Archivo | septiembre, 2013

El hombrecito vestido de gris. Fernando Alonso. Editorial Alfaguara

26 Sep

hombrecito

Había una vez un hombre que siempre iba vestido de gris. Tenía un traje gris, tenía un sombrero gris, tenía una corbata gris y un bigotito gris.
El hombrecito vestido de gris hacía cada día las mismas cosas.
Se levantaba al son del despertador.
Al son de la radio hacía un poco de gimnasia.
Tomaba una ducha, que siempre estaba bastante fría; tomaba el desayuno, que siempre estaba bastante caliente; tomaba el autobús, que siempre estaba bastante lleno; y leía el periódico, que siempre decía las mismas cosas.
Y todos los días, a la misma hora, se sentaba en su mesa de la oficina.
A la misma hora.
Ni un minuto más. Ni un minuto menos.
Todos los días, igual.
El despertador tenía cada mañana el mismo zumbido.
Y esto le anunciaba que el día que amanecía era exactamente igual que el anterior.
Por eso, nuestro hombrecito del traje gris, tenía también la mirada de color gris.
Pero nuestro hombre era gris sólo por fuera.
Hacia adentro… ¡un verdadero arco iris!
El hombrecito soñaba con ser cantante de ópera.
Famoso.
Entonces llevaría trajes de color rojo, azul, amarillo… trajes brillantes y luminosos.
Cuando pensaba aquellas cosas, el hombrecillo se emocionaba.
Se le hinchaba el pecho de notas musicales, parecía que le iba a estallar.
Tenía que correr a la terraza y…
-¡Laaa-lala la la la laaa…!
El canto que llenaba sus pulmones volaba hasta las nubes.
Pero nadie comprendía a nuestro hombre.
Nadie apreciaba su arte.
Los vecinos que regaban sus plantas, como sin darse cuenta, le echaban una rociada con su regadera.
Y el hombrecito vestido de gris entraba en su casa, calado hasta los huesos.
Algún tiempo después las cosas se complicaron más.
Fue una mañana de primavera.
Las flores se despertaban en los rosales.
Las golondrinas tejían en el aire maravillosas telas invisibles.
Por las ventanas abiertas se colaba un olor a jardín recién regado.
De pronto, el hombrecito vestido de gris comenzó a cantar:
-¡Granaaaaaadaa…!
En la oficina.
Se produjo un silencio terrible.
Las máquinas de escribir enmudecieron.
Y don Perfecto, el Jefe de Planta, le llamó a su despacho con gesto amenazador.
Y, después de gritarle de todo, terminó diciendo:
-¡Ya lo sabe! Si vuelve a repetirse, lo echaré a la calle.
Días más tarde, en una cafetería, sucedió otro tanto.
El dueño, con cara de malas pulgas, le señaló un letrero que decía:
Se prohibe cantar y bailar
Y lo echó amenazándole con llamar a un guardia.
Nuestro hombre pensó y pensó.
¡No podía perder su empleo!
Tampoco quería andar por el mundo expuesto a que lo echaran de todas partes.
Y, al fin, se le ocurrió una brillante idea.
Al día siguiente, fingió tener un fuerte dolor de muelas.
Se sujetó la mandíbula con un pañuelo y se fue a su trabajo.
Así no podría cantar.
¡Aunque quisiera!
Y día tras día, año tras año, estuvo nuestro hombrecito, con su pañuelo atado, fingiendo un eterno dolor de muelas.
La historia termina así.
Así de mal. Así de triste.
La vida pone, a veces, finales tristes a las historias.
Pero a muchas personas
no les gusta leer finales
tristes; para ellos hemos
inventado un final feliz…
Pero, nuestro pobre hombrecito, merecía que le dieran una oportunidad.
Así que…
Cierto día, conoció a un director de orquesta.
Y éste quiso oírle cantar.
El hombrecito, muy contento, pero con un poco de miedo, salió al campo con el director de orquesta.
Y allí, rodeados de flores y de pájaros, nuestro hombrecito se quitó el pañuelo y cantó mejor que nunca.
El director de orquesta estaba tan entusiasmado que lo contrató para inaugurar la temporada del Teatro de la Ópera.
Y la noche de su presentación, que se anunció en todos los periódicos, don Perfecto, el Jefe de Planta, los vecinos que le habían regado, el dueño de la cafetería y todos los que le habían perseguido con sus risas, hicieron cola y compraron entradas para oírle cantar.
Y asistieron al triunfo del hombrecito.
Y el hombrecito quemó todos sus trajes y corbatas de color gris.
Tiró por la ventana el despertador.
Se afeitó el bigotito de color gris y nunca, nunca más, volvió a tener la mirada de color gris.
¿FIN?

Fernando Alonso.  El hombrecito vestido de gris. Ed. Alfaguara

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

Gracias a Fernando Alonso conocemos, de su mano, lo que en realidad es la Literatura. Esa posibilidad que un autor, maravilloso como persona y como escritor, que es Fernando, nos da para transitar, pasear, disfrutar y descubrir la vida. Esa que él nos cuenta. ¿Qué nos dice Fernando de cómo era la vida del hombrecito? ¿Era cierto que su color preferido era el gris y por eso todo lo que tenía era gris? ¿Sería que nuestro protagonista, el hombrecito, estaba encantado de que todo fuera siempre igual y así no tenía que pensar nunca en nada nuevo? Pues no, pronto nos dice que el color gris, hasta en sus ojos, era sólo por fuera. Pero lo que sucedía por dentro era algo totalmente diferente. ¿Con qué soñaba el hombrecito?

Una furtiva lagrima . Luciano Pavarotti
Placido Domingo, Jose Carreras, Luciano Pavarotti

Caruso. Luciano Pavarotti

Sí, si has entrado en estas páginas, habrás visto y oído a fantásticos intérpretes de óperas famosas. Y el hombrecito quería, alguna vez, estar ahí, con su foto y su canto. Ese que hacía en la terraza, y que nadie apreciaba.
No estaba acostumbrado a mentir nunca. Él era fiel y legal. Pero no tuvo más remedio que idear algo, para conservar su trabajo y que no lo echaran de la oficina. Aquel eterno dolor de muelas, por el que llevaba un pañuelo.
Todo parecía que iba a acabar mal, con la tristeza de un hombrecito vestido de gris, sentenciado a no poder cantar nunca, que era su mayor ilusión en la vida. Pero Fernando Alonso, nuestro escritor hoy, pensó en quienes leyeran su libro. Claro que hay ocasiones en que la vida es muy triste y las cosas salen mal. ¿Qué hace Fernando? Con su sinceridad de siempre nos dice:
“Pero a muchas personas no les gusta leer finales tristes; para ellos hemos inventado un final feliz… Pero, nuestro pobre hombrecito, merecía que le dieran una oportunidad”.

Federico Fellini. El papel del Director de orquesta con los músicos
Los mejores directores de orquesta

Y no. No fue a un auditorio como estos maravillosos que hemos visto en las páginas seleccionadas. No. Tuvo la mayor suerte que podía imaginar. Un día conoció a un director de orquesta. Y ¡¡¡Síííí!!! El hombrecito pudo cantar y ahí empieza una nueva vida para él. Se acabaron, para siempre, el gris de los trajes, de las corbatas del bigotito y de la mirada.
La última palabra, entre interrogantes, parece querer decirnos que la historia, al final, le pertenece siempre a quien lee. A la lectora o al lector que la ha leído y la ha vivido. Ahora, tuya es la palabra.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es color.

Es como si el hombrecito nos invitara, a quienes hemos leído este texto, a pensar en un mundo de color. Un mundo en el que intentemos que nadie se quede sin disfrutar de una vida mejor. Al hombrecito se le ocurrió una brillante idea, para no cantar y así perder su trabajo. Pero la verdad es que era un poco incómodo eso de llevar un pañuelo siempre, como si tuviera un terrible dolor de muelas. Pero la cuestión es pensar.

Vamos a pensar ahora, durante un rato, qué podríamos hacer, en nuestra vida particular, para mejorar algunas cosas y hacer un mundo más agradable. Con más color, no tan gris. El hombrecito sacó valor y, al final, consiguió una oportunidad para ser más feliz. Luchó por un sueño. Como mucha gente que lo hace a diario.

Fíjate en este programa que hay en la RTVE

http://www.rtve.es/television/20121021/lucha-sueno/570845.shtml

A propósito, ¿has visto hoy algún árbol? ¿Está de color verde? ¿Qué hacemos para que siga estándolo? Si te gusta ese color en la Naturaleza, escribe las cuatro cosas que creas más importantes y que podemos hacer, para conservar ese color. Los árboles, las plantas, la Naturaleza te lo agradecerá.

Cuentame

Hoy hablamos de colores y de ilusiones. ¿Cuál es tu color preferido? ¿Dónde se ve, en la Naturaleza, ese color que tanto te gusta? Y lo que sí es seguro es que hay algo que te hace una ilusión enorme. Cuéntanos cuál es tu mayor ilusión. ¿Con quién se cumpliría? ¿Es para que suceda algo? ¿Con quién tiene que ver tu ilusión? ¿Es para ti sola o para ti solo? ¿Preferirías que también disfrutaran tus amigas, tus amigos, tu familia, quien tú más quieras? ¿Cómo se lo dirías? ¿Se ha cumplido alguna vez una ilusión que has pensado mucho? ¿Cuál fue?

Lo que sí podemos imaginar es cuáles son algunas de las ilusiones de la gente que hemos visto en el video. Son ilusiones para vivir de esa forma que no necesita otra cosa que ser persona. Y ser una persona válida, a pesar de sus problemas. Cuéntanos tus ilusiones y nos vas a hacer pasar un rato fantástico. A lo mejor, si lo deseas mucho, te podemos ayudar a que tu ilusión se cumpla muy pronto. ¡Mucha suerte! Y ojalá que ese ¿FIN?, que pone Fernando Alonso al final, sea muy feliz para todas y todos vosotros.

Autor

Fernando Alonso

Nació el 3 de julio de 1941 en Burgos. Doctor en Filología Románica por la Universidad de Madrid, posee el Diploma de Experto en Literatura Infantil y Juvenil. Es, además, Titulado Superior en Medios de Comunicación de Masas y ha realizado diversos Cursos Superiores de Programación y Producción en el Instituto Oficial de Radio y Televisión.

Su trabajo ha sido muy variado, desde editoriales, radio, pasando por televisión. Participa habitualmente en simposios, congresos, mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros con lectores y profesores, sesiones de animación a la lectura; e imparte conferencias sobre literatura para niños y jóvenes.
Su obra El hombrecito vestido de gris (Madrid: Alfaguara, 1978), por la que recibe el Premio “Lazarillo” en 1977, fue seleccionada en el VI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura, organizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en junio de 2000, como una de las cien obras de la Literatura Infantil Española del Siglo XX.

Nuestro observatorio

En la siguiente página web de Cervantes se pueden ampliar datos biográficos y curiosidades, también en Canal Lector.

Bibliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de Fernando Alonso tomada de Canal Lector.

Solidaridad. Amado Nervo. Ed. Andrés Bello

19 Sep

 pajaroflor

Alondra, ¡vamos a cantar!
Cascada, ¡vamos a saltar!
Riachuelo, ¡vamos a correr!
Diamante, ¡vamos a brillar!
Águila, ¡vamos a volar!
Aurora, ¡vamos a nacer!

¡A cantar!
¡A saltar!
¡A correr!
¡A brillar!
¡A volar!
¡A nacer!

Amado Nervo.  Pájaroflor. Antología. Editorial Andrés Bello

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

El poeta nos acompaña por un maravilloso viaje. Vamos escuchando a la alondra, cantamos con ella y con la poesía. Saltamos con el agua que cae, casi nos salpica la cascada. Antes de llegar a ser un gran río, el riachuelo corre. Nos queda un rato para ir con él. En nuestra visita, brilla el diamante, subimos a volar con el águila y nace el nuevo día, porque sale el sol en la aurora.

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es el mismo título de esta poesía de Amado Nervo: Solidaridad.

El poeta pide a la naturaleza que se una, que demuestre su amistad, su unión, porque ha nacido un nuevo día. La aurora nace y deja ver el sol y toda la naturaleza la acompaña, se siente hermana, amiga, la ayuda y, todos juntos, hacen brillar el nuevo día: la alondra, la cascada, el riachuelo, el diamante, el águila. Todo para que por fin llegue la aurora.

Aquí tienes unas cuantas palabras que son amigas de la palabra solidaridad. Podrían haber ocupado su lugar, porque todas quieren con un mundo mejor. Son amigas.

También se han colado palabras que no podían ocupar su lugar, porque no tienen las mismas intenciones. Son palabras cuyo significado no se relaciona con la palabra solidaridad o incluso son opuestas, es decir, antónimas.

En un archivo o en una hoja de tu cuaderno, pon dos columnas. Elige las palabras y sitúalas donde corresponda. Puedes utilizar el diccionario para comprobar tus aciertos.

Palabras amigas                                                                                                             Palabras que se han colado

Lealtad, nobleza, fidelidad, franqueza, amistad, adhesión, cumplimiento, devoción, honradez, observancia
adhesión, unión, conexión, enlace, amor, guerra, paz, luchar

Cuentame

Hoy vamos a recordar tu memoria. Seguro que en muchísimas ocasiones te has sentido solidaria o solidario con gente que te necesitaba. Te damos algunas ideas, una especie de zumo fantástico para rellenar olvidos. No son cosas muy espectaculares: ni has ido a un país donde los niños te necesitaban, ni has socorrido a heridos o enfermos después de un conflicto bélico, ni has ido a transportar agua en un país necesitado por algo imprescindible para vivir, que es ese líquido que a veces desaprovechamos, el agua, ni muchas otras cosas que habrían demostrado tu solidaridad.

Pero vamos a pensar en positivo. Lo que sí que seguro que has podido hacer. Como una alondra, un águila o un riachuelo, que dice la poesía. Puntúate tú misma o tú mismo, según estas acciones solidarias que te recordamos. Si crees que las has realizado, vete poniendo puntos y suma luego los que has conseguido. Si superas los  20 puntos, ¡enhorabuena! Ya puedes hacerte un pin y llevarlo con todo derecho. Será tu pin de SOLIDARIDAD.

Regalo de una sonrisa verdadera: 5 puntos.
Regalo de tres libros que te sobraban a alguien que los necesitaba: 4 puntos.
Regalo de tres juguetes que ya no usas a niños hospitalizados: 3 puntos.
Charla con tres personas mayores que conozcas y que les encanta hablar con alguien que les quiere: 6 puntos.
Lectura de tres cuentos a niños que están en un hospital o en su casa, pero no pueden ir a la biblioteca: 7 puntos.

Autor

Amado Nervo

Nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic (México) y murió el 24 de mayo de 1919 en Montevideo (Uruguay).
Su nombre era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz. Su padre, simplificó su nombre al nacer y por ese motivo es conocido como Amado Nervo.
Estudió en escuelas de su ciudad y posteriormente comenzó Derecho. Escribió y dirigió algún periódico.  Viajó por Europa como corresponsal. Conoció a numerosos escritores.
Ganó la plaza de profesor en Lengua castellana en México. Posteriormente fue secretario en la embajada de México en Madrid. Escribió  libros de poesía, cuentos,  novelas.

Nuestro observatorio

En las siguientes páginas se puede ampliar la biografía sobre Amado Nervo.

Bibliografía

Ofrecemos, a continuación, una Antología en Canal Lector.

Potilla y el ladrón de gorros. Cornelia Funke. Editorial Siruela

12 Sep

potilla

Arthur entró en su habitación dando traspiés, encendió la luz y colocó una silla debajo del picaporte. En realidad era el cuarto de costura de su tía Elsbeth, pero, cuando venía de visita, siempre dormía allí. Al lado de la ventana había un maniquí y por todas las paredes colgaban fotos de sus primos: B&B con raquetas de tenis, con cucuruchos de golosinas en su primer día de clase o con un tren eléctrico. La verdad es que todo aquello le resultaba inaguantable, pero, con todo y con eso, era preferible a compartir la habitación con los mellizos.
Mojado como estaba, Arthur se sentó en la cama y sacó el calcetín, que rebullía (1), de debajo del jersey. La criatura empujaba y se revolvía con tal fiereza que a Arthur le costaba sujetarla. Pero cuando la dejó caer sobre la colcha, se quedó quieta de repente.
Como un muerto.
Durante un tiempo interminable.
Sin perder de vista el calcetín, Arthur se despojó se sus ropas empapadas y se puso un chándal. Acto seguido volvió a sentarse en la cama y aguardó (2).
De pronto, una bota roja asomó –despacio, muy despacio- por el calcetín. Luego, otra. Y de repente surgió aquel cuerpo diminuto.
Arthur ase apartó amedrentado (3).
La muñeca se arrodilló en la cama. Levantó las manos de dedos delgados, se retiró el pelo de la cara… y Arthur la miró a los ojos.
Eran rasgados y verdes. Verde oscuro.
Desde el piso de abajo llegaron a sus oídos los berridos de los mellizos.
Los ojos verdes lo miraban de hito en hito (4). Arthur deseaba apartar la vista. Pero no podía.
-¿Quién sois? –preguntó de improviso la pequeña figura; su voz era grave y un poco ronca-. ¿Sois un humano?
Arthur era incapaz de articular palabra.
La figura se irguió (5), cruzándose de brazos.
-¡Ajá! –exclamó mientras su piececito se balanceaba arriba y abajo con gesto de impaciencia-. Es evidente que no sois muy listo. Bueno, mi nombre es Potilla. ¿Cuál es el vuestro?
-Arthur –balbuceó (6) su libertador.
-Arthur -Potilla enarcó las cejas y examinó al chico de la cabeza a los pies-. Un gran nombre para un humano tan pequeño. Sea. ¿Me habéis liberado vos de este calcetín humano?
Arthur asintió.
-Estaba atado con un zarcillo (7) de verónica, ¿verdad?
-¿Con qué?
Potilla levantó la nariz, irritada.
-¿No retirasteis un zarcillo de hojas redondas para liberarme?
-Sí, sí –contestó Arthur de inmediato.
-Hmm… -el hada adoptó una expresión sombría-. ¿Cómo es que ese monstruo sabe tanto de hadas? –murmuró.
Arthur seguía contemplándola boquiabierto.
-Así pues, estoy en deuda con vos, maese Arthur –carraspeó desconcertada-. Sin vuestra ayuda, me habría pasado toda la eternidad en esa prisión apestosa.
-No tiene importancia –repuso Arthur con las orejas rojas como la grana.
-Veamos –Potilla, tras una inclinación de cabeza, escudriñó (8) a su alrededor con expresión de disgusto-. Un lugar humano –constató frunciendo el ceño-. ¿Cómo es que me habéis traído aquí?
-Creía que eras una muñeca –le explicó el chico.
El hada le lanzó una mirada devastadora y se irguió (9) cuan alta era, aunque seguía teniendo el tamaño de una botella de refresco.
-¡Es evidente que no estáis en vuestros cabales! –dijo en voz baja pero amenazadora-. Soy una reina. ¿Es que no tenéis ojos en vuestra cabeza hueca? Aquí –se llevó la mano al pelo y, colorada como un tomate, se tanteó con premura la cabeza y resopló-. ¿Dónde está? –su voz se volvió estridente por la ira-. ¿Qué habéis hecho con ella?
De repente, su vestido irisado se tornó negro como la pez. Alzó las manos trémulas. Arthur temió que lo convirtiera en rana en el acto.
-¿Qué? ¿Cómo? –balbució horrorizado-. Pero ¿de qué me hablas?
-¡Dejaos ya de haceros el tonto, maese Arthur! –el hada cerró sus puños diminutos-.¿Dónde está mi gorro rojo?
-¿Gorro? ¿Qué gorro?
Durante un segundo interminable, Potilla lo miró apretando los labios. Acto seguido dio media vuelta, corrió hacia el calcetín y se metió dentro hasta que sólo asomaron sus pies.
Cuando salió de nuevo, se dejó caer de rodillas sollozando y se cubrió el rostro con las manos. Perlas plateadas botaron entre sus dedos y cayeron sobre la colcha.
Arthur se sentía fatal. Con mucho cuidado, le acarició el pelo con un dedo.
-¿Qué tenía tu gorro de particular? –preguntó preocupado.
-Sin él nunca podré regresar a mi colina –sollozó Potilla-. ¡Está cerrada a cal y canto! ¡Para siempre jamás!
-¡Madre mía –murmuró Arthur, que no entendía una palabra.
-¿De verdad eres una auténtica reina? –quiso saber el chico-. ¿No eres una muñeca? No sé, eléctrica o algo por el estilo…
El hada apartó las manos de su rostro y miró enfurecida al muchacho.
-Y vos ¿estáis seguro de que no sois una oveja? ¡Soy un hada, como podéis comprobar sin dificultad!
-¿Un hada? –Arthur la miró incrédulo-. Pues yo pensaba que las hadas tenían un aspecto completamente distinto.
-¡Vaya! ¿Y cual?
-Bueno, pues con alas. Creía que las hadas tenían alas. Como las mariposas o las libélulas.
-Como las mariposas. Vaya, vaya…
-Sí. Y además las hadas son invisibles.
-¡Invisibles! –Potilla se levantó de un salto y pateó el suelo con sus piececitos, aunque sobre la blanda colcha de la cama su gesto no causó demasiada impresión.
-¡La verdad es que sois tonto de remate! ¡Más que tonto, tontísimo! Sin embargo, he de reconocer que a veces somos invisibles, en efecto. Pero eso es sumamente esforzado, ¿comprendéis? ¡Qué va, vos no comprendéis nada! ¡Nada en absoluto! ¿Por qué tuvisteis que librarme precisamente vos? No me refiero sólo a que seáis pequeño y flaco como un ratón de campo, qué va. Es que además sois tonto como una perdiz. De vos no cabe esperar ayuda alguna. No.
Y volvió a estallar en sollozos.
En ese momento llamaron a la puerta.
Arthur tapó la boca al hada a toda prisa.
-¿Arthur? –era tía Elsbeth.
-¿Sí? ¿Qué pasa? ¡Aaay! –unos dientecitos agudos mordían su dedo, pero Arthur no la soltó.
-¿Te ocurre algo? –quiso saber tía Elsbeth.
-No, no, todo va bien.
-Bueno, entonces baja, por favor. Vamos a cenar. Ha llegado tu tío.
“Lo que me faltaba”, pensó el muchacho.
-Enseguida voy –gritó mientras oía a su tía bajar la escalera.
Inmediatamente soltó al hada y observó con más atención su dedo, que sangraba.
-¿Quién era esa? –preguntó Potilla impasible.
-Mi tía.
-Ajé. ¿Hay más humanos en esta mansión? –Iba y venía por la colcha con paso firme.
-Sí, mis dos primos y mi tío –respondió Arthur confundido-. Pero ¿qué haces?
-Reflexionar, maese Arthur –repuso el hada con desdén. Vos también deberíais intentarlo alguna vez.
Su vestido seguía siendo negro como la noche. Al fin se detuvo y lanzó al chico una mirada sombría.
-He tomado una decisión –anunció-. Preciso tiempo para reflexionar sobre mi desdichada situación. En consecuencia, os ruego que me concedáis asilo hasta la próxima luna llena. Es vergonzoso para una reina de las hadas pedir ayuda a un humano, pero… -se miró los pies, turbada, y prosiguió en voz baja-: Todavía no me atrevo a regresar al bosque. ¿Estáis dispuesto a satisfacer mi demanda (10)?
-Sí, por supuesto- contestó Arthur estupefacto-
-Bien –Potilla le hizo una reverencia-. Os doy de nuevo las gracias.
-Aunque lo mejor será que permanezcas aquí arriba, en la habitación –añadió el chico.
-¿Y eso por qué? Paparruchas.
El hada se subió el vestido y se descolgó por la colcha de la cama hasta el suelo. Las perlas de plata de sus lágrimas rodaron por la moqueta. Luego se encaminó hacia la puerta con paso decidido.
-¡Vamos, aceptaremos la invitación de vuestra tía!
-¡Pero tú no puedes salir de aquí tan campante! Exclamó Arthur estupefacto-
-¿De veras? ¿Y por qué no? –Potilla chasqueó dos veces los dedos y el picaporte de la puerta se onclinó como impulsado por una mano invisible.
-¡No hagas eso! –gritó Arthur alejando al hada de la puerta-. ¡Te lo ruego!
Potilla se cruzó de brazos. El picaporte volvió a proyectarse hacia arriba.
-De acuerdo –replicó arrogante-. Escucho. ¿Hay ahí abajo algún dragón que eche fuego por la boca? ¿Un fanfarrón devorador de hadas? ¿Cuál es si no la causa de vuestro comportamiento, a todas luces ridículo?
-Mis primos –contestó Arthur-. A juzgar por lo que los conozco, te venderían en el acto al zoo más cercano a cambio de unos cuantos videojuegos. Y es muy probable que mi tío te entregara a cualquier institución científica.
-No acierto a seguir del todo el curso de vuestras palabras, pero lo cierto es que parece peligroso –admitió Potilla frunciendo el ceño.
Arthur observó, aliviado, que se alejaba de la puerta.
-¿Qué tal si te haces invisible? Sólo durante una hora más o menos.
El hada negó con la cabeza.
-Ya os he dicho que eso me costaría toda mi fuerza. Las hadas nos tornamos invisibles a lo sumo durante un instante… Hasta que ha pasado algún idiota, como vos por ejemplo.
-Hmm… -gruñó Arthur-. Entonces se me ocurre otra idea. Actuaremos como si fueras una muñeca.
-¿Os referís a uno de esos objetos sin vida y de sonrisa estúpida?
-Exacto. Tú limítate a mantenerte muy tiesa, yo te sentaré encima de mi brazo y podrás contemplar todo con absoluta tranquilidad. Y si después sigues deseando corretear por aquí tal como eres, allá tú. Pero hasta entonces, fingirás ser mi muñeca. ¿De acuerdo?
Potilla lo miró meditabunda. Después asintió.
-Que así sea, maese Arthur. Ofrecedme vuestro brazo. No parecéis tan estúpido como creía.
Y de golpe se quedó sentada hierática (11), como si el hada Potilla hubiera sido producto de su imaginación.

Vocabulario: (1) Rebullía: se movía. (2) Aguardó: esperó. (3) Amedrentado: atemorizado. (4) De hito en hito: con la vista fija, sin distraerse. (5) Se irguió: se levantó. (6) Balbuceó: habló con dificultad. (7) Zarcillo: arete, aro. (8) Escudriñó: examinó. (9) Se irguió: se levantó. (10) Demanda: petición. (11) Hierática: muy quieta, seria

Cornelia Funke. Potilla y el ladrón de gorros.  Ed. Siruela

Propuestas para mediadoras y para mediadores.

RECURSOS

Texto

 Hay cosas difíciles de imaginar. Casi increíbles. Seguro que has ido alguna vez a casa de una abuela, de un tío, de unos primos o de una amiga que vive muy cerca de tu casa. O de un amigo. Eso es más que posible. Hasta ahí, normal. Es algo que sucede muy a menudo.

Pero todo se le empieza a complicar a Arthur. El calcetín que llevaba debajo del jersey, empezó a rebullir, sí, a moverse, como si estuviera vivo. ¿Qué estaba pasando ahí? Sólo tienes que hacer una cosa, al leer este texto de Cornelia Funke: imaginar que te sucede a ti. La situación de que un calcetín que llevabas empieza a moverse, te deja escalofriado. ¿Qué pasa? ¿Qué llevo dentro? ¿Será un bicho horrible? ¿Será que hay una mano invisible, que me está recorriendo por dentro sin yo saberlo? En la literatura, puede pasar de todo. Pero ¿y en la realidad? Aquí tienes unos libros donde hay misterio, fantasía, fantasmas y otras cosas que quizá te gusten. Este es de la autora del texto que has leído. Se llama El caballero fantasma y también lo ha publicado la editorial Siruela.

Y es que a Arthur le pasó de todo. Esperemos que en tus imaginaciones no entre nadie que te dé un mordisco como el que le dio Potilla. Sí con sus “dientecitos”, sólo que agudos. ¡Y sangraba! Pero quedaba lo peor. Potilla quería bajar a ver a tía Elsbeth y eso no podía ser. A Arthur le hubieran dado los siete males. ¡No le faltaba más que eso! La proposición de que se hiciera invisible, no estaba mal pensada, pero no pudo ser. Potilla ni se hacía invisible, ni quería actuar como si fuese una muñeca ni nada. Pero al fin, después de muchas palabras, Potilla admitió ser la muñeca de Arthur y se quedó sentada y muy quieta. A lo mejor, Arthur se imaginaba a las hadas como éstas.

Bastante lejos estas hadas de Potilla. ¿Verdad?

Palabra magica

Hoy la palabra mágica es imaginación. A pesar de ver a Potilla, de hablar con ella, de observarla sentada, de decirle que su tío podría entregarla a una institución científica, si bajaba con él, o sus primos llevarla al zoo, para cambiarla por unos videojuegos, Arthur pensaba, al verla sentada quieta, que Potilla podía haber sido producto de su imaginación.

Con la imaginación podemos pensar, representar cosas reales o fantásticas, las podemos escribir, leer, dibujar, fotografiar… Y tantas cosas. Aquí tienes un ejemplo de ilustración

Cuentame

Pues ahora te toca a ti disfrutar con tu imaginación. ¿Recuerdas qué imaginaste la última vez? ¿Quién eras? ¿En qué pensaste? ¿Por qué crees que se te ocurrió eso que imaginaste? ¿Piensas que se relacionaba con alguna cosa que te llamó mucho la atención? ¿Soñaste mientras dormías, antes o después, algo relacionado con lo que imaginaste? ¿Jugabas a algo? ¿Fue algo bueno, agradable, divertido o fue muy tenebroso? ¿Era real o era solamente una idea?

Si te gustan los libros de imaginación, aquí te proponemos unos cuantos. Seguro que en la biblioteca los puedes encontrar. A propósito: ¿cuándo fuiste por última vez? ¿Qué buscabas? ¿Con quién estuviste? A ver si recuerdas cómo se llamaba la bibliotecaria o el bibliotecario.

En este libro, conocerás a Héctor y Bijou, que continúan atrapados en el mundo fantástico del Agujero. Un mundo imaginario, gobernado por un despiadado rey se encuentran atrapados dos niños, Héctor y su compañera de curso Bijou. El libro se llama La princesa y el traidor. Es de Andreu Martín y Jaume Ribera y está editado por Anaya.

O este otro, de Roberto Pavanello, en editorial Montena, Bat Pat. El secreto del alquimista.

Autor

Cornelia Funke

Nació el 10 de diciembre de 1958 en Dorsten, una pequeña ciudad de Westfalia (Alemania).
Desde el año 2005 vive en Los Ángeles (USA) en una casa blanca de madera con sus dos hijos y una perra.
Le gusta mucho leer, ir al cine, dibujar y dar largos paseos con su familia y su perra. De pequeña le gustó leer a Tom Sawyer, los hermanos Corazón de León, Narnia…De pequeña quería ser astronauta, también piloto de aviones e incluso quiso irse con los indios.
Los nombres de los personajes de sus libros se le ocurren consultando las guías de teléfonos, diccionarios de nombres y en otros casos se los inventa. Su ordenador tiene también nombre, el actual que es de 2011 se llama Jack

Nuestro observatorio

Más datos sobre Cornelia Funke en su página web y en la entrevista realizada por Canal Lector

BIbliografía 

Ofrecemos, a continuación, una selección de libros de la autora  tomada de  Canal Lector

Nido. Fernán Silva Valdés. Ed. Andrés Bello

2 Sep

pajaroflor

Los árboles que no dan flores
dan nidos
y un nido es una flor
con pétalos de pluma;
un nido es una flor
color de pájaro,
cuyo perfume entra por los oídos.

Los árboles que no dan flores
dan nidos.

Fernán Silva Valdés,  Pájaroflor. Antología. Editorial Andrés Bello

 Propuestas para mediadoras y mediadores

RECURSOS

Texto

Seguro que has ido al parque hace poco. Y que, además, tienes otra visita muy pronto. ¿Vas a ir con tu familia? ¿Vas a ir con compañeras y compañeros del cole?

Vamos a hacer hoy algo que te gustará. Además, es muy fácil y divertido. Todo consiste en mirar los árboles por donde vas pasando. Puedes llevarte un cuadernito pequeño o un “tablet”, si tienes la suerte de que posees uno. En esta página, verás tipos de pájaros y dónde hacen sus nidos cada uno.

En esta próxima dirección, escucharás a un cantante genial. Es un jilguero.

En la siguiente, escucharás a un maravilloso cantor. El canario.

Y aquí tienes otros canarios. ¡Blancos! Estos son, además, campeones de España.

Los árboles producen oxígeno, hacen más puro el aire, dan sombra. Son la casa de los pájaros y de otros animales. Sus hojas nos dan alimento y, algunas, hasta nos curan de muchas enfermedades. ¿Y qué me dices de lo ricas que son algunas frutas que dan?

Y, sobre todo, no nos olvidemos de lo preciosos que son. Por si todo esto fuera poco, tienen derecho a vivir porque son tan dueños de la Tierra ¡como nosotros! Podríamos elaborar un precioso cartel, con dibujos, que pusiera:

SI CUIDAMOS LOS ÁRBOLES, CUIDAMOS LA VIDA

O algún otro que, seguro, se os ocurrirá.

Palabra magica

La palabra mágica de hoy es flor. Esto dice el texto que hemos leído:

y  un nido es una flor
con pétalos de pluma
.

Pues vamos a ver, primero, diferentes nidos de pájaros.

¿Has visto la cantidad de nidos que hacen los pájaros? Los hay en los árboles, en los cables de la luz, en las ramas, en una caja, en muchos lugares.

Ya sabes que los pétalos son las partes más bonitas de las flores.  Vamos a ver pétalos de distintas flores.

El poeta dice que un nido es una flor con pétalos de pluma.

La forma del nido se parece a una flor, de la que salen las plumas de los pájaros, como si fueran pétalos.

Elige tú ahora qué pájaros has visto y cuáles te gustan más. ¿Y qué flor dirías que es la más bonita? ¿Un clavel? ¿Una rosa? ¿Una margarita? ¿Una hortensia? ¿Una amapola?…

A ver si eres capaz de escribir cinco nombres de flores y decir el color que tienen. Si te atreves, seguro que las puedes dibujar y hacer el jardín más precioso que imaginas. Vale ver cuadros de pintores, ir a un jardín que conozcas, a un museo que esté cerca de tu localidad, a una tienda de flores o mirar en internet.

 Cuentame

Has visto pájaros y flores. Naturaleza viva, que tenemos que conservar para muchos, muchísimos años. Si lo conseguimos, podremos disfrutar de maravillosos pájaros, flores, árboles, ríos, lagos y mares. Merece la pena, ¿verdad?
Aquí vas a ver ahora, a dos impresionantes aves del mundo. Son las aves más majestuosas y de vuelo más veloz de la tierra. Una vive en América Latina: el cóndor. La otra, el águila, en España, donde la filmó, conoció y estudió aquel maravilloso naturalista que hubo en nuestro país. Quizá hayas oído hablar de él o, a lo mejor, has visto algún documental que emite RTVE. Fue Félix Rodríguez de la Fuente. Disfruta de estos dos estupendos videos.

Autor

Fernán Silva Valdés

Nació y murió en Montevideo, Uruguay (15 de octubre de 1877- 9 de enero de 1975).
Escribió poesía y teatro, además de canciones populares. A los 14 años ya escribía versos.  Se crió en el campo. Viajó a París cuando era joven. Fue premio nacional de Literatura en Uruguay.

Nuestro observatorio

En la siguiente página se puede ampliar la biografía de Fernán Silva Valdés

Bibliografía

Para niños escribió:

Poesías y leyendas para niños
Ronda catonga
Corralito