El cuento de mi vida. Hans Christian Andersen. Ediciones de la Torre

7 Nov

elcuentodemivida

Estaba en la calle. No conocía a nadie, me encontraba totalmente desamparado. De pronto me acordé de que en Odense había leído en los periódicos algo sobre un italiano, de nombre Siboni, que había sido nombrado director del Real Conservatorio de Música de Copenhague. Todo el mundo me decía que tenía buena voz y a lo mejor este hombre estaba dispuesto a ocuparse de mí; si no lo hacía, no tendría otro remedio que buscar aquella misma noche un patrón con el que volver a Fionia. La idea de volver a casa me ponía los pelos de punta y en aquel estado de desesperación me fui a ver a Siboni. Precisamente aquella noche daba una cena en casa, a la que estaban invitados entre otros nuestro célebre compositor, el profesor Weyse, y el poeta Baggesen. A la doncella que me abrió le conté no sólo mis pretensiones de que me contrataran de cantante, sino mi vida entera. Me oyó con el mayor interés y debió repetir gran parte de lo que había contado, a juzgar por lo que tuve que esperar a que volviera. Cuando por fin apareció, la seguían todos los invitados. Todo el mundo me miraba, Siboni me llevó a una sala que tenía un piano y me hizo cantar, mientras él escuchaba atentamente; a continuación recité unas escenas de Holberg y un par de poemas. La pena que me daba lo triste de mi situación hizo que me salieran verdaderas lágrimas, y al auditorio prorrumpió en aplausos.

 “Pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”, dijo Baggesen, “pero no te envanezcas cuando el público te dedique sus aplausos”, y luego añadió algo sobre la auténtica naturalidad y lo fácil que era perderla con la edad y el trato de la gente. No entendí todo lo que dijo, pero parece ser que yo tenía un especial talento natural que me convertía en una revelación, por no decir un “fenómeno” verdaderamente original. Yo me creía a pies juntillas lo que la gente me decía y confiaba en la buena voluntad de todos; tenía que decir todo lo que se me pasaba por la cabeza. Siboni prometió educarme la voz y dijo que llegaría a cantar en el Teatro Real. Yo estaba que no cabía en mí de alegría, no sabía si reír o llorar, hasta tal punto que la doncella al despedirme y ver el estado de emoción en que me hallaba, me dio una palmadita en la mejilla aconsejándome que al día siguiente fuera a ver al profesor Weyse, que me había tomado aprecio y que en él podía confiar.

Hans Christian Andersen. El cuento de mi vida. Ediciones de la Torre.

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Las autobiografías son como secretos que nos desvelan sus autores. ¡Cuántas veces hemos leído los cuentos de Andersen! ¡Y cuántas nos los han contado! ¿Quién no recuerda a aquel patito, de color gris, tan distinto a los otros patitos, sus hermanos, que aparecieron como preciosidades, que iban detrás de su madre, la orgullosa pata? Pero aquel patito no. Él sabía lo que todos también sabían y, además, lo dijeron: es un pato muy feo. Era El patito feo.

¿Y os acordáis de aquel emperador, que era tan presumido y le gustaban tanto los trajes? Sí, aquel emperador que tenía que ponerse un traje nuevo todos los días. Lo que supieron unos caraduras, que pensaron: a este emperador lo vamos a camelar. ¡Ya verás el traje que le vamos a vender! Ese timo que sólo se atrevió a desvelar un niño. Fue el único que dijo la verdad: “pero si el emperador no lleva nada”. Y el pueblo entero y luego el emperador se dieron cuenta de que el niño decía la verdad. Y por eso el cuento se llama El traje nuevo del emperador.

Y con algunos hemos llorado, La vendedora de fósforos

Porque los cuentos tan perfectos como éste de La vendedora de fósforos o La pequeña cerillera y muchos de los que escribió Hans Christian Andersen no tienen edad, ni época. Son historias eternas que perdurarán mientras los seres humanos tengan la capacidad de imaginar, de soñar, de reír, de llorar, de leer, de compartir y de ayudar.

Tenía razón aquel poeta Baggesen, cuando dijo “pronostico que este joven llegará un día a ser alguien”. Pasados años y años, no sería la música. Sería la literatura, la lectura del mundo entero la que convertiría a aquel danés, hijo de un zapatero, en uno de los autores cuyos cuentos han sido leídos por centenares, miles de generaciones. Y ahí seguirán, para que otros miles de hombres y mujeres disfruten con su literatura.

          
Palabra magica
Hoy la palabra mágica es confiar. Sí, fue la doncella de Siboni, el recién nombrado director del Real Conservatorio de Música de Copenhague, quien le dijo a Andersen que: “al día siguiente fuera a ver al profesor Weyse, que me había tomado aprecio y que en él podía confiar”. Gracias a esa palabra mágica empieza un largo camino, con gran fama como escritor en Europa. Más que en su propio país. Pero sí recibió, en vida, el reconocimiento del rey de Dinamarca, en 1866. 

Lo que sí tenemos es la suerte de que se creara el mejor premio, con su nombre, a las escritoras y escritores más destacados de la literatura infantil y juvenil. Desde 1956 se concede cada dos años y, desde 1966, también se concede a la ilustración de este tipo de libros.

En esta página, verás a todos los premiados y encontrarás más información sobre este premio.

Cuentame
Hoy tienes dos posibilidades, para que elijas la que prefieras: ¿te acuerdas de algún cuento de Andersen? Dinos el que más te guste y cuéntalo, como si fuera, para nosotros, la primera vez que lo oímos.

 La segunda posibilidad es crear tú un cuento. Hay facilidades que Andersen no tenía: los medios de comunicación eran más limitados, otros no existían y algunos no se podían ni imaginar.

 Hoy dispones de cosas fantásticas y depende sólo de tu imaginación. También viene muy bien ejercitar la memoria, antes de empezar a construir ese edificio que se logra con el tiempo. Piensa que el texto de Andersen que has leído se llama El cuento de mi vida. ¿Por qué no le pedimos prestado al gran autor ese título y empezamos el nuestro? Sí, el cuento de esa vida que, día a día, llevamos y donde van ocurriendo muchas cosas; algunas nos llaman la atención y las consideramos muy importantes; son esas que irán apareciendo en tu cuento. Si te parece una ayuda, aquí tienes diferentes ideas que te pueden servir para lograr tu cuento. A ver si consigues algo fantástico y, al final, resulta que has encontrado tu forma de trabajar y disfrutar, en un futuro. Ojalá que, dentro de un tiempo, leamos, con tu nombre, ese maravilloso cuento que hoy puede empezar. ¡Mucha suerte!

1 Busca un cuaderno o abre un archivo, que colocarás en el escritorio de tu ordenador, para acceder a él muy fácilmente.

2 Empieza a anotar las ideas que recuerdes y que te parezcan interesantes, para escribir tu cuento, sobre alguna de ellas. Es bueno hacerse una serie de preguntas y escribirlas. Luego se irán resolviendo  poco a poco, según vayan apareciendo las respuestas a esas preguntas. 

 3 No hace falta que, cuando empezamos un cuento, pensemos que tiene que ser muy largo o muy corto. Solamente cuando se empieza a escribir se va viendo lo que se necesita decir.

4 En esa interesante historia que se te ha ocurrido o has recordado, ¿sólo estás tú como personaje o hay más personas que vivieron esos momentos contigo? No creas que estorba tener una lista de los personajes que van a intervenir en tu cuento. Pueden ser unos, al principio pero, luego, a lo mejor desaparecen y se incorporan otros. Todo eso se comprobará, según se va escribiendo.

5 En cuanto a tu estilo de escritura, piensa que tú tienes el tuyo propio. No intentes imitar otros que no conoces. Procura que tus palabras no sean las más difíciles, esas que parece que son muy importantes, porque no las entiende nadie. Si hay algo necesario cuando escribimos es la naturalidad. Lo que verdaderamente casi nos sale del corazón. Eso no quiere decir que no inventemos. Claro que una historia puede ser perfectamente inventada por ti. Es tu imaginación la que contará lo que vaya sucediendo.

6 No olvides el “dónde”. En qué lugar suceden los acontecimientos que vas a narrar en tu cuento. Esto es muy necesario para quienes te van a leer.

7 Hay dos palabras muy importantes, cuando escribimos algo (si queremos que la gente lo lea y le guste). Esas palabras son: sencillez y honestidad. Que tu historia se sienta como verdadera, aunque sea inventada.

8 Según vayas escribiendo, es importante que revises lo que has escrito. Probablemente encuentres errores que, siempre, se pueden corregir. “Pero bueno. Si este personaje no vive aquí”. Cosas como esas o parecidas te sucederán a menudo.

9 ¿Tienes escrita ya alguna idea que se pueda leer? A lo mejor, si lees lo que has escrito a alguien de quien te fíes de verdad, puede hacerte sugerencias, preguntarte dudas, confirmar lo que más le guste o lo que menos, etc.

10 Pues bien. Has empezado un nuevo camino. El de escritora o escritor de cuentos. ¿Y si resulta que te encanta y quieres escribir más? ¿Y si has descubierto una afición para la que vales y obtienes una enorme satisfacción? ¿No es cierto que sería estupendo para ti y para quienes te leen o te escuchan?

Mucho ánimo y que te salga muy requetebién.

 Autor

Hans Christian Andersen

Nació el 2 de abril de 1805 en Odense (Dinamarca) Su padre era zapatero con muy pocos recursos y su madre trabajaba de lavandera. El padre murió cuando Hans tenía 11 años y no pudo acabar sus estudios. Se marcho con 14 años a Copenhague a probar suerte cuando su madre se casó de nuevo. 

Consiguió una beca gracias al interés del director de un teatro y así pudo seguir sus estudios. Comenzará a publicar sus primeros relatos.  Viajará mucho. Escribió 164 cuentos. Sus libros son libros para niños pero también gustan a los adultos.

Se creó en Dinamarca un Premio de literatura infantil con su nombre.

 Nuestro observatorio
Se puede ampliar su biografía en Babar

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, otros libros del autor en  Canal Lector.

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