejor. Las páginas que tienes son algo complicadas, para entenderlas. De todas formas, sólo sirven para que sepas que hay bastante gente, en nuestro país y en otros muchos, dispuesta a ayudar a los que menos tienen. Ojalá que todo esto funcione bien, para conseguir una vida más fácil a quienes lo necesitan.

Vas a ver ahora un video de la emigración española. Lugares, formas de trabajo, situación de unos españoles que tú no has vivido, por suerte. Se dirigían a cualquier parte donde pudieran encontrar trabajo. Por eso, es tan importante que ahora, que nosotros podemos, ayudemos a quienes lo necesitan. Sean como sean y vengan de donde vengan. Es de justicia echar esa mano, dar esa ayuda, como hicieron con los españoles, cuando la necesitamos.

 Autor

Mario Benedetti
Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros (Uruguay) y murió el 17 de mayo de 2009 en Montevideo (Uruguay). Trabajó desde los 14 años, primero fue taquígrafo y después vendedor, funcionario, contable, locutor de radio, traductor y periodista. Estuvo 12 años exiliado. Ha publicado más de 80 libros y ha sido traducido a 25 idiomas. Escribió letras de canciones y también fue humorista, publicando bajo el seudónimo de Damocles. Recibió numerosos premios literarios tanto en su país como fuera de él.
Nuestro observatorio

Se pueden consultar más datos biográficos sobre Benedetti en la Fundación del autor.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros del autor tomada de Canal Lector.
Más libros en la página de la Fundación Mario Benedetti

Cómo se dibuja un señor. Gloria Fuertes. Editorial Anaya (Recomendado: 7-8 años)

24 Abr

porcaminosazules

Se dibuja un redondel.
Y ya está la cabeza de Don Miguel.
¡Ya tenemos la cabeza!

Ahora las orejas,
después las dos cejas,
ojos redondones,
boca sonriente,
(con un diente),
nariz prominente,
bigote imponente,
-mucho bigote-
Y un lacito en el cogote.
Para el pelo, rayas tiesas…
¡Ya tenemos la cabeza!

Ahora el cuerpo,
la chaqueta,
los botones,
la cadena,
la corbata,
una manga,
otra manga,
una mano,
otra mano,
una pernera,
una bota,
otra bota,
un pie, otro pie.

El juego del dibujo,
¡qué bonito es!
¡Atención, niños, atención!
¡Que le falta un detalle,
el corazón!

VV.AA. Compilación de Jaime García Padrino y Lucía Solana. Antología de poesía infantil. Editorial Anaya

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto
Nuestra autora hoy nos invita a dos cosas. Leemos y dibujamos o, si prefieres, leemos y pintamos. La suerte es que, con Gloria, conocemos a alguien. Hoy es Don Miguel. ¿Has visto qué palabra acaba igual que Miguel, en el primer verso? ¿Cuál de estas es?:
dibuja,
redondel,

Pero antes de empezar a dibujar, a ver si sabes de dónde a dónde es. ¿Es de arriba abajo o al revés, de abajo arriba? Dinos qué palabras son de arriba y cuáles de abajo. Completa las palabras con las letras que faltan

Del cuello para arriba son:

Ca-eza    Ore-as    Ce-as    -oca    -igote    Ra-as

Cosas del vestido son:

Cha- -eta    -otones    cor-ata    man-a    -ota

Hemos ido viendo partes de arriba del cuerpo y de los vestidos que usamos. Pero dice Gloria que nos falta una parte, un detalle, de algo muy importante para la vida. ¿Cuál de estas es?

Una man-a     Un la-ito en el cogote     El cora-ón

Palabra magica
Hoy la palabra mágica es Corazón. Hemos recorrido el cuerpo de Don Miguel de arriba abajo. Hemos visto cómo va vestido. Ahora vamos a guardar mucho silencio, para que podamos oír nuestro corazón. Llevamos la mano derecha al pecho. Hacia el centro de tu pecho. ¿Qué notamos? ¿Cuántas veces lo sentimos? Como seguro que tienes un reloj o alguien te lo puede prestar, calcula cuántas veces late tu corazón, durante un minuto. Aquí tienes un ejemplo que te puede servir.

Sólo tienes que saber cuántas veces ha latido tu corazón en un minuto, es decir, sesenta segundos. Lo normal es que lo hayas notado 70 veces. Si notas muchas más de 70 o muchas menos, no harías mal en decírselo a las personas con quienes vives. Es muy importante vigilar el cuerpo desde niños. Ojalá que te dure muchos años tu fantástico corazón.

Cuentame
Gloria Fuertes nos ha dicho que pintemos a Don Miguel. Pero a ti, ¿a quién te gustaría pintar? ¿Cómo se llama? Tiene que ser alguien que quieras mucho, muchísimo. Alguien con quien te encantaría estar siempre. Dinos si es un hombre o una mujer, un chico, una chica. ¿Qué es lo que más te gusta de esa persona? ¿Es cómo te trata? ¿Es porque en tu cumple te regala cosas mágicas y maravillosas? ¿Ves a tu amiga o a tu amigo muchas veces? ¿Has jugado con ella o con él muchas veces? ¿Ha sido, alguna vez, tu amiga o tu amigo invisible? ¿Le has regalado algo? No te olvides de decirnos si vive cerca de tu casa.

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Gloria Fuertes

Nació el 28 de julio de 1917 en Madrid (España) y murió el 27 de noviembre de 1998. Aunque no le gustaba dar muchos datos de ella, sabemos algunas cosas por sus poesías.  A los 3 años ya sabía leer y a los 5 escribía cuentos y los dibujaba. Una de sus primeras lecturas y favorita fue Pinocho. No le gustaban ni Blancanieves porque le asustaba que estuviera muerta, ni tampoco Caperucita porque le parecía un horror que el lobo se comiese a la abuelita.

Toda su vida la dedicó a escribir cuentos, poemas y obras de teatro para niños.  Colaboró para diversos programas infantiles de la televisión, como “Un globo, dos globos, tres globos” y “La cometa blanca”.


Nuestro observatorio

En la siguiente página de la Fundación Gloria Fuertes se puede ampliar su biografía.  

Bibliografía
Se puede consultar bibliografía en Canal Lector.

El cuarto planeta. Antoine de Saint-Exupéry . Editorial Alianza (Recomendado: 13-14 años)

10 Abr

principito

El cuarto planeta era el del hombre de negocios. El hombre estaba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el principito.
-Buenos días –le dijo éste.
-Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. ¡Uf! Da un total, pues, de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
-¿Quinientos millones de qué?
-¡Eh! ¿Estás siempre ahí? Quinientos millones de… Ya no sé… ¡Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonterías. Dos y cinco, siete…
-¿Quinientos millones de qué? –repitió el principito, que nunca en su vida había renunciado a una pregunta, una vez que la había formulado.
El hombre de negocios levantó la cabeza:
-En los cincuenta y cuatro años que habito este planeta, sólo he sido molestado tres veces. La primera fue hace veintidós años por un abejorro que cayó Dios sabe de dónde. Produjo un ruido espantoso y cometí cuatro errores en una suma. La segunda fue hace once años por un ataque de reumatismo. Me hace falta ejercicio. No tengo tiempo para moverme. Yo soy serio. La tercera vez… ¡Hela (1) aquí! Decía, pues, quinientos un millones…
-¿Millones de qué?
El hombre de negocios comprendió que no había esperanza de paz.
-Millones de esas cositas que se ven a veces en el cielo.
-¿Moscas?
-No, cositas que brillan.
-¿Abejas?
-¡No! Cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes. ¡Pero yo soy serio! No tengo tiempo para desvariar.
-¡Ah! ¿Estrellas?
-Eso es. Estrellas.
-¿Y qué haces tú con quinientos millones de estrellas?
-Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Yo soy serio, soy preciso.
-¿Y qué haces con esas estrellas?
-¿Qué hago?
-Sí.
-Nada. Las poseo.
-¿Posees las estrellas?
-Sí.
-Pero he visto un rey que…
-Los reyes no poseen; “reinan”. Es muy diferente.
-¿Y para qué te sirve poseer estrellas?
-Me sirve para ser rico.
-¿Y para qué te sirve ser rico?
-Para comprar otras estrellas, si alguien las encuentra.
Éste, se dijo el principito, razona un poco como el ebrio (2)
Sin embargo, siguió preguntando:
-¿Cómo se pueden poseer estrellas?
-¿De quién son? –replicó, hosco (3), el hombre de negocios.
-No sé. De nadie.
-Entonces son mías, pues soy el primero en haberlo pensado.
-¿Es suficiente?
-Seguramente. Cuando encuentras un diamante que no es de nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, es tuya. Cuando eres el primero en tener una idea, la haces patentar: es tuya. Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas.
-Es verdad –dijo el principito-. ¿Y qué haces tú con las estrellas?
-Las administro. Las cuento y las recuento –dijo el hombre de negocios-. Es difícil. ¡Pero soy un hombre serio!
El principito no estaba satisfecho.
-Yo, si poseo un pañuelo, puedo ponerlo alrededor de mi cuello y llevármelo. Yo, si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. ¡Pero tú no puedes cortar las estrellas!
-No, pero puedo depositarlas en el banco.
-¿Qué quiere decir eso?
-Quiere decir que escribo en un papelito la cantidad de mis estrellas. Y después cierro el papelito, bajo llave, en un cajón.
-¿Es todo?
-Es suficiente.
Es divertido, pensó el principito. Es bastante poético. Pero no es muy serio.
El principito tenía sobre las cosas serias ideas muy diferentes de las ideas de las personas mayores.
-Yo -dijo aún- poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino (4) todas las semanas. Pues deshollino también el que está extinguido. No se sabe nunca. Es útil para mis volcanes y es útil para mi flor que yo los posea. Pero tú no eres útil a las estrellas…
El hombre de negocios abrió la boca pero no encontró respuesta y el principito se fue.
Decididamente las personas mayores son enteramente extraordinarias, se dijo simplemente a sí mismo durante el viaje.

Notas

(1) Hela aquí: aquí está.
(2) Ebrio: borracho, que ha bebido demasiado alcohol.
(3) Hosco: antipático.
(4) Deshollino: limpio, les quito las sustancias negras como alquitrán.

Antoine de Saint-Exupéry . El Principito.  Ed. Alianza

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
El principito narra las aventuras de un niño, que viene de un lejano planeta, muy pequeño. Parece increíble, pero es así. ¿Cómo no le iba a gustar un planeta tan maravilloso como éste, en el que vivimos?

Recomendamos, encarecidamente, la lectura de una de las obras maestras de la Literatura. Creemos que, en esta edad que proponemos (13-14 años), es donde mayor disfrute se puede obtener de su lectura. En cualquier caso, si la lectura del soporte libro tuviera algún problema (imaginemos una discapacidad de vista, por ejemplo), existe también esta versión. Un audio-libro, que facilitará su lectura oída.

En su llegada al planeta Tierra, va contando las aventuras que tuvo en los otros seis planetas que fue visitando. El texto de hoy corresponde a su visita al cuarto planeta. No se trata de describir cómo eran físicamente esos planetas que visitaba. El libro no tiene que ver con la geografía. La pregunta es ¿quiénes los habitaban? ¿Cómo eran las personas que en ellos había?

El que hoy has leído es el cuarto planeta. ¿Recuerdas quién dice que lo habitaba?

1)   Lo habitaba un extraterrestre, que se había construido una lujosa mansión, para que fueran los demás habitantes.
2)   Lo habitaba el hombre de negocios, que quería que todo, absolutamente todo fuera para él.
3)   Lo habitaba un visitante que llamaban “el planetario”.

(La respuesta correcta es la número 2)

 Palabra magica
Hoy la palabra mágica es poseer. Cuando el verbo poseer se aplica a una persona, como es el caso, significa tener algo en poder de esa persona. Es lo que pensaba el hombre de negocios. Que poseía las estrellas. Pero el principito pensaba en la realidad. Es imposible poseer las estrellas. Por eso piensa que, cuando decía que posee las estrellas, parecía que estaba ebrio, que había tomado más alcohol del que debía tomar.

Pues ahora, vamos a pensar un rato en qué cosas puedes poseer. Es decir, tener en tu propiedad. El diálogo entre el hombre de negocios y el principito es:

        (Hombre de negocios): -Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas.
        -Es verdad –dijo el principito-. ¿Y qué haces tú con las estrellas?
        -Las administro. Las cuento y las recuento –dijo el hombre de negocios-. Es difícil. ¡Pero soy un hombre serio!
        El principito no estaba satisfecho.
Yo, si poseo un pañuelo, puedo ponerlo alrededor de mi cuello y llevármelo. Yo, si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. ¡Pero tú no puedes cortar las estrellas!
        -No, pero puedo depositarlas en el banco.

¿Cuáles de estas palabras son sinónimas de poseer, es decir, significan algo igual o parecido?

Compartir          Tener           Ofrecer          Usar

¿Qué cosas podrías decir, después de esto, que posees, explicando por qué las posees o no las posees?

La libertad         La economía         El mar
El país               La sabiduría          La ilusión

Cuentame
Hoy te proponemos una aventura galáctica.

Estos son los planetas del sistema solar. Falta Plutón  porque muchos geógrafos no lo consideran como planeta del sistema solar. Es el planeta enano.

A lo mejor te encantaría ir en una nave, a visitar alguno de estos planetas. Pero hoy nos vamos a conformar con ser príncipe pequeño, principito o princesa pequeña, princesita. Y tampoco tiene nada que ver con los cuentos de hadas. No, esos los leímos cuando éramos más pequeños. Eran fantásticos, pero muchos ya te los sabes.

Como los planetas están habitados por diferentes tipos de gente, podemos imaginar qué nos gustaría. Aprovecha ahora, cuando todo es posible, e inventa el nombre de un planeta. ¿Hacia dónde cae, aproximadamente? ¿Está en el sistema solar, al lado de los que conoces: Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón o está en un lugar todavía no explorado por los geógrafos o geógrafas, con sus grandes telescopios? ¿Quién habita ese planeta, el más lejano del universo, que se descubrirá el año 4500? Lo que seguro que sí sabes, con tu imaginación portentosa, es quién o quiénes te gustaría que lo habitaran. Numera, del uno al cinco, según tus gustos, los tipos de gente que querrías encontrar, cuando viajes, en tu planeta imaginario.

Mucha suerte y que tengas el más maravilloso viaje jamás contado.

9e7o

Antoine de Saint-Exupéry

Nació en Lyon (Francia) el 29 de junio de 1900 y murió cerca de la costa de Marsella el 31 de julio de 1944, en un accidente aéreo. Pasó una infancia feliz a pesar de la muerte de su padre, cuando él tenía 4 años. Estudiará en Suiza. Obtiene el título de piloto de aviación. Descubre que le gusta escribir y dedicará su vida a la aviación y a la escritura. Sufrió más de un accidente por realizar misiones peligrosas, en una de ellas su avión desapareció y ya no se supo más de él.

Nuestro observatorio
Más datos biográficos e imágenes de Antoine de Saint-Exupéry

Bibliografía 

Otros libros de Antoine de Saint-Exupéry:

Vuelo nocturno. Ed. Anaya
Carta a un rehén. Ed. Salamandra
Tierrra de hombres. Ed. Salamandra

 

Curación. Mario Lodi. Editorial Alfaguara. (Recomendado 9-10 años)

3 Abr

cipi

Yendo y viniendo del campo al matorral, Cipi pasó días de sacrificio, pero no lo sentía, al contrario, estaba más contento porque la gorrioncilla mejoraba cada día.
A veces ésta le decía al compañero:
-¡Qué tristeza tener que estar aquí inactiva, yo que hacía todo sola y volaba más alto que las nubes!
Y lloraba, pobrecita. Otras veces, suspirando, pedía a Cipi:
-Cuéntame lo que ves cuando vuelas, ¿el árbol grande está todavía vestido de blanco? ¿Tienen todavía los prados tantos ojos de colores?
Y Cipi, pacientemente, le explicaba que ya todas las plantas se habían quitado el traje nupcial y se habían puesto el delantal verde de trabajo, estaban atareadas nutriendo a los frutos que todos los días crecían un poco bajo la caricia del sol.
-Bola de fuego está madurando unas bolitas rojas que serán una delicia… -le decía.
Y ella:
-¡Quién sabe si algún día podré salir de este escondrijo y subir a su encuentro! Tengo muchas ganas de calentarme con su fuego, de ver los colores… ¿verdad, Cipi, que los colores son maravillosos? El que más me gusta es el plata de la cinta serpenteante, ¿y a ti?
-A mí el amarillo de los granos de maíz.
-A mí me gustan los mil ojos violetas de una plantita que vive sola en un corralito. Y a ti, ¿qué otra cosa te gusta?
-¡El rojo de las bolitas del árbol grande!
-¡El rojo de las bolitas del árbol grande!
¿Podré todavía ver los colores, Cipi? –suplicaba la gorrioncita desesperada.
-Claro que los verás –explicaba Cipi.
Una vez le dijo:
-Si quieres… yo te acompañaré a verlos cuando estés curada… ¡pero si quieres!
-¡Qué bueno eres! –exclamó la gorrioncilla- no olvidaré lo que has hecho por mí, ¡tú que eres el más hermoso y el más generoso de todos los pájaros!
-Entonces, ¿querrás?
-¡Claro que querré!
-Y luego, si quisieras… -continuó Cipi- me gustaría jugar contigo alguna vez.
-¿Dices alguna vez? ¡Contigo siempre querré jugar si te apetece! Sé un montón de juegos, ¿y tú?
-¡Yo sólo sé hacer carreras!
Tras esta respuesta Cipi se quedó un rato pensando y, de repente, armándose de valor declaró:
-¡Gorrioncita…! ¿Sabes? Creo que sería capaz de hacer otra cosa… si quieres…
¿Un juego?
-¡Más bonito, más bonito!
¿Más bonito que un juego? ¿Qué?
-Juntos… tú y yo… ¿quieres que hagamos una casita de plumas…? Vamos, ¡un nido! Uff, ¿no comprendes?
La gorrioncita no contestó a estas palabras; se acercó a Cipi y con la punta del pico le besó en la cabecita.
-¿Por qué no? –exclamó riendo.
Y por primera vez desde que estaba herida sintió felicidad en el corazón.
-¡Quiero curarme! –gritó.

 Mario Lodi. Cipi.  Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto
Muy al principio de este texto, Mario Lodi, el autor, nos plantea una historia entera. Sabemos quién es Cipi.  Con quién está. Con una “chica-pájaro”, su compañera: una gorrioncilla. Parece claro, entonces,  que nuestro protagonista no puede ser otro que un gorrión. Pero ¿te has dado cuenta del título de este capítulo de Cipi? ¿Cuál de estas situaciones tiene relación con la lectura?

1)   Cipi estaba muy cansado y ya no quería ni podía hacer más veces de médico de la gorrioncilla.
2)   Cipi le dice a la gorrioncilla que se vaya con él, rápidamente. Es mejor salir a volar que quedarse ahí, sin moverse.
3)   Cipi le va explicando a la gorrioncilla todo lo que él veía. La gorriona le iba preguntando: cómo está el árbol, las plantas, lo que hacía bola de fuego, que es el sol y todo lo que ella no podía ver ahora.

Vamos a ver una página, (hay varias en esta dirección), en la que aparecen un gorrión y una gorriona. Están haciendo su nido. No sabemos sus nombres, pero puedes dárselos tú.

Y aunque sean tan pequeños, fíjate lo listos que son. Hasta nos permiten jugar un rato. Veremos y oiremos a unos cuantos pájaros. ¿Conseguirás decir a quién corresponde cada sonido?
¡Suerte en el juego!

Y tampoco nuestros cantantes se han olvidado de ellos, de los gorriones. En estas páginas podrás escuchar una canción de Joan Manuel Serrat y otra de Sergio Dalma. Son estilos muy distintos, pero en las dos está presente ese pajarillo pequeño, que podía ser Cipi, el protagonista de la lectura de hoy. Un gorrión.

 Palabra magica
Hoy nuestra palabra mágica es colores. Le dice la gorrioncilla a Cipi: “¿Verdad, Cipi, que los colores son maravillosos? El que más me gusta es el plata de la cinta serpenteante, ¿y a ti?”
Parece que nos lo pregunta a quienes leemos este precioso texto. Pues vamos a comprobar (porque la magia está llena de secretos), que con los colores se pueden hacer miles de cosas: pintar, hablar, cantar y las que a ti se te ocurran.

¿Crees que podrías convertirte en una pintora o en un pintor? ¿Y crear una melodía? Te toca hacer un dibujo, o la letra de una canción, donde utilices los colores. Los que tú quieras. Vamos a pintar o a cantar los colores de los sentimientos. ¿Quééé?, preguntarás.

Tranquilidad. Ya sabemos que no es una cosa fácil. Pero seguro que lo vas a conseguir. Ahora, con lo que te vamos a decir, se te irán ocurriendo cosas bonitas. Tienes que atribuir colores a estos sentimientos:

Si la amistad tuviera un color, ¿cuál sería, para ti?
Si el cariño tuviera un color, ¿cuál sería, para ti?
Si la ayuda tuviera un color, ¿cuál sería, para ti?

Después, a ver si se te ocurre la letra de una canción, para esos sentimientos que tenemos.
Cuentame
¿Has tenido, alguna vez, una conversación con alguien que te planteara algo para hacer los dos, o los tres, o los cuatro, o cuantos seáis tus amigas y tus amigos? ¿Y en casa, con gente de tu familia: hermanas, hermanos, primos y toda la familia que tengas? Cuando te pedimos que participes en este apartado: Cuéntame, es para que pases un buen rato.

Sólo consiste en rascar suavemente la cabeza, mirar enfrente o cerrar un poco los ojos y hacer memoria de cosas estupendas que hayas hecho. No te preocupes si sólo te salen juegos donde lo has pasado fantásticamente. Lo que sí sabemos, porque nos lo ha dicho un pajarito, es que no has pensado en hacer una casita de plumas, como Cipi y la gorrioncita. ¿O sí? A lo mejor resulta que eres una enamorada o un enamorado del cuidado de pájaros y has hecho un montón de nidos. ¿Es así?

Bueno. Te dejamos que pienses un poco y, cuando se te haya ocurrido algo, nos lo cuentas. ¿Te parece? Gracias, de antemano, por participar.

Autor

Mario Lodi

Nació en Vho di Piadena (Italia) en 1922 y ha muerto el 2 de marzo de 2014 en Drizzona (Italia).  Estudió magisterio.  No le gustaba su primer trabajo y lo dejó para irse a pintar pañuelos y telas con un amigo. Después aprobó las oposiciones de magisterio. Su primer destino fue una escuela rural. Formó parte del Movimiento de cooperación educativa (MCE). Allí descubrió una nueva forma de hacer y pensar la escuela. Se jubiló en 1978. Ha estado realizando actividades muy diversas relacionadas con la educación y la literatura hasta sus últimos días. Sus libros para niños parten de los propios niños. Son ellos los que le inspiran.

Alguna opinión de Lodi: “Los niños en la escuela no deben sentirse en competición con los demás para conseguir buenas notas o premios. Deben, por el con­trario, trabajar conjuntamente por el bien de la comunidad. Me parece un valor importante sobre todo en la sociedad actual fundamentada en la competición que genera violencia, corrupción y frustración”.

Nuestro observatorio

Más datos biográficos y entrevista a Mario Lodi

Bibliografía 

Algunos de sus libros en Canal Lector:
¡Estate quieto!
Cipi